Construcciones de humo

.

Los versos son humo del alma.

No se leen.

Se respiran lentamente.

.

.

.

.

Si cada letra formara

una pupila,

si cada rima una aurora,

y los poemas columnas

y botareles.

Si las pasiones

fueran gárgolas

y en la acrotera

se asomara el amor,

construiría catedrales

de palabras

para quemar lo creado

y hacer esculturas de humo,

modelar lo invisible

con las manos

y acariciar el más allá.

.

.

.

Despierto al trisar

de las golondrinas

para dejar que las luces bailen

sobre el brillo de mis pupilas.

.

Siempre navegando

entre palabras

¡liberándolas de ergástulas

y callejones sin salida!

Sólo las sensaciones

merecen la vida,

pero quedan apartadas,

transcurren sin fijarnos

en sus sombras

por un afán de tener la prez.

.

¡Qué tonto!

Si quemase el tiempo

construiría versos de humo,

lanzaría piedras al aire

para ver volar

adoquines de ciudad,

al igual que las aves que chirrían.

.

Ha caído una gota de mar

al cielo.

Se ven lágrimas de rocío.

¡En eso se ha convertido el beso

que lancé al infinito!

Ahora vuelve

en forma de sensaciones

que huyen.

.

.

.

Pompas y burbujas

de algodón y terciopelo.

¡Flota la noche

mientras que los tejados

se clavan de antenas!

El frío da vueltas,

busca una piel

que abrazar.

¿De qué sirve saber

si necesito olvidar?

¡Sus manos están

tan lejos!

Ya no se deslizan

a mi vera,

ni chocan nuestras sonrisas.

Pero dibujo la prosa

e invento cuentos

para que los duendes,

que gritan y cabalgan

dentro de mí puedan vivir.

Verberar el recuerdo

en la caspia de la tentación

y salgan canciones del alma.

La mirada hierve en amor.

Se fuga la aurora.

Se va el recuerdo.

Ya no queda el olvido.

.

.

.

¡Rotondas de versos y estrofas!

candilejas y diablillos

en la casa del arte.

Cada cual actúa a su medida,

mas el genio interior

busca la llama.

Al arder la palabra

se hace luz,

y quema.

y araña.

.

Hemos sido ceniza

al atropellar ideas,

al matar conceptos

y pisotear quimeras.

Ahora son Estados

y muros.

¡Defendamos el derecho

a la palabra!

la escrita y la nunca dicha.

.

No sólo los sabios saben,

ni los Mesías conducen

a dioses,

porque no hay salvación,

ni verdades que circulen,

fuera de la telas de araña

de sentimientos arrinconados

en laberintos de cristal

y argamasa.

.

La tele-engaña,

con molinos y gigantes

de papel y futesa,

hace del Ser un adarme.

.

Salto con la pértiga del mar

y a nadie importa

que mis versos griten.

Pongo un stop en la mirada amiga.

.

.

.

La música de violín sabe a tasajo,

porque ya nadie se para

en la esquina,

nadie teclea silencios

en los pasos,

nadie mira al loco

del estanque

mientras que toca un piano

que no existe.

Ya la gente no toma notas

para escribir cartas

de amor y sueño,

porque sabemos usar

teclas y botones.

Apretar, tocar y pasar

son claves herméticas

del plástico.

Hermenéutica de pulsores

y circuitos de monedas

de cambio,

operaciones de Bolsa

y salón.

De Manuel Sandoval

revoluciones rotas

y descongela la rutina

cada vez que un poema

se lee mil veces.

Las hojas de los libros

penden de las ramas

de arboledas

cuando se escriben canciones.

Y una hálara cubre lo que nace.

¡Oh! se alampa

al ser mirada la poesía.

.

.

.

Sé que voy a morir,

algún día.

Y no conseguiré jamás

que los funerales sean verbenas.

¿Por qué quiero olvidar mi aliento

que late en mis adentros?

Se adama tanta vida

que los versos derramados

son vericuetos sin sentido.

¡Qué ganas tengo de triunfar,

hacer que la gente haga el pino

y aplauda con los pies!

.

Si una marola me trasladase

al horizonte

construiría un palacio de viento

y en la puerta una flor,

un camino

y un amor.

Bebería nerolí,

y volarán auroras y verbos

en la creación de cada día.

En el estanque de brisa

una flor de loto.

Y las flores de Bach

serán manjares,

porque el alma bebe sinfonías.

Escribiré con veladura

y seré pulchinelo de barrio.

Pero mi obra será sellada

con encausto.

