Jesús, Zaratustra y yo

Personajes:

Peluquero
Sr. calvo
Asesora
La fea
La guapa
Milingo
Fotógrafo
Policçía 1
Policía 2
Jesús
Zaratustra
Autor 

ACTO I 

Escena primera 

(En la sala de una peluquería de varones el peluquero lee un periódico sentado en una silla. Pasa varias hojas.) 

PELUQUERO: ¡Ja! Una paga sin trabajar. ¡Ja!. Hoy todo es posible. Puede que semejante chorrada acabe siendo una realidad. Hoy ¡nada de ir a la mili! Y para eso me pasé yo año y medio escornándome. ¡Ja! Se acabó. ¡Zona peatonal!, una pijada de los ecologistas. ¡Ja! ahí la tenemos. (Se levanta. Se asoma a la calle) Ni un coche. Será cuestión de esperar. (Se sienta. Deja el periódico en el revistero). Días, meses, años aquí metido para que ahora paguen a todo bicho viviente por no hacer nada. ¡Ja! (Se queda pensativo) ¡Si he tenido que pagar de mi bolsillo para mantener vivo el negocio! Paga el alquiler del local, paga la luz, impuestos municipales, autónomos,  a poner la pasta por módulo. Y ¿para qué? para pagar la hipoteca del piso, la letra del coche, los intereses de la tarjeta visa. Ahora no hago nada ¡y ten!. Aquí pasa algo. ¿Mentira? No es veintiocho de Diciembre. ¿Una mentira piadosa? (Coge de nuevo el periódico) ¡Ah! Para sobrevivir. O sea, para ser un mendigo. Un mendigo digno, o sea: constitucional. Luego hay que seguir en el tajo. ¿Quién paga las copas? La gasolina, el viaje al Caribe, la sauna en el cuarto de baño (bosteza) ¡Calidad de vida!. Si dejan de venir clientes tendré para un mendrugo de pan y un cobertizo. (Pasa las hojas del periódico) El Atlético de  Madrid cambia otra vez de división. ¡Qué putada! No hay manera. Y no puedo dejar de ser seguidor del atlético porque sería un tránsfuga del honor.  (Se levanta) Cada vez que lo pienso (piensa) ¿Por qué soy de este equipo? Cuando fui hincha clavé la navaja a un catalán por defender los colores de mi camiseta. Me he desgañitado. ¡La juventud! divino tesoro. A pagar la entrada un domingo sí y otro también, viajando con la peña. Una afición hay que tener.  Soy lo que soy. Y ahora va y mi querido equipo pierde un partido tras otro. (Pasa las hojas hacia atrás) Esto, lo otro (murmura) Lo de siempre. (Abre la penúltima página) Entrevista con la Rociíto (Lee. Mira la contra portada) ¿A quién echaremos del Gran Hermano? Todo el mundo critica el programa, pero es de lo más democrático. No hacen nada y ¡a ganar dinero! Si me pagan por no trabajar ¿dejo de cortar el pelo o de ver la tele? (Se ríe con una carcajada. Lee en silencio) 

Escena segunda 

(Entra un señor con la cabeza completamente rapada

CALVO: Buenos días. (El peluquero sigue con su lectura) ¡Buenos días!

PELUQUERO: (Se levanta sobresaltado) ¡Buenos días! (deja el periódico) ¡El mundo se ha vuelto loco! Después de pagar mil millones por Fito, ahora va y se rompe una pierna.

CALVO: ¿Y cuándo no lo ha estado? (Se sienta en el sillón rotatorio)

PELUQUERO: ¿Usted dirá? ¿Afeitado en seco, a navaja, masaje facial?

CALVO: No, no estoy para esos lujos. Córteme el pelo.

PELUQUERO: ¿Cuál? Aquí no hay ni un pelo.

CALVO: ¡Pues haga que corta! Yo que quiere que le diga. Es su trabajo. A usted le pagan por cortar el pelo, ¿no?.

PELUQUERO: ¡Venga hombre!

CALVO: Que sí. Sí. (El peluquero se encoge de hombros) No piense que estoy “p´allá”. Y menos cuando le diga que quiero que me corte el pelo dos veces.

PELUQUERO: ¡Dos veces!

CALVO: Sí, seguidas. (El peluquero apoya una mano en la pared. Mira a su cliente atentamente) Primero me tocó un vale para un corte de pelo gratuito en una lata de foigras.

PELUQUERO: ¡Ah!

CALVO: Luego encontré otro igual en las páginas amarillas. ¡Y aquí me tiene!

PELUQUERO: La próxima vez pondré que para quien tenga pelo.

CALVO: ¡Ah!, no. Por ahí no paso. Eso sería discriminación.

PELUQUERO: No se ponga así.

CALVO: Cumpla con su obligación. Me ahorro de venir dos veces y aprovecho lo que me ha tocado. ¡Es mío!

PELUQUERO: Claro, claro. (Coge las tijeras y el peine. Hace que le corta el pelo) ¿El vale del foigras a mí quien me lo paga?

CALVO:  En el comercio Azul de la calle Batanzos.

PELUQUERO: ¡Qué bien!. Me lo podría dar sin necesidad de cortar nada. Al fin y al cabo.

CALVO: ¡Uy! que va. ¡Ni hablar! Eso sería un acto de corrupción. Aquí lo dice claramente (saca un papel del bolsillo. Lee) “vale por un corte de pelo. Dice “por un corte”, no “por cortar”. La ley es la ley.

PELUQUERO: ¡Ah!.

CALVO: No te pido nada malo, ¿no?

PELUQUERO: Malo (silencio) no. Bueno (silencio) pues ¡bueno!
 

 Escena tercera 

(Entra el de la peluca

EL DE LA PELUCA: Buenos días.

PELUQUERO: ¿Buenos o malos?

EL DE LA PELUCA: (Mira por la puerta) Ni buenos ni malos. Tengámoslos  en paz. O sea “buenos días”.  O sea, que Dios reparta suerte.

PELUQUERO: ¡Suerte y al toro!

CALVO: Entonces ya no es tanta paz. La suerte toca o no toca. Y el toro no digamos. O sabes torear o “Manolete si no sabes torear a que te metes”.

EL DE LA PELUCA: ¡Tengamos la fiesta en paz!

PELUQUERO: Dígaselo usted a los judíos y palestinos.

EL DE LA PELUCA:  Y al vecino del quinto. El es del Barcelona y yo del Real Madrid. Por tal motivo no nos podemos ni ver. No se pone el ascensor, no se arregla la barandilla. Si yo digo sí, él dice no. Si él dice arre, yo so. Pero que se joda. ¿Para qué tiene que ser del Barcelona? Es completamente absurdo.

PELUQUERO: Parece que el Real Madrid ha pinchado en esta liga.

EL DE LA PELUCA: Pero es el mejor. Se mire por donde se mire es el campeón. ¿Quién puede ser tan gilipollas para ser del  Atlético de Madrid?. Pues eso, un gilipollas. (El peluquero carraspea)

CALVO: Yo no soy de ningún equipo. (El peluquero sigue cortando el pelo. Silba) Si quiere ya puede dejarlo. No quiero hacer esperar a este señor.

PELUQUERO: Ni hablar. Un corte de pelo es un corte de pelo.

CALVO: ¡Ah!

EL DE LA PELUCA: (Mira extrañado. Se sienta en una silla) Prisa no tengo. Pero (se calla)

CALVO: ¿Pero qué?

EL DE LA PELUCA: Que me parecer un poco extraño ese corte de pelo.

CALVO: ¡Oiga que es mi cabeza! En mi culo y mi ceranda nadie manda. Excepto yo, ¡claro!

EL DE LA PELUCA: No, si les juro que no me meto con usted. Cada uno es muy libre. (El peluquero le mira) Ni con usted, ¡Dios me libre! Es la situación la que me parece extraña. Usted hace que corta el pelo, por lo que veo.

CALVO:  ¡Ojo! ¡que lo pago peseta a peseta!.

PELUQUERO: El trabajo es el trabajo.

EL DE LA PELUCA: Yo no digo nada. Cada cual que haga lo que quiera.

PELUQUERO: cortar el pelo es una obra de arte. ¡Y éste corte más todavía!

EL DE LA PELUCA: ¿Más?

PELUQUERO: Sí. Es inmaterial.

CALVO: ¡Coño! No se me había ocurrido. Lo voy a patentar.

PELUQUERO: Cuidadito, que lo que es arte es el corte.

EL DE LA PELUCA: Ahora se llama arte a cualquier cosa, hasta cagar. Eso sí, si se hace delante de una cámara de televisión. Además de ser arte pagan millones.

CALVO: Si yo me pongo perejil  en la oreja y un limón en la cocorota me pagan por decir que tengo un perro teñido de rosa. Me echaron del coro del colegio. Pues, si con mi calva enseño el culo, me colocan en los cuarenta principales.

PELUQUERO:  Yo mismo si además de cortar el pelo adivino el futuro y meo en la acera me pagan el doble. Aunque no acierte las predicciones. Lo que pasa es que para ser artista hay que valer.

EL DE LA PELUCA: ¡Qué va! El valor no lo da el arte. Lo patrocina el dinero, entiéndase lo pone.

CALVO: Eso si que es arte. ¡Saber vivir!

EL DE LA PELUCA: Y lo es. Escupes en un lienzo, lo pisas, pones la mano encima y lo rodeas de un marco, puede que alguien lo tire a la basura.

PELUQUERO: ¡Hombre claro! (sigue “cortando el pelo”)

EL DE LA PELUCA: Hombre claro, no. Ni mucho menos. ¿Si te bajas los pantalones para hacer lo que haces en el trabajo puedes pasar por ser un loco?

PELUQUERO: ¡Claro!

EL DE LA PELUCA: Claro no. ¡No! Porque si viene alguien con una cámara y sale en la tele con un locutor que diga “este señor es un genio, arregla el pelo y el inconsciente: técnica de Freud aplicada al cuero cabelludo”. Vendrían gente de todas las partes del mundo. Te llamarían el rey de la moda. ¿No ves los museos de arte contemporáneo? Los cuadros que Picasso tiró a la papelera se exponen en los museos. Con los que se limpió el culo se cotizan a precio de Rotschild. La banca compra el arte. El dinero dice lo que vale y lo que no vale. Hoy el arte es la fama.

