Hay aspectos del amor de los que no siempre somos conscientes. “La mujer agrava nuestras cadenas”, dice el que narra cuando reconoce que lleva dentro a Gilberta, la hija de Swann. Pero luego es él quien encierra a Albertina, lo que cuenta en “La prisionera”. ¿Quién es la prisionera?, comenté que el alma de quien ama, presa incluso de sus pensamientos. ¿Es esto el amor o un aspecto de él?, ¿una patología del mismo?. El amigo del narrador, Saint Loup, siente el silencio de su amante como una cárcel y le provoca los celos. Swann este tipo de amor en el que se mantiene a la mujer consiste en que la mujer calma por un momento los celos, pero luego los hace más exigentes y llega a hacer que la pareja viva como los presos.

“El amor causa verdaderos levantamientos geológicos del pensamiento”. Analiza la parte oculta de nuestra mente: “tantas son las cosas que vivimos sin conocerlas, hasta las realidades interiores y profundas que permanecen ocultas para nosotros”. En “La fugitiva afirma: “nuestro inconsciente es más clarividente que nosotros mismos”. Y dice “qué poco sabemos lo que tenemos en el corazón”. Quince años antes de editarse la novela de Proust, Freud publica “La interpretación de los sueños”. Hay en el ambiente de cuando escribe mucho interés y debate sobre este tema en ambientes intelectuales. En “El tiempo recobrado” dice claramente “explorando mi inconsciente”.

En un momento determinado concluye que lo importante en esta vida no es en qué se pone el amor, sino sentir amar. Pero en cada etapa el amor es diferente, en unos casos depende de la mirada, en otros del placer y distintas historias de amor acaban siendo las mismas. Proust nos rebela las diversas aristas de los sentimientos, sus múltiples caras, a modo de un calidoscopio.

Así leemos: “el amor es una porción de nuestra alma más duradera que los diversos yos que mueren sucesivamente”. “El amor exclusivo a una persona es amor y algo más”.

“El amor tiene que encontrar justificación y garantía de duración en placer, que sin él no lo serían y terminan donde él acaba”, describe en un momento. En otro sin embargo dice “su amor iba más allá de las regiones del deseo físico”. Describe un determinado tipo de amor, el de Swann, “como un estado subjetivo, que sólo existía para él, sin nada externo que afirmara la realidad”.

Escena de la película sobre la novela de Proust. El protagonista tiene un gran parecido con el autor.

Contrasta un extremo y otro de los sentimientos: “el amor es una especie de creación de una persona suplementaria o distinta de la que lleva en el mundo el mismo nombre y que formamos con elementos sacados de nuestro propio interior”. Dice también nada hace sufrir tanto como un amor sin aventura. Y luego que la felicidad llega cuando no queda amor.

El personaje que narra la novela es una persona enfermiza, quizá le suceda lo que cuenta Thomas Mann en “La montaña mágica”: “el amor reprimido no se va, vuelve a subir irreconocible… toda enfermedad es una metamorfosis del amor”. Es muy interesante analizar la metáfora de la flor, cómo la usa Proust de manera muy similar a James Joyce en su novela “Ulises”  y a Ramón J. Sender en su obra “La tesis de Nancy”.

“He sido sacudido por mis amores como por una corriente eléctrica que nos mueve… esa fuerza invisible que acompaña a las que nos dirigimos como oscuras divinidades, como quien hace ofrenda hemos prometido alhajas, viajes…”.

Un cuerpo humano, aunque sea un cuerpo amado, como era el de Albertina, a unos metros de distancia, a unos centímetros, nos parece estar lejos de nosotros. Y lo mismo el alma que hay en él“. Cuando la besa “saber que era posible besarla las mejillas era un placer aún mayor que besarla… en sus mejillas besé toda la playa de Balmec“.

“El amor no es quizá otra cosa que propagación de esos oleajes con que una emoción sacude el alma”. El amor, el sufrimiento, cesa a ratos pero para volver de manera diferente”. “Sólo se ama lo que no se posee por entero”. “Amamos aquello en que buscamos algo inasequible”.

“No hay enemigo más diestro que la realidad. Dirige sus ataques al corazón donde no esperábamos y donde no habíamos preparado defensas”. Advierte que nuestro error es permanecer indiferentes a la inteligencia y a la bondad de los demás.

