Escultura en el tiempo

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Leído en la ruta literaria que organiza el ayuntamiento de la ciudad de León, el 26 de junio de 2018

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Sobria y gentil,

la catedral refleja

el alma de León”.

(Letra del himno de León,

por José Pinto Maestro.)

*

La catedral de León tiene

más cristal que piedra,

más luz que cristal

y más fe que luz”,

(Juan XXIII

cuando fue cardenal de Venecia

el año 1954 en el que visitó León.)

*

Si en el tiempo esculpiera

la luz, la crisálida

gota al caer encendida

la palabra en su forma

de piedra y de átomo

como son las historias,

almácigas y memoria

ahumadas de velas

en colores y órgano

con la partitura suelta

son ojos que ciegos ven.

Cristaleras abiertas

nos enseñan la Historia,

la sagrada: victoria.

La mundana: sudores.

Cuentan y cantan al son

de las formas llameantes

figuras de mente y alma,

la cascada invisible

es al tacto posible

cuando las palabras caen

como aludes sin parar:

golpea el aire, convento,

llamas que son lamentos

susurros de los rezos

unísonos corales

arrullan pozos de amor,

galopa así el silencio

al hacer cincel al verbo

para esculpir el tiempo

y una noche de siglos

en el alba la roca

se hizo luz y lucero

sol convertido en vidrio

y del alba la oquedad

de un destello externo

derramado al interior

hace metamorfosis

de una larva pasión

cual paloma encendida

es la humana condición.

Con su forma las piedras

gritan, claman, aliento,

ser perla entre las tejas.

Pasos lentos resuenan.

El latido es un camino

sea el fuego el arbotante,

las gárgolas vigilan

cuando la luna blanca

emerge con su rostro

virgen de piedra atisba

la su locura santa

el cielo hace de suelo

y se hizo mundo, ¡mundo!,

firmamento y la piedra

es la cueva de fuego

la de Pedro Botero,

y en el coro lentejas

lucha la Historia entera

su plato es cielo y tierra

grabado bajo el barniz,

pompas de los reflejos

que cuelgan del espacio

cuenta la historia cuenta

que Israel, su piel, se hizo rey

y hoy sigue siendo una Ley

y bordada la piedra es

enhiesta y erguida queda

la piedra otra vez, y otra,

forma túneles de agua

bendita y caracolas

colocan las columnas,

acuarelas de cristal,

gotas de estrella y tiempo

que esculpen por dentro luz,

al topo que la hizo caer

al hilar lo visible

hace que sea tangible

transformar la montaña

en pináculos e incienso.

El cielo una bóveda es,

la mirada vidriera,

con la sombra oraciones

de espejo y pensamientos

llaman todos a la puerta

de horizontes de cielo.

La orilla es el reflejo

de naturaleza y arte

sin fronteras de entradas,

quedan los laberintos

y el más allá pendido

de alumbrados altares

que hacen nidos a la fe,

cueva del no creyente

al navegar la oscuridad.

Las piedras pétreas-Pedro

rezan cuando crotoran

las cigüeñas esbeltas

cual coser tiempo y espacio

la golondrina al trisar.

El credo de recuerdos

y olvidos del mañana

en ecos ancestrales

que emergen corazones

reflejos de izada luz

avelan procesiones

cual paseos de soledad,

es la rosa, es la calma

silente a la campana

y es paz que fluye y sangra

la palabra y la aurora.

Si tuviera en mis manos

la emoción y el talento

contaría sentimientos

arrimados al templo,

paseos de duendes sueños

historias de la abuela,

si en la mirada una flor

un camino y un paisaje

quede además al viento

el arte, piedra y color,

aroma y el pentagrama

salvas cantan a la cruz

queda aire traspasado

de tiempo oropel y luz.

La catedral es tiempo

que fabrica eternidad,

es oquedad esculpida

es la mente encerrada

en el alma hace presencia

de un tiempo que se fuga

sin saber adonde va.

Quedan: la luz, la piedra.

(Aquí: es la catedral.

Nuestra catedral de León.)

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