En busca del algoritmo perdido

.

PERSONAJES:

* Señora pobre

* Vagabundo

* Policía

Un acto. Tres escenas.

(Imagen destacada: Cuadro de Zhang Linhai )

ACTO I

Escena primera

(Una señora, hecha un harapo, rebusca en un contenedor de basura. Lleva una bolsa en la que guarda cosas que encuentra: media barra de pan, un trozo de tela que se coloca como bufanda, una muñeca rota que mira y sonríe. Juega con ella).

VOZ: (De dentro del contenedor) ¡Ladronaaaa! (La señora mira a un lado y a otro) ¡Sinvergüenza! ¡Terroristaaaa!

SEÑORA: ¿Quién habla?

VOZ: Devuelve lo que has robado, ¡ladronaaa!

SEÑORA: ¿Es a mí?

VOZ: ¿A quién si no?

SEÑORA: Pero

VOZ: ¿Pero?

SEÑORA: No he robado nada. He cogido lo que nadie quiere y tira a la basura.

VOZ: Cuidado con lo que dices.

SEÑORA: ¡Habrase visto! qué desvergüenza. (Va a cerrar la tapa e irse, pero una mano lo impide desde dentro. Aparece el vagabundo asomando la cabeza en el contenedor).

VAGABUNDO: Antes, (con ironía) si no le importa, devuelva lo que me ha sustraído. (La señora se ha alejado unos pasos, asustada al ver aparecer a aquel hombre).

SEÑORA: El pan está duro. (Lo echa al contenedor)- Hubiera hecho con él unas sopas de ajo. Si en otro hubiera encontrado algún pedazo más, claro. Dicen que el ajo es muy sano, pero hace que huela mal el aliento.

VAGABUNDO: Ahora que lo dice, no he visto perfumes en este lugar. Pero (extiende la mano para que le dé lo que falta. La señora le da en mano el pañuelo). Los frascos de colonia se apuran más que el pan. (Mira a la señora con el ceño fruncido. Estira el brazo para que le dé lo que la falta por dar).

SEÑORA: La muñeca no. Me ha hecho una gran ilusión encontrarla. De pequeña tuve una, ¿sabe?

VAGABUNDO: ¿También la tiró a la basura?, ¿la rompió?

SEÑORA: No, no la tiré. La quise mucho y no paré de jugar con ella hasta (queda pensativa).

VAGABUNDO: ¿Hasta?

SEÑORA: Hasta que crees que ya eres mayor. La dejé en un estante. Le faltaba un ojo. Una vecina, un año mayor que yo, se la quiso quedar y la muñeca quedó herida en mitad del rifirrafe. Nuestras respectivas madres nos separaron, a ella le dieron un azote y me la devolvió. Yo me quedé con la muñeca, ¡rota! Como ésta, pero mírela: más rota y sucia que aquella (la mira y la abraza contra su pecho). Como yo. ¿Y usted quiere que se la devuelva? No, la he cogido de la basura.

VAGABUNDO: Sí. Yo estoy aquí, en el contenedor. ¡En la basura! usted se ha apropiado ¡indebidamente! de mí muñeca, porque está en ¡mí! basura.

SEÑORA: ¿Le han tirado también a usted?, con toda su prosapia, abolengo y voz con tanto empaque y apostura.

VAGABUNDO: No. Me tiraron hace mucho tiempo ¡a la puta calle! No quedó donde elegir: La calle o la basura. Siempre hay clases.

SEÑORA: ¿No le da asco estar ahí?

VAGABUNDO: Me da asco sí, pero también estar como un mendigo en la calle, o tumbado en un vagón del metro. Aquí nadie me ve. Afuera me miran mal, si pasa algo soy el primer sospechoso, “aquí no puede estar” ¡cuántas veces lo he oído! Aquí nadie me molesta, bueno, eso creía. Pero no. Lo que ocurre es que ya me he acostumbrado. Además lo que hay en este recipiente ¡es mío!

SEÑORA: Tiene que colocar un letrero que ponga: “Ocupado”. (Ríe).

VAGABUNDO: Da lo mismo lo que anuncies. Pone “reciclar” y echan de todo. Da igual. la gente es incívica. Al final el mundo será una basura. Un inmenso vertedero, rodeado de mierda, de aire irrespirable, con aguas fétidas, pero eso sí embotelladas y dirán “agua trasparente con pedo de ballena”. Me voy acostumbrando. Soy la vanguardia del nuevo mundo.

SEÑORA: Pues ¡vaya! ¿Y te pagan por ello?

VAGABUNDO: (Se ríe ostentosamente. Se levanta asomando el cuerpo de la cintura para arriba. Viste elegantemente con una chaqueta azul con botones dorados, corbata y una camisa blanca impecable). Es usted muy graciosa. (Oye algo. Se pone serio y circunspecto. Mira a un lado y a otro. Lleva en la mano un prismático monocular, con el que mira a la señora).

SEÑORA: (Con cara de sorpresa) No imaginé a alguien tan elegante en la basura.

VAGABUNDO: ¿Y si fuera pobre sí se lo imagina?

SEÑORA: Es más fácil de entender.

VAGABUNDO: Me pagan por ser pobre, ¿sabe?

SEÑORA: No sabía. ¿Le pagan mucho?

VAGABUNDO: Sí, claro. Nadie quiere ser pobre. Yo me he hecho a mí mismo. Soy un pobre rico. tengo la basura. Soy el rey de este lugar.

SEÑORA: Pero entonces es rico.

VAGABUNDO: Profesionalmente soy pobre.

SEÑORA: Pero puede estar en la calle pidiendo, como un mendigo.

VAGABUNDO: ¿Tan elegante?, nadie se lo creería nadie. Pero le diré que ya lo hice y ¿sabe?

SEÑORA: ¿Qué?

VAGABUNDO: Me daban mucho dinero, incluso billetes. Decía la gente “pobre rico”. Lo tomé como una paga extra. Pero pensé, si soy más pobre me pagarán más. Y me metí aquí. Es una manera de invertir.

SEÑORA: ¿Invertir?

VAGABUNDO: Sí, ¡basura!

SEÑORA: Con lo cual tiene más dinero.

VAGABUNDO: ¡Claro! Invierto el orden social.

SEÑORA: ¡Ah!

VAGABUNDO: No es fácil.

SEÑORA: Ya, ya. No es fácil de entender.

VAGABUNDO: Eso sí es cuestión de mirar a su alrededor. Lo difícil es cumplir con la misión que tengo encomendada.

SEÑORA: ¿Quien se la encarga?

VAGABUNDO: Nadie. La tengo que hacer por mi condición de ser rico.

SEÑORA: ¿Rico?

VAGABUNDO: Sí ¡rico!, ¿qué pasa?, ¿es que no puedo ser rico? Un rico ponre, pero rico al fin y al cabo.

SEÑORA: Sea usted lo que quiera.

VAGABUNDO: Ni usted ni yo somos lo que queremos. Nadie lo es.

SEÑORA: Yo por lo menos no. No quiero ser pobre. Y lo soy.

VAGABUNDO: Yo quiero ser más rico y no lo soy, sólo soy rico.

SEÑORA: Un rico en un contenedor de la basura.

VAGABUNDO: ¡Claro! Es lo más normal. No se nos ve porque nadie mira en el fondo de la basura.

SEÑORA: Escarbar en ella es un poco repugnante. Yo, porque no me quedó otra. El hambre azuza, ¿sabe?

VAGABUNDO: Ni lo sé, ni me importa. Precisamente yo estoy aquí para evitar que los pobres roben la basura y hacer que sean más pobres, así seré más rico. Porque soy propietario. Dueño de la basura.

SEÑORA: Pero si yo cogía lo que nadie quiere, lo que echan a la basura.

VAGABUNDO: Todo eso tiene un dueño: ¡Yo! Cada rico tiene una basura para él. Si usted coge pan de la basura, ¿haré un negocio vendiendo pan de segunda mano? Si dejo que usted se lo lleve nadie comprará pan. Esperarán a que los ricos lo tiremos para cogerlo. Como todos quieren ser ricos van al fondo de la basura.

SEÑORA: Yo también he ido y no quiero ser rica, sólo comer un trozo de pan.

VAGABUNDO: Por eso usted es pobre. ¿No se da cuenta? Ha cogido un trozo de tela. Pues bien: Haré fábricas de ropa por todo el mundo, por una rupia al día miles de mujeres y niñas y niños serán mis máquinas de hacer vestidos. Y los venderé. Y los coseré mal para que se tiren a la basura al poco tiempo. ¿No ve que lo que hay aquí es mío? ¡Es mi negocio! ¿No ha oído hablar de la libertad de comercio?. Usted vulnera las leyes del mercado. Luego dirá que no hay trabajo. ¡Lo que hay es demasiados pobres que roban las cosas de la basura! Y venderé muñecas, también para niños, así el negocio será redondo. Y trenes y pistolas para niñas y niños y así me forro el doble.

SEÑORA: Tanto empeño en vender para luego estar en un contenedor de la basura, ¡no sé qué encanto pueda tener!

VAGABUNDO: Ser rico, esté donde esté.

SEÑORA: ¡Pues que bien!

VAGABUNDO: Así es que deme la muñeca que ha cogido del contenedor (estira el brazo con la mano extendida) y váyase. Váyase a paseo y no olvide que usted ¡es pobre!

SEÑORA: No. La muñeca no se la voy a dar. Es mía. Yo la he cogido.

VAGABUNDO: ¡La ha robado!

SEÑORA: No. ¡La he cogido!

VAGABUNDO: Es un hurto.

SEÑORA: Es una expropiación.

VAGABUNDO: Quienes cogen lo de los demás por intereses generales del Estado son esbirros y cobran por hacer lo que hacen. Usted no puede llevarse lo que no es suyo. (Intenta coger la muñeca, pero la señora se aparta y sujeta la muñeca contra su cuerpo abrazándola).

SEÑORA: Es lo único que tengo.

VAGABUNDO: No tiene que tener nada.

SEÑORA: Me hace ilusión, hace que recuerde mi infancia.

VAGABUNDO: Eso es lo malo. Los sentimientos avivan las revoluciones. Me acosa económicamente. Está violando mi propiedad.

SEÑORA: ¡Sólo quiero sobrevivir!

VAGABUNDO: La muñeca no se come, no se respira ¡Démela!

SEÑORA: Me permite soñar.

VAGABUNDO: Los sueños son peligrosos. Nadie sueña con ser pobre. Los soñadores inventan ideas de igualdad, de justicia, de libertad.

SEÑORA: ¿Eso es malo?

VAGABUNDO: Es irreal. Las entelequias rompen la realidad.

SEÑORA: Mira tu realidad. Mira la mía. (Ríe con sorna) ¿Qué rompen? ¿Acaso no somos un puzle en donde las piezas no encajan?

VAGABUNDO: Roba un banco. Sería en defensa propia. No te podrán acusar.

SEÑORA: No me atrevo.

VAGABUNDO: Pero ¿la muñeca sí?

SEÑORA: La he cogido. No la he robado.

VAGABUNDO: Coge el oro del banco.

SEÑORA: Ya no hay oro. Sólo cifras en un ordenador.

VAGABUNDO: No se podrá ni robar.

SEÑORA: Sólo a los pobres.

VAGABUNDO: ¿Lo ves?

SEÑORA: Las promesas son una manera de robar .

VAGABUNDO: Es lo que fabrican los políticos.

SEÑORA: Y realidades.

VAGABUNDO: Noticias más bien. ¿Qué hace la gente con los periódicos?

SEÑORA: Los lee.

VAGABUNDO: Y luego los tiran a la basura. Por eso estoy inmerso en la realidad. No cogiste ninguno.

SEÑORA: No me interesa. Veo lo que me rodea.

