Escribir

ESCRIBIR

3 – XI – 2008. Ayer terminamos a las tantas de la madrugada una tertulia literaria en la que participamos Joaquín, Toño y quien escribe. El Cosaco no pudo venir. Fue en torno a la obra “El doktor Faustus” de Thomas Mann y en torno a la obra de Séneca “La brevedad de la vida”, de la obra “Tratados morales”. Fue el tercer encuentro. El primero fue sobre la obra de Lawrence Durrell, “El cuarteto de Alejandría”. Muy interesante es la idea de observar la misma trama desde el punto de vista diferente de cuatro protagonistas. El segundo fue sobre “La montaña mágica” de Thomas Mann. El siguiente será, a un año vista, “Ulises” de James Joyce.


Tengo previsto leer “Mefisto”, de Klaus Mann, hijo de Thomas.


Me aportó mucho leer un libro que me dejó el escultor Juan Carlos Uriarte, de su antigua librería que hoy forma una biblioteca particular enorme y llena de libros muy peculiares. Tal es la correspondencia entre Hermann Hesse y Thomas Mann. Aclara bastante el sentido de la obra de ambos, tanto en lo que quieren expresar humanamente como desde el punto de vista político. Recogen el contexto histórico de cuando escribieron, antes , durante y después de la II Guerra Mundial.


Leer es un arte. Es necesario crear ambientes en los que comentar las lecturas y descubrir otros puntos de vista de la misma obra. Hay muchos caminos para cada una. Hay quien se fija como eje de una novela en a relación entre los personajes, especialmente las relaciones sentimentales. Otros quieren buscar una interpretación social del contexto en el que transcurre. Otros el argumento de la historia que se narra.


Un libro crece y se amplía cuando es leído desde varias miradas. Las tertulias literarias permiten profundizar en la lectura, pero deben ser informales, sin ser un lugar para enseñar nada a nadie, sino compartir opiniones en agradable conversación.


De alguna manera escribir es buscar al lector, pero también puede ser querer crearlo, impulsando un interés que quien escribe quiere convencer, seducir, a atraer a alguien, sin ser nadie en concreto. Es una manera de comunicarse con el mundo. Quien escribe quiere que le lean, aunque sea al cabo del tiempo. No obstante la motivación de escribir está dentro de la persona.


Para mí ha sido una experiencia muy interesante leer la historia de Polonia de M. Luzscienski. También, combinando ambas, “Taras Bulba” de Gogol, que cuenta la historia de un cosaco. Esta novela da a conocer hechos, datos de la historia de una parte de Europa, y permite comprenderlos y saber el porqué de muchas guerras como sentido de la vida de muchos pueblos y personas. En los acontecimientos y noticias de prensa hay un fondo sentimental que recoge y se hace eco la literatura.


En la obra de Gogol se puede observar como las justificaciones religiosas para hacer una guerra son meras excusas, para algo que es más intangible, la manera de vivir en torno a la guerra, como forma de vivir, de pensar, de sentir. La novela cuenta una parte de la historia desde dentro. Se observa el desprecio a la muerte, y casi ser ésta la meta a la que se abocan los personajes. Vemos cómo vive la gente de una determinada época. Lo mismo me pasó cuando leí “Educación sentimental” de Gustav Flaubert. O con las memorias de Garibaldi, escritas por Alejandro Dumas.


En relación a el Faustus de Mann, moderniza este mito que Marlowe y Goethe dramatizaron un siglo antes. Fausto vende su alma al diablo para adquirir conocimientos, saber la verdad, ambición de la mentalidad científica y de los filósofos. También para lograr un amor imposible. Ha de renunciar a una vida rutinaria y ha de pagar un precio. Mann nos avisa de algo que cada vez es más perceptible en la modernidad, lo cual puede llevar a la locura social y a la pérdida de sentido de la realidad: el ser humano vende su tiempo para conseguir éxito y la fama. Algo que se convierte en un fin en sí mismo y llega a suceder de manera vacía, sin contenidos culturales, ni de ideas ni de creación artística. Es la fama por la fama. Se instrumentaliza la música, el saber y el amor para ello, lo cual ocupa el espacio mediático de la modernidad.


Afecta también al mundo literario en donde se enfocan las creaciones a concursos, sin que existan muchas salidas más para lo que alguien escriba. O se hacen por encargo, para vender ejemplares sobre un tema de actualidad. Acaba siendo más importante la campaña publicitaria de un libro que el libro mismo. Sucede que los libros más leídos dejan de leerse en la siguiente campaña, en lugar de ir creciendo el número de lectores con los años. Lo que importa de un libro hoy es que esté de moda.


Escribir como acto creador, para sacar de dentro ideas, sensaciones y lanzarlas al mundo para llevar a ese mundo interior al lector es algo que se está arrinconando. Y con internet cada vez pasa más, se escribe para lo inmediato, sin reposo, sin sosiego. Este escrito yo lo he hecho a mano en un cuaderno que me regaló mi hija Daira de sus trabajos de encuadernación. Hubieran sido las reflexiones muy diferentes de haberlo escrito directamente al ordenador. O posiblemente nunca lo hubiera escrito. A veces lo que voy a escribir en el ordenador primero lo escribo en un folio, porque el hecho de escribir es una función especial, que lo es en sí misma, no es solamente trasladar lo que pensamos o sentimos, sino que escribir crear un espacio propio.


Los libros no pueden reducirse al juego de la oferta y la demanda. Ni leer a un simple mecanismo pedagógico y que se haga mecánicamente. Leer lleva tiempo, necesita sosiego, aunque sea un rato corto. Es un proceso en el que se fundamenta el arte de leer para unirse al de escribir.


24 – X – 2008. Cada vez se oye menos el susurro de la palabra. También ésta se convierte en grito. Y en ruido. Cada vez se escucha menos, lo cual hace que la palabra se vacíe de ideas, de comunicación y se transforme en un estruendo.


Con Internet la palabra se evapora, se eleva a las alturas, pero se difumina, la fuerza de cuando es profunda, cuando se acompaña del silencio de pensar, despacio, sosegadamente.


La palabra esculpe el silencio y da voz a pensar, a los sentimientos y sensaciones. Los libros pierden sus caminos propios, los que son de voz en vos en una cadena cómplice de lectores. Para promocionar una obra hay que darla un premio o convertir su portada en un anuncio. hay que promocionar al autor y convertirle en un charlatán. El autor es su obra. Lo demás es falsedad que exige el guión comercial.


Leer es sentir la palabra, pensar en lo que dicen, observar las historias que construyen, lo cual poco tiene que ver con venerarla o consumirla. leer afecta a la vida, a vivir. Nos ayuda a mirar y a elegir un ritmo diferente al que nos arrastra.


Escribir es una búsqueda. Entre otras cosas se busca al lector, se busca también lo real, tanto lo que puede ser como al Ser. Cuando no hay ese ahondamiento de la palabra se fabrican espejismos, decorados y bambalinas de cartón piedra que hacen del lector un mero espectador.


Las personas somos arrolladas en la corriente de las modas, de la opinión pública, el negocio de la venta de lo más íntimo del ser humano y la publicidad. Escribir como arte es un acto de autenticidad, para leer el mundo, ya que escribir es leer la vida. Leer, lo mismo que escribir, es pura rebelión, revolución íntima capaz de crear entornos y de transformar la sociedad. Es conciencia y un acto de amor que cuando une lectura y escritura se fecunda el arte y la cultura.


10- X – 2008. Hoy sale en la prensa que han adjudicado el premio Nobel de literatura al escritor francés Gustav Le Clézio. Desconozco su obra. Creo que se deberían de suprimir los fastos de premios, que hacen de la escritura, la literatura un espectáculo y una carrera de ambiciones. Sobre todo se inscriben en los “buenos” a los “elegidos” y los demás quedan apartados de su mundo la escritura. Se está haciendo de escribir algo más mediático que real.


Estoy escribiendo una novela, precisamente en la que trato este tema, de la falsificación literaria. De este premio Nobel probablemente nunca lea nada, tengo demasiados autores cercanos, muchos con sus textos originales sin editar, que ocupan mi tiempo de lectura. No me llama a leerlo, aunque si consigo su obra tal vez lea “Revoluciones y Ukrania”. Es curioso que por tener un amigo al que llamamos quienes le conocemos “El Cosaco”, leí la novela del escritor ruso Nikolai Gogol, “Taras Bulba”.  La historia de un cosaco, cuyo protagonista da el título a la obra. A raíz de leerla se la regalé a mi amigo. Luego por esa casualidad me interesó leer la obra “Historia de Polonia” de H. Luszcienski, en el que una parte de la misma trata sobre los conflictos entre polacos y cosacos, lo cual conforma también parte de las guerras fronterizas entre Polonia y Ucrania.


Esta cadena de casualidades abre los caminos de lecturas, que se ven cerrados al azar con la formación de criterios o de selección de libros para leer, tanto desde la crítica como en la enseñanza. Se fabrican espejismos de obras recomendables, alabadas para la industria del libro, lo que genera toda una parafernalia de Ferias del Libro para encumbrar a unos pocos, hacer que firmen ejemplares.

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El libro pierde su función en el mundo porque no empapa el entorno del escritor, no cala ni transcurre, simplemente aparece en el mercado de libros como un producto más. ¿Cómo pueden haber grandes río si no hay arroyuelos?. Sin éstos lo que mana del manantial de la inspiración cotidiana en nuestro caso, el agua se desparrama y evapora, lo pasa actualmente en nuestra sociedad.


Me ha gustado lo que declara Le Clézio: “escribir es escuchar el ruido del mundo, leer novelas interrogando”. Y mundo es también lo que nos rodea y cada persona es un mundo, siempre se ha dicho. Hacen falta pequeños cauces para dar a conoce escribir. Leo obras de mis amigos en fotocopias, algunos ya en word ya en el ordenador, pero prefiero imprimirlos, y me parecen textos muy interesantes, los cuales puede que nunca sean conocidos. ¿Por qué no hay lugar para ellos?.


Premiar es dar capacidad a un escritor por encima de los demás, que muchas veces depende de conocer a alguien con poder en el mundo editorial o de la cultura, para premiar a un autor. La literatura es puro subjetivismo y no podemos llevarla a criterios objetivos, porque caben todas las miradas y no aceptarlas es imponer una mentira en el mundo literario. Aplastar la subjetividad es acabar con la esencia del arte de escribir, por eso la protesta de los escritores que somos arrinconados es un esfuerzo por lograr la función social de la cultura.


Más tertulias, más espacios culturales, más tiempo personal para asomarse al arte.


También pienso que la palabra merodea la realidad, la rodea, pero nunca llega a ella, nos acerca nada más. El camino hacia ella corresponde al sujeto individualmente. De otra manera se crean realidades engañosas. Si nos hacen ese camino a la realidad nos absorben la personalidad y nuestra identidad queda sustituida por otra colectiva.

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Las palabras tiene que llover, no estar en vitrinas como trofeos.

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9 – X – 2008. Sería muy positivo que se publicaran obras de jóvenes, de nuevos autores para abrir un espacio literario propio, tanto de ese periodo vital para el escritor, como para la sociedad, pues se escriben obras para ellos, se les recomiendan en sus clases de literatura, con obras que no les llegan, que tienen que leer, ¿para qué?, ¿para adquirir cultura?. Probablemente muchos jóvenes se identificarían más con obras escritas por personas cercanas a ellas. Incluido la manera de expresarse. Lo que hace el sistema de enseñanza es hacer de leer algo pesado, o reducido a la moda del momento, indicada por la publicidad, como las modas cambian, pasado el tiempo esa atracción no sirve y se aborrece la lectura o no interesa, y no interesa sobre todo como algo vital. Se castra escribir y se castra leer. Y se pone un interés postizo.

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Algunos amigos me dicen que porque no rehago escritos de hace años. Les digo que no, porque es necesario respetar a manera de escribir en aquellos años. Otra cosa es corregir faltas, expresiones que se pueden mejorar, pero en lo que es el mismo texto. Además tal es uno de sus valores y es su identidad, porque surgieron de esa manera. Los jóvenes se identificarían más con estas obras. Hay que escribir desde la autenticidad, porque de lo contrario leer y escribir se convierte en una pose.

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5 – X – 2008. Hoy, como cada día cuando voy a casa de mi tía Lola, veo a Victoriano Cremer sentado en el bar de la esquina, donde la gasolinera de san Francisco,bar Río. Está leyendo el periódico, el Diario de León. ¿por qué hoy tiene relevancia esta visión que es cotidiana?. Nada que ver con que sea el día de san Froilán, sino que no paro de dar vueltas con lo que he oído estos días anteriores en el Congreso de Escritores. He visto que me han publicado en el suplemento del Diario de León, “El Filandón”, el monólogo “La bola del tiempo”.

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En el Congreso referido quedé el viernes con una profesora para dejarle varios guiones que he escrito que ella me solicitó. Me ha dado mucha ilusión, ¡una lectora!. Parece que buscamos que nos lean con cuenta gotas, con lupa. Y hallarlo es todo un acontecimiento personal. Puede que incluso represente alguno de ellos con los alumnos de teatro.

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¿Tan pobre de aspiraciones?. Debería sentirme avergonzado y, sin embargo, estoy orgulloso de haber escrito mis cosas aunque nadie las lea, ni les interese. . He escrito contra viento y marea de silencio. Esto me hace pensar más todavía sobre el hecho de escribir. Lo que pienso es algo diminuto, pero es un partícula de la visión del mundo de la literatura. En cierta manera es un pensamiento que ha latido, de pasada, en el Congreso, pero como un brindis al sol.

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Al ver a Cremer sentado, sólo, cuando otras veces suele haber alguien que le acompaña, sobre todo su hijo me viene a la memoria porque me hace recordar el mito de Sísifo en la reflexión que hace Camus. Para mí Cremer es un anciano, tranquilo y un escritor con su historia y experiencia. No he leído nada de lo que ha escrito, excepto algunas tribunas de prensa de su última época y varios poemas.

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Me encuentro con una sensación contradictoria ante su imagen cada día. Mi tía Lola me cuenta que fueron sonadas las peleas con su mujer, fallecida ya. Él es un hombre centenario. Mi padre me contó que estuvo en la cárcel con su padre, o sea mi abuelo, y se dijo que Cremer no fue muy querido entre los compañeros y que luego se arrimó al árbol que más calienta. Y que escribió un artículo pidiendo la pena de muerte para un tío suyo, José Pinto Maestro. Puede que sean leyendas familiares, o no.

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Fue una persona contradictoria, posiblemente fruto del miedo a la dictadura, a la pobreza. Escribió cartas a la virgen y realizó un homenaje a Durruti en sus poemas, de manera camuflada, usando las iniciales de Benaventura Durruti. Siempre en la cresta de la ola como subalterno de la literatura provincial, aunque tuviera algún premio nacional.

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Nada de ello quita de su agudeza mental, su agilidad de pensamiento y el temple de su palabra que escribe con el peso de una larga experiencia con la capacidad de actualizar sus recuerdos. Por este motivo creo que hay que quedarse con la palabra del escritor, no entrar en la parte mítica, que suele ser falseada. Queda de quien escribe su palabra. Su vida pasa.


