Literatura al día

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6 – VIII – 2017. Antes de ayer participé en la Feria del Libro de Benavente. Me gustó que diesen un marco amplio y muy dinámico, a los autores desconocidos. Presentaciones de obras con mucha agilidad que dio la oportunidad de dar a conocer a cada cual lo que ha escrito y editado. Sin embargo me causó cierta zozobra comprobar como muchos, con un gran talento de escribir, pierden la senda literaria al marcarse como objetivo y única referencia gustar al público, más que al lector. Fabrican obras para hacer libros. Planteé que no sólo hay que buscar a quien nos lea, sino que lo tenemos que crear. Pero entregarse a la moda, a lo que mayoritariamente se “demanda” es convertirse en una “oferta”. Hasta tal punto llega el agotamiento de quienes escriben, al final el objetivo es gustar, entretener, vender. lamentable. Como dijera Thoreau: “nos convertimos en herramientas de nuestras propias herramientas”.

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19 – VII – 2017. Ayer aprendí cuál es la diferencia entre querer ser escritor y querer escribir. Lo primero se hace desde los demás, pensando en qué gustará a los demás, a los críticos y lograr el éxito. Escribir como tal se hace desde uno mismo. Tal escritor ha de crear a sus propios lectores, pero no mirar quién será el receptor, pues nunca se sabe. me encontré con un amigo en la estación. Compró un libro finalista en el premio más famoso de España y más remunerado. Le comenté que me resultó una construcción muy técnica, que apenas se perciben las emociones y sentimientos de los personajes, sino que es una crónica de hechos supuestos, a modo de una crónica en la que se añade una historia, donde lo que emociona es lo sucedido realmente hace siglos, pero no el cómo lo plantea. Él me dijo que lo lee para ver que es lo que se valora en los circuitos literarios y hacer algo parecido, pero a su manera. Su objetivo: ganar el concurso, lo que según él le hará ser escritor, uno de los reconocidos y famosos.

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2 – VII – 2017. Esta mañana estuve en el monasterio de Villaverde de Sandoval, donde escuché un concierto de canto gregoriano. El director del coro contó que los monjes cantaban las vespertinas, y luego cada dos horas dejaban la labor para seguir con tales cánticos. me hizo pensar que ahora se canta ante un público, como si fuera algo vacío, que se aplaude a modo de espectáculo. Es bello, relajante a los oídos. A mí me hizo pensar. El valor de estos cantos es su soledad, la forma de oración que tienen, con las letras, por los siglos de los siglos, y el dedicado a la virgen con la mirada fija a la de la Salud, patrona del pueblo, colocada en el retablo del altar. Que función tan hermosa la de hacerlo para ellos. Vivimos en una sociedad demasiado artificial, demasiado hacia fuera y poco de dentro, y esto rezuma en la literatura.

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1 – VII – 2017. Por la mañana, al medio día he participado en una tertulia sobre la obra “Crimen y castigo” de Dostoievsky. Bien como encuentro de viejos amigos. la celebramos mientras comemos. va bajando la calidad del debate, de la puesta en común de los puntos de vista. El debate deriva más a otros temas añadidos, que se sale de la obra, como por ejemplo qué es moral y qué ética. Hay muchísimas cuestiones en esta novela sobre lo que me hubiera gustado profundizar. Me he animado a hacer el blog sobre lecturas. Tardaré varios años, pues son muchas. Y menos mal que las hice, con la intención de consultar, ver una cita sin tener que buscar en el libro entre muchas más páginas. Me parece importante contar cuestiones de dentro de las novelas, porque me resultó curioso que se plantearon temas muy superficiales, como si tuviéramos miedo de sacar lo que la novela desvela de nosotros mismos.: una verdad incómoda, o si no verdad al menos un acicate para pensar.

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Uno de los que participó  dijo a modo de chiste que el asesino es Raskólnikov. “¡Ya nos estropeó la novela!”, comentamos irónicamente. Es lo que sucede en las novelas y películas de intrigas. Pero acá la cuestión es lo que ocurre en la conciencia y el pensamiento, en los sentimientos y conducta de los personajes. Todo un psicólogo el autor, que recurre a los sueños para desvelar la parte oculta, lo que años después Freud llamaría “inconsciente”. “No es una novela de Agatha Christie”, añadió. Efectivamente, aunque en broma es una apreciación interesante para ver la profundidad de la novela que no trata tanto sobre la historia como la trama de la reflexión que pone ante nosotros.