PELUQUERO: Claro.

EL DE LA PELUCA: Claro que sí. Cobrarías a millón el corte. ¡Y una muchedumbre esperando su turno para que hagas tus florituras!

PELUQUERO: Eso también es política.

CALVO (Se ríe) ¡Con los pantalones bajados! Que risa.

PELUQUERO: Eso no es para mí. Me gustaría ser rico, pero no rico rico. Lo suficiente para vivir bien.

EL DE LA PELUCA: Ser rico rico ¿tiene algo de malo?

PELUQUERO: Malo malo, no.

EL DE LA PELUCA: ¡Ah!

PELUQUERO: ¡Esto ya está! (Mira la calva como si fuera un cuadro. Enseña al cliente diferentes visiones de su cabeza con un espejo pequeño)

CALVO: Muy bien. (Se levanta. Le da una tarjeta) Ahí tiene. Ya sabe como cobrarlo.

EL DE LA PELUCA: (Se sienta en el sillón rotatorio) Córteme el pito, por favor. (Se baja la bragueta)

PELUQUERO: (Tose) ¿Cómo dice?

EL DE LA PELUCA: Que me corte el pito. La pilila. (El calvo que estaba saliendo del local retrocede. Mira asustado al que le ha sustituido en el sillón. El peluquero pone los ojos como platos) ¡La polla!

PELUQUERO: ¡No!. Yo soy peluquero.

EL DE LA PELUCA: ¿Tiene algo de malo?

PELUQUERO: ¡Hombre!

CALVO: Mientras que no se la quiera cortar a los demás (Silencio. Se coloca las manos delante del pantalón a la altura del miembro viril) es problema suyo.

PELUQUERO: ¡Y mío! . Soy un profesional. Yo corto el pelo.

EL DE LA PELUCA: ¿No ve que eso es absurdo?

PELUQUERO: ¿Absurdo? ¡Oiga no querrá volverme loco!

CALVO: Loco no, pero a ver si se moderniza. ¿No estamos con la liberalización de las empresas?

PELUQUERO: Yo soy un empresario.

EL DE LA PELUCA: Yo me quiero liberar.

PELUQUERO: No puedo. No puedo y no puedo. Lo siento.

EL DE LA PELUCA: Lo que no puede es cortarme el pelo.

PELUQUERO: ¡Vaya!

EL DE LA PELUCA: ¡Voila! ( Se separa la peluca. El calvo se ríe)

PELUQUERO: ¡Vaya!

EL DE LA PELUCA: ¡Je! ¡je! Te la he dado bien dada.

PELUQUERO: Esto sí que es arte abstracto.

EL DE LA PELUCA: ¿Me vas a cortar el pito o no?

PELUQUERO: No puedo.

EL DE LA PELUCA: ¡Cómo! ¿y mi libertad?

CALVO: (Al peluquero) Este quiere vender una exclusiva.

EL DE LA PELUCA: ¡De eso nada! Máxima discreción. Estoy harto de buscar trabajo.

PELUQUERO: ¿De buscar trabajo?

CALVO: Este lugar no es el INEM.

EL DE LA PELUCA: He querido ir a lo seguro.

CALVO: ¡Oposiciones! (El peluquero trata de cazar moscas con las tijeras)

EL DE LA PELUCA: ¡No!. Fui al hospital para que me sacasen los ojos. De esa manera tendría trabajo seguro vendiendo lotería.

PELUQUERO: ¡Qué barbaridad!

EL DE LA PELUCA: Eso es buscar empleo. ¡Ay, si yo fuera Ministro de Trabajo!

CALVO: Tiene su lógica.

EL DE LA PELUCA: ¡Lógico! Pero los médicos se negaron porque tal operación no la cubre la Seguridad Social.

PELUQUERO: Vaya a una clínica privada.

EL DE LA PELUCA: Esas son la de Dios. Pagué una fortuna. Me anestesiaron y me cegaron el ojo.

CALVO: No se nota.

EL DE LA PELUCA: ¡El del culo.!

PELUQUERO: ¡Ah!. Dentro de lo que cabe. (Mira al calvo con cara de asombro)

CALVO:  También tiene su lógica

EL DE LA PELUCA: Tuve que volver a pagar para que deshicieran el desaguisado.

PELUQUERO: Pues de aquí ya se puede ir. Así no le cobro ni antes ni después de cortarle el pito.

EL DE LA PELUCA: Lo voy a congelar. Le contaré la razón. Tengo dos carreras universitarias. Una de letras, Pedagogía, y otra de ciencias, Biológicas. Además una tercera de teología. Sé latín. Se lo digo para que vea que tengo sobrados fundamentos  y conocimientos. Soy una persona muy formada para tomar una decisión tan trascendente.  Podría decir, con conocimiento de causa, que si tu mano te hace pecar córtatela.

PELUQUERO: Me deja usted apabullado.

CALVO: ¿Tanto estudiar?

EL DE LA PELUCA: Sé muy bien lo que digo. Mi padre me dejó una buena herencia. Sí señor. (Se acerca a los dos para hablar confidencialmente)

CALVO: Cuente, cuente. Me tengo que ir.

PELUQUERO: ¡Venga!, quiero saber que hago con estas tijeras. ¡Son un puñal de Sakespeare (apunta a su corazón) o unas alas de mariposa (las hace revolotear)

EL DE LA PELUCA: O una censura.

PELUQUERO: No soy tan importante.

EL DE LA PELUCA: A mí me censura. Atenta contra mi libertad si no me corta el pito.

PELUQUERO: Dicho así (se queda pensativo)

CALVO: Una lógica aplastante. Pura ciencia. Hombre conspicuo, ilustre y además ínclito.

PELUQUERO: Explíquese. Su discurso tiene enjundia. Comenzó siendo un disparate.

CALVO: Y tiene su lógica, tiene su lógica.

EL DE LA PELUCA: Quiero ser santo. Por una parte. Por otra no me como un rosco. Luego es evidente que es mejor cortarse el pito. Pero hay más.

CALVO: ¿Más?

PELUQUERO: Explíquese.

EL DE LA PELUCA: Los anuncios de la tele, los carteles de las calles son provocativos en ese sentido, ya me entienden. Ponen cachondo al espectador y a  los viandante. No paro de comprar cosas. ¡Me voy a arruinar como siga así! Ves una tía buena y al lado un coche. Ya que no me llevo a la chavala, por lo menos el coche. Lo mismo con un perfume, un helado, una cerveza y hasta un cepillo de dientes.

CALVO: Elemental. Parece usted un revolucionario.

EL DE LA PELUCA: De la nueva era. Soy así.

PELUQUERO: El asunto tiene mucho contenido No sé muy bien de qué, pero sé que lo tiene.

EL DE LA PELUCA: Próximamente me voy a casar.

PELUQUERO: (Salta de asombro) ¡A casar! Y quiere (le interrumpe el de la peluca)

EL DE LA PELUCA: ¿Tengo pelo?

CALVO: No. Como yo.

EL DE LA PELUCA: Sí. Lo llevo puesto. Esta peluca es de mi propiedad. Este pelo lo he comprado (sostiene la peluca en la mano), luego tengo pelo. Las cosas no son lo que aparentan ser.

PELUQUERO: Impresionante. Pormenorice, por favor. El asunto se las trae.

EL DE LA PELUCA: Voy a una agencia matrimonial. Tengo que elegir a mi futura esposa. No quiero tomar una decisión tan crucial con el pito. Sino pensarla con la cabeza y el corazón puro.

CALVO: ¡Puf!

PELUQUERO: Lo congelas ¿y luego?

EL DE LA PELUCA: Luego Dios dirá.

CALVO: ¿Por qué no se hace travestí?

EL DE LA PELUCA: Soy natural. Soy un varón y reivindico mi derecho a existir y ser tolerado como varón sin pito.

CALVO: No es cierto.

EL DE LA PELUCA: De acuerdo, con pito, porque sigue siendo de mi propiedad, no lo voy a regalar, pero congelado.

PELUQUERO: En una peluquería no se puede castrar a nadie. Lo siento mucho. Muy distinguida su prosapia, pero aquí no se puede hacer.

EL DE LA PELUCA: Sí. Es una cuestión de cortar. Sé que aguanto el dolor unos segundos y coagula la sangre.

PELUQUERO: ¿Y mientras tanto? Salpica todo el suelo.

EL DE LA PELUCA: Se limpia con una  fregona. También los pelos manchan.

CALVO: Yo no he manchado ni un milímetro.

PELUQUERO: Lo que me solicita es un delito. Me pueden llevar a la cárcel.

EL DE LA PELUCA: ¿Por fregar?

PELUQUERO: No. Por lo que indica la ley.

CALVO: La ley es la ley.

PELUQUERO: Al ser su santa voluntad y vivir en una sociedad de libre mercado le puedo cortar el pito. Hasta ahí de acuerdo. Si viviésemos en una sociedad comunista la decisión es del Estado.  Con los comunistas o todos con pito o todos sin pito.  En nuestra sociedad, libre y democrática,  cada individuo hace lo que quiere.

EL DE LA PELUCA: ¡Lo ha entendido! (Se levanta y besa en la mejilla al peluquero. Se vuelve a sentar)

PELUQUERO: Pero para hacerlo usted tiene que sacar el pilindrín. Y eso es delito. La ley es la ley, de la misma manera que el pito es el pito. Al enseñar su colgadura viril comete exhibicionismo, lo cual no está permitido por la Constitución. Otra cosa es que sucediera a través de una pantalla, en cuyo caso queda permitido por la libertad de expresión. Pero así, como usted quiere, no.

CALVO: Elemental Es lógica pura.

EL DE LA PELUCA: Entonces ¿qué hago?

PELUQUERO: Afronte la realidad. Decida qué hacer con personalidad.

CALVO: O sea con pito.

EL DE LA PELUCA: Y con peluca. (Se coloca la peluca en la cabeza. Se levanta y se va con el calvo. Éste se despide del peluquero dándole un par de besos en las mejillas. El de la peluca le da la mano. El peluquero se sienta. Coge el periódico para leerlo. Gesticula sobre el horror de las noticias que lee.) 

                                               Fin del acto I

 ACTO II 

(Un despacho. Una mesa. Dos sillas a cada lado) 

Escena cuarta 

ASESORA: (Lee un informe. Se quita las gafas) He leído muy atentamente su solicitud.