La obra de un escritor evoluciona a lo largo de su vida. Es por ello que hay que acabar con la mitificación de los escritores y de los artistas. No aporta nada, sino que deforma su obra y, sobre todo, la literatura y la cultura, pues parece que sus protagonistas son sólo estatuas y no personas. Por eso la cultura cada vez es más lejana a las personas, algo ajeno al diario vivir. Y nada más equivocada que esta idea.

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Un constructor ha impulsado y realizado el edificio para albergar “La casa del escritor”, con el fondo bibliotecario de Cremer, lo cual va a llevar una fundación. Este proyecto es presentado como un impulso a la cultura, un estímulo para escritores. Recuerdo que acudió a esa fundación, para que me ayudara a difundir la obra “Tratado del enamoramiento” y me encontré que me acabaron pidiendo dinero para una cena. No pude salir de mi asombro. Más cuando pedían dinero cuando su promotor es uno de los constructores más ricos de toda la autonomía y además el presidente de una entidad financiera. De mi obra no me hicieron ni un sólo comentario. Estos detalles están en la base del mundo de la escritura, y nunca se cuentan, no se saben.

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(Agosto de 2010, ahora unos garabatos, sin valor ninguno como pintura, se han enmarcado y hecho una campaña mediática, como si fueran algo maravilloso, de un genio que se reiría al oír semejantes sandeces. Dicen que refleja su obra cada pincelada, que en esos colores y formas está dibujada la esencia del autor… y no sé cuantas chorradas mas, que lo que hacen es dar un valor económico a esas pinturas)

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Es una locura esta situación que rueda en nuestra sociedad, y tenemos que ser consciente de la misma. Es el paisaje en el que se mueve el mundo de los libros, donde lo que se valoran son las ventas de ellos libros, cuando la misma depende del apoyo mediático. Se crea una opinión colectiva antes de entrar en contacto con una obra, de manera que se perciben muy pocos criterios individuales.

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Los institutos y colegios tienen un presupuesto anual para comprar libros para las bibliotecas. Es la manera de que las instituciones apoyen el mundo de la cultura, a través de las editoriales que reciben una enorme cantidad de dinero, aunque ya no se sepa que hacer con tanto libro que llenan las bibliotecas y apenas se lee, o no se leen, pues los alumnos tienen que comprar los libros que mandan de lectura y no hay mucho tiempo para leer lo que no sea lo estrictamente establecido para salvar el curso.


Los profesores de literatura mandan leer una serie de libros, que es curios que en los que yo he pedido información son casi los mismos, como si se leyera lo que hay que leer. No se deja iniciativa al alumno. De la lectura se hace un negocio. ¿Por que muchachos y muchachas muy diferentes, con inquietudes distintas tienen que leer los mismos libros?. La venta de libros se convierte en un coto cerrado, de manera que fuera de ese circuito un libro no existe, no existe para el lector, ni para las librerías que ni se interesan por ellos, y como nadie los demanda, porque no se conocen, ya que tampoco interesa a la prensa tenemos que las grandes editoriales son las que seleccionan a los escritores, según intereses de ventas. El mundo de la escritura de esta manera desaparece.


La idea mítica de que se publica lo bueno, lo mejor es una farsa. Pues por ejemplo para un alumno o alumna sería un buen ejercicio para su aprendizaje saber por qué una obra es mala, si es que le parece que lo sea. Se trata de una censura del mercado, en la que no hay oportunidad de dar a conocer las obras de los escritores que carecen de apoyo mediático o un apoyo económico del tipo que sea.


Para que un escritor reconocido hiciera obras de prestigio tuvo que escribir otras anteriormente, para aprender. Este proceso se pierde sin apoyo a quienes empiezan, que ven su vocación totalmente boicoteada. Lo cual ha hecho que muchos autores desistan de su impulso de escribir, lo mismo que en otros campos del arte.


¿Qué profesor de literatura manda leer a sus alumnos la obra de Camilo José Cela “El tobogán de los hambrientos”?. Que yo sepa ninguno. Y muy poca gente lo hace. El autor lo escribió para que se leyese. Yo encontré el libro casualmente en un mercadillo de libros de segunda mano. Creo que es interesante. Me gustó mucho y considero que es muy propicio para iniciar a la lectura, aparte de su interés costumbrista.


El mito literario aplasta la realidad artística, sirve para marginar realidades culturales cercanas a los ciudadanos y una actividad cotidiana de escribir, pintar o hacer música. Fuera del mito hay todo un universo literario desconocido.


Cuando el mito es la única referencia el éxito es la meta y se escribe para ganar un concurso, o a la espera de ser señalado por el dedo del poderoso., lo cual crea una mentalidad literaria que afecta a escribir y a leer. De esta manera se ha falsificado la literatura. Algo que incluso sucede a nivel histórico, por ejemplo con la obra “Amadís de Gaula”, de Garci Rodríguez de Montalvo.


Se desplaza la creatividad y la originalidad. Se dejan ver algunos destellos como excepción que confirma la regla para camuflar el enterramiento del arte, para al ejercer el Poder en él, actuar desde el mismo y a su vez difundir una determinada mentalidad.


Se desplaza escribir desde lo profundo del ser, para hacer composiciones literarias que son leídas con prisa, sin que el lector se sumerja en su propia interioridad. También se hace un mercado libresco de esta “necesidad” y se publican obras de consejos espirituales y de consumo psicológico para cubrir, aparentemente, esta carencia, sin remover al lector sus emociones, sensaciones, en definitiva su conciencia que le haría ver desde una óptica personal lo que le rodea. Y sobre todo descubriría que hay algo que le controla, un poder que le dicta, sin percibirse, el camino de lo que ha de pensar, hacer y vivir.


Hacen falta muchos escritores de donde surjan los escritores que más atraigan a los demás, para no hacer de la cultura un adorno. Hay que dejar andar y soñar a quienes deciden plasmar sus ideas, sus visiones. Nos vemos abocados a la sociedad del arte, de manera que deberíamos abrir cauces que abran el futuro. La evolución social nos indica una nueva manera de actuar, de entender la cultura y el arte.


Nos vemos en la disyuntiva de establecer las bases de una sociedad cultural o vernos atrapados por una sociedad de consumo, literario también, donde el dinero por el dinero sea el devenir de la misma. Tenemos que luchar por ser nosotros mismos, para dar pasos al nuevo modelo de la sociedad del arte.


Algo de esto que escribo dejó apuntado José Luis Sampedro en su conferencia durante el Congreso de Escritores: “Preocuparnos más por ser nosotros mismos y no otra cosa”. Escribir es un camino más para llegar a uno mismo.


Sin libertad, sin autenticidad nos jugamos el ser individual y colectivo. Sin el ser no somos capaces de ver la eliminación paulatina que sucede a nuestro planeta, a nuestra cultura, preocupados por el consumo como única meta. El trabajo es una faceta más d ella vida no la única que nos hace ser ese hombre unidimensional del que hablara Marcuse.


¡Al ataque!, ¡al ataque!, no repleguemos la palabra, luchemos por ella, por nuestra palabra. ¡Escribamos!. Seamos horizonte de un mundo por venir.


4 – X – 2008. Hoy se clausura el Congreso de Escritores. Andrés Sorel hace una brillante intervención. Como siempre se ve el problema y se describe, pero no se ofrecen soluciones, siquiera ideas para abrir nuevas expectativas en el mundo literario, cuando sí que las hay. ¿Por qué no se debaten?. Hay que escuchar a las pequeñas voces, que también quieren decir cosas y ser escuchadas, porque son los que están al margen de los aplausos en la cultura quienes gritan apuntando nuevos caminos.


Sorel comentó que el lenguaje está pervertido y los conceptos corrompidos. Que la democracia es una simulación que se desenvuelve en espacios teatrales, de teatralidad. Es esta circunstancia en la que actúa el escritor. Citó a su querido Kafka: “vivimos en un lozanal de mentiras”. Y a Goethe: “nada hay más terrible que la ignorancia viva”. Vale. De acuerdo. También Nietzsche habla de cómo el Poder ha establecido la mentira como sistema.


Dos peros:


A- Antes de la conferencia le pregunté si había ido a ver la fachada de Julio del Campo, para que viera un monumento a la cultura, un canto escultórico para que que esté en la calle. Se está dejando caer, sin arreglar, con un deterioro que hace que esté en peligro y el Congreso era un buen foro para reivindicar que se cuide. No había tenido tiempo. Se trata de una fachada en la que aparecen escritores, artistas y científicos de la cultura local y universal. Insistí en que fuera a verla y apoyar su recuperación. Dijo que sí, que iría…


Una cuestión muy importante de esta fachada es que aparece con los nombres del maestro de obras, del peón albañil, del encargado de portar la carretilla, lo cual indica una filosofía de cooperación y de dar importancia a todos quienes participan en una obra, y no únicamente a los arquitectos, porque todos son necesarios.


B- Se leyó un comunicado del presidente del gobierno. Sorel aclaró que se leía a modo de reflexión personal, no como presidente, lamentando que no hubiera podido asistir por problemas de agenda.


Sorel habló muy bien sobre el terrorismo del Poder, que ocasiona la muerte y la destrucción de los más pobres. Dijo que ya no hacen falta guerras mundiales, basta con dejar morir a millones de personas. Vale, entonces ¿un presidente cuya política económica y social aumenta la pobreza, lleva el paso a un nivel de masas y es incapaz de aplicar soluciones que evitarían esta situación, de la que tiene información?. Citó Sorel a la izquierda: “lacaya del imperio del mercado”. ¿Qué pinta un presidente que nada tiene que ver con la literatura, cuyo texto relacionó unas citas con otras. ¿Es que hay un poder A y un Poder B?.


No se leyeron los comunicados de escritores deseosos de ser escuchados.


Hablé con Juan Mollá, que habló de los derechos humanos del escritor. Le comenté sobre el derecho a publicar. Es director de CEDRO. Le dije que muchas ofertas de publicar son bajo forma de coedición que hay que pagar. ¿Quién no tenga dinero, qué?. Le repetí lo que por carta escribí tiempo atrás a Sorel: que se den créditos solidarios para nuevos escritores, que avale CEDRO. Que sean pequeñas tiradas y crezcan con el tiempo a medida que se difunda su lectura, al menos ¡tener una oportunidad!. Los que ganan mucho con sus derechos de autor, que un porcentaje sirva para apoyar a quienes no ganan casi nada. Me escuchó atentamente.


La conferencia de clausura iba a correr a cargo de Saramago. No pudo asistir por problemas de salud. Se leyó una ponencia que envío y una carta. Lo importante son sus palabras, pero gusta escuchar al la persona, sobre todo por las improvisaciones que pueda hacer un escritor con tanta experiencia. Cuando leen una conferencia no me gusta porque es algo para leer, cuando lo que se ha de hacer es hablar al público, contarle algo como si el conjunto del auditorio fuera un sujeto. Surgen anécdotas, curiosidades que no sólo adornan una intervención, sino que dibujan detalles de un paisaje de lo que se cuenta. En este sentido Fernando Savater y José Luis Sampedro estuvieron brillantes. También Sorel.


Me hubiera gustado escuchar otras charlas, pero con el trajín no pude. Considero un desprecio ir a escuchar a autores consagrados y no a otros que buscan su espacio de comunicar, aunque sólo se diera a quienes lo tienen para publicar. Me quedó mala conciencia de faltar a esos actos.

La lectura de la ponencia de Saramago planteó la tesis de esta autor universal portugués: “Escribir es traducir”. Esta idea la he leído en Marcel Proust, “El tiempo recobrado”: “el deber y el trabajo de un escritor son el deber y el trabajo de un traductor”.

Llevar lo que vemos y sentimos a la palabra, a la escritura. Pienso que sí, en parte. Las novelas de esta autor son metáforas de realidades, cuyos lados oscuros ayudan a comprender. Pero el lenguaje también crea realidades, als inventa y al ser palabras se convierte en pensamiento y conducta, y sentimiento, de manera que se construye como una realidad, aunque no sea real. Un ejemplo son las religiones, que parten de la palabra, de la buena nueva que anuncian, de la predicación, y acaban haciendo pensar, sentir y actuar a los fieles según sus tratados y normas, de manera que a partir de ese impulso de la palabra construyen la realidad, sus edificios, sus teorías, sus formas de vivir, sea o no real lo que digan las palabras que estructuran una fe.


La literatura amplía el mundo exterior e interior, navega al horizonte (escritor) y navega quien lo mira (lecor).


Después de la clausura se ofreció un aperitivo en el marco incomparable del hostal de san Marcos. Vi sonreír a Gamoneda, lo que me causó cierta impresión, después de verle pasear muchas veces con el rostro serio y taciturno. Todo lo que hay más allá de la palabra, farándula, me parece maquillaje y ajeno a la literatura que se ha convertido en una herramienta del Poder y forma parte de él.

Lo que contó Sorel en el acto de clausura me trajo a la mente la imagen de Fausto, sobre todo la versión de Thomas Mann.

Hablé con algunas personas durante el aperitivo y aproveché para comentar lo del V centenario de la edición de la obra “Amadís de Gaula”. A un periodista y escritor de León, Luis Artigue. También lo de la fachada de Julio del Campo, a Felipe presidente de la asociación Promonumenta. Desconocían estas cuestiones.


Estuve un buen rato solo, mirando aquel paisaje humano, una afición que me encanta. Tuve la sensación de que los escritores somos personas con el corazón roto, por algún motivo, y esa herida es la que hace sangrar palabras. Se me ocurrió pensar esto, sin pensarlo demasiado. Posiblemente como todo el mundo de alguna manera, pero el escritor escribe para cicatrizar esa herida, que al mismo tiempo es manantial de ideas y figuraciones. Por eso escribir hace sensibles a las personas, pues se busca ese dolor en los demás, en el mundo, para cicatrizarlo y buscar alivio a uno mismo y a los otros. Esa brecha es vivir apasionadamente, con la sensibilidad a flor de pie. Nada que ver con los escritores de cabaré cuyo sentido es divertir. El escrito camina por el laberinto que va de lo individual a lo colectivo.


Roberto me regaló en aquel acto unos cuentos que le publicaron en el concurso anual del Filandón. Yo envía un cuento en dos ocasiones que fueron apartados a la primera de cambio. Me dijo que escribimos para sobrevivir. Le respondí con la frase de Ortega, “vivir es más vivir”, porque el escritor capta sensaciones a las que da importancia y se recrea en ellas, da vida a muchas ideas, respira mundo y evita asfixiarnos sumergidos en el paso del tiempo.

También percibí, en aquel momento de soledad, en esa “soledad de la muchedumbre”, que entre quienes escribimos es muy difícil la comunicación hablada. A veces la mirada nos sitúa mejor unos con otros, siempre de pasada, sintiéndonos incómodos porque sabemos de esa dificultad. Nos es difícil salir del mundo interior.