VAGABUNDO: Por eso no sabes que la situación del país cada vez es mejor, que hay crecimiento económico y que allá a su frente ¡Estambul!

SEÑORA: Sé que a mis vecinos les echan de sus casas. Que me han cortado la luz. Esto no sale en los periódicos.

VAGABUNDO: Métete en la basura y serás rica. Si robaras un banco te tendrías que esconder aquí. Aunque no sé si quedarán contenedores vacíos.

SEÑORA: No quiero estar en un lugar así.

VAGABUNDO: ¿Ves cómo quieres ser pobre?

SEÑORA: Es que no soy elegante.

VAGABUNDO: Tú robas a los pobres.

SEÑORA: ¡Mentira! Esta muñeca estaba en la basura y yo la he rescatado. (Abraza sobre su pecho a la muñeca) En ella acarició mi niñez. Alimenta mi esperanza. Puedo volver a jugar, ¡necesito jugar a vivir! Yo no soy pobre. Me he quedado sin nada ¡por tantas circunstancias!

VAGABUNDO: ¡Que romántica! La esperanza, las añoranzas ¡no sirven para nada! Por eso eres pobre.

SEÑORA: (Amenazante). No soy pobre. Me habéis echado a la calle. Me habéis quitado todo. Ahora me quieres quitar mi muñeca, la que he encontrado en la basura. Mírate, todo elegante, con tu corbata, con tu chaqueta sin arrugas. Pon un espejo ante tus ojos.

VAGABUNDO: Soy rico y esa muñeca es mía, es de mi propiedad privada.

SEÑORA: La basura no es propiedad de nadie.

VAGABUNDO: (Ríe medio a carcajada). Eso te lo has creído tú. Hoy todo es de alguien, ¡de alguien rico! Acabarás pagando por el aire que respiras.

SEÑORA: Ya lo pago con mi vida. Nos echáis a la calle y luego nos apartáis. Hundís a millones de familias, a naciones enteras y a vuestros bancos, a vuestras autopistas, a vuestras bolsas de la basura que cotizan en Wall Street las adornáis con guirnaldas. No ando por alfombras de terciopelo, pero sigo viva.

VAGABUNDO: ¿Te parece poco?

SEÑORA: Me parece todo.

VAGABUNDO: ¿Todo? Todo es mío y de los míos.

SEÑORA: ¿Los basura?

VAGABUNDO: Hasta la basura. Este contenedor es mío y todo lo que hay en él. Soy el rey de esta basura. Tengo autopistas, puertos de mar, bancos rescatados por mí. Me pertenecen casas vacías que se inflan, se inflan hasta convertirse en casas blancas con váteres de oro y alfombras rojas.

SEÑORA: Y dinero negro.

VAGABUNDO: Tus limosnas no tributan y por eso el Estado es una casa de putas, por culpa de los pobres.

SEÑORA: Todas las pobres y todos los pobres navegamos en vuestra miseria y la sufrimos. Vuestro dinero es basura.

VAGABUNDO: No soy basurero.

SEÑORA: Eres usurero. Desprecio tu basura usada.

VAGABUNDO: La que te da de comer. (Se agacha y coge el trozo de pan que le cogió a la señora. Se lo enseña). ¡Este trozo de pan!, por el que no pagas IVA. (Lanza el pan a los pies de ella). Y yo cuando como un entrecot, cuando como arroz con bogavante o pelusa de algas con salsa de trébol, de cuatro hojas ¡por supuesto!, y tropezones de gambas de (hace un gesto de saborear lo que dice) aliñadas con polvo refinado de trufa blanca glaseada con jugo de aguacate y una gota de almíbar de limón macerado en una tinaja de barro hecho artesanalmente ¡tengo que pagar una fortuna!

SEÑORA: ¿Y el IVA?

VAGABUNDO: ¡Una fortuna!

SAÑORA: ¿Y el IVA?

VAGABUNDO: Doy de comer al chef, al camarero, a quien limpia los manteles, al pescador de bogavantes, al imbécil que hace tinajas de barro, a los sembradores de aguacates, a los refinadores de trufas y a los cerdos que las buscan y a ti (señala) ¡te doy ese trozo de pan! ¡que es mío!!! Soy progreso y desarrollo.

SEÑORA: Sí, de la pobreza.

VAGABUNDO: Tú te lo has buscado.

SEÑORA: (Sonríe). Claro, soy una buscadora de oro. (Ríe). Las mujeres buscamos el oro en nuestro corazón, y también en el de los hombres y en de todos los seres humanos. Hasta que llegáis los elegantes y arrasáis con todo, os lleváis nuestra vida con vuestra deuda programada durante años. Como un huracán de fajos de billetes y tornados y terremotos esquilmáis la tierra. Todo junto acaba con nuestras pequeñas historias, con nuestras manos encallecidas. Nos dejáis sin nada. Lo mismo que para conseguir el oro negro bombardeáis a poblaciones inocentes con armas masivas y limpiáis la sangre derramada con un rollo de democracia higiénica.

VAGABUNDO: ¡Buscadora de oro! (Ríe). Ahí lo tienes, (señala el trozo de pan). Tu ración de igualdad.

SEÑORA: Sí, en el corazón de la basura. (Recoge el pan del suelo y lo besa).

VAGABUNDO: ¡Bienaventurados sean los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos!

SEÑORA: (Cara de enfado, se acerca al contenedor, tira en él con furia el pan). Para que rebañes tu salsa de trébol y tus pedos de azafrán.

VAGABUNDO: ¿Y la muñeca?, ¡muñequita de la calle!

SEÑORA: Muñecas rotas, las dos. Sí.

VAGABUNDO: Eres tú quien ha tirado el pan. Ahora no te quejes. Hoy no vas a comer. Y no hueles a rosas ni a Chanel.

SEÑORA: (Retrocede unos pasos) Algo huele mal en (la interrumpe el vagabundo).

VAGABUNDO: En el mercado todo huele bien: (Voz de impostura). “Número cinco l’eau es el número de hoy. Un floral abstracto vibrante con la modernidad por bandera y el frescor como leitmotiv”. ¡Publicidad!

SEÑORA: Yo también fui una flor.

VAGABUNDO: Tuve hace tiempo un negocio de flores para vender en el mercado internacional. Tulipanes. Pagaban por un bulbo de tulipán ¡millones! Al día siguiente no valía nada.

SEÑORA: Fueron otros tiempos. Ya ni me acuerdo. No ha pasado tanto tiempo. Mi hija y mi hijo tuvieron que emigrar. No sé nada de ellos porque ya no tengo teléfono, ni dirección adonde pueda escribir. Ni ordenador, ni teléfono móvil, ¡nada! Todo fue a parar a la basura. También mi matrimonio. La flor marchitó.

VAGABUNDO: La mía se devaluó. En el mercado todo tiene un precio.

SEÑORA: Lo ponéis los elegantes. Esta muñeca para ti vale (le interrumpe).

VAGABUNDO: Diez euros, o su equivalente.

SEÑORA: ¿Eh?

VAGABUNDO: Desnúdate. Pero no te acerques, no quiero que me contagies tu mal olor.

SEÑORA: Para mí no tiene precio.

VAGABUNDO: Pues la vas a pagar.

SEÑORA: He pagado con creces vivir. Mi marido se hundió en el alcohol cuando no tuvo trabajo. Durante un año estuvo empleado, pero sin cobrar nada. Sin tener que ir a su puesto de trabajo se ahogó en las botellas y naufragó, gastando la última calderilla en las sirenas de la amargura. ¡Ay! No pude ver lo que pasaba porque yo también estuve hundida en un oleaje inmenso sin saber de tantas olas y de barcos salvavidas que zozobraron y que se convirtieron en unTitanic de papel, con su orquesta que no dejaba de tocar bajo la miseria amarga. Mi marido me pegaba, yo le gritaba, me desesperaba y él me maltrató. Me fui y ya no tuve adonde volver. Todo se fue. He pagado con creces ser mujer.

VAGABUNDO: Al menos este refugio me ha servido para los negocios. Yo pago con creces lo que gano. Si no no cabríamos todos en la calle. Mi esposa también se fue, pero no a la puta calle, sino con otro que tiene cuatro contenedores, uno de papel, otro de vidrio, para los restos orgánicos y el de plásticos. ¡Y un corazón de oro! (Ríe). Mis hijos e hijas reciclan la basura, ¿sabe? Es un gran negocio. El pequeño juega al fútbol. A mí de vez en cuando me viene a ver una jovencita, es extranjera. Aquí al menos hace calor. Pago con creces a las mujeres.

SEÑORA: Hace unos años oí decir a un ermitaño “busca a Dios en la basura”. Pensé que estaba loco y ¡Dios mío, dios mío!

VAGABUNDO: ¿Por qué me has abandonado? (Ríe).

SEÑORA: Que sea lo que Dios quiera.

VAGABUNDO: ¿Cuánto cuesta el kilo de Dios?

SEÑORA: Nunca lo he pesado.

VAGABUNDA: Y tú ¿cuánto pesas?

SEÑORA: (Le mira extrañada). Hace mucho que no me peso. He adelgazado. Lo noto por la ropa.

VAGABUNDO: Se llegó a pagar mucho por adelgazar. Comida sin calorías, productos light, leche desnatada, operaciones quirúrgicas, gimnasios. Ahora se paga lo que sea por engordar un gramo. La basura tiene un gran valor. ¡Siempre lo ha tenido! Por eso no puedo dejar que te lleves ese muñeca. Es mi negocio, no puedo permitir que me arruines.

SEÑORA: Es mi ilusión, forma parte de mi vida. No dejaré que me la arrebates.

VAGABUNDO: (Grita desaforadamente). ¡Policía!, ¡policíaaaaa! ¡Me han robado mi muñeca!

SEÑORA: ¡Mientes! ¡Es basura! Una basura llena de mentiras.

VAGABUNDO: ¡Es mi basura!, una basura de verdad, ¡mía!

SEÑORA: La voy a limpiar, voy a hacer un vestido y la arreglaré. Será una muñeca limpia y querida.

VAGABUNDA: Y luego la venderás.

SEÑORA: No.

VAGABUNDO: ¡Sí! Al mejor postor.

SELORA: No me he desnudado ante ti. No lo olvides.

VAGABUNDO: Te hubiera regalado la tela que cogiste, para que hicieras una bandera. ¡La bandera de las calles! Hubieras podido tener tu propio territorio. Un país del tamaño de una pisada.

SEÑORA: Me declaro independiente, quédate tú con la bandera de trapo.

VAGABUNDO: Te saldría muy barato hacer un muro.

SEÑORA: ¿Para que no pasen los pobres? (Ríe jactanciosamente). ¿O para defenderme de los ricos? Toda muralla tiene dos caras.

VAGABUNDO: Lo mismo que las monedas. El dinero cuesta muchos muros.

SEÑORA: Y muchas olas, y calles a raudales como ríos de asfalto en los que mendigar olvido.

VAGABUNDO: Y robar. No lo olvides.

SEÑORA: No supe que estabas ahí metido.

VAGABUNDA: No llamaste a la puerta.

SEÑORA: Nunca llamo a las tapas de los contenedores.

VAGABUNDO: Una mala costumbre. Deberías hacerlo.

SEÑORA: No, no estoy loca.

VAGABUUNDO: El desconocimiento de la ley no exime su cumplimiento.

SEÑORA: Los ricos sabéis muy bien las leyes.

VAGABUNDO: Sí, es necesario ser honrados para que no te pillen.

SEÑORA: ¿Con las manos en la masa?

VAGABUNDO: Con la masa en las manos. La ley es la ley.

SEÑORA: Siempre las leéis a vuestra manera. ¿Cuál es la ley del hambre?

VAGABUNDO: La ley de la selva: ladrillo y hormigón. Y quien no la digiera que se quede en la cuneta.

