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Para Taetro, día 23 de febrero. Presentación del libro.

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Texto en la página de TAETRO. :

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 Lamento no poder estar en este acto para mí tan cariñoso con los autores por parte de Taetro y todo un ambiente a su alrededor. Estoy agarrado a la vida y no me puedo mover, literalmente. Acompañando los paseos finales de la vida de una mujer, llena de 98 años de historia y de historias compartidas. Y mi cuerpo se hace suyo, lo que es toda una lección para ver la vida más allá de las barreras de lo que es como siempre.

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Me hubiera gustado estar con vosotros, para de palabra, como es el teatro, deciros “gracias”. Porque son pocas o casi nulas las oportunidades de hacer visibles las obras de teatro de muchos autores, que guardamos carpetas llenas de folios escritos con guiones que nadie ha leído sino el autor. Ahora flotan en las ondas de internet como cometas fugaces. Hacer que un grupo se preocupe de montar una obra, que un actor dé vida a un personaje, y que publiquen los textos, como ahora se presentan, es mucho más, mucho más que la palabra escrita y que la palabra actuada. Es un canto a la libertad y a la cultura, la que está escondida, la de verdad. ¿Qué mejor que un día, casualmente como hoy, 23 F?, porque frente al permanente ¡que se callen, coño! que sucede cada día en el parlamento de las letras, hay grupos que salen al escenario para decir ¡no me da la gana!. Lo cual es de agradecer, no sólo personalmente, sino todos, porque es un mérito, de esos que hay que ver en directo como ahora estáis, porque no sale ni saldrá en televisión ni en los grandes medios.

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Es curioso que sigamos escribiendo sin que nadie lea lo que escribimos, y acumulemos textos, por una imperiosa necesidad de hacerlo, lo cual parece una ley tan simple y universal como que los niños siempre pasan por un charco cuando lo ven, no lo rodean, y es que hay trozos de la infancia que quedan incrustados en nosotros y necesitan gritar, llorar, reír, saltar, jugar, lo que se hace el niño adulto al escribir, al actuar. La infancia es la patria del arte, como diría el poeta Rimbaud.

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Cuando me pidió Milagros asistir al acto, me dio mucha pena decir que no, pero hay cadenas que son alas, las afectivas, que vuelan en sí mismas. Me hubiera gustado decir que cuando Eufrasio interpretó “Monólogo con Pessoa” , con Pessoa, no de Pessoa, con su fado dedicado a este autor me emocionó porque vi lo que había escrito, que pude haber imaginado, pero no ver. Una actuación no son los gestos, ni el texto, es una vivencia que se trasmite, que a veces en los silencios se palpa, se acaricia. Gracias.

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En esta obra quise gastar una broma a Pessoa, a él que escribió con tantos heterónimos, no haciéndose pasar por otros, sino siendo otra persona, pues bien, al menos por una vez seamos él. Y ¡qué mejor que ir a su patria!, el idioma, y jugar irrespetuosamente con él, con el de cada uno. Como dijo Sartre hay que dejar la seriedad si queremos desatarnos. Y juntar teatro con Pessoa, con Taetro, con Chiclana más allá de la playa, me hace recordar al escritor portugués universal: me gusta palabrear, las palabras son cuerpos tocables, sirenas visibles, sensualidad incorporadas. ¡Y todo esto en un escenario!. Y ahora en un libro compartiendo otras palabras de otros autores, cada una con su historia particular, que a la vez quieren ser universales.

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Y para estas palabras, ¡qué mejor que la gente de teatro-Taetro para dar rostro a lo invisible!, a lo que siempre queda en el tintero, hoy en teclas que no se aprietan. ¿Qué más decir?. Al fin y al cabo la palabra es aire que los actores remueven y hacen que sople, que sea viento. Otra vez gracias. Y otra vez escuchemos a Pessoa, ¿para qué más explicaciones?:

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Deja pasar el viento

sin preguntarle nada.

Su sentid es tan sólo

ser el viento que pasa.

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