.

Abro las compuertas del alma.

Una corriente de primavera

arrastra el brillo rutilante

de premios y zarzuelas de azafrán.

.

Aunque se ponga un perchel

a la entrada de gestos de quimera,

rociaré de alcohol mi piel

para que prendan los poros

y trasformen en estrellas infinitas

el sudor de mi ser.

El silencio es alado, lo juro.

Pero vuela con la mirada,

por eso se escapan del tiempo

los cuerpos enamorados.

.

.

.

Gotean mañanas de abril

que caen sobre la miel

sin que nadie pruebe su dulzura.

Necesitamos vino y alcoba

para dormir el sueño infernal

de la hojarasca.

.

Los pasos trituran el tiempo

de primaveras que sangran amapolas

y los aromas vierten jarabes.

.

El grillo arranca la tarde,

el espacio se hace cristal

cuando rompe el recuerdo.

.

Todavía se puede soñar

en el acantilado del silencio.

Los rincones de oscuridad

están escritos con limón.

El alma invisible

se transforma en lejanía.

¡Que lloren los de alta alcurnia!

¡Que canten los ruiseñores!

Que sufra el hamez

aquel que no cante a la vida.

.

.

.

Cuando las cigarras cantan

callan las hormigas,

pero éstas

¡horror, horror!

siguen su labor:

escarbar cada neurona

y hacer túneles en el tiempo.

.

Cuando las cigarras cantan

lloran los silencios

y los barcos se amartelan

en las sirenas.

.

Hormigueos de pasión

en la cueva del pecado.

.

¡Las cigarras sueñan

y saltan en las olas etéreas!

y cantan.

Pero las hormigas,

que trabajan sin cesar,

preparan la añagaza

¡condenan a trafagar!

Anatema, anatema.

Difamación contra las rimas

que escarapelan entre sí.

Los rótulos se hacen

los amos de Babel,

mil idiomas se piensan

y se habla soledad.

.

Las hormigas recorren

el horizonte.

¡Las cigarras cantan!

y las palabras se van

llenas de quimeras hueras.

.

.

.

Una vez tuve un sueño

y soñé que no soñaba.

Conté una, dos y tres

y comenzaron a saltar

las letras al revés.

Un número se escapó

para no ser una cifra,

se puso a correr

para convertirse en un tren

y al llegar a la estación

se juntó con un montón.

Los sueños, entonces, bailaron.

En un haloque se fueron

lejos de la trápala,

fuera del mundanal ruido,

hasta que despertó la luz

y las letras se embriagaron,

tanto, que dieron vueltas sin parar

en busca de un poema

en el que reposar.

.

.

.

En el calor de la tarde

nace el recuerdo de las sombras.

¿Qué son las oscuras figuraciones?

Humo de piedra,

inalcanzable silueta

sobre la que la nada cabalga.

Mil horizontes enescan

a los sueños,

por eso se evapora el alba.

Los atardeceres rotos

se componen como puzzles,

con palabras sueltas.

.

Te amo,

pero no sé adónde navega

el verbo de Cupido.

Ya no sirve

fundir metáforas

para esculpir el más allá,

tampoco poemas inciertos

porque el desprecio

aplasta la libertad.

.

Lloran las gargantas

para llenar charcos

de misericordia.

Demasiadas monedas llueven

sobre el arte,

mientras que se seca la soledad.

Los manantiales de besos

se agotan

y mientras tanto los burdeles

se humedecen.

.

Ya no cantan los cuervos

en las rimas de Allan Poe,

ni tampoco Boudelaire escandaliza,

simplemente no se leen sus poemas.

¿Quién es Verlaine?.

¿Qué más da?.

¿Qué más da lo que escribiera

Rimbaud?

El sentimiento se apaga,

los anuncios y concursos millonarios

construyen humo,

se fuma al ser humano

y se quema su Ser.

Y la primera persona del presente:

yo soy.

Y tú eres,

y él es.

Todo huye.

Todo se quema.

Sin fuego.

Sin alfombra sobre la que acostarse.

La realidad es metáfora,

imagen de espejismos

en que vivimos.

Romper el espejo

es el suicidio más arriesgado,

pero matemos la muerte humana.

¡Por eso los versos viven

y cantan en la ventana!

.

Escribo en el aire para respirar

y asomo a los ojos

un amor que me olvidó.

.

.

.

Entre palabras se leen

y se llenan renglones

con discursos de bululú.

Las copas brindan

tardes enteras,

chocan al son

del ortodoxo peán

y de honores de papel,

para convertir en menuza

las promesas rotas.