SEÑORA: (Con ironía). ¿En qué artículo viene esa normativa vigente?

VAGABUNDO: ¿En qué artículo?, ¡y en que pronombre, en qué preposición!, ¡en qué conjunción copulativa! No me hagas reír. Las leyes son el abracadabra de los jueces, el malabarismo de los abogados, el puñal de los fiscales. Una daga de doble filo, por cierto.

SEÑORA: La balanza de los ricos. En ella pesáis la pobreza. A un lado. Al otro las monedas.

VAGABUNDO: En el otro platillo de la balanza no hay nada. Los pobres no pesáis. Sois vacío. El dinero son ondas, por eso hay que coger las cotizaciones al vuelo.

SEÑORA: Tampoco los sueños pesan.

VAGABUNDO: Sí, son muy pesados. Se meten en la cabeza y no hay quien los saque. No sirven para nada. ¿Qué compras con un sueño? ¿somnolencia?

SEÑORA: Arte.

VAGABUNDO: (Ríe a carcajada). Una inversión de futuro.

SEÑORA: Una inversión de lo real. Es lo que nos hace ver por dentro todo. Incluso la pobreza.

VAGABUNDO: ¡Pobres pobres! No me hagas reír.

SEÑORA: Un poema te refleja, un cuadro te retrata. Un drama (silencio) te cuenta.

VAGABUNDO: ¿Y una prosa?

SEÑORA: Teje historias. La mía no se puede contar. Está encerrada en mi recuerdo.

VAGABUNDO: La mía es el cuento de los cuentos.

SEÑORA: Escríbela.

VAGABUNDO: Entretenimiento y nada más. Esa es tu concepción del arte. En resumidas cuentas: La muñeca sigue en tus manos. Ya me estoy hartando de que seas una insolente. Tu robo ¿qué es?, ¿una comedia o un drama? Un vodevil.

SEÑORA: Depende.

VAGABUNDO: Claro.

SEÑORA: No puedes salir de ahí, ¿verdad?

VAGABUNDO: No debo. Nadie puede salir de su historia. Si lo hiciera otro ocupará este lugar. U otra. Por ejemplo ¡tú! Te hubieras llevado el pan, la tela y la muñeca impunemente. Es la competitividad. Un idiota salió a cagar y yo aproveché el momento para meterme aquí. No voy a cometer su error. Pero tú tampoco te vas a ir de rositas. ¡Policía, policía!, ¡me han robado una muñeca!

SEÑORA: Podría huir. Si me voy, aquí te quedas.

VAGABUNDO: Te perseguirán, por tierra, mar y aire.

SEÑORA: Con tanta tierra, mar y aire pueden llenar este contenedor de muñecas, y hacer una montaña de pan y rollos de tela a mansalva.

VAGABUNDO: Así que además de pobre eres subversiva.

SEÑORA: Soy una persona, nada más.

VAGABUNDO: ¿Yo no lo soy?

SEÑORA: Sí.

VAGABUNDO: Sin peros.

SEÑORA: Sin peros.

VAGABUNDO: ¿Por qué no te vas?

SEÑORA: Porque no entiendo que me quieras quitar la muñeca.

VAGABUNDO: ¿Quitar? Querrás decir ¡recuperar!

SEÑORA: (Se acerca). No-lo-en-tien-do.

VAGABUNDO: Porque estás en-la-pu-ta-ca-lle.

SEÑORA: Al principio me dio asco meter la mano en la basura. Luego me acostumbré. Al fin y al cabo todo lo que hay en ella ha estado antes fuera. Cada desecho tiene su historia.

VAGABUNDO: Lo mismo que tú y yo.

SEÑORA: Ahora me da más repugnancia, siquiera acercarme. (Se aleja).

VAGABUNDO: ¿Qué vas a hacer?

SEÑORA: Seguir husmeando la mierda. Sólo que ahora me acompaña mi muñeca.

VAGABUNDO: ¡Policía! ¡Policía! Una terrorista asesina me robado una muñeca. ¡Socorro!

SEÑORA: (Ríe) Que patético. Tan elegante, ¡tan emprendedor! ¡El señor de la basura!

VAGABUNDO: Te metes conmigo porque me tienes envidia. Yo aquí lo tengo todo: pan, ¡esa muñeca!, más juguetes, hamburguesas, raciones de miel con piñones y polvo deshidratado de jengibre espolvoreado. Cabezas de gambas. Sombreros, libros. Podrías haber cogido un libro ¡listilla!

SEÑORA: No tienes luz. No vi nada. Cogí al tiento.

VAGABUNDO: La luz sólo sirve para ver. (Pensativo). Quien sabe, a lo mejor pongo una placa solar enganchada a una bombilla. (Sonríe). Tengo por ahí un tubo fluorescente, sí, sí.

SEÑORA: Es lo que los demás tiran.

VAGABUNDO: Te equivocas. Ya veo que no entiendes.

SEÑORA: ¿Qué luz se ha encendido en tu mente?

VAGABUNDO: La luz.

SEÑORA: “Yo soy la luz y la vida”, dice el Señor.

VAGABUNDO: Yo compro la luz y la vida. Y cuando hace falta compro a los dioses, a las musas del Olimpo, a los economistas, a los políticos.

SEÑORA: ¿A los pobres?

VAGABUNDO: Sólo a algunos, para que se pongan un uniforme. Y a las putas, a las jovencitas que acarician las corbatas (acaricia la que lleva puesta) para que se quiten su mandil de pobreza. Si te desnudas te regalo la muñeca.

SEÑORA: Está desnuda.

VAGABUNDO: Ella no dice nada. No habla. No importa que esté sin ropa.

SEÑORA: A mí me dice muchas cosas.

VAGABUNDO: ¿Cómo qué?

SEÑORA: Que todo lo que hay ahí es lo que tira la gente.

VAGABUNDO: (Ríe) Pobre. Todo lo que hay en este lugar, en mi pro-pie-dad, lo fabricamos hombres y mujeres de negocios. La gente lo compra si tiene dinero. Y todo vuelve a nuestras manos: el dinero y la basura que fabricamos. La usan, la consumen a ratos y luego se van a la calle.

SEÑORA: No pienso comprar esta muñeca.

VAGABUNDO: Por eso eres una delincuente.

SEÑORA: Tampoco voy a dejar que mires mis tetas ni mi coño, ni el culo para que babosees.

VAGABUNDO: Por eso eres pobre.

SEÑORA: Me cago en el culo que te parió. ¡Eres un cabrón!

VAGABUNDO: (Finamente). Me ofendes.

SEÑORA: Pobre.

VAGABUNDO: Pareces indignada. (Silencio. Se miran a los ojos). Eres una vulgar ladrona. Si tuvieras una pizca de poder serías una corrupta, como los príncipes de las basuras. Ellos se llevan nuestros residuos para reciclarlos y volverlos a vender. Tengo que estar ojo avizor y agarrar lo que puedo. Los corruptos siempre dejan algo, pero tú te lo llevas todo: el pan, la tela, ¡mi muñeca! Te da lo mismo, porque si sale en la prensa: ¡Una pobre roba en un contenedor de basura!, la gente dirá “¿y que va a hacer, la pobre?”. Y luego habrá quien quiere que entren más pobres, los que vienen de las guerras, los que vienen de la nada. Y todos a husmear en la basura. ¡Ya está bien! (Silencio. la señora le mira. No dice nada). Sólo sabes dar pena. Pero a mí no me engañas, ni tú ni los tuyos. Los de tu ralea tiráis los contenedores para vaciarlos. (Grita con el puño en alto). ¡Igualdad, igualdad! (Baja el brazo). Luego no queda nada. Na-da. Promesas, eso sí. Os lleváis lo que podéis. ¡Mírate!, una harapienta. Desnuda nadie sabe lo que eres. He conocido reinas que son putas y putas que son reinas. De la noche o del día, ¿qué más da? Los cabrones no tienen ese problema, son todos unos putos cabrones. So lo que son y ¡punto! Pero (se inclina y hace una reverencia cargada de ironía) “su majestad”. No hay banquero que no lleve una corona puesta en su mollera. Agachan la cerviz hacia un lado, y al otro la levantan. Diplomacia. En eso consisten los negocios. La corona de los miserables es la de espinas. (Burlonamente). Oh, Señor, Señor, dame, dame, ¡dame! (Recita). “Lleguen a tus oídos mis peticiones; que soy pobre y pequeño, tú eres Infinito e inclinado a usar la misericordia con los abatidos; Entregado tengo mi corazón y mente a tu Voluntad. Aparta mis ojos de la vanidad. Si fuera tu beneplácito conceder mi petición, todo lo pondré a tu entero servicio”. ¡Sois mendigos hasta para pedir el cielo! (La señora parece una estatua). Ha costado mucho esfuerza hacer tanta basura. Somos progreso y desarrollo. Investigaciones científicas avalan nuestros residuos urbanos y ¡urbanizables! Son de suprema calidad, con denominación de origen. Monumentos de basura atraen a los turistas. Basta llamarlas “ruinas” o meterlas en conservas y decir: “museo” y hacer folletos que cuenten que ahí estuvo la Democracia, para que un tumulto de fotógrafos vengan y se llenen de cultura, de experiencias, de templos y campanarios para llenar las redes sociales de candilejas y cadenetas que pasan fugaces como microbios del arte. Ahí habitaron las Musas. Y hay quien se lo cree y pagan un crucero para hacer fotos a las musas. (Ríe). Enlatan la Historia y luego ¡más basura! basura en el aire, en los mares, en la tierra, en el alma. ¿Sabes cuál es la diferencia entre la muñeca y tú?, ¿lo sabes? En que ella está desnuda y tú no. En que ella no tiene basura en sus manos y tú sí. Ella no dice nada y tú te callas. Ella no tiene infancia. Tú sí. ¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y yo? Es muy sutil. Tú me has robado mi muñeca y yo la quiero tener en mi contenedor. ¡Policíaaaa! Yo visto con chaqueta y corbata, mientras que tú vas hecha una guarra. Te disfrazas de pobre para ser más paupérrima. Yo quiero dar una buena imagen, agradar a la vista, ¡ser alguien en la vida! (Se inclina para coger algo, enseña en una mano un rollo de cartulina). Tengo un título universitario. Si logro llenar este contenedor de basura tendré otro honorífico. Luego vendrán los envidiosos, quienes robáis las muñecas a los demás, los que comen el pan de los que lo ganamos con el sudor de una frente cualquiera, ¿qué más da? “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, y yo tengo una sauna. Y una bicicleta sin pedales. La compré en el mercadillo de las sucesivas reformas laborales. Me ha venido muy bien para no moverme de donde estoy. El populacho se emborracha de bienestar y eso no puede ser. No, no, no, no, ¡no señor! Quien quiera peces, ya sabe lo que tiene que hacer : reformas democráticas y aplicar las recomendaciones del oráculo. Números, números, números. Palabras, palabras, palabras. Cifras y frases rimbombantes. tecnicismos y plástico. Y la televisión. Todo va sobre ruedas. Mira (señala abajo, por fuera; la señora sigue impávida) el contenedor tiene cuatro, una en cada esquina para que se pueda mover. Puedo ir de un lado a otro. Lo que no hay es un volante. Tengo que inventar uno y patentarlo. Si tengo más basura me darán una patente de corso. Entonces te podría matar directamente y arrebatarte ¡mí! muñeca. Gobernaría mi contenedor y la calle, yendo de un lado a otro. Podremos jugar a los contenedores que chocan. ¡Atropellar a los pobres!, creen que la calle es suya. Hace falta que tengáis miedo. Sois insolentes. Barriobajeros, pendencieros, obreros, ¡obreruscos!, chachas, limpiamierdas, y pobres, los pobres explotados, los pobres sin recursos, los pobres a los que os quitan las plusvalías. (Canturrea). ¡Pobrecitos, pobrecitos! (Silencio). ¿Qué miras? No me vas a engañar. Sé todos vuestros trucos. Los elegantes conocemos a los pobres como si os hubiéramos parido. No tienes escapatoria. Vayas donde vayas serás siempre una pobre con una muñeca que has robado. En cualquier rincón te perseguirá la justicia. Y tu conciencia te dirá “has robado, has robado”. ¡Ah!, no. Tienes conciencia de clase. O eres poeta y puedes llevarte lo que quieras de los demás. ¿Verdad? Las personas utópicas pisáis la realidad sin que os importe nada. Pero no lo voy a consentir. ¡Da-me-la-mu-ñe-ca! Te lo digo por última vez, muñeca. (La señora se da la vuelta y se va, despacio, sin hacer caso) ¡No huyas!, ¡ladrona!, ¡policía, me han robado mi muñeca!

