Prólogo a “Verdades como pueblos” de Daniel Pueyo

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Parece que la realidad busca sus salidas como el agua su cauce. En un momento en el que se quiere rematar el fin de la vida en los pueblos, sin que se haya reparado suficientemente en este hecho a lo largo de muchos años, cuando el gobierno actual pretende suprimir las juntas vecinales con la ley de la reforma local, cuando la democracia es succionada por una burocracia política y económica, cuando la información se tergiversa y se hace de mentir un espectáculo, en todos los ámbitos, sea en cultura, en política, economía, deporte, aparece Daniel Pueyo con un libro que quiere contar verdades como puños, éstos son los pueblos, donde las cosas se dicen a lo claro.

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En el fondo está el municipio”, lo cual es digno de tener en consideración en una época en la que parece que un modelo de sociedad se derrumba sin posible vuelta atrás a no ser la mentira que anuncia falsas recuperaciones, que no es crisis, sino recesión, que se toman las medidas adecuadas para el crecimiento económico lo cual creará puestos de trabajo. Cuando es absolutamente falso que así pueda suceder. Pero están apareciendo nuevas ideas, nuevos horizontes que van de la Renta Básica a propuestas de autogestión, de cooperativismo económico y demás. En este fondo es en el que se puede encuadrar este libro, porque alguien ha afirmado que las civilizaciones mueren en las ciudades y nacen en los pueblos.

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Estamos ante un nuevo mundo, posible y necesario. Son las observaciones, los argumentos de Daniel Pueyo lo que va relacionando piezas muy concretas de este puzle de la realidad. A veces con cuestiones demasiado pegadas al momento, pero es así como se hace historicidad en los análisis. Puede que dentro de varios años no importen los ejemplos que nombra, pero sí saber que sucedieron en un momento dado. De esta manera se asoma a lo que se pretende en las teorías: hacer un análisis concreto de la realidad concreta.

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Es poco lo que se divaga en este libro, porque más bien parece una ametralladora de datos, quizá falten mediciones en cifras, pero explica sus opiniones metódicamente desde el sentido común, sin doblegarse a ninguna ideología o doctrina.

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Los análisis que se venden en los grandes medios de comunicación son grandilocuentes, fuegos artificiales de palabras rimbombantes que nada dicen ni aportan argumentos ni apuntan a una salida. Y nos hemos acostumbrado al vacío conceptual, por eso leer una obra basada en el razonamiento y la observación exige un esfuerzo.

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Las teorías han dejado de ser pueblo, a cambio se cae en un populismo muy peligroso, se alimenta a una masa carente de individualidad, cuando lo que es necesario es el pueblo, formado por sujetos dispares, diferentes, con criterios incluso antagónicos, pero actores de la Historia y no simples clientes de un mercado anónimo y súbditos que se conforman con lo que les echen.

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Y harán falta más libros de este estilo, y otros que lo refuten o que lo amplíen porque es necesario el pensamiento, así como fijarse por donde pasamos, cómo nos afecta en concreto la palabra etérea “crisis”. Y como se manifiesta en la televisión, la radio, en las universidades, en la sanidad, en las escuelas, en los barrios, en los pueblos.

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Hay algo que trasciende el momento concreto, que atraviesa la modernidad y mantiene principios que son la esencia e los pueblos. Por tal motivo las políticas actuales, la corrupción endémica, donde se ha creado un modelo en el que la corrupción es pura ideología, el traspaso de dinero público a bolsillos privados, donde se arrincona lo común y desaparece la conciencia colectiva. En este sentido hay que recordar el dicho de los pueblos: “la campana y el pendón del pueblo son”. Con esta frase definiría el título de esta obra que será el lector quien vaya dando contenido, poniendo sus propios ejemplos y apartando los mensajes engañosos para ver las verdades y llegar al fondo: al poder local, el municipio. Recuperar la mentalidad de lo cercano, donde las cuestiones se hablan y no se conspiran, de ahí el valor de los concejos abiertos, que por cierto vienen nombrados como un valor democrático de primer orden en la Constitución española, artículo 140 que hoy se quiere quitar de un plumazo, por lo cual a mí me aparece un autentico golpe de Estado que este libro intuye y quiere una respuesta.

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Viene de largo, porque ya se quitaron las hacenderas, el trabajo colectivo de los pueblos y se empezó a pagar, a contratar empresas y eso fue un veneno para los pueblos y para la sociedad en general, porque deja de haber colaboración y todo es un toma y daca, nos hacen mercenarios. Recuerdo la obra de teatro “Las boñigas son para los pueblos” en la que plantea el progresivo deterioro de los pueblos, su agonía lenta, pero continua. Llama a luchar. Los pueblos son el último baluarte y es necesario defender su mundo, mucho más que si lo habitan muchos o pocos. A la vez tomar conciencia de este valor hace que sea el primer paso para un gran cambio de calado.

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Al abrir este libro el lector no va a dar un paseo entre disquisiciones y quejas, sino que va a poder pasar a una acción en favor de otro modelo de sociedad al que apunta. Como alguien dijo “un camino de mil millas empieza por un simple paso”.

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León, año 2013

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