Vuelan las sirenas del alba

porque la barca navega,

las olas flotan en su soledad

porque el mar

ya no tiene orillas,

ni tampoco miradas náufragas.

.

¿Quién pierde el tiempo?

¡Con lo que cuesta un gramo

de lo que sea!

Pero me quedo tonto

al mirar el álabe

sin que importe

que me arrumben.

Veo en la rama curvada

la zalema de Dios,

al dar vueltas de colores

en el calidoscopio

que forman el aire

y los sueños.

.

Raudales de sonrisas,

cabalgan los trisares

cuando al mediodía,

durante un segundo,

se para el tiempo.

Retumban los mohedales,

cantan grillos y cigarras,

las cucarachas se esconden,

mariquitas, zapateros

y escarabajos

laten con las hormigas

y moscas

bajo el cielo azuleno.

.

¿Quién corre?

¿Quién baila?

¿Quién hace al alma

cabalgadura?

.

.

.

El fletán no puede nadar

porque hay redes que lo atrapan.

Se ha negociado con sus huevas

¡y al mar que le folle un pez!

Navegar para respirar

no tiene sentido,

hacer huelga para amar es locura

porque el mal de ojo

lo cura el televisor.

Las ondas pescan a cualquier hora,

convierten al hombre en fletán.

.

.

.

Los sentimientos carecen

de ortografía.

Quienes disecan el arte

primero han de matar al alma.

Mucha piel cubre cartón

y tela bordada en hilos de plata.

Una voz inocente canta en la altura

a la vez que los mundanos se pudren

ya que los versos se escriben

con “haches”

y “acento” rima con “sargento”

y la economía pía con ripipía.

El arte se hace baluarte.

¡Socorro! ¡socorro!

.

.

.

Sin espada y sin gatillo

se recorren las dunas.

Anadean las nativas del deseo

y se acerca corriendo una niña

con voz dulce y mirada difidente.

Espurrea su voz en verso,

sus cabellos verberan.

¡Endulza el cuerpo del catervario

que ve en sus gestos la titiritaina!

Tornasol y sombra la visten,

su boquita: una caspia,

y en la piel borbollones de placer.

¡Que venga!

¡que venga mi gatita parda!

mi vampiresa ¡y me mate!.

Que venga,

que venga mi gata parda

con su lazo de marfil

que ya cavé mi alizace

para edificar

un amor imposible,

para construir caricias

en el aura,

para esnifar libertades falsas

y respirar horizontes.

¡Que venga!

¡Que venga mi gata parda!

con su veneno dulzón,

¡que venga con su alarido clavel

y arrancaré, ¡lo juro!, el Paraíso

en mis noches

de amapolas blancas!.

.

.

.

El bonsái eterniza la mirada

cuando posa bajo el sol.

Gritan sus hojas

que no crecen más,

troncos y raíces que lloran,

sin poder sombrear

aladradas para el trigo.

La palabra crece

con expresiones oblongas

para dar sentimiento

al pedrusco,

pero los árboles

ya son enanos,

adornan el zaguán

y estanterías.

La vida encoge,

se fabrican la felicidad

y los dioses.

Se reduce a una imagen el alba.

¡Amarguras para las quimeras!

Documentos en poligrafía

para esconder el amor

entre versos

que cabalgan

en jamelgas del arte.

No es iterable

el latido del tiempo,

no es posible caminar

en el adarve humano.

Estamos encerrados

en fortalezas transparentes,

somos peces de cristal

en peceras de aire,

de aire y fuego,

que encierran jaulas

de negocios y cemento.

El zafo poema hace

que arda lo eterno

para construir humo

entre llamas de viento

y silencio.

 .

.

.

Hay momentos que resbalan

como la miel,

otros que se van con el aire.

Hay momentos de lamento

y otros que cantan

albores de historia.

.

Pasadizos de papel

agujereados

por palabras rotas.

Guitonear con la tinta azul,

besar el sueño dormido

¡qué más da que suenen

los acordes del tiempo!

si hay momentos que caen

¡y se rompen!

.

.

.

Llegará un momento aquende

en que brille la luz de la paz.

Se encenderán las guillotinas

de la Historia

para cortar por lo sano.

Veo hombres capaces de amar

en contra de la corriente.

Si supieran dialogar

nos harían mirar hacia atrás

y juntos decir adiós

a la guerra y a la muerte.

.

Bienvenido el pan de cada día,

que el amor reine por siglos.