Escena segunda

VAGABUNDO: ¿Qué se ha creído?, ¿que se va a salir con la suya? No se puede permitir que atente contra la propiedad privada. Es mi basura. Me ha costado mucho tenerla. ¿Para qué quiere esa muñeca roñosa?, pudo haberse quedado con el pan. Luego se quejará de que tiene hambre. Así son los pobres de hoy en día, tiran la comida. No hay derecho. ¡Y no lo voy a consentir! (Saca del bolsillo interior de la chaqueta un teléfono móvil. Marca los números). ¿Policía?, ¿policía? ¡Ya empezamos! (Cabreado). De acuerdo, doy a la tecla del número dos. (Como si hablase a un sordo) Ro-bo. Repito: Un-ro-bo (Espera). ¡Tenía que haberla sacado una foto!, ¡me cachis! (Al teléfono) El robo ha sido en un contenedor de la basura, que es mío. Es mi basura. Es la calle que desemboca en la plaza mayor, la de las escalerillas. Es una mujer. Va con harapos. Lleva una muñeca, sucia y rota, en sus brazos. (Silencio). ¡Joder! ¡Tener que hablar con una máquina! Sí. No cuelgo. ¿Valoración? Bien, vale doy a la tecla cinco, ¿me han atendido bien?, pues ¡yo qué sé! Con un cinco va que chutan. (Guarda el teléfono móvil en el bolsillo). Lo que quiero es que la cojan y que la lleven a la cárcel. ¿Para qué quieren estar libres los pobres? Ensucian las calles, roban, espantan a los turistas. Menos mal que han puesto bancos en los que no se pueden tumbar ¡Qué falta de educación! ¿Que culpa tenemos los demás de que no tengan basura que vender? (Piensa). ¡Ey! Son basura, ¿por qué no se les puede vender? Ellos estarían cobijados y nosotros tendríamos más holgura, más (piensa), más posibilidades. Tráeme esto, vete allá, ven acá. Aunque no hagan nada, pero que se muevan de un lado para otro. En la basura hay comida suficiente. (Ocurrente) Subiría la bolsa de la basura. Los emprendedores necesitamos recursos y no trabas y más trabas. Que si el medio ambiente, ¿Para qué queremos osos? Con uno que haya en el zoo, o que lo disequen y se ahorra tener que darlos de comer. (Ríe). Si quieren que haya pobres que los disequen también. Que llenen las calles de marginados y mendigos disecados, así seguro que no roban. ¿Para que queremos tanta reforma laboral si no es para que trabajen los pobres por un trozo de pan? Pero de muñecas ¡nada!, que luego se entretienen. Y las naciones que no producen ¡también a disecarlas!, todo un espectáculo para los turistas. Claro que luego ¿quién va al cine? Hacen falta espectadores. (Piensa). Aunque, aunque no haya nadie, tampoco hay nadie en la pantalla. En el teatro es diferente, al menos los actores, las actrices, son personas de carne y hueso. Aunque acabarán siendo hologramas. Lo mejor es no salir de la basura. (Oye el toque de un silbato).

Escena tercera

(Entra la señora andando aceleradamente. Suena un silbato. La señora lleva en brazos la muñeca. Mira hacia atrás. Llega correteando un policía que toca el silbato. Lleva un aparato, una especie de smartphone).

VAGABUNDO: ¡Es ella!, ¡es ella!, ¡la ladrona, la ladrona!

SEÑORA: (Se para en seco. Se da la vuelta y se dirige al policía que se detiene en seco) Yo-no-soy-u-na-la-dro-ma.

POLICÍA: ¿Y-por-qué-hu-ye-se-ño-ra?

SEÑORA: ¿Cómo? Me ve y viene corriendo hacia mí y luego me persigue. Tuve miedo.

POLICÍA: Tengo que pedirla su documentación. He de ver si tiene antecedentes penales.

SEÑORA: De penas muchos.

POLICÍA: De delitos.

SEÑORA: ¿Por qué?

POLICÍA: Lo dice el smartphone. Dispone de una aplicación informática ¡infalible!

SEÑORA: ¿Infalible?

POLICÍA: Sí. Saco su foto y aparece una alarma. (Lee): Caca, (habla) perdón, se refiere al femenino de caco. (Lee) Carterista, ratera, ¡cuidado! cleptómana, descuidera, choriza, mangante, saqueadora, timadora, bandida, atracadora, maleante, cuatrera. (Habla). ¡Vaya un cartel!

VAGABUNDO: ¡Es una ladrona!

POLICÍA: Mire (señala al vagabundo que está en la basura). Él también sospecha. Puede ser ladrona, sí, y caca en el sentido de caco, robaperas, asaltabancos, choriza, pero hay que pillarla con las manos en la masa.

VAGABUNDO: Yo no sospecho. ¡Me ha robado mi muñeca!

SEÑORA: Eso es mentira.

POLICÍA: ¿Qué lleva en sus brazos?

SEÑORA: Una muñeca.

VAGABUNDO: ¡Mi muñeca!, ¡es mi muñeca!

SEÑORA: Una muñeca sucia, rota. estaba tirada en este contenedor.

POLICÍA: El delito es el delito, no depende del objeto robado, sino de la acción delictiva en sí.

SEÑORA: La cogí de la basura.

VAGABUNDO: Esta basura es mía ¡y todo lo que hay en ella!

POLICÍA: (Se acerca al contenedor en el que está el vagabundo). He de iniciar una investigación. No cabe duda de que usted, señora, es sospechosa. Lo dice el smartphone, ¡con esas pintas!, va hecha una zarrapastrosa. Mire (le enseña la pantalla del smartphone). Su foto y al lado todos los epítetos que salen a relucir.

SEÑORA: ¿Y porque lo diga un aparato de esos?

POLICÍA: Es la tecnología más avanzada. Este dispositivo tecnológico es una maravilla. ¡Es lo más! Puedo ver las películas que quiera, claro que hay que pagar los derechos de autor. ¡Pero!

SEÑORA: ¿Pero?

POLICÍA: Pero.

VAGABUNDO: ¡Esto es la pera! ¡A mí me importa una mierda su “startphone” y sus películas! Yo quiero mi muñeca.

POLICÍA: Todo a su debido tiempo. He abierto una investigación. Quiero que conozcan lo fabuloso que es este aparato para que les quede claro que no me van a poder engañar. Ni escaparse. Les tengo aquí dentro, en este aparato. Antes se fichaba a la gente, ahora los smarphoneamos. Fíjense que lleva acoplado un desfibrilador, ya no están colocados a la entrada de los edificios públicos, sino que si alguien sufre un ataque al corazón, o le da un infarto ¡solucionado! Coloco el smartphone en el pecho del doliente y ¡vuelve a la vida! (Ríe) Hace ¡siglos! que no leo un libro de papel. Aquí (señala el smartphone) tengo más de cinco mil obras, ¡de todo tipo! ¡Esto es cultura, joder! ¿Saben cuál es la última aplicación informática?, lo nunca visto. La voy a bajar mañana, con sólo apretar una tecla in rollo-web que sustituye al papel higiénico.

SEÑORA: ¿Y cómo funciona?

POLICÍA: No hay libro de instrucciones, es intuitivo. Cuando lo baje lo sabré. Hay un sistema de vibraciones que permite no cagar. Que le entra un apretón, lo activa, y aguanta. Llega a su casa y con otra vibración ¡descarga! Pero hay otro más avanzado que disuelve los excrementos dentro del organismo y se suda y uno queda limpio. ¡No me digan que no es avance! Puedo alquilar un coche gracias a otra aplicación. Y puedo descargar un orgasmo, coloco el aparatito en la frente y ¡ya está! Pero está prohibido hacerlo en público ni en horas de trabajo y sueldo. ¿Pagar? Yo nunca llevo dinero. Todo lo pago con esto (enseña el smartphone) ya no se roba dinero, sino cosas de estas (señala la muñeca).

SEÑORA: No la he robado.

VAGABUNDO: Sí que la ha robado. Me la ha robado a mí. ¡A mí!

POLICÍA: No se preocupen que lo vamos a descubrir.

SEÑORA: ¡Eso no vale!, con su aparato ese ya soy sospechosa por ir vestida de esta manera.

POLICÍA: ¡Uy!, no, no, no. Ese es el algoritmo fácil. Les voy a sacar una foto juntos para saber quienes son realmente, que hacen aquí juntos, cuál es su historia. Pero luego introduzco un programa con el código penal y la legislación vigente, perfectamente ordenada para que aplique la justicia. Yo ahora soy juez y policía gracias a este aparato. Pero para que no vean que es algo mecánico, o aleatorio escribo en la secuencia de datos sus declaraciones. Aprieto el cuadradito “D” y esperamos la resolución. Permítanme que les haga una foto. (Con señas dice a la señora que se ponga a un lado del contenedor).

VAGABUNDO: ¡Espere! (Se agacha, coge un peine. Se arregla el pelo. La señora se acicala. Los dos sonríen mirando al smartphone).

POLICÍA: (Da a la parte del smartphone de sacar fotos) ¡Ya está! (Se acerca para enseñarles la pantalla en la que sale la imagen) ¿Les gusta cómo ha quedado? Si no les importa hacemos un selfy y así tengo un recuerdo de esta operación policial. Me sirve para el currículo y así me dan más puntos con los cuales amplío la capacidad del smartphone. Es una maravilla. (Se colocan apiñados y retrata a ellos tres). Empezamos la investigación.

VAGABUNDO: ¿Qué investigación?, me ha robado la muñeca ¡y punto! Quítesela y devuévamela. Y que pague la multa correspondiente, o si no, como es pobre, unos días, ¡o semanas! a la cárcel. La he visto huir de la justicia con mis propios ojos. (El policía escribe en la tableta).

POLICÍA: (A la señora). ¿Algo que alegar?

SEÑORA: ¿Alegar?, ¿quién va a ser el juez?

POLICÍA: El algoritmo.

SEÑORA: ¿El qué?

POLICÍA: (Dice de memorieta a carrerilla). El ordenamiento de todos los datos dirigidos a un objetivo concreto, que es hacer justicia. Con tanta legislación, la nacional, la autonómica, la europea, la mundial y la que se inventan los políticos, los jueces no pueden saber todos los artículos y disposiciones legales. Ya no preparan oposiciones, ¡basta usar el smartphone! Más que un policía soy un smartphonista.

VAGABUNDO: ¿Y cómo me fío de ese algoritmo?

POLICÍA: Es infalible. Se ha experimentado fehacientemente con resultados asombrosos. Me puedo dejar seducir por esta señora, en un momento dado. El smartphone no. Me pueden engañar. Al smartphone no. Dispone de millones de variables en una red de datos.

VAGABUNDO: Ya le digo yo que no le seduciría ésta (señala a la señora). Es pobre y no se desnuda.

POLICÍA: Nunca se sabe. O me podría sobornar usted.

SEÑORA: ¿Con un kilo de basura?, ¿cáscaras de plátano? ¡No me haga reír! Para convertir esta materia prima en dinero hay que saber.