EL DE LA PELUCA: ¿Qué tal? ¿Qué tal? ¿Hay algo para mí?. (Muestra cierto nerviosismo)

ASESORA: Algo no.

EL DE LA PELUCA: ¿No?

ASESORA: Alguien. “Al-guien”. Para esta agencia el uso del lenguaje es muy importante. Las expresiones son el álgebra de una buena relación.

EL DE LA PELUCA: ¡Ah!

ASESORA: No es lo mismo braga que muda, ni braga que braguita. No es lo mismo follar que hacer el amor.

EL DE LA PELUCA: ¡Ah! ¿no?

ASESORA: Es lo mismo, pero diferente. Ya sabe. El pudor, la costumbre. Es muy importante cultivar la elegancia en el lenguaje.

EL DE LA PELUCA: Tiene usted razón. Mucha razón.

ASESORA: Son muchos años de experiencia. A todos los hombres les gusta, digámoslo  a lo bruto, meter mano a las mujeres.

EL DE LA PELUCA: Indudablemente. Si tienen pito sí.

ASESORA ¿Cómo dice?

EL DE LA PELUCA: Nada, nada.

ASESORA: Vamos a hacer un experimento. Mi trabajo se basa en datos científicos. No basta con hacer un test y ya está. (Se levanta. Viste con una minifalda) Diga que me quiere meter mano.

EL DE LA PELUCA: Bueno yo (se muestra tímido) Mire es que llevo peluca. (Se la enseña con la mano)

ASESORA: (Se la coloca otra vez  sobre la cabeza) Lo sé. He leído el informe. Se trata de probar lo que le digo. Esta asesoría, le repito, es científica.

EL DE LA PELUCA: El amor (silencio) ¡Busco el amor!

ASESORA: ¡Por favor!

EL DE LA PELUCA: Vengo a buscar el verdadero amor. El amor de mi vida.

ASESORA: Y yo se lo voy a ofrecer, pero quiero que aprenda algo que es vital para usted. Le presentaré a su media naranja. Lo ve. Si le dijese: “le ofrezco”, pensaría que va a ver ganado. No es eso. Usted debería decir “c´est l´amour”. Así comienza el verdadero amor.

EL DE LA PELUCA: “es lamur”

ASESORA : Bièn, c´est diferent. Vous compredret.

EL DE LA PELUCA: Ya entiendo.

ASESORA: Veámoslo.

EL DE LA PELUCA: Cést vous trés jolie.

ASESORA: No, no. Esa expresión es mejor en español. Es más donjuanesca.

EL DE LA PELUCA: Es usted, señorita, de belleza sublime, insuperable. (Mira a la asesora con deseo) ¡Fantástica!

ASESORA: ¿Y ahora?

EL DE LA PELUCA: ¿Le importa que le meta mano? (Acerca la mano al muslo de la asesora, la cual le responde con un bofetón) ¡Pero bueno, ha sido usted quien  me incita!

ASESORA: Forma parte de la lección. Nuestro éxito se basa en potenciar el tacto. A ese sentido todavía no llega internet.  Es la oferta comercial de esta empresa. Perdón, oferta humana.  De esta manera somos más competitivos.  O sea más humanos. ¿Va entendiendo la cuestión?

EL DE LA PELUCA: Sí, sí.

ASESORA: Si Sakespeare hubiera hecho decir a Hamlet: “me pica el culo y no sé si arrascármelo o no, por mi abolengo”, no habría pasado a la posteridad. Le hizo decir: “Ser o no ser” Ahí está el dilema. O es usted elegante, digamos comercial, vendible, o no lo es. Usted es un producto y tiene que venderse sin complejos. Sin parecer que lo hace. Usted busca el amor.

EL DE LA PELUCA: Está clarísimo. Pero yo quiero “el´amur”.

ASESORA: Y yo se lo voy a enseñar. En persona y en manera de ser. (Se acerca a él) ¿Oh! Eres el lienzo sobre el que pintaría las caricias de mi corazón. (El de la peluca sentado le acaricia las piernas)

EL DE LA PELUCA: Y ahora ¿qué digo? “vamos al orgasmo” o “vamos al Paraíso”.

ASESORA: (Piensa. Se aleja de él. Se sienta) Al Paraíso. Muy bien. Compruebo que ha aprendido la lección.

EL DE LA PELUCA: (Nervioso) Ahora la llama está encendida. Ha crecido la mazorca y será preciso hacer la recolección.

ASESORA: ¡ Muy bien! Ha llegado el momento para que le muestre nuestra comunicación sentimental. No quiero que lo vea como una oferta comercial.

EL DE LA PELUCA: Por supuesto que no.

ASESORA: Pasamos, a la segunda fase. Que es más. En fin, ya sabe.

EL DE L A PELUCA: Lo que quiere decir cien mil pesetas más.

ASESORA: Este asunto que lo resuelva el banco. Usted ha domiciliado el pago. Tranquilo. Lo nuestro es asunto de corazón.

EL DE LA PELUCA: Necesito algo más. (Se mira la entrepierna) Si  ya decía yo que debí habérmelo quitado.

ASESORA: Le ofrecemos una entrevista. Mejor dicho, un encuentro.

EL DE LA PELUCA: Y después otras cien mil.

ASESORA: ¡Otra alegría! ¡Hablemos con propiedad¡. (Le ofrece un informe)

EL DE LA PELUCA: (Lo ojea) Parecen muy diferentes.

ASESORA: Nos hemos guiado por sus deseos. Por su sentido del amor verdadero y por su gusto. Exquisito, por cierto.

EL DE LA PELUCA: Viendo lo que veo es como elegir entre el oro y la paja.

ASESORA: Oro parece plata-no es.

EL DE LA PELUCA: ¿Me está indicando una pista? Claro que, tal adivinanza en estas circunstancias, es un poco sutil. Me hace dudar. ¡Tiemblo! (Se estremece)

ASESORA: He ahí la cuestión. (El de la peluca se levanta con una hoja en cada mano. Las mira de manera alterna) Deberá elegir.  (Se levanta)

EL DE LA PELUCA:  (En tono trágico) A este lado la belleza interior, el anhelo de hondas raíces para arraigar el amor eterno. A este otro la belleza singular. La pasión del momento capaz de dar fuego a la vida. De una brotan los latidos del alma. De otra las pulsiones que no dejan navegar.

ASESORA: Hable con ambas y decida después. Tiene a su media naranja en las manos.

EL DE LA PELUCA: Tendré que elegir entre mi media naranja o mi media manzana. Pero y si soy un limón.

ASESORA: Entre frutas anda el tema. Y hablando de vitaminas. Son dos entrevistas.

EL DE LA PELUCA: Ya, ya. Otras cien mil pesetas.

ASESORA: ¡Camino del amor! ¡Horizonte de hermosura! Le dejo con su destino. Acuérdese de usar las palabras adecuadas. El viento enarbola banderas o arrasa cosechas. Depende de por dónde circule. (Se va

Escena quinta 

(El de la peluca mira los informes, uno y otro sucesivamente,.  Mientras, camina de un lado para otro). 

EL DE LA PELUCA: Menos mal que salvé el pito. Con una es mejor congelarlo, ¡pero con la otra! Y la asesora ¡cómo está! Todavía tengo entre mis dedos el tacto de su piel: terciopelo, marfil y alabastro. (Deja los informes en la mesa. Se huele las manos) No habría quedado mal un viajecito al Paraíso. 

Escena sexta 

(Entra la fea

LA FEA:  ¿He oído Paraíso?

EL DE LA PELUCA: Paraíso eres tú. (Le mira y remira. Traga saliva)

LA FEA: Gracias.

EL DE LA PELUCA: No hay de qué.

LA FEA: Sí hay de qué. Pocos hombres valoran a las mujeres con el corazón.

EL DE LA PELUCA: Los ojos del corazón llegan al infinito.

LA FEA: Mi corazón navega en la eternidad de tus brazos, de tus pupilas, de tu ser interior. (Le abraza)

EL DE LA PELUCA: (Se desembaraza) Quiero serte sincero.

LA FEA: ¿Una nube? ¿Una tormenta en medio del océano? ¿Acaso puede naufragar nuestro amor puro? ¿Podrá nuestro flechazo enfermar de olvido?

EL DE LA PELUCA: No lo sé. tengo que elegir y no es fácil. para mí eres casi perfecta de alma, pero (Le interrumpe su interlocutora)

LA FEA: Pero lo superfluo ¿te atrae?. ¿Mi baja estatura te aleja? ¿Y mis granos en la nariz, y mis ojos torcidos?

EL DE LA PELUCA: Tu belleza interior es sublime. Es la que vale, la que importa. Basta estar a tu lado para percibir un mundo eterno. ¡El Paraíso! Eres el Paraíso.

LA FEA: Mátame y di lo que piensas decirme.

EL DE LA PELUCA: ¡No!. No te mato, dulce amor. Belleza de alma mansa, que de sentidos llenas el horizonte. Se trata de (Se siente apurado)

LA FEA: ¿Se trata ¿de?

EL DE LA PELUCA: (Enseña la peluca con las manos y se la vuelve a colocar) ¡No me mires! Perdón. No me quieras si te espanto.

LA FEA: Sí te quiero. Sí te adoro. Sí te miro. Sí te elijo. Sí te enseño (Se quita ella también la peluca y se la vuelve a colocar)

EL DE LA PELUCA: ¿Cuáles son tus condiciones? 

LA FEA: Vida mía, ¿cuáles han de ser? Poner los cimientos de un hogar, santo y pulcro. ¿Dos tres, cinco, nueve hijos?

EL DE LA PELUCA: Los que tú quieras y el sueldo lo permita. Pero resumiendo, vida familiar.

LA FEA: Familiar y casta. Que el pecado no deberá alojarse entre nos. La virtud será para ofrecer nuestra vida a Dios.,

EL DE LA PELUCA: ¡Qué buena eres! Santa.

LA FEA: Dios será testigo de nuestro amor.

EL DE LA PELUCA: Dicho queda. Mas dejad que finalice el otro encuentro acordado. Que pongo en juego mi honor y a prueba pondré el amor. No penséis que un espejismo me engañe. Sois paraíso del Amor. Lo demás envoltura.

