Narciso y la cierva blanca

PERSONAJES:

* Narciso

* Cierva Blanca

* Vecina


(El fondo del escenario es todo blanco: paredes, suelo, techo. Narciso viste de blanco: pantalón, camisa, chaleco, chaqueta,  zapatos y guantes. También es de color blanco el sombrero y el bastón que lleva. La cara maquillada de blanco, el cabello del mismo color. Los labios pintados de rojo, al igual que la cierva y la vecina. La cierva blanca lleva puesta una túnica, medias y  sandalias  blancas. Los brazos al descubierto. Sobre la cabeza unos cuernos blancos. El cabello oscuro. La vecina viste con alpargatas, pantalón y camisa blancas. En el escenario hay dos sillas y una mesa blancas)

 


ACTO I


Escena primera


(Entra Narciso. Se muestra frenético. Mira a su alrededor. Como si se mirase al espejo, observa su cara frente a la pared. Se muestra extrañado. Busca algo en lo que mira).

NARCISO:  No puede ser. (Se dirige al otro lado del escenario. Mira con detalle la otra pared) No veo nada. Pero mis ojos ven. (Vuelve al otro lado y se mira en la pared, como si se viera en un espejo haciendo que se afeita) No está ahí, pero yo sí que estoy aquí. (Anda de un lado a otro) ¡csierva! ¡csierva!. ¡Mi cervatilla blanca!.

 


Escena segunda


(Entra trotando alegremente la cierva blanca)


CIERVA: Cierva, Cierva. Ci-er-va. ¡No sierva! Soy una cierva, tu cierva blanca, ¡no tu sierva!

NARCISO: Mi cervatilla blanca (Le hace una carantoña y le da un beso)  Mi bella, mi hermosa y querida cierva blanca.

CIERVA: ¿Qué deseas mi amor? mi dulce de elegancia, mi pulcro y exquisito varón, lleno de arrojo y galán. Casi, casi una joya de marfil.

NARCISO: ¡Cuidado! cierva. Todo aquello que ves en mí podría desaparecer.

CIERVA: ¿Desaparecer tú?

NARCISO: Yo o mi ser.

CIERVA: Mi amor (Se acerca a él)  ¿Qué pasa? ¿Ya no te miras lo suficiente?

NARCISO: No, no es eso.

CIERVA: ¿Es?

NARCISO: ¡Mira! (Señala con el bastón a la pared en la que se miró a modo de espejo)

CIERVA: ¿Y?

NARCISO: ¿Y?

CIERVA: No veo nada.

NARCISO: ¡Ah!

CIERVA: ¿Ah?

NARCISO: ¡Aaaaah!

CIERVA: (Corretea) A–a-a-a-a (Con ritmo musical)

NARCISO:  ¡Basta! ¿No ves?

CIERVA: No.

NARCISO: Pues eso. Eso es lo que pasa.

CIERVA: ¿Qué es lo que no veo? (Mira a su alrededor) Veo todo.

NARCISO: Menos ahí (Señala la pared)

CIERVA: (Mira con atención. Se muestra sorprendida. Se acerca más. Mira a Narciso) No se ve.

NARCISO: He ahí la cuestión, ¡voila! que diría un francés.

CIERVA: Ad hoc.

NARCISO: ¿Que?

CIERVA: Ad hoc.

NARCISO: ¡Ah!

CIERVA: Ah.

NARCISO: Ah no, ¡mira! (Señala la pared)

CIERVA: Miro.

NARCISO: ¡No nos podemos ver!.

CIERVA. Yo te veo a ti, y tú a mí.

NARCISO: ¡Pero no nuestra imagen en el espejo!

CIERVA: Se habrá gastado.

NARCISO: ¡Por favor! mi ciervecita blanca, el espejo no tiene pilas.

CIERVA: ¿Y en otros espejos se ve? (Sale a comprobarlo. Vuelve) En ninguno. No funcionan. No se ve nada en ellos. ¿Qué ha pasado? Bueno (Piensa. Vuelve a salir y a entrar. Mira la pared con atención) Las cosas sí se ven, pero los rostros no, ni las manos, ni el cuerpo.  No se ve la imagen humana.

NARCISO: Efectivamente.

CIERVA: ¿Y en el agua? (Salen los dos. En un rato entran)  ¡Tampoco! (Se miran extrañados y asustados)

NARCISO: Algo pasa.

CIERVA: Pero ¿qué?

NARCISO: No lo sé, no lo sé.

CIERVA: No te preocupes, no te preocupes.

NARCISO: Sin imagen yo dejaría de ser. ¡Necesito verme al espejo, aunque sea un poco! ¡Lo reconozco!

CIERVA: ¿Qué puede haber sucedido? ¿Sabes si sucede en todas partes?

NARCISO: No lo sé. No lo sé. Tenemos que preguntárselo a la vecina.

CIERVA: Sí, sí.

NARCISO: Ella se entera de todo.

CIERVA: Sí. (Se asoma a la puerta) ¡Vecina! ¡vecina! (Silencio) ¡Vecina!

VOZ DE LA VECINA: ¿Qué pasa?

CIERVA: ¡Ven, por favor!

NARCISO: Es urgente.

CIERVA:  ¡Es urgente!

Escena tercera


(Entra la vecina)

VECINA: ¿Qué queréis? ¿Qué sucede?

NARCISO: ¡Mira! (Señala la pared con el bastón)

VECINA: No veo nada.

NARCISO: Pues eso.

VECINA: ¿Eso?

NARCISO: Sí, eso

CIERVA: Precisamente eso.

VECINA: ¿Eso? eso ¿qué es?

CIERVA : ¿Para qué sirve un espejo?

VECINA: (Mira atentamente la pared. La cierva blanca se sienta en una silla) Veo la mesa (Se asombra) ¡Es verdad. No se reflejan nuestros rostros, ni nada de nosotros (Se quedan pensativos) Esta mañana cuando me estuve aseando no me vi. Pensé que habría quitado el espejo sin acordarme de  donde lo habría dejado. (Piensa) Es curioso: esta mañana salí a hacer la compra. Siempre me miro de reojo en el reflejo que hacen los escaparates con la luz. No me vi.

NARCISO: ¡Ah! ¿Te miras?

VECINA: Bueno, es una costumbre. Mirar por mirar.

NARCISO: Ya.

VECINA: Me eché en falta. O sea, no me vi reflejada.

CIERVA: ¿Y?

VECINA: No di importancia a no verme. No reparé en ello. Iba con prisas. Creo que intuí que fue por ir con demasiada celeridad y simplemente no me fijé.

CIERVA: Deprisa ¿para qué?

VECINA: Para hacer todo deprisa y corriendo. Es un impulso y así luego puedo hacer cosas todavía más deprisa. Y más, y más y más deprisa.

CIERVA: Y descansar.

VECINA: Sí, pero descansar deprisa y corriendo.

NARCISO: Luego, entonces,  no viste tu imagen, ni en tu casa, ni en la calle.

VECINA: Ahora que lo pienso no. (Mira a la pared) Y ahí (señala) tampoco.

NARCISO: Luego no es solamente en este lugar.

CIERVA: El Olimpo está demasiado conectado con lo de abajo. Lo que es abajo es arriba.

NARCISO: Y lo que es arriba es abajo. Así dice el Kybalión.

VECINA: ¿Que significa que los espejos no funcionen?

NARCISO: Funcionan. Lo grave es que sí que funcionan. Reflejan todo lo demás, mas no la figura humana. Es la imagen humana la que ha desaparecido. Si no reflejasen nada de nada podríamos pensar que se trata de una partícula contaminante que afecta al agua mezclada con el mercurio. Por ejemplo.

CIERVA: Tampoco el agua cristalina refleja nuestra imagen.

VECINA: Ni los escaparates. (Narciso se mira a la pared con gesto de preocupación y pensativo)

CIERVA: (Se levanta) ¿Qué puede ser? ¿A qué es debido?

NARCISO: ¿Qué significa?

VECINA: ¿Por qué ha sucedido?

NARCISO: (A la vecina) Intenta averiguar qué es lo que pasa allá abajo. Intenta traer datos significativos, de todo tipo y lugar.

VECINA: Así lo haré. En un primer momento, no verte en el espejo, parece algo sin importancia. No se oyen ruidos como en los casos de un cataclismo. Pero ahora que lo pienso sí que es algo extraño.

NARCISO: Lo curioso es que no te hubieras dado cuenta. Que no te hubieras alarmado. Puede ser un cataclismo silencioso, sin que nadie lo sospeche ni se dé cuenta.

VECINA: Ya, pero es que no reparé en ver que no me vi.

CIERVA: Yo tampoco. Al irme a arreglar no me vi, me maquillé, depuré la cornamenta y hasta me miré a los ojos y fue como si los viera, no se me ocurrió que no me veía.

NARCISO: Curioso.

CIERVA: Lo tuyo es más grave. No puedes vivir sin verte.

NARCISO: Eso es un mito.

CIERVA: Claro.

VECINA: Si os parece voy a ver qué es lo que está pasando allá abajo y  cuando vuelva os cuento.

NARCISO: Sí, sí. Con los datos en la mano veremos qué podemos hacer.

CIERVA: No conozco ninguna fórmula mágica para conseguir que los espejos reflejen el rostro humano.

NARCISO: Tampoco nunca la hubo para que reflejasen la de los dioses.

CIERVA: La imagen depende de los ojos que miran.

VECINA: Pero somos tres los que no vemos nuestros rostros.

CIERVA: No es, pues, un efecto óptico.

NARCISO: Tienes que averiguar si es algo que se ha extendido por todo el mundo.

CIERVA: No podremos hacer nada. ¡No hay fórmulas mágicas!

NARCISO: Tampoco ha sido por la magia el que hayan desaparecido nuestras imágenes del espejo. Hay una causa. Tiene que haberla.

CIERVA: Todo tiene una causa.

NARCISO: Lo que dices también aparece escrito en el Kybalión. Y lo han desarrollado tres sabios de allá: Trimegistro, Aristóteles y Newton. Aunque  la física actual habla del Bing Bag. sin embargo os digo que no creo que la ausencia humana de los espejos sea el comienzo fortuito de algo. La gente pensará que es como el vuelo de Harry Potter, un invento comercial. Desprecian el saber, ante el uso de todo aquello que sólo se sabe usar y si se compra mejor. La razón se hace cada vez más banal, ¡absolutamente vana!

CIERVA: Y vanidosa.

VECINA:  No nos quedemos en un callejón sin salida. Voy a buscar alguna pista allá abajo.

CIERVA: Te esperamos impacientes.

VECINA: Hasta la vuelta. (Se va).

Escena cuarta


CIERVA: ¿Qué crees que puede ser? ¿A qué se debe?

NARCISO: No lo sé. Ciertamente no sé. No tengo ni la más remota idea. (Se asoma, como si mirase desde un balcón de un edificio muy alto) Todo parece como siempre. Agitado, como siempre. Por una razón u otra, como siempre.

CIERVA: ¿Podremos hacer algo?

NARCISO: No lo sé. De momento esperar. Veremos qué noticias trae nuestra vecina.

CIERVA: (Se acerca a Narciso. Le ase la mano y la besa) Narciso, te quiero. Pase lo que pase tenemos todo el tiempo del mundo.

NARCISO: Yo también te quiero, mi csierva.

CIERVA: Cierva, cierva.

NARCISO:  Mi cierva, mi cervatilla blanca (Se aleja de ella. Vuelve a mirar al espejo) Sólo desde la eternidad se puede entender el tiempo. ¿No es extraño que también aquí haya desaparecido la figura humana del espejo?

CIERVA: Sí, Ciertamente es raro.  Pero ¿por qué?

NARCISO: Algo ha tenido que suceder allá abajo. Algo que vacía el alma.

CIERVA: El alma no se ve.

NARCISO: El alma es la imagen de las personas. Sin embargo ha sido ocultado por aquellos que fabrican creencias. Han hecho creer que el alma es algo o nada y a mí me han puesto de vanidoso (Se ríe) ¡De narcisista!

CIERVA: Narciso. (Se coloca tras él. Ambas miran a la pared. Silencio) Me regalaste ese espejo ¿te acuerdas? (Se abrazan) Cerré los ojos porque tú me lo pediste. Cuando los abrí aparecieron nuestros rostros unidos en él. Y me vi en tus ojos.