POLICÍA: A los algoritmo nadie les influye. ¡Es la modernidad!

Sin conexión el mundo no respiraría y la justicia sería ciega, muda y manca. Se apagaría el mundo. Hay un algoritmo mundial VAGABUNDO: ¿Pero si no está conectado?

POLICÍA: Es igual que si a usted le quitasen el aire. Sin conexión el mundo no respiraría y la justicia sería ciega, muda y manca. Se apagaría el mundo. Hay un algoritmo mundial que impide que eso pueda suceder.

SEÑORA: A mí todo esto me parece una tontería. (Da unos pasos para marcharse).

POLICÍA: (Serio). De aquí nadie se va. ¡Quietos y respondan a lo que les pregunte. En caso contrario les acusaré formalmente de desacato y de resistencia a la autoridad. (Al vagabundo). ¿Algo que alegar? (A la señora). ¿Y usted?

SEÑORA: Ya se lo he dicho. No he robado la muñeca. La cogí de la basura. (El policía anota en la tableta).

VAGABUNDO: La basura es mía, es de mi dominio particular, es una propiedad privada. (El policía anota en el smartphone).

POLICÍA: Todo lo que digan lo introduzco y luego dejaré que actúe el algoritmo. Es cuestión de segundos. No se preocupen. Tomaré medidas cautelares con el fin de no perjudicar a ninguno de los dos.

SEÑORA: ¿Que hará?

POLICÍA: Un coctel con toda la información, luego según la relación de códigos penales emite una sentencia ajustada a derecho y yo la aplicaré. Pero este artilugio necesita más información. Su historial algorítmico, sus silencios. Ya iremos viendo, ya iremos viendo.

VAGABUNDO: No hay nada que rascar. Ella reconoce que ha cogido la muñeca de mi propiedad, ¿qué más quiere el algoritmo?

POLICÍA: ¡Pruebas! y argumentación jurídica. La ley es la ley. (Mira el smartphone) A ver quienes son. Tengo una aplicación que con una imagen busca todo lo relacionado con ella. A ver.

SEÑORA: Yo fui una princesa.

VAGABUNDO: Y yo un elefante.

POLICÍA: Lo vamos a comprobar. (Mira el smartphone extrañado). Ustedes están esperando a alguien, ¿verdad?

SEÑORA: Al príncipe encantado. (Ríe).

VAGABUNDO: Yo a usted, mire que le llevo llamando. ¡Policííííaaaa! Hasta que ¡por fin!

POLICÍA: No, no, no. Esto no falla. Ustedes esperan a un tal Godot. ¿No será don Samuel Godot Beckett? ¿Le conocen?

VAGABUNDO: No, ni me importa quién sea.

SEÑORA: No. (Se miran ella y el vagabundo, extrañados).

POLICÍA: Dos vagabundos. Ustedes son dos vagabundos. Bueno un hombre y una mujer, pero vagabundos. No cabe duda. Esto puede ser un eximente ante la ley.

VAGABUNDO: Yo soy un hombre de negocios. Tengo mi propia basura. Invierto en basura. Usted cree que tiene dinero con su salario, pero lo que posee son cifras en ese aparato. Lo mío es tangible, ¡palpable!, lo puedo coger con mis manos. Soy, si quiere, un vagabundo rico. Y usted es un pobre funcionario.

POLICÍA: Cumplo con mi obligación.

VAGABUNDO: Cumple su función, no cabe duda. Pero me ha llamado “vagabundo”.

POLICÍA: Ha sido el algoritmo. Estando ahí en ese cubo de la basura, ¿qué va a pedir que resuelva el mecanismo éste?

VAGABUNDO: ¿Ve cómo puede fallar? Igual que usted. Esto no es un cubo, es u contenedor. Algo muy diferente.

POLICÍA: Vale, pero les advierto que si aparece Godot habrán mentido a la autoridad. Y prepárense en ese caso. Hay un algoritmo específico para tales casos.

SEÑORA: Ojalá apareciera alguien, un tal Godot o como se quiera llamar. Alguien con quien pasear y hablar tranquilamente. Alguien con quien sembrar un manzano y tener comida de sus ramas, madera para hacer una casa, un cobijo y una sombra. Esperaré a Godot antes que a su justicia.

VAGABUNDO: Nunca llegará ni lo uno ni lo otro, los sueños se pierden por el camino y las leyes. (Le interrumpe el policía).

POLICÍA: ¿Las leyes?

VAGABUNDO: Las leyes unas veces llegan y otras no. A Godot no tengo el gusto de conocerlo.

POLICÍA: (Lee el smartphone). Aquí pone que nunca llega. Pero no dice nada de los sueños. ¿No estarán encubriendo a alguien? No habrá dentro de la muñeca (la mira con ojos de desconfianza) ¡droga!, por ejemplo.

SEÑORA: (Se asusta. Observa a la muñeca, la inspecciona con los ojos). Nada. Nada de nada. Está vacía. Rota. Sucia. Vacía. ¿Es que no lo ve?

POLICÍA: Tanto interés por una muñeca. No sé, no sé.

VAGABUNDO: Tanto interés ¡por algo de mi propiedad!

POLICÍA: (Escribe en la tableta). Pro-pie-dad: mío-tu-yo. ¡Eh! “tuyo” tú – yo. Olalá.

SEÑORA: ¿Olalá?

POLICÍA: ¡Olalá! Vamos a ver, vamos a ver. (Da a la imagen de una tecla del smartphone). ¡Ooooohhh!

SEÑORA ¿Oh?

POLICÍA: Oh.

VAGABUNDO: Hable claro.

POLICÍA: ¡Lo que hace un algoritmo! Es increíble. Que sabiduría natural, específica, concreta.

VAGABUNDO: Bueno ¿natural?

POLICÍA: Es la inteligencia artificial, pero ¡es tan natural!, tan acertada. Tan resolutiva. Tan, tan (silencio) ¡tan inteligente! Déjeme la muñeca, (estira el brazo para coger la muñeca), traiga. Colóquense uno frente al otro. Ahí. (Coloca a la señora cerca del vagabundo). Coja cada uno de un extremo a la muñeca. (La coloca para que la cojan ambos).

VAGABUNDO: ¡Bueno! La técnica salomónica. Si tiro de ella dirá que es de la señora. ¡Eso está muy visto!

POLICÍA: Ah.

SEÑORA: (Tira con fuerza de la muñeca y la recoge en su regazo). Déjense de zarandajas.

VAGABUNDO: ¡Es ella la que ha tirado sin importarla nada que se pudiera partir por la mitad!

POLICÍA: Se hará lo que diga el juez, digo el algoritmo. Hay que respetar la ley y todas sus combinaciones posibles.

SEÑORA: Oiga, ¿puede decir eso (señala al smartphone) por qué tenemos que ser pobres los pobres?

POLICÍA: ¡Claro! Lo resuelven todo. Pero lo primero es resolver el presunto robo o la falsa denuncia, presuntamente.

VAGABUNDO: “Según Salomón, / de quien no tira / las cosas son”. Ha quedado claro que yo soy la madre de la muñeca.

POLICÍA: ¿Su madre?

VAGABUNDO: Bueno según Salomón. Si no la madre, sí el propietario legal.

POLICÍA: (Mira el aparato que tiene entre manos) ¿Tiene más muñecas en el contenedor?

VAGABUNDO: ¿Qué?

POLICÍA: Que si tiene más muñecas.

VAGABUNDO: ¡Queeeé!

POLICÍA: Lo que ha oído. He metido la palabra “madre de una muñeca”. (Mira al vagabundo con el ceño fruncido).

VAGABUNDO: Este algoritmo es la madre de todos los pleitos.

POLICÍA: No se haga el gracioso. (Se acerca con rapidez al contenedor y mira dentro de él. Introduce el brazo y saca una muñeca hinchable). ¿Lo ve?

VAGABUNDO: Esto es allanamiento de morada. No tiene orden judicial.

POLICÓA: Tengo el algoritmo.

VAGABUNDO: Alguien la ha tirado. Ya no le servirá, ¡yo qué sé!, no la querrá tener en su casa.

SEÑORA: A lo mejor se ha casado.

VAGABUNDO: ¿Con quién?, ¿con la muñeca?

SEÑORA: No, con alguien, y tiene que tirar esa ¡mierda! para que no le descubran.

POLICÍA: Descubrir ¿qué?

SEÑORA: Pues, ¡eso! (Señala a la muñeca hinchable).

POLICÍA: Son caras.

VAGABUNDO: Una puta sale más barata.

SEÑORA: Habrase visto. ¡Dios mío, Dios mío!

VAGABUNDO: La gente tira de todo, yo no tengo la culpa.

SEÑORA: ¿Ésta no es de su propiedad? ¡pri-va-da!

VAGABUNDO: No contestaré si no es en presencia de mi abogado.

POLICÍA: A-bo-ga-do. (Escribe “abogado” en la pantalla).

VAGABUNDO: (Se agacha, coge una colilla; imita a Al Pacino) “Abogado, estoy buscando un abogado”. (El policía tira la muñeca hinchable al suelo).

SEÑORA: A ver si ésta (mira a la muñeca que tiene en sus manos) es la hija de esa. (Mira a la del suelo).

POLICÍA: ¿Y el padre? Pa-dre. (Escribe la palabra “padre” en el smartphone). El asunto se complica. Seré muy exigente con ustedes. Nada de condescendencia. El algoritmo exige coherencia y pulcritud argumental. Pruebas evidentes y testimonios concisos.

SEÑORA: ¿La prueba de paternidad?.

POLICÍA: Señora, esto es muy serio. ¿Tiene usted la factura de la muñeca?

SEÑORA: ¿Cómo voy a tener la factura si le digo que la he cogido, acogido, de la basura? Déjese de ese maldito algoritmo ¡y algomierda! y utilice el sentido común.

POLICÍA: ¡Está usted faltando el respeto al algoritmo!, y no se lo voy a consentir. (Lee). “Tiene que presentar una prueba: factura de la compra de la muñeca”. No existe ningún padre biológico para todo tipo de muñecas.

VAGABUNDO: No falla.

POLICÍA: Lo ha comprobado, ¿eh?

SEÑORA: ¡Aquí está la muñeca (le enseña levantándola) y está en mis manos!

VAGABUNDO: ¡Porque has tirado de ella! Si yo la hubiera agarrado se hubiera roto.

SEÑORA: Está rota. ¡Sucia y vacía!

POLICÍA: (Escribe y lee). Fractura de muñeca. Exige inmovilización. Colocar una escayola. ¡No dirán que no se complica el tema.

VAGABUNDA: Es mía. ¿Dónde está la complicación? Pregunte a su algoritmo.

POLICÍA: (Escribe y dice). “Mía”. (Lee). Tiene que enseñar el registro de la propiedad de su muñeca, o de la muñeca.

VAGABUNDO: ¿Qué dice?

POLICÍA: En el negocio de la basura se mueve mucho dinero negro. (Le mira desafiante).

VAGABUNDO: Eso es un gol en fuera de juego. La muñeca está en la basura. Lo ha reconocido la señora. Todo lo demás sobra.

SEÑORA: estaba en la basura a la que todo el mundo tira las cosas que no quiere.

VAGABUNDO: Si la basura es mía, la muñeca también me pertenece, porque es basura.

SEÑORA: Ahora no lo es.

VAGABUNDO: Porque usted la ha robado. Es una ecuación infalible. ¡Pregunte al algoritmo!

POLICÍA: (Desconcertado. Escribe y recita) Muñeca-basura-mía-robada-rota-propiedad. (Da al intro del smartphone). ¿Qué?

SEÑORA y VAGABUNDO: ¿Queeé?

POLICÍA: Idiotas.

VAGABUNDO Y SEÑORA: ¿Qué?

