A la negra Dominga de Rubén Dario

.

(Este poeta comienza su poema preguntado

¿Sabes quién es la negra dominga?”)

.

.

.

Sí, yo sé quien es la negra dominga.

.

La que llega a la orilla

con sus manos de arcilla

es su piel que brilla

su presencia que pringa.

.

Yo sé quien es la negra dominga.

.

Sé que lleva en el bolso

el peso de alba lucera

que al verme cambia de acera

con su andar y direte meloso.

.

Es la negra dominga, sí.

.

Esa que llama al hablar

que duerme despierta a la espera

de su jinete y quimera

que va al baño por fin a soñar.

.

Es la negra dominga que baila tumbada

impaciente a que lleguen tambores al bosque,

colocada en la estera abre sus compuertas

sumerge en los brazos ya rotos

los gritos callados de lazos descalzos.

.

Es quien sonríe sin dientes marfil

 de aliento sedente y calma con fuego

sin cabriolas ni  oro a cuestas

de soledades fingidas que inventa su historia

 érase una vez tantas formas de contar y ser.

.

Quiere caricias cual sus poros rezuman

sin llegar Eneas, ni Ulises ni el tonto de la esquina,

vale cualquiera que suba a su monte

ella espera vientecillos de nube y duende.

.

Esculpe las formas de hermosura

que expande de besos negrura

y su rosa brillante

se hace diamante.

.

Yo sé quien es la negra dominga

y la serpiente de la que habla el poeta

y de sus zarpazos de golpe el zapato

de los versos enjaimados,

de los besos enjaulados,

de la tinta y su oleaje.

Yo sé.

.

Sé que cabalga alegre en su labor cotidiana

perdida en la jungla se hace furiosa

es al coger la estrella cuando se hace galana

en ramaje torcido de una selva mimosa

.

Carece de voz con collares de perlas

no tiene dientes de agua y marfil

ni juega a encuentros de ajedrez alfil

en pies cuelga la soledad al tenerla.

.

Sé quien es la negra dominga

que me empapa y aplasta

cada vez que en la alcoba

se cierra el telón.

.

¡Si supieras negrita sin nombre

quien se acerca para ser otro hombre

y rendir a tu vera el rostro

que en tu pecho posados es otro!

.

Es el canto que canta

el cántaro lleno

el cancán de los laureles

el candelabro y su llama.

.

La aurora que mana

el soplido del mirlo

el reloj que levanta

es: ¡la negra dominga!

.

El sabor de la mañana,

el calor del invierno,

la mano que escribe

invisible tu pasión salada.

.

¡Sé quién es la negra dominga!

.

.

.

Licencia Creative Commons
A la negra Dominga de Rubén Dario por Ramiro Pinto se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://ramiropinto.es/escritos-literarios/poesia/negra-dominga-dario/.