NARCISO: (Sonríe. Da unos pasos y se separa de Cierva) Los dioses también se equivocan. Se equivocan porque no existen. Somos la imagen de la imagen de los de abajo y dependemos de ellos. Sin embargo nos adoran (Suelta unas carcajadas) Sin la imagen no existiríamos.

CIERVA: Tal es el secreto que no debe de llegar nunca a bajo ¿verdad?

NARCISO: Da lo mismo que se sepa o que no. Nadie quiere saber. Se confunde creer con saber.

CIERVA: Entonces ¿nadie se mira?

NARCISO: O si se miran no se ven. (Señala al espejo) ¿No ves? Si no volvemos al espejo me convertiré, otra vez, en una flor amarilla, con pétalos blancos rodeados de un cáliz. Con el tallo curvo, siempre mirando abajo. (Se ríe) Como si siempre me estuviera mirando en un río. Mis sombras fueron a la montaña y allá en Riaño se llamaron capilotes. Todas esas flores fueron ahogadas. Y con ellas una revolución  cuya bandera fue el viento.

CIERVA: Yo volveré a ser una cierva blanca del bosque. Sin forma humana ¿verdad? Sin imagen. ¿A tanto podría llegar la ausencia de imagen en los espejos?

NARCISO: A tanto. No somos solamente una imagen, porque somos y además somos imagen.

CIERVA: No te preocupes. Yo te miraré y te contaré cómo eres. Recorreré con mi tacto (le acaricia) tu rostro y tu cuerpo, para que sientas cómo eres. Seré tu espejo invisible.

NARCISO: (Sonríe) Y yo a ti. Pero lo que ocurre es más que una mirada, más que unas caricias. Nos iremos quedando ciegos de nosotros mismos, poco a poco. Mira. (Los dos miran a la pared) Vemos la otra pared, la mesa, la silla, pero a nosotros no. Sin espejo somos una cosa que cree ser persona. Ahora nuestra imagen son las cosas.

CIERVA: ¿La persona  es sólo una imagen?

NARCISO: Es nuestro escondite. (Se ríe) Ellos, los de abajo, tienen la palabra, nosotros la imagen. Necesitamos de ellos sus palabras para existir. Ellas nos dan vida. Ellos necesitan de la imagen para que sus palabras vivan. Por eso han inventado los símbolos.

CIERVA: Más bien, sus palabras, construyen la realidad.

NARCISO:  Y la destruyen.

CIERVA: Y la resucitan.

NARCISO: Y con ellas la aman. Y la ven.

CIERVA: Y con ellas también la odian. Y no la ven.

NARCISO: (Se acerca a ella. Le ase la mano y le besa) Csierva, mi csierva.

CIERVA: Cierva, cierva.

NARCISO: Cierva mía, te amo.

CIERVA: Fue tu mirada la que me hizo detener.

NARCISO: No saliste corriendo como las demás del rebaño.

CIERVA: Me quedé quieta porque al verte me paralicé.  Y al acercarme a ti mi cuerpo de cierva se hizo humano.

NARCISO: A mí me declararon en rebeldía. Los dioses me odiaron y los seres humanos no me entendieron. Dijeron que al mirar a los ciervos vi a Eco. Todavía lo siguen contando, aunque ya a nadie le importe si vi o no a Eco. Fue una trampa de Zeus y Afrodita. ¿Te imaginas? “hola” y “hola, hola” (lo dice en forma de eco) “Te amo” y “te amo, te amo” (en forma de eco) Nos quisieron emparejar a mí y a Eco, con el fin de que mi mirada se repitiera allá abajo. Me hubieran convertido en un esclavo de los de abajo y de los de arriba. Aquí nadie nos encontrará.

CIERVA: Pero tienes que seguir siendo un dios.

NARCISO: Diosecillo.

CIERVA: Y yo tu cierva blanca.

NARCISO: Amor (Ella se acurruca entre sus brazos)

CIERVA:  Ya no puedo volver con los míos. Ni salir de este rincón. He aprendido a amarme.

NARCISO: Y a mirarte. Venus quiso condenarme por no dejar que Eco me besara y enamorado de mi rostro, lo reconozco, nunca logré besar mi imagen. Creyeron que desesperado me maté. De Narciso a narcisista hay un paso (se ríe ostentosamente)  pero no se dieron cuenta que te conocí a ti y pude ver tu beso en mi rostro, ciervecilla, ¡mi cierva blanca!, y el mío resbalando sobre ti. Y , entonces pude comprender,  que los de allá abajo tienen que aprender a mirar.

CIERVA: ¿Y ahora? ¿qué pasará?

NARCISO: Yo no puedo vivir sin verme. (Se aleja de ella con andares  de elegancia)

CIERVA: Te daré mis ojos. Te contaré en cada momento como es cada trozo de ti.

NARCISO: No. No puedo cambiar la imagen por la palabra, mi cierva, mi querida cierva blanca.

CIERVA: ¡Tendremos que hacer algo!

NARCISO: Sí, cuando sepamos qué pasó allá abajo.

CIERVA: ¿Y mientras tanto?

NARCISO: Esperar. Queda esperar. Si me ves, estoy acá, pero para ser necesito verme. Por eso existo y nada tiene que ver con lo que han hecho creer sobre mí, ¡un presumido insolente!  ¿vanidoso? Sí, pero no superfluo. ¡Soy la imagen del Hombre que se hace a sí mismo!

CIERVA: A su imagen y semejanza.

NARCISO: Pero, ellos, cuando inventaron la palabra se olvidaron de su ser, renunciaron a su propia imagen y se la dieron a los dioses.

CIERVA: Los dioses se la arrebataron.

NARCISO: Los seres humanos se la dejaron quitar. Inventaron después su propia historia y la mía. Pero todo puede llegar a ser nada. (Se mira al espejo) ¡No, ¡no! (Silencio) Ahora puedo desaparecer. ¿Por qué? ¿por qué? Yo, hijo de Céfiro. El dios-río que amó y se unió a Livíope, mi madre la náyade. Dijeron que mi padre la violó. ¡Mentira! Insensatos. El dios de un sólo río, ¡de uno sólo!, Alfeo  se enamoró de la ninfa Aretusa. Cuando ésta se convirtió en fuente  Arfeo mezcló sus aguas con las de ella. Y eso fue amor ¿por qué lo de mis progenitores no? Por envidia, porque él fue el rey de todos los ríos. Y los humanos no quieren vivir sin dioses, les quieren a su imagen y semejanza. De esa mentira contra mi padre nació el río Boecio y allá, en Grecia, regó la razón. La palabra se separó de la imagen por culpa de esa mentira, y otras. Esa es la sabiduría humana. Pero logré infiltrarme en sus vidas, apartado del ruido del Olimpo.  ¿Y ahora?

CIERVA: ¿Y ahora?

NARCISO: Contigo, mi csierva, mi csierva blanca.

CIERVA: Cierva, tu cierva blanca.

NARCISO: Descubriste la imagen de esa mentira: el Poder.

CIERVA: ¿ Yo?

NARCISO: Sin darte cuenta.

CIERVA: ¿Qué?

NARCISO: Yo miré al río, con la mirada que acaricia lo eterno. Quise hablar con mi padre y con mi madre que se diluyó en él. Sólo es amor trasparente aquel que transcurre. ¡Céfiro, Livíope! os quiero y respeto. Os  marchasteis lejos de la mentira. Quise saber qué hacer y me respondisteis con mi propia imagen.

CIERVA: Te seguí y me esperaste a orillas del río.

NARCISO: Quise verte en la imagen de las aguas que reflejaron mi padre y mi madre. (Se ríe) Y me vi reflejado con la cornamenta puesta.

CIERVA: Bebí de aquel agua y mi imagen se hizo humana.

NARCISO: Con la misma mirada hermosa. (Se miran frente a frente) Y otra vez la mentira pululando ¡La mentira cayó como piedras sobre las palabras! y las rompió.

CIERVA: ¿ Y sólo nos queda esperar?

NARCISO: Esperar para seguir esperando.

CIERVA: ¿Esperar y esperar? No te preocupes, te contaré como se mueven tus gestos. Seré tu espejo.

NARCISO: (Sonríe) No, no. No basta.

CIERVA: ¿A qué hay que esperar?

NARCISO: A que  la palabra y la imagen vuelvan a unirse.

CIERVA: Pero ya sólo queda la palabra.

NARCISO: Y la palabrería. (Silencio. La cierva se sienta. Se miran mientras que él habla y da pasos de un lado a otro)  Cierva, algo ha sucedido allá abajo. Tenemos que averiguarlo, porque nos afecta a ti a y a mí. Podríamos desaparecer. ¿Te das cuenta?

CIERVA: (Se levanta) Los dioses sois inmortales. Tú me has dado un trozo de eternidad.

NARCISO: Los dioses también morimos. El gran secreto de la palabra es lo que no se ve. Morimos cuando nos olvidan, cuando carecemos de imagen o cuando dejan de creer en nosotros. Por eso tenemos que actuar antes de que nos conviertan en meras palabras rotas, sin imagen. ¿No ves? (Señala la pared)

CIERVA: Sí, sí.

NARCISO: Tenemos que apesgar con un trozo de cruz: nuestra imagen, sombra de una luz que nos hace existir. El ser humano sin imagen será pasto de un mundo hecho con palabras.  En ti está la clave de lo que sucede.

CIERVA: ¿En mí?

NARCISO: En tu cornamenta, mi amor, csierva mía.

CIERVA: Cierva, cierva.

NARCISO: Mi cervatilla blanca, tus cuernos simbolizan el poder. Un poder que yo adquirí, por tu amor, para seguir mirándome. Ninguno de los de arriba pudo quitarnos nuestro rincón del Olimpo. Los de abajo convirtieron los cuernos en coronas, coronas de joyas, coronas de espinas. Pero el Poder, mi cierva, es blanco como tu cornamenta, como tú. Es el poder de uno mismo, para ser unos mismo.  Sin embargo las palabras vistieron de negro la cornamenta y se convirtió en el símbolo del poder sobre los demás. Cuando allá abajo empezó a medirse el tiempo se empujaron unos a otros. La palabra hace de las cosas y los hechos símbolos y de ellos nacen las mentiras, heraldos y banderas de estupideces que dan lugar a las guerras y a los más sucio de abajo. Sin embargo la metáfora ve en tu mirada “ojos del viento”. La poeta cubana Illena Alvárez,  describe el paso del tiempo como “la fuga de ciervos perseguidos, que sostienen la curvatura infinita de la eternidad”. Los símbolos hicieron de la sombra luz y los ojos fueron otros ojos.  Primero vieron sus sombras y esa imagen negra fue su imagen. La luz y la claridad del agua les permitió verse. Al verse afuera de sí nos dieron su imagen.

CIERVA: Se la quitasteis.

NARCISO:  Puede. Sin darse cuenta lo que crearon se apoderó de ellos: Por un lado nosotros y por otro la palabra. Contaron una historia que unió lo de arriba y lo de abajo. Por eso necesitan verse. Con la palabra inventaron la mentira, para que su imagen no fuera descubierta. La escondieron para que no saliera afuera y ahora no saben adónde esta. Para ellos el espejo es sólo un cristal y su imagen una pose. Inventaron la mentira y no pueden salir de su tumba.

CIERVA: Pero, mira (señala abajo, como si mirasen el mundo desde una montaña) siguen dando vueltas. Se mueven de un lado para otro.

NARCISO: Van y vienen y creen que hacen algo. Esa es la mentira. ¡Se mueven! Sólo se mueven. Olfatea (lo hacen los dos) Sus sentimientos, emociones, ideas, pensamientos huelen a cuerno (la cierva se asombra de lo que dice y mira cabizbaja) ¡a cuerno quemado!

CIERVA: La contaminación.

NARCISO: No. (Ríe) No. Más negro. ¡Es el Poder! ¡El Poder! (Se ríe) El poder de la nada, el poder que no puede nada, pero es poder y con él se mata.

CIERVA: ¿El poder es negro?

NARCISO: ¿Qué más da?  Es de todos los colores.

CIERVA: También negro.

NARCISO: Sí, también.

CIERVA: Verás, cuando fui cierva, estábamos en el rebaño, junto a Eco. Pero no era por casualidad. Le seguíamos porque repetía nuestros sonidos y pensamos que era uno de los nuestros. Al ser como nosotros, pero diferente, le tomamos como guía. Se enfureció cuando fui tras de ti. No porque no le eligiera a él, sino porque dejé de someterme al rebaño. Lo que contaron respecto a mí  los de abajo fue mentira.