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Por la tarde fui al recital en el monasterio de San Miguel Escalada, una joya del estilo mozárabe. En semejante marco la música y la palabra se trasciende. me agradó que no se pudiera aplaudir entre un poema y otro. La música y canto fue emotivo y puso en situación, pero un acto así no puede ser ocupado por un recital semejante al de un bar. El contexto exige un versotemplo, un adecuar la palabra al lugar. Lo que no sucedió. Y es que se convierte más en un acto social que literario. Por eso me fui nada más acabar. me pareció fatuo, vacío, superfluo y no quise decir !qué bien, qué bonito” para contentar vanidades o agradar.

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Pienso que es necesario recuperar la reflexión sobre qué es la literatura. Y en especial la poesía. No tanto como una definición o dogma, concepto, sino como planteamiento general. la poesía no tiene por qué decir nada, para eso esta la narración, para contar. la poesía se convierte cada vez más en una especie de prosa en vertical, con la que el autor disfraza de poesía la prosa. Hace falta el ritmo y la metáfora. Que nos impacte, que nos haga captar algo, no contar una historia o decir los sentimientos de una manera simple.

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La poesía es complejidad, cuya comunicación requiere de un idioma poético en sí, que habrá que traducir, pero que es preciso captar por sí mismo. Sin ser imagen que abra los sentimientos, que haga dudar a los sentidos  para trascenderlos poco queda de poesía.  Podrán ser muy buenos los versos de cara al público que parece que va a hacer amiguismo aplaudiendo desbordadamente. ¿Qué estamos haciendo con la poesía? El día antes dije ante el Ágora de la poesía que los versos se esculpen en el silencio Fue para que quienes no paraban de hablar se dieran por eludidos. Pero tiene un eco de verdad. No podemos convertir la literatura en lo mundano, aunque lo recoja. es necesario trabajar la palabra, experimentar y expresar con ella, pero contar lo que uno siente sin más no es poesía, es disfraz y una especie de lucimiento escondido. Pueden contar algo que da pena, que describe el desamor, pero no trasmiten nada, se puede contar lo mismo sin forma poética, que es lo que abunda hoy en día. La forma poética no es la poesía. El sentimiento en sí mismo no lo es. Sí cuando comunica con la palabra, pero sin concepto, sino directamente, con imágenes que el receptor ha de traducir en él. Es como un cristal que brilla a la luz y cada cual capta su propio resplandor, es un juego de luces movible que no es posible atrapar con la mirada en el caso del ejemplo, ni con un significado concreto en el caso de la poesía. Ni significado ni lo que ha pasado. Y esto no lo resuelven las contradicciones o paradojas que muchos hábiles de escribir incorporan como originalidad, pero sin una base, ya que es un adorno a lo demás.

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27 – VI – 2017. Poesía es aquello que nada dice, porque para decir está el ensayo, para contar está la prosa, el teatro. la poesía es ritmo y metáfora y ha de llevar a espacios mentales y de emoción no registrados fuera de ella. Por eso la poesía que cuenta, que narra, que dice… Es poesía a medias. Pero cada cual define a su manera lo que le conviene y se pierde la esencia de la escritura.

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Le dije a un poeta que escribir sobre cuestiones que no ha vivido, pero que adorna muy bien y que victimiza el sujeto de su poesía, me parece una impostura. Sobre todo porque lo que busca es agradar, buscar una especie de clientela poética, que ahora en las redes sociales se lleva mucho este fenómeno. Me respondió que se pone en el sitio del otro, la empatía. ¿Por qué no te pones en el tuyo?, en ti mismo y escribes desde esa parte que tiene su lenguaje propio, el poético. “Eso nadie lo entiende”, me dijo. Y añadió que para triunfar hay que hacer lo que guste al lector, al menos a una mayoría. Se enfadó debido a mis disertaciones posteriores. Para él poesía es el otro. Llegó a citar lo de “poesía eres tú”, cuando este versos es enigmático, no sabemos qué quiere decir y a la vez ¡dice tantas cosas a la vez! la poesía ha de recuperar su esencia fuera de imposturas. la poesía expresa lo que no tiene sentido, pero sí sentido poético. Es el abc del inconsciente y del sentimiento.