POLICÍAS: Pone “idiotas”.

VAGABUNDO: ¿Y qué más?

SEÑORA: ¿Ven?, ustedes son idiotas.

POLICÍA: (Lee) “Imbéciles”.

SEÑORA: Ya lo dije yo.

POLICÍA: ¡Ay! (Escribe y lee). “¿De-qui-én-es-la-mu-ñe-ca?” (Aprieta la tecla) ¡De Godot!. ¿Sabía que escondían algo! ¿Quien es Godot? Lo encubren.

VAGABUNDO: Pregunte al algoritmo.

POLICÍA: ¡Nooo!!! Les pregunto a ustedes.

SEÑORA: A mí no me suena.

VAGABUNDO: Alguien que tira cosas a la basura.

POLICÍA: (Escribe) ¡Teatro!. Ustedes están haciendo teatro, ¡me quieren engañar! Lo sé.

VAGABUNDO: ¡No, no, no!!! Escriba: Propiedad inalienable de la muñeca. Y ahí está la solución.

POLICÍA: (Escribe y dice en alto). “Propiedad inalienable de la muñeca”.

VAGABUNDO: Es pura lógica.

POLICÍA: ¡Lo ha resuelto!

VAGABUNDO: (Levanta los brazos) ¡Por fin!

POLICÍA: (Lee). Todo lo que está en una propiedad es objeto de dicha propiedad.

VAGABUNDO: ¿Lo veis? No cabe la menor duda. La muñeca está en mi propiedad, luego es de mía.

POLICÍA: (La señora aprieta la muñeca contra su pecho). Espere que no he finalizado la lectura. (Continúa leyendo). Todo objeto que se tira se valorará como hecho delictivo por el hecho mismo de tirar, pero el objeto que es sujeto de la acción queda supeditado al espacio receptáculo en cuanto a propiedad de uso que garantice la libre disposición.

VAGABUNDO: ¿Eso qué quiere decir?

POLICÍA: Pues. (Le interrumpe el vagabundo).

VAGABUNDO: Déjese de historias. La muñecas es mía, quítesela a la ladrona y démela de una vez ¡y asunto terminado!

POLICÍA: No depende de mí. Yo no decido, ejecuto.

VAGABUNDO: Haga lo que considere conveniente. No podemos demorar más esta situación.

POLICÍA: No puedo. No puedo. He de cumplir estrictamente el protocolo de actuación: consultar el algoritmo. Una vez hecho, es lo que diga la maquinita. No intervengo para nada. No puedo hacer lo que yo quiera. Es como cuando usted va al banco, mete dinero para pagar el impuesto de autónomo, pero le cobran el recibo de la luz y luego le ponen una multa por no pagar la cuota tributaria, sin que ni el cajero ni el director del banco puedan hacer nada. Cuando un médico hace unos análisis e introduce los datos en el programa del ordenador la enfermedad que van a tratar al paciente es lo que diga el algoritmo. No puede ni pensar que sea otra enfermedad. A mi hijo le trataron de una intoxicación, cuando casi se muere por una apendicitis aguda. La respuesta del equipo médico fue: Cumplimos con lo que marca el programa de actuación. Fueron fieles al protocolo.

SEÑORA: Todo este cambalache por una muñeca rota, sucia y vacía.

POLICÍA: Por un apremio judicial. De no ser así las provincias se separarían de sus países respectivos, los aviones se estrellarían al despegar, el clima cambiaría otra vez. ¡No puede ser!, ¡no puede ser! Tenemos que seguir al pie de la letra lo que diga el algoritmo.

VAGABUNDO: Usted debió de apresar a esta señora, quitarle la muñeca y devolvérsela a su legítimo dueño. Fíjese cuanto algoritmo y smartphone se hubiera ahorrado.

POLICÍA: ¡Qué fácil! Cuando acabe con ustedes tengo que presentar un parte para poder hacer una memoria de mi actuación. La he de copiar cuatro veces, no fotocopiar porque hay unas fichas específicas para rellenar los espacios, poner en cada una la póliza de registro, para lo cual he de bajar una aplicación informática y rellenar una solicitud de intervención retroactiva para que lo que aquí se decida adquiera valor jurídico. Lo cual luego hay que evaluar con un escrito que se presenta a la comisión de seguimiento que previamente ha hecho un informe para el comité de programación, a quien he de entregar mi diploma de profesionalidad que garantice que me corresponde a mí el uso del smartphone que previamente he de resetear para mantener inalterables las condiciones iniciales, lo que a su vez ha de tener un certificado de la inspección de manera que toda esta cadena de hechos garantice la disposición adecuada para aplicar el algoritmo. ¡Es así! ¿Es que no lo entienden?

SEÑORA: Con lo cuál.

POLICÍA: Con lo cuál ¿qué?

SEÑORA: Que en resumidas cuentas ¿qué?

VAGABUNDO Eso, ¿qué?

POLICÍA: El tema está claro.

VAGABUNDO: ¡Claro!

SEÑORA: ¿Claro?

POLICÍA: (Vuelve a leer). “Todo objeto que se tira se valorará como hecho delictivo por el hecho mismo de haber tirado algo, pero el objeto sujeto de la acción queda supeditado al espacio receptáculo en cuanto a la propiedad de uso que garantiza la libre disposición”. Su-pe-di-ta-do-al-es-pa-cio-re-cep-tá-cu-lo. Esto me hace pensar (piensa). Esperen un momento. (Escribe y dice). Pensar. (Aprieta en la pantalla y espera. Lee). Pensar: Formar una persona ideas y representaciones de la realidad en su mente, relacionando unas con otras. (Habla) O sea un algoritmo, que en lugar de estar en la mente se sitúa en el smartphone, el cual aclara (lee): “Considerar un asunto con atención y detenimiento, especialmente para estudiarlo, comprenderlo bien, formarse una opinión sobre ello o tomar una decisión”. ¿Ven? tengo que decidir. No me queda otro remedio. Pero la decisión está tomada. (Lee). “El objeto sujeto de la acción queda supeditado al espacio receptáculo en cuanto a propiedad de uso que garantice la libre disposición”, que es esto, precisamente, lo que hay que cumplir.

VAGABUNDO: ¿Y?

SEÑORA: ¿Y?

POLICÍA: Yyyyy. ¡Y! Está claro. Usted (al vagabundo) está en el contenedor, donde a su vez está la muñeca, en virtud de una garantía que al haber sido tirada le es garantizada la libre disposición, habiéndose usted introducido como sujeto de la acción consecuente de manera que no ha sido tirado.

VAGABUNDO: Claro.

SEÑORA: A mí sí me han tirado a la calle, ¡a la puta calle!

POLICÍA: Pero usted no es una muñeca. ¡Por favor!, escuchen. Estamos llegando por fin al sujeto de la acción consecuente.

VAGABUNDO: ¿Me da la muñeca o no?

POLICÍA: Les voy a multar por desacato si no me dejen emitir la sentencia del algoritmo. ¡Ya está bien! Si me vuelven a interrumpir les acusaré de sedición y de rebelión contra la autoridad pertinente.

SEÑORA: Será lo que diga el algoritmo. No me lo puedo creer.

POLICÍA: (Enfadado). ¡No me provoque!

SEÑORA: Disculpe, le ruego que me disculpe.

POLICÍA: ¡Silencio! (El vagabundo tita el cigarrillo que ha tenido apagado en su mano. El policía lo mira estupefacto). ¿Qué ha hecho? ¡Ha tirado una colilla al suelo!

VAGABUNDO: No querrá que la tire al contenedor, que se pueda prender, ya sabe que los cigarros los carga el diablo. Fíjese en los incendios que ha habido este verano en los montes por culpa de una colilla.

POLICÍA: Las colillas hay que depositarlas en sus correspondientes papeleras-ceniceros. De-po-si-tar-las. De lo contrario (lee) “todo objeto que se tira se valorará como hecho delictivo por el hecho mismo de tirar”. Tendrá que pagar una multa.

VAGABUNDO: Pero ¿qué dice? Para recoger lo que se tira al suelo están los barrenderos, o si no ¿para que los contrata el ayuntamiento?, ¿Para no hacer nada?, ¿para hacer el vago? ¡Por favor! ¡Ya está bien de pamplinas!

POLICÍA: Lo siento, pero el algoritmo es muy claro. Si no la paga usted me quitan a mí lo correspondiente de su importe del sueldo de fin de mes. No me queda otra opción.

VAGABUNDO: Tengo derecho a recurrir.

POLICÍA: Cierto, vivimos en una sociedad democrática. Deberá de rellenar un impreso y hacer un formulario en la página web del Ministerio correspondiente que estudiará la veracidad o no de su recurso, previo pago de una tasa por usar los servicios públicos de la jurisprudencia administrativa.

VAGABUNDO: Paga más por recurrirla que si acoquino la multa. ¿Se ha vuelto loco?

POLICÍA: Es lo que hay. Los ordenamientos algorítmicos hacen que todo encaje.

VAGABUNDO: ¡Me cago (le interrumpe el policía)!

POLICÍA: ¡Chiiiisss! Le aplicó la mordaza y otra multa al canto.

VAGABUNDO: No hay derecho.

SEÑORA: ¡Claro que no hay derecho, ni derechos!

POLICÍA: (Rellena un papel) Noventa euros. (Da el papel al vagabundo, que lo coge y paga de mala gana).

VAGABUNDO: Me sale cara la muñeca.

POLICÍA: Todavía no hemos llegado a ella, hay un informe resolutivo que voy a aplicar si me lo permiten. (Da unos pasos mientras que lee la tableta). Visto lo visto, leído lo que hemos leído en la aplicación del algoritmo, tal y como viene prescrito por las ordenanzas que establece el estado de derecho y en una sociedad de libre comercio y al amparo de la Constitución que garantiza los derechos humanos y, sobre todo, permite la aplicación de las más altas tecnologías para deliberar cualquier conflicto de intereses, puedo decir y digo, que según establece la causa que nos incumbe y despejadas todas las posibles dudas es claro y notorio que en virtud de la esencia del código administrativo que (interrumpe el vagabundo).

VAGABUNDO: Que (queda expectante).

POLICÍA: Que (silencio). Que dada la circunstancia de estar usted metido en el contenedor y con el reconocimiento de la propiedad privada como derecho fundamental.

VAGABUNDO: (A la señora). ¿Lo ves?

POLICÍA: Es usted (el vagabundo sonríe) propie- (se interrumpe, el vagabundo estira el brazo para que la señora, que acaricia a la muñeca, se la dé). Es usted propiedad de la muñeca.

VAGABUNDO: (Atónito) ¿Qeeeé? (La señora besa a su muñeca).

SEÑORA: (A la muñeca). Mi reina.

POLICÍA: Lo dice el algoritmo. No puedo hacer nada más. Hay que acatar la sentencia, pero no he terminado.

SEÑORA: ¿Hay más? Nunca pensé que una muñeca tuviera tanta importancia. Y más una muñeca rota, sucia y vacía.

POLICÍA: La importancia que le otorgue el algoritmo, señora.

VAGABUNDO: No puede ser. No puede ser.

POLICÍA: (Escribe en la tableta. Lee). “Ser: dícese del más general de los términos. Con la palabra «Ser» se intenta abarcar el ámbito de lo real en sentido ontológico, por lo tanto es la realidad por antonomasia. El Ser es, por lo tanto, un trascendental, aquello que trasciende y rebasa todos los entes”. ¿Se dan cuenta? Estamos ante un hecho trascendental. Y, por lo tanto, y como consecuencia de lo sentenciado es de necesaria aplicación el requerimiento de que, si usted pertenece a la muñeca y ésta es propiedad de quien al contrario de tirar como hecho delictivo, coge, pero so sustrae, sino que recoge y ampara el objeto propietario de usted, es usted una propiedad inalienable de ella (señala a la señora), es decir de la dueña propietaria de la muñeca a quien usted pertenece en virtud de estar en el contenedor al que ella fue echada.