NARCISO: ¡Otra mentira! (Se ríe. Levanta los brazos unos instantes) ¡Una gran mentira dentro de otra mentira que guarda mil mentiras más, que encierran millones de ellas y otra mentira que se guarda en otra y otra! (Se ríe)  ¿Y qué hace funcionar la mentira? ¡El Poder! ¡Los cuernos!

CIERVA: ¡Los cuernos no!

NARCISO: No, los cuernos no. Los cuernos convertidos en coronas, ¡convertidos en mentira! Algo ha pasado, algo ha ocurrido allá abajo, sin lugar a dudas. Algo capaz de descubrir la mentira. ¿Ves si viene nuestra vecina? (Cierva mira)

CIERVA: No, todavía no. (Silencio. Narciso se mueve de un lado a otro con inquietud)  El rebaño se desmandó, desapareció. No volvieron a verme ni saber nada de  mis hermanas y hermanos. Excepto de un ciervo negro que se acercó a Eco. Éste montó sobre él y se fueron abajo.

NARCISO: ¡Aaaah! Guardó su imagen y se convirtió en una voz que repite la mentira de manera invisible. Me pregunto ¿qué habrá sucedido abajo para que haya desaparecido la posibilidad de verse como humanos y que puedan averiguar que la mentira es mentira? Aunque no haya verdades de por medio.

CIERVA: (Mira) Desde aquí no se ve nada especial.

NARCISO:  Mi cierva, mi cierva blanca (Narciso abraza a su cierva con un brazo) nadie se hace eco de lo que pasó con el pretor romano que no quiso ser rey.

CIERVA ¿Cipo?

NARCISO: Cipo. Sus sienes fueron adornadas de cuernos, porque tuvo el poder de sí mismo, sobre sí mismo. Lancé mi imagen sobre él y le destruyeron, tanto los de arriba como los de abajo. Él “alzó a los cielos tanto sus ojos como sus cuernos”. Inspirado por el lugar al que llegó lo contempló y eso los demás lo convirtieron en conquista. Se tapó los cuernos con laurel, para ser uno más, en señal de paz y las palabras convirtieron paz en victoria. Y los diosecillos le hicieron rey: “salve, rey, pues a ti, Cipo, a ti y a tus cuernos obedecerá este lugar” (Se ríe) Y Cipo se fue. “Sobre una puerta de bronce hacen esculpir unos cuernos que reproducen la prodigiosa forma, destinada a perdurar largos siglos”. Esa puerta se cerró. ¿Te das cuenta, mi cierva, mi cervatilla blanca?

CIERVA: Todo ha cambiado. Pero ha sobrevivido.

NARCISO: ¿Puede dejar de sobrevivir? No es casualidad que estemos, ahora, tú y yo juntos buscando la esencia de lo esencial para nosotros. En los ciervos está el ADN de las guerras, los genes de la Historia, con los que se construye el mundo mediante ladrillos que son palabras colocadas unas sobre las otras.

CIERVA: ¿Y no será un exceso de pasión, de vernos tan solos tú y yo, que arrancas de la vida misma el destino?

NARCISO: Nunca, hasta ahora, ha estado tan claro. Ya lo contó Virgilio y pensaron que todo fue literatura. Cuando se gestó el poder como destino de la Humanidad y con el fin de imponer las normas de la Paz, y no sólo la pax romana,  los fundadores de ese mundo de abajo tal cual es hoy, reflejo y forma pura de poder, “perseguir arrebatadamente a un ciervo fue la primera causa de las calamidades e incendió el agreste ánimo para la guerra”. Fue un ciervo de singular belleza y enormes cuernos, adornados con guirnaldas y fue peinado y bañado en una fuente limpia. Herido, después por una flecha llenó de quejido el cortijo. Ayudarle fue la señal del inicio de la guerra. ¿Cosa de dioses? ¡Los de abajo quisieron una guerra contra los designios de los dioses! ¿No te das cuenta? “las olas ladraron” y , como siempre fue después “el destino nos rompe y el vendaval nos arrastra”. El problema de esos de abajo no fue que les quitasen la vida, sino que la muerte fuera feliz y ya entonces, al comienzo de todo las dos puertas gemelas de la guerra las abrió Virgilio, para que se vieran la religión y el miedo, en parte ante el cruel Marte.

CIERVA: ¿Y se vio?

NARCISO: Convirtieron todo en símbolos. La mentira fue verdad y la verdad dejó de verse, porque fue convertido en sus propias palabras. Y la piel de los ciervos cubre a los hombres que adoran a Baco, Dionisio, capaz de matar a quien duda de su divinidad. ¿Sabes?

CIERVA: ¿Qué?

NARCISO: Artemisa cogió a Ifigenia, cuando ésta iba a ser sacrificada por su padre, Agamenón. En su lugar colocó una cierva.

CIERVA: ¡Oh! No sabía que tan grande fuera nuestra historia. ¡La de los ciervos! ¡Ciervas y ciervos del Olimpo unamos nuestras cornamentas!

NARCISO: (Se ríe sonoramente) Sois un símbolo que los de abajo no saben traducir, porque no pueden ver, no pueden verse. Y hay más.

CIERVA: ¿Más?

NARCISO: Orestes, hermano de Ifigenia, tuvo una cicatriz cerca de las cejas. Gracias a ella fue reconocido por su otra hermana, Electra, con quien vengaría la muerte de su padre a manos la esposa de éste y su amante, Clitemestra y Egisto. Después de haber vencido a los troyanos, el jefe del ejército de los griegos llegó con una amante y la venganza encadenó otra, y así se formaron los genes de la Historia de los de abajo que inventaron las palabras con imágenes que imaginaron de aquí.  Aquella cicatriz de Orestes fue de una herida que se hizo persiguiendo a un cervatillo, tal cual lo contó Eurípides. Cierva ¡eres el símbolo que no ven! ¡Que ya no pueden ver!

CIERVA: Su ceguera ha (queda callada)

NARCISO: Su ceguera.

CIERVA: ¿Alguien dirá verdad a ésos, (señala hacia abajo) que ciervos no son, aunque se vistan de nos?

NARCISO: No, a lo más se puede conseguir la erosión de la mentira. Nada más. Una partícula de esa verdad inexistente está en la imagen de uno mismo. En mí ya no está. Ha desaparecido. (Mira a la pared) ¡Ha desaparecido!

CIERVA: Volverá.

NARCISO: Cuando sepamos qué pasó allá abajo. Tenemos que averiguarlo sin que nadie lo sepa, como si fuera una mentira.

CIERVA: ¿Una mentira?

NARCISO: Como si fuera tal. Para que nadie se dé cuenta, mi amor. La mentira se ve, pero no se ve a sí misma. Por eso la verdad no existe. Nosotros somos una imagen, nada más, que se ve tan sólo a sí misma. Necesito mirarme. (Llora)

CIERVA: (Le acaricia) No te preocupes, volverá tu mirada a sentirse a sí misma y vivirás. Yo estaré a tu lado.

NARCISO: (Deja el llanto. Se sienta) El poder va de la cabeza a los pies. Recorre toda la faz de la tierra y traspasa la barrera del tiempo. Pisotear a los demás, pensar en el dinero y en tener más, y más, y más, y más, sobre todo más que los otros. Y definir la vida como una mentira que es así.

CIERVA: Pero es allá abajo.

NARCISO: Si ellos no tienen la imagen de sí mismos, nosotros tampoco. A ellos les queda la palabra y podrán seguir matándose unos a otros. A nosotros no nos quedará nada. Simplemente moriremos, después de haber sido eternos.

CIERVA:  Eternamente, eternamente el amor.

NARCISO: Mi amor. (La cierva se sienta sobre las piernas de Narciso, quien saca una libreta blanca del bolsillo) Murió Salustanquidio. ¿Lo sabes?

CIERVA: No.

NARCISO: No importa. Es una mentira que da sentido a la cornamenta (le mira y acaricia) en forma de  corona. (Lee) “Otorgarles vos por juicio como es por derecho, si no, cortarle la cabeza y será la corona otorgada”; “Matadlos y dominadlos como a malos que ellos son”.

CIERVA: ¿ Y quiénes son los malos? ¿Y quiénes los buenos?

NARCISO: (Guarda el cuadernillo en el bolsillo) Es bueno y es malo a quien así definan las palabras de quienes ostentan la corona, quien la tiene es el bueno y si la pierde es el malo. Fíjate, que todo fue por amor.

CIERVA: (Se levanta de un sobresalto) ¿Por amor?

NARCISO: (Se levanta) Por amor de Amadís a Oriana y de Agrejes a Olinda. Sucedió allá en Gaula, hoy llamado Gales, cuyo príncipe de Gales también por amor (silencio)

CIERVA: Por amor ¿a qué?

NARCISO: La corona se pone sobre las cabezas. (Se ríe) Ahí está el poder, en la cabeza (señala la de la cierva) Es para quien tiene la fuerza bruta, o la fuerza del dinero, o la de la desesperación, o la de dios… pero siempre es el resultado de la fuerza y es  de esa manera como se construye la historia y los genes de la cultura. Es una fuerza que llega adentro de cada uno de los de abajo y siempre tiene alguien arriba, por encima, que usa a los de acá. Ellas, las mujeres, ponen los cuernos en señal de poder y ellos a su espada llaman “cipote”, su poder más íntimo, y así Cipo ha quedado sepultado en sus palabras. Claman por el poder del pueblo y es la fuerza la que hace coronar un cargo. El pueblo es palabra y el poder palabrería, la palabra rota y quebrada.

CIERVA: ¿También el amor es mentira? ¡No me asustes!

NARCISO: Si quienes aman no se ven a sí mismos sí, entonces es mentira.

CIERVA: ¿Tú me amas?

NARCISO: Yo me miro a mí mismo, pero si ya no puedo todo se acabó. El Oráculo de Delphos nos dio una pista.

CIERVA: ¿Cuál?

NARCISO: Advirtió, cuando vivimos en la mente de los de abajo: “conócete a ti mismo”. La palabra sobre la que construyeron el pensamiento convirtió aquella idea en una orden. Poco a poco nuestro espacio humano fue mermando. La ciencia, la historia, la filosofía, la economía se construyeron con palabras. Queda el arte, pero sólo queda por ahí, escondido y cegado por luces que deslumbran más que alumbran.

CIERVA: Ellos son de esa manera.  Viven así.

NARCISO:  Pastan. Se alimentan de palabras. La imagen creó el arte y despertó nuevas palabras en forma de sinfonías, pinturas e imágenes poéticas, que cada vez ruedan más como palabras en serie que se fabrican en máquinas de palabras que producen museos, arquetipos comerciales y de la cultura. Pintaron de colores los espejos para hacer de la mentira un arte y del arte una mentira. (Se asoma abajo) ¡Miraos a vosotros mismos!

CIERVA: No te oyen. Quizá tampoco puedan hacerlo.

NARCISO: ¿Qué habrá sucedido? Mirarse se miran poco, pero al afeitarse, al verse la silueta, el acné, la forma de sus pechos las mujeres. Siempre hubo un hilo de esperanza. Han tenido que darse cuenta y reaccionar.

CIERVA: A veces uno se mira y no se ve, se cierran los ojos.

NARCISO: (Se ríe) Otra mentira. No mirarse es enfrentarse  cara a cara con lo que no es. (Ríe más) ¡Y hacer que te guste aquello que no es uno mismo! ¡Se convierten en su imagen! Sin que lo sea.

CIERVA: Narciso (Le acaricia la cara)

NARCISO:  Y la imagen se apagó.

CIERVA: Y los espejos.

NARCISO: No, los espejos no. Siguen funcionando. ¿No te das cuenta? Porque mirarse a uno mismo es mirar también a los demás.  (Acaricia a Cierva) ¿O acaso crees que cuando te miro no te veo? Y cuando te miro me veo, contigo. (Se besan)


FIN DEL ACTO I

 


ACTO I I


Escena quinta


(El escenario aparece dividido en dos partes. Una igualmente blanca, paredes, suelo y techo, sin nada. Otra igualmente vacía pero enteramente negra, paredes, suelo y techo. Narciso y Cierva están acaramelados, dándose besitos en la parte blanca. La vecina entra en la parte negra. Mira de un lado a otro, hasta pasar al lado blanco)

VECINA: (Tose)

NARCISO: ¡Por fin has llegado! (Se separa de su cierva blanca)

CIERVA: Te estábamos esperando.

