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A la orilla del muro

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(Esperanza es una mujer de unos 50 años. Yace tumbada. Se oye el sonido de las olas del mar, el graznido de gaviotas. Poco a poco va recuperando la conciencia. Hace un esfuerzo para ponerse en pie. Mira a un lado y a otro. Su rostro refleja cansancio).

(La representación recoge un juego sutil de transformaciones: mujer – muro – autor – mujer)

ESPERANZA: No es que ya no tenga casa, ni rumbo, ni familia. A mi esposo le tragaron los fusiles, a mis padres las bombas, a mis hijos el mar, a mis hijas (silencio) A mis hijas las entrañas de la crueldad. Sí. No es que ya no tenga nada, ni siquiera a mí misma, es que ¡no tengo mundo! (Mira a su alrededor, contempla hacia atrás el mar). Las olas son nada. El mar desaparece. (Deja de oírse el sonido del mar y de las gaviotas) En lugar de un mundo ante mí, tengo un muro, y una alambrada, y olas de seres humanos sin orilla, sin acantilados. Sólo el abismo. Y el muro y el silencio y las miradas rotas y los ojos vendados. Hoy el mundo es un muro con el que hacen pasillos de oficinas y despachos, un muro de asfalto y de cemento, de vallas y verjas y ladridos que vigilan los ladrillos que forman el muro. Y muros de seres humanos amurallados, de muros felices, de muros de noticias frescas y de niñas y niños que juegan a ser un muro el día de mañana. De niños (Silencio. Mira a su lado, señala al suelo; silencio. Hace que coge a un niño y lo mece contra su pecho. Con el niño en brazos mira al frente) Fabrican navíos de guerra que son inocentes, condecorados, votados, premiados, cambiados y luego nos gritan “welcome refugiados”. (Ríe amargamente) Welcome al muro, ¡welcome muros del mundo!. Muros de razas, de palabras, de olvido, de monedas. Pancartas y canciones de paz durante un rato hacen cosquillas a las piedras. (Besa al niño, lo deja con cuidado en el suelo, a la orilla del mar. Da unos pasos) El muro de la vida. El muro de la muerte. Los corazones de hormigón y las cabezas de cemento gobiernan el mundo. Y el muro. Las manos de poetas, de beodos y de profesores ahuecados obedecen. Muros con papeles y muros sin papeles, en los que están escritas las leyes de papel con los derechos de humo y el muro crece y crece con pedestales de justicia. Nadie puede hacer nada, sino cumplir su función (silencio) en el muro. Ya nada queda que no sea un muro. ¡Yo soy un muro!, con la voz amurallada. Pero ¿a qué lado del muro estoy si ya no hay nada que no sea un muro? Hasta las trompetas de Jericó se han convertido en murallas. La libertad (respira profundamente). La libertad es un muro que llevamos dentro. Por seguridad. ¡La seguridad de los muros!, la libertad de los muros. (Los ojos de Esperanza se desorbitan. La esperanza se convierte en un muro) Y yo que soy un muro ¡no puedo dejar que los seres humanos me salten, ni trepen sobre mí! No puedo dejar que me tiren piedras ni que me atraviesen. ¡Muros del mundo uníos!!! A los muros no nos vais a engañar con vuestras lágrimas. No dejaremos que nos señaléis con el dedo ni que nos juzguéis. Cada vez somos más grandes y cada vez somos más. Nos alimentamos de la corrupción y de quienes “no saben no contestan”. Soy una pantalla gigante de televisión formada de ojos que me miran y vivo formado por millones y millones de pantallas de ordenadores (Ríe a carcajada) Soy todo. ¡No dejaré que pase ni un terrorista! Y aplastaré a cualquiera que llegue a la orilla. Las olas hundirán a la disidencia. ¡Uniremos nuestras fuerzas para ser un sólo muro! Y crearemos millones de puestos de trabajo para vigilar el muro, para ser más grande y que no haya nada que no sea un muro. ¡No quiero que nadie vea nada que no sea un muro! ¡Nada! (Se convierte en la brisa del mar) ¿O acaso pueda haber alguien que imagine que una mujer llegue a la orilla arrastrada por las olas? ¿Puede alguien imaginar que una mujer mal herida no vea nada que no sea un muro?, que coge en sus brazos a un niño para cuidar de él, ¿quién podrá pensar que esa mujer tuvo una pareja, que amó a sus hijas y a sus hijos?, ¿quién puede soñar que pueda vivir fuera del muro?, ¿quién se atreverá a no ser un muro más? ¿Acaso soñar no es un acto de sedición? Si una persona sobreviviera ¿sabrá que vivir es un acto de rebeldía? y deberá ser perseguida, y que será multada si su corazón latiera sin estar uniformado, sin desfilar ante el muro. ¿Podrá recordar esa mujer que los muros son diseñados con bellas palabras y silencios alborotados?, ¿que los muros se adornan de manifestaciones y de goles incrustados en el aire?, ¿sabrá que el aire es otro muro que rodea al muro? (Da unos pasos firmes) Si esa mujer se levantara y mirase a su alrededor verá que no queda nada. Las bombas le quitaron a su marido, y a sus padres, el mar se tragó a sus hijos. A sus hijas la violencia. Ella chocó contra un muro. Al llegar. (Ríe cínicamente). Y se fue porque no la dejaron entrar ni tan siquiera en el muro. Se quedó en la orilla, tumbada. (Se postra a la orilla del mar donde yace dormida, hasta que despierta. Se levanta despacio, se despereza. Mira a un lado, a otro). Allá quedó lo que amé, la orilla será mi patria, las olas serán mis pies, el horizonte mis manos, viento aquello que mire y ningún odio me hará detener, ¡qué más das que encuentre un muro!, pariré la libertad y si hacen falta mil mundos ¡millones abrazaré! Con estas manos dolosas (mira sus manos) acariciaré a aquel a quien vuelva a amar, (con la mirada al frente, los ojos llorosos, traga saliva), no olvidaré jamás el lugar de donde vengo, y al lugar al que voy son las grietas por las que pasar. Recorreré mil vidas si hace falta, pero no me voy a parar. No. Y no iré sola. (Mira al suelo, a un lado. Ve al niño tumbado, postrado. Se acerca a él, se arrodilla a su vera, le toca) ¡Despierta, despierta!! (Sonríe. Se levanta y da la mano al niño imaginado que se pone en pie. Mira al público, estira el brazo con la mano extendida) Despierta. (Camina con el niño a un lado asida de él de la mano, e igual con la otra persona imaginaria al otro lado, yendo a algún lugar).

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– FIN –

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Licencia Creative Commons
A la orilla del muro por Ramiro Pinto Cañón se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.
Basada en una obra en www.ramiropinto.es.

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