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14 – VI – 2017. Finalizada la lectura de “La ciudad de los prodigios” no me ha llenado. No entiendo eso de que haya especialistas en un autor y en sus obras, sin que hagan un análisis crítico, sino propagandístico. ¿Una caricatura de la literatura policiaca o social de la época? No lo veo. ¿Humor?, no especialmente. desde mi punto de vista tiene tres páginas grandiosas: cuando el protagonista, Onofre, se encuentra en el hospital con Delfina, su primer amor. Han pasado muchos años y él se retrata por dentro. Se pregunta cómo hubiera sido la vida de ambos si hubiesen unidos sus vidas. Ella ya no es consciente de nada. Vegeta y al poco tiempo muere. Pero parece haberse dado cuenta de lo que él dijo.

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¿Es una metáfora el personaje central de la ciudad? Parece que al final lo quiere indicar, pero no lo trasmite. Como de una Exposición Universal a otra (188 – 1929) han pasado los años, más progreso, hay luz en las casas, ascenso5res, teléfono, pero ¿qué ha cambiado. también ellos, pero han sido arrastrados por la vorágine. De repartidor de propaganda anarquista a rico con negocios turbulentos. Al final desaparece. Queda una leyenda y ni eso con el tiempo. No he visto emoción en una narración que para mí no llega a conformar lo que es una novela.

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Paso a leer mi último libro en el Club de lectura de Montemadrid, en San Cristobal de los Ángeles: “”¿Qué me quieres, amor?”, de Manuel Rivas. Los dos primeros sí me han conmovido. Observo que están escritos desde dentro del autor.

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9 – VI – 2017. Fui a ver “La cantante calva” de Eugéne Ionesco. El problema de obras tan mitificadas es que esperas más de ella. Los actores, muy “televisivos” algunos, lo hicieron bien, pero muy de retahíla, fue una puesta en escena, pero se trasmite poco al espectador, no hubo afán de convencimiento, sino “vean”, cuando el teatro ha de ser “capten”, “sientan”, “perciban”. Pero si su función es ir a pasar el rato, ¿para qué más?

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La obra tiene una estrategia muy interesante. Llega un momento en que se retroalimenta y reitera entrando en un bucle. En parte se ha convertido en una comedia, lo que el mismo autor califica como una tragedia. Es una forma de hacer reír al espectador de sí mismo.

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Trata de una reducción al absurdo de la vida cotidiana. Hace un efecto demoledor, cuando el comienzo parece una escena de la vida cotidiana, rutina y hablar por hablar, la incomunicación de la pareja. El final es el mismo, con otra pareja, pero exactamente igual, sin embargo se percibe de una manera diferente, como parte de una locura en la que el autor nos ha querido meter desde nuestra existencia propia. La locura, o la sandez tiene su lógica interior, el sin sentido adquiere sentido desde dentro. Se discute si hay alguien cuando llaman a la puerta. A la cuarta vez está un bombero y con él el fuego: la pasión. Pero la parsimonia, la costumbre, la dejadez sigue su curso. Nada tiene que ver con nada. Nos entrelazamos con monólogos paralelos unos y otros.

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¿Dónde está la cantante calva? Se estará peinando. No viene a cuento, no ha participado en nada. No interviene. ¿Por qué un zorro no se pisa la trompa?, porque no es un elefante. El lenguaje crea su universo dentro de sí mismo. Todo funciona, a su manera. Lo que no quiere decir que sea comprensible. Podemos entender que es una metáfora de la información que se trasmite a la gente en los medios de comunicación, ante lo cual el lector no es que saque sus conclusiones, sino que se convierte en un monologuista que trasmite el sin sentido de lo que se informa. Si todo el mundo comparte el lenguaje de lo absurdo la locura adquiere un sentido. Y nos atrapa. he aquí la Historia.

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6 – VI – 2017. Cada vez me doy más cuenta de que lo que está matando la literatura es la vanidad. la de quienes participan como autores y como lectores que creen saberlo todo. Y quienes se consideran los mejores, los despreciados injustamente, los que creen que las noticias sobre ellos no son un negocio, sino su talento per se. En fin. Además los actos literarios de carácter colectivos son más actos sociales, de encontrar a, de que me vean, que reflexionar, hablar sinceramente. Demasiado lo literariamente correcto. demasiada petulancia. Puede que siempre haya sido así, pero estamos en la sociedad de masas y es demasiado peso, tanto que puede derrumbarse tanto la literatura como la cultura en general.

