Margarito, canción del macho cabrío

PERSONAJES:
                            – Napolí
                            – Coro 
                            – Sr. V.
                            – Secretaria
                            – Margarito

     

   I acto

         Primera escena

(Napolí anda mirando el paisaje de la ciudad que se ve al fondo. Habla consigo mismo, sin nadie ante él, sin que al principio se le oiga. Agita las manos. Viste una camisa con las mangas recogidas hasta los codos y pantalón vaquero).

NAPOLÍ: … (En tono mitinero) tenemos que hacer una sociedad más justa. Tenemos que hacer una sociedad más libre. Tenemos que hacer una sociedad más (piensa). Más, ¿más?. No, ¡no!. ¡mejor!. Tenemos que hacer una sociedad mejor. Así queda mejor. (Saca un cuadernillo del bolsillo. Del de la camisa coge un bolígrafo. Apunta algo) ¡Los años de la corrupción han terminado!. Oír esto le gusta mucho a la gente. ¡Empieza una nueva era!. ¡Una nueva forma de gobernar!. ¡Una nueva forma de ser!. Qué bien, ¡qué bien me queda!. Aplausos, estas frases tienen que ir acompañadas de aplausos. (Pasea ufano, como si le estuvieran aclamando). Para la prensa mensajes cortos e impactantes: Voy a hacer una ciudad mejor. (Piensa. Guarda la libreta y el bolígrafo). ¿Y si me preguntan que cómo y cuándo, o dónde? (Piensa) da lo mismo, contrataré a asesores. Una ciudad mejor es una ciudad mejor ¡y ya está!. (Se pone en pose y actitud de dar un mitin). ¡Ciudadanos y ciudadanas!. No, no, no. Demasiado anticuado. Pero tengo que poner la “a”, si no las feministas no me votan. ¡Queridas y queridos votantes!. No, queda fatal. ¿Mujeres y hombres de esta ciudad!. ¿Uf!, horroroso. ¿Y los gays?. ¿Y los bisexuales? ¿Los transexuales?. Tiene que ser algo que englobe a todos. ¡Ya está!, es facilísimo. ¡Todas y todos!. De esta manera  nadie queda marginado ni hay discriminación alguna. ¿Hay mejor integración social que la que digo?. No cabe duda de que todas y todos me pueden votar, porque me dirijo a todas y a todos, sin excepción. Les haré ver que conmigo de alcalde habrá otra forma de relacionarse con los vecinos. ¡Otra forma de entender sus problemas! Será un ayuntamiento par-ti-ci-pa-ti-vo. (Mira el reloj). A ver si viene el de los votos. (Se le ocurre una idea que apunta en el cuadernillo, que vuelve a guardar) ¡Pueblo!, tengo que decir “pueblo”. Da un toque de profundidad democrática. ¡Pueblo! Todas y todos. Si dijera pueblerinas y pueblerinos ¡adiós campaña!. (Pone cara de sorpresa). Pueblo de esta ciudad. Una palabra con “a” y otra con “o”. ¡Oooooh!. Pueblo de esta ciudad. Todas y todos. ¡Exacto! (Tono petutalnte) This is the question (Piensa) Y luego todo lo demás. ¡Una ciudad mejor, tal es nuestra propuesta, frente a los otros, esos que son unos ineptos, unos mentirosos, unos corruptos!. ¡Conmigo habrá más justicia, más libertad, más igualdad!. (Deja de hablar poniendo cara de extrañado). ¿Para qué quieren los ciudadanos más?. Es mejor decir “mejor”, no cabe duda: mejores calles, mejores parques ¡y más!. ¿Más? Bueno suena bien. Sí, sí, mejores autopistas. (Gesto de duda). En las ciudades no hay autopistas. Bueno, pero serán mejores las que lleguen. Uuuummm, (sonríe) podemos poner una autopista, un pequeño tramo frente al ayuntamiento para que la gente, todas y todos, la vean. ¡Qué idea!, ¡una autopista en la ciudad!. Pero tengo que decir algo llamativo, que llegue a todas y a todos de manera más directa. (Piensa). Pan para todos. No, la gente está harta de tanto pan, hasta lo tiran. Además el pan engorda. Algo que sea para los pobres, que cause  un efecto benefactor. (Silencio) Ya lo tengo, ¡que trabajen!. Eso, eso, más trabajo. Pero necesito decir algo más universal. Los jubilados y estudiantes no trabajan y no se van a sentir identificados. ¡Más dinero!. Bajaremos los impuestos. ¡Y también los subiremos!.  De esta manera daré gusto a todos. Se sube para pagar la deuda. Y lo diré claramente, son los otros quienes nos han endeudado. Nosotros llenaremos las arcas municipales, ¡con ahorro!, ¡con iniciativas!, ¡con la contención del gasto municipal!. Con una gestión limpia y transparente. Pero aún tengo que decir algo mucho más cercano, más directo, que todos, todos y todas me aplaudan. (Piensa). Ya lo tengo, ya lo tengo. Algo que todo el mundo puede ver y sentir como suyo: ¡el agua!. Todas y todos beben y se lavan. Si alguien no se lava es que es un guarro y me tendrá que aplaudir aunque sólo sea para disimular. Todas y todos haremos que el agua sea más y mejor.  ¿Más qué?. ¿Mejor que qué?. ¡Para todos!. Será de todos y de todas. ¡Y más barata!. Ya tengo el lema: Respeto a la gestión pública del agua. (Lo anota en el cuadernillo). Me comprometo a más y mejor libertad, a más y mejor justicia, a más y mejor igual (duda). Lo de la igualdad no, porque luego empiezan a decir que gano más que nadie como alcalde y se lo cree. Entonces no paran de pedir igualdad y nos pueden hasta matar, como hicieron los rusos con el zar. No, no, cosas tangibles, como el agua, que eso viene bien a todo el mundo. Mejores calles, más policías. Estas cosas gustan a la gente. Agua libre y gratuita. (Se ríe y se aplaude a sí mismo).

         CORO:
  ¡Oh! palabras
 cabalgáis en el viento.
palabras llenas
de conceptos e historias
sois pisoteadas
y os tiran al fango,
convertidas en sonidos fatuos.
Quedáis escritas
en invisibles garras.

NAPOLÍ: ¡Podéis confiar en mí!

CORO:   Redes hechas de palabras
               se clavan como flechas
               y se hunden en el corazón
              de quienes tanto las alaban.

NAPOLÍ: (Se extiende las mangas de la camisa. No se abrocha los puños. Se da un toque de informal, de cierto romanticismo y bohemia. Serio, a la vez que simpático. Se despeina con la mano y se coloca los pelos “despeinados”) ¡Amigas y amigos!. ¡Nooooo! Tienen que ver que votan a alguien que está por encima de ellos, pero cercano. No como esos engominados. ¡Estoy con vosotras y con vosotros! Sois mi pueblo, ¡mío! y vais a gobernar a través de mí. Soy uno más entre vosotras y vosotros. Me entrego en cuerpo y alma a esta ciudad. Me presento para serviros. Seré como el agua pura y clara que mana de las fuentes. El agua es de todas y todos, es un legado de nuestros antepasados.  Bebedme, como los cervatillos beben del arroyo. Que vuestros votos sean gotas de lluvia que rieguen la democracia, la libertad, la justicia y las autopistas en la ciudad.

         Segunda escena

(Entra el Sr. V. elegantemente vestido. Mientras aplaude. Lleva puesto un sombrero negro, una peluca, gafas de sol y un bigote postizo)

NAPOLÍ: (Mientras que sigue con los aplausos el Sr. V.) Por eso tenéis votar mi candidatura. Con vuestro voto los jardines serán vuestros, las calles serán de todas y de todos, beberemos agua limpia y  pura. Y será vuestra la libertad, la cultura. ¡Votadme!. Vuestro voto es la luz de la democracia.

Sr. V.: (Sigue aplaudiendo) Muy bien, muy bien. (Deja de aplaudir) Suena maravillosamente.

NAPOLÍ: (Saluda inclinándose, como si de un público se tratara. Después se dan un apretón de manos) Gracias, gracias. Estoy preparado para la campaña.

Sr. V.: Me parece muy bien, pero no seas tan efusivo, a ver si se lo van a creer demasiado.

NAPOLÍ: Me tienen que votar. Soy el mejor.

Sr. V.: Tú lo has dicho. Te votan a ti, no lo que dices. No lo debes de olvidar nunca. ¡Y yo también te apoyo a ti. Tampoco lo olvides.  He invertido mucho en la democracia para que funcione. Tienes que hacerte valer y decir que vas a ser alcalde, que vas a (se sobresalta) no, no digas que vas a mandar, eso no gusta a la gente. Di que les vas a sacar las castañas del fuego. Eso lo entienden todos.

NAPOLÍ: Todas y todos.

Sr. V.: Sí, sí. Y nunca mejor dicho que sacarás las castañas del fuego.

NAPOLÍ: (Igual que si se dirigiese a una multitud) ¡Seré vuestro alcalde!. ¡Soy la solución a los problemas de esta ciudad! ¡Votadme!.

Sr. V.: Muy bien. (Aplaude). Eso, eso está muy bien. (Deja de aplaudir).

NAPOLÍ: Lo que pasa es que eso también lo dicen los otros.

Sr. V.: Y así tiene que ser. Tú di lo que quieras, pero que convenza. ¡Que cale en la gente!

NAPOLÍ: Pero el otro también dice que va a ser alcalde.

Sr. V.: Eso es la democracia. Cualquiera puede ser alcalde. Hasta tú.

NAPOLÍ: Seré un buen alcalde. Porque soy más que eso, mucho más.

Sr. V.: Por supuesto. Nadie lo pone en duda. (Sonríe).

NAPOLÍ: ¡Pues elígeme!.

Sr. V.: No puedo. Hay que votar. Y depende cómo vaya la cosa será mejor que salgas tú o no.

NAPOLÍ: ¡Cómo!

Sr. V.: Yo invierto. Sé que eres una buena inversión. No te preocupes.

NAPOLÍ: ¡Uf!. Es que tanto esfuerzo para nada.

Sr. V.: Nunca será en vano, tontorrón. A ti te daré un empujoncito (Napolí sonríe). Sé que lo gestionarás muy bien. Harás lo que debes hacer y cuanto menos se note mejor. Que suben las tasas, dices que es por el bien de la ciudad.

NAPOLÍ: Ya, ya.

Sr. V.: Que pones más multas, pues dices que es por mayor seguridad. Que echas a los vendedores fuera de la ciudad, cuentas que es para la integración social.

NAPOLÍ: Claro, claro. Por el bien general. Yo quiero lo mejor para todas y para todos.

Sr. V.: Muy bien, muy encomiable. ¿No hay libertad? Pues libertad de expresión para ti también. Además lo que te he oído clamar es muy bonito.

NAPOLÍ: ¿Y si no me votan suficientemente?

Sr. V.: Saldrás, saldrás, aunque siempre puede haber algún fallo.

NAPOLÍ: ¡Ay! ¡ay!.