FEA (Se abrazan. Ella le quita la peluca, sin que él se entere.) Amor, amor y amor. (Él dice adiós con la mano. Ella le lanza un beso. Él lo recibe gestualmente y lo deposita en su alma. Ella se va). 

 Escena séptima 

(El de la peluca anda de un lado para otro. Se quita el sudor de la frente

EL DE LA PELUCA: ¡Son las redes del amor! (Vuelve a quitarse el sudor) ¡Qué espanto!. (Se percata de que le ha quitado la peluca) ¿Una prenda de amor se ha llevado? ¿O me requisó mi velo para brillar como un cáliz de plata siendo luz para el pico de los cuervos? (Se ríe. Se jacta. Saca de un bolsillo otra peluca. Se la coloca. Se mira a un espejo. Se atusa) La belleza interior hace del corazón un cielo. La superflua es perversa y pasajera del olvido, vana en el momento y fútil como la espuma. (Mira el informe) Se va hasta desembocar en el infierno. 

Escena octava 

(Entra la guapa) 

LA GUAPA: ¿Infierno? ¿Ha llegado ha mis oídos la palabra “infierno”?

EL DE LA PELUCA: (Admira la belleza de la nueva dama con la que habla.) Infierno es estar lejos de vos. Infierno es maltratar la vida sin ver vuestros ojos, vuestros labios, vuestros pómulos  cada instante. (La guapa se coloca el cabello) Infierno es no seguir las huellas de vuestra imagen celestial para entrar en vuestra alma que brota en cada átomo de belleza.

LA GUAPA: (Llora. El de la peluca se acerca a ella. Le abraza) Sois esencia de pasión y amor.

EL DE LA PELUCA: Os oigo y percibo inteligencia por doquier.

LA GUAPA: ¿Vos creéis que puedo ser bella e inteligente también?

EL DE LA PELUCA: Sí.

LA GUAPA: ¡Oh!

EL DE LA PELUCA: Soy rendido a vuestros pies. (Se arrodilla. Se le cae la peluca. La recoge y se la enseña) Desnudo ante vos. (Se levanta. Ella le coge la peluca de la mano y se la coloca)

LA GUAPA: Que os hayáis fijado en mi inteligencia, sensibilidad y glamour me halaga.

EL DE LA PELUCA: Vuestra presencia halaga la vida. Sois rostro de una ola del océano infinito.

LA GUAPA: Gracias. Mas no he de fiarme hasta que hagas la elección.

EL DE LA PELUCA: (Cierra los ojos. Anda pensativo) ¿Como habrá de ser nuestro nido de amor?

LA GUAPA: Ya sabes. (Mueve la lengua sobre los labios) Fundiremos nuestros cuerpos en una sola piel. Cada noche una aventura. Seguiré trabajando de modelo para viajar y gastar a tope (Se acerca a él) Felicidad sin fronteras.

EL DE LA PELUCA: Mientras el cuerpo aguante. Y los ahorros.

LA GUAPA: Mientras dure la pasión la eternidad estará entre nosotros. Que ganas tengo de modelar tu piel (Le masajea el cuello, situada detrás de él)

EL DE LA PELUCA: No quiero alejarme ni un instante de ti. (Se da la vuelta. Huele el cuello de ella) Eras la flor del amor. Mas en un dilema me he.

LA GUAPA: Bacinilla mi amor, bacinilla. Es un poco atrevido tan temprano.

EL DE LA PELUCA: Me hallo, quiero decir que “me hallo”.

LA GUAPA: ¡Ah!

EL DE LA PELUCA: He querido trasladar mi discurso al diccionario de un trovador y he cometido un traspié, más bien de traducción. La hache no se pronuncia.

LA GUAPA: Amor se escribe sin hache.

EL DE LA PELUCA Y sin uve doble.

LA GUAPA: Será un secreto nuestro ardor.

EL DE LA PELUCA: No puedo más. (Ella se quita un tirante del vestido) ¡Menos mal que no cegué la fuente de la vida! (Emocionado) De la vida y “del´amur”. ¿O tal vez hubiese sido mejor dada la encrucijada en la que me encuentro?.

LA GUAPA: Habláis como un  crucigrama.

EL DE LA PELUCA: Como un hombre que te ama.

LA GUAPA: Os espero.

EL DE LA PELUCA: A las puertas del cielo. (Ella se va

                                                               Fin del acto II

 ACTO III 

Escena novena 

(Salón ornamentado para una ceremonia nupcial. Un  pequeño altar. Un sacerdote, Milingo, de piel oscura, preside el altar. Mantiene una actitud mística muy exagerada. Mueve los labios porque está  en oración silenciosa. Los ojos cerrados. Suena música de órgano. La asesora, que hace de madrina de la ceremonia, está al otro lado del altar. En un banco están el calvo, sentado, y el peluquero, de pie. El peluquero lleva unas tijeras en la mano. Un fotógrafo saca fotos sin parar y graba en ocasiones con una cámara de vídeo. Se acerca al altar el de la peluca flanqueado  a un lado y a otro por la guapa y la fea. Ambas con vestidos de novia. La fea corto y la guapa con una larga cola. Cada una lleva una flor en la mano. Al fondo del escenario y arriba una gran pantalla. Durante todo el acto tercero aparecen imágenes silenciosas en donde se intercalan las siguientes escenas de se repiten de manera salteada:

1.        Una boda idílica entre el de la peluca y la fea.

2.        Escenas de relaciones sexuales entre el de la peluca y la guapa.

3.        El peluquero mientras corta el pelo al calvo.

4.        Milingo y la asesora jugando en un casino a juegos de azar.

5.        Cargas policiales durante manifestaciones antiglobalización.

(Deja de sonar la música nupcial)  

MILINGO: Participamos en esta ceremonia tan singular, tan particular (el peluquero tose ostentosamente)  ¡Tan llena de amor para unir el amor sin fronteras!  Para fundir el amor a la belleza interior y a la que hace levitar la piel. Hablo del amor sin perjuicios. Del amor puro, el del alma que mana de Dios y el del cuerpo  que mira a Dios. Alma y cuerpo se unen en matrimonio. (Deja de hablar para sonreír ante la cámara con que le apunta el  fotógrafo) Como es menester en esta acto sacramental, si alguien ve que no debe llevarse a cabo esta unión que hable ahora o que calle para siempre. (Va a seguir su discurso, pero se detiene porque ve que el calvo levanta la mano. Milingo se acerca al trío que se quiere unir en santo matrimonio)

CALVO: Quiero advertir algo.

ASESORA: (Indignada) ¿Es usted familia de alguno de los contrayentes?

CALVO: No. Pero sé de leyes civiles y eclesiásticas.

PELUQUERO: La ley es la ley.

MILINGO: ¡Por favor! Unir a estas personas en santo sacramento no es una frivolidad. Tiene un contenido espiritual muy muy profundo. Si alguien sabe de algún motivo que impida que se lleve a efecto, no sólo legal, sino moral, debe decirlo valientemente.

CALVO: (Se levanta) Ese señor (señala al de la peluca) es calvo. (El de la peluca se queda consternado. Agacha la cabeza) Considero que deben saberlo tanto la mujer, o mujeres con las que se case, y también el representante de Dios en este acto.

EL DE LA PELUCA: (Se quita la peluca) Que se sepa. (La guapa le besa. Él se vuelve a poner la peluca)

LA FEA: Yo también (Se quita la peluca y se la vuelve a colocar)

LA GUAPA: ¿Qué tiene de malo? (También se levanta la peluca, para colocarla seguidamente)

MILINGO: (También lleva puesta una peluca y la enseña con una amplia sonrisa) ¿Podemos seguir el acto? (Al fotógrafo se le cae su peluca. La guarda en el bolsillo de la chaqueta).

CALVO: (Se acerca al sacerdote. Le besa la mano) ¡Calvos del mundo uníos! (Levanta los dos brazos con ambas manos en forma de puño. Vuelve a su sitio)

MILINGO: Aclarada la situación, proseguimos la ceremonia.

PELUQUERO: La calvicie nada tiene que ver con la ceremonia, pero a mí me afecta notablemente. He venido de testigo y me encuentro con una conspiración de calvos.

CALVO: Yo soy calvo y he pagado mi corte de pelo como Dios manda.

MILINGO: Dios es todo bondad.

PELUQUERO: No me refiero a mí trabajo. Hay nuevas formas de ganarse la vida. La nueva economía va por caminos inescrutables. Cortar el pelo de los calvos de la Humanidad es mi nuevo oficio.

ASESORA: ¿Qué problema tiene entonces?

LA FEA: ¿Qué le pica?

PELUQUERO: (Levanta las tijeras) Hablo en nombre de la decencia y de la Ley.

LA GUAPA: ¿Es usted juez?

PELUQUERO: No.

CALVO: ¿Es usted cura?

PELUQUERO : No.

ASESORA: ¿Ha aprobado alguna oposición?

PELUQUERO: No.

EL DE LA PELUCA: Pues entonces ¡cállese!

PELUQUERO: Se trata de una cuestión de orden.

LA FEA ¿De orden público?

PELUQUERO: No. Del orden natural de todas las cosas.

MILINGO: Que, supongo, no estará en contraposición al orden divino.

PELUQUERO: De eso se trata.

MILINGO. Hable, pues.

PELUQUERO: Esta boda es una aberración.

LA GUAPA: ¡Dios mío! que impostor.

EL DE LA PELUCA: Usted es el culpable de no haber usado las tijeras a su debido tiempo.

PELUQUERO: Las usaré cuando sea preciso. Siempre en favor del orden.

LA FEA: ¿Del orden establecido? ¿del constitucional?

MILINGO: Del divino, del divino.

LA FEA: (Al peluquero) ¿Es que quiere que nunca me case?

PELUQUERO: Es muy grave lo que está pasando en este lugar.

ASESORA: Si no le gusta márchese.

PELUQUERO: Nunca. No me importa que haya tanto calvo, se sepa o no.

CALVO: Que se sepa. Tiene que ser una boda auténtica.

PELUQUERO: Muy bien. Una vez que se sabe, tengo que advertir que ese cura (señala a Milingo) ¡Este obispo! ha sido excomulgado. 

MILINGO: (Une las manos. Se acerca al peluquero. Habla para que todos le oigan) Sí, pero no. No entra en vigor la excomunión hasta dentro de cuatro días.