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5 – V – 2017. Llevo leído una cuarta parte de la novela “La ciudad de los prodigios”, de Eduardo Mendoza. Escuché varias conferencias al respecto cuando fue galardonado con el Premio Cervantes 2016. No encuentro el intríngulis. Que si es humor, pero muy de pasada, banal, de chascarrillo y poco más. Observo que hay una intencionalidad, pero que no llega a plasmar, como es que la ciudad de Barcelona sea un personaje más. Pero finalmente es un ensamblaje de ensayo, de datos, con una historia muy desmalazada, con acciones hilarantes que ocurren porque se le ocurren al autor, no nacen de la novela, en ella. Espero, a medida que lea más, descubrir algo literario en esta obra, que me ha motivado a leerla por lo que de ella se opina.  A un catedrático que escuché hablar sobre este autor, del que es especialista, junto al también novelista Manuel Vázquez Montalbán, que me pareció más un graciosillo prepotente y vendedor de libros que profesor de literatura. No recuerdo su nombre, ni anoté nada.

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1 – VI – 2017. Ayer hablé con un amigo sobre otro en común que escribe. Va a sacar recientemente otro libro. Coincidimos en que lo hace muy correctamente, sin faltas, cumpliendo las reglas gramaticales. Comenté que el problema es que no se desmelena. Las obras anteriores son un buen ejercicio de redacción, para un sobresaliente, pero sin emoción sin saltar sobre el lenguaje y sus reglas poco comunica, al menos en lo profundo. narra muy bien una historia. ¿Es esto la literatura”. Más bien sería “además de”. Esa necesidad de que salga de dentro lo escrito y no el “mira que bien escribo”. Lo que hace que no asuma la crítica en este sentido.

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Lo mismo el poeta del que ya he comentado. Han caído en una autocomplacencia, que cuando se lo dices se ofenden, se alejan porque quieren ser alabados y acaban escribiendo para este fin. he aquí un error endémico de nuestros días, que afecta a la escritura comercial y al mundo de la cultura. Toda oferta de letras se hace en función a la demanda. Por eso es necesario reivindicar el arte, la creación, que no es sólo inventar una historia, o una metáfora (generalmente ausentes, porque cuentan en vertical escritura lo que plazca oír al lector), cuando también hay que crear nuevas formas, pero no porque sí, sino como manera de llegar más adentro de quien reciba el mensaje de las palabras.

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23 – V – 2017. ¡Qué gran error! el egocentrismo, del que parece ser que es difícil salir. El arte, la literatura necesitan ambiente, una atmósfera donde suceda. O una masa que crean los medios de comunicación o los cauces institucionales. Sin embargo cada cual va a su libro, a su personal historia de lo que hace y los espacios colectivos son a cambio de que vengas a mi presentación, de que compres mi libro, lo que controlo con el hecho de firmarlos, que a mí siempre me ha parecido una tontería, que acepto por la ilusión de algunas personas. En otras es la tontería y el “mira, mira”.

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Planteo esto porque ante una antología de autores, como han sido dos del Ágora de la Poesía, nadie  hace presentaciones, nadie los promueve para la Feria del Libro, quedan aparcados como si no fueran de nadie, en lugar de ser de todos los autores y autoras que participan. Es una pena. Por el que es de cada cual se desviven, se hacen fotos en las redes, lo promocionan. De esta manera nos ahogamos en nosotros mismos. Uno o dos sobresaldrán fuera de esta ambiente provinciano y pegajoso, cutre y fatuo. Es un juego de apariencias. Nadie, entonces, trata de superarse, sino que se cae en la complacencia de los escritores convertidos en relaciones públicas. En fin. Porque, ni tan siquiera, somos capaces de hablarlo. Algunos se aíslan y se dedican a tirar piedras contra ese ambiente sin aportar nada, sin poner el hombro si no es a cambio de “lo mío” y esto cada vez es mayor, por eso no cabe en las corredurías de un lado a  para otro.

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Para los indios de México, cuando la conquista y destrucción de su mundo prehispánico, las cartas de los conquistadores les parecieron mágicas, porque consideraban que sus palabras hablaban, ya que se leían en voz alta unas veces y porque hacían obedecer una orden. esa inocencia, esa fuerza de la palabra es la que hace falta para que nos hable lo que leemos, para que nos diga algo y no sea leer por leer, escribir por escribir. Falta lo artístico, lo mágico. Pero comentar esto parece el origen de una discusión, y no algo que planteo a modo de una reflexión que yo tampoco tengo claro si puede o no ser así como digo.