Sr. V.: Tranquilo, gánate a los colectivos que siempre están dando la lata. Diles que sí a todo.

NAPOLÍ: ¿A todas y a todos?

Sr. V.: A todo lo que te digan.

NAPOLÍ: ¿A qué?

Sr. V.: A todo. Piensa que lo que importa es que salgas elegido.

NAPOLÍ: Eso, eso. (Se muestra inspirado) ¡Pueblo de esta ciudad! ¡Todas y todos! sin excepción, seré vuestro alcalde. El alcalde de cada uno de vosotros y vosotras, el alcalde de la ciudad. ¡Votadme!, por la libertad, por la justicia, por lo que es nuestro. (Silencio) Nuestro patrimonio, nuestra agua, nuestras calles. Haré todo lo que me pidáis para hacer una ciudad más grande y mejor. Apuesto por una gestión limpia, transparente como el agua pura, sin corrupciones. ¡Votadme!.

Sr. V.: (Aplaude) Excelente, excelente.

NAPOLÍ: Pero ¿sabes el resultado?

Sr. V.: Tranquilo,  quien no salga le colocaré en un buen puesto. Bueno no yo, la ley de, de, de, me refiero a los trámites legales para darte un puestecito. Al que no salga le eligen los representantes del pueblo, para que apoye desde su cargo.

NAPOLÍ: ¿Que apoye?

Sr. V.: La gestión, la estrategia, ya sabes.

NAPOLÍ: Pero (Le interrumpe el Sr. V.)

Sr. V.: No  te preocupes. Confía en mí, serás importante y no te faltará dinero para tus caprichos.

NAPOLÍ: ¿Sin ser alcalde? ¡Yo soy el alcalde antes de ser elegido!. Soy el mejor. Soy el gran (le interrumpe)

Sr. V.: Vale, vale. Queda claro. Pero no te impacientes. Ya eres el alcalde. (Napolí sonríe).

NAPOLÍ: ¡Pero si no se han celebrado las elecciones!.

Sr. V.: Hay que esperar. Todo a su tiempo.  Saldrás. Sólo tienes que decir que cuentas con mucha  pasta.

NAPOLÍ: ¿Pasta?

Sr. V.: Sí, pasta, ¡dinero!. Pero eso cuando te elijan. Ahora di que hay ideas.

NAPOLÍ: O sea espacio para hacer cosas.

Sr. V.: Exacto, sin concretar. No hace falta que des detalles. ¡Estrategia!. ¡Pura estrategia!.

NAPOLÍ: ¡Aaaaah!

Sr. V.: Cuenta con mi apoyo y no des vueltas a las cosas. Sigue con tus discursos maravillosos.

         CORO: 
Cuidado, sin oráculos
quedan las encuestas
encargadas por dioses terrenales
que hacen vanos los ideales.
Palabras envenenadas de mentira,
disfraces de lo soez.
Nos queda esperar a ver
los acontecimientos.
¡Cuidado al nuevo dios!
diosecillo el dineral
que ya avisa lo ancestral.
Sófocles dijo: “La plata
arrastra ciudades”
y “la soberbia engendra
dictadores”. ¡Ciudadanos!.
Ciudadanos, ¡cuidado!.
Sordos otra vez.
Pero veamos qué acontece
en el espacio infinito,
que siempre vuelve
al punto de partida. ¡Oh!

Sr. V.: Serás un hombre de estado. (Napolí se muestra orgulloso. Pone la mano derecha en el pecho y mira a la lontananza)

NAPOLÍ: He estado siempre muy atento para llegar hasta aquí. Es mi destino. Lo sé. Es el hado lo que me elige. He nacido para ser alcalde y mucho más. A un paso de serlo sé que ha merecido la pena empujar a quien se caía, y poner zancadillas a quienes avanzaban en su carrera política, de obstáculos, y si había que sonreír sonreía. Bastaba soplar algo a la prensa para dar un pasito más en la carrera al sillón municipal. Y otro paso y luego otro, abriendo espacio entre los plastas de compañeros de partido. Decir lo que hay que decir y hacer lo que hay que hacer. (Respira hondo).

Sr. V. Muy bien. Estrategia. Es la técnica del gran estadista que eres, nadie lo duda. Tendrás que tomar decisiones dolorosas, difíciles, a veces contradictorias, que no te gustarán tomar, pero lo harás por el bien del pueblo.

NAPOLÍ: Por el bien de todas y todos. Pero ¿qué decisiones?

Se, V.: Todo a su debido tiempo. Ya lo irás viendo. Paga bien a tus compañeros para que te sigan. Dinero no te va a faltar, si vendes bien tu cargo. Pero tendrás que argumentarlo de manera convincente. Y con un equipo de asesores de peso, que repitan lo que tú les digas, pero con datos y estadísticas. Ya se las pasaré a tus colaboradores.

NAPOLÍ: ¿Pero qué tengo que decir?

Sr. V.: Llegado el momento lo sabrás. Para cada momento una emoción. (Frota el dedo índice con el pulgar). Lo importante es ser eficiente y tener ganas de hacer cosas (repite el movimiento de los dedos) y de viajar para guardar las distancias. Ya está todo listo.

NAPOLÍ: Todas y todos, listos y listas para votar las listas de los listos. La verdad es que siento una voz interior que me inspira. Es como si dentro de mí viviera un gran hombre.

Sr. V.: Pues ¡adelante!

NAPOLÍ: A la alcaldía.

Sr. V.: Alea jacta est.

NAPOLÍ: ¿Quéeee?. ¿Arrea que la pata es?. ¿Qué es eso?.

Sr. V.: ¿Que la suerte está echada!.

NAPOLÍ: Yo la aprovecharé. ¡Qué emoción! Seré poderoso. (Mira la ciudad que está a sus espaldas. Hace la proclama con los brazos en cruz). Todas y todos, pueblo de esta ciudad, ¡votadme!

                  Fin del I acto

II acto

         Tercera escena

(Napolí se encuentra sentado en un sillón de ruedas junto a una mesa, en un lujoso despacho. Viste con un traje elegante y con corbata. La secretaria sentada a una mesa. El Sr. V., sin sombrero, está de pie.)

         CORO
La batalla comenzó
Se ha perpetrado el ataque
como dos mil años ha.
Antígona vuelve
a enfrentarse a Creonte.
Los hijos de Edipo
vuelven a matarse entre sí
y de manera que no se note.
El pueblo queda ciego,
mientras que la tragedia
crece a sus pies.
¿Podrá detenerse?
Es luchar contra el destino,
hoy el Poder.
Miles de años de historia
auguran que han de frenar
pues la codicia y ambición
tienen siempre su final.
Ya dijeron:
“Dejadas a un lado
las normas divinas,
se dedica el poderoso,
a hacer locuras.” 
Quedadas a un lado
las normas democráticas
el elegido cae al abismo,
que arrastra a la ciudad.

Sr. V.: Hay que seguir y seguir y seguir, como los grandes personajes. ¿Te imaginas a un gran hombre de la historia bajándose del caballo y diciendo ya he llegado hasta ahí?. Si no vales ¡fuera!,  serás basura y ¡pobre!

NAPOLÍ: No, eso no. No, no. ¡Nunca! Mi padre envenenaba a los pobres y a los presos con aceite de ricino y yo no quiero ser pobre ni que me metan en la cárcel.

Sr. V.: Pues tienes que actuar como un hombre de estado, de acuerdo a lo importante que eres. Tienes que hacer algo de manera rápida y contundente.

SECRETARIA: (Está mirando la prensa) La imagen del alcalde se deteriora por momentos. (El alcalde, cabizbajo, apoya la frente en sus manos con los codos en la mesa). Hemos frenado lo más posible a los periódicos, pero siempre sale algo, se les escapa algún comentario. Y luego se extiende como un bulo por la ciudad. Y el señor W incita a que salga lo negativo de la gestión municipal y se inventa historietas y paga a grupos para que nos atosiguen.

NAPOLÍ: ¿Qué puedo hacer?, ¿qué puedo hacer, dios mío?. (Mira suplicante al señor V.)

Sr. V.: Mantener la calma. Tienes que actuar sin precipitarte. Ya el otro día metiste la pata. (Napolí le mira con los ojos como platos) Sí, no me mires así. Un  grupo de zarapastrosos se ponen a recitar poemas en mitad de un pleno y (le interrumpe Napolí)

NAPOLÍ: ¡Una falta de respeto a mí y a lo que represento!. ¡Y a lo que soy!, ¡el alcalde!. ¡Tuve que imponer mi autoridad!

SECRETARIA: Interrumpieron el pleno.

NAPOLÍ: Sí, sí. No me dejaron hablar.

Sr. V.: Diste una imagen de inseguridad, de miedo, de pavor, de insensible, de tonto. ¡Caíste en la trampa!. Cualquier decisión que tomes ha de parecer que es en favor del pueblo.

NAPOLÍ: Y así lo hice.

Sr. V.:  La decisión estuvo bien tomada. Accionaste la ciudad, pero al comenzar las protestas tuviste que haber esperado un rato, hasta que se cansaran. La plebe no comprende las decisiones del líder. Lo cual aprovechan los grupos radicales para hacer demagogia. ¡Son terroristas de la información!. Y hay que acabar con ellos, pero inteligentemente. No haciendo que den pena a la gente y menos que puedan dar a conocer sus ideas.

NAPOLÍ: ¿Qué puedo hacer?

Sr. V.: Tuviste que haber recitado otro poema. Les hubieras dejado chafados a todos. La prensa te hubiera puesto de alcalde sabio, cuyas decisiones son, por lo tanto, sabias, y ¡no controvertidas! como dicen ahora. Has quedado en mal lugar. Tú recitas un  poema, ellos te responden con otro, se van y ¡ya está!. Al echarles has atacado al arte y esa imagen se vuelve contra ti. Te traerá graves consecuencias. Mi asesor te decía desde el fondo de la sala que te callaras, haciéndote señas con los dedo en sus labios. (Las hace)

NAPOLÍ: Pero yo creí que era que les hiciera callar a ellos.  Además yo no sé ninguna poesía de esas.

Sr. V.: Pues te la inventas.

SECRETARIA: Qué poco romántico.

NAPOLÍ:  Ni románico ni gótico. Soy el alcalde y ya está. Yo nunca he leído (silencio) nada. ¡Y mirad dónde estoy!. ¡En lo más alto!. ¡En la cúspide!.

Sr. V.: Claro, claro, por eso estás ahí. (Señala el sillón en el que Napolí está postrado) Tuve que dejarte algunos versos en la carpeta, pero, la verdad, no se me ocurrió.

NAPOLÍ: ¡Fue una intifada!. ¡Ellos mismos dijeron que iban armados!.

Sr. V.: ¡Con “un arma cargada de futuro”!, ¡la poesía!. No te iba a pasar nada.

SECRETARIA: Ahora llenan las calles de carteles, de manifiestos y cogen firmas contra el ayuntamiento.

Sr. V.: Hay que actuar, antes de que se nos vaya de las manos. ¡Actuar con contundencia!