PELUQUERO: ¿No irá a casar a estas almas cándidas cuando va a dejar de ser sacerdote, quedando, para más inri, fuera de la iglesia de Roma?

MILINGO: Sí, puedo casarles y debo hacerlo para que estén en gracia de Dios.

CALVO: Veo un problema. Se casan las dos señoras con el novio. Pero entre ellas también, luego es un matrimonio homosexual.

MILINGO: Eso será lo que ellas quieran, con la gracia que Dios les haya concedido.  Dios deja el libre albedrío.

PELUQUERO: ¡Pues vaya cachondeo!

LA FEA: Nos amamos.

MILINGO: Eso es lo que importa.

EL DE LA PELUCA: Viviremos dentro de un orden.

MILINGO: Divino, un  orden divino.

LA GUAPA: ¿Tiene algo de malo que un hombre ame a dos mujeres y las dos le amemos a él?

EL DE LA PELUCA: Yo soy muy legal. No estoy dispuesto a engañar a nadie y menos a mí mismo.

PELUQUERO: Pues este acto es un engaño. Está excomulgado.

MILINGO: Ya le he dicho ¡y no me lo haga repetir! que hasta dentro de cuatro días ¡no!. Todo el mundo sabe que me casé.

CALVO: Pero no supimos que es calvo. Yo voy con mi calva a cuestas.

MILINGO: (Se quita la peluca. La deja sobre el altar) Las cosas como son.

ASESORA: Hay muchos curas calvos. No se puede consentir una excomunión tan injusta.

PELUQUERO: La excomunión no es por tal razón.

CALVO: Se casó.

MILINGO: Me casé en el seno de una nueva iglesia.

EL DE LA PELUCA: Cura, casado, y por otra religión. (Pone cara de extrañeza)

MILINGO: Hasta dentro de cuatro días no me excomulgan porque no consumo el matrimonio hasta después de cuarenta días y cuarenta noches de abstinencia.

PELUQUERO: Los peluqueros no nos vamos a quedar en paro. Si no hay pelo habrá otras cosas que cortar.

ASESORA (A Milingo) ¿Dónde está su esposa?

MILINGO: En Japón. Viene dentro de cuatro días con nuestro hijo.

PELUQUERO: ¡Cómo!

CALVO¿ Por qué no le han excomulgado antes?

MILINGO: Es un jaleo. Un problema complejo. Lo delicado es que voy a consumar el matrimonio dentro del matrimonio.  Si no fuese así no se ve. Como se privatiza el asunto religioso la competitividad y la eficiencia obligan a excomulgar a quienes no obtenemos los resultados óptimos. Es la globalización que funciona así. Me caso con una mujer de Japón, tengo un hijo en Portugal, Me casé en Corea del Sur y me excomulgan desde Roma. Y esta boda la celebro aquí.

EL DE LA PELUCA: Y la pobreza está en Calcuta. También es globalización.

CALVO: En Calcuta, Bogota, Chiapas, Sudán.

ASESORA: Hoy es un día de fiesta. ¡De alegría!. No es momento de ponernos trágicos. Trasmitamos la alegría de este momento ¡tan dichoso! a todo el mundo. ¡Mundialicemos la energía positiva! (Cierra los ojos con fuerza. Une el pulgar de cada mano con los respectivos dedos índice.) ¡Om! ¡Om! (Todos los asistentes repiten con un sonido mántrico la palabra “Om”)

PELUQUERO: Adquirido el equilibrio necesario, ya que los pretendientes se quieren casar que lo hagan de rodillas y arrepentidos.

EL DE LA PELUCA: Arrepentidos ¿de qué?

PELUQUERO: De haberte querido cortar el pito. Es una aberración antinatural.

MILINGO: ¡Y contra el orden divino! Dios hace lo que hace para que se haga lo que se haga. Hasta dentro de cuatro días soy obispo. Después voy a seguir creyendo en Dios y en los diez mandamientos, lo quiera la santa Sede o no.  Pero también en mi nueva fe, porque Dios me ha pedido que me case.

LA FEA: ¿Dios?

MILINGO: (Muy circunspecto) Sí, Dios. (Se coloca tras el altar)

CALVO: ¡Viva Dios! (Todos repiten “¡Viva!”)

MILINGO: Arrodillaos hermanos. (El novio y las dos novias lo hacen) Arrepintámonos de nuestros pecados. (Coge la peluca y se la coloca. Reza)

CALVO: !Siento que Dios está a mi lado! (Milingo se arrodilla y deja su peluca en el suelo. El de la peluca, la fea y la guapa hacen lo mismo)

PELUQUERO: ¡Dios mío! Dios mío! ¿por qué me has abandonado?

MILINGO: (Se levanta. Luego los que contraen matrimonio) Ayudemos a nuestro hermano a tener fe. (Canta y le siguen los demás) “Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya”.

PELUQUERO: ¡Veo a Dios! (Se quita la peluca que también él lleva. Todos los presentes aplauden, se muestran eufóricos. Le abrazan y dan la mano. El fotógrafo no para de sacar foros. El peluquero se acerca a Milingo para besarle la mano. Vuelve al banco. Se sienta)

MILINGO: Si ya no hay más inconvenientes seguimos. Imbuidos, como estamos de Dios, presente entre nosotros: “Donde haya dos que hablen de mí allí estaré yo”. ¡Gracias Dios!

TODOS: Gracias Dios.

MILINGO: De nada. ¡Dios te queremos!.

TODOS: ¡Dios te queremos!

EL DE LA PELUCA: ¡Milingo te quiero! Eres el mejor.

LA GUAPA: ¡Viva Milingo!

TODOS: ¡Viva!

MILINGO: (Saluda a los presentes. Se deja fotografiar con poses de grandeza) Dios nos protege. Dios es testigo de esta santa unión, que ahora conmemoramos. Unid vuestras manos. (El de la peluca une sus manos a las de la fea y la guapa. También el calvo y el peluquero se dan la mano) Por favor, solamente quienes se van a casar.

CALVO: Nosotros nos queremos casar.

PELUQUERO: ¿Tiene algo de malo?

MILINGO: La ley de Dios es la ley del amor. ¿Os amáis?

CALVO Y PELUQUERO: Nos amamos.

MILINGO: Uníos a la ceremonia nupcial.

EL DE LA PELUCA: Compartiremos esta celebración

LA FEA Y LA GUAPA: ¡Viva la libertad! (La asesora se quita la peluca y se acerca a Milingo. Le besa los mofletes, con la cámara de fotos como testigo). 

Escena décima 

(Entran policía 1 y policía 2. Llevan puestas cada uno una gorra de plato) 

POLICÍA 1: (Pistola en mano) ¡Alto en nombre de le ley!

POLICÍA 2: (Dispara hacia arriba) ¡Que nadie se mueva! (El fotógrafo deja de hacer fotos)

MILINGO: Estamos en una ceremonia religiosa. Es un acto sagrado y profundamente espiritual. (Los dos policías miran uno a uno a los presentes con cara de pocos amigos) ¡No somos una secta!

POLICÍA 2: Venimos en nombre de la ley

EL DE LA PELUCA: Yo hablé de la pobreza como metáfora. No he querido ser indiscreto ni revolucionario.

PELUQUERO: La ley es la ley.

ASESORA: ¡Viva la ley! (El policía 1 se acerca a ella. La asesora se toca la calva) Es la moda.

POLICÍA: Creí que era una epidemia.

ASESORA: Son cosas de la vida.

PELUQUERO: La moda es la moda.

POLICÍA 2: ¡Todo el mundo con las manos arriba! (Los presentes cumplen la orden)

POLICÍA 1: Ya tenemos el objeto del delito (Las personas que participan en el acto nupcial quedan en silencio. El peluquero tiene en la mano las tijeras, por lo que tiembla. Llora. Todos muestran miedo y preocupación. El policía 1 se acerca a La fea y a la guapa. Coge la flor que cada una tiene) Estas flores han sido robadas. (El peluquero deja de llorar. Se tranquiliza. Los demás bajan los manos)

EL DE LA PELUCA: Verá, agente (se afloja la corbata) las cogí. Me di cuenta que faltaban flores para celebrar la ceremonia. ¡Son tan importantes los detalles en estas celebraciones!

MILINGO: ¡Y símbolos! Símbolo del amor y de la unión de la tierra y el cielo. Las flores salen de la tierra como el amor tiene sus  raíces en el corazón. Se riegan (le interrumpe el policía 2)

POLICÍA 2: ¡Silencio!

POLICÍA 1: ¿Usted se confiesa culpable?

EL DE LA PELUCA: Culpable ¿de qué?

POLICÍA 2: De robo.

POLICÍA 1: De atentar contra la propiedad privada. La dueña del jardín ha denunciado el robo.

EL DE LA PELUCA: Estaban en la calle. De la valla para afuera. Las cogí con sumo cuidado.

POLICÍA 2: O sea que ha atentado contra una propiedad privada, de donde sale la flor y se alimenta,  y contra el bien público, donde estaba para calidad de vida, bienestar y progreso de toda la ciudadanía.

POLICÍA 1: Doble delito.

LE FEA: Ha sido por amor.

LA GUAPA: Un acto romántico, ante lo que no hay leyes sino impulso.

CALVO: No me parece tan importante este asunto.

POLICÍA 1: El orden es fundamental para que nuestra sociedad viva en paz y concordia. Se empieza por una flor y se acaba robando un banco y luego ¡a cometer atentados!

EL DE LA PELUCA: Que no, que no. Soy un ciudadano honrado.

POLICÍA 2: Esas flores ¿las ha comprado? Y no me diga que sí porque le pido la factura ¿y dónde está? Si no la veo y me dice que las ha comprado le acuso de atentado contra la Hacienda Pública.

POLICÍA 1: Diga, diga que las ha comprado. A ver donde está el IVA.

EL DE LA PELUCA: Las cogí. (Con desesperación) Se lo juro. Se me olvido comprar un ramo para cada una. Pago la multa que quieran y ya está, ¿les parece?

POLICÍA 2: Eso no es competencia nuestra. Hacerlo sería corrupción. La decisión de lo que se haga corresponde a un juez. Nuestro trabajo consiste en detenerle.