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19 – V – 2017. Ha sido la tertulia del club de lectura en el barrio de san Cristóbal, sobre la novela de Ellis Avery, “La casa de té”. No ha gustado en general porque han criticado que es muy lenta. A dos de la misma sí les ha atraído la novela. A mí también. No es una novela que lleve a ningún lugar como objetivo de una trama, sí a una época, finales del siglo XIX y a Japón. es una narración ceremoniosa, que trascurre. Para mí leerla es como pasear, sin ir a ninguna parte, pero se encuentran muchas cosas por el camino a medida que se trascurre por ella. La ceremonia del té centra la historia, pero a su alrededor sucede un cambio en la sociedad nipona, su occidentalización, que hace que cada vez sean las personas más occidentales de cara a fuera, pero más japonesas interiormente. De hecho la narradora protagonista llega a aquel país desde Estados Unidos y al cabo de los años, después de vivir en una familia tradicional, se le ve como extranjera y se tiene que marchar.

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Lo que cuenta me hizo ver lo relativo de lo que damos como “normal”. Las mujeres al ponerse vestidos ven las mangas como tubos. cambiar el quimono por las faldas las hizo andar de otra manera. Los besos son con las extranjeras, lo hacen los occidentales, en japón de entonces no. Curiosidades que marcan una forma de ser y como algo que cambia gradualmente se impone porque fue necesario avanzar al aparecer el tren. El ascensor ante un piso de ¡doce pisos! como algo nunca visto. Y la cultura del dinero. ¿Cómo van a vender los cuencos para tomar el té? Y sin embargo se empiezan a fabricar para poder mantener la costumbre adaptada al turismo. El marido de Yukako, hija de Montaña, el maestro de la ceremonia del té, no lo puede soportar y se va a un templo. El detalle de quien siente la estética de este ritual hace que se pongan unas flores en el centro de la mesa baja, pero se guardan otras, por si coincidan las colocadas con las del vestido de quien vaya. es algo fascinante. las mujeres no podían aprender, pero al estar en el seno de la familia, ante los cambios se van introduciendo en el mismo como actores del mismo y no simple acompañamiento decorativo.

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Y en el fondo una historia de amor, o varias que se entrelazan. Yokako que ama a un chico, la casan con otro con el que tiene dos hijos, y un tercero que le atrae, cuando siendo viuda mantiene relaciones con él, pero se echan el pasado en cara y resulta que pueden ser hermanos. Urabo, la narradora, también con este último, por lo que la que manda la echa de la casa porque ya el resto recela de ella por extranjera. Urabo se sintió atraída por Yukako, con quien duerme como era costumbre. Pero Yukako no se inmuta ante los sentimientos de ella y le aparta el brazo. Ésta reconoce al final que amó a los tres hombres con los que cohabitó, de diferente manera, pero los amó, porque a uno aprendió a amarlo, a otro porque descubrió con él el sentimiento de amar, el otro porque le atrajo como una pasión. Urabo la perdonó cuando pasado el tiempo supo que murió que no le hubiese amado con le amó ella. Y comprende que es algo que no se puede elegir.

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Urabo conoció el placer por una chica con la que está en la cama para dormir juntas, sin más, pero le hace sentir el placer de los caballos trotando dentro de su cuerpo al acariciar su genitalidad con la lengua. Años después se encuentra con la misma en estados Unidos, adonde había ido y pusieron una pastelería. Se hicieron pareja. Urabo ve como dos chicas en el parque juegan, se acarician las manos y las desea tanta felicidad como ella ha tenido con Inko, su pareja mujer como ella. esta historia parece que queda de fondo, pero es el hilo conductor. Quizá el cambio fuera hacer visible lo que siempre estuvo oculto.

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Todo ha cambiado, pero ¿se ha trasformado realmente?, parece como que sólo las formas, que a través de las costumbres, las tradiciones se mantiene una mentalidad. también en estadios Unidos todo había cambiado cuando vuelve treinta años después, y no se occidentalizó, pero es que todo rueda en la vida y cambia, pero la esencia como que continua, algo de ella.

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17 – V – 2017. Me ha decepcionado la lectura de dos comedias de Óscar Wilde: “EL abanico de lady Windermere” y “La importancia de llamarse Ernesto”. Puede que en su época tuviera cierta actualidad, los protocolos, los usos sociales establecidos. Lanza alguna pulla a las convenciones sociales, frases brillantes que dan a la reflexión, pero en el teatro la trama es esencial. Me han parecido muy artificiosas, sin emoción. Y con cierta gracia, pero muy de paso. refleja la mentalidad de la época, su crítica a la misma, pero son ambas composiciones muy artificiosas. Entretienen. Para mí, poco más.