VECINA: Con impaciencia (Muestra un tono irónico)

CIERVA: Sí, con impaciencia. La falta de imagen humana en el espejo es más grave de lo que parece.

VECINA: A esa misma conclusión he llegado yo también, visto lo visto allá abajo.

NARCISO ¿Visto lo visto? ¿Qué noticias traes?  Tenemos que hacer un análisis exhaustivo.

VECINA: Todo sigue como siempre. Lo cual no deja de ser un problema grave.

CIERVA: Como siempre.

NARCISO: ¿Cómo  siempre?

CIERVA: ¿Los espejos reflejan sus rostros?

VECINA: No, pero, como siempre, van y vienen, vienen y van. De un lado para otro. Creen que van a alguna parte y, simplemente,  se mueven. Unos nacen y otros mueren. Gritan, duermen. Columnas de palabras se derrumban a sus pies, pero no pasa nada, construyen otras y otras miles se levantan. Y cuando no son palabras son ladrillos que también caen. Y ventanas de espejos que se derrumban también. Y el fin del mundo se derrumba una y otra vez, sin llegar. Y se pierden los Mesías y los amos venden las palabras sagradas.

NARCISO: Bien, como siempre. Como siempre pasa algo, pero has dicho que al mirarse al espejo no se ven.

VECINA: No, no se ven.

NARCISO: ¿Cómo han reaccionado? (Mira con atención a su vecina)

VECINA: Como siempre.

NARCISO: ¡Por favor!  es un fenómeno nuevo. ¡Es más que si pasara algo!  Es un asunto de la máxima transcendencia.

VECINA: Y no veas la algarabía que se ha formado, pero como siempre. En el fondo es como si no hubiera sucedido nada. O nada nuevo. O nada que no se pueda prever.

CIERVA: O nada que no pueda convertirse en palabras.

VECINA: Les sirve para seguir igual.

NARCISO: O sea ¡que no ven su imagen en el espejo y no pasa nada! ¿No pasa nada? ¿Todo se reduce a la nada del paso del tiempo?

CIERVA: No vibran, no vibran.

NARCISO: Vayamos por partes. Tenemos que averiguar qué es lo que ha sucedido para que los espejos apaguen el rostro humano. Cuéntanos qué hacen, cómo han reaccionado. Dínoslo con detalle.

VECINA: Allá abajo todo se reduce a discutir y pelearse.

NARCISO: ¡No me digas que no les ha impresionado no ver su imagen reflejada en los espejos!

VECINA: Sí, y mucho.

NARCISO ¿Entonces?

CIERVA: ¡Explícate!

VECINA: Es como siempre. Están a punto de quedarse sin aire para respirar, el agua de los mares les puede inundar sus parajes donde viven, las armas que fabrican pueden matarles a todos en un momento y no pasa nada.

NARCISO: Pero ¿no verse en el espejo? ¡Por Zeus!

CIERVA: ¿Y qué desaparezcan miles de especies y árboles a millares que necesitan para vivir? ¡Que venga Afrodita y lo vea!

NARCISO: Pero la imagen es mucho más, se trata de algo sumamente íntimo, es el último rincón, el último refugio para seguir existiendo. Me quedo pasmado.

VECINA: Allá también , todo el mundo se queda pasmado.

NARCISO: Pero mi pasmación es tensa, quiere buscar.

VECINA: Allá también, pero todo sigue igual.

CIERVA: Como siempre.

NARCISO: Cuéntanos cómo fue. ¿Qué datos has recabado? ¡Cuenta, cuenta! Tenemos que saber que es lo que ha hecho que desaparezca la imagen humana de los espejos.  Sin ella, los de abajo seguirán sobreviviendo, como siempre. Pero nosotros desapareceremos y toda imagen será destruida. Quedará sólo la palabra y ya nada se podrá hacer para ver la mentira por dentro. Aunque sólo sea verla, que es lo único que nos queda. La mentira que se ve a sí misma descansa en el Olimpo (Queda cabizbajo)

CIERVA: ¿Cómo se vieron sin verse? Cuéntanos. ¿Cómo han reaccionado?

VECINA: Los primeros en darse cuenta fueron los miembros de una tribu de la selva amazónica. Uno de ellos fue a beber al río y no se vio.

NARCISO: Eso quiere decir que se miraba. Si solamente fuera a beber no echaría en falta su imagen en el agua. (Enseña una sonrisa complaciente)

VECINA: Sí, sí.

CIERVA: No divaguemos. ¿Qué pasó?

VECINA: Aquella persona salió corriendo para decírselo a los suyos. Todos se arremolinaron a su alrededor. No le creyeron, pero fueron a comprobar que mentía a la orilla del río y descubrieron que, a lo largo de todo el río, el agua no refleja sus rostros.

CIERVA: ¿Qué hicieron?

VECINA: El brujo dijo que el espíritu del río se había ido. Declararon maldita al agua y los jefes prohibieron beber y pescar. Se pusieron a tirar piedras al agua y lanzas contra la corriente.

CIERVA: ¿Cómo van a sobrevivir?

VECINA: Me temo que va a ser una tribu menos en el mundo.

NARCISO: Como siempre.

CIERVA: ¿Y después? ¿Hay algún lugar en el que queden espejos que reflejen la imagen humana?

VECINA: No, no. Lo he comprobado (Narciso queda pensativo)

CIERVA: ¿Qué ocurrió en otros lugares de allá abajo?

VECINA (Sonríe)  La voz de alarma en la sociedad-mercado la dio un señor que fue a reclamar a una tienda china, porque no funcionaba el espejo que compró. Le preocupó más la relación calidad-precio, que el hecho en sí. Hasta ese momento muchas otras personas pensaron que lo que había fallado era la vista. Otros que no habían despertado del todo. No sé si del sueño o de la conciencia humana.

NARCISO: Como siempre.

VECINA: La mayoría pensó que algo había pasado, sin saber qué en concreto. Ya lo solucionaría alguien. Hasta que saltó la noticia a los medios de comunicación y se convirtió en una alarma, dícese, social.

NARCISO: ¡Claro, cómo no va a ser alarma no verse en el espejo!

VECINA: No, si fue alarma lo fue porque salió en la tele  y es noticia. Para muchos, mientras que se puedan tocar la cara no hay problema. La vida sigue. Para unos Alá es grande y Mahoma es su profeta, para otros que sea lo que Dios quiera, y para otros tal vez sea una oportunidad con la que ganar dinero si averiguan qué hay dentro de un espejo sin imagen. Pueden hacer un concurso.

NARCISO: ¿Y qué piensan que ha podido suceder?

VECINA: Hay versiones para todos los gustos.

CIERVA:  Como siempre.

VECINA: Unos ven que se trata de algo transitorio. Como un apagón de luz, pero de espejos. Los consumidores piensan que es culpa de los chinos que fabrican los espejos con materiales de mala calidad. Todo por ahorrar costes. Pero, claro, como tampoco se ven en el reflejo de los escaparates,  ni en el agua ni en espejos antiguos que no son made in china, sospechan que algo pasa. A los feos no les importa demasiado.

NARCISO: ¿Entones? ¿Qué hacen, qué dicen? ¿Reaccionan?

VECINA: Unos creen que la culpa es de la contaminación del aire. Otros que es por la contaminación interior, o sea que es un castigo por culpa de los pecados en la época moderna.  Otros que es un efecto indirecto de las clonaciones. Hay versiones científicas que hablan de un virus que por una mutación afecta a la vista y provoca tal efecto. Otros explican que es una bacteria de algún arma secreta para que no se vean los códigos.

CIERVA ¿Códigos?

VECINA: Para unos la culpa es de los terroristas, para otros del gobierno de los Estados Unidos de América. Hay quien piensa que se trata de una señal.

CIERVA: ¿Una señal?

VECINA: Sí, de la caída inminente del capitalismo. Otros de la llegada del Apocalipsis. Otros que llega el Madhi y hay quien apuesta por Maitreya, o la Parusía.  Y rezan, cada uno a su manera.

NARCISO: Como siempre.

CIERVA: Como siempre.

VECINA: Otros hablan de un efecto de los alimentos transgénicos. Otros que es por culpa de los colorantes  que se echan a los productos alimenticios. No pocos dicen que se trata de un efecto de ver tanto la televisión, sobre todo por mezclar ondas de radio, televisión y ordenadores.  Piensan que es evidente que todo ello afecta al ser humano. Los científicos lo debaten y cada cual defiende su teoría.  Se crean bandos y bandas y bandidos que se matan unos a otros por la verdad.

NARCISO: ¿La verdad? (Se ríe)

VECINA: Hay quien dice que el hombre no viene del mono sino de su imagen.

NARCISO: ¿De la suya o de la del mono?

VECINA: Depende de qué teoría lo explique. Hay quien piensa que es una estrategia de seres extraterrestres que llegan a la tierra a través de los espejos y no quieren ser vistos.

NARCISO: ¡Madre mía, Livíope, Céfiro!  ¡Oh ciencia!

VECINA: Los partidos prometen que la imagen volverá y han incluido en sus programas este tema. Todo el mundo habla de él. Los empresarios temen que bajen el valor de sus acciones.

CIERVA: Como siempre.

NARCISO: ¡Pero si nada tiene que ver una cosa con otra!

VECINA: Qué más da. Las cotizaciones siguen su curso y a algo hay que temer. ¿Y qué mejor que lo que está más de actualidad?

NARCISO: (Pasa al lado oscuro del escenario, riéndose) ¡Os prometo que vuestra imagen volverá! Los terroristas han secuestrado nuestra imagen para hacernos chantaje. Si me dais poder invertiré en bombardear cada espejo y fabricaremos una nueva imagen, ¡un nuevo mundo! (Ríe a carcajadas)

CIERVA: Narciso, ven. ¡Ven! No te pongas nervioso. (Narciso vuelve al lado blanco, con gesto de indignación)

VECINA: Todos buscan un culpable.

CIERVA: Como siempre.

VECINA: La culpa, para unos, es del capitalismo. Para otros del comunismo, para otros del petróleo, para otros de los inmigrantes. (Habla de carrerilla) Para otros la culpa es de los homosexuales. Y cada cual obra en consecuencia. Se persiguen unos a otros, se matan o señalan con el dedo y todos buscan su bandera en la imagen perdida del espejo.

CIERVA: Como siempre.

VECINA: Muchas personas sufren porque las artistas no pueden verse con el maquillaje y no paran de salir en la televisión contando sus arrebatos.

CIERVA: Mientras que miran la tele se olvidan de no verse en el espejo.

VECINA: Hay varias empresas que hacen negocio.

CIERVA: Como siempre.

VECINA: Venden pantallas de plasma, con forma de espejos, en las que graban previamente la imagen del cliente, o bien afeitándose, peinándose, coqueteando y luego, quien mira, sólo tiene que imitar la imagen que emiten de él.

CIERVA: Curioso.

NARCISO: Me lo temía. Los de abajo son capaces de vivir sin su imagen y dejarnos en pelotas a los de aquí arriba. Especialmente a mí. Les importo un comino. ¿Para qué sirven los espejos? Si son un adorno, se cambian y ya está.  Que les quitan el alma, ¿qué más da? Hay una pastilla que lo sustituye, ¡adelante! Y si es barata mejor que mejor.

CIERVA: No exageres, hay gente ciertamente preocupada.

NARCISO: Sí, de ir despeinada. ¡No por lo que es! ni por lo que supone la pérdida de imagen propia. Les preocupa lo que pueda significar como señal, no lo que es en sí. Lo tienen ante sus narices ¿y qué? Nada.

VECINA: Les afecta, sobre todo, porque se trata de algo nuevo. Quieren saber quién es el culpable, pero cuando se pase la novedad (le interrumpe Cierva)

CIERVA: Como siempre.

NARCISO: ¡Culpable! ¡Culpable! (Entra al lado negro) ¡Tú eres el culpable! (señala con el dedo índice al frente. Entra  Cierva y le lleva al otro lado, al blanco)

CIERVA: No digas eso allá. Luego se flagelan y ya está.  Aunque la imagen no vuelva se sienten aliviados y nunca más les volverá a importar.

NARCISO: Cierto, cierto, es cierto.

VECINA: Hay quien llora y llora.

NARCISO: Analicemos por qué no puede verse la imagen humana en el espejo.