“En el amor es más fácil renunciar a un sentimiento que perder una costumbre”. “En una separación el que no ama de amor es quien dice las cosas más tiernas, pues el amor no se expresa directamente”. Una constante de este autor es el amor como sufrimiento, pero un sufrimiento placentero, en el sentido de asociarlo a la vida, de regodearse en su vivencia, ” a partir de cierta edad nuestro amor, nuestras amantes, son hijas de nuestra angustia”.

Se planteó en la tertulia que es una novela de masoquismo. Hablamos sobre esto, pienso que no se puede entrar en estudios que quedan fuera de lo que se narra, pues se trata de modelos que buscan definir determinados tipos de sentimientos y sensaciones. Por otra parte el narrador protagonista no busca el dolor, le viene y lo sufre sin quererlo.

Para Proust el amor es algo difuso, que se apodera de de la conciencia, porque todo se vive a través de él.

“En la materia amorosa lo que determina las preferencias es el interés de la especie”, dice, a la vez que “el amor exclusivo a una persona es amor a algo más”. Y es que el amor tiene muchas dimensiones, por eso no son contradictorias muchas afirmaciones que leemos en la novela, sino que recogen aspectos contradictorios de una misma realidad que tiene muchos lados. “La edad en que nos complacemos en acariciar la belleza con la mirada”. “El amor se posa en una mujer porque será inasequible, ¡qué poco ocupa en la pasión la mujer real!”. Al mismo tiempo el deseo también aparece: “la fuerza de mi deseo me detenía, me parecía que iba a surgir una mujer para satisfacerlo”, y afirma que siente pasar unas faldas que le provocaron gozar.

Una explicación genuinamente proutsiana aparece en “Sodoma y Gomorra”: “En el amor no compartido, lo que equivale a decir el amor, pues hay seres para los que no existe el amor compartido, sólo se puede gustar la felicidad de ese simulacro, con los mismos actos que si fuéramos amados”.

¡Ay! c’est l’amour… cuando dice “los hombres exigen a una mujer que renuncie al teatro, aunque le amasen porque había sido del teatro”. El el tomo “La fugitiva” leemos “dejemos las mujeres bonitas para los hombres sin imaginación”.

Proust recoge una frase del gran matemático Poincaré, “no es seguro que las matemáticas sean rigurosamente exactas”, ¿entonces el amor?, ¿cómo conformarnos con una definición?. Por una parte los personajes pagan por mantener relaciones con sus amantes, al mismo tiempo sufren, las aman, las repelen, las necesitan, las quieren olvidar. Las mujeres les son infieles a los protagonistas, pero algunos lo quieren ignorar. Afirmas el narrador que cada ser es doble y “una ley natural de la sociedad compleja es vivir en ignorancia del ser a quien se ama”. Y al mismo tiempo se quiere conocer todo de él, hasta los más íntimos detalles y de su pasado, lo cual atormenta al amante.

“Cuando un amor nace de una hora de angustia por un ser, de la incertidumbre… lleva la marca de la revolución que lo ha creado”. Afirma: “el amor es un mal incurable”. Más adelante reconoce que su amor y el de Albertina es su tristeza. “El objeto del amor no es un cuerpo sino cuando se funden en él una emoción”.

Pero nos hace ver el amor desde muchos puntos de vista, en esa visión calidoscópica: “si se pueden probar unos zapatos, con mayor razón se puede probar una mujer y si no le va a la medida del pie… no siempre soportamos las lágrimas que hacemos derramar”.

Muchos adornos en las iglesias tienen un contenido erótico, ¿saltar la represión, mostrar el pecado?

“El amor no es eterno porque los recuerdos no siguen siendo siempre verdaderos y porque la vida está hecha de perpetua renovación de las células”.”Olvidamos para volver a amar”.

Yo amaba a Albertina … algunos días. Sufría un amor que ya no existía”. “Amar es una mala suerte, como la de los cuentos contra la que nada se puede hacer hasta que cesa el encantamento”.

“Las relaciones con la mujer amada pueden ser platónicas… el enamorado, demasiado impaciente por el exceso mismo, no simula su indiferencia por lograr lo que desea“.

En el personaje La Bruyére pone las siguientes palabras: “Con frecuencia los hombres quieren amar y no lo consiguen, buscan ser derrotados y no pueden lograrlo, se ven obligados a seguir siendo libres“.

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