También supe que un padre del colegio al que van mis hijos, José, escribe en poesía. Quedó en pasarme algunas. ¿Por qué se oculta?. De hecho él no me dijo nada, sino su compañera. Se oculta porque no hay ventanas por donde verlas, las él y las de muchos más. Y no basta una en una revista. Quien escribe quiere ver su obra como cobijo de sus textos. Y esta ausencia forma un vacío tremendo en el arte y la cultura.


La palabra íntima es la palabra escrita, que necesita de su forma. Mientras que escribo estoy disfrutando, me imagino que alguna vez alguien lo leerá, lo que es una forma de ampliar mi mundo y percibir esa caricia invisible, lejana de la mirada. Leer es una forma de mirar. Todo río necesita un cauce, sin él el agua se desparrama, y su sentido es llegar al mar (al lector), pero no un sentido que le damos, sino su ser. El río es río y escribir es escribir lo que va unido a su ser leído, pues es al leerse. La lectura forma parte de la esencia del lenguaje escrito, de lo escritural, que impulsa escribir.


En la obra “Mi hermana y yo”, de Nietzsche, podemos observar a que se refiere esa capacidad de escribir, que es en sí misma, que es una función de la mente independiente de otras y que genera su propio pensamiento al escribir: “¿Por qué será que puedo fijar pensamiento tras pensamiento, tal como se presenta en mi mente, y si alguien me interpela preguntándome la hora, me confunde?”.


4 – X – 2008 (noche). Pedro J. de la Peña, catedrático de la universidad de Valencia, (¿hace falta título?; lo que importa es lo que la gente piensa, y ser capaces de contrastar y analizar y pensar lo que diga) comentó en el Congreso de Escritores que la poesía ha ido decayendo a lo largo del s. XX. Criticó la poca originalidad del verso y advierte que no hay en la actualidad poetas de la talla de Aleixandre, Salinas, Lorca, Alberti, Miguel Hernández. Propone abrir nuevos horizontes propias a frente a la poesía prefabricada. Por una parte podríamos pensar, dijo, que la poesía es una respuesta al sufrimiento, pero trasmutado a la palabra. La generación que sufre la guerra y sus consecuencias dictatoriales es poética, pues su dolor es concreto.

Hoy en día el dolor es más abstracto y la poesía más etérea, concluyó.


Este análisis no tiene en cuenta que existe una poesía ocultada, tapada por los mismos que critican la poética actual, porque no buscan el arte ni a los artistas que escriben sin nadie que los publiquen. El dolor es subjetivo y a muchos les duele cómo funciona el mundo, lo cual es concreto. Cierto que diferente.

Hubo una poesía patriótica, que sobresale del dolor exaltando precisamente lo que lo produce, poesía que se derrite en el tiempo. También se evaporará mucha literatura que hoy sobresale.


Hay una crisis de lectura, de manera que se llega a leer por leer, para pasar un rato “culto”. Con campañas para que se lea, sin ofrecer un tiempo disponible para ello. La lectura llega a uno, de muchas maneras, no se puede forzar. Una parte de la juventud rechaza la lectura porque lo ven como un rollo que les imponen en la escuela. Cuando tuve que traducir el Principito, fue una obra que detesté, que me pareció cursi y chorra. Años después me entusiasmó. Hice una obra con los niños del taller de teatro del colegio La Palomera (1989) que se tituló “Y cuando el Principito se fue”, que recoge una crítica a quienes les gusta aquel libro y lo valoran muy positivamente, pero cuando cierran el libro se fue el Principito que en teoría llevan dentro.

La literatura pertenece a la calle, no a los palacios literarios o editoriales. Las campaña de lectura para niñas y niños para convertirles en lectores se encaminan a hacer cliente.


3 – X – 2008. Una cosa es escribir y otra el arte de escribir. Lo primero consiste en dar forma a las palabras. Lo segundo ofrece contenido y creatividad. De este manera se da forma a lo no pensado, a lo que no se piensa y a veces no se suele siquiera observar. Es este no pensar la cavidad donde entran las emociones (respuesta biológica) y los sentimientos (aspecto cultural).

Escribir permite mirar de otra manera el mundo. Leer pensar.


Hoy estuve en la conferencia de José Luis Sampedro. Al reflexionar sobre el título del Congreso “Pensamiento y Literatura” se me ocurrió lo escrito anteriormente. Este economista y escritor hizo una panorámica general de la palabra, del lenguaje, que según él nos lleva a las sociedades como conjunto de personas de un mundo a otro. , del griego de las ideas al mecanicista de Newton y de éste al cuántico.


A la salida me encontré con Eugenio, una persona que escribe con la imposibilidad de poder comunicar su obra más allá de los amigos. Es un lector sagaz y crítico. hace tiempo leí unos poemas que escribió, uno de los cuales me emocionó sobremanera, “El remite”, en donde crea una metáfora de la soledad, con una carta que alguien se manda sí mismo, lo cual se descubre al final, cuando hace referencia al remite.

La poesía es emocionar, conmover, buscar en el juego de la palabra nuevas posibilidades de pensamiento interaccionado con realidades que aparecen en cada momento. Puro existir.


2 – X – 2008. Tengo la sensación de que en literatura hay unas profundas relaciones de Poder. Más allá de ver contextos ideológicos, se trata del poder de un tipo de mentalidad dominante. Hoy el Poder se ejerce psicológica y culturalmente. Es la mentalidad la que hace que se elijan unos tipos de libros u otros, y que se desprecien a muchos de ellos.

En un concurso de cuentos celebrado en un instituto comprobé, lo diferente que son los criterios para seleccionar una obra “ganadora”. Por un lado madres y padres, por otro el profesorado. Según quien votara para decidir el premiado sería un alumno u otro. Los profesores centrados en la ortografía, la presentación, la neutralidad del texto. Las madres y padres apoyaron a otro totalmente sincero, puede que con alguna frase mal construida, pero al leerlo nos emocionó. Al final los profesores impusieron su criterio porque son los “entendidos”.


Toda obra para ser publicada necesita un apoyo económico. La misma novela “Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes no hubiera salido a la luz de no ser por la “protección” del Duque de Bejar, don Alonso Diego López de Zuñiga. Me pregunto ¿cuántas obras habrán quedado sin protección?. Si viéramos una hoguera de libros convirtiéndose en cenizas nos escandalizaríamos, pondríamos el grito en el cielo, acusaríamos a los responsables de atacar la cultura y la libertad, y ¡cuántas obras son cenizas sin quemar!.


La sociedad necesita no sólo literatura de masas, ni nada más que de mitos literarios, sino también de rincones del arte, crear entornos en los que comunicar la palabra. Sobre esto he escrito a la Asociación Colegial de Escritores, con propuestas de una literatura solidaria, por el derecho de editar, y … no sé.


¿Qué sería de muchos literatos encumbrados sin sus puestos en instituciones culturales o académicas?. ¿O sin conocer a alguien que le apoyó en un determinado momento?. Personas con gran vocación literaria quedan en la cuneta del camino, sin poder dedicarse a escribir, sin poder cultivarse como escritor, sin poderse comunicar. Despilfarramos talentos, lo cual ensombrece nuestra cultura. ¿O sólo vale lo famoso?. De esta fenómeno raras veces se habla.


Mi tío Juan José Ruiz escribió varios guiones de teatro y algunas novelas, con una fue finalista del premio Planeta. he leído su guión “El pequeño mundo”, que trata de la relación de varias personas, algunas relacionadas sentimentalmente, a lo largo del tiempo, antes, durante y después de la guerra. Pasado el tiempo sus obras no tendrán la posibilidad de el azar para leer lo que él escribió.


Un poeta que a mí me entusiasmó y aprendí mucho leyendo sus metáforas en las que mezcla yogures con peces espadas de manera genial es Elías Claudio Prieto Saez de Miera. Disfruto de sus cartas, esencia de imágenes conceptuales. También los cuentos de Óscar García Romeral Fariña, que logra publicar uno de cada diez en concursos en los que cuelga su palabra. Los poemas esenciales de Antonio Morala y su resonancia social de versos. Los ritmos poéticos de l poeta cubano Nelson Roque. Los cuentos y guiones de Eugenio. La novela de un fondo de mar con peces humanos del pintor Eduardo, que en las rutas literarias lee con su voz aguardentosa, capaz de hacer que se preste atención a lo que lee emocionado. El vendedor del Rastro que escribe poesías.


Vivimos una cultura vacía, precisamente por aniquilar las fuentes literarias y disecar la escritura con palabras rimbombantes pero huecas. Nuestra cultura es apariencia, acrece de células con las que formar un organismo vivo. Quedan espacios de revistas y prensa, para vanidades modestas que invaden el arte.


Se ha falsificado escribir de tal manera que lo auténtico se desprecia, se deja perder. Al menos la censura decía No a algo. Ahora nada, todo es vacío, no se dice no, no se dice sí. Se pierden miles de obras con la típica carta de turno: “.. lamentamos no poder…”.


Tenemos que insistir en silencio, ocultos para que brote la palabra y salga a borbotones cuando llegue su momento, cuando la palabra acaricie la vida, la vida de la palabra. Para lograr esto hay que luchar, hay que escribir.


2 – X – 2008. Ayer en el Congreso de Escritores, Fernando Savater llenó de contenido sus palabras, muy clarificadoras para saber por donde se camina al escribir. Aunque bien podríamos pensar lo que dice el cuento “Alicia en el país de las maravillas”: “sólo quien no sabe adonde va llega a alguna parte”. Dijo que introducir la reflexión filosófica en la obra literaria es hacerla perdurable.


¿Qué es lo filosófico?. Según Savater lo que interesa a cualquier ser humano en cualquier época. Habló sobre lo que perdura con el paso del tiempo: lo importante. Pienso que la literatura da un contexto a esas reflexiones, convertidas en metáforas de la realidad y de los sentimientos que pululan en ella. La literatura, en todas sus formas convierte lo que narra en imágenes, que nos permite ver, ¡ver!, lo real de esa realidad. Cuenta como intervienen las emociones y sentimientos.


Respondiendo a la pregunta de alguien del público si la ciencia es la filosofía actual, Savater comentó que la filosofía gira sobre los mismos problemas de siempre. La ciencia responde a la pregunta ¿qué hora es?. La filosofía ¿qué es el tiempo?. La ciencia afecta a nuestra vida, la filosofía a nuestro ser. La ciencia busca la realidad, quiere saber cuál es su ser, aporta datos que la filosofía debe pensar e interrogar. Afirmó que hoy no se puede hacer filosofía sin dialogar con la ciencia, como antaño se hizo desde la observación de la naturaleza, la sociedad o uno mismo.


30 – IX – 2008. Ayer se inauguró en Congreso de Escritores, el VIII. Me gustó la intervención de Andrés Sorel, en cuanto a lo de reflexionar sobre las palabras desde el silencio, la cueva del pensamiento. Que metáfora ¡tan bonita! y, sin embargo, dejada a los pies de los caballos del mundanal ruido.Hace poco leí una frase parecida de Stefan Zweig en “Los ojos del hermano eterno”, “la cueva del silencio“.


Cuando se habla de la cultura de la pobreza como cuna del arte literario, ¿qué pobreza?. Las palabras necesitan su contexto, además de su silencio. Hay demasiadas vanidades que hacen de la crítica y la “modestia” una exhibición vacua.


He decidido pasear por las letras, entre las ideas y un rincón más de ellas son los eventos literarios. Es caminar por el mundo, que puede ser por un sendero o una gran avenida de una gran ciudad.


Habló Antonio Gamoneda. El día anterior al acto y hoy, un día después, le he visto también paseando por la calle, triste, en apariencia triste, meditabundo, cabizbajo, con las manos asidas una a otra bajo la espalda. Su rostro parece el paisaje de una ancianidad cansada. Me gustaría saludarle, sonreírle, pero camina ausente.


Su conferencia me aportó muchos elementos de reflexión. Es una persona que ha pensado mucho sobre su proceso creador, sobretodo, me da la sensación, a raíz de los homenajes recibidos tras ser condecorado con el premio Cervantes, ¡tantos premios y medallas! y requerimientos de intervenciones. Ante tanta insistencia y expectativas ha escarbado en su proceso de escribir para decir algo nuevo.


El autor es su obra, pues lo es por ella. Las demás opiniones alrededor de ella fuerzan discursos para ser originales y muchas veces esto envanece la literatura.


Mientras que le escuché me preguntaba si hubiera ido tanta gente en caso de no haber ganado el galardón más importante de la lengua española. ¿Hubieran aguantado sus reflexiones?, un tanto complejas y filosóficas, sobre todo filosofía del lenguaje. Existe un mecanismo de Poder por el que “los sultanes literarios”, en términos de Balzac, nunca hablan. Se convierten en faros y guías literarios, con una compostura de “yo pasaba por aquí…” y a disertar.


Propuse a la Asociación Colegiada de Escritores (ACE) que interviniera una ponencia sobre escritores desconocidos, sobre el que hice el monólogo “Las palabras del silencio”. Y también que fuera en relación al V centenario de la obra de Garci Rodríguez de MontalvoAmadís de Gaula”.


¿Alguien conoce la obra “Concierto para un náufrago” de Honorio Marcos?. es una obra que a mí me llena, me gusta, me agita la existencia interior. Es una de mis obras preferidas, ¿quién la conoce?. Se la compré al autor que paseaba alrededor de una Feria del Libro en Madrid, fuera de los circuitos comerciales del libro.


El título que Gamoneda dio a su ponencia es “Peligra el pensamiento poético”. Hizo una arqueología lingüística muy provechosa al respecto: la cosa, cuando se nombra adquiere presencia intelectual. Tal sucede también al nombrar por primera vez una sensación. Planteó que el poeta parte del no saber. Su escritura son palabras impensadas que adquieren realidad intelectual. Tal es, dice, la creación. Buscó una base neurológica funcional para explicarlo, remontándose al origen del lenguaje. Dijo literariamente lo que a mi entender explica la teoría del inconsciente de Freud.


A lo largo de su exposición Gamoneda expuso que en poesía el lenguaje es pensamiento. Citó a Juan de la Cruz: “no saber sabiendo”. Y que el pensamiento poético proviene de un lenguaje interior rítmico.


Afirmó que una música es el origen del pensamiento poético. Recuerdo que hace un par de años, durante un recital al celebrar el premio Eugenio Nora, en la introducción a la lectura de mis versos “Respirando el alba” (accésit) comenté algo que había leído: que la poesía la inventaron los árabes al dar palabras al sonido de los pasos de los camellos sobre los que iban, lo que empezó siendo un juego con las palabras, un divertimento. También dije, e hice, que que para leer poesía, un lenguaje escrito vertical, hay que hacerlo de pie. Alguien que estuvo presente en ambos actos se río de lo mío, haciendo observaciones un tanto despectivas. Sin embargo lo que dijo Gamoneda lo reverenció, “qué interesante, qué profundidad…”, y de acuerdo, pero lo que yo conté puede ser una metáfora de lo mismo, salvando las distancias. Hay mucho peloterismo en las opiniones.


Estoy convencido que hay que recuperar los entornos de quien escribe, los lugares a los que por cercanía llegan las palabras de quien escribe, espacios cada vez más escasos en un fenómeno de incomunicación social, donde lo escrito se mueve casi únicamente en lo distante, lo cual convierte a la palabra en un espectáculo, un objeto a ser premiado o anunciado. ¿Dónde está el sujeto que escribe?.