VECINA: No, es porque han subido los tipos de interés. las hipotecas son más caras. Aprovechando la noticia de los espejos suben los precios y la inflación se dispara.

CIERVA: ¿Y la Bolsa?

VECINA: La Bolsa sube, porque hay nuevas ofertas, con la innovación y el desarrollo. Venden un nuevo  producto que consiste en colocar una cámara de vídeo digital frente al espejo y reproduce encima una imagen. Se venden como rosquillas y se crean puestos de trabajo.

NARCISO: ¡Es increíble!

CIERVA: Llegará un momento en que nadie se acuerde de los espejos. (Narciso queda pensativo)

VECINA: Mientras que haya un culpable, lo sea o no, no harán nada. Y como no hacen nada, al menos nada profundo, inventan culpables y sucedáneos.

NARCISO: La mentira necesita un argumento, de otra manera no funcionaría. La mentira se miente a sí misma. Sin argumentos es fuerza bruta, pura y dura, se vería, y en esa caso no funcionaría.

CIERVA: Pues mintamos. Si no hay otro remedio mintamos.

NARCISO: Sí, porque nos jugamos nuestra existencia. Sólo podemos mentir dentro de la mentira (silencio) y fuera.

VECINA: Lo que tendríamos que saber a ciencia cierta es si se puede sustituir o no el espejo.

NARCISO: (Enfurecido) ¡Se puede sustituir uno mismo por otro! (Va al lado negro) ¡¿Se puede sustituir a uno mismo por otro?! (Vuelve al lado blanco)

VECINA: A veces sí, ¡sí!

NARCISO: ¡Yo no puedo! No puedo. (Se mira a la pared)

CIERVA: Yo te amo.

VECINA: Yo os ayudaré. En lo que sea.

NARCISO: El reto es grande, demasiado grande.

VECINA: ¿Qué es uno mismo?

NARCISO: La pregunta es ¿cómo se ve uno mismo? Y si son los demás quienes me ven soy los demás, no yo.

VECINA: Pero un vídeo también ofrece  nuestra imagen. Una foto. Los de abajo son especialistas en sobrevivir y seguir adelante. Sustituyen todo por todo y siguen adelante. Es una especie de (le interrumpe Cierva)

CIERVA: Es una especie.

NARCISO: ¿Qué vídeo, que cámara puede ofrecer la imagen de lo que no se ve? El rostro, el cuerpo es lo de menos, su imagen puede no verse, y no importa. La cuestión es descubrir  aquello que hace que nos miremos, lo que nos impulsa a vernos. Y eso no se ve. Sólo en el espejo se ve lo que no se ve, incluso aunque no se vea debido a que no se mire atentamente.

CIERVA: ¿Qué podemos hacer? No podemos seguir divagando.

NARCISO: De momento analizar las causas posibles de este acontecimiento y, después, buscar una solución en consecuencia. Abajo que sigan buscando culpables y peleándose entre ellos. Vecina.

VECINA ¿Qué?

NARCISO: ¿Qué has podido observar que ocurriera poco antes de que los espejos dejasen de reflejar la figura humana?

VECINA: Vamos a ver (Los tres pasan al lado negro) Cinco nuevas guerras.

NARCISO: No, no es eso.

VECINA: ¿No son demasiadas sumadas a las que había ya?

NARCISO: No, incluso si alguna fuera con armas nucleares, alguien sobrevivirá. Morirían muchas personas, casi todas, pero eso no importa. La falta de imagen en el espejo es mucho más grave.

VECINA: Incendios, y más  incendios.

CIERVA: Como siempre.

VECINA: Puede no quedar ya nada por incendiar. El fuego afecta a la imagen. Hace que los espejos se rompan. Al mismo tiempo se fabrican con fuego. ¿No es el fuego una metáfora?

CIERVA: Una metáfora de los dioses.

NARCISO: No, no,  se trata de un problema mucho más terrenal. (Piensa) ¿Falta de oxígeno? Eso a nosotros no nos afecta y los de abajo no se enterarían. No, no es eso,  morirían sin darse cuenta.

VECINA: Hubo varios maridos que mataron a sus esposas en el momento en que dejó de aparecer la imagen humana en los espejos.  (Saca un papel y lee de pasada) Robos, secuestros, atentados.

NARCISO: Podría disminuir el número de imágenes, pero no desaparecer. Esos acontecimientos no son la causa. Si no quedasen seres humanos tampoco habría imagen de ellos, pero los espejos serían espejos. Sin embargo ahora no.

CIERVA: (A su vecina)  Lo que ha sucedido, lo que tú que cuentas, es como siempre.

VECINA: Ya nada es como siempre, porque todo tiene un límite. Hasta el crecimiento económico.

NARCISO: Ese límite hay que verlo, hay que saber dónde está. Si no, no existe. ¿Cuál es el límite cuando se elimina una vida humana?

VECINA: (Mira el papel) Un preso se puso en huelga de hambre  contra las injusticias. Un grupo de mujeres pasearon desnudas contra el uso de pieles de animales. El parlamento europeo debate una propuesta en favor de la renta básica (lee) consiste en dar a cada ciudadanos una cantidad mínima de dinero como un derecho más, sólo por vivir. Se ha creado un servicio especial de salvamento, para inmigrantes que queden a la deriva en alta mar. Los indios Papúas han incluido una raya más en las pinturas festivas de sus rostros, como muestra del avance espiritual.

NARCISO: ¿En el rostro?

VECINA: Sí.

CIERVA: ¿Será eso?

NARCISO: No, no es.

VECINA: (Ojea el papel) Manifestaciones contra el aborto, otros a favor. Se prohíbe fumar en los lugares de trabajo.  Los accidentes de tráfico siguen segando vidas humanas. Ha habido una descomposición gástrica de camellos en el desierto, lo que coincide, curiosamente, con la muerte de dos camellos en dos zoológicos de lugares muy distantes uno de otro.  ¿Vacas locas? ¿Gripe avial? ¿Peste porcina? ¿Caza de focas? ¿Diarreas de camellos?

NARCISO: ¿Qué más cosas ocurrieron, en los momentos previos a la desaparición de las imágenes de los espejos?

VECINA: (Ojea el papel) Un ermitaño de Nepal murió por dejar de comer y beber en una cueva, en la que quiso lograr una reencarnación consciente. Unos suicidas matan a otros seres humanos y algunos mueren solos. Huelgas de trabajadores en fábricas y en las minas. Huelga de autores de teatro. Huelga de maquinistas de tren. Huelga de pilotos de la aviación civil. Reparto de tierras entre agricultores en Zimbawe y en Bolivia. Desaparece el lagarto gris de la Pampa. Y los generales no hacen huelgas.

NARCISO: (Piensa) La falta de imagen es un hueco. Indudablemente algo falta. ¿Abajo nadie se ha dado cuenta de que falte algo? (Se asoman, la vecina y la cierva al borde y miran)

VECINA: No. Ven que no se ven en el espejo.

NARCISO: No me refiero a los acontecimientos, sino a algo personal, íntimo.

VECINA: Lo de no verse en el espejo se reduce a una noticia más. Al mismo tiempo hay ofertas de regalos al comprar los periódicos. Dos al precio de uno, por la compra de uno regalan tazas, abanicos, vídeos, televisiones y sortean un coche. La publicidad sigue ocupando un lugar preeminente en los medios de comunicación. No hay huecos. No hay imagen en los espejos. No hay conciencia social.

CIERVA: ¿Y no pasa nada especial?

VECINA: Que se sepa, nada especial. Hay un grupo de jóvenes que meditan por la paz.  ¿Pueden provocar una vibración cósmica que haga que no funcionen los espejos?

NARCISO: Improbable. Además, el espejo no consiste en que funcione o no. Refleja o no refleja las imágenes de las personas.  Y falta la imagen de todos. Tiene que ser algo relacionado con la imagen, ¿la imaginación tal vez?

VECINA: Se publicaron las imágenes de Laidy Di accidentada cuando murió.

CIERVA: ¿Y?

VECINA: Aquello dio una mala imagen de la monarquía británica. El rey saudí tampoco tiene una buena imagen. Es machista. Bin Laden advierte que los sumisos al Corán conquistarán el mundo. Los talibanes no quieren ver la realidad (piensa, Narciso y la cierva blanca la miran con atención) Podría ser una arma secreta.

CIERVA: ¿Para? ¿Para no ver la realidad?

NARCISO: Lo que nos afecta tiene que ser una imagen más profunda. (Piensa. Con el bastón señala al otro lado. Pasan a la parte blanca) tenemos que mirar el asunto con perspectiva. ¿Qué ha podido afectar a ese espejo (Señala la pared)

VECINA: Es un espejo más.

NARCISO: Efectivamente. Es un espejo más, no es el espejo de los espejo, ni la esencia de los demás. Tú lo has dicho, es un espejo más. Y como todos afectado por la falta de imagen humana. Repasemos lo que ha sucedido.

CIERVA: ¿Hay algún acontecimiento más?

VECINA: Los de siempre y novedades como las de siempre.

NARCISO: (A la vecina) Has citado algo sobre una huelga de autores de teatro.

VECINA: Entre otras noticias.

NARCISO: ¿A quién afecta?

CIERVA: ¿Es noticia?

VECINA: Noticia noticia no. (Mira el papel) Un comentario de prensa.

CIERVA: ¿Con quien negocian los huelguista?

VECINA: Negociar negociar, con nadie. Con nadie especialmente. Su labor es sustituida por el cine, la televisión y el prêt à porte. No son de Hollywood.

NARCISO: Como sucede con los espejos. También los quieren sustituir. ¿Afecta a mucha gente esa huelga?

VECINA: Nadie se ha dado por enterado.

NARCISO: ¿No ha causado gran impacto?

VECINA: No es noticia de portada. Cierto revuelo en un parque que se llama del Retiro. Dos autores se pusieron a bailar entre los árboles.

CIERVA: ¿Entre los árboles?

VECINA: Sí, pero sin música. Quienes los ven creen que están locos.

NARCISO: Tal vez oigan una música interior.

CIERVA: Puede que nosotros también nos tengamos que poner a bailar.

NARCISO: Podría ser. (A la vecina) ¿Dejaron de escribir o es huelga huelga? Una huelga de verdad.

VECINA: Huelga, o algo parecido. Muchos autores de teatro pasaron al medio audivisual. Muchos guiones fueron grabados.

NARCISO: ¿Y los actores? ¿Apoyan?

VECINA: Hacen películas y casting. No hacen huelga. Hacen otras cosas.

NARCISO: Uuuummmm. (Murmura)

CIERVA: ¿Crees que puede haber relación con lo de los espejos?

NARCISO: El teatro es una imagen. No cabe duda. Es la imagen de la palabra. No, es más que una imagen. Nosotros hacemos teatro.

VECINA: Y abajo también.

NARCISO: No, abajo no. La realidad les ha absorbido.

CIERVA: Pero muchas cosas no son reales.

NARCISO: Son mentira y con eso vale. Es real. Todo es un rito.

VECINA: No creo que el teatro sirva para mucho. Y menos que tenga algo que ver con esto que indagamos. Se ve, se oye y ya está.

NARCISO: Ya está, ya está. ¡Y ya está! (Se asoma al lado negro)

CIERVA: ¿Qué es lo que ves?

NARCISO: La huelga de autores de teatro. Creo que es eso lo que tiene que ver con los espejos.

VECINA: ¿Eso?

CIERVA: Si es así, ¿qué podemos hacer?

VECINA: Pagar al público para que vaya a ver teatro. Para que lo oiga y lo aplauda. Con tanto paro es un trabajo cómodo. Muchos inmigrantes podrían hacerlo por poco dinero.

NARCISO: ¿Sabes si los autores de teatro han puesto condiciones? ¿O, simplemente, han dejado de escribir?

VECINA: No les hacen caso. Es como si no hicieran nada. Yo creo que se trata de una huelga existencial. La eternidad se cierra en sí misma.

CIERVA: Creerán que no sirven para nada.

NARCISO: Para nada visible.

CIERVA: ¿Pero hacer una huelga de teatro?

VECINA: La noticia dice eso que os cuento.: huelga de los autores de teatro.

CIERVA: Es como si no dijera nada. ¿Qué explicación da?

VECINA: Ninguna.

NARCISO: Algo pasa con el teatro. Es una imagen y eso es lo que falta al espejo. Es más que una imagen y eso es el espejo.

CIERVA: Una imagen humana.

NARCISO: Exactamente.