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12 – V – 2017. En su obra “La importancia de llamarse Ernesto”, Óscar Wilde hace un comentario punzante a través del personaje Archibaldo, sobre que hay que dejar la crítica literaria a los analfabetos, “¡lo hacen tan bien en los periódicos!”, ironiza.

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8 – V – 2017. Hace unos años descubrí un poeta que luego ha dado muchos bandazos entre vanidades e irrealidad. Creó muchas expectativas, pero hubo algo que me extrañó, sobre lo que he ido atando cabos, cuando elude su palabra, se esconde tras haber salido de su anonimato, si querer. Pero los derroteros tomados son de ser alabado, sin más. Contó su dedicación a la poesía de noche, cuando la mayor parte del tiempo es de relaciones públicas de sí mismo, de pasteleo, de dejarse querer por quienes ¡ay, pobre!

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Observé a este respecto que en algunos actos acabó, no sé si a sabiendas o no, imitando a otro poeta aclamado y de gran notoriedad. En gestos, en la forma de hablar. Se autohace la víctima. Cuando leí su primer libro de poemas, de gran intensidad, me llamó la atención, y así se lo comenté, que es muy superior a todo lo escrito anteriormente. Como si toda su poesía posterior fuera en busca de esa poesía. Pero visto en la distancia he descubierto a medida que he ido leyendo sus poemas siguientes y casi últimos que hubo algo terrible, que suele suceder. Y que puede ser engañoso con la misma literatura. le pudo la vanidad y la soberbia, el anhelo de fama, por lo tanto de ser servido. Necesita del halago como el pez necesita el agua. Lo ha encontrado en las redes sociales. Pero es que dejó de hacer poesía para hacer muestras. Primero escribir para ser aclamado. Luego criticando al resto para ser el único. Y finalmente demostrar que es el elegido por la poesía. Su capacidad de apenar, de consuelo la usa y malmete para eliminar aquello que no lo ensalce y pelotea con unos y otros buscando la admiración y regodeándose en ella. Cuando di vueltas al asunto comprendí y lo he comprobado claramente. Ha leído mucha poesía. Lo que hace, ya sin ser él, sino una imagen de sí mismo, es copiar ritmos, maneras y formas de otros poetas, que apenas se nota porque mezcla de unos y de otros. No las palabras, que las pone de manera pastelera, dulzona, sin sentir en absoluto. es una impostura, cuyo sentido lo encuentra en denunciar lo otro, y hace que un coso lo siga. Cuando se lo hice ver se ofendió. Tal imitación da el pego, pero no vale para nada, aun cuando tuviera todos los premios del mundo y todo el reconocimiento. Es patético.Se deja llamar “el gran poeta”. Habla del egocentrismo proyectándolo en los demás y no ve la paja en su ojo.  Afecta a todo un ambiente y corroe aquello que no sea él y para él, al actuar como una termita. Es la corrupción poética, que nadie quiere ver, porque forma parte del mundillo en medidas diferentes. Éste quizá sea un caso patológico.

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Cree que, cuando publicó un libro, vendió muchos más de los que incluso se editaron, porque tenía muchos “me gusta” en las redes sociales. Me quedé perplejo. Quería “su dinero”, que no hubo sino lo que recibió. Quiso ser servido como un divo, cuya psicología ha desarrollado y en su burbuja resulta un tanto esperpéntico. La psicología interviene demasiado en el arte y a veces, como es el caso, provoca cortacircuitos. Una pena.

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7 – V – 2017. En “Un día en la vida de Ignacio Morel” de Ramón J. Sender, se hace una reflexión sobre el proceso y la experiencia de escribir. En un momento dado apunta, considero que como contrapunto de esta novela, que “la literatura es una distracción artificial, “artificiosa”, de las verdaderas densidades de vivir”. Incluye un guión de teatro, que va a ser un fondo de la trama. Vivir lo sobrepasa. Pero ciertamente, sin contarse lo vivido, también pasa y no queda. No sabemos, pienso, lo que hacemos al escribir, aunque haya una intención. Lo que sucede dentro de la palabra se descubre, por quien escribe si presta atención y hace algo más que entretener. Y por el lector que busque a qué se refiere, no sólo lo que dice. Como escribe en la misma Sender: “lo que vemos es una mínima parte de lo que sucede a nuestro alrededor”. Apliquémoslo.