ASESORA: Amo la justicia y el orden. Puede que ustedes tengan razón, pero podrían dejar que se celebre la ceremonia y luego le llevan ante un juez. ¿No les parece?

POLICÍA 1: Ni hablar. El delincuente ha de ser llevado ante la justicia sin privilegios de clase.

ASESORA: ¿Privilegio? ¿y de clase? Es un pequeño favor, para que se casen.

CALVO: Si pasan cuatro días este sacerdote no podrá casarles. Sin él los trámites son largos, engorrosos y muy caros. Nosotros (señala al peluquero y a él) hemos aprovechado para casarnos también.

POLICÍA 2: No es nuestro problema.

POLICÍA 1: Que no hubiese robado las flores. (Pone las esposas al de la peluca. Las dos pretendientes lloran. El fotógrafo comienza a sacar fotos sin parar)

EL DE LA PELUCA:  Ironías de la vida.

POLICÍA 2: (Al fotógrafo) ¡Basta ya! (El fotógrafo no hace caso. No cesa en su labor obsesiva. El policía 2 dispara contra él. El fotógrafo cae desplomado. Muere.) Ya está bien de atentar contra la autoridad.

LA GUAPA: Es demasiado. ¡Qué horror!. Que pesados se ponen estos paparazzis.

POLICÍA 1: ¿Saben que fueron fotógrafos quienes atentaron contra Laidy Di, la princesa de Gales, que en Paz descanse? 

LA FEA: Pobre, pobre. Que pena me da cada vez que me acuerdo.

LA GUAPA: Los fotógrafos son unos indiscretos.

EL PELUQUERO: También mataron a su pretendiente.

LA GUAPA: Lo de él fue accidental. Estaba en el lugar que no debía.

POLICÍA 1: Lo de Laidy Di fue terrible.

EL DE LA PELUCA: ¿Quién dice que no hubiésemos tropezado por culpa de deslumbrarnos con los flahs? Yo con esto puesto (señala las esposas) me habría podido desnucar.

POLICÍA 2: Eso

CALVO: Yo creo que se ha suicidado.

POLICÍA 1: Es posible.

POLICÍA 2: El arma se disparó sola. De eso no hay duda.

EL DE LA PELUCA: Un disparo fortuito.

PELUQUERO: Todo son hipótesis y conjeturas. ¿Quién hace justicia?

POLICÍA 1: (Apunta con la pistola al peluquero) ¡El juez!

PELUQUERO: Claro, claro. Si ha sido suicidio o accidente no habrá culpable.

POLICÍA 2: Cualquier opinión al respecto podrá ser tomada como intrusismo profesional.

POLICÍA 1: Lo que sea lo dirá el juez. Ustedes serán llamados a declarar como testigos. Usted y usted (se dirige al calvo y a Milingo) saquen el cadáver de este lugar, luego comienza a oler mal. (Así lo hacen. Entre tanto el peluquero se acerca al policía 1. Se coloca tras él). 

Escena undécima 

(Entran Milingo y el calvo

MILINGO: Recemos por el alma del difunto.

CALVO: Esto es una boda.

EL DE LA PELUCA: ¿Qué quieren que pague una boda doble y encima un funeral? El alma puede esperar.

MILINGO. Es indudable que estamos ante un tema muy complejo.

POLICÍA 2: Que incumbe al juez y nada más que al juez. Robar es delito, sean flores o sea un kilo de oro.

MILINGO: Me refería a la muerte de ese pobre hombre.

POLICÍA 1: ¿Pobre hombre? Nos atacó como una fiera. Nadie le dio permiso para que disparase con su cámara.

EL DE LA PELUCA: Me quedo sin fotos de la boda, pero un gasto menos.

CALVO: No me extraña que la inflación sea incontrolable.

MILINGO: Puedo abreviar la ceremonia y terminamos en un pis pas.

FEA: Yo sin flores no me caso.

LA GUAPA: Trae mala suerte.

POLICÍA 1 : ¡Pues con estas no, que han sido robadas! La propiedad privada no puede ser ultrajada. (El peluquero le asesta varios tijeretazos. El policía 1 fallece en una agonía corta, pero dolorosa) Muero en acto de servicio. (El peluquero coge las 2 flores y la gorra de plato que se coloca sobre su cabeza. Se descubre que también el policía es calvo. El policía 2 apunta al peluquero con la pistola. Va a disparar)

CALVO: No, ¡no!, por favor. (Se coloca delante del peluquero) Si le mata no podré casarme con él.

PELUQUERO: (Aturdido) Las flores nos darán suerte. Siempre tuve la ilusión de llevar puesto un gorro de policía. Ha sido un deseo irrefrenable.

CALVO: Es pura pasión.

POLICÍA 2: Queda usted detenido en nombre de la ley.

PELUQUERO : Pero he matado por un ideal.

POLICÍA 2: Ha matado, ha robado y ha atentado contra la autoridad. (Le coge las flores y le coloca otras esposas)

CALVO: Yo soy cómplice. Le amo. (Ofrece su mano. El policía 2 le coloca el otro extremo, unido al peluquero. Se besan)

LA GUAPA: Si nos deja las flores un momentito, nos podríamos casar. 

LA FEA: Nosotras no hemos cometido ningún delito.

MILINGO . Que sea lo que Dios quiera.

POLICÍA 2: ¡Aquí no se casa nadie! (Crispado) hay que resolver el robo de las flores y el asesinato de un policía!

ASESORA: (En voz baja) Y el del fotógrafo.

POLICÍA 2: Todos, uno por uno. Sin más dilación.

MILINGO: ¿Resolver?

POLICÍA 2: Por supuesto. Aquí ningún culpable se va a escaquear. El peso de la ley caerá sobre los culpables.

MILINGO: ¿Y los que han muerto, qué?

POLICÍA 2: ¿Los muertos? resucítelos usted, que para eso le pagan. Yo cumplo con mi trabajo. Usted cumpla con el suyo.

MILINGO: Si es usted quien me impide que case a  nadie.

POLICÍA 2: No querrá seguir con la ceremonia después de lo que ha sucedido. Las flores de esta ceremonia han sido robadas. Entérese bien ¡ro-ba-das!.

MILINGO: Dentro de un par de días estarán secas.

POLICÍA 2: Pero las robó. Para más colmo al actuar ante tal delito ha muerto un agente policial en acto de servicio.

ASESORA: Y un fotógrafo.

POLICÍA 2: Eso, y un intruso que sufrió un accidente

MILINGO: (Se arrodilla. Mira hacia arriba) ¡Dios! ¡Dios!

LA GUAPA: Mantengamos la calma.

MILINGO: Tengo dudas.

ASESORA: Que oportuno.  Dentro de un rato te entrarán ganas de ir al water.

POLICÍA 2: No hay dudas que valgan. Las flores han sido robadas. Sus raíces estaban en una propiedad privada.

MILINGO: Son otras dudas. Sobre lo que hay después de la muerte.

ASESORA: Que te sube la tensión y acabas con diarrea.

MILINGO: Creo en la resurrección de los muertos, en el juicio final, en cuerpo y alma.

PELUQUERO: En ese caso matar no es tan grave.

MILINGO: Hosanna. También dentro de cuatro días creeré que quien se muere reencarna en otro cuerpo. Dentro de una hora puede nacer el fotógrafo y el policía en un bebe chino, holandés o marroquí.

ASESORA: Con la globalización todo es posible.

POLICÍA 2:  Ese no es mi problema. Llamaré al juez para que venga a impartir justicia. (Saca el teléfono móvil)

LA FEA: ¿No!. Que no venga el juez. Llévenos al juzgado.

POLICÍA : ¿Cómo?. Lo hago por la comodidad de todos ustedes.

LA FEA: Verá. Todavía no están legalizadas las bodas entre personas del mismo sexo. Está en trámites de regularse.

POLICÍA 2: Hasta que no se casen no cometen delito alguno. Pero (a Milingo) si es usted un cura, la iglesia no permite tales matrimonios, que yo sepa.

MILINGO: Soy un cura hereje. Pienso por mí mismo. Lo que me importa es el amor.  Dentro de cuatro días me excomulgan, ¿sabe?. Cuando consume mi matrimonio, tras cuarenta días y cuarenta noches de matrimonio. Es muy duro.

LA FEA: La vida es muy dura. 

POLICÍA 2: A mí no me incumbe como sea la vida o si se lo va a pasar bien con su esposa,. Por eso no les puedo detener.

MILINGO: Menos mal.

PELUQUERO: La ley es la ley.

POLICÍA 2: Usted cállese.

LA GUAPA: Iba a ser el día más feliz de mi vida. ¡esto es horrible! (Llora)

POLICÍA 2: Cállense todos. (Habla por el teléfono móvil) ¡Por favor necesito un juez de guardia urgente. Se trata de un atentado contra la propiedad privada, un asesinato y un accidente mortal.

MILINGO: ¡No! ¡no! me niego. Esta es la casa de Dios. Exijo la justicia divina. ¡Dios ven!

POLICÍA 2: (A través del teléfono móvil) Espere. Que venga el juez global. El que sabe de filosofía. El. asunto se complica con disquisiciones metafísicas.

MILINGO: ¿Es usted masón?

POLICÍA 2: ¿Oh! ¡Oh!. (Habla nuevamente por el teléfono móvil) Un juez global no. ¡Que venga un juez absoluto! Aquí hay un hereje que quiere combatir la justicia terrenal con la del cielo. (Guarda el teléfono móvil)

MILINGO: ¿Quién va a venir?

POLICÍA 2: ¡Zaratustra! (Se ve el resplandor de un relámpago y se oye el sonido de un trueno)

MILINGO: Jesús, ¡Jesús! ¡Imploro tu presencia!

LA FEA: ¡Por unas simples flores!

POLICÍA 2. Que han sido robadas, no lo olvide.

MILINGO: Este es un lugar sagrado y no dejaré que se vulgarice ni desvirtúe por una flores robadas.

POLICÍA 2: Haga el favor de tener este lugar presentable para cuando venga el juez absoluto. (Señala a la fea y a la guapa para que saquen el cadáver del policía 1. Ellas así lo hacen).  