NAPOLÍ: (Se levanta). Ya sé, ya sé. No privatizaremos el agua.

Sr. V.: ¿Quéeeee?

NAPOLÍ: Diremos que ha sido una broma, una equivocación de los medios de comunicación. Un malentendido.

Sr. V.: Ni hablar. ¿Te has vuelto loco?

SECRETARIA: ¡Ay, mis vestidos, mi collar de perlas, mi traje de seda!.

Sr. V.: ¡Eso jamás!.

SECRETARIA: ¡Uf!

NAPOLÍ: Lo decía en bromas, ha sido un malentendido. Quise decir que no privatizaremos el agua así, a las claras.

Sr. V.: O lo haces tú o lo harán los vernáculos. Usarán su lengua autóctona para que nadie les entienda. Y en lugar de hola, dirán “holu” y colocaremos banderitas para que hagan lo que hay que hacer.

SECRETARIA: Mi pisito, mi chalecito, ¡ay! ¡ay!. ¡Mi viaje a Cancún! con la concejala de  igualdad. (Le entra la risa)

Sr. V.: Y tú te quedarás sin (Napolí le interrumpe)

NAPOLÍ: ¡No me habéis entendido!. No lo haremos para vender el agua de la ciudad, de todas y de todos, sino por el bien de ellos, por el bien de la ciudad.

Sr. V.: ¡Por supuesto! Eso ya suena mejor. Explícate.

NAPOLÍ: En lugar de privatizar el agua privatizamos el hache dos o. Diremos que no vendemos el agua para callar a esos extremistas, ridículos poetas que protestan por protestar, a sueldo de la oposición. La nuestra será una medida científica, completamente apolítica y popular ya que lo que vamos a hacer es establecer una relación de rentabilidad en la relación del hidrógeno con el oxígeno. Pero sólo de una parte mínima, por eso es una miniprivatización, pues queda mucho hidrógeno y oxígeno en el aire.

Sr. V.: Bien pensado, bien pensado.

NAPOLÍ: A ver qué dicen ahora los poetas. Yo también soy algo poeta. (Sonríe enseñando los dientes. La secretaria y el Sr. V le miran asombrados)

SECRETARIA: De niños, poetas y locos todos tenemos un poco, ya lo decía mi abuelita.

NAPOLÍ: No, no, no, con rima y todo: Si del agua no quieres privacidad / a ver como pagas a esta ciudad.

Sr. V.: Muy bien, (saluda a la secretaria doblando la espalda) Señora ciudad.

SECRETARIA: (Devuelve el cumplido al Sr. V. Se levanta y extiende la mano con un suave gesto de doblar la rodilla). Señor urbanismo. (Se dirige al alcalde) Caballero don dinero.

Sr. V.: Poderoso, poderoso. Pero no nos durmamos en los laureles. Hay que cambiar el discurso y la idea del alcalde ha sido muy buena.

SECRETARIA: Entonces tendré que cambiar el acta.

Sr. V.: Solamente ajustar las decisiones, nada más. Hay que acoplarse a los avances científicos, que llegan a la política de manera inexorable.

NAPOLÍ: Las protestas quedarán desmontadas, ¡en fuera de juego!. Diremos que mienten. Porque no es una privatización, sino una miniprivatización científica. Y no del agua, sino del hache dos o. ¿O es mentira lo que digo?

Sr. V.: No, no, es una verdad como un  templo. La operación consiste en gestionar esa hache y esa o, lo cual lo apoyará todo el mundo, al menos las personas sensatas.

SECRETARIA: Sólo que hay que explicar bien el mensaje del ayuntamiento, para no dejar que unos exaltados digan que queremos vender la gestión municipal del agua, sin más explicaciones. 

Sr. V.: Nadie va a llevarse el agua de la lluvia, para eso están los paraguas. Que hagan poesías a las nubes. Si ellos hacen versos, nosotros fórmulas.

SECRETARIA: ¿Y el hache dos o de los colegios públicos, de los jardines, se minirentabilizará?

Sr. V.: Claro, de otra manera ¿dónde está el negocio? Pero no subiremos mas que lo justo el precio y los impuestos serán modernizados, actualizados, simplemente.

NAPOLÍ: Por el bien de la ciudad. Cuanto más gastemos los ricos más empleo damos a los pobres. Y para que gastemos hay que desgravar el consumo, aumentar el IVA para todas y todos. Pero al que compre un coche  le daremos dos mil euros.

SECRETARIO: ¿Y a quien compre una bici o una barra de pan?

NAPOLÍ: Que trabaje, por el bien de la ciudad.

Sr. V.: Lo mejor es no hablar de impuestos ni de subida de precios. Se trata de un simple cambio de las cifras monetarias. Se darán cuenta cuando vayan a pagar el recibo, pero ¿qué van a hacer?

NAPOLÍ: Pagar más, pero para una mejor gestión. Eso es lo que yo les prometí, más y mejor.

SECRETARIA: Aaaaah.

NAPOLÍ: Repartiremos el dinero, con las empresas a las que debemos un montón de facturas.

Sr. V.: Si no  ¿cómo van a pagar la campaña los partidos?

SECRETARIA: Con la cuota de los militantes.

Sr. V.: Sí, sí. Aquí sí que se da el milagro de los panes y los peces. Técnica financiera. Si tienes una sardina y te emborrachas ya tienes dos. Cuando te despiertes no te queda ninguna. En la Bolsa pasa otro tanto, inviertes, inviertes e inviertes y ganas. Cuando sales de las acciones, no te queda nada. Para eso estáis los políticos. Para hacer trasvases del dinero municipal, al dinero para obras, ¡tan necesarias!. Pura estrategia.

NAPOLÍ: Siempre nos quedará  la satisfacción del deber cumplido. Por favor (se dirige a la secretaria) apunta y manda una nota de prensa que diga que el agua no puede subir, ni subir ni bajar, porque en esta ciudad no hay mar, por lo tanto no hay mareas.

Sr. V.: Cierto, cierto. Pura ciencia. Todavía hay tontos que dicen que el agua va a subir. ¡Qué incultura!. ¡Poetas tenían que ser!

SECRETARIA: Qué falta de escrúpulos. Pero la oposición afirma que se puede hacer la misma operación, pero con una empresa pública.

Sr. V.: ¿Y tus vestiditos?, ¿y los masajes?, ¿y los bañitos en la yakuzi?, ¿y las cenitas en los restaurantes vip?

SECRETARIA: Y lo que venga.

NAPOLÍ: No es momento de hacer cuentas. La oposición se opone porque es la oposición, como su nombre indica.

SECRETARIA: Eso es de cajón, ¡de cajón!.

Sr. V.: Pero los poetas lo tergiversan todo y agitan a los vecinos de la ciudad. Lanzan sus ideas y proclamas como si fueran llamaradas (da una entonación burlesca) fulgurantes. Siembran la discordia, el descontrol, y manipulan a la gente para que salgan a la calle a atacarnos brutalmente.

NAPOLÍ: Unos pocos, el resto me apoya a mí.

Sr. V.: No podemos fiarnos. Hay que pararles los pies como sea. No me fío nada. Nunca sabemos si son dos o dos mil, es algo increíble.

NAPOLÍ: Los poetas revolucionarios están locos, a mí qué me importa que los alhelíes salten en los arroyos y que los nenúfares vuelen entre las miradas. ¡Si las flores no vuelan ni hacen nada!. ¿Y que las nubes se convierten en barcas?,  ¡qué bobadas!.

Sr. V.: Pueden volver loca a la gente. Son un peligro público. Pero no les podemos atacar directamente, sino con audacia sutil.

NAPOLÍ: Eso lo tiene que hacer un especialista. Conozco a la persona adecuada.

Sr. V.: Pues hay que actuar desde ya. ¡Inmediatamente!.

NAPOLÍ: ¡Margaritooooo!. ¡Margaritooooo!.

Sr. V.: Vale, vale, un poco de progreso y desarrollo. (Saca el teléfono móvil) Hay que ser elegantes. ¿Quién es Margarito?.

NAPOLÍ: Margarito se llama mi (duda) mi seguridad, mi columna vertebral en este puesto. Mi fontanero del poder. 

Sr. V.: ¿Columna?.

NAPOLÍ: Tú eres los cimientos. Margarito es el encargado del orden.

Sr. V.: Hay que llamarle, sin falta. Esta ciudad necesita orden. No puede ser que el alcalde tome una decisión meditada, responsable, necesaria y grupos  extremistas interrumpan los plenos y ataquen las instituciones. Empiezan con la palabra y acaban con bombas. Hay que hacer algo ¡ya!. Por favor (se dirige a la secretaria, quien se sienta otra vez. Saca del cajón una agenda, que lee el Sr. V.. Llama) ¿Don Margarito? Le llama el alcalde. (Da el teléfono móvil a Napolí)

NAPOLÍ: Margarito, ven inmediatamente, ahora. Es muy urgente.

Sr. V.: Hay que accionar todas las medidas posibles.

NAPOLÍ: Lo hará, lo hará. Confíe en mí y en él. No le vamos a defraudar.

Sr. V.: Eso espero.

SECRETARIA: Lo que se hable en la reunión ¿debo hacerlo constar en acta? (El Sr. V. se quita las gafas oscuras. Mira a la secretaria. Se las vuelve a colocar)

NAPOLÍ: No, no, es estrategia. Decisiones institucionales que a nadie importan.

Sr. V.: Hay que mantener las formas. (A la secretaria) Escribe que estamos preocupados por mantener la seguridad ciudadana y que se harán las gestiones pertinentes.

NAPOLÍ: Y que esos poetas ¡se callen, coño!.

Sr. V.: Y para eso vendrá la autoridad pertinente. Esto sí que interesa a la gente: ¡la autoridad!.

NAPOLÍ: La gente quiere tranquilidad y sosiego.

Sr. V.:  Lograr el orden en la ciudad requiere dinero. (La secretaria escribe) No, borra, borra. (Dicta) Haremos mediante una gestión eficiente que se disponga de los medios necesarios para garantizar la seguridad de todas y de todos. Como regidor estoy dispuesto a sacrificarme por la ciudad y las fuerzas del orden arremeterán contra los ataques de grupos incontrolados que usan armas de futuro de imprevisibles consecuencias. Así queda bien. Fírmalo tú Napolí. Pero que quede claro que se tiene que hacer sin que se note y sin que la gente se dé cuenta.

(Llaman a la puerta)

NAPOLÍ: ¿Sí?. ¡pasa!, ¡pasa!. (Entra Margarito vestido de uniforme, impecablemente planchado)

         Cuarta escena

MARGARITO: Buenos días a todos.

NAPOLÍ: A todas y a todos, al pueblo de esta ciudad. (La secretaria sonríe)

MARGARITO: Señoras y señores, a su disposición. (Saluda cortésmente al Sr. V., a Napolí y a la secretaria, con quien hace el gesto besalamano).

NAPOLÍ: Estamos muy preocupados por el deterioro del orden público. Esos poetas que no saben hacer la o con un canuto nos atacan en los plenos. No admiten las decisiones democráticas, que exigen el aprovechamiento de la relación hache dos o para un mejor aprovechamiento de los recursos.