VAGABUNDO: (No sale de su asombro. Está bloqueado mentalmente). ¿Lo dice el algoritmo?

POLICÍA: Sí.

SEÑORA: ¿Y yo para qué quiero a este señor?

POLICÍA: A mí no me diga. Yo he venido a implantar la justicia. Si el algoritmo lo dice es lo que es.

VAGABUNDO: ¿Justicia?

SEÑORA: No tengo nada y ahora he de cargar con un montón de basura y con un señor que está en un contenedor.

VAGABUNDO: Una propiedad privada, señora. Y como tal si no la vendo no puede pasar a otras manos, lo diga el aparatejo ése o lo diga Perico de los palotes.

POLICÍA: Le advierto que se llevará a cabo una expropiación forzosa si no respeta la ley. Es usted quien ha recurrido a ella. ¿De qué se queja? He venido a rescatarle. He puesto a su disposición los más sofisticados sistemas de atención al ciudadano. Debería agradecer todo lo que he realizado por usted.

SEÑORA: ¿No se habrá equivocado ese algoritmo?

POLICÍA: ¡No! Puede ser ampliado, pero el error no cabe en sus resoluciones.

SEÑORA: ¡Pues vaya!

VAGABUNDO: Eso digo yo, ¡pues vaya!

SEÑORA: Yo sólo quiero la muñeca.

VAGABUNDO: Y a mí ¡que me dejen en paz!

POLICÍA: Los dos pueden ganar si convierten la basura en un producto bancario.

VAGABUNDO: ¿No me diga?

POLICÍA: Sí. ¡Cotizaciones de futuros financieros! El Estado necesita comprar en el mercado interior para avalar la deuda. Conviertan su basura en bonos del Estado. Así podrán salir de la pobreza, y usted (al vagabundo) de la basura. Usted (a la señora) con la muñeca en sus brazos. Y usted (al vagabundo), tal elegante crean un clima de confianza para los especuladores.

SEÑORA: ¡Y todo por una muñeca! ¡Es asombroso!

VAGABUNDO: Una muñeca sucia y rota.

SEÑORA: Y vacía.

POLICÍA: Los algoritmos lo resuelven todo.

VAGABUNDO: No parece usted muy rico con tanto algorritmo. (Ríe)

POLICÍA: Mi algoritmo es para que se cumpla la ley. Los hay que sirven para ganar fortunas.

VAGABUNDO: Ya, ya.

SEÑORA: A mí me ha hecho ganar una fortuna (silencio, mientras la miran con extrañeza) de basura.

POLICÍA: Ser dueña de la basura conlleva una responsabilidad.

VAGABUNDO: Pagar los impuestos. Pero no voy a dejar que me quiten mis posesiones tan fácilmente. Aquí sólo quepo yo.

POLICÍA: Esta señora tiene que hacerse cargo de su propiedad.

SEÑORA: ¿Y para qué quiero yo tener esa basura?

POLICÍA: Para cumplir con la ley y ser la dueña.

VAGABUNDO: ¡De eso nada!

POLICÍA: Usted, señora, se tiene que meter en el contenedor.

SEÑORA: ¿Qué? ¡Lo que me faltaba! Ni hablar. ¡No y no!

VAGABUNDO: Para ser rico hay que valer.

POLICÍA: Tiene que hacer la toma de posesión.

VAGABUNDO: Este lugar está ocupado.

POLICÍA: Pues haga un hueco. Hay que repartir.

SEÑORA: ¿Repartir la basura? ¿En qué país vivimos?

POLICÍA: Las cosas son como son. No podemos hacer otra cosa sino cumplir con los algoritmos. La ley es la ley.

SEÑORA: Yo ahí no me meto.

VAGABUNDO: Pues bien que cogiste mi muñeca, la tela y un trozo de pan.

SEÑORA: Tenía hambre. Y siempre hay que hacer remendones a la ropa. Cada vez son más caros los vestidos. Y la muñeca me hizo ilusión. Me dio pena que estuviera en la basura.

VAGABUNDO: ¡Yo también estoy en ella!

SEÑORA: Pero porque quiere.

VAGABUNDO: Porque soy el propietario.

POLICÍA: Era.

VAGABUNDO: Soy. La propiedad es sagrada. Quien la quiera que la compre. Yo quiero ser rico.

SEÑORA: Yo sobrevivir.

VAGABUNDO: Por eso eres pobre, pobre de espíritu.

POLICÍA: Yo soy funcionario.

SEÑORA: (Al policía). Por lo tanto no eres pobre.

VAGABUNDO: Ni rico.

POLICÍA: Soy un servidor público.

SEÑORA: Pues métase en la basura y así inspecciona esa propiedad. Le doy permiso, pero tendrá que hacer un registro y un balance que garantice que las cuentas están en orden. De otra manera me puedo meter en un buen lío

POLICÍA: (Mira el smartphone) Sí.

VAGABUNDO: Aquí no cabe nadie más.

POLICÍA: Hágame un hueco. Efectivamente he de apuntar todo lo que hay dentro. Incluido usted. Hágame sitio que voy a hacer un a lista exhaustiva de todo lo que haya.

VAGABUNDO: Incluida la muñeca.

SEÑORA: Apúntela, pero como es mi basura, la tengo conmigo.

VAGABUNDO: No sabes gestionar todo esto.

SEÑORA: (Irónica) Haré un máster.

POLICÍA: Ayúdeme, que voy a inspeccionar lo que hay dentro. (La señora le pone las manos para que apoye el pie y se introduzca en el contenedor. Se coloca en el interior del mismo. El vagabundo con cara de enfado. El policía cae al fondo. Se levanta). Aquí hay más cosas de las que parece. (Mira lo que hay a su alrededor, dentro del contenedor). Demasiado desorden.

VAGABUNDO: Es el nuevo orden. ¡A nivel mundial! Yo no tengo la culpa.

POLICÍA: (Saca una linterna. Inspecciona el lugar. Se agacha. Cuando se levanta enseña billetes y monedas). ¿Cómo es posible? En el fondo hay billetes. ¡Dinero!

VAGABUNDO: Se ha tirado mucho dinero a la basura. Inversiones tácticas del dinero público estratégico. Para crear empleo.

SEÑORA: Y mientras tanto ¡yo en la puta calle!

POLICÍA: (Lee el smartphone) Ninguna ley prohíbe que haya monedas en el fondo de un contenedor.

VAGABUNDO: No deja de ser un fondo monetario.

SEÑORA: No deja de ser una vergüenza. Por eso es usted rico.

VAGABUNDO: Soy rico porque gestiono bien la basura.

SEÑORA: Ahora es mía, incluido el dinero que haya ahí.

POLICÍA: ¡No! El dinero es del banco. Aquí sólo está depositado. Es un depósito basura.

SEÑORA: ¿La basura?

VAGABUNDO: ¡Con tanto derroche!

SEÑORA: ¡Con tanta pobreza!

POLICÍA: No se queje.

SEÑORA: ¡Ah!, ¿no? No puedo disponer de dinero, la gestión de lo que ahora se supone que es mío tampoco me sirve para nada. ¿Qué me queda? Una muñeca sucia, rota y vacía.

VAGABUNDO: Como las arcas del Estado.

SEÑORA: Pero es que el Estado no come y yo sí. Fíjese por donde. Y necesito vestirme. Y tener un hogar, luz, calor. Un cepillo de dientes, un peine, una sartén.

POLICÍA: No siga, porque al final va a querer tener un yate.

SEÑORA: Lo que yo quiero tener es lo que me corresponde como persona para vivir.

VAGABUNDO: Todo se ha tirado a la basura.

SEÑORA: Hasta esta muñeca.

POLICÍA: (Inspecciona y ojea por dentro en contenedor. Saca un cuadro). ¡Un Picasso!

VAGABUNDO: Si yo le contara.

POLICÍA: ¡Es increíble! Por eso es usted rico.

VAGABUNDO: Aunque no ejerzo. Pero sí.

POLICÍA: Ahora la señora tiene una fortuna.

SEÑORA: Sí, una fortuna de basura.

POLICÍA: Algo es algo.

SEÑORA: Algo es algo, dijo un calvo cuando encontró un peine sin púas.

POLICÍA: Ya sé donde está la cantante calva. (Tira el cuadro al fondo del contenedor y los billetes. Guarda la linterna en el bolsillo).

VAGABUNDO: Algo es algo. ¿Se lo ha dicho ese algorritmo.

SEÑORA: También esta muñeca es calva. La tengo que hacer una peluca.

POLICÍA: Seguro que aquí encuentra una.

VAGABUNDO: ¡Lo que me faltaba!

POLICÍA: No se está tan mal. Una vez que te acostumbras (sonríe).

SEÑORA: Me he acostumbrado a estar en la calle.

POLICÍA: Yo me adapto a todo. Cuando acabe de hacer el inventario saldré para resolver otro algoritmo.

VAGABUNDO: ¿Otro algorritmo?

POLICÍA: Me refiero a intervenir en otro caso, con la ayuda del algoritmo, ¡claro!

SEÑORA: Voy a ver si veo algo que llevar a la boca.

POLICÍA: (Se agacha y se levanta). Aquí hay una hamburguesa. Sólo falta un trozo.

VAGABUNDO: Un bocado.

SELORA: Se me han quitado las ganas de comer. Quiero dar una vuelta.

VAGABUNDO: ¿No se va a hacer cargo de este contenedor?

SEÑORA: No.

VAGABUNDO: ¿Lo ve agente? Que me devuelva la muñeca.

SEÑORA: No.

VAGABUNDO: Lo ve, señor policía. El algorritmo ese no funciona.

POLICÍA: Lo que no funciona son ustedes dos. Aquí tienen comida, un fondo monetario, ¿qué más quieren? Incluso arte, en ruinas, pero arte al fin y al cabo.

SEÑORA: ¿Que qué más queremos?

VAGABUNDO: Gente que lo compre.

SEÑORA: O personas que se vendan, ¿verdad?

VAGABUNDO: No meta la política de por medio.

POLICÍA: (Ha inspeccionado con la mirada). Aquí está todo en orden. Bueno, en desorden, pero ordenadamente. (A la señora). Si usted no se hace cargo de la basura deberá devolver la muñeca a su legítimo dueño.

SEÑORA: Esto es de risa.

POLICÍA: No señora. Es muy serio.

VAGABUNDO: Lo que es de risa es que usted no saque su pistola y le obligue a devolver lo que no es suyo.

POLICÍA: Es como las crisis: Hay que buscar una solución. Pero sin solucionar nada. Queda una propuesta por experimentar.

SEÑORA: ¿Cuál?

POLICÍA: Que todo vuelva a su sitio. Deje aquí la muñeca y siga su camino. (Al vagabundo). Usted no se mueva de este lugar.

SEÑORA: Y ¡asunto resuelto! ;i problema es que estoy en la calle, que no tengo adonde ir.

POLICÍA: La calle es muy grande. Puede recorrer una por una. ¿Qué más quiere? (La señora le mira con gesto de anonadada).

VAGABUNDO: A mí me gustaría volver a mi casa.

POLICÍA: ¿Qué casa?, ¡ya no existen!, pertenecen al patrimonio de inversiones. les confesaré algo.

SEÑORA: ¿Qué?

POLICÍA: Vivo en un cuartel. En un cuartel de policías, hacinado con otros compañeros y compañeras.

VAGABUNDO: ¿Cómo que no existe mi casa? La abandoné hasta poder volver a ella.

POLICÍA: Por aquí (señala el fondo del contenedor) estarán los restos. Fueron expropiadas para pagar la deuda.

VAGABUNDO: ¿Qué deuda?