Ciertamente la vivencia de Gamoneda sobre su quehacer es común a muchos que bucen en las palabras: “la poesía es ella misma una realidad”. Y añadió: es existencia, hecho existencial y de una manera secundaria literatura”. Esta idea me hace pensar y dar un sentido más profundo a leer y escribir. Debo reconocer que lo que dijo me pareció exacto, sobre todo porque dio palabras a lo que flotaba en mi mente al respecto, sin lograr aclararlo de manera exacta, como él sí hizo.


Insistió Gamoneda en una idea del filósofo José Luis Pardo: “la poesía deshace el significado establecido, establecido en el Poder. Por eso la poesía es subversión, subversión al lenguaje y tal es el poder de la palabra, un poder liberador”. Liberación que habremos de acumular esta liberación y escribir más allá de los palotes (en todos sus sentidos).


20 – IX – 2008. Para Juan Gelman la obra de Miguel de Cervantes, “Don Quijote de la Mancha” es una gran novela de amor, Juan Carlos Rodríguez. Por mi parte pienso que esta novela expresa claramente lo que es el enamoramiento y cómo funciona en el ser humano, en este caso masculino. Pienso que es una novela en la que al enamoramiento en sí se le convierte en un personaje y cuenta cómo se relaciona con el mundo, a través de las aventuras del protagonista, don Quijote, y con su escudero Sancho Panza. Es la novela del Quijote una metáfora de este proceso interior con la cual se crea una realidad inventada que a través del protagonista de la novela trata de hacer real, y de esta manera consigue hacer ver la realidad de este sentimiento.


En su discurso de aceptación del Premio Cervantes 2007, Gelman dice que la poesía trabaja y nombra lo que no tiene nombre todavía. Pienso que es también nombrar cada cual a su manera las palabras y luego llevarlas al lector para que las dé vida en sus pensamientos.


Gelman cita a la poeta rusa Marina Tsvetaeva, quien nos recuerda que el poeta no vive para escribir, sino que escribe para vivir. Hay que mirar ese “vivir”, pues la escritura cala dentro al ser leída, y brota de la dimensión de pensar y sentir, en esa frontera entre ambos que permite vivir intensamente y con la profundidad que da la conciencia de existir más allá de las palabras, pero pasando por éstas, que son el horizonte de lo real.


30 – VIII – 2008. He leído la correspondencia entre Thomas Mann y Herman Hesse. El primero plantea desestimar a los artistas que sólo buscan la fama, cuando hoy la fama es lo que define ser o no artista. habría que hacer una profunda reflexión sobre este asunto, ¿dónde?, ¿en qué espacio?, ¿para quién?. Hay que seguir cabalgando en el silencio que es la senda del arte y que alguna vez será la voz del alma de una sociedad más culta, más justa, más sensata.En su obra “La montaña mágica”, Mann habla de “una batalla entre la literatura y la barbarie”. Nos jugamos mucho con el vaciamiento literario.


Herman llama ingenuo al escritor puro, que es para él quien no piensa en los lectores. Muchos son los que escriben sin esperanza de ver publicada su obra, pero siguen haciendo su labor con pasión, por una necesidad personal que se siente y arrebata perdiendo a veces la realidad que vive por esa otra que imagina, sueña y vive profundamente.


¿Quién define lo necesario?. Hay una sensación creadora ¿delirante?, de creer que alguien nos está esperando… tal vez un sueño.

8 – VIII – 2008. Al escribir una novela llega un momento en que de cada renglón el autor quiere escribir otra, porque surgen idea nuevas que hay que dominar para convertir las nuevas ocurrencias en algo invisible, que no se lee, pero que llena de potencia y fuerza la novela, es su perfume, lleno de vivencia del escritor.

5 – VIII – 2008. Cuando un personaje narra una obra no se convierte en autor sino en un actor de la historia. Ese personaje que escribe sobre Adrián Leverrenkrihu es el doctor en filosofía Serenus Zeitblom de la obra “El doktor Faustus” de Thomas Mann. Se anticipa a la crítica ese personaje narrador cuando dice: “¡Qué mal escribo, Señor!, las ganas de decirlo todo de una vez hace que mis frases se derramen, se apartan del pensamiento que se proponían expresar y extraviándose en divagaciones acaban por perderlo de vista…”. Es algo que sucede a menudo al escribir porque la palabra no solamente se escribe, es mirada, es mirar, lo cual hace que escribir sea algo creativo. No surgiría lo que se cuenta si no fuera por escrito.

8 – VI – 2008. Escribir se convierte en literatura cuando el autor de una obra se empeña en escribir bellamente.


7 – VI – 2008. No hay escritores, sino personas que escriben. Entender esto nos daría un nuevo punto de vista de la literatura.


6 – VI – 2008. La autenticidad tiene un problema ¿o un precio?. Sólo sirve y vale para uno mismo, o para quien quiere que le comuniquen esta característica. Pero acaba exigiendo la propia autenticidad, lo cual no es fácil. Por eso se eligen lecturas triviales, pasajeras.


30 – V – 2008. El mejor pago a la escritura es ser leída. La lectura da ser a la palabra, que existe antes, sin ser, hasta que es aprehendida en otro. En este proceso la palabra adquiere alas porque vuela a la conciencia de quien la lee. Y alguna vez puede anidar en ella. Es la influencia de los autores en quienes los leen y encuentran en sus palabras respuestas y definiciones a algunas cosas que siente, intuye, pero le faltan las palabras. O le despierta planteamientos nuevos. A mí me sucedió esto al leer a Hermann Hesse, “Demián”, “Sidharta” y “El lobo estepario”.


La lectura es la esencia de la palabra escrita.


29 – V – 2008. El escrito debe esconderse y no aparecer acompañando lo que escribe, lo contrario de las promociones y ferias del libro, que hacen lo contrario. El autor está y ha de quedar detrás de sus textos, no encima de ellos. Es autor por lo que escribe, no por lo demás que vive. Conocer su biografía puede ser interesante para entender mejor sus textos, pero no hacer del autor parte del producto-libro que le hace parecer una vedette que tiene que moverse y provocar para llamar la atención. La literatura no puede ser un espectáculo, no lo es, eso es otra cosa. Leer y escribir son actos íntimos.


28 – V – 2008. Ayer oí decir a José Luis Sampedro que escribir es vivir. En el sentido que lo dijo, en el contexto de la entrevista es vivir profundamente, pues escribir busca la espesura del ser humano. Para otros cavar es vivir, y hay para quien lo es andar… pero la profundidad la da la comunicación, tanto la que se expresa como la que se recibe, que puede ser la conversación, observar a los demás, lo cual incluye escucharlos, viajar, leer, escribir.


27 – V – 2008. Una novela sucede en el cerebro del autor previamente y vive en él durante su escritura. El autor vive en ella hasta que termina de escribirla.

10 – V – 2008. Ponerse a escribir conlleva una sensación similar a la de un actor cuando va a salir a una escenario. Existe cierto miedo escénica al ponerse ante un papel en blanco, al menos cuando escribir implica una actividad vital. da lo mismo la experiencia que uno tenga de escribir. A medida que se escribe se busca en sensaciones más profundas. La practica influye en la forma y manera de escribir, en el estilo.

8 – V – 2008. Escribir es acariciar palabras, llevar de la mano ideas para esculpirlas en el aire y dar forma a la palabra. Escribir da forma visual a la palabra que el pensamiento no tiene, es como un estallido conceptual. Y puede adquirir forma sonora.


Por tal motivo escribir a mano es diferente a hacerlo a máquina o en ordenador, al que hay que pasar lo escrito en letra dibujada. Este texto lo he escrito a bolígrafo en un cuaderno que me regaló mi hija Daira de sus clases de encuadernación. Ahora lo paso. Cuando se acabe escribiré en cuartillas en el momento de tener la idea.


No es lo mismo hacer textos del tipo que sean que escribir en sí mismo. Pasarlo es arduo pero es una manera de corregir, de añadir alguna cosa. Es un trabajo mecánico que si se escribe directamente se mecaniza escribir.

Una cosa es escribir y otra teclear. Lo primero exige dibujar la palabra y crea una función cerebral específica para este acto. Algo que no se tiene en cuenta. Entre la mano y el pensamiento hay una relación, al que la tecla se interpone. La mano despierta la inspiración, sensaciones interiores. Con la tecla se escribe lo que se piensa, pero no ese algo escritural.


Podemos entender esto que digo comprobando la diferencia entre una carta escrita a mano de un correo electrónico o chatear. La comunicación es completamente diferente. Tardé mucho en meterme en este mundo de la comunicación electrónica porque me daba cuenta que no es lo mismo. La presión fue tan grande de usar este medio que extiende lo escrito y abarata, pero no se pensó en profundidad sobre sus efectos. Yo ahora me escribo únicamente por carta con tres personas, cuando lo hacía con unos treinta. Cartas recibidas que vuelvo a leer y son interesantísimas. Con las mismas personas los correos electrónicos son comunicados rápidos, enlaces, escritos deprisa, sin esperar a ese momento especial como cuando se escribe una carta en un folio. Su lectura también es diferente. El problema es que el nuevo modelo de comunicación sustituye al anterior, cuando no tiene porqué. Uno es extensivo y superficial y rápido. El otro es lento, pausado y profundo. Quien quiera observar la diferencia que experimente escribir una carta y lea la respuesta sacada de un sobre y que espere su llegada al buzón.


Cuando se pierden aspectos de la vida ésta se empobrece. Hay una escena que escribe Marcel Proust, en su obra “En busca del tiempo perdido”, que cuenta como en la época en que se desarrolla se usaban los primeros teléfonos, sólo la gente aristocrática y rica y quienes ellos necesitaban llamar. Cuando el protagonista se pone enfermo su abuela pide a un criado que llame al médico. este va a hacerlo por teléfono y ella le dice que no, que vaya a su casa, que le vea la cara y él también la suya, por teléfono es demasiado frío, impersonal. En otro momento hay un personaje que dice que se pierde la elegancia y se acabará ese tiempo que se perdió, por usar dos objetos que él no ve que sean necesarios y sí chabacanos y destructores de la esencia de aquella sociedad basada en hablar, los cotilleos en determinados círculos y de una sexualidad que busca nuevas experiencias y el placer por el placer en la discreción de un discurso de cara a la galería grandilocuente. Esos dos objetos son el reloj y el paraguas. Realmente es un tiempo perdido el que nos cuenta Proust.


Curiosamente en el libro “La montaña mágica” de Thomas Mann se puede leer en relación al paraguas algo parecido: “.. comenzaba a caer una lluvia fina, de manera que todo el mundo abrió el paraguas al mismo tiempo: eso para él era un signo de cobardía y de debilidad general, el trivial resultado de la civilización”.

19 – IV – 2008. Para Saint Real “una novela es un espejo que paseamos a lo largo de un camino”. Espejo y aparato de rayos X. Es también fuente de palabras y escenas que que forman un hontanar del que beber.


30 – III – 2008. Escribir es comunicar, en muchas ocasiones como lo hace un náufrago que escribe sus palabras y mete el papel en una botella para lanzarla seguidamente al inmenso mar, a la espera de que alguien lea lo que ha escrito.


Las palabras que se escriben, no las que se piensan o hablan, son el alma de las personas, las demás el cuerpo. La base material de vivir es la comunicación. Sin ésta no habría sociedad, sin la cual no habría especie humana. Sin escribir ni arte podemos vivir mecánicamente, gracias a la tecnología y a la organización social, pero no vivir la conciencia. Este es el gran reto para el futuro, hay dos caminos, vivir por vivir o vivir para vivir.

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10 – III – 2008. Según Pessoa “escribir es olvidar” , entiende que la literatura es una manera de ignorar la vida. Dice en sus escritos que escribe para distraerse y que publica porque forma parte de las reglas del juego. Afirma: “Sabemos que escribimos mal cuando escribimos. La obra perfecta es la que nunca se sueña realizar”.

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Desde mi punto de vista hay que matizar lo de que escribir es olvidar, porque aquello que no queda escrito se olvida o se deforma, lo cual hace que el hecho o afirmación deformados se olviden. La palabra ralentiza la vida. La literatura produce un encuentro con los hechos fuera de la medición del tiempo. Escribir es vivir interiormente.

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Buscar un sentido a lo escrito es un enredo, porque muchas veces es una ocurrencia que no se ha pensado más. La palabra actúa de lupa para ver las cosas y las historias con más detalle.

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1 – II – 2008. Ha pasado más de un siglo y sigue más a lo grande aún en la literatura industrial lo que escribió Balzac en “Las ilusiones pérdidas”: “La vida literaria tiene sus entre bastidores. Los éxitos injustificados o merecidos, esto es lo que aplaude la galería; los medios para conseguirlo, siempre repulsivos, las comparsas emperifolladas, la claque… esto es lo que ocultan los entre bastidores”. También que en la política y el mundillo literario en ambos reina la corrupción, “se es corrupto o corrompido”.

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29 – II – 2008. “La felicidad mata a los poetas”, escribe Honoré Balzac en su novela “Las ilusiones pérdidas”. Puede que en parte sea así, yo más bien diría que en la complacencia, feliz o infeliz. Hay una felicidad, por llamarla de alguna manera, que es consecuencia de hacer lo que se quiere hacer, que reta al mundo.

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Escribir es un acto interior, de donde surge lo escritural que depende de uno mismo sea cual sea el estado de ánimo. Pueden haber personas felices inconformistas, nunca satisfechas, pero con ganas de hacer cosas que escriben, que asumen que hay que seguir haciéndolo aunque a nadie le importe ni nadie haga caso. Es vivir intensamente de forma consciente y mirar cara a cara lo que le rodea sin esconderse.

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17 – II – 2008. “El valor de conocerse y expresarse es literatura”, escribe Thomas Mann en “La montaña mágica”. Valor o pasión. Actuar y a la vez dejar una huella de lo vivido, para hacerlo ver y que no desaparezca engullido por tiempo. Escribir es existir, para uno mismo y para los demás. Es también una manera de imaginar el tiempo.

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3 – I – 2008. El escritor dialoga con sus lecturas. El artista con su realidad, que relaciona con otras. La lectura forma parte de muchas realidades y es tal pluralidad lo que hace arte al arte. Hay quienes su única relación es con la crítica, con su público, con los concursos literarios. Es ésta una relación cerrada cuya realidad sólo puede sobrevivir destruyendo otras muchas y es lo que hacen.

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25 – XII – 2007. Si Gustav Flaubert desea una novela sin argumento para que se sostuviera a sí misma es porque en lo escrito buscamos un sentido a lo que pasa, para reflexionar sobre aquello que explique la realidad. Muchas realidades se inventan y luego se imponen a los demás, como la realidad religiosa o la de tipo ideológico. Pero pueden ser realidades culturales o de tipo sexual y más.

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Se puede inventar el sinsentido del sinsentido, mediante asociar palabras y e ideas en torno a este concepto.