MARGARITO: ¿Qué?

NAPOLÍ: Que tenemos que economizar el elemento natural. Ya sabes. (Frota el dedo índice con el pulgar). Los anarquistas, poetas y el vecindario cutre no quieren que miniprivaticemos la salida por el grifo de la sustancia que es líquida, inodora, incolora e insípida, que es el componente más abundante del planeta.

MARGARITO: Ah.

NAPOLÍ: Y los poetas, zánganos, sindicalistas y ecologistas, que seguro que ni se lavan lo quieren impedir.

NAPOLÍ: Lo sé, lo sé. Ya estamos tomando medidas.

Sr. V.: Así me gusta, eficiencia. Tiene que ser contundente, pero discreto. Como esta gente se ponga a gritar, luego no hay quien aclare las cosas. Tenemos que accionar la ciudad, lo cual exige mucho dinero y la operación que está en marcha corre peligro, por culpa de unos pocos exaltados.

MARGARITO: La verdad es que participan todos los colectivos de la ciudad. No va a ser fácil controlarlos.

Sr. V.: Les has dejado actuar demasiado.

NAPOLÍ: Son una minoría de barbudos, melenudos y drogadictos.

SECRETARIA: Yo sólo he visto calvos, vegetarianos que no fuman y chicas.

NAPOLÍ: Son peligrosos. Lo he comprobado. Se disfrazan. (A la secretaria) Tú lo has dicho, hay vegetarianos, ¡con lo buenos que están los filetes de ternera!. ¡Y el lomo de cerdo, en bocadillo con un pimientito!, ummmm. ¡Y un bocadillo de chorizo! No sabemos lo que pueden hacer. Alteran la tranquilidad de la ciudad. Y se ponen como locos, dan gritos, saltan, amenazan a todo bicho viviente y los periodistas que buscan el morbo les sacan fotos. Lo que quieren es llamar la atención.

Sr. V.: Hay que frenarlos en seco.

MARGARITO: Hacemos lo que podemos. No se preocupen, acabaremos con ellos. Se van a callar, se lo aseguro.

Sr. V.: Me gusta oírle hablar así. (Margarito le mira a los ojos y luego a Napolí)

NAPOLÍ: Uuuuuummmm, es (refiriéndose al señor V.) el benefactor de la ciudad. El apoyo material de la ciudad. Un asesor. Un estratega de la política de esta ciudad.

Sr. V.: (A Margarito) Usted y yo nos vamos a entender muy bien. (Le pone la mano en el hombro a Margarito).

NAPOLÍ: (Se sienta en su poltrona) Margarito, te nombré jefe del orden ciudadano porque supe que puedo contar contigo en los momentos difíciles. Siempre que jugabas a las cartas hacías trampas. Y me gustó, porque en esta vida hay que tener ambición, llegar a lo más alto, como yo. Claro que no todos sois lo que yo ni tenéis mi destino. (El señor V. tose). Siempre se cumple con ayuda de los dioses. (El señor V. se pavonea).

MAGARITO: Nunca hice trampas en el juego de cartas, simplemente fue estrategia.

Sr. V.: En la mesa y en el juego se conoce al caballero.

SECRETARIA: Poderoso caballero, sí señor. 

Sr. V.: Y para seguir siendo poderosos hay que empezar con la estrategia.

MARGARITO: A sus órdenes (Saluda al señor V. con la punta de los dedos de la mano derecha en la sien correspondiente)

NAPOLÍ: ¡El alcalde soy yo!. Soy yo quien da las órdenes.

MARGARITO: Por su puesto, señor alcalde y por supuesto a sus órdenes, siempre a sus órdenes. (Hace el mismo saludo hacia Napolí)

NAPOLÍ: Esas acciones radicales de una banda de energúmenos me pueden quitar votos para las próximas elecciones y estamos trabajando mucho y duro por la ciudad. Hay mucha gente ingenua que cae en las redes de esa pandilla. ¡Rebeldes sin causa!

SECRETARIA: Mi voto sabe que lo tiene. ¡Viva el alcalde!. (Grita con entusiasmo. Silencio) Por favor, respondan, en estos momentos bajos, nuestro alcalde necesita apoyo moral, subir el ánimo, tenemos que darle nuestro empuje. Así que venga, no sean sosos. ¡Viva el alcalde!

Sr. V.: y MARGARITO: (Con desgana) Viva, viva, viva.

NAPOLÍ: Gracias, gracias, pero lo importante es solucionar el problema que ha surgido con esa jauría de locos, de comunistas, de demócratas radicales y separatistas.

SECRETARIA: Los separatistas le apoyan a usted.

NAPOLÍ: No me refiero a los que saben separar la vida política de sus negocios, les pagamos y votan. Sino a esos sindicaluchos y ecologetas de mierda que separan al pueblo de sus gobernantes. Hacen que la gente vea a esta institución como lo que no es. El alcalde representa la honestidad de la ciudad, su nobleza y hace lo que tiene que hacer, aunque no lo entiendan algunos, (duda)

SECRETARIA: ¿Todas y todos?.

NAPOLÍ: No, no, solamente algunos y algunas. No leen la prensa y se tragan los bulos que lanzan  esos poetas de pacotilla. Yo si que soy un poeta y no ellos. Miro al cielo y ¿qué veo?. No una nube ni las estrellas, sino un avión y, si puede ser, también un rascacielos. Eso es poesía y todo lo demás sandeces.

SECRETARIA: Un gran poeta dice que poesía eres tú.

NAPOLÍ:  Gracias, pero mientras que estemos en el despacho de “usted”, diga “usted”. Poesía es usted me parece más apropiado.

SECRETARIA: Pero es que ese poeta con perilla dice que poesía eres tú, no usted.

MARGARITO: No discutáis por cosas baladíes, ni os pongáis a la altura de esos alborotadores poetas. Son unos pirados.

NAPOLÍ: Pero la prensa ya dice que he bajado dos puntos en la intención de voto. Y es culpa de ¡ellos!.

SECRETARIIA: (Con musicalidad) A por ellos, a por ellos.

Sr. V.: Hay que atajar el problema, pero no hay que apurarse, porque los votos los decide una buena campaña y tú vas a tener dinero para hacerla. Pero (le interrumpe la secretaria)

SECRETARIA: ¿Pero? (Hace el ademán de escribir)

Sr. V.: Pero, pero, ¡que no hace falta que tome nota de nada de lo que decimos aquí!.

MARGARITO: Es una reunión en petit comité. (Pronuncia esta expresión poniendo los labios en forma de morrito)

NAPOLÍ: ¿En petí comité?. Es una reunión en el despacho del alcalde, ¡nada de en petí comité.

SECRETARIA: Si no voy a apuntar nada, sólo que me preocupa lo que les vaya a pasar, ¡les quiero tanto a los tres! (Toca las alhajas que lleva puestas, pendientes, pulsera, collar, un reloj)

Sr. V. Hay que actuar rápido. La operación no puede esperar. Por lo que a mí me toca todo está controlado.

MARGARITO: No todo, siempre hay flecos, hilos sueltos.

NAPOLÍ: Y esa gentuza se fija en todo, hasta en los puntos y comas de los proyectos. Ya nos hicieron cambiar las antenas de los teléfonos móviles de su sitio, y quitar los pararrayos radiactivos. Y podar los árboles en la fecha en que debe hacerse.

Sr. V.: Cierto, cierto. Querían energías limpias, pues ahí tenéis parques eólicos.

NAPOLÍ: ¡Vaya negocio!.

Sr. V.: ¡Pues ahora hay que quitarlas! Dicen que hemos puesto demasiadas y que estropeamos el paisaje, ¡vaya por dios!. Nos han denunciado. Hay que arreglar esto de alguna manera. La gente trabaja y trabaja y les da lo mismo todo, con tal de que les  den hecho todo. Pero viene la pandillita de listos y a poner trabas y chinitas en el camino del progreso.   

SECRETARIA: Por lo menos los ciudadanos decentes pagan impuestos. Sin embargo esos revolucionarios siempre están en paro, no tienen nada que hacer.

Sr. V.: ¡Encima eso!. Como no recaudemos, a ver quién organiza toda la ciudad.

NAPOLÍ: Hay que buscar apoyos, como sea. De personas influyentes.

Sr. V.: Habrá que pasar lista.

SECRETARIA: ¿Tengo que llamar a alguien?

Sr. V.: No, no. De momento vas a enviar una invitación a todos los políticos.

NAPOLÍ: ¿A todos?.

Sr. V.: Sí, a todos, es una cuestión de Estado.

NAPOLÍ: ¿A todas y a todos?. Siempre lo he dicho, ¡pueblo de esta ciudad!.

Sr. V.: ¡No!. Solamente todos y todas que ocupen algún cargo o tengan puestos de relevancia.

NAPOLÍ: Ah.

Sr. V.: Llamas a todas y a todos a los que hay que llamar. Los demás son un estorbo para el funcionamiento eficaz de la democracia. Que se conformen con votar, comprar, pero como empiezan a pedirles firmas, a salir en manifestaciones, a decir que queremos vender el agua pueden armar una buena. Acabarán siendo un problema que hay que solucionar de raíz lo antes posible.

MARGARITO: Lo haremos por el bien de todos.

NAPOLÍ: De todas y todos.

MARGARITO: Eso, sí. Muy bien.

Sr. V.: O los controlamos de una vez por todas o nos dejan con el culo al aire.

NAPOLÍ: ¡Hay que hacer algo!. hay que hacer algo.

MARGARITO: Ya me encargo yo de que no vuelvan a las andadas. Se acabaron las algaradas.

SECRETARIA: ¡Viva Margarito!.

NAPOLÍ y Sr. V.: (Con entusiasmo) ¡Viva, viva!.

MARGARITO: Hay que actuar inteligentemente.

Sr. V.: Con estrategia

NAPOLÍ: Y con visión de futuro.

MARGARITO: Lo que en el argot nuestro llamamos táctica. Actuaremos con la ley en la mano, lo cual ha requerido de algunos cambios, que nos facilita la actuación contra los enemigos del orden.  No podemos detenerles y que luego salgan por la puerta tan frescos, como que no hubiera pasado nada. 

NAPOLÍ: Los  políticos somos imprescindibles para dar utilidad al bien común. 

Sr. V.: Pondremos en común acuerdo a las personalidades influyentes de la ciudad. Les invitaré a una cena. Será una reunión de alto nivel, para que cada cual sepa lo que tiene que hacer. Tú (al alcalde) serás el anfitrión.

NAPOLÍ: (Se muestra orgulloso) Vale, vale. ¿Anfitrión? (Se levanta del asiento, pasea con la mano puesta sobre la parte alta del abdomen) ¡Anfitrión!

Sr. V.:  Juntaremos a los políticos con jueces, periodistas, también con los grandes comerciantes de la ciudad y hombres de negocio. Una cena de convivencia, con personajes de reconocido prestigio. Hay que insistir en que vengan poetas y escritores relevantes, a los que el ayuntamiento dé algún premio o subvención, y que se encarguen ellos de criticar y degradar a esos poetas callejeros, asaltantes de la democracia.