Escena duodécima 

MILINGO: ¡Ven, Jesús! ¡Ven Jesús! Imploro tu presencia. Todavía soy tu siervo. Hasta dentro de cuatro días, cuando podré ¡por fin!” consumar mi matrimonio con la veterinaria de Corea. Pero lo que aquí sucede es muy grave. Ven Jesús. ¡Ven! Ven señor Jesús. Ven y haz justicia. El mundo te necesita. Seguiré creyendo en ti hasta que me muera. ¡Ven y haz justicia! (Fuera de sí) ¡Ven Jesús!. (Silencio. Rayos y truenos crean un estruendo. Se iluminan intermitentemente luces intensas. La pantalla de la imagen al fondo y arriba del escenario deja de verse, por culpa de interferencias) 

Escena décimo tercera 

(Aparece Jesús. Su voz es con eco.) 

JESÚS: Soy el que soy.

MILINGO: Gracias Jesús mío por venir (Se arrodilla y le besa la mano)

PELUQUERO: Eso también lo digo yo: soy el que soy.

CALVO: Cada uno somos quienes somos.

MILINGO: Comprobad que lo que dice Jesús es la verdad.
 

Escena décimo cuarta 

(Llaman a la puerta. Suena estrepitosamente. Entra Zaratustra. Su vozarrón retumba) 

ZARATUSTRA: Ha llegado la hora.

LA GUAPA: ¿De qué?

POLICÍA 2: No interrumpa, señorita. Ni haga preguntas indiscretas.

LA GUAPA: Perdón.

ZARATUSTRA: Mis palabras son manantial de liberta. Os doy la fuerza del superhombre.  ¡Sed libres! Fortalecer vuestra mente. La justicia es la justicia del vencedor. Él la define.

JESÚS: Os traigo el Amor. El Amor.

ZARATUSTRA: Un amor que os esclaviza.

JESÚS: Un amor que os hace libre. La libertad es antes y después de la muerte.

ZARATUSTRA: La libertad se conquista. ¿Quién os la va a dar? Yo os doy la fuerza.

PELUQUERO: A mí me han puesto unas esposas, ¡que me dejen libre!

ZARATUSTRA: Haberte escapado, gilipollas. (El peluquero se queda cabizbajo)

POLICÍA 2: Yo he cumplido con la ley (se muestra orgulloso)

JESÚS: Soy el Hijo de Dios y el Hijo del Hombre.

LA FEA: ¿Cómo sé que eres tú y no un farsante, que esto es un montaje?

ASESORA: Eso, eso.

MILINGO: La fe. Es la cuestión de fe. La fe no se demuestra ¡Tarugos! que sois unos tarugos.

JESÚS: Amaos los unos a los otros.

LA FEA: Eso digo yo y no nos dejan casar.

POLICÍA 2 :Que no hubiera robado las flores vuestro amorcito.

CALVO: La pregunta que ha realizado es muy concreta. Es de verdad lo del amor que dice o se trata de un espectáculo.

ASESORA: O de un reclamo publicitario. (Jesús se acerca a la fea. Indica que le tire del pelo. Así lo hace. Comprueba que no es una peluca)

MILINGO: Demos gracias a Dios, por venir y ser la verdad. La verdad y la vida (Canta) “Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya”.

ZARATUSTRA: (Se ríe ostentosamente) Y yo ¿de quién soy hijo? ¡De mí mismo!

LA FEA: Pobre es huérfano. (Zaratustra se acerca a ella. Señala que le tire del pelo. No es una peluca)

EL DE LA PELUCA: Cogí una flores por amor y me han detenido. Ya no soy libre. Jesús haz algo.

JESÚS: Yo soy la vida.

ZARATUSTRA: Cada átomo de lo que existe es la vida.

JESÚS: No engañarás a nadie (Estira el brazo hacia Zaratustra)

ZARATUSTRA: No me asustan tus monsergas. No améis al prójimo, sino a lo más lejano. Sed el superhombre que lleváis dentro. Os lo dice Zaratustra.

MILINGO: ¡Jesús!. ¡Jesús! (anima a Jesús como un forofo)

POLICÍA 2: ¡Silencio! Que se haga justicia.

ZARATUSTRA: ¿Quién robó las flores?

EL DE LA PELUCA:  Yo, señor. No pensé que fuera tan grave coger dos flores.

ZARATIUSTRA: ¿Fue tu voluntad?

EL DE LA PELUCA: Sí.

ZARATUSTRA: Así sea.

POLICÍA 2: También fue la mía detenerle.

ZARATUSTRA: No. Tu voluntad fue cumplir la ley. (El de la peluca se pone contento con tal respuesta) Las cárcel es un recinto de culpables. Quien cumple con su personal voluntad es el superhombre. Os hablo de la voluntad de poder. Mas encarcelarle, no por robar las flores, sino porque le habéis pillado. (El policía se siente orgulloso y el de la peluca cabreado)

POLICÍA 2: Evidente.

EL DE LA PELUCA: ¡Y el fotógrafo qué?

JESÚS: Lo que hagáis a la criatura más pequeña lo hacéis conmigo.

POLICÍA 2: (Apunta a Jesús) ¿Has robado algo?

JESÚS: No. Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

POLICÍA 2: Vete en paz.

JESÚS: Yo no he traído la paz sino la espada.

POLICÍA 2: Cómo la utilices más de la cuenta vienes con estos.

CLAVO: Yo no veo ningunas espalda.

MILINGO: La fe no se ve, que tonto ¡madre mía! ¡qué tonto!

PELUQUERO: Yo traje las tijeras.

ZARATUSTRA: En un país de calvos el que tiene tijeras acaba matando. ¡Sé dueño de los demás o sucumbe! Lleva tu corazón a la cumbre.

JESÚS: Detente. Tus palabras son hijas del mal  (Zaratustra se ríe a carcajada) ¡Muere Satanás (Vuelve a apuntar a Zaratustra con la mano) Apártate de mí.

ZARATUSTRA: Mi voluntad está en el corazón del hombre. El amor es amor al poder. Por el poder se cogen las flores, se matan unos a otros, os detienen y os juzgan. (Se ríe). 

JESÚS: ¡Fuera de aquí! Vete. (Zaratustra desaparece. Milingo aplaude).
 

Escena décimo quinta 

MILINGO: (Canta) “Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya”. 

POLICÍA 2: ¡Silencio!. (A Jesús) Me veo en la obligación de detenerle. No se puede hacer desaparecer a una persona así por las buenas.

JESÚS: Mi reino no es de este mundo.

MILINGO: ¡Qué ceporro! Vas a detener a al Hijo de Dios. ¡Ateo!

PELUQUERO: Yo soy hijo de mi madre. Me siento muy orgulloso de ella.

EL DE LA PELUCA: O sea, éste por hacer desaparecer a una persona nada y yo por robar unas flores estoy privado de libertad.

JESÚS: El que tenga oídos para oír que oiga. (Todos escuchan, a la expectativa de lo que va a decir) Bienaventurados los pobres.

EL DE LA PELUCA: Como                 que los que no tienen pasta pueden pagar una boda. ¡Me ha costado un riñón!. Y si llevo a juicio este asunto me cuesta otro.

LE FEA: Lo que no vamos a hacer es matar a los pobres. ¿Qué culpa tienen ellos?

LA GUAPA: Por lo menos que sean bienaventurados.

JESÚS: Bienaventurados los que pasan hambre.

CALVO: Yo ya tengo hambre.

LA GUAPA: El convite está preparado, pero como no podemos salir.

POLICÍA 2: Que no hubiera robado este señor las flores.

JESÚS: Bienaventurados los que lloran.

ASESORA: Con esta boda tan ajetreada yo tengo ganas de llorar pero no me sale.

JESÚS: Bienaventurado cuando os excomulguen por Amor al Hijo del Hombre.

MILINGO: Yo te amo, Hijo del Hombre. ¡Gracias!. ¡Viva Dios!. Que pena me da que no esté el fotógrafo. Ahora sí que me podía sacar una foto contigo (A Jesús)

EL DE LA PELUCA: (A Milingo) Pero tu amor es un poco sutil.

MILINGO: Es amor y amor. El amor es el amor. Os caso por amor y para que os améis, no por sutilezas.

JESÚS: No juzguéis y no seréis juzgados.

POLICÍA 2: ¿Y qué hago yo con los detenidos? ¡caramba con la justicia divina! ¡como te lavas las manos! ¿O es que te quieres librar de hacer desaparecer a Zaratustra?

ASESORA: ¿Y el fotógrafo qué?

CALVO: Bienaventurado también.

JESÚS: El que no está conmigo está contra mí. Y el que conmigo no recoge derrama.

MILINGO: Yo dentro de cuatro días algo voy a derramar, Señor, pero con Amor a la prójima.

PELUQUERO: ¡Yo soy neutral!

POLICÍA 2: Usted cállese que está preso.

ASESORA: No estoy de acuerdo con que los pobres sean bienaventurados. Los ricos que han ganado su dinero honradamente ¿qué?

LA GUAPA: ¿Y la riqueza que hay en los templos del mundo?

MILINGO: Santa riqueza. Para los ricos está la obra de Dios, ésta queda a su disposición. No lo van a tener todo. Al fin y al cabo que un pobres sea bienaventurado no le saca de apuros.

EL DE LA PELUCA: Ya pero es muy importante. Si yo tengo dinero y no soy bienaventurado puede venir un pobre y quererme quitar lo mío porque es bienaventurado.

CALVO: Hay que resolverlo.

EL DE LA PELUCA: Yo propongo votar quienes son los bienaventurados.

MILINGO: Confundís, ¡necios!, la fe con la política. Estoy dispuesto a casar a todos aquellos seres que se amen, pero me negué a casar a quienes no se amaron.

ASESORA: ¿Y tú amas a una coreana que no conoces? Seguro que si yo me voy  con un  turco de Estambul no te gustaría tanto.

MILINGO: Mujer de poca fe. Sí la amo, porque el amor es divino. Perdóname, Jesús, que siga también los pasos del reverendo. Él sigue tus pasos por otros caminos. .

JESÚS: Nadie puede servir a dos señores a la vez.

MILINGO: Ya, eso ya lo sé. Lo he leído. Y no sirvo a la vez. Primero a uno y luego a otro. El amor es infinito

PELUQUERO: E insondable.

CALVO: Como sigamos matizando, votando e interpretando lo que dice vamos a cambiarlo todo.

MILINGO: ¡Justicia! es para lo que estamos aquí.