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En realidad la realidad se construye, pero para que así sea ha de ser arropada por todos los sujetos, al menos de la mayoría. Lo que en política de manera muy relativa sucede y se admite que sea de esta manera en la cultura se valora un elitismo y escalafón aristocrático que no permite la democratización de la cultura, la participación de quienes quieran escribir, pintar, cantar o lo que sea. No que se elijan democráticamente las obras “ganadoras” ni las mejores, sino superar esta lacra de la medición del arte.

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¿Por qué no narrar cosas que pasan?, para presentar a la vista realidades. Porque lo que sucede lo hace dentro y fuera de nosotros y forma una argamasa que sólo la escritura puede mostrar.

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Para Luciano G. Egido “toda novela que se precie debe tener huecos que el lector rellenará desde su vivencia”. Pienso que el lector debe buscar su mundo, a partir de lo escrito que lee para descubrir nuevas vivencias, otros puntos de vista. La lectura creativa es necesaria, tanto como la crítica. La lectura de relleno, para pasar el rato, es una opción y también aporta elementos de análisis y lleva a otra parte el pensamiento para descansar de los agobios cotidianos. La lectura obligada en las escuelas de enseñanza introducen al alumno en la lectura, pero al forzarla se convierte en una obligación desagradable.

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Hay que dejar que el alumno saboree la lectura, que tenga tiempo para ello. Los institutos y colegios deberían dedicar media hora a leer (a parte del recreo, como tiempo lectivo), el libro que quieran, que elijan y buscar hasta que alguno le llene y si no es que su mundo no es la lectura, que puede dedicar a pasear o a no hacer nada. La constante actividad crea una presión en el cerebro que es desagradable e impide el desarrollo del pensamiento o de la visión creativa. Y hace que la prisa se vaya infiltrando en la conducta del alumnado y sea una sensación que gotea permanentemente en su mentalidad.

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Con tantos deberes, exámenes y exigencias se socializa la prisa, la sumisión y la prepotencia para quienes superan estas barreras que serán en el futuro los encargados de establecer nuevas normas de control bajo el manto de la enseñanza, del trabajo, de la organización administrativa. Hace falta momentos que sean remansos, para pensar, para dialogar, para observar y en esto la lectura ofrece un punto de apoyo para este nuevo planteamiento.

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Recuerdo a mi profesor de filosofía el señor Mañero, en el Instituto san Isidro, que al entrar en clase cada día nos decía que estuviéramos un rato en silencio, pensando en las lecciones de la clase anterior y luego nos invitaba a que le preguntásemos. Y luego hablaba sobre las lecciones como si nos contara algo que él vivía, siempre con una visión tomista de la filosofía. Su método me impresionó y me hizo pensar, cuestionar incluso lo que él contaba.

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Escribir se adultera cuando el libro se convierte en un producto de consumo. Tampoco puede ser un traje a medida de una ideología o creencia a modo de libros únicos, sino ser lo que son, lo que es su ser, la expresión de un autor, quien quiere comunicar algo. Este algo es lo que hay que buscar en la lectura, aunque muchas veces el libro comercial carece de ese algo y como dice el refrán “mucho qué decir, poco que contar”, mucha historia y poca sustancia.

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Tampoco se puede caer en un exceso de interpretaciones que reinventan el libro o la trastocan. Leer es una herramienta cultural individual. Forma parte de la comunicación con uno mismo y con los demás. Por ejemplo leer el Corán en las escuelas islámicas es un fenómeno cultural, pero colectivo y coercitivo que sirve para fanatizar a los sujetos, que dejan de serlo para ser objetos de su organización religiosa. Lo mismo con otras lecturas de la Biblia, o del Tora o de textos marxistas. Un extremo de adoctrinamiento o otro de consumo son despersonalizadores. No hay un termino medio, sino una historia diferente para leer, en el que se pueden leer los libros sagrados e ideológicos con espíritu crítico, escuchando que me dicen o buscando sus lagunas, lo que ocultan.

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Escribir es escribir al otro, no a las masas, al público. Cada vez se hacen menos poemas a alguien, sino para un concurso, para un editor… en busca de ser reconocido, de pasar al lado de los elegidos. De esta manera escribir pierde su encanto, su alma, queda su apariencia.

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Hacer emerger esta situación, que se vea y descubrir la falsificación, decir a los reyes del arte que van desnudos como los demás es una revolución pendiente de la cultura y serán los que se creen vestidos de oropel nuestros más feroces enemigos. Tenemos que hacer visible esta situación ya que nos aplasta esta situación invisible, que ha hecho que muchos deserten de su labor literaria, que otros desconfíen de sus capacidades.

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22 – XII – 2007. Hablé con Eugenio y compartimos la opinión de que la literatura se distancia de sí misma, cada vez más hasta que deje de serlo.

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Lo que escriben Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, como análisis concreto de la realidad concreta, llega a su cenit en la modernidad: la poesía se hace mercancía, el arte en general. La sociedad mercantil industrializa el arte, dando una imagen industrial de la realidad. Además se tecnifica. Lo que queda fuera se tritura e ignora. Algo que va más allá de la censura. Con la contrapartida de que contra ésta se lucha y contra el vaciamiento del arte no.

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Se crean mitos del arte y la cultura de manera que el autor pierde su relación con el otro siendo la medida del arte la famosidad, de manera que la relación es con el público en abstracto en forma de estadística o número (de lectores, por ejemplo).

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Hacen, por lo tanto, falta muchas pequeñas obra en sus pequeños ambientes porque esto es la circulación sanguínea del arte. No podemos dejar que acabe siendo un reducto de museos, bibliotecas, tiendas, en donde aparece la cultura disecada, porque su mundo es la gente, toda, no la selecta para la intelectualidad, también disecada en su incrustación institucional.

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21 – XII – 2007. Escribir es tocar la realidad cercana, palparla por dentro, conocer qué es y contar que se percibe. Hace unos días pensé “no quiero vivir, quiero escribir”. No me atreví a ponerlo en ningún lugar, me pareció algo exagerado y no es exacto del todo. Es una frase que surge y hay que analizar, divagar sobre ella. Viene a decir que escribir es vivir el vivir, dar vida a sensaciones que pasan como estrellas fugaces y que si no captamos en un momento determinado desaparecen. Por eso la escritura convierte a esos cometas en estrellas con luz propia y planetas alrededor.escribir es un acto unido al interior del autor. Nietzsche escribió: “testimonio: no vivo, escribo”.

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La fugacidad de vivir la vida permite su intensidad, que se adquiere con la palabra porque profundiza y hace real la realidad. Une la vida y la conciencia.

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Leer es revivir, recuerdos, pensamientos, emociones…

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22 – XI – 2007. Escribir como arte es tender puentes entre la palabra y las realidades, y relacionar algunas de éstas entre sí.

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16 – XI – 2007. El ambiente es fundamental para el acto de escribir, es su caldo de cultivo. Para relacionarse con él es preciso i.buirse del entorno. En ambos confluyen escrito y lector, aunque luego se alejen. Pero sin esta cercanía no hay literatura real, sino una nube literaria ajena a la gente.

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Tras el entorno y el ambiente puede suceder la expansión, salir del propio campo de actuación traspasando fronteras. Sin embargo la escritura moderna pasa de los primeros eslabones de una cadena que deja de serlo para proyectar un espectáculo en el que los escritores acaban de vedettes.

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El mercado de premios y anuncios no rompe ni supera las fronteras, sino que destruye el proceso artístico. La creación literaria queda ahogada al perderse el fuego hogareño, la de grupo para vivir en un incendio que todo lo destruye reduciéndose la cultura a cenizas, al tiempo que las instituciones hacen rendir culto al fuego devastador como algo sagrado: dinero y vanidad.

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12 – XI – 2007. Joaquín Colín me ha dejado un libro de cartas escritas por Antón Chejov. Muy interesante: “El hombre se volverá mejor cuando le mostremos cómo es”. Esta es una de las funciones de la literatura, no porque se realice para tal cometido, sino porque es una consecuencia ineludible. No es por lo tanto escribir una acción moral, sino que su esencialidad es convertir la palabra en espejo de una época y de la individualidad de cada cual.

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Sólo es despreocupado quien no tiene miedo a escribir tonterías” (11 / IV / 1889). Lo cual se complementa con otra idea que escribe: “El arte no tolera la mentira”. Sí la impostura, que engaña al arte, por cuanto es una mentira dentro de otra en una especie de juego de espejos que se reflejan unos a otros. Pero el arte descubre el ser de la mentira. Al final queda lo que el autor saca de sí, al igual que el lector, pues entre ambos sucede una simbiosis mutua. La mentira se ha convertido en la ideología del Poder.

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5 – XI – 2007. Cuando alguien pregunta ¿por qué escribes?, o ¿por qué esa novela o ese guión y no otro? No es posible responder, a no ser “porque quiero y ya está”. Pero no es un acto de voluntad, sino de reconocimiento de algo que te empuja. El esfuerzo está en ser coherente y ejecutar ese empuje.

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Escribir surge, emerge, mana. Ponerse a escribir es una decisión de dar forma y dedicar tiempo a eso que brota.

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Para Setembrini, personaje de “La montaña mágica” de Thomas Mann escribir bien es pensar bien, lo cual está lejos de obrar bien. Indica que toda moralidad nace del espíritu de la literatura. Yo más bien considero que la literatura genera conciencia y desvela por tanto mucha inmoralidad moral de la sociedad. Setembrini defiende la literatura en la batalla que decidirá entre la barbarie y la literatura. Considera a Hermes Trimegistro el inventor de la escritura. Ya escribe sobre “el efecto purificador de la literatura, considerada como camino a  hacia la comprensión, hacia el perdón y hacia el amor, el poder liberador del lenguaje, el espíritu literario como el fenómeno más noble del espíritu humano en general”.

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La novela “Los miserables” de Víctor Hugo hizo tomar conciencia sobre lo inmoral de aplicar el derecho sin tener en cuenta las circunstancias de las personas ni su capacidad de regeneración. “Madame Bovary” de Gustav Flaubert es un acicate sobre la moralidad matrimonial y lo inmoral del amor la aquella época en que la escribe de historias de amores melifluos y simpáticos para atraer al público, pero sin conciencia del amor en toda su complejidad y choques con la pasión, los afectos, el cariño, la sexualidad. Estos autores lograron cambiar la visión de los grandes temas que afectan al ser humano y a la sociedad.

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Cuando se escribe hay que echar un pulso al lector. Hoy se busca complacerle y se echa en falta la búsqueda de la conciencia desde la literatura y en ella contaminada por el mercado y la fama. La labor calada de escribir queda escondida y marginada. No podemos conformarnos.

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Ayer pedí al responsable del Filandón que iniciase una colección de libros de autores desconocidos, que no tienen obras publicadas. Volver a publicar para dar con el periódico obras ya editadas y que se pueden conseguir en las bibliotecas y librerías no tiene mucho sentido, mas que comercial por ser baratas y hacer una colección con ellas.

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También que se celebre y reflexione sobre la obra “Amadís de Gaula” de Garci Rodríguez de Montalvo, a partir del V centenario de la edición de esta obra de caballería. ¿Por qué no se lee? Después de ser vituperado en la obra de don Quijote de Cervantes, al igual que otras muchas obras. La ocultación de la literatura forma parte de la historia de ésta que ha quedado castrada hasta nuestros días en que empieza a desarrollarse la historia y arte de esta castración. La obra “Amadís de Gaula” finaliza con una reflexión que se sitúa más allá de la modernidad, que todavía hoy es sería, de leerse, mal entendida. Plantea cuestiones que siglos después harían los pensadores y poetas llamados malditos para liberar al hombre y a la sociedad de su violencia y agresividad como estudió desde el psicoanálisis Willhen Reich. Dos grandes enemigos enfrentados en una batalla en la que mueren caballeros de un lado y soldados de otro acaban encontrándose en una habitación en la que hacen el amor para lograr hacer la paz., lo cual se gritó en el Mayo del 68, “haz el amor y no la guerra”. También se destila en aquella obra la homosexualidad como aprendizaje del disfrute… de folgar en la foresta, sin dejar de ser caballeros católicos.

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También pedí que se dé a conocer y solicitar que se arregle la fachada de Julio del Campo, un ejemplo de cultura de la calle para la vida cotidiana. Llama la atención que firman la obra quien lleva la carretilla, el peón, junto con el maestro de obras y el arquitecto

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29 – X – 2007. En la obra “Tristán” de Thomas Mann, un personaje que es escritor, Detlef Spinell, considera que para él el acto de escribir es más duro que para cualquier otro mortal. Lo es porque escribe desde su ser profundo, lo cual cuesta sobre todo porque hay que articular las palabras de manera que traduzcan a un concepto o sensación aquello que está sumergido en el ser.

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Sacar con las palabras reflejos de ese ser lleva al lector a su ser en un acto pleno, desde donde percibe la historia, el drama o la versificación de un sentimiento. Escribir es una situación, no un acto, ya que no es un resultado sino un conjunto de hechos que se acoplan finalmente en lo escrito.

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Escribir es una manera de estar ante el mundo, en parte espectador, en parte guionista.

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24 – IX – 2007. Quiero que les palabras vuelen cuando escribo, que fluyan de dentro de mí a fuera. En mi cabeza aletean, revolotean y bailan, pero cuando salen parece que se frenan, como si al darlas forma se hicieran pesadas.

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A veces me imagino que al escribir realizo una partitura. Al teclear el ordenador que toco el piano mientras que leo lo escrito para pasarlo a la letra impresa. Me imagino que cada palabra es una nota musical, la cual se hace espesa y torpe cuando la dejo fuera. Siempre me he preocupado del contenido, de decir algo, pero me doy cuenta que la literatura es lenguaje en sí.

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Crear lenguaje desde la belleza del mismo es lo más profundo de escribir.

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21 – IX – 2007. Para informar de las novedades literarias personas cultas que leían libros informaban sobre éstos. Luego hicieron críticas opinando, pero llegó un momento en que se profesionalizó tal actividad y quienes se encargaron de hacer las referencias a las obras fueron considerados cultos y con experiencia lectora, lo fuesen o no. Esta inversión de quienes califican las obras ha originado la falsificación del arte.

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Otro aspecto de este fenómeno ha sido considerar arte a lo que la crítica y los que hacen visibles las obras con su apoyo financiero llaman arte, convirtiéndolo en un objeto de consumo más.

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La obra de arte parte de la intimidad del autor para llegar a la intimidad del otro, no para hacer de ella un espectáculo. Actualmente se convierte directamente en espectáculo con programas que consisten en esto únicamente. No sólo se anula la cultura, sino que se invierte y pasa a ser cultura al sustituir a ésta. No es que muera el arte, muere el artista como tal cuya labor queda arrinconada. Ni siquiera son sustituidos por farsantes, puesto que los nuevos referentes de la cultura se creen su papel y en su labor social de comunicación. Carecen de intención literaria al buscar lo novedoso e íntimo como recurso estético y de ocio en una vida aburrida, rutinaria y superflua.