POLICÍA: La deuda. Al menos quedaron en pie los bancos. Algo es algo. Ahora son museos del dinero. Y las instituciones sus sucursales.

SEÑORA: Ahora es usted el que se mete en política.

POLICÍA: No, no, no. Me ciño a constatar la realidad. Nada más.

VAGABUNDO: Pues constátela y ¡váyase!

POLICÍA: Me quedaré vigilando.

VAGABUNDO: ¿El qué?

POLICÍA: La realidad. (El vagabundo y la señora se miran).

SEÑORA: Ahí se quedan. (Se da la vuelta, da unos pasos, hasta que se oyen dos disparos al aire).

VAGABUNDO: ¡Alto en nombre de la ley! (Tiene la pistola que ha quitado al policía de sus manos).

POLICÍA: En nombre de la ley ¡no!

VAGABUNDO: En nombre de la propiedad privada. ¡Esa es la ley!

POLICÍA: Carece de potestad para requisar mi arma.

VAGABUNDO: La he privatizado. ¿No lo ve? ¿Ahora quién manda? Pregúnteselo al algorritmo. (Ríe). ¡Alto o disparo! (a la señora), acérquese con las manos arriba. (La señora se da la vuelta, se asusta, levanta los brazos. Con una mano sujeta la muñeca). Acércate, mu-ñe-ca.

POLICÍA: Voy a hacer el inventario. Si no tengo pistola no puedo hacer otra cosa. (Se agacha, desaparece).

VAGABUNDO: Ahora estamos solos frente a frente, muñeca. (Estira la mano para que le de la muñeca sin dejar de apuntar a la señora).

SEÑORA: (Va a entregarle la muñeca, pero cuando el vagabundo se confía le da un golpe en la mano). ¡Sinvergüenza! (Al vagabundo, al ir a agarrar la muñeca, se le cae la pistola al fondo del contenedor). ¡Canalla!

VAGABUNDO: ¡Ladrona! (Pugnan por la muñeca tirando ambos de ella).

VAGABUNDO: ¡Pobre!

SEÑORA: ¡Asqueroso!, ¡cerdo!

VAGABUNDO: ¡Guarra!, ¡robamuñecas!, ¡sacamantecas!

SEÑORA: ¡Desalmado!

(La muñeca cae el afondo del contenedor. Los dos callan, quedan paralizados. Se levanta el policía. En una mano porta la pistola, en la otra la muñeca. Mira a uno y a la otra con gesto adusto).

POLICÍA: Llegados a este punto les voy a detener. ¡A los dos!

SEÑORA: Me ha apuntado con la pistola.

POLICÍA: La basura es mía.

SEÑORA: ¿Y la muñeca?

POLICÍA: Es basura.

VAGABUNDO: Esto es un abuso de autoridad.

POLICÍA: Vosotros sois basura y vais a meteros aquí. ¡Ambos!

SEÑORA: ¿En qué algoritmo viene que puede hacer eso?

POLICÍA: (Tira la muñeca al suelo, fuera del contenedor. Guarda la pistola en la correa del cinto. Saca el smartphone del bolsillo, lo mira y teclea. Lee). “En circunstancias especiales actúe por su cuenta”. Así es que usted (señala al vagabundo) y usted (señala a la señora) se van a quedar conmigo en la basura. Les pienso vigilar de cerca.

VAGABUNDO: Es un espacio muy pequeño.

POLICÍA: No importa. Hay de todo. Podremos sobrevivir. Es cuestión de apretarse el cinturón. hay que acostumbrarse a los recortes y a las medidas de ahorro. La gente no para de tirar cosas.

VAGABUNDO: Países enteros. Lo mismo hay alguno por ahí en el fondo.

POLICÍA: Así podremos viajar.

VAGABUNDO: Dirá emigrar.

POLICÍA: Digo viajar.

SEÑORA: No sé adónde.

POLICÍA: Al fondo del contenedor. Es un pozo sin fondo.

VAGABUNDO: No hay fondos.

POLICÍA: Al fin y al cabo ustedes están en deuda conmigo. Les dejo estar aquí.

SEÑORA: Que amable.

VAGABUNDO: Entonces será una propiedad pública, si es que usted se hace cargo.

POLICÍA: Basura. Simplemente basura. Cuando se recicle ya veremos.

VAGABUNDO: La venderá a un fondo de inversión y nos echará de aquí.

POLICÍA: Señora (hace una especie de reverencia invitándola a entrar).

SEÑORA: Tengo una curiosidad. Antes de meterme ahí. ¿Qué dice el algoritmo de la pobreza? ¡Dará alguna solución!

POLICÍA: (Mira el smartphone, teclea, busca con la vista). Aquí está (lee): “Comunistas, maleantes, vagos, malhechores, renta básica, culpables de las crisis, limosna, sucio, molestos. Basura”. (La señora le mira asombrada).

SEÑORA: ¡Caramba! ¿Quién ha programado ese algoritmo?

POLICÍA: La inteligencia artificial. Funciona por sí misma.

SEÑORA: (Con ironía). Muy inteligente, sí señor, una inteligencia sobrenatural.

VAGABUNDO: ¿Y de la gente rica?

POLICÍA: (Consulta el smartphone. Lee). “Persona adinerada, millonaria, rebosante, establecida, acoplada, alguien potentado. (Silencio). Basura.

VAGABUNDO: (Con cara de asco). ¿Seguro?

POLICÍA: Seguro. (Relee la pantalla del smartphone).

VAGABUNDO: Muy inteligente esa maquinita Y muy artificial. Y ¿qué dice la inteligencia natural?

POLICÍA: (Se encoge de hombros). No sé. No es de mi incumbencia.

SEÑORA: ¿No sabe por sí mismo?

POLICÍA: Leo los algoritmos. Yo cumplo con mi obligación. Todo por la patria. Ahora ustedes tendrán que acoplarse y convivir. Les acompañaré una temporada.

VAGABUNDO: En nuestra patria.

POLICÍA: Sí. ¡Claro! Luego, cuando se hayan asentado, me iré.

VAGABUNDO: Vaya un patriota que se va de la madre patria.

POLICÍA: Me voy de aquí. Este es su territorio. Hay otros contenedores a los que también me debo. Todos tienen que estar en orden. Y las calles limpias. (Se agacha y vuelve a coger la pistola. Apunta con ella a la señora). Señora, por favor, entre.

SEÑORA: Las calles quedarán vacías.

POLICÍA: ¡Mejor!, así no estarán sucias.

VAGABUNDO: Como esa muñeca, (la mira caída en el suelo) que ¡por fin! vuelve a su hogar.

SEÑORA: Sucias, rotas, vacías. ¡No se ve a nadie! (Mira a un lado y a otro).

POLICÍA: Eso quiere decir que todo está en orden. ¡Los algoritmos funcionan!

VAGABUNDO: ¿Funciona? ¡Mire!, (señala a la muñeca que está en el suelo). Tirada en el suelo.

POLICÍA: ¿Ven lo que son los conflictos? (A la señora). Yodo se desmorona. Coja esa muñeca y venga adentro. (La señora se acerca despacio a la muñeca, la coge).

SEÑORA: Está rota.

VAGABUNDO: ¡Y sucia!

SEÑORA: Y vacía. (Pone el oído en ella). No dice nada. (La mece en sus brazos, susurra una nana). Nadie dice nada.

VAGABUNDO: ¡Mejor!

POLICÍA: Eso es que reina el orden.

SEÑORA: (Mira a la muñeca). Duerme. ¡Todos duermen! (Da unos pasos mientras que mece y canta a la muñeca).

VAGABUNDO: Señora, (la invita elegantemente a entrar) cuando quiera puede alojarse, con la muñeca, que vuelve a su lugar de origen. Podrá mendigar dos horas a la semana. El alquiler no es caro en este lugar.

SEÑORA: (Cantando, mece a la muñeca en sus brazos). “Duerme, duerme, duérmete ya”.

POLICÍA: No olviden pagar los impuestos. Hacen falta para el bien de todas las personas.

VAGABUNDO: Yo quiero un hospital privado, no quiero mezclarme con la chusma. Aunque ahora la tenga que aguantar. pero yo tendré mi parte para mí. De lo contrario sería una invasión.

SEÑORA: (Cantando, mece a la muñeca en sus brazos). “Duerme, duerme, duérmete ya”. (Se coloca junto al contenedor).

POLICÍA: ¡Misión cumplida! (Guarda su smartphone en el bolsillo. Levanta la mano con la que vuelve a empuñar otra vez la pistola). ¡Todo el mundo a la basura! (Sonríe). ¡Vigilaré las calles para que no haya desórdenes públicos!

VAGABUNDO: Eso nos dará confianza para invertir y la basura crecerá. (El policía baja el brazo) Cada persona podrá vivir en su contenedor. En lugar de uno tendré dos, tres, ¡cuatro! y los alquilaré. El mío podrá ser más grande. De momento mi espacio dentro de él ha de ser el doble al de la señora.

SEÑORA: (Cantando, mece a la muñeca en sus brazos). “Duerme, duerme, duérmete ya”.

POLICÍA: ¡Señora!, dese prisa. Tengo más algoritmos que resolver. (La señora canturrea a la muñeca). Y si alguno fallara alguna vez, queda (mira la pistola que la coloca a la altura de sus ojos).

VAGABUNDO: ¡Venga!, que con tanto ajetreo no he rentabilizado mi propiedad. Voy a cotizar en la bolsa de la basura.

POLICÍA: Si hay estabilidad hay negocio. Así es que, señora, ¡venga! (Saluda al vagabundo con la punta de los dedos en la sien).

VAGABUNDO: Gracias agente. ¡Viva la autoridad! (Se agacha y coge una bacinilla, que da al policía).

POLICÍA: No, no, gracias. No quiero que se pueda ver como un soborno.

VAGABUNDO: Seguro que hoy sube la bolsa. La economía financiera está por los aires. ¡Respiren, respiren! ¡Qué maravilla!

SEÑORA: (Canturrea). “Duerme, duerme, duérmete ya”.

VAGABUNDO: Es un premio merecido. Digamos que una compensación.

POLICÍA: En ese caso (sonríe y coge la bacinilla). Señora, cuando quiera (vuelve a hacer una reverencia). Está usted en su casa. (La señora le mira). Hogar dulce hogar.

VAGABUNDO: Ahí (señala un extremo del contenedor) tiene su rincón.

(La señora, con rabia, coge la tapa del contenedor y cierra con fuerza).

VOCES: ¿Qué hace? ¡Señora!, ¡ladrona!, ¡terrorista! ¡Abra en nombre de la autoridad! (La señora se sube a la tapa y se sienta en ella con la muñeca en su regazo y la mece). ¡Me veré obligado a actuar! ¡Devuélvame la muñeca! ¿Qué dice el algoritmo? No lo veo, ¡se me ha caído! ¡Señoraaa! ¡Un fajo de billetes! ¿Cómo lo sabe? Lo reconozco con los ojos cerrados. Alguien lo habrá tirado. Como tantos otros para crear empleo. Lo tiene que declarar. Primero lo voy a contar. ¡Abra la puerta! ¡Soy millonario! Se lo requiso. ¡Una mierda! No veo nada. No me pise. Deme esos billetes. ¿Dónde está el algoritmo?. Se ha perdido en el fondo.

SEÑORA: (Canta a la muñeca) “En el fondo del mar, matarile, rile rile…”.

(Se oye ruido de objetos que chocan unos con otros, de golpes a las paredes. Suena un disparo. Silencio).

SEÑORA: (Lentamente levanta la muñeca, rota, sucia y vacía, hasta colocarla a la altura de su rostro. Sonríe). Despierta, ¡despierta!

– FIN –

Si quieres ejercer el mecenazgo con mi labor de escribir, he aquí una manera sencilla. Gracias:
paypal

Anuncios