EL DE LA PELUCA: ¡De eso nada! Yo no he venido para que me juzgue nadie, sino para casarme.

POLICÍA 2: No haber robado las flores.

MILINGO: Las circunstancias han cambiado

POLICÍA 2: ¡Justicia! ¿Quién va a la cárcel?

MILINGO: Seamos claros. ¿Quién va al infierno? Usted ha entrado en un lugar sagrado.

POLICÍA 2: He venido en nombre de la ley. Es mi profesión.

MILINGO: ¿Y el amor? ¿Dónde coloca el amor?

POLICÍA 2: Me gusta lo que hago.

PELUQUERO: A mí también. Hasta que me puse a cortar el pelo a los calvos. Entonces eres capaz de hacer cualquier cosa. He matado a una persona (se compunge)

POLICÍA 2: A un policía, que es peor.

JESÚS: Yo he venido al mundo para un juicio.

MILINGO:  ¡Bien! Por fin todo  va a quedar claro.

JESÚS: Para que   los que no vean vean y los que vean se vuelvan ciegos.

CALVO: Ahora si que la hemos hecho buena. Además de calvos nos quedamos ciegos.

POLICÍA 2: ¡Vamos! Esto se acabó. Os dejo en los juzgados y luego que hagan lo que les dé la gana. El cielo está muy lejos para que os deje allí. Mucho gusto (A Jesús). ¡Andando! (Apunta al peluquero, que va esposado junto con el calvo y empuja al de la peluca. Se van)
 

Escena décimo sexta 

FEA:  Se ha llevado las flores (Llora)

MILINGO: Os caso y luego compráis unas flores. Aprovechando que está Jesús, ya nadie podrá decir nada contra vosotras, a no ser que sean ateos.

GUAPA: Sin flores no. Y más cuando a causa de ellas han aprehendido a nuestro amor.

JESÚS: Donde está vuestro tesoro está vuestro corazón.

FEA :  Una frase muy bonita, sí señor.

ASESORA: Qué frases tan contundentes.

MILINGO: La próxima boda es dentro de seis días. No podré daros el sacramento del matrimonio.

LA FEA: Y las flores qué. (Solloza).
 

Escena décimo séptima 

(Entra el autor con un  par de rosas) 

AUTOR: Aquí están las flores. (Da una a cada una de las pretendientes)

FEA: Gracias

GUAPA: ¡Bien! (la huele) ¡uhmmm!

LA FEA: Nos casamos.

MILINGO: ¡Alabado sea el Señor!

AUTOR: A ver si es verdad.

ASESORA: ¡Viva!

JESÚS: Cuando habla la mentira habla de lo suyo propio. Porque os digo la verdad no me creéis.

LA FEA: Con todos mis respetos ¿qué has dicho? No te entiendo ni papa.

MILINGO: La verdad. ¡Dice la verdad!

AUTOR: Palabrería, palabrería. Que se casen por lo menos estas dos y ¡ya está!

ASESORA: ¿Quien sois vos?

AUTOR: El autor de esta historia.

MILINGO: Sólo Dios puede serlo

AUTOR: Hay mucho diosecillos suelto por ahí.

JESÚS: El que me ha enviado es veraz, aunque vosotros no le conocéis. 

AUTOR: ¡Se acabó! ¡Dios no existe ni su contrario tampoco! ¡Amaos y sed libres! (Jesús desaparece).
 

Escena décimo octava 

(En la pantalla aparece la imagen de una pradera) 

MILINGO: Dios, ¡Dios! ¿por qué me has abandonado?

AUTOR:  ¡Ya está bien de palabrerías! Sed vosotros mismos y ya está. Dios puede existir o no existir. Pero las palabras envenenan nuestros pensamientos. Nuestra conciencia. Nuestro ser. Hoy mandan las palabras que se atornillan en nuestra mente. Eso es la publicidad.

LE FEA: Ya nos podemos casar. Tenemos las flores.

AUTOR: Eso es una superstición. Lo mismo que tener que hacer una boda.

LA GUAPA: Es sellar nuestro amor.

MILINGO: Amor ante Dios

LA GUAPA: Ya que está el autor con nosotras ¿por qué no liberamos a nuestro común amor?

AUTOR: No es posible. Las palabras se convierten en instituciones y funcionan por sí mismas. Vete al policía y dile que les suelte. Es capaz de dispararme. (Aparece en la pantalla un hombre y una mujer desnudos. Cabalga, cada uno, sobre un caballo)

MILINGO: Al principio fue el Verbo.

AUTOR : ¿Qué significa eso? (Milingo piensa. La fea y la guapa se dan la mano) ¿Qué significa una boda? ¿Qué sentido tienen las flores?

GUAPA: Las has traído tú.

AUTOR: Para que penséis. He tenido que venir aquí para que penséis.

MILINGO: Te has hecho carne.

ASESORA: Todo lo que has preguntado tiene un sentido. Pasar el rato. Entretenernos. Para esto vemos la tele, damos un paseo y vivimos.

AUTOR: Claro y en lugar de hacer un guión me pongo a lanzar fuegos artificiales. Hago sonidos con latas y eso es teatro. O Juan se casa con Manuela, Manuela se va con Pedro y Pedro es hijo de María que a su vez es amante de Juan. ¡Qué entretenido! Y al que acierte el final entra en el sorteo de un viaje a New York. ¿Cuál es el sentido de toda esta palabrería vana? Más palabrería. Pero al final desemboca en el nuevo fabricador de palabras, de famosos, de ideas, de gobiernos y de arte: el dinero. La que se montó porque los talibanes destruyeron dos estatuas gigantes de Buda. A nadie le importó. Unos fanáticos. Con su palabrería destrozan la cultura y matan a las gentes. ¡Qué malos! Usaron su voluntad de Poder y su libertad. Aman a sus hijos. Pero los buenos jamás lo hubieran hecho por Alá. Pero ¿cuántos pueblos han anegado para ganar dinero? ¿Cuantos especies de animales han destruido por dinero?. ¿Cuántas tribus han masacrado para sacar oro de sus asentamientos? Los lugares sagrados de los Siux fueron ocupados por cadenas hoteleras. Los castros celtas por minas que luego sirven de materia prima para hacer armas. Pero es en favor de lo que da sentido a las cosas, lo que da palabras al dinero. Todo tiene ya un sentido: ¡el dinero! Y ese sentido lo dan las palabras. Las manifestaciones convierten las palabras en cristales rotos. ¡Oh estupidez!  Pero los señores de corbata que las combaten ¿cuántas familias rompen, cuántas almas, cuántas fábricas, cuántas vidas por dinero? Las palabras han perdido su sentido.

LA GUAPA: Lo que dices es un poco rollo.

EL AUTOR: Sí, no es comercial.

LE FEA: Perdona, pero no te hemos invitado a esta ceremonia.

MILINGO: Yo también podía haber soltado un discurso tan largo como el tuyo. Me quitas la celebración con una historia de Rocambole. Lo tuyo es prevaricación, porque cuentas lo que te conviene y adquieres más protagonismo que yo.

AUTOR: Cuento una historia que es la vida misma. Para verla.

MILINGO: Palabras, palabras.

AUTOR: Tienes razón.

LA FEA: ¿Por qué no nos casas y luego discutís lo que os dé la gana?

MILINGO: (Canta) “Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya”.

AUTOR: ¡Reivindico el teatro!, como expresión.  Como una búsqueda del lenguaje . (En la pantalla el hombre y la mujer se bajan de sus respectivos caballos. El hombre y la mujer corren asidos de la mano)

FEA, GUAPA, MILINGO Y ASESORA: (Cantan) “Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya”.

AUTOR: (Desesperado. Se coloca sobre el altar) Amor y libertad. Eso es el arte (Mira la ceremonia bajo sus pies)

MILINGO: (Delante del altar) Reunidos en este lugar sagrado, con las flores en vuestras manos y antes de que nada suceda

AUTOR: ¡El arte es vivir! (No le hacen caso)

MILINGO: Con la potestad que me da representar a Dios en la tierra para este acto os declaro (Silencio. Vuelve la cabeza, pregunta al autor) ¿Qué les declaro? (Mira a las contrayentes y a la madrina) ¿marido y mujer? ¿mujer y mujer?

ASESORA: Declárales unidos para la eternidad. Estuvo Jesús hace un rato, ¡podías habérselo preguntado!

MILINGO: Ya.

AUTOR: Palabras ¡palabras! Amaos sin palabras (No le oyen. Salta al suelo)

MILINGO: Os declaro unidas para amar y que seáis libres. (La fea y la guapa se besan)

AUTOR: (Recorre el escenario como si no existiera para los demás) Palabras, ¡palabras! ¡palabras! ¡palabras!.

ASESORA: Tengo una oferta (saca unos billetes de avión) Un Viaje de luna de miel a Grecia ¡ Os lo he dejado a mitad de precio.  (La fea y la guapa dan saltos de alegría) Y un bolso de regalo (Las unidas para siempre se abrazan) ¡Y una maleta! (Los cuatro forman una algarabía. El autor sigue recorriendo el escenario con su retahíla: “palabras, palabras…”). 

MILINGO: (Canta) “Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya”.  

(La fea y la guapa se vuelven a besar. La asesora se une del brazo a Milingo. La pareja de la pantalla se funden en un beso. Se baja el telón. Pero no ha terminado la obra, ni siquiera la escénica. Más palabras, pero no en el escenario, lo cual simboliza algo ¿o no?. ¡Atentos! Lo que va a suceder hará entender la locura en la que cayó el autor. Quien tenga oídos que oiga.  Se levanta el telón. Todos los actores aparecen en fila. Saludan al público como corresponde en estos casos. El autor, que por cierto es calvo, no está. (Es calvo de verdad) Los actores se quitan la calva. Y he aquí la cuestión, Jesús y Zaratustra se quitan la peluca y aparecen calvos. En la pantalla aparece la pareja con trajes de boda poniéndose el anillo ante un altar. Aunque el público aplauda a raudales es mejor ser modestos y prudentes y no volver a levantar el telón ¿Porqué los que tienen pelo volverían a ser calvos y los calvos a tener pelo? Podría ser, pero no es la razón de dar por zanjada la obra. Más bien porque en caso de volver a subir el telón la obra comenzaría exactamente desde el principio: palabras, palabras, palabras….)  

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