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La transvaloración de la que habla Nietzsche es una replica al Poder, es cuestionarle, mientras que la de hoy en día es afianzarse en el Poder y ejercerlo encajado en él. Todo aquello que pueda cuestionarle se aplasta y aparece una llamada nueva cultura cutre y mercantilizada. El propio concepto de arte se vende al mejor postor para que lo defina, algo que cada vez se observa más en los museos de arte contemporáneo, muchos de ellos de propiedad pública. La cuestión no es si es o no arte lo que se presenta, sino que se pague por él mucho dinero y por los demás nada. De esta manera se define el arte desde el Poder. Cuando el arte y la cultura se mueven manejados por el dinero quedan anulados. Ha sucedido a lo largo de la historia, cuadros e historias que se han hecho por encargo de reyes o de la curia eclesiástica. Hay una mínima parte de arte en ese arte conocido e histórico y otra gran porción de Poder.

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Los responsables de la cultura son políticos torpes y vanidosos que dejan el arte y la cultura a merced del dinero público. La maquinaria de Poder define el concepto y la sociedad lo acaba asumiendo. Entonces el arte y la cultura no caben, no encajan con la conciencia de los sujetos ni con la sociedad. Sólo reconociendo este hecho podemos saltar por encima de él y buscar escapatorias y nuevas formas de comunicación. No podemos caer en la inercia de dejar que todo siga como está ni en la lamentación.


El peligro es que el fundamento del arte y la cultura , pensar y sentir, pueden quedar atrofiados y reducir la vida a estímulos-respuesta. Trabajo y ocio. Se desemboca a esta situación. La autenticidad del arte exige una rebelión, lanzarnos al mundo para luchar sin miedo, con cuidado. ¡Al ataque!, ¡al ataque!. Tenemos la palabra y nuestro rincón y un mundo por descubrir. Al ataque.

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17 – IX – 2007. Se dice que si escribir es una pasión una necesidad y se dan vueltas sobre algo que no es en concreto nada. No es algo que se haga por sí mismo sino que responde a una relación de la conciencia con el mundo. Tal relación es lo que hace que alguien quiera comunicar algo. Quien lo hace entiende de manera subjetiva que es muy importante hacerlo.

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Al tomar la decisión de escribir el autor convierte su labor en una dedicación, para hacer ver las cosas. Llega un momento en que desea hacerlo cada vez más, aparece lo vocacional que hace que descubramos lo escritural, espacio mental interior que traduce nuestras percepciones e ideas a lo que se escribe.

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Cuando se sustituye al poeta y escritores por ganadores de concursos afecta a la esencia de escribir y en la actualidad estallan sus consecuencias. La cultura deformada y falseada.

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En economía se sabe que el dinero falso acaba sustituyendo al que se considera verdadero, que está refrendado por la riqueza de un país, el oro con el patrón de este metal o los bienes de un Estado. En la literatura no se han puesto mecanismos de defensa para lo falso y sustituye al arte y a la cultura que se hace desde una postura de sincera. La impostura circula y ocupa el espacio de la literatura, que no está refrendado por la autenticidad, porque para que sea tal exige que participen todos los escritores, no los elegidos en la nueva censura del mercado.

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14 – VIII – 2007. Escribir es un acto de grandeza porque amplía la realidad. Crea un horizonte en la mente y da la palabra a lo real para relacionarlo con el ser humano. Sin la palabra el ser humano carecería de ser, sería como verbo ser como son las cosas y seres sin Ser. La palabra da el Ser como Ser que a su vez se hace Ser en el devenir.

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Según Octavio Paz “la poesía es el teatro de la palabra”. Entender esta reflexión ha sido un gran descubrimiento para mí. Joaquín Colín, profesor de literatura, insiste en que me dedique al teatro, pero cada sensación y sentimiento necesita su forma de expresión correspondiente, que es específica. Cuando escribo una obra de teatro aparecen los personajes. Cuando un poema un ritmo. Tal inspiración no se puede despreciar ni renunciar a ella. Si se elige por criterios de estrategia literaria se deforma el contenido de lo que se va a contar.

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Me di cuenta que la palabra es un actor simbólico, pero que actúa e interviene en la conciencia de quien la lee o escucha, pero sobre todo de quien lee pues la escritura se acompaña del pensamiento. La poesía escenifica sentimientos que navegan en uno y viajan en la palabra. Llevan una carga de nuevas visiones al lector. La palabra actúa, sí.

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La palabra interviene como un cuanto de pensamiento en el cerebro, en él forma los significados que estallan. Cantas más palabras más pensamientos y más sentimientos.

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30 – VI – 2007. En “Rafael” Alfonso de Lamartine escribe que nada de lo que hay escrito es hermoso. Me pregunto ¿escribe el viento?, ¿escribe el mar?. Escribir es apuntar a ello, es abrir los ojos a la belleza, no la belleza en sí. Escribir llama a la puerta, no es la puerta. No es dentro o fuera, es llamar.

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Sin la palabra que señala no sabríamos de lo bello, pues pinta la belleza en la mirada. Las cosas pasarían a través de nuestros sentidos sin más.

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17 – VI – 2007. El arte lo es porque es creación, aunque algo se repita se trata de que surja de uno mismo. Es capaz de crear nuevas realidades. Por eso es rebelde en sí mismo, insumiso. Sucede que incluso este aspecto del arte se convierte en un artificio, en un disfraz que la industria del arte planifica para aparentar ser arte. Hay artistas que representan un papel sometido a la realidad, la del dinero. Sucede cuando el artista deja a un lado el proceso creador y se lanza a la meta del éxito directamente y a la fama que llega como montaje.

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Programas que producen fama invaden los espacios televisivos, en lo que es el colofón de la gran farsa de la cultura, eliminada de la conciencia, lo cual repercute en la política espectáculo vacía de ideas, en la enseñanza cada vez más rutinaria y sin pensamiento crítico y en la economía ciega que no sabe a donde va y en la que la avaricia y ansías hace su progreso cada vez más parecido a lo que cuenta “Tratado de la ceguera” de Saramago.

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En la actualidad se ha establecido la industria de la fama y el éxito sin más, vacío, pero con gran repercusión mediática y mucho dinero de por medio. Lo cual pringa la cultura y la tapa. Un espejismo lo invade todo. Esta imagen de lo que está sucediendo la contó en forma de cuento Michel Ende en su obra “La historia interminable” en donde la fantasía se ve cada vez más menguada. Por otra “Momo” en donde la falta de tiempo va absorbiendo a las personas mediante una estrategia de los hombres grises. Dos grandes clásicos que el ímpetu de la moda hace que queden olvidadas y relegadas de la lectura.

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No hay poso literario y esto hace que se pretenda una constante renovación, un permanente mercado del libro que se renueva y se potencia mediante la estrategia de la moda.

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Hay un cauce para salir de este enjaulamiento cultural y de la mente: rebelarnos al ruido, a lo efímero de los medios de comunicación en el silencio de una labor que susurramos de unos a otros.

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El triunfador moderno no vende su alma al diablo, no existe ya. Ni siquiera al dinero, sino que se convierte en un producto, en dinero él mismo. Es pura apariencia.

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Hay que seguir cabalgando en el silencio y hacer de la palabra luz, que ilumine las conciencias y cubrir de mirada el arte sin necesidad de focos y aplausos mecánicos.

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Escribir desde lo inútil es la revolución de la caricia frente al gesto, una revolución que acaricia el alma. Como en la obra “Tristán”, de Thomas Mann, un personaje, escrito grita “¡odio lo útil!”. Menos mal que fue escrito por Thomas Mann, un premio Nobel de literatura, de otra manera se consideraría la imbecilidad de un vago que no quiere hacer nada útil.

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15 – VI – 2007. Cuando la palabra se hace metáfora brotan nuevas realidades, diferentes imágenes de una nueva realidad.

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11 – VI – 2007. Escribir no es solamente hacer para fabricar un texto. Es situarse en un estado mental específico que se quiere trasmitir al lector. Un estado de ánimo que invita a reflexionar sobre lo que se escribe y luego se lee. Escribir como entretenimiento puede ser una forma de pasar el tiempo, pero escribir es compromiso cuando se relaciona la palabra con la conciencia del escritor que busca la del lector, no únicamente sus ojos.

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Quien escribe despierta su ser individual que busca el despertar colectivo.

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13 – V – 2007. Un libro es el resultado de tener una idea, un impulso de escribir, de buscar un modelo expresivo, de corregir y de llevar la obra a un editor o editarla por uno mismo. Ahora se pueden hacer autoediciones, en función de la demanda. Abre una posibilidad inmensa, igual que escribir en blog de literatura o propios. Es una esperanza, pero se ha llegado a un punto de espectáculo mediático que la lectura viene influenciada por esta imagen de una obra, que es lo que estimula leer, dentro de lo poco que se ejercita esta actividad.

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Se exige la imagen de un producto perfecto, cuando escribir tiene muchos recovecos y fases en todo un proceso de aprendizaje, sin el cual no crece la obra de un autor. Esta tendencia lleva al diseño literario, a hacer de escribir algo artificial. Muchas veces en el error está la conexión con el lector, porque no todos son lectores “perfectos”, que parece es para los únicos que se escribe. No se trata de escribir mal aposta, sino de hacerlo y aprender poco a poco para saber expresar lo que se quiere decir o lo que se piensa o siente. No es fácil, pero se está acabando con este camino literario, que como diría Antonio Machado “se hace camino al andar”, en nuestro caso al escribir. Sin embargo en la literatura actual no hay apenas caminos sino alfombras de terciopelo para unos pocos.

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Recuerdo una costumbre de los indios americanos, los Algonkinos, cuyas mujeres dejaban siempre un hilo suelto en los trajes que hacían, porque pensaban que en el defecto está el espíritu de las cosas.

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Para ser un buen escritor hay que pasar por no serlo, y hay que dejar que suceda esta etapa, necesaria, en los nuevos escritores y darles la oportunidad de que tengan su espacio. La trampa es que quien destaca acaba fabricando libros de diseño editorial y muchos escritores ven éste el único camino, en el que caben unos pocos. En la escritura, sin embargo, todo el que desee escribir. En la cultura queda muy poco espacio para el arte y la creación.

Se estimula la lectura indicando lo que se tiene que leer por parte de las instituciones culturales, sin dejar que transcurran los libros, la curiosidad lectora, el azar del encuentro con una obra. Se está eliminando el correntío de escribir, dejar que se exploren huecos, los tránsitos de la palabra, nuevos paisajes para los lectores. Hay que dejar que brote la literatura y ver la belleza de las flores silvestres, no sólo las de un jardín o macetas cuidadas porque esa “perfección” acaba buscando eso, la imagen perfecta y lleva a hacer flores de plástico, que no se secan, que no hay que regar, que no tienen insectos a su alrededor.

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Nos enfrentamos a la plastificación de la escritura y del gusto, de manera que lo que sustituye al arte y la cultura se prefiere y elige. Se plastifica excavar en lo nuevo y retoño que nace sin que crezca. El plástico se fabrica, no se desarrolla y no vive. Por este motivo el arte y la cultura mueren sin que apenas a nadie le importe no haya una reflexión profunda al respecto. Lo grave es que este fenómeno afecta a nuestro ser personal. Queda el negocio.

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Sin los pequeños arroyuelos no hay pequeños espacios de vegetación en las laderas de los montes, ni afluentes, ni pequeños paisajes. Ni las corrientes de los ríos que se alimentan de sus afluentes. Tampoco llegarán al mar. Quedarán las imágenes de estos paisajes de fotos en los despachos de quienes han destruido el ser de aquellos, dentro de grandes ciudades que no necesitan ríos, sólo su agua embalsada para abastecer a una masa cada vez más uniformada y sedienta.

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Se diseca el arte.

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La mentalidad técnica afecta a todo y acaba con todo lo que no es técnico. La plastificación invade las conciencias.

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Lo imperfecto es necesario para aprender y dar vida al arte y la cultura. Es necesario que salga a la sociedad la necesidad de expresar nuestro ser interior en todas sus facetas. ¡Espacios literarios!, ¡espacios literarios!, no sólo virtuales, sino vivos, a cuyo al rededor se reúnan gentes que hablen, discutan, reivindiquen. Internet abre una ventana, muchas, y las puertas del arte y la cultura en una dimensión individual y personal, pero luego hay que salir y andar no quedarnos en la puerta o mirando por la ventana. Hay que dar vida a la palabra, no sólo hacer de ella una imagen o hacer que sea una nube difuminada sin más.

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Ya en los años 60 Sartre y los existencialistas en general dieron la voz de alarma sobe el peligro de la inautenticidad.

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El escritor lo es porque necesita y desea convertir en palabras el mundo que le rodea y así mismo. Es un acto de supervivencia de la conciencia que se comunica fuera de sí. Y escribe lo que tiene que escribir y no otra cosa, sin ceder a esa losa que ponen desde fuera. ¿por qué no escribes esto o aquello?, suelen aconsejar personas cercanas o prebostes del mundillo literario. ¡Porque lo que quiero escribir es lo que escribo! Respondemos y seguimos.

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Cada escritor tiene que conquistar su espacio lector y no ser conquistado por él. El libro es el resultado de un proceso, no es un producto. Las palabras no son ladrillos, no se pueden pesar, premiar, vender en un mercado de vanidades y cifras en las que se pasea a los autores haciendo que enseñen sus dientes a modo de sonrisa permanente que se pega a los medios audiovisuales.

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Cuanto más y mejor se domine la gramática y el lenguaje mejor se accede a la realidad, mejor se transforma el mundo en palabras y mejor se comunica con los demás. Es un aprendizaje necesario para el el escritor a fin de que sea más exacto lo que quiera contar. Las normas de la lengua escrita es una herramienta, pero no puede convertir se en un látigo. Las normas del lenguaje son el resultado de una evolución cultural que tiene como objetivo mejorar la comunicación, la cual se extiende y empobrece con mecanismos de lenguaje reducido, en mensajes de teléfonos o chatear deprisa y corriendo con símbolos de expresiones ambiguas y fugaces muchas veces prefabricadas las respuestas, como las tarjetas que ya viene escritas y quien las envía sólo tiene que firmarlas.

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Cuanto más complejo y profundo sea lo que se quiere comunicar más estrecha ha de ser la relación con el lenguaje cuya función se tiene que conocer. Los grandes escritores tienen un gran dominio del lenguaje. Es por la oportunidad de haber seguido escribiendo. El lenguaje no puede ser un fin en sí mismo.

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Una obra que me cautivó como uso del lenguaje maravillosamente descriptivo y que hace ver lo que cuenta es la obra “Perro y yo”, de Thomas Mann. No se titula “El perro y yo”, sino que lo da un carácter personal a su animal de compañía y no un objeto. No cuenta nada, describe la relación con su perro, con ese perro. Es una narración magistral del uso del lenguaje.

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12 – V – 2007. Escribir es dar palabras a la realidad. Creer es convertir en realidad las palabras (que se creen), porque aquella se puede inventar. La poesía, el teatro, la novela infiltran palabras en rincones del ser humano que sólo se pueden ver y palpar a través de la escritura que nos hace descubrirlos o reconocerlos al adquirir un significado.