Voy a grabar mi caricia en el viento

con la cual lamer el granito

con el que se construyeron

palacios vacíos,

de mil en mil

y de conquista en conquista.

.

Llenaré de auroras y mares,

de jazmines y claveles

los habitáculos del pensamiento

y lanzaré un dardo infinito

al amor del horizonte.

.

Asgo la mano amiga

y bailo con una mujer desnuda

sin cuerpo.

Sólo el alma de la borrasca,

sueño de un sueño,

delirio y pasión.

.

Amor que no tiene precio y lugar,

vive en la luz de la luna

sumergido en las mareas del alba.

.

.

.

Rosas de acuarelas vuelan

en el lienzo del alma.

Silenciosidad y búsqueda del amor

son la esencia humana.

Se escancia la poesía

y escurre el magma rutinario

cuando se funde la soledad.

Los pinceles acarician la piel,

intemperie de un recuerdo alegre

en la noche pintada

de carmín y de alcoba.

Sobre el lienzo primavera verde,

un aroma de mujer,

mariposas de seda

como chispas en el aire.

¡Se levanta el barbecho

de la pasión impura!

Los roces se hacen trazos,

estelas en poros

llenos de aliento.

¡Evohé! ¡Evohé!

y al final llega

“el origen de la tragedia”.

Dionisio vuelve

a reinar las mentes

que Nietzsche desmembró,

desvistió

cual cuanima de la pluma.

Hizo brotar otros cuérragos

allende lo razonable

entre el bien y el mal.

Clava todavía hoy el alma

un esforrocino

que se suele secar.

Los besos se esconden

en los besos,

el amor en el amor,

los versos entre viejos poemas

y el Hombre en el Hombre.

Mientras, construye el más allá.

(Es un secreto).

.

.

.

¡Columnas de humo!

 .

Penetra la mirada

del Hombre para ver

lo que los ojos

del pensamiento crean

y hacen creer.

Otras personas respiran,

fabrican fuego

y buscan poemas

que manan del alma:

latidos de la Nada,

brotes de quimeras

que se hacen verbo.

Al final la hoguera,

es un silencio perpetuo

y no más somos

los seres humanos.

Humo, a veces de amor,

que los sueños

hacen eternos.

La cascada de mirada

no prende,

sus gotas viven lejos

cual sueño sin dormir.

Pinté rosas de acuarelas

para la eternidad.

Lo demás se va,

pero quedan sus quimeras.

Lo real es un soplo.

.

.

.

Una rueda en el camino

sin carro ni carruaje,

sin nada que acompañe

su presencia

sino el polvo del lugar.

Unas huellas difuminadas

dibujan hileras de rastros.

El tiempo es transparente,

sin que haya antes ni después.

Cada presente horada el alma

hasta que se vacía.

Las palabras se evaporan

en mitos y creencias.

Forman nubes de embelecos,

argucias y sutiles seducciones

para construir la metafísica

y la pasión.

El fanatismo endurece

la argamasa cerebral

y llega el momento en que cuaja,

edifica muros de intolerancia.

Pero siempre hay grietas

en el alma y en la roca abrupta

donde ponen sus raíces las flores.

La ardisia, con sus coronas

de bolitas rojas.

Y se asoman los pétalos

de las diamelas

con su fragancia y aroma.

Escrito queda:

una flor en el camino

y a su lado pasó

una rueda del destino,

sobre el cual cabalga

un amor desterrado

que siguió en la senda

siempre a su lado.

.

.

.

Viajemos a los estados

de ensoñación

para saltar por dentro

y caer sin caer

sobre la extensión

del roce allá el alma

y sentirse flotar uno mismo,

dentro de sí.

Esquivemos

las burbujas vacías,

repostemos la mirada

sin llegar a parte alguna

y esperemos a los submundos

de sensaciones proscritas.

Elevemos la pose del lenguaje

al tiempo

que se exciten las palabras.

Cada inspiración

y espiración

se conviertan en olas

de existencia.

En el corazón del instante

se vuela sin volar,

se sitúa el fulcro

de la poesía undosa,

sobre ella la horonía

de la dejadez.

La misión del poeta

es bogar

con las palabras

y fabricar quereres

de los que manen

realidades y sueños

que se junten y separen

a orillas del amar.

.

.

.

Una macolla de lanzas

emerge sobre antiguas aguas

que flotan sobre el amor.

Los momentos victoriosos

han llenado el lauredal

de hojas secas de mujer.

Ya no vale blandir

a la mujer que está enfrente,

porque las palabras son dientes.