NAPOLÍ: Piratas, que son unos piratas, que degradan y pervierten la poesía. ¡Andrajosos!.    

MARGARITO: ¡Caramba con los piratitas! Han politizado la poesía. Hay que hacer que se les aparte de los circuitos culturales. Anular sus actividades completamente.

SECRETARIA: Hay un grupo de literatos que imparten cursos pagados por el ayuntamiento. Seguro que nos apoyan. Ninguno fue a esa cosa poética, cutre y asquerosa. También estos literatos hablan de nenúfares que cabalgan en olas marinas y fantasías de esas, pero les dejamos que hagan actos culturales y  que salgan en los medios de comunicación. Por lo menos no se meten con nosotros. La cultura también es necesaria para que vean que hacemos de todo. Y adorna mucho la gestión municipal.

NAPOLÍ: Y bien que nos cuesta. Lo que ya no estoy dispuesto es a pagar una orquesta. Quien quiera conciertos que vea los programas de la 2 los domingos por la mañana. Que bastante es que para que la gente vea que nos interesa la cultura tenemos que pagar que si una conferencia, que si una exposición o las poses de estos quijotes de la ciudad. Uno de ellos va por la calle que parece un mendigo, pero conduce un cochazo al que poco le falta para ser una limusina.

SECRETARIA: Así son los artistas, visten de bohemia y aspiran a estrellas de Hollywood.

Sr. V.: Bien, bien. Eso está muy bien. De esta manera podemos marcarles el camino.

MARGARITO: Como debe ser. La poesía debe aspirar a lo (piensa) ¡sublime!, que no se meta con nada ni con nadie. Apolítica. Con quien no se meta con este ayuntamiento hay que ser agradecidos.

NAPOLÍ:
Navegan en el río
 del olvido
  siluetas de sombras
  y lanzas de fuego,
 cual Quijote cabalga
 al horizonte estrellado.

SECRETARIA: (Aplaude. Señor V. y Margarito le miran asombrados) Muy bien, pero que muy bien. Está hecho todo un rapsoda. (Napolí mira al cielo e hincha el pecho).

Sr. V. Otra vez que vayan con las poesías al pleno les sueltas eso, o algo parecido.

SECRETARIA: Con un alcalde así, tan sensible y un grupo de poetas municipales podemos nombrar a esta ciudad  “capital / de la poesía universal”. (Sonríe). Sin haberlo deseado / me ha salido un pareado.

Sr. V.: Las sutilezas dejadlas para más adelante. Ahora hay que solucionar a lo que estamos. (A la secretaria) Usted avise a los periodistas que vayan a la cena como invitados. Deje claro que es una cena informal. Mezclaremos en cada mesa de todo un poco. Luego no van a hablar mal unos de otros, una vez que hayan compartido mantel y sabiendo que se volverán a encontrar. Y tampoco un juez va a dictar sentencias en contra de un compañero de mesa con quien ha brindado, por todos.

NAPOLÍ: Por todas y todos.

MARGARITO: Y no hay que olvidar ese día brindar por el orden, la democracia y el futuro.

SECRETARIA: En la invitación ¿pongo que es para hablar del tema que nos preocupa, me refiero a eso del  hache dos y yo qué sé qué más?.

Sr. V.: No, no, ese tema no tiene que salir. Ni se le ocurra nombrarlo. Se trata de una cena en la que coinciden unas personas importantes de la ciudad y nada más.

NAPOLÍ: Pasaban por ahí. (Mira al señor V.) Y, por cierto ¿quién va a pagar la cena?.

Sr. V.: Nadie, o sea el ayuntamiento.

SECRETARIA: O sea todas y todos.

MARGARITO: Lo importante no es quién la pague, sino lo que allí se guise.

Sr. V.: Nadie como Ulises, el sagaz y el astuto.

         ESTROFA
                            Deyanira lo avisó gracias al divulgador de la tragedia
                            ¡Oh, Sófocles!: “aunque uno haga cosas deshonrosas
                            siempre que lo haga a la sombra,
                            jamás cae en deshonor”.
                            La tragedia se cierne sobre la ciudad.
                            Sus cuervos y buitres también
                            para arrebañar lo que quede.
                            Muchos se van.
                            Otros callan
                             y llorar queda
                            por el peso de la injusticia.

         ANTÍSTROFA
                            El soberano, regidor y señor de la ciudad,
                            ha de remar contra corriente para fortalecerse.
                            Es el líder, guía, faro, luz y poderoso.
                            Sólo yendo contra el viento pueden las aves volar
                            para estar por encima de los demás seres vivos.
                            Decisiones impopulares son necesarias,
                            sin que las comprenda el pueblo.

         ESTROFA
                            ¿Quién ha de pagar el pecado del silencio?
                            nadie ve lo que se oculta, nadie coge las sombras.
                            ¿No veis lo que está pasando?

         ANTISTROFA :   Quien manda no tiene que hacerse entender, sino hacer que le obedezcan, al precio que sea.

         ESTROFA:   Queden las espadas en alto y los versos en la lucha.

MARGARITO: Hay que estudiar qué vamos a hacer y de qué manera.

Sr. V.: Nos vamos a entender muy bien. (Da unas palmadas a Margarito)

NAPOLÍ: (Estira el brazo hacia delante) ¡Accionaremos el plan!

Sr. V.: (A la secretaria) Acciona todos los mecanismos necesarios. Hay que preparar bien esta sutil operación de inteligencia municipal.  No vamos a decir que se reúnen y ya está. Alguno se sentiría incomodo. Será pues una cena benéfica. Eso viene bien a todo el mundo. A quienes vengan y a la gente que le gusta que los políticos y personajes de la ciudad actúen como benefactores. Se hará un buen reportaje de prensa.

MARGARITO: Me parece muy bien, hay que dar muestras de un sentido noble y humanitario. (A Napolí) Todo el mundo verá que su alcalde toma las decisiones de una manera altruista, generosa, sin ánimo de lucro.

NAPOLÍ: ¡Claro! Por el bien de la ciudad.

SECRETARIA: Una cena benéfica, en beneficio ¿de quién?

Sr. V.: (Piensa) Ya sé. Vamos a quitar las verrugas de todos los niños de la ciudad. A nadie le gusta que sus hijos tengan verrugas.

NAPOLÍ: ¡Que vayan al médico, o que compren eso que sale en la tele que las congela.

Sr: V.: Sí, pero algo tenemos que hacer benéficamente. Es como si hacemos una campaña contra el hambre y dices que quien tenga hambre vaya al supermercado. Pero lo de los pobres ya está muy visto y hay muchas ONGs que se ocupan de este tema. Tiene que ser algo que llame la atención, que nunca se haya planteado y sobre todo que al ser algo estético cale en la sensibilidad de las personas. 

NAPOLÍ: ¿Y qué haremos con las verrugas?

Sr. V.: Con el dinero  que saquemos  regalamos el aparatito que las quita.

NAPOLÍ: ¿Y quién lo paga?

Sr. V.: Pues ellos, el pueblo, pero con sus  impuestos. Lo que das con una mano lo recibes por otra.

MARGARITO: Todo gracias a la cena benéfica.

NAPOLÍ: Es muy importante remarcar la política social. Suena pero que muy bien.

Sr. V.: Y también es importante recaudar para comprar esos aparatos antiverrugas. Que el pueblo sepa que invertimos en salud.

SECRETARIA: Pero, permítanme, no es que yo quiera meterme en donde no me llaman, pero con tanto gasto va a aumentar la deuda del ayuntamiento.

Sr. V.: Así es más necesario hacer eficiente la relación del hidrógeno con el oxígeno.

MARGARITO: ¿Vender el agua?

NAPOLÍ: Claro, pero sin que se note demasiado. La gente que piense en las verrugas. Podemos ampliar la oferta benefactora a los jubilados.

Sr. V.: De todas las maneras hay que decir que la cena se cobra, para que crean que se paga con ese dinero. Hará falta un reportaje con fotos, hacer que se sientan solidarios todos los que asistan al evento y darlo a conocer.

MARGARITO: Habrá que invitar a un representante del gobierno.

NAPOLÍ: De los del puño en alto y ahora con la mano estirada, a ver qué pilla. Cuanto más de izquierdas, más de derechas se hacen después. Coged la lista de los políticos y veréis. Y cuanto más ecologista más vanidosos a la postre. Es cuestión de hincarles el diente (hace la señal de frotar el dedo pulgar con el índice). Y al que no entre por el aro, ¡palo! y fuera. Y los que vengan de listos por la vida ¡que aprendan!

MARGARITO: Nuestra labor se apoya fundamentalmente en el representante del gobierno.  Además tiene que hacer la vista gorda a la operación  esa del hidrógeno. O sea, si no entiendo mal, se trata de hacer que hache dos o se adecue a los tiempos modernos.

Sr. V.: ¡Exacto! Muy bien explicado.

MARGARITO:  ¿Quién puede estar en contra de que una simple hache con una o sirva para garantizar el buen funcionamiento de la ciudad. Pero claro, los poetas empiezan a ver golondrinas sumergidas en las olas del océano, los ecologistas no quieren que respiremos para no ensuciar el aire y los sindicalistas  yo no sé que pintan en esto. Pero allá ellos.

SECRETARIA: (Con música) ¡A por ellos, a por ellos, oe, oe!.

NAPOLÍ: Palo y palo.

MARGARITO: Eso está hecho.

Sr. V.: (A la secretaria). Antes de pasar a la segunda parte del plan sácanos una foto para anunciar el acto benéfico. Explica en la nota de prensa lo importante que es no tener verrugas y que se hace como colaboración del ayuntamiento. También di que quien no pueda ir a la cena puede hacer donativos.  (La secretaria saca una cámara de fotos del cajón de su mesa. Los tres se colocan, con el señor V. en el medio. Éste se quita las gafas, la peluca, luciendo una hermosa calva y también el bigote. Sonríen. Dicen “patata”. Una vez hecha la foto el señor V. vuelve a ponerse su disfraz).

SECRETARIA: Parece usted más joven sin el bigote. (Le mira atentamente) Una barba bien cortadita no le quedaría mal.

Sr. V.: Yo no soy un barbudo, melenudo y drogadicto.

SECRETARIA: No he querido decir eso. Pero como va disfrazado, le doy una idea.

Sr. V.: Sé diferenciar muy bien mi cara pública de mis acciones privadas. No quiero que malinterpreten mis consejos y asesoramiento. Siempre estoy a disposición de la autoridad pertinente.

NAPOLÍ: Aquí estoy. Yo no soy de los que se esfuman. (Margarito hace con un dedo índice la simulación de un bigote, con aspecto marcial, a modo de un guardia civil golpista. El señor V. le mira y Margarito  rápidamente disimula, sin que le haya visto)

Sr. V.: (A Margarito) ¿Se le ocurre algo?

MARGARITO: No, no me ocurre nada. Estaba pensando.