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5 – V – 2017. El escritor, llega un momento, en el que se convierte en un vendedor de su libro, con tal de dar a conocer su obra, de comunicar su palabra. nadie vendrá a rogar la lectura de lo que escribamos. La casualidad puede jugar con la sorpresa, pero si no hay una campaña arrolladora es el autor quien ha de pringarse. Porque ser escritor no es ser servido. Además forma parte de la experiencia de escribir. He visto como no pocos escritores, que lo acaban siendo a tiempo parcial, destruyen su obra y su ser por la vanagloria. El equilibrio con los editores, cuando se encuentra a alguno que se haga cargo, es complejo. Para tales es una inversión. Para el autor es una oportunidad. En esta dicotomía se conoce el mundillo cultural.

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He leído “El gran Leo” de Mario Reyes, y me ha hecho reír. Trata de esa relación autor / editor. es una parodia, bien traída. En la exageración permite ver lo cierto de esta profesión que no lo es, pero lo quiere ser, de escribir. Siempre digo que cuando sea mayor quiero ser escritor. es lo más que se puede aspirar, porque serlo es disecar la palabra y ser la imagen de escritor, ni siquiera del que llevamos dentro. Como leo en éste sobre Leo: “Los libros son devorados, pero no por los lectores, sino por los balances contables”.

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28 – IV – 2017. Una revista local de Alcalá de Henares anuncia en un titular: “El premio Cervantes sitúa a Alcalá de henares en el epicentro de la literatura”. Que haya tal centralidad exige que haya una periferia, después de la cual nada. Precisamente en esa “nada” es donde habita el magma de la cultura y el arte. El epicentro lo constituye el Poder, el poder de dar los premios, se señalar con el dedo o báculo al elegido, un poder que se da a sí quien controla las instituciones, de manera que pone a sus disposición a los cortesanos en forma de “expertos”, “eruditos” y demás. la periferia bulle, mientras que la cultura “central” son figuras de cera, reducidas a un nombre, a títulos, exposiciones, premios, sin que llegue a conmover, pero sí a usar la palabra “conmueve” acompañada de adjetivos sin fin, repetidos como en una noria para los elegidos.

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24 – IV – 2017. El teatro hace visible aquello que representamos y no vemos, en los sentimientos, en vivir en general, en la comunicación.

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Efectivamente el concurso de guiones fue a parar a la mentalidad de una asociación cerrada en sí misma. No importa, los guiones tienen su vida propia y ya saldrá y si no es que nadie lo espera.

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23 – IV – 2017. Hay libros que nunca leería. Pero si alguna vez por habérmelo regalado alguien lo he hecho, siempre he encontrado algún dato nuevo, algo interesante. Creo que no hay que descartar lecturas de antemano.

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Ayer participé en un “Karaoke literario” que se celebró en el barrio San Cristóbal, en Madrid. leí el final de el tomo último de “En busca del tiempo perdido”: “El tiempo recobrado”. Me parece una exquisitez. Lo leí días antes en el encuentro poético “La oveja Negra” que se celebra cada día 20 a las 20 hs. en Alcalá de Henares. Comenté que cuando se derrama la poesía aparece la prosa de Juan Ramón Jiménez o la de Proust.

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Fue en San Cristóbal, entre el bullicio, el murmullo de que todos estuviesen hablando, donde una chica me pidió la referencia del libro. Pienso que este tipo de lecturas requieren de cierta solemnidad. Pero nunca se sabe. En el fondo son uno o dos quienes escuchan, aunque haya muchos que hagan que escuchan.

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Hoy iré a un acto de homenaje al libro. También en el barrio de san Cristóbal de los Ángeles. He presentado un texto, “Pandilleras al tren”, en un concurso de teatro. Hay otro para guiones de cine. En el primero también participa mi hija pequeña. Tengo pocas esperanzas, porque estas asociaciones son muy cerradas y van a lo suyo y con los suyos, a los que premian y para lo que lo convocan. Es una mentalidad. El texto que he presentado me satisface. Pienso que es bueno, modestia a parte.