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El escrito grita en silencio, para despertar lo que duerme en el alma. Ese silencio adquiere voz al escribir.

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7 – V – 2007. Escribir es un acto de condensar el tiempo en el que rezuma la experiencia y, ensoñaciones, ideas, sentimientos. Leer es la lluvia de todo ello.

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El tiempo de lo escrito a lo leído establece un puente invisible que escribir hace del tiempo una tela que arrebuja.

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5 – V – 2007. En la presentación de la antología de Antonio Gamoneda, José Enrique Martínez diferenció lo que es ser lector de poesía de o que puso de ejemplo a Gamoneda y ser recitador, rapsoda, por ejemplo Alberti. También hizo referencia a un amigo suyo que define poesía como aquello que emociona y, por lo tanto, subjetivo.

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Me pregunto si en los actos y parafernalias de exaltación de la poesía hay poesía. La poesía lo es cuando mana y cuando se comunica, se lee o escucha. Lo demás vanagloria.

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El teatro es el arte de posar y hacer permanente un acto cuando se actúa, pero ¿la poesía?, ¿cuando es acto?. Necesita del silencio, de sosiego, de experiencia interior y exterior al vivir. Se acto e lo que define Octavio Paz: la poesía es el teatro de la palabra.

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Antonio Cortijo, un poeta callejero, que al cruzarse con algún amigo le recitaba sus versos, leía y declamaba sus poemas. También en actos a los que acudía. Supo traducir sus sentimientos desbordantes en versos de la vida, de sus sensaciones más inmediatas. Él fue un hombre poético que rezumó poemas.

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Cuando me cruzo en la calle con Gamoneda me trasmite tristeza, poético también a su manera interior y capaz de escribirla desde su mundo interior. ¿Y el resto de transeúntes?, muchos puede que hagan poemas en la soledad de escribir. Puede, porque no lo sabemos. Por lo cual hay que lanzar la escritura llegue a donde llegue.

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Hace poco leí un guión escrito a máquina de mi tío Juan José, “El pequeño mundo”. Me alegró leerlo sobre todo por dar vida a aquel texto que queda sepultado y dentro de unos años muerto, sin esperanza de ser leído o verse representado, para lo cual se escribió. Las escuelas de actores deberían hacer textos de autores descocidos, porque se situarían más en su propia realidad, y no autores consagrados que requieren de mucha experiencia de actor.

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4 – V – 2007. Ayer se presentó una nueva antología de poesía de Antonio Gamoneda. Me cruzo con este poeta muchas veces por la calle, un día y otro. Siempre que le veo va solo y ausente. Saludarle, con un movimiento de la cabeza y decir hola bajo, es como soltar un globo al aire. Me dice muy poco su poesía, no me llena ni emociona. A pesar de ser reconocido como premio Cervantes. Reconozco su valor de poeta por serlo, pero que lo valore su ambiente y una maquinaria de Poder, que empieza por su labor de director en el Instituto Leonés de Cultura y termina por determinados cargos en instituciones del libro de su misma provincia y quehacer político-poder, no quiere decir que tenga esa proyección social que le dan, que todos saben que no es cierta. El mito en la literatura sólo sirve para disfrazarla.

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Recuerdo una vez que hablé con un señor, José, de La Bañeza, conocedor del mundo cultural de esta ciudad. Hablábamos una tarde sobre muchos temas. Pasamos por la calle de Odón Alonso Ordás, a quien conoció y a su padre que tiene una estatua de homenaje de los bañezanos. Me comentó que no quiere decir que fuera mal músico, pero que otros como él quedaron en el anonimato y sin poder desarrollar su vocación musical. Él destacó, me comentó, por ser un jefe provincial de la falange. Cobraba por este puesto que le permitió dedicarse a la música y tener contactos que le hicieran un músico relevante y poder hacer sus trabajos, como luego su hijo de compositor.

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Y luego me puso otro ejemplo de la tierra, Antonio Colinas, a quien tampoco quitaba méritos como poeta, pero muchos otros muy buenos que él leyó quedaron en la cuneta como el caso de un maestro de allá. Este poeta logró abrirse paso en el mundo literario, cuenta José, porque su mujer era un alto cargo de telégrafos, que ya lo fue su padre a nivel nacional, y ganaba mucho dinero. Su conclusión es que sin padrino por bien que se escriba o se ejerza un arte poco o nada se puede hacer por darse a conocer. Y este factor-dinero corrompe el mundo del arte, porque faltan los otros, quienes no se conocen. Sin desmerecer perse a quienes sí son reconocidos en el mundo del arte. Todos deben tener su oportunidad.

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Las obras de Gamoneda han sido publicadas otra vez, pues hay editoriales que las vuelven a dar a conocer, conocidas ya de sobra, por haber sido premiado, así como a otros autores que tienen sus obras en las bibliotecas y en las librerías, en lugar de editar a nuevos autores que están esperando una oportunidad., a quienes ni tan siquiera leen sus textos. ¡Es una vergüenza!. Encima estas editoriales acaban vendiendo sus libros a instituciones de enseñanza o municipales y despotrican con que la gente no lee o no tiene cultura. No tiene su cultura de Poder y no leen lo que les dan ellos a modo de pasto social.

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Hay un verso de Gamoneda que me gustó mucho, que flota en mi mente diciéndome algo que todavía no sé muy bien qué es, pero que apunta a la disolución de las palabras en un mundo cada vez menos reflexivo y menos sentimental: “arden los significados”. En cierta manera la palabra poética es eso, hacer que los versos se hagan fuego que dé luz, calor al conocimiento para buscar el significado en la vida y en el ser.


Durante la presentación de la antología Gamoneda definió la poesía con una referencia de san Juan de la Cruz sobre la mística, aplicada a la poesía: un no saberse sabiendo. Es difícil de explicar, pero hay algo de esto pues encaja con lo que se percibe al leer un poema.


Explicó también que los críticos literarios que hablan y escriben de su poesía le hacen conocerse mejor, pues él hace lo que le sale y parece que ellos encuentran grandes significados. Yo creo que en lugar de reconocer la poesía tal como indica el poeta, los críticos caen en la impostura inventando cuestiones que realmente no existen y lo que quieren es vender un producto y previamente convertirlo en tal. Las críticas deberían ser opiniones y no sentencias, y siempre abiertas a las personas y no a un grupo cerrado de “expertos”.


Durante la lectura poética de Gamoneda percibí como caen las palabras al escucharlas cuando se leen bien, y se sienten. Tienen un ritmo y un estilo propio que pueden gustar o no, pero tienen su valor.


Dijo que la música es el fondo originario del pensamiento poético, de pensar tal vez, pero insistió que sobre todo del lenguaje poético cuando está en el cerebro. Puede ser, pero antes de la música está el ritmo, el de los pasos al caminar, el de la respiración, del viento, de la lluvia. Comentó que recogía esta idea de Aristóteles, para quien la poesía da placer aun en lo trágico.


Aludió a la relación con lo que le rodea, pero no, por ejemplo, respecto a los padres biológicos sino, en su caso, a sus padres poéticos.


Días atrás, en la Feria del Libro de Ponferrada, la poeta Amparo Carballo me comentó que Gamoneda le hizo un prólogo a uno de sus primeros libros de poesía, cuando era un desconocido en el mundo de las letras. Pero él supo abrirse un hueco desde su empleo en la Administración e instituciones en las que trabajó. Estuvimos con otras personas a las que tampoco les gustaba su poesía, sobre todo la última parte de su obra. Uno de los presentes comentó que el padre de Antonio Gamoneda también escribió poesía, ¿por qué no se editan?, su hijo ha dicho alguna vez que aprendió a leer con ellas. Creo que sólo se ha editado un libro de él.


Respecto al poeta premio Cervantes de León comenté que todos los políticos y hombres del Poder quieren a su “Jose María Pemán” particular, prototipo del escritor del Régimen, lo cual se reproduce. Elegir a uno hacerle destacar sobre los demás a quienes se oculta es una forma de ejercer su poder los burócratas de la cultura de manera silenciosa, pero efectiva. Luego los representantes de determinadas instituciones con sus discursos de terciopelo, fulminan a unos y encumbran a otros mediante su repercusión mediática y actividad administrativa. Y es que este camino que sirve para premiar y elegir a unos es lo que define el arte, la literatura en especial, sin tener nada que ver con el desarrollo creativo.


Auténticas tonterías, banalidades y falsificaciones se convierten en triunfadoras y en referentes de la cultura por el efecto público de grandilocuentes opiniones excátedra. Esto se puede comprobar en la carátula de muchos libros en la que aparecen citas y referencias de personas de la cultura de gran prestigio, encumbrando al autor y su obra, sin que tenga nada que ver ni de cierto con el contenido, pero ¿cómo se va a contrariar a estas personalidades?.


Para triunfar en la actualidad hay que tener un periodista al lado e incondicional, que se satisface de tener una imagen creada por él, a la que luego va a dirigir y aprovechar económicamente con exclusivas y entrevistas. Es un juego éste perverso que ha caído en la inercia y en la normalización.


Una señora me dijo también que a ella le gustó solamente la primera parte de la obra poética de Gamoneda. Que luego fue demasiado barroco y su objetivo fue a partir de un momento pasar a la posteridad de la literatura y dirigió su obra y su vida a este objetivo. Si lo que importa es la poesía valle la obra de un escritor. Si lo que importa es el poder literario vale todo. Quiero aclarar que una cosa es Gamoneda poeta y otra la parafernalia que le rodea y que a él mismo le atormenta. ¡Viva el poeta!. Lo demás es nada, nada poético.


Los premios literarios deberían ser reconsiderados. Hay muchos escritores que son ganadores de premios, folios enteros del currículo y nada más. La literatura tampoco es vender libros.


Hay que hablar de poesía del Poder, de poesía del entorno, de Poesía íntima, de comunicación, de expresarse, de la que rebela la palabra, la que se hace verso al escribir para lanzar sentimientos, la creación de lenguajes. En el teatro sucede lo mismo a nivel de las emociones).


La poesía del Poder desprecia y oculta la del individuo y su ambiente. Recuerdo la crítica en la prensa de “Poesía del alma” de Antonio Fernández Morala, que fue demoledora, cruel con el objetivo de machacar a un obrero que se quiso meter a poeta, cuando es pura sensibilidad, y alguna falta de ortografía puede ser corregida y nada más, no ser la excusa para desmoralizar a este autor cuyos poemas posteriores son ejemplo de versos esenciales, llenos de contenido y ritmo. Sobre todo que logra crear relámpagos de sensaciones e imágenes sensibles con sus poemas fugaces. Se quiso aplastar un brote de fuerza interior que mana del gentío. También ha habido faltas en ediciones de poemas famosos de las que nada se dice.


Hay que luchar por el derecho a publicar. ¡Que rueden y cabalguen las palabras! Para llegar a su destino, el lector, la mirada del otro. Algo que se trata de impedir mediante una amalgama de mediocres que se engrandecen a costa de arrinconar a otros. Como sucede dentro de una mentira más amplia funciona, por eso de que menos por menos es más (- x – = +).


Tenemos que seguir dando dentelladas con la palabra, que es lo que más les duele seguir y seguir, ¡seguir escribiendo!, aunque nadie nos haga caso, aunque el desierto sea infinito, esa es nuestra rebelión. Nuestros pasos en él también lo serán.


La poesía del Poder también usa las expresiones mundanas porque lo quiere acaparar todo y elige de vez en cuando a uno de la calle, para hacer ver que es algo abierto, plural. Se disfraza con la literatura de amor, de libertad y lanza a cantantes, y artistas para fabricar un vestido que le oculte.


3 – V – 2007. La palabra se hace literatura cuando se destila, cuando se coloca o escribe pensando en qué queremos decir y transmitir a los demás. Cundo se busca al lector y no al impulsor de la obra. Tiene razón José Pérez, una cosa es la ser literato y otra ser escritor.


2 – V – 2007. Escribir requiere de tiempo. Tiempo para que las palabras manen y se relacionen con las ideas y con las cosas que suceden alrededor de quien las vaya a escribir. Tiempo para corregir. Tiempo para que el libro ruede, circule y vaya de unos lectores a otros. Tiempo para hacerse, para madurar, para transcurrir.


También la lectura es un proceso lento que no puede ser arrastrada por el mundo de las prisas. Hay que dar tiempo para que se reflexione, para comunicar las ideas, las sensaciones.


La escritura y la lectura están íntimamente unidas, lo cual no es una perogrullada, sino que es necesario entender que se funden en una dimensión del tiempo diferente al que mide la vida cotidiana, comparten una dimensión del tiempo común.


25 – IV – 2007. Los premios literarios pierden su función de mecenazgo. A cambio aparece la industria y el comercio de los premios. El derecho de publicar es uno más en la andadura de la libertad de expresión, sin embargo esta reflexión no se plantea. Premiar las obras, en lugar de editar otra muchas distorsiona la literatura.


Cuando se editan los “seleccionados” es una manera de decir qué es lo que hay que leer. Tal es su función, definir la lectura y acotar su espacio sin dejar que sea la sociedad y los individuos quienes lo decidan. Sin un proceso de búsqueda del libro, de descubrimiento permanente no hay creatividad ni variedad artística.


Otro fenómeno que acompaña a este ambiente cultural es el pemanismo en el que cae nuestra sociedad con tanto “elegido”, aunque sean varios los ungidos por la famosidad. Muchos autores venden su alma al diablo-dinero, y hacen de la impostura su criterio literario.


Todo poderoso quiere su poeta, su escritor, su pintor, a los que alaba desde el poder mediático. Una corte de pelotas los ensalzan y construyen a los referentes de la cultura. Quienes lo hacen acaban siendo profesionales de esta labor y no dejan que pueda funcionar de otra manera el mundo de la cultura, necesitan y justifican su control.


Aunque nadie lea a los escritores fabricados sus libros se venden, pero cómo decir que no emocionan, que sus historias son obviedades y aburridas?, que no valen más que otros. Porque muchos autores fabricados se llegan a creer su papel en el mundo literario. Por eso la mayor parte de las obras de hoy no dicen nada. Son diseños de libros. Ya no es una persona quien escribe, sino una maquinaria basada en la organización institucional o empresarial, que contratan a comparsas que quieren ser escritores, siéndolo cuando están por encima de los demás y amparados por el Poder.


Cuando se critica, en lugar de argumentar, de buscar ejemplos saltan con que se dice eso por envidia, que se critica desde el fracaso de quienes no asumen el éxito de los demás. Se fabrican ídolos que acaban desapareciendo en la bruma del tiempo.


Decir algo, escribir poemas para comunicar y expresarse se tapa y se margina. Queda la pose como simulacro, mediante entrevistas en la prensa. Cada vez más la cultura es un espejismo Lo que queda fuera de él no se ve ni se mura porque se imponen unas imágenes sociales fuera de las cuales no hay luz.


La literatura y el arte en genera están envenenados. Queda seguir escondidos y hacer visible esta situación mortal para para el arte. Escribir desde la autenticidad es sembrar y abrir un nuevo renacimiento.