Sr. V.: ¡Que si se le ocurre algo!, alguna idea. ¿No dice que está pensando?. ¿Qué se le ha ocurrido?. Hace falta una segunda parte del plan. ¿O es que cree que con una cena se soluciona todo?

NAPOLÍ: ¡La autoridad soy yo!. Y se hará lo que yo apruebe que se haga. (El señor V. y Margarito se ríen con disimulo. Margarito les mira con cierta desconfianza) ¡Soy el alcalde!.

Sr. V.: Sí, sí, eres el alcalde, no cabe duda.

NAPOLÍ: (Se sienta en su asiento presidencial) Soy más que un alcalde. Soy el destino de esta ciudad.

MARGARITO: Sí, sí. Eres, eres (duda) ¡un gran alcalde!

Sr. V.: Un personaje histórico.

NAPOLÍ:  Efectivamente, me alegra que os hayáis dado cuenta. Conquistaré el mundo más allá de los confines de esta ciudad. Viajaré y así lo ordeno a Nueva York, a Washington y a China si hace falta. ¡El mundo me necesita! y lo hago por el bien de esta ciudad.

MARGARITO: Es usted un ciudadano del mundo.

NAPOLÍ: ¡Un alcalde del mundo!.

SECRETARIA: ¡Ay, que emoción!. Yo quiero acompañarle.

NAPOLÍ: Puede ser una situación embarazosa, pero (se levanta y anda ufano) ya veremos.

SECRETARIA: (Se levanta y se acerca al alcalde para darle un beso) Es usted, es usted, es usted ¡Napoleón!.

NAPOLÍ: (En actitud de falsa humildad) Bueno, un poco, sólo un poco. En fin algo puede que lo sea. Lo sé desde hace ya algún tiempo. Siempre lo he sabido y me alegro que se haya dado cuenta. Aunque no haya nacido en Nápoles siempre quise haber nacido en esa ciudad, por eso me llamaron Napolí. Y poco a poco por mi nombre, por mi grandeza me he ido convirtiendo un poquito, poco a poco, en Napoleón. Lo digo humildemente. Si el pueblo me ha elegido, será por algo. No sé, algo tendré. Pero, por favor, guarden este secreto, no quiero que se sepa. Ya saben, hay mucha gente envidiosa y si se entera algún poeta de la agitación lo puede divulgar en sus versos, con metáforas escondidas.

MARGARITO: Carisma, carisma. Lo suyo es carisma.

NAPOLÍ: (Modestamente) Bueno, algo de eso puede haber. (Se coloca la mano sobre la parte alta del abdomen y mira hacia el horizonte). Siempre que me miro al espejo veo a Napoleón y le saludo. Pero, bueno, soy una sombra de él.

Sr. V.: ¿Una sombra? No sea modesto. Es usted ¡Napoleón Bonaparte!. (En tono de burla) Esta ciudad necesita alguien como vos.

MARGARITO: Un estratega.

NAPOLÍ: Gracias, gracias. También Napoleón fue atacado. Pero llamadme Napolí a secas. (Margarito y el señor V. ponen su mano también, como Napolí la tiene). Mis hazañas aún no son tantas. Aunque estoy dispuesto a conquistar la modernidad, cueste lo que cueste. Y si nuestros enemigos quieren guerra la tendrán. Hacen falta grandes ideas y para eso estoy yo aquí. (Margarito y el señor V. se quitan la mano del abdomen).

MARGARITO: Elaboraré una estrategia digna de un general. A sus órdenes, (saluda marcialmente con los dedos en la frente). Aplastaremos la resistencia.

NAPOLÍ: Dejad que piense una gran idea, una idea grandiosa. ¡Un gran proyecto digno de mí!. (Piensa dando pasos a un lado y a otro). ¿Otro aeropuerto? Ya tenemos uno y casi no funciona, no, no. ¿Una pirámide? (el señor V. dice que no con la cabeza) ¿Para qué?. ¡Un teleférico!, así no habrá atascos por la calle.

Sr. V.: Buena idea, de altura, pero tiene que ser algo más práctico, más a pie de calle, con los pies, me refiero con las ruedas en el suelo.

NAPOLÍ: ¡Un camión!.

MARGARITO ¿Un camión?

SECRETARIA: Ocupa mucho, echa humo. Y en una ciudad no pega.

NAPOLÍ: Quiero decir que un camión no tiene sentido. Tenemos una gran flota de autobusues.

Sr. V.: Y tenemos una empresa constructora que necesita obras. Y una gran idea que llevar a cabo, claro. Piensa, piensa algo, algo grande, nuevo y al mismo tiempo tradicional. (Hace con mimo la imagen de una máquina eléctrica)

NAPOLÍ: Un zoológico.

MARGARITO: Eso ya lo tienen otras ciudades. (El señor V. sigue haciendo mimo)

NAPOLÍ: ¡Ya lo tengo!. Ya lo tengo. ¡Un tranvía!.

Sr. V.: ¡Exacto!. Muy bien. Qué gran idea. Digna de todo un emperador, del alcalde de esta ciudad. (La secretaria le da un beso. Margarito y el señor V. le felicitan).

SECRETARIA: Pero hay un problema, ¿qué hacemos con los autobuses?

NAPOLÍ: Si hay un problema hay una solución. Ya les hemos terminado de pagar, los podemos quitar de en medio.  Hay que accionar la ciudad sea como sea.

Sr. V.: Una idea brillante, moderna, con sentido de estado, digna de un gran estratega. Yo me puedo encargar de las obras. (A la secretaria) Licítalas cuanto antes. (Hace una señal a la secretaria, que saca de un cajón de su mesa un sombrero del estilo de Napoleón y se lo pone al alcalde).

NAPOLÍ: (Da unos pasos, con la espalda estirada y con la mano en la parte baja del pecho) ¡Y un palacio!

MARGARITO: Lo llamaremos si quiere “palacio de congreso”, para disimular.

NAPOLÍ: Como queráis, pero palacio. Que yo pueda pasar por su puerta principal. Y haremos un campo de golf para nosotros a la orilla del río.

Sr. V.: Un auténtico Napoleón.

NAPOLÍ: Napolí, Napolí, no me sobrestiméis. Soy un alcalde más de esta ciudad, con estrategia, sí, y con grandes proyectos. Lo que soy os lo debo a vosotros, al pueblo, a todas y todos los que me han votado. Pero cada vecino de esta ciudad sabrá que soy mucho más que un alcalde. Soy Napolí. 

SECRETARIA: ¡Viva el alcalde!.

MARGARITO y Sr. V.: ¡Viva!

SECRETARIA: ¡Viva Napolí!

MARGARITO  y Sr. V.: ¡Viva!

NAPOLÍ: Hay que hacer lo que hay que hacer.

SR. V.: Así son los negocios.

MRAGARITO: Y la estrategia.

Sr. V.: Y para hacer todo eso hace falta (hace la señal de frotar el dedo pulgar con el índice).

MARGARITO: Estrategia.

NAPOLÍ: Y la protesta de esos vándalos pone en peligro nuestro futuro estratégico.

Sr. V. No cabe duda de que son unos sin vergüenzas, unos delincuentes. Hay que eliminarlos, democráticamente, eso sí. 

MARGARITO: Con las nuevas leyes no será difícil. Neutralizaremos a un par de estos poetas guerreros. Con una sonrisa, les damos confianza, les pagamos unas cañas y luego ¡palo!, denuncia al canto. Se van a enterar. No les vamos a dejar ni respirar. ¿No quieren agua? Pues que se ahoguen en ella.

Sr. V. ¿Has visto la película de Jiovani Tuchi?. Primero le da la pasta a Marini Pombo y cuando se da la vuelta (los dos sonríen).

NAPOLÍ: ¿Qué pasa cuando se da la vuelta?

MARGARITO: Nada, nada. Se acaba el peligro. De Marini Pombo no se vuelve a saber nada.

Sr. V.: Con discreción. A la gente no le gusta la violencia. No está bien vista, hay que ser elegante. Ya no se lleva la sangre y acaba sabiéndose quién ha apretado el gatillo. No somos matones ni mafiosos, somos hombres de negocios y demócratas

MARGARITO: Hace falta poner unas banderillas. De eso me encargo yo, sin dejar ni rastro. Un par de hostias al más exaltado, discretamente, sin que se sepa ni lo pueda denunciar nadie. Cambiamos las placas de unos agentes del orden por otros y ya está. Si va al juez, ¡falsa denuncia!.

Sr. V.: Estrategia, sí señor. Pero hace falta algo más. Son unos latosos y hay que callarles la boca.

NAPOLÍ: Esos bárbaros atentan contra mi libertad de expresión. Me quieren humillar. (Fuera de sí) ¡Tengo derecho a transformar la substancia acuosa en substancia monetaria!. Su objetivo es que la ciudad se vaya a pique y eso ¡no lo voy a consentir!. (da unos pasos apresurados). ¿Qué será de todas y todos, del pueblo de esta ciudad sin mí? (Mira a la lontananza quedando igual que si fuera una estatua)

CORO: ¡Ay!, la misma historia de siempre
            que acabará como el mismo Edipo,
            ¡ciego!. ¡Oh destino!, Poder ciego
            y ciego de poder. ¡Edipo, Edipo!
           matas a quien te ha engendrado,
            hoy el pueblo que votó.  ¡Edipo!.

NAPOLÍ: ¿Quién dice que tengo hipo?. ¡Es mentira!. Me quieren desacreditar. (Margarito, el señor V. y la secretaria se miran unos a otros extrañados). Mi salud está a prueba de bomba. ¡Margaritoooo! (Margarito se acerca asustado a Napolí). Tienes que protegerme. Vendrás a mi lado permanentemente. Serás mi guardia pretoriana. Los canallas de la ciudad me odian, me quieren molestar.

CORO: Se cierne la tragedia.
              Gritan las nubes áureas
              y el cielo se hace lluvia
              Lloran los poetas.

MARGARITO: Tranquilo. Tienes que colaborar y hacer lo que hay que hacer.

NAPOLÍ: Pero el alcalde soy yo. ¡Napolí!. (Coge el sombrero de estilo napoleónico, que lleva puesto y saluda con él. Se lo vuelve a colocar)

         ESTROFA
                  Ya lo dice la historia de Antígona:
                  “los gobernantes están encariñados
                  con las vergonzosas ganancias
                  por afán de lucro”.
                  Y pasan siglos tras siglos,
                  ¡oh dioses del Olimpo
                  que habitáis el cerebro,
                  humana bóveda
                  ¿Cuándo dejarás
                  gobierne la conciencia?.

         ANTÍSTROFA
                  ¿Y así, con la conciencia,
                  se hubieran hecho palacios,
                  catedrales, pirámides
                    y la misma historia?
                  ¿Es acaso el Estado un juguete?
                  Nadie puede inventar
                  lo ya inventado.
                  El poder es la voluntad de poder
                  y nada más. Nietzsche ¡vuelve!
                  Que hable Zaratustra.
                  ¿Es que ya nadie te lee?
                  Tú escribiste
                  El origen de la tragedia.
                  Hacen falta tontos. Sí,
                  y quien crea en ellos.
                  Sí. Sí.