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Estoy terminando de leer “La suite francesa” de Némirovsky. Me parece una gran novela porque cuenta la trama humana de la guerra, con sus contradicciones sentimentales. Algo que no es fácil narrar y menos reconocer. Es una novela tremendamente valiente y sincera. Más conociendo el final trágico de la muerte de quien la escribió. No le dio tiempo a finalizar, por lo tanto tampoco a corregir, a pulir… y percibo que falta algo. Quizá que la pusieron tan elevada quienes me la recomendaron leer, que … no sé. me encanta, pero le falta el toque de lo sublime. O puede que sea porque comparamos demasiado lo que leemos, lo cual es un fallo.

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18 – IV – 2017. Según Antonio Buero Vallejo “se escribe porque se espera algo, pese a toda duda”. ¿Se espera? Yo diría que se busca. Sin saber qué.

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En unos días participo en un acto de lectura colectiva. He elegido el final de “En busca del tiempo perdido”, en el tomo VII: “El tiempo recobrado”. Me encanta su lectura… si tuviera que pintar a las personas lo haría en el tiempo y parecerían monstruos….

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8 – IV – 2017. En la obra “La suitte francesa”, Iréne Némerovski escribe: Una novela tiene que parecerse a una calle llena de desconocidos por la que pasan no más de dos o tres personajes a los que se conoce a fondo. Según ella Proust y otros han sabido sacar  partido de los se para humillar y empequeñecer a los protagonista secundarios. Desde mi experiencia entiendo que los protagonistas aportan el punto de vista de la historia, mientras que los demás son el paisaje donde sucede la misma. A veces un personaje que sale de pasada adquiere gran intensidad. Todos sirven para “desnudar” a los que recorren toda la trama y han de servir para resaltar los factores sentimentales que adquieren vida en la novela. este “adquirir vida” sucede si se logra hacer sentir al lector, no sólo informar de lo que sucede.

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He observado que muchas poesías son narraciones sin más, con forma de poesía, pero sin metáfora ni ritmo. Puede haber sentimiento, pero no trasmitirlo.

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7 – IV – 2017. Me ha llamado la atención que en una de sus cartas Marcel Proust alude al cuadro Hombre del guante” de Tiziano, y muestra su predilección por el mismo. Nunca lo hube leído, y justo escribí un cuento sobre “el guante de Tiziano”, cuyo protagonista busca a quien le haya gustado… y ¡qué casualidad!, en la realidad lo encuentro en un escritor de hace un siglo. Me ha parecido increíble y me ha emocionado. hay algo que traspasa el tiempo y une, que recorre espacios invisibles y sopla en la misma dirección. Hay algo que atrae, no sabemos qué, por más que lo buscamos con la palabra.

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El cuento de Max Dairaux, “El sacrílego”, uno de los escritores hispanos con los que se cartea Marcel Proust me ha gustado como historia relatada. La literatura salta de la historia que se narra y de lo que cuenta al sentimiento, cuanto más puro más profundo. Es el salto que da Proust y los demás de su entorno no le siguieron. ¿Cómo se hace? Más bien es: cómo se vive la palabra.

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4 – IV – 2017. Vuelvo a pensar que la poesía es metáfora y ritmo. Lo demás es narración, por más que se verticalice su escritura. Me ha venido al pensamiento cuando he leído nuevamente a Jorge Guillén.

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Cada persona tiene una lectura propia, que depende de su experiencia y de la vivencia que haya hecho sobre lo leído.

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Me está gustando el libro de cartas de Proust a tres hispano. No es que diga gran cosa, sino sus sutilezas, su constante estar enfermo y haber leído su obra. Se va sabiendo, algo que al conocer al autor se puede suponer, que es la trasposición de varones en mujeres de su novela. saber que el juego de cartas recibidas y que crean confusión sucedió realmente. O la muerte de Albertina a caballo.

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No obstante no creo que copie la realidad. me retrotraigo a mi experiencia de escribir la última larga novela en la que llevo años. Muchos personajes son referencias para anclarlo en la memoria y darle rostro. Por ejemplo el de “Pedrulo”, su cara es la de su hermano, pero no son exactamente ninguno. Los personajes se disuelven en el ambiente de la novela y se va creando. Tampoco es exactamente lo que sucede lo real, sino que parte de una realidad en la que se enganche al lector y trasponer otra a la suya.

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La idea de intimar con una mujer pensando en otra me la sugirió Dany, contándome su propia experiencia. y Otras cosas que me enseñaba el auténtico Pedrulo, de quien tomo el nombre para el personaje ya indicado.

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