VECINA: En ese caso ¿qué podemos hacer?

CIERVA: Desconvocar la huelga.

NARCISO: ¿Desconvocar la huelga? (Se ríe) Nadie la ha convocado.

VECINA: Los autores.

NARCISO: ¿Los autores? ¡No me hagas reír! Es algo que ha surgido espontáneamente. Cuando un río se seca ¿es una huelga del agua? Los guionistas hacen palabras. Los actores gesticulan y dicen las palabras. ¿Qué dice exactamente la noticia?

VECINA: (Los tres pasan al lado negro. Saca el papel. Lee) “Huelga de autores de teatro. Un autor ha dejado de escribir”.

NARCISO: ¿Ya está?

VECINA: Sí. Ya está.

CIERVA: Un autor. ¡Un sólo autor!

NARCISO: El último.

VECINA: Habrá muerto.

CIERVA: ¿El teatro o el autor?

VECINA: La noticia no dice nada más. (Vuelve al lado blanco. Narciso se ríe)

CIERVA: Te estás riendo, Narciso.

NARCISO: Lo que lees es otra gran mentira.

VECINA: Es una noticia más.

NARCISO: ¡Es una realidad!.

CIERVA: ¿Crees que si volviera el teatro allá abajo volverán las imágenes humanas al espejo?

VECINA: ¿Cómo? ¿Qué podemos hacer?

NARCISO: Haremos teatro, allá (señala el lado negro)

VECINA: Os advierto que el teatro no interesa a nadie. Esa debió ser la huelga, el desinterés.

CIERVA: Los autores se miran demasiado a sí mismos.

NARCISO: Lograremos que se vuelvan a mirar. La palabra se hace espectáculo para  ser vista por los demás. Desapareció la imagen y,  como consecuencia, la imagen del espejo.

CIERVA: ¿Si hiciéramos un conjuro? ¿Un ritual con los dioses?

NARCISO: A los dioses les basta sobrevivir en las quimeras.

VECINA: A los humanos les pasa lo mismo. Idem de idem.

NARCISO: Yo necesito el teatro. ¡Yo! Narciso, necesito verme en el espejo.

CIERVA: Nosotras te ayudaremos.  No quiero volver al rebaño y ser otra vez animal.

VECINA: Yo no quiero quedarme sin mis únicos vecinos. He de insistir en que allá abajo el teatro es insignificante.

NARCISO: (Ríe a carcajada. hace como que se mira al espejo mientras que habla) Sin teatro los griegos  no hubieran  construido una civilización. Los faraones, los persas, las tribus nómadas tuvieron sus rituales para organizar sus relaciones. El teatro unió lo de allá abajo y lo de acá. Hasta que la palabra se apodero de su ser. Nosotros dejamos de habitar entre los de abajo porque abandonaron su instinto. En el teatro se escondió la imagen y unió el lenguaje oral con la escritura. El teatro creó la imagen en un mar de leyendas y cada civilización tuvo una imagen de sí misma. daba lo mismo que no lo entendieran. (Deja de mirarse a la pared) ¿Qué sería del amor, de la venganza, de las personas en general sin Shakespeare, sin Calderón, sin bufones ni trovadores, sin Dario Fo, sin Chejov, sin miles, ¡millones! de autores cuyas palabras se tragan las olas y aparecen tras ellas  las sirenas? El teatro no sirve para nada, pero sin él no vemos nuestro rostro, aunque lo graben. Tiene que haber algo que mire y que mire la mirada que mira. Las palabras ahí están, pero esculpir gestos, fabricar historias con la palabra desnuda  y desnudar la desnudez del significado  hace del autor un mensajero entre la voz y el oído, aunque nadie lo lea, aunque nadie le escuche, aunque todos aplaudan. Lo peor es que sin teatro yo desapareceré. Sin que a nadie le importe, ni arriba ni abajo. (Llora) ¡Tengo que sobrevivir! (Se arrodilla)

CIERVA: (Se acerca a él. le abraza) Encontraremos la manera de sobrevivir juntos. Tienes que seguir siendo arrogante, como lo eres tú. Sabio, solitario en la palabra que se escucha a sí misma. Necesitamos tu fuerza.

NARCISO: (Se incorpora. Deja de llorar) Y necesitamos del engaño.

VECINA: ¿No podríamos hacer que allá abajo se dieran cuenta de lo necesario que es?  Explicarles que la falta de imagen del espejo se debe a una huelga de autores.

CIERVA: No lo entenderán.

NARCISO: Tampoco les importa. ¿Quién sabe que el teatro liberó al amor de  las ataduras sociales? Que lo liberó de las costumbres y conceptos. Tan sólo Octavio Paz averiguó que la poesía es el teatro de la palabra. Lo dejó escrito ¿y qué? Hoy el teatro ha quedado encerrado en la palabra. Entre ten y miento, para pasar el rato y optar a premios de chichivanbam, en los que suenan tambores y los actores dan vida a los aplausos que se olvidan del autor. Y si éstos están en huelga ¿qué queda? Aplausos y crítica especializada flotando por el cosmos.

CIERVA: Podemos hacer una nueva compañía y llevar el teatro a todos los rincones del mundo.

VECINA: Rincones vacíos serán. Pompas y burbujas de arte.

NARCISO: ¡Pompas fúnebres! Pero llenas de colorido y pose. Así son las imágenes disecadas de las pantallas. ¿Es eso el teatro? Ni mucho menos, eso es asfalto para hacer caminos que nos lleven a pirámides de palabras, a los templos y negocios.

VECINA: Si en el teatro no hay negocio no funciona. Puedes hacer lo que quieras, lo que se te ocurra, si no va la gente no hay nada que hacer.

CIERVA: ¿Quieres teatro? ¿Y dejar de estar cómodos? ¿Para pensar?

NARCISO: Para mirar.

VECINA: Ni una cosa ni otra. Se trata de entre-tener, y entre una cosa y otra, tener ganas de seguir yendo de un lado a otro. (Se asoma al lado negro) ¡No paran! Entran y salen, salen y entran.

CIERVA: Y cuando duermen no paran de soñar.

VECINA: Todos sueñan con la riqueza, mira (Se asoman las dos a mirar al otro lado)

NARCISO: ¡Ah! ya sé. Bajaré y gritaré (Cierva y la vecina se incorporan) ¡Lázaro levántate y anda!

VECINA: “Con lo a gusto que se está muerto”, seguro que es lo que Lázaro te contestaría. Y si insistes te diría: déjame en paz. Por lo tanto, busca otra estrategia.

NARCISO: Milagros no puedo hacer. Lo sé. Teatro, haremos teatro. Pero teatro, no hacer de vedettes de la palabrería.

CIERVA: ¡Seremos actrices!

VECINA: ¿No decís que no se pueden hacer milagros?

NARCISO: Miradles (miran abajo) Se visten de luces para actuar. ¡Pordioseros del arte! Lucen sus poses con estudios distinguidos y el maquillaje de diseño y estudiado. (Dejan de mirar abajo) Ser actor es ser un león hambriento de escenario, que quiere devorar a los espectadores, comerlos para que sólo quede su mirada y que cuando salgan a la calle se miren. (La cierva mira a la pared)

VECINA: ¡Eso no gusta! El cliente a tiene la razón. Un poco de metafísica, una vez que se ha pagado la entrada no viene mal, lo suficiente para dar espacio a la risa, sobre todo para reírse del vecino, sin saber que todos somos vecino del vecino.

NARCISO: Muy bien, vecina.

VECINA: De nada, vecino.

CIERVA: (Deja de mirar a la pared) Los espejos traducen a dos dimensiones lo que son tres. Puede que a la forma humana le falte una dimensión.

VECINA: ¿Qué quieres decir?

CIERVA: Podríamos explicar lo que ha ocurrido de manera científica para que nos hagan caso.

NARCISO: A más B, con raíz cuadrada de dos asociado al logaritmo beta es la ecuación del espacio subatómico relacionado con la interconexión energética que permite el paso reflejado de la luz, etcétera, etcétera. Se lo podrían creer. Incluso traducirlo en una fórmula, como hicieron con el enfriamiento del agua en el botijo. Creéis que los humanos no saben qué sucede. Les bastaría pararse a pensar.

VECINA: Sabes que no se paran.

CIERVA: ¡Tiene que importarles! Se juegan su ser.

NARCISO: No hacen nada. Algunos dan la voz de alarma y pagan las consecuencias de su osadía. Tenemos que hacer teatro, no hay otra. El problema no es que no haya público en las funciones, ni que se cierren los teatro. ¡Es una huelga de autores!  Aunque coincida con lo que dice la noticia que nos has traído es así. Pueden ser dos autores solamente, dos náufragos hartos de remar.

VECINA: No se sabe quienes son. No sabemos nada. Ni siquiera han hecho un manifiesto.

NARCISO: ¿Para qué?

CIERVA: (Se asoma) Los espectáculos continúan con sus giras. En los escenarios bailan la jota y hay actores que llenan estadios y hacen ruido.

NARCISO: Ruido que nada tiene que ver con el grito de Antonin Artaud.

VECINA: Ruido, fuego y estructuras metálicas o rictus literarios.

NARCISO: ¿Rictus interruptus?

CIERVA: ¿Qué es el teatro?

NARCISO: (Con un deje irónico) ¿Y tu me lo preguntas cervatilla mía?

CIERVA: Sí, yo.

VECINA: Y yo.

NARCISO: El teatro es (Queda pensativo, en silencio. Pasa al otro lado. La cierva y la vecina le siguen) Teatro es aquello que sólo se puede decir a través del teatro. Todo lo demás lo acompaña o se añade.

CIERVA: (La cierva se pone a correr alrededor de Narciso. La vecina le sigue) ¡El teatro necesita acción!

VECINA: Movimiento

NARCISO: ¡Pero no atletismo! (Se paran las dos. Se miran una a la otra) Inventaré el teatro visual a través de la palabra, ¡para que el teatro sea teatro!

VECINA: Ha desaparecido. De poco valen nuevos inventos ex-pe-ri-men-ta-les. Llegas tarde.

CIERVA: Tenemos que buscar un refugio, una isla en la que se junten los autores de teatro.

VECINA: (Se ríe) Se matarían unos a otros. La isla se convertiría en un escenario  tragado por las olas.

NARCISO: ¡Yo, Narciso, declaro la creación del estado de Jión!

CIERVA: Será del Guión.

NARCISO: ¡De Jión, de Jión! No existe el Dios del teatro. Tan sólo necesita un alma, su imagen.

VECINA: ¿Una patria para el teatro? ¿Con guionistas o jionistas? (Narciso queda en silencio. Pasa al lado blanco, desde donde escucha lo que dicen Cierva y la vecina)

CIERVA: Estaríamos en un estado de guerra permanente, con todo el mundo.

VECINA: Nos defenderían algunos intelectuales, periodistas con Poder. Albergaríamos el teatro de prestancia, aunque no funcione, aunque no exista, defenderlo da pote, solera, ¡alcurnia intelectual!

CIERVA: La misma alcurnia que pisotearlo y tirar todo el teatro por tierra. Un lugar exclusivo para el teatro quedará  convertido en una guarida, una cueva de escritores fugitivos.

VECINA: Una nave de locos que creen en algo que no existe.

NARCISO: (Se asoma) Si no existiera el teatro, los artistas serían tomados por cuerdos, sensatos y eficaces. ¡Jión existe! y esa es su razón.

VECINA: ¿Cuál?

NARCISO: Existir

VECINA: ¿Dónde está ese lugar que llamas Jión?

NARCISO: Fuera de la mentira, por eso no se ve. (Vuelve a la parte negra) Es un juego de palabras, por tal motivo es “jión”, “jota” de “juego”, e “ión” de “guión”.

CIERVA y VECINA: ¡Aaaaahhh!

NARCISO: Es un  juego de la realidad. Las palabras tienen ojos, conseguir que se abran ¡eso es el teatro! Tal es así que permite vernos por dentro.  (Pasan al lado blanco. Narciso mira a la pared) El espejo nos mira.

VECINA: Ya no.

CIERVA: Se ha roto.

NARCISO: (Se acerca para ver con detalle la pared) ¿Se ha roto? Puede ser. Id a una escuela de teatro ¿que veis? Conspiraciones, rencillas, peloteo al político de turno y todos los secuaces esperando ser un gran hermano de la farándula audiovisual. ¡El maná de la fama! Sin que haya lugar para que penetre la palabra ni los juegos de palabras.