Sr. V.: ¡Viva el alcalde!

MARGARITO Y SECRETARIA: (Desconcertados) ¡Viva! (Napolí sigue en pose hierática)

Sr. V.: Lo importante es que creas en ti mismo. Sal a la calle, habla con la gente. Te aclaman.

SECRETARIA: Mi Napoleón, el mejor alcalde del mundo. (Le da un beso).  No hagas caso de quienes te insulten, ¡son chusma!. La plebe no está a tu altura.

NAPOLÍ: (Se sube a la mesa) Hay que pisotear a los rebeldes. Interrumpen los plenos, sin hacerme caso, sin creer en mí. Impondré mi autoridad. ¡Margarito, reacciona!.

MARGARITO: Estoy en ello. (Sonríe)

NAPOLÍ: Piden un referéndum sobre la metamorfosis del líquido elemento a fajos de papel. ¡Yo gané las elecciones y hago lo que quiero!.

SECRETARIA: Napoléón (se corta), quiero decir alcalde, bueno ¡Napolí!, estamos contigo.

MARGARITO: Hay que seguir unas pautas para lograr los objetivos.

Sr. V.: No cabe duda que hay que encauzar la democracia para que sea eficaz, eficiente, efectiva.

MARGARITO: Efectivamente.

NAPOLÍ: No consentiré que se haga nada sin que yo lo diga. (Margarito y el señor V. le miran inquisitorialmente). Me refiero a que nada de hacer un referéndum.

Sr. V.: Estamos de acuerdo.

MARGARITO: A sus órdenes. (Se cuadra ante el alcalde).

SECRETARIA: ¿Qué más quiere el populacho, ya les hemos dicho que no va a subir el precio, que todo seguirá igual, que el hache dos o es un bien y que lo gestiona una empresa benefactora. Lo más que puede suceder es que cambien alguna cifras del precio del uso de líquido elemento.

NAPOLÍ: Es necesario que las cifras sean más y mejores.  (Se baja de la mesa). Luego dicen que no cumplo mi programa electoral. Más y mejor. ¿No quieren buenas calles?, ¿no quieren libertad?, ¿no quieren trabajo?, ¿no quieren agua? ¡Pues que la paguen!

ESTROFA
               Ya lo dijo Creonte hace más de dos mil años:
              “¿Me va a decir una ciudad
              lo que tengo que decidir?”.
              Es la esencia del Poder,
             que da forma a cerebro
             para crear reyes que se creen reyes,
            déspotas que se creen dioses,
           dictadores que se creen su verdad,
           y tontos que tontos son de por sí
           y creen tontos a quienes no lo son.
          ¡Oh Demos, apartado de la Cracia,
          náufraga ciudad,
          disfraz de anuncios y palabras.

ANTÍSTROFA
       ¿Queréis romper el alma
      de una colectiva ciudad?
     Evoluciona el Estado, las instituciones,
     las organizaciones y organigramas,
    pero no el individuo.
    Aquellos que gritan y denuncian
    deben ser aniquilados,
    como lo han sido los rebeldes,
    lo fue Espartaco, Zapata y sus gentes
    y cualquier amante de la libertad.
    La débil forma de las formas
    hace vanas las palabras
    que cantan utopías para crédulos.
    Hacer lo que manda
     Codicia y Ambición,
     mientras que duermen los dioses
     y el dinero se hace rey
    de reyes y súbditos.
    No es la corona símbolo
    de las cabezas enemigas?
   ¿Qué más quiere Napolí?

ESTROFA
      Vil, vil quien justifique el horror
      y quien lo ejerza vilmente
     y maldigo a quien lo soporta
      y dicen del bien de los demás
      llenando sus alforjas los pelotas
       y advenedizos de la nada a nadie.
      Vil cadena amarga,
      odiado viento de ciudad.
      ¿Que qué más quiero?
       ¡Luchar!
       Luchar contra lo vil
       acabar con lo perverso,
      vencer al nuevo destino,
       al Poder y su oráculo
      al vil metal incrustado.

ANTÍSTROFA:
       También fue Creonte quien dijo,
        oh genial Sófocles,
       “hasta las personas más hábiles caen
       cuando el poderoso presenta
        los más bellos argumentos
      con propósitos inconfesables”.
      ¿Cómo salir de la mentira
      cuando la propia realidad miente?.
       Emborracháis las palabras
       para hacer espejismos inútiles
      y vuestro hacer es un cristal roto.

NAPOLÍ: Tengo muchas cosas que hacer, pero quitadme a esos pordioseros de la política de en medio.

Sr. V.: Harás cestos, muchos cestos, porque tienes lugar y tiempo, o sea el engranaje de las instituciones.

NAPOLÍ: ¿Cestos?

Sr. V.: Quise decir proyectos, ¡grandes proyectos!.

NAPOLÍ: Pero necesito dinero, mucho dinero. La ciudad necesita dinero.

SECRETARIA: (En tono coqueto) La ciudad te lo agradece. (Lanza un beso a Napolí)

Sr. V. Hace falta recaudar y hacer visible el progreso de la ciudad.

NAPOLÍ: Inauguraré el tranvía. Seré su conductor, símbolo de ser el conductor de la ciudad.. He trabajado duro para llegar hasta aquí. (Se vuelve a subir a la mesa. Se dirige a la secretaria) Toma nota. (La secretaria vuelve a sentarse en su sitio) El alcalde convoca un nuevo pleno.

SECRETARIA: Alcalde sin hache, ¿verdad? (Se miran unos a otros)

NAPOLÍ: Toma nota y luego se la lees por teléfono a los periodistas. Así no hay problemas. La hache es la que vamos a vender.

SECRETARIA: Prefiero usar el ordenador, ahora todo va por correo electrónico.

MARGARITO: Pues usa el corrector.

SECRETARIA: ¡Anda! por eso salen letras subrayadas en rojo. Perdonad, es que puse “alcade”. Pero el pleno es con V. (Se acerca el señor V. y besa su mano, y luego se rozan los labios  fugazmente).

NAPOLÍ: (No vio el gesto del señor V. con la secretaria, al estar absorto en sí mismo) Alcalde debería escribirse con hache para dar realce al cargo. (Se baja de la mesa)

MARGARITO: Estrategia, pura estrategia.

NAPOLÍ: Llamaremos al pleno “el pleno de la libertad”. ¿No quieren poesía?.  ¡Pues toma poesía!. Seremos la ciudad de la poesía, sin poetas, no nos hacen falta. Será el pleno de todas y de todos, aunque no dejemos pasar a nadie, con la excusa de que hay una amenaza de bomba. O mejor, para que no haya contagios de enfermedades. Y para que nadie se queje por los bulos de esos voceros rifaremos un litro de agua al mes. Y por cada cien litros de agua consumida regalaremos un vaso. Cuando se haya cerrado la operación es-tra-té-gi-ca haremos una fiesta en la plaza del ayuntamiento con bollos preñados y vino. (La secretaria aplaude).

Sr. V.: Mi cuñado tiene una panadería que hace esos bollos. Me parece una buena idea. Haremos ver que es fantástico disponer del hache-dos-o como bien tangible, para conseguir eso otro que tanto desean los ciudadanos: obras.

MARGARITO: Está muy claro. Hay que progresar. De los que alteren el orden público me encargo yo. Sabrán quién es Margarito.

Sr. V.: Todo con discreción y formalmente. Por favor.

NAPOLÍ: Tú, Margarito, también eres pueblo, tienes derecho a expresarte libremente y hacer lo que te parezca, ¿no vivimos en una sociedad libre y democrática?.

MARGARITO: Por su puesto.

NAPOLÍ: ¿O es que sólo esos grupos minoritarios tienen derechos?.

MARGARITO: Les daremos justicia e igualdad. A quien saque los pies del tiesto le daremos por igual, ya está bien de revoltosos. Dan una imagen pésima de la ciudad.

Sr. V.: Mucha crisis y que todo está muy caro y la culpa de que no se llenen mis hoteles son esas alimañas.  Asaltan a los turistas para que firmen panfletos. Los extranjeros vienen a ver los monumentos de la ciudad y se encuentran con manifestaciones por doquier.

NAPOLÍ: Y como no pasa nada, esos vagos y maleantes vuelven a un pleno y a otro. ¡Hay que darles un escarmiento!. Como no tienen nada que hacer, a marear la perdiz. Pero se acabó. ¡Se acabó!

MARGARITO: No volverán.

Sr. V.:  Lo dudo. Están locos.

MARGARITO: A Dios pongo por testigo que nunca más pisarán un pleno.

NAPOLÍ: Eso sería la plenitud.

SECRETARIO: Tú si que eres un alcalde poeta.

MARGARITO: Al histérico ese que no para de gritar contra la privatización del agua, le vamos a dar unas mandangas. Dice “agua”, cuando es hache dos o, científicamente hablando, a lo que vamos a dar forma económica, políticamente hablando. Sabrán, de una vez por todas, que si se meten en un pleno, se van a encontrar en un buen lío. Tendrán que enseñar su carnet de identidad, así les tenemos controlados, y entrar en fila india.

Sr. V.: Muy bien, pero como no haya algo más substancioso.

MARGARITO: Ahí viene la estrategia y nuestra ley, o sea la ley que nos rige.

Sr. V.: Estrategia.

MARGARITO: Denunciaremos a los alborotadores, por la vía administrativa. La palabra de un policía vale como prueba. Les pondrán una multa que se les caerá el pelo. De hecho hay mucho calvo entre esos melenudos. ¿Que no pagan?. Se les embarga las cuentas. Varios de ellos no podrán pagar el alquiler del piso. Les echaremos. No podrán encender la calefacción. Les largaremos de la ciudad. Aquí no pintan nada, sólo saben molestar. (Los cuatro se ríen a carcajada)

NAPOLÍ: Yo saldré a las calles para cruzarme con alguno de ellos y al más mínimo gesto les denuncio por amenazas e injurias.

Sr. V.: No matemos al oso antes de cazarlo. Una denuncia, ¿será suficiente?. Que yo sepa no han destrozado nada, ni atacado a nadie violentamente.

NAPOLÍ: Pero me han molestado. Mis concejales se estresan.  Desprestigian la institución.  Protestan descaradamente. Lo que hacen es ¡espeluznante!.

Sr. V.: Efectivamente, pero estos grupúsculos, ¡no sé cómo!, siempre  cuentan con algún abogado que les saca las castañas del fuego. Hay que usar las leyes con maestría, incluso con cierto arte.

MARGARITO: Por ejemplo, se puede demostrar que lo que hacen es un secuestro.

SECRETARIA: ¿Un secuestro?.

MARGARITO: Sí, secuestran la democracia. El pueblo ha elegido a Napolí y es quien gobierna. Se tiene que hacer lo que él mande, que para eso le ha elegido el pueblo. (Napolí se muestra orgulloso y altanero). Además es un mal ejemplo para los más jóvenes y a la larga puede incidir en actos terroristas. Es necesario quitar las malas hierbas, porque de lo contrario los ciudadanos honrados, obedientes y que pagan sus impuestos pueden verse incitados a la subversión.