Queda la charada,

reducir el destino al horóscopo

y adivinar mentiras piadosas.

Se ergulle el silencio

por asumirse el mañana

que ya nada vale.

Ni tan siquiera la sinrazón

da vueltas,

sólo el goteo constante

de la pesadez

y el estado somnoliento.

Olvidada la pasión hontanal

y perdida la lealtad

queda esperar,

esperar a que pase la angustia.

Un velo de seda

abre los ojos mundanos

cual himen de lo existencial.

Gotea el reloj.

El tiempo cojea

y sus versos caen.

.

.

.

Una candela de melancolía

en el alma de la música.

Las llamas danzan

y en su interior

contornean las ménades

que dan calor de frenesí.

Ese fuego desnudo

se ve en la alquibla.

No valen razones

de bagatelas

para anular la atracción

entre el desprecio y la razón.

La letra chicana

da forma a los arcos y cadalsos,

lo mismo que las fórmulas

de Newton,

lo mismo que la teoría

de la relatividad.

Los versos venéreos

son también meditabundos

¡cantan alrededor

de la hoguera!

sobre las que son azules y pardas

las cazuelas del despojo.

¿Por qué el ser del aire

se desvanece

en la silueta del fuego?

¿Por qué?

Si unas manos invisibles

esculpen el humo

y dan forma a versos

de incienso,

pecados que van al Averno,

por quemar al espíritu

y transformar la mirada

en cenizas.

 .

.

.

Cuando el azar se acerca

se llama destino.

Cuando se va es la falena

que revolotea en la vida.

Ya no queda almíbar

en las venas del alma.

Los chorros de miel

forman cauces de espesura.

Lo volátil y la inspiración

forman el azarbe editorial.

Las olas del cuerpo

mecen el silencio

durante la siesta.

Susurran las voces

de sibila

que tientan con ambiciones.

En la noche

los sueños se llenan de huríes

y la oscuridad baila

esperando la danza febea

de quienes son musagetas.

Las palabras volean

la indiferencia

pero no hay miradas,

ni pensamientos ignitos

porque las cenizas

se espolvorean

a los cuatro vientos.

Por eso necesitamos

construcciones de humo,

para que llueva fuego

sobre el alacrán.

.

.

.

Ha caído la losa de lo real

sobre los sueños

y estallan los barriles de versos.

Anunciado el ocaso

de los símbolos

y de las metáforas,

que son arrebol,

duerme el espíritu

en la nada del sepulcro.

Cuesta mantener enhiesto

el bolígrafo,

arredajo de puñales,

porque las palabras

se clavan en la vida.

La dolama no vale nada,

pero el sin sentido

da vueltas.

Busca entibarse

sin que nadie lo sepa

y, como un ratón escondido,

roe el alimento

de los rincones.

Del cenobio a la soledad,

del Llanero Solitario

a las catacumbas,

del arte al trono,

de la tiara a lo esotérico

las letras forman macollas

y ramilletes de hadas,

caramelos de duendes

que danzan y bailan.

¡Remolinos de

pasión desenfrenada!

La mente es ingrávida

en la bóveda del cráneo.

Muchas frentes son lluecas

y se llama moda a la sumisión,

y moda es también la rebeldía.

Adiós galanura,

adiós betlemita errante,

adiós viejecitos sin cuentos

pero con jubilación.

Adiós.

Las palabras prepósteras

descascarán

para esperar el vuelo

de las almas.

.

.

.

Ha estallado el infinito

en mil pétalos

de rosas carmesí.

Ha crecido el almendro

entre esmeraldas

y cristales rotos.

Se quema el aliento,

los dragones cabalgan

con banderas uniformes.

Se acerca la bota destructora

con sigilo y una sonrisa grande.

¡Mientras que canten las cigarras

hay hormigas en las catacumbas!

La querencia rompe el corazón

en mil pedazos de infinito.

Lo irracional acecha

y envenena la poesía.

Es la hora de la perversión,

de tropeles,

kundalinis y mahabaratas.

Suenen los tambores

y tamboriles del Apocalipsis,

bombas y batallones

de silencio y desprecio.

Pero hay constructores

de humo:

fumarada blanca

y fumarada negra.

El incienso respinga

al que mete las narices

donde no le importa.

.

Poetas, ¡oh poetas!

nos queda la poesía

desnuda y errante.

Y haremos del mundo

un poema.

.

.
.
.
.
Licencia Creative Commons
Construcciones de humo por Ramiro Pinto se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 3.0 Unported.
Basada en una obra en ramiropinto.es.
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