CIERVA:  ¿Cómo quieres que hagamos teatro en tales condiciones? Ha desaparecido sin que pase nada. Te llamarán fanático del arte, salvador de causas perdidas.

VECINA: ¿Y no hacer nada? ¿Hacer como que no pasa nada aunque se terrible lo que está ocurriendo?

CIERVA: No hay nada que hacer.  Hay huelga de teatro y no pasa nada. Deja de verse la silueta humana en los espejos y no pasa nada. ¿Ves que a alguien que quiera saber de verdad qué ha sucedido?  ¿Ves algún atormentado, más allá de la curiosidad? ¿Alguien protesta porque sustituyan su imagen del espejo por una grabación? Más aún, se considera innovación, progreso, desarrollo. ¡Es la productividad total de los factores!: P, T, F, para que os enteréis.

NARCISO:: Evidentemente.

VECINA: ¿Evidentemente? cada vez entiendo menos.

NARCISO: Eso es lo que pasa, que no se entiende nada.

VECINA: Y se inventan palabras, sin que nada importe ya.

CIERVA: ¡A nosotros sí que nos importa! Y mucho. Yo volveré a ser una cierva. Narciso un nombre, una palabra y nada más. Nosotros sí que lo entendemos, lo sufrimos, (queda cabizbaja) sin poder hacer nada.

VECINA: Y yo volveré a ser una vagabunda errante, sin tener con quien hablar. Presente para los de arriba, quedando a las afueras. Inexistente para los de abajo.

NARCISO:  Me convertiré en teatro. Haré como mi padre: a quien se acerque le llevaré a esa corriente de palabras transparente que es la teatralidad. Los espectadores darán vida al teatro y los autores y actores darán teatro a la vida. (Va a pasar a la parte negra, pero la cierva lo detiene)

CIERVA: Espera. Te acusarán de ser un violador. Como a tu padre. Dirán que quieres inundar la realidad con tus palabras.

NARCISO: Si no lo hago también me acusarán, de los mismo o de cualquier otra cosa. Y dirán que soy un traidor, un imbécil y un estúpido que sólo sabe mirarse al espejo. ¡Tengo que actuar! (Da otro paso hacia el lado negro. Cierva y la vecina lo detienen) Soy Narciso.

VECINA: ¡Oh! eres Narciso. Allá abajo no te harán ni caso y mucho menos para recuperar una imagen en los espejos. Dirán que eres un extraterrestre, o encontrarás seguidores narcisistas que harían lo que les mandes y verán tu imagen cada vez que te miren, pero sólo sabrán recibir órdenes y ver lo que tú les hagas ver. ¿Eso recuperará la imagen perdida? No te engañes.

NARCISO: La mentira lo envuelve todo.

VECINA: Si descubren que eres Narciso dirán que no existes, que eres un producto de la imaginación y luego harán figuritas  de tu imagen para vender.

NARCISO: Vale, de acuerdo. Soy un producto de la palabra, pero que tiene su propia imagen ¡y tengo que recuperarla!

CIERVA: ¿Sólo desde el teatro lo podemos conseguir?

NARCISO: ¡Desde la teatralidad!

VECINA: ¿Cómo? ¿Con quienes van al teatro? ¡Las masas teatrales! Y de entre ellas una parte del público asiste para lucir su caché cultural, otros las joyas de todo tipo y pelaje. Los hay que por compromiso porque han recibido una invitación de la Asociación de Autores. Otros a ver a un amigo que actúa, otros por curiosear. Parejas que se preguntan “¿adónde vamos?” “A ver que echan en algún teatro” y van  igual que si fueran a una cafetería a tomar algo. Alguno querrá saborear lo que cuentes, pero no tienen con quien hablar. Otros te escuchan, aburridos de ver como sus páginas teatrales se pudren en los cajones, sin entorno para respirar arte. Sólo el éxito y la fama.

NARCISO Una mentira más dentro de la mentira.

VECINA: Cuando estuve abajo vi que les preocupa más no llegar tarde al trabajo  que recuperar su imagen. Prefieren pagar por un sucedáneo de espejo o de su misma cara que buscar un espejo lleno. Prefieren buscar un culpable que a sí mismos. Pierden su visión de sí en el espejo ¿Y? Es una sociedad que se muere de sí misma. No hay remedio.

NARCISO: Pero yo necesito mi imagen.

CIERVA: Los productores de imagen, al igual que las rosquillas no se venden con limón, sino al limón. No lo tienen limón, pero sí su sabor, su color, su aroma, con productos ficticios que aparentan ser. Sólo son apariencias. La industria de las sensaciones.

VECINA: Fabrican sensaciones que son trucos de imagen. Sustituyen la palabra, la visión de las escenas. Fabricación en serie, inversiones y proletarios que hacen horas y beneficios, sin ver que lo que no sirve para nada es lo único que sirve.

NARCISO: Alas tristes, alas tristes, que revolotean pero no vuelan.

CIERVA: Tenemos una sola oportunidad.

NARCISO: Hay miles de oportunidades, pero todas se perderán si una sola se pierde. ¿Cuántos millones de autores de teatro se han perdido? En Hungría, en la Pampa, en la Cabrera, en Bretaña, en Sicilia, en cualquier rincón del mundo. ¡Millones! Por carecer de un espacio propio. Los espejos se han ido secando y queda el reflejo de lo banal, algunos con marcos de oro, adornados de rubí y diamantes, sin que reflejen ya imagen alguna.  La palabra convertida en tambor, suena y hace tan-tan. (La cierva da brincos alrededor de Narciso. hace que toca un tambor: tan, tan, tan…)

VECINA ¿Ante quién vais a actuar? (La cierva deja de moverse y de hacer tan-tan)

NARCISO: Ante mí mismo.

CIERVA: Y ante nosotras.

VECINA: Hace falta público.

CIERVA: Como aquel señor, Don Luis. Su resplandor llegó hasta acá. ¡Ay, eso es público! El día que iba a ver las corridas de toros se levantaba temprano para afeitarse con parsimonia, para ducharse como si de un ritual se tratara. Era toda una ceremonia de purificación, la de un espectador expectante. Un desayuno frugal. Café solo con azúcar. Se iba a pasear al parque del Retiro, solo. Un vermú al final de la mañana Concentrado, como si fuera él mismo a  ponerse delante del toro. Comía con la familia, aunque estuviera ausente. Era el día en que iba a ver la corrida.  Un  primer plato, fruta y café. Un cigarrillo, sin perder ni un momento de vista el humo. Una cabezada en el sofá.  Vestido en tonos oscuros. Seleccionaba un puro. Uno que tenía que ser para cuando empezara el primer toro. Daba lo mismo que tuviera que ir a trabajar o algún compromiso. Le echaron de dos comercios por poner su afición taurina por delante del horario laboral. ¡Olé! ¡Olé, ese público valiente! Al finalizar comentaba la faena con amigos y la familia después, sin perder detalle, usando el mimo para expresar lo que había visto y lo que no había visto. Su torero mito siempre fue Curro Romero, para las cuestiones técnicas y para discutir con la peña lo fue el Niño de la Capea. Con don Curro se metían los demás, pero para don Luis el arte del toreo lo lleva dentro este matador y aunque no siempre saliera su arte, un segundo, un segundo que asomase ese pase, esa floritura, ese gesto con el aire frente al toro, un capotazo, un quiebro, un muletazo, valía por el resto de la corrida por más orejas y comentarios al sol que se hicieran de otros.

VECINA: Todo un rito de espectador.

CIERVA: Hasta que el público se han convertido en clientela. Con hoja de reclamaciones incluida. Clientes para ver que dice la prensa al día siguiente y pasar el rato, divertirse de alguna manera. Don Luis, y otros como él, se preparaba para el año siguiente, estaba pendiente de año en año de su pasión y esperaba de una corrida a la otra. Sin este substrato ¿qué es el arte?

NARCISO: La mentira más la mentira ha robado el público al teatro.  Lo ha llevado a las gradas y a las audiencias.  ¡No me rindo! ¡Construiré, si hace falta, al público! ¡Y a los actores! Y arruinaremos a los productores para que los autores vuelvan y vuelvan a los harapos. Volverán a ser hambrientos, de arte. Sin trajes de luces, vestidos de mentira. (Pasa al lado negro) ¡Yo, Narciso, invoco al teatro! (Entran Cierva y la vecina al mismo lado. Narciso saca un pañuelo blanco. Lo mueve como si fuera un capote. La cierva embiste, una y otra vez. La vecina se sienta en el suelo. Acompaña los capotazos gritanto “olé”. Narciso saluda con el sombrero en alto. Se lo vuelve a colocar. Deja caer el pañuelo. Da con el bastón a la cierva) Perdón, perdón. Si le doy un bastonazo soy cruel y despiadado, un bruto insensible. Si le clavo una espada es arte y cultura (Coge el pañuelo del suelo. Habla mientras que torea despacio a la cierva, ciervea pues) ¿Sabes que significa “olé” (a la vecina)

VECINA: ¿Qué?

NARCISO: Alá. Torear fue un rito para dominar a los mansos. Pudo haber sido con un ciervo.

CIERVA: (Se incorpora) ¡Qué horror!

NARCISO: A vuestra especie os cazan. Los cuernos son el trofeo. (Sigue cierveando, mientras habla) El toro es un animal herbívoro, que nunca ataca, no puede hacerlo, pero la mentira lo ha convertido en una bestia, en una fiera que embiste para matar. Se le sacrificó antaño  para ofrecerlo a los de arriba, como una demostración de poder. Luego fue un gesto de amor, un juego de pasiones que por una dama o desesperación  hizo de la vida y la muerte un laberinto en el cual se lucha contra uno mismo y contra el mundo. Fue un símbolo. El mundo fue el toro y uno de los dos, el animal o la persona tenía que morir. Hasta que se hizo espectáculo de cuyo ritual queda la pose. ¡Eh!, toro.

CIERVA: (Mientras que es toreada usa una voz diferente, fina) Necesito ayuda. Me he perdido.

NARCISO: Dejan a un animal que come hierba, que es incapaz de cazar y de atacar a ninguna especie, sin la compañía de otros con quien siempre ha estado.

CIERVA: No sé donde estoy. No sé qué hago aquí.

NARCISO: Le causan dolor y le sacan a un ruedo. Sólo pide ayuda.

CIERVA: Ayúdame, ayúdame. Quiero salir de aquí, quiero volver con los demás de mi especie.

NARCISO: Pero la mentira hace que esquive a este animal. El pobre busca lo que se mueve para poder marcharse, espantado por sonidos extraños, encerrado en un lugar que desconoce, desorientado por la forma redonda de la plaza.

CIERVA: Por favor, quiero salir de aquí.

NARCISO: Se acerca y se le clavan las banderillas, porque se considera legítima defensa a un ataque. Le clavan lanzas por lo bravo que es, sin hacer caso de su inocencia.

CIERVA: ¿Qué pasa? Me duele todo el cuerpo. Ayuda, por favor ayúdame.

NARCISO: Embiste para huir. Cree que el capote, cuando se mueve, es algo que se va y le quiere acompañar. Cuando va a dar las gracias, a su manera animal la tela roja lo esquiva. Hasta que el astado se doblega, no puede hacer nada y agacha su cerviz.

CIERVA: Haré lo que quieras, pero yo sólo quiero juntarme con los demás de la manada. Quiero irme de aquí. (Deja de ser toreada, cierveada)

NARCISO: Y se va, se va de este mundo, pero no de la mentira. Su gesto de dolor se llama ataque, si se choca con el torero ¡cornada! y también muere para que viva la mentira, una más. Simplemente una más.

VECINA: (Se pone de pie) Es cruel.

NARCISO: No, es mentira. Nada más.  (Deja caer el pañuelo. Cierva lo abraza)

VECINA: No lo ven. Están ciegos.

NARCISO: No lo quieren ver.  Están sumidos en la mentira. Violados por ella al paso de su vida, a lo cual llaman educación, progreso y evolución cultura. Y en conjunto “sociedad”, “civilización”. No admiten que son secuestrados, violados por la mentira y se lo achacan a mi padre, río-Céfiro, quien ha quitado de su reflejo la imagen humana, para ver la mentira, sin que nadie la mire. El teatro ha llegado a su fin. ¿Quién pregunta hoy por Céfiro, mi padre? ¿Y por Líviope, mi madre? ¿Quiénes abajo se acuerdan de ellos?