NAPOLÍ:  Supe que no me fallarías. (Saca de un armario unas copas y una botella de champagne, que él mismo descorcha y sirve) Por nosotros.

SECRETARIA, Sr. V y MARGARITO: Por nosotros.

MARGARITO: Por la ciudad.

NAPOLÍ: Por quienes me votaron.

MARGARITO: Eliminados los revoltosos, la gestión municipal será una auténtico paseo imperial. Volverá la tranquilidad a la ciudad.

Sr. V.: (A Napolí) Incluso un día podrás pasear montado a caballo por las calles de la ciudad y todos  te aclamaremos.

NAPOLÍ: ¡Al ataque!. .

MARGARITO: Con calma, no hay que precipitarse. El alcalde tiene que presentarse como una víctima de las algaradas.

NAPOLÍ: Lo soy.

MARGARITO: Lo cual nos permite aplicar la ley antiterrorista por la vía administrativa. No hace falta que ningún juez aplique una sentencia.

SR. V.: Acusados ¿de?

MARGARITO: Alteración del orden público y del orden constitucional. Las mandaremos salir y si pasado un segundo no lo han hecho otra acusación más: resistencia a la autoridad. A lo que hay que incluir alarma social y fomento de disturbios.

SECRETARIO: La protesta no ha sido violenta y se ha hecho a la vista de todo el mundo. Incluso algunos llevaban  de manera visible y ostentosa el programa electoral del alcalde.

NAPOLÍ:  ¡Son unos estúpidos!. No saben que las circunstancias cambian y que un alcalde tiene que asumir responsabilidades. Mi obligación es tomar decisiones, aunque sean incomprendidas por el populacho. Me debo a mi cargo, a la historia de la ciudad, a mi destino. (Se coloca la mano sobre la parte alta del abdomen, con fuerza y ostentosamente).

MARGARITO: La denuncia está en curso. Tomé la iniciativa, como estrategia preventiva. Todo va sobre ruedas.

Sr. V.:  No obstante no hay que bajar la guardia y estar atentos.

SECRETARIA: ¿Puede ser delito pedir lo que el alcalde prometió en la campaña?.

NAPOLÍ: ¡Que se presenten ellos a las elecciones!.

Sr. V.: A ver quién se la paga.

NAPOLÍ: No les vota ni Rita. El pueblo de esta ciudad, todas y todos, han votado al mejor, a alguien capaz de tomar decisiones comprometidas. (A Margarito) Tú lo que tienes que hacer es neutralizar a esos anormales y que el pueblo vea que nadie se opone.

MARGARITO: Van a ser barridos del mapa. Previendo disturbios infiltramos al barrendero chivato, entre los que fueron al pleno. A dos aspirantes a la policía local, que tendrán que ganarse el puesto y a un pelota que dirá lo que sea conveniente como testigo de cargo con tal de que le quitemos las multas. Todos han testificado que los agitadores insultaron a la autoridad pertinente, o sea al alcalde.

NAPOLÍ: O sea yo. Haz que se callen para siempre, ¡coño!.

MARGARITO: A un sindicalista le vieron con un mechero, pudo haber quemado el edificio, ¿eso no es terrorismo?. La revuelta es calificada por los inspectores policiales de gravísima.

NAPOLÍ: Terriblemente grave.

SECRETARIA: ¡Vaya peligro! ¿Quién lo iba a suponer, si van de pacifistas?. Y dicen “no hemos hecho nada, no hemos hecho nada”, ¡uf!.

MARGARITO: Es todo un disfraz. La revuelta es un ataque frontal a la autoridad. Nos golpearon cuando les tuvimos que sacar en volandas porque se tiraron al suelo, en plan suicida. Podemos declararlos perfectamente en rebeldía. ¡Son peores que los talibanes!.

NAPOLÍ: Me hicieron burla.

Sr. V.: Multa, multa y multa.

MARGARITO: Con la ley en la mano no tienen escapatoria.

NAPOLÍ: Que se cumpla la ley. Soy el alcalde y así lo ordeno. Haré de esta ciudad un imperio de justicia y libertad. Con la metamorfosis del liquido elemento a cifra bancaria tenderemos un puente para unir el presente con el futuro. Y otra vez, otra vez volveremos a volar como vuelan los pájaros.

SECRETARIA: Qué bonito. ¡Poeta!, un alcalde poeta.

         CORO:
                    Oh política del soez,
                  que acaba volviendo
                  al molino que tritura
                  palabras e ideas.
                  Antígona vuelve a retumbar:
                  “Los otros por miedo cierran la boca”
                  y convierte a los ciudadanos,
                  ¡ciudadanas y ciudadanos!
                  en Crisostemis. Pueblo ¡reacciona!.
                  Despierta o acabará  en tragedia
                  que ya Sófocles advierte:
                  “si he de vivir libre,
                  tengo que obedecer
                  a los que mandan”
                  Pueblo, levántate,
                  ¡yérguete sobre ti mismo!

    
      I I acto

         Quinta escena

(Un lugar vacío. El fondo blanco. Napolí aparece vestido con una túnica blanca de emperador romano y lleva puesto el gorro de Napoleón. Lleva una lira en la mano, que toca de vez en cuando. Margarito está vestido con una bata blanca y lleva puesta una gorra de plato).

NAPOLÍ: Y sin embargo, Margarito, qué bello es el poder.

MARGARITO: Sí. (Responde con decaimiento)

NAPOLÍ: Cómo nos aclama el pueblo, ¿no oyes?. Lo hicimos todo por él.

MARGARITO: Sí, sí.

NAPOLÍ: Recuerdas cuando por las calles cabalgaba en mi caballo blanco y desde los balcones, las aceras y las calles me tiraban flores. ¡Qué momentos!. Pueblo de esta ciudad, ¡qué bien suena!

MARGARITO: Sí.

NAPOLÍ: Siempre dices sí, sí, sí. Di algo diferente. ¿Te acuerdas de la estrategia?.

MARGARITO: Sí.

NAPOLÍ: Te temían en la ciudad.

MARGARITO: Sí

NAPOLÍ: Salías en las fotos de la prensa, en desfiles, actos oficiales.

MARGARITO: Sí.

NAPOLÍ: Conmigo muchas veces.

MARGARITO: Sí.

NAPOLÍ: No me he querido retirar de mi puesto. Me pertenece. Es mío. Napoleón nunca se rinde. ¿Sí o no?

MARGARITO: Sí.

NAPOLÍ: Sí ¿qué?. ¿Se rinde Napoleón o no?. Te ordeno que me contestes.

MARGARITO: Napoleón también se creyó Napoleón. Incluso después de ser derrotado.

NAPOLÍ: Pero yo soy yo. Napoleón y alcalde.

MARGARITO: Sí. 

NAPOLÍ: ¿Qué querías, que me hubiera retirado?

MARGARITO: Sí.

NAPOLÍ: No, nooooo. ¡Soy el alcalde!.

MARGARITO: Sí.

NAPOLÍ: ¿Querías que me hubiera puesto a jugar con los trenes, o estar de mayordomo en los hostales, o dirigiendo obras que  no sirven para nada y convertirme en la foto de un periódico?. Tú eras el estratega. Cuéntame ¿por qué me empujabas para echarme?.  Pero me resistí. ¿Por qué creísteis que ya había terminado mi labor?

MARGARITO: No hace falta que nada funcione. Lo justo. Cumpliste tu misión. Contratar obras, comprar y coordinar el reparto de las comisiones y de los cargos. Tomar decisiones.

NAPOLÑI: ¿No lo hice bien?.

MARGARITO: Ya se hizo. Había que cambiar.

NAPOLÍ: Yo gané las elecciones. El pueblo me eligió a mí, a mí. ¿Dónde está V.. Me compró este palacio y ahora ¿qué?. ¿Dónde está mi secretaria? (Toca la lira) No dejáis que el pueblo me aclame ni que la prensa me fotografíe inaugurando obras, en la calle, recibiendo a personajes ilustres de todo el mundo. He dado resplandor a la ciudad.

MARGARITO: Sí.

NAPOLÍ: ¡Viva Napoleón!.

MARGARITO: (Secamente) Viva.

NAPOLÍ: ¡Viva el emperador de la ciudad!.

MARGARITO: Viva.

NAPOLÍ: (Desesperado)El pueblo me ama. La gente me adora. Me vota, cada día, una y otra vez. ¿Hay algún cartel que hablé mal de mí?. ¡Contesta!

MARGARITO: Está prohibido pegar carteles.

NAPOLÍ:  Sigues manteniendo el orden y vigilando la ciudad. ¿Dónde están quienes se metieron conmigo? ¿El resto sigue votando?. ¡Contesta!. El silencio retumba en las paredes. Mi sillón, mi mando, mi secretaria, mis órdenes. ¿Y tú?.

MARGARITO: ¿Y yo?

NAPOLÍ: ¿Te has vendido?

MARGARITO: Sí.

NAPOLÍ: ¿Has vendido la ciudad?

MARGARITO; Sí.

NAPOLÍ: ¿Y a mí?

MARGARITO: Sí.

NAPOLÍ: ¿Habéis privatizado al último alcalde?, ¿lo habéis vendido o comprado?. ¡Qué parodia!. (Silencio). Soy el alcalde de esta ciudad. (Silencio) Llévame al despacho. Quiero vender las calles, las iglesias, ¡todo!. (Silencio) ¿Para qué?. Da lo mismo. (Silencio) ¿Tú quieres dinero?. Todo el mundo quiere dinero. Yo soy dinero. Lo soy aún más que Napoleón. (Coge el gorro y lo estruja contra su pecho).

MARGARITO: Sí. (Se va)

         Sexta escena

NAPOLÍ: (Vuelve a colocarse el sombrero). Soy dinero. (Toca la lira) ¿Dónde estoy? Pueblo de esta ciudad, todas y todos ¿dónde estáis?. No veo nada. ¡No veo nada! (Toca la lira. Anda tal cual un vagabundo. De su túnica van cayendo monedas).

         ESTROFA
                  Tal que el rey de Tebas
                  cayó sobre él la maldición.

         ANTÍSTROFA
                  ¿No cumplió con el oráculo?
                  ¿Fue culpable o destino?
                  ¿Es Napolí o el poder?
                  ¿Dónde está la tragedia?

         ESTROFA
                  En las palabras inventadas
                  que llaman pueblo al pueblo
                  en el que reside la tragedia.
                  La muerte de la conciencia,
                  la muerte de la democracia,
                  la muerte de la libertad,
                  el robo del agua y el pan.
                  ¡Agua y pan!
                  es el clamor de los pueblos
                  y es tal la tragedia
                  que sólo verla
                  podrá evitar su destino
                  en forma de un desatino.
                  No hay promesas,
                  tan solo el mar y sus olas.
                  Navegar o naufragar.
                  Pueblo ¡despierta!.

(Suena la lira. Un vagabundo ciego recorre el lugar, mientras que de su túnica caen monedas)                         

                                                           – FIN –

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