21 – IV – 2007. Escribir es una función del cerebro que se ejerce de por sí. No responde a un por qué o para qué. ¿Para qué vemos?. En verdad vemos y luego interpretamos o construimos la imagen. Luego entendemos que eso es el mundo y que estamos en relación con los demás.


Escribir es idear. También lo es leer. Escribir puede ser leer a los demás. A diferencia de los sentidos la función de escribir, o leer o pintar, se eligen y se cultivan.


Cuando escribir se lleva al espectáculo mediático pierde su identidad. Lo mismo sucede con el deporte o la música, o la política. Tenemos que recuperar las referencias individuales. La comunicación con el otro, con un grupo, con el entorno y en ese camino se llega a la sociedad, y no al revés, que se catapulta a un escritor a la sociedad sin relación con quienes le rodean ni nadie. Sus textos no han crecido, se han impuesto.


Pasar del acto de escribir a la sociedad crea el efecto del éxito, pero es vacío, banal y distorsiona y falsifica la cultura y el arte.


El arte es una manera de vivir el mundo. Cuando la vida nos arrastra el arte es una pose, hoy hay demasiadas pasarelas para unos pocos y muy pocos caminos para muchos autores. No podemos dejar que lo escrito desemboca en el esquema de la moda.


¿Alguien se imagina a Nietzsche en un programa de televisión hablando de su obra y de lo que piensa?. Es algo inconcebible. Hoy este filósofo no existiría y de ese estilo no hay referencias aunque existan. ¿Podemos imaginar a Freud haciendo un anuncio de coches?, ¿o a Kant, Pío Baroja firmando libros en un gran almacén?.


Se mide a un escritor más por lo que sale en la prensa que por lo que escribe. Muchos escritores que hacen auténticas obras de arte quedan sepultados en el olvido por no tener un apoyo mediático. Ya en su obra “Bouvart y Pecuchet” Gustave Flaubert dice que es diferente la literatura de la literatura industrial.


Falta en nuestra cultura el transcurrir de las ideas, de la palabra entre las personas. Por eso muchas veces no se encuentran soluciones. La función personal de anula, lo cual es una manera en que funciona el Poder hoy.


17 – IV – 2007. En su obra “Quieto espacio. Fugacidad del tiempo” Gaspar Moisés, cuenta que él escribe para que el mundo entienda su silencio, al cual define como su gran pasión. Escribir es esa pasión silenciosa, su eco es pensar. Y leer es también el eco que retumba y se hace vida y silencio.


13 – IV – 2007. La música es la sangre del alma. La palabra su retrato, a modo de dibujo, o más bien es el lienzo. Escribir es escribir cuando se hace con alma para otra alma. Lo demás imágenes huecas.


28 – III – 2007. Para Fernando Pessoa la poesía es el camino entre la música y la narración. Yo pienso que tiene entidad propia, su propio ser. Es algo que surge, que puede tener parecidos a otras formas de comunicar. La poesía es un viento interior, lo cual se refleja en unos versos de Pessoa:

Deja pasar el viento.
No le preguntes nada.
Su sentido es

ser el viento que pasa.


No preguntemos qué es o para qué… dejemos que pase por nosotros como viento que se escribe, como viento que se lee.


A veces una pregunta rompe sobre lo que se hace, porque no hay respuesta sino vivencia, y la palabra traslada un estado del ser. Por ejemplo alguien puede preguntar qué es el amor, y debatir sobre esta idea y preguntar sobre las nuevas respuestas. Pero si alguien dice a otra persona “te amo” y a quién se lo dice le pregunta ¿qué entiendes por amar?, no hay respuesta, sino un golpe a lo dicho, a la sensación de amar como algo que sucede y brota.


23 – III – 2007. La conferencia de Luis Carnicero, “¿Para qué poetas?”, hace dos días, recogió los versos de alguien que se preguntó “¿para qué poetas en tiempos de miseria?”, lo que él traduce mejor como “tiempos de carencia”. Siempre carecemos de algo. A partir de este planteamiento hizo una semblanza de poetas que buscan un sentido en su quehacer poético:

  • Panero, Astorga, sobre el paisaje.
  • Pereira, Ponferrada, la ironía del paisaje.
  • Gamoneda, León, la muerte.
  • Colinas, La Bañeza, la luz.

Concluyó Carnicero con que la poesía nos da la mirada, una mirada al mundo no su visión. Una situación en la cual nos asomamos a la hondura y profundidad a lo que nos rodea y luego a nuestro yo mismo.


Pienso que la poesía surge como caricia de la palabra que aprehende ideas, emociones. La mirada no es una función, sino que es así sin intencionalidad, algo que luego nuestra conciencia intenciona, por decirlo de alguna manera.


La pregunta del conferenciante no se corresponde con la poética, pues ésta es más bien la pregunta, ¿para qué todo?. La poesía abre este interrogante a la realidad, porque la quiere hacer lenguaje, abarcar en lo comprensible y una vez comprendido descomprender, por eso interroga a lo que creeos que es el amor, la libertad.


¿Podemos preguntar cuánto pesa un color?, no es una cualidad del mismo. Al final Manciñero, el presentador del acto dijo entre la ironía y el bosquejo de unos puntos suspensivos, envueltos en una sonrisa, que se pueden dar tantas respuestas como se quieran. Las que dijo Carnicero y y otras más, algunas posible contrarias y también válidas. Pero comentó el presentador del acto, que ninguna de ellas son respuestas inventadas, sino que forman parte de esas miradas que surgen, brotan en el interior de quien piensa una respuesta y la escribe o dice.


Un dato muy interesante de Carnicero fue que el paso de la poesía oral a la escrita implicó un cambio que hizo que aparecieran nuevos contenidos en la poesía, la cual ya no sólo iba a contar algo sino que iba a empezar a crear imágenes. Con la escritura poética se inventa la metáfora.


Podemos entender que la imagen hace sentir y puede que nos haga pensar para mirar desde lo pensado y desde la palabra, pues muchas veces actuamos y creemos cosas que no son sino una respuesta a un estímulo determinado, de manera que reducimos a la conciencia a una conducta, incluso a ser espectadora de una conducta. Nos dejamos llevar, entonces la poesía nos dice “mira tu camino” que puede que sea otro al que vivimos cotidianamente. Nos exige un compromiso interior y es por ello que se lee poca poesía o cuando se hace se convierte en mero formalismo.


19 – III – 2007. Escribir tiene la hondura de establecer una comunicación con el lector en lo leído, en unos niveles escriturales de la conciencia. Es difícil trasladar a la palabra el magma interior, y digo “a la palabra” y no “con la palabra”, porque ésta tiene un espacio en el universo de la conciencia.


Escribir tiene un ritmo, una disposición que nada tiene que ver con chatear o mandar correos electrónicos. La profundidad de vivir y su complejidad se perderán, dejarán de ser una referencia si se pierde escribir a mano.


La productividad literaria saca obras fuera del mundo escritural. Se escribe cada vez menos y se lee menos aún. La rapidez de hacerlo lleva a la superficialidad de los textos, cuyo objetivo es entretener o hacer mensajes simples que estimulan el consumo lector.


Podemos entender esto si analizamos el correo epistolar. Sentarse a escribir una carta, disponer de un tiempo específico para ello, pensar qué se va a decir, leer la carta que antes ha escrito el receptor todo ese entramado forma parte d ella comunicación escrita. Escribir es una ceremonia íntima.


Llegará un momento en que alguien quiera recordar o saber qué es el mundo interior que de una manera u otra interacciona con el exterior y quizá escriba un libro necesario: “El último escritor de cartas”. Y no es que cada vez tengamos menos tiempo ni más prisas, es que renunciamos a la cultura y el tiempo se rompe. Sin cultura cotidiana perdemos peso existencial y un nuevo ritmo nos arrastra y arrebata nuestro ser y entornos, quedamos solos, a merced de la opinión pública, inducida y sin personalidad, con una forma de vida que no elegimos, nos la impone el industrialismo en su versión más despótica: la técnica. Técnica que lo invade todo, no sólo los medios de producción de mercancías, sino de cultura y de conciencia. La literatura entonces se convierte en un decorado, que basta con ojear.


18 – III – 2007. “¿Por que escribimos?. Escribir tiene como objeto desarrollar la personalidad que, en última instancia, permita al hombre transcender el arte”, de Lawrence Durrel, en el Cuarteto de Alejandría.


12 – III – 2007. El arte es comunicación, una comunicación especial que debe transmitir algo. No decir algo, sino llegar al lector, hacer que se emocione, que piense en lo que se dice, que haga emerger el llanto o la risa.


La escritura nos lleva a un nivel más profundo de comunicación, la escritura escrita, no la que se hace simulando hablar.


Una tendencia es la de escribir algo y no escribir por escribir, para dejar que el arte surge, para dejarse llevar por las palabras y ver que sugieren. Siempre se está pendiente del público, de los concursos lo cual acaba con el arte de escribir. Se hacen muchas obras, pero no conmueven. Buscar el éxito o el premio se ha convertido en la gran trampa.


La autenticidad queda entre autores desconocidos, de manera que no es apreciada y se atrofia desde un punto de vista social. Se es escritor porque se escribe, pase lo que pase con la obra y aunque sea para nada. Pero ahora se quiere dar a entender que el escritor es el que es leído, pero además tienen que ser muchos los lectores, por lo menos que compren los libros. Los que no entran en la rueda del comercio son despreciados, sin apreciar que son el latido de la cultura y el arte.


11 – III – 2007. A medida que se escribe para construir imágenes y aprehender la realidad e interaccionar con ella se siente cada vez más satisfacción, lo cual hace que el escritor sienta necesidad de seguir con su labor.


Publicar se convierte en un horizonte, cada vez más lejano para muchos escritores. La existencia para muchos autores cada vez es más asfixiante, más cerrada. Es necesario dar salida a lo escrito, porque abre un nuevo espacio, pero no puede ser una meta, como nunca lo es el horizonte. Es un deseo, una mirada.


Cuando se coloca el libro como deseo de ganar, prestigio, dinero, carece de horizonte porque ha llegado y escribir se encierra en el mercado, en el mercado libre del libre mercado liebre, y se falsifica la literatura como arte. La cultura deja de ser una suma de subjetividades para pasar a convertirse en algo objetivo y objetivable, o sea pagado. La crítica literaria y la difusión de determinadas obras de grandes editoriales forman parte de esa industria. La imagen del escritor acaba convertida en un objeto más de esa estrategia.


Es necesario plantearse el arte de la lectura, el cual es fracturado cuando se convierte en una herramienta académica, que deja escribir y leer sin creatividad alguna. Saber leer requiere saber qué es escribir.


Que la cultura se instrumentalice afecta a las relaciones personales, a la política, a la economía, a la enseñanza. Construimos un mundo mecánico, cada vez con menos ideas, con menos comunicación real, porque la que sucede en el ámbito del universo infinito de las redes sociales y del correo electrónico es superficial, muy extensa pero poco profunda. Se pierde la conciencia de escribir y leer, aunque parezca lo contrario.



9 – III – 2007. Lawrence Durrel plantea en su obra “El cuarteto de Alejandría” , una investigación sobre el amor moderno. Introduce en la novela la perspectiva, igual que Velázquez hizo en la pintura. Trata la misma historia desde diferentes personajes que se convierten en el punto de vista del narrador, de manera que da lugar a diferentes centros narrativos. Introduce nuevas dimensiones de la narrativa, igual que hace Velázquez en las Meninas, en cuyo cuadro se perciben las tres dimensiones del espacio. La novela crea un espacio psicológico. Me da la impresión de que el autor, Lawrence, está en el fondo de la la narración mirándose en el espejo de su obra.


4 – III – 2007. Cada vez es más difícil mantener el pasado como seña de identidad, personal y colectivamente. Ver a viejos amigos, pasear por lugares en los que vivimos, releer antiguas cartas…. No nos dedicamos tiempo, el cual nos devora porque hemos cerrado los ojos a nuestra vida. Dejamos que nos empujen y ytodo es caer.


Es muy importante la palabra porque relaciona el pasado con el futuro y sólo así es posible captar el presente, tal vez definirlo porque lo llena de identidad.


Cuantos, novelas, ensayos se adelantan al futuro y definen lo que será su presente. El lenguaje vive inmerso en el tiempo más allá de nuestra conciencia. Hay una conciencia del tiempo que sólo podemos ver aunque no entender, porque la palabra vive en la conciencia, pero no es conciencia. El choque de ambas realidades da lugar a la inteligencia humana. Una sin la otra no existirían, pero no son causa y efecto sino que simultáneamente surgen del ser. ¿No es un producto del cerebro biológico?. El ser es ser en sí mismo, y va creando seres en sí mismos, pero no es ser hasta ser reconocido como tal y cuando se sitúa lo hace anterior al proceso que lo ha creado-descubierto, es un descubrimiento creador.


La palabra relaciona el mundo exterior con el interior, hace que el pensamiento y las percepciones fluyan, es su cauce.


La poesía es la forma de los sentimientos. El teatro de las emociones y la narrativa de los hechos. Los ensayos de las ideas.


Escribir relaciona a quien escribe con el mundo. Es un acto personal, que se hace abstracto a través de la persona concreta que lee. Por eso es un hecho social, aunque muchas veces esta situación se fabrica, no se deja fluir. Se imita escribir falsificando este fenómeno de lo escrito, con el único fin de vender. Es necesario un circuito mercantil, pero como medio, no como un fin. De esta manera se destroza el arte.


3 – III – 2007. “En el fondo los escritores desean que se los ame por su obra más que por lo que son en sí mismo, ¿no le parece?”. De Lawrence Durrel en su obra “El cuarteto de Alejandría”.


2 – III – 2007. La palabra no siempre responde a un concepto o idea, o sentimiento. A veces es ella misma, el en-sí del lenguaje, en términos hegelianos. ¿La palabra es un símbolo?. No. Es lo que hace ser a la realidad. Lo real no encuentra su ser hasta que no es captada por la palabra. ¿La palabra se inventa?. La forma sí, pudo ser otra, como sucede en múltiples idiomas para la misma realidad, pero la palabra como tal es, no se conviene. No es sólo un acto de la inteligencia humana, sino que lo es del ser que esparce, internamente en lo humano y externamente en la realidad.


Hay palabras que surgen en el proceso de escribir y crean por sí mismas visiones conceptuales, historias imprevistas.


El resultado de lo escrito puede ser simbólico, escribir es la salida de la palabra. Hablar es el eco de lo que suena dentro. Por eso la palabra escrita y la palabra hablada son diferentes.


En el lenguaje se guarda una parte importante de la historia de la humanidad. El individuo viaja en el lenguaje, cree que es un piloto y no somos más que viajeros. Escribir es querer conducir.


28 – II – 2007. Escribir no es sólo escribir. Es lo que se piensa, lo que se hace, en relación a lo que se ha escrito o se va a escribir. De repente aparece un texto y resulta que eso ya estaba en el cerebro sin palabras.


Escribir es una manera de buscar sensaciones que pululan en nuestro interior. Las palabras dan forma a éstas que se sitúan entre una multitud de palabras previas. El escritor en su quehacer investiga.