VECINA: Entre las noticias hay un escrito (saca un papel del bolsillo y le mira)  de Carlos Raijosa que (va a leer, pero añade otra cosa) Luego lo saben, ¡lo saben!, basta con que miren a su alrededor. Dice así: (lee) “Unos locos no lo haría mejor. Nadie quiere el mal, el cual avanza imparable, impulsado por todos”. Lo saben. ¿No os dais cuenta que hagamos lo que hagamos dará lo mismo?

NARCISO: No quieren saber nada. Lo ignoran todo, aunque digas mil veces las cosas. ¡Les da lo mismo todo!. ¡Ha dejado de haber teatro!. ¿No es una tragedia?. ¿Un drama?. Ha dejado de serlo porque nadie se conmueve.

CIERVA: ¡No lo consentiremos!. Mientras que haya un autor, un actor y un espectador (Narciso la interrumpe)

NARCISO: Basta con hacer teatro. Nosotros somos tres y no podemos hacer que vuelvan las imágenes a los espejos. Pero ¿bastaría con que solamente volviese nuestra imagen?. No, o es en todos o en ninguno. Necesitamos un teatro profundo ante lo que está en juego.

CIERVA: ¿Basta con hacer teatro?. ¿Tú crees?

VECINA: ¿Qué hacer?

NARCISO: Desvelar la mentira, quitar el velo que la cubre. La mentira es un espejo, al cual el teatro da una imagen humana, para vernos en él. No podemos quitar la venda de los ojos. sería como quitar los mismos ojos. Pero sí el velo que cubre a la mentira, y a las mentirijillas que revolotean a su alrededor. El teatro se ha convertido en sonidos, palabras sueltas. La huelga ha hecho que desaparezcan las imágenes y el mismo velo cubre también al teatro.

VECINA: ¿Dónde está ese velo?

NARCISO: Nos rodeas. Está en la palabra (silencio) y en la imagen.

CIERVA: Pediremos ayuda a los poetas.

NARCISO: ¿Hay poetas? ¿Dónde las rimas? ¿Dónde palpitan los versos? Hay ganadores de concursos, esculturas de prensa y famosos de papel. ¿Poesía?

CIERVA: Haremos que se conviertan en foetas, al hacer que las palabras sean fuego, luz. Y hacer de la mentira cenizas.

VECINA: El fuego destruye demasiadas cosas, bosques, ciudades bombardeadas.

NARCISO: El fuego es luz, que hace ver la mentira. Prometeo se lo regaló a los de abajo, pero la mentira lo convirtió en espíritu y la mentira adquirió alma y vivió en forma de dios. El fuego sirvió para comer el alimento y unos humanos se comen a otros a lo largo de su historia.  Quedó encadenado, el previsor, eternamente, por hacer que nazcan las artes entre los humanos, con el fin de que dejaran de pensar en la muerte antes de tiempo. Pero ya lo dijo el bueno de esquilo, el arte es más débil que la necesidad. ¿Quién hoy quiere salvar a quien se negó a ser servil, pudiendo haber sido tal? ¿Quién clama por él, víctima de la impiedad, por descubrir que se han confundido el cielo y el mar?

VECINA: ¿Por qué no les quitamos el fuego?

NARCISO: Ni el mismo Zeus podría. La mentira ha llevado el fuego a los altares, a la Historia, al poder.

VECINA: He visto a miles de humanos luchando contra el fuego destructor, con lágrimas en los ojos al ver como se mueren árboles, animales, personas.

NARCISO: El fuego les hace ver. ¿Y qué ven? ¡Hipócritas! Cuando desaparecen especies enteras y se ponen aún otras más en peligro de extinción ya no lloran y no hacen nada esos mismos seres humanos que lloran los incendios. Votan y piden que se destruyan árboles, selvas enteras y bosques, pero en silencio, para hacer negocio. Y todos aplauden, en ese teatro deforme de lo real que se arranquen trozos de la costa, que se desangre la naturaleza para hacer más casas y turismo. Las llamas del fuego devoran la naturaleza a pasos agigantados. La ambición todavía más. Tanto la ambición de abajo como la de arriba. ¿Quién apaga estas llamas?

CIERVA: Si hubiera censura, si prohibieran el teatro saldrían las masas del pueblo a la calle para protestar. ¡Libertad de expresión! Pero si desaparece silenciosamente a nadie le importa. Si disparan a un actor, todo el mundo sangra. Si le envenenan se considera parte de su actuación.  Si prohibieran mirarse al espejo se mirarían a escondidas o bombardearían la ley que lo prohíbe. Cuando desaparece la imagen humana del espejo todo da igual. Las palabras se van a los museos para disecar el arte.

NARCISO: ¡Yo gritaré! ¡Gritaré!

VECINA: ¿Para qué?

CIERVA: Para que le escuchen.

VECINA: ¿Los sordos?

NARCISO: ¡Gritaré para gritar! La inspiración del teatro se evacua por las tuberías de lo comercial y se va por las rendijas del entretenimiento culebrero.  ¿Que le queda al escenario? Las sobras que se maquillan de (en tono petulante) “adaptación al público” ¿para sobrevivir? ¿Dónde está la imagen del espejo? Es necesario esculpir al público, porque  los espectadores son parte del teatro. ¡Hay que darles una imagen! ¡La suya! Y Yo quiero la mía.

CIERVA: Luchemos.

VECINA: Si queremos que nos hagan caso tenemos que ser impactantes. Llamar la atención. Anunciar una campaña (Es interrumpida por Narciso)

NARCISO: Hay que mentir.

VECINA: Tenemos que seducir al respetable y a la humanidad entera. Creando sensaciones, con simpatía, ser agradables y anunciar nuestro producto: ponga una imagen en su vida. En todo el planeta se ven las emociones en directo. ¿Para qué el teatro? Humanos en jaulas se divierten y ganan dinero, mientras que otros miran lo que hacen.  Imágenes de muerte y sexualidad ocupan el espacio de la conciencia. No hay hueco para el teatro.

NARCISO: Y menos para lo teatral. La danza del Olimpo carece de eco, desde que Eco se fue con los de abajo y se puso la máscara de un dios y  los humanos se convirtieron en máscaras, personas, que no ven nada.

VECINA: Faltan muertes en directo, aunque televisen ejecuciones, falta que quien pierda un juego sea aniquilado en directo. ¿Alguien da más?

CIERVA:  Los patíbulos y las hogueras rodeadas de gente para ver morir al reo. Como siempre.

NARCISO: (Se ríe) ¡Qué salvajes son los caníbales!, mientras que los educados y civilizados hombres de bien comen mientras que ven las dosis de muerte en las noticias durante el desayuno, comida y cena. Una bomba, un muslito de pollo. Un coche bomba estalla, un pescadito a la plancha. Un accidente, las natillas.  La imagen de lo real se traduce en cifras y comemos los sucesos. Comer a Dios fue un símbolo fabricado de palabras, lo mismo comer al cordero, que sustituyó al hijo de Abraham, quien estuvo dispuesto a matarlo. A su hijo Issac, que significa ¡risa!. (Se ríe estruendósamente). El símbolo sustituyo a la muerte Y el resto sustituyó a la vida. Palabra ¿de quién? Se separaron las tribus, las familias, las naciones, lo de arriba y lo de abajo, mediante ritos que se han enfrentado por una imagen. Y los humanos se separan de sí mismos. Y de su imagen. Un paso más. Como siempre.

VECINA: No paran de matarse unos a otros.

CIERVA: No ven lo que está pasando.

NARCISO: La mentira los impulsa.  Cuando los hutus matan a los tutsis, y los tutsis a los hutus, los de Alá a los de Jehová y los de Jehová a los de Alá, cuando los pobres a los ricos y los ricos a los pobres, los mafiosos a los deudores, los del imperio a los que resisten, ¡es mentira! Se matan unos grupos de personas a otros grupos, unas personas a otras, unos humanos a otros, pero interponen imágenes que les hace diferentes. Sin ver que no hay otra imagen que la suya. Os contaré un secreto. Antes de enamorarme de ti, mi csierva.

CIERVA: Cierva, cierva.

NARCISO: Mi cierva, mi cervatilla blanca.  Antes de conocerte la bóveda celeste fue un gran espejo en el cual todo quedaba reflejado. El ser humano se miró y vio reflejado su rostro. Empezó a caminar elevando su mirada. Construyó el futuro. Cuando me fui contigo sólo quedaba un refugio en el Olimpo. A Prometeo los demás dioses lo condenaron. Me escondí, sin poder guardar el cielo en aquel pequeño rincón (señala la pared blanca, del otro lado) Quise coger un trozo y el cielo se rompió. Se produjo un cataclismo sin igual. Los dinosaurios murieron y también otras especies humanas. Guardé ese trozo conmigo (el de la pared)  El reflejo pasó a las aguas claras y la imagen del ser humano se desperdigó. Las personas se pudieron ver a sí mismas en una lluvia de diminutos trozos de cielo. Pero ya nunca más se vieron unidos. Quedaron separados. Pensé que alguna vez se unirían los pedazos y yo habría dado el mío, para que se volviera a colocar el cielo completo. Si no recuperamos la imagen del espejo, nunca podrá suceder. La realidad fue la imagen del espejo. Después esa imagen del espejo se convirtió en lo real.

CIERVA ¿Tan grande es la mentira? Ocupa todo.

VECINA: ¡Y tan fatal! De las noticias que recogí abajo  se descubre la falsedad cuando dicen que desciende el paro, cuando a los parados les obligan a convertirse en autónomos. Si desaparece el empleo no hay paro, sino empresas en quiebra.  ¿Mentira o socialismo? Hay más trabajo fijo que eventual, pero el despido es automático y sin coste alguno. ¿Mentira o libertad? Gracias a los inmigrantes crece la economía y aumentan los beneficios, pero la mentirijilla oculta que lo que influye son los salarios bajos y el abuso con los pobres, cada vez más. ¿Mentira o democracia? En un trozo de tierra maltratan a las mujeres y muchas mueren. Por tráfico mueren a cientos, por actos vandálicos a miles. Pero más por suicidio y  a nadie le preocupa, no es noticia, de no ser que quien se suicide explote o sea de alta alcurnia. ¿Mentira o actualidad?

NARCISO: Las noticias buscan un culpable: el machismo, al alcohol, la droga. Pero cuando implica verse uno mismo se mira para otro lado. Falta la mirada y se esconde en palabras que se llaman enfermedad, locura, pecado. El suicidio es la falta de imagen en el espejo, cuando se puede ver. No nos queda nada. Ni siquiera tiempo. La eternidad también se ha roto en pedazos.

CIERVA: Tenemos que encontrar la manera de recuperar la imagen humana en el espejo.

NARCISO: Se han roto demasiados espejos.

VECINA: Volvamos a empezar.

NARCISO: Sísifo dejó caer la piedra una y otra vez. Vuelve a empezar cada día porque sube con una sonrisa.

VECINA: Cuando pasé por la Plaza Mayor de León, encontré a un pobre, un anciano que pide limosna, duerme bajo las estrellas y come las sobras del mercado. Me dio las gracias, cuando caminé  a su lado. ¿Por qué? le pregunté, si no le había dado nada. “Porque me has mirado y sonreído”, me dijo.

NARCISO: Todo es un juego de espejos, una imagen refleja otra y otra a otra y no hay fin. La mentira construye el espacio con palabras que se reflejan unas a otras, sin fin. Pero la imagen permite ver qué es el espejo  y cual es la imagen de la imagen, porque el origen es el rostro que mira.

CIERVA: ¡Contemos la verdad! Alguien nos escuchará.

NARCISO: Todo es un juego de espejos y de palabras. La imagen  forma parte de ese juego. Si no lo vemos desaparece.

CIERVA: ¿La palabra o el espejo?

NARCISO: El teatro (susurra)

VECINA: ¡Hagamos teatro!, teatro de verdad para averiguar qué es lo que vemos. Demos a los de abajo una imagen y se verán.

NARCISO: Su imagen (Señala al frente)

CIERVA: ¿Con qué guión?

NARCISO: Basta con quitar el velo al teatro. Sí, sí, Quitar el velo. Sí, creo que sí. (Tira de la tela que cubre el techo y las paredes. Cae la tela, la de color  negro y la de color blanco, de ambos lados. Los tres quedan tumbados bajo la tela.  El fondo, las paredes y el techo son espejos).


FIN