El despertar de Bloom

(Dublín, 17 de junio de 1904. Bloom acaba de levantarse de la cama, con su camisón blanco. Se despereza y rasca la cabellera. Trata de estirarse. Mira a su alrededor. Todo sigue igual, pero todo es diferente. Mira la cama, la cama del delito. ¿Qué delito?. La mira fijamente, pensativo. Llega un olor al dormitorio. Usmea.)


BLOOM: (Sonríe) !Los huevos fritos!. Dos huevos fritos, como le pedí. (Se frota las manos. Queda con la cara seria, sorprendido. Usmea) Con una salchicha. Estoy seguro de que es una. Podían ser dos o tres. ¡Como si lo viera, ¡son dos huevos con salchicha!. ¿Por qué no calienta las sobras de riñones, las mollejas, el hígado, que están en la nevera?. Sabe que es lo que a mí me gusta. ¡Pues no! tienen que ser dos huevos ¡con una salchicha!. Ya de puestos podría hacerlo con patatas fritas. (Coge el reloj de la mesilla. Se lo pone. Lo mira). Ya tiene que estar hecho. Ahora hace el té, la costumbre. ¿Pero no ves que se enfrían los huevos ¡y la salchicha!? Lo lógico es hacerlo al revés, primero el té y luego los huevos. Pero ¡claro!, tiene una respuesta para todo, es para que no se ensucie el cazo porque el aceite salta.  Fríe, lo limpia, hierve el agua, seca el cacharro, lo guarda. (Se pone el sombrero que está colocado en una silla. Se mira al espejo). Esto es surrealista. (Se coloca mejor el sombrero. Imita la voz de su mujer) “¿No querrás que sea una guarra?”. (Con su voz) Sí, sí, quiero que seas una guarra. Yo también lo soy. Y que seas tú quien se coma el huevo con ¡salchicha!. (Pone cara de gusto) ¡Ay! Eso si que sería un buen desayuno. (Se mira al espejo y habla ante él) Pero tú siempre tienes prisa. Te pedí un par de huevos, porque me apetece después de una noche danzando por ahí, en mi odisea de carne y hueso. Y he vuelto. (Deja de mirarse al espejo). Cuando ella me pide té y unas rebanadas de pan con mantequilla yo no se las unto con mermelada. Podría hacerlo, y decir: “para que te gusten más”. (Mira la cama. Se expresa lacónicamente) Para que te gusten más. Nos hacemos el desayuno una vez tú, otra vez yo, de vez en cuando. Yo te lo he traído a la cama en alguna ocasión. Te he acompañado para que no lo tomes sola. Aunque no lo estuvieras cuando yo no estaba. (Coge el pantalón que está en la silla. Se sienta al borde de la cama, para ponérselo. Deja el sombrero a su lado. Se levanta y se quita el camisón. Se pone la camiseta y la camisa. Se sienta en la silla para ponerse los calcetines y los zapatos. Se levanta).  ¡Mis, mis!, ¡mis!. La gata también se ha ido con ella. ¡Al fogón!.


VOZ:   ¡Poldy!. ¡Poldy, ya está el desayuno!.


BLOOM: Ya está. Ya está a punto. (Mira hacia abajo) Sí. (Pone gesto de presumido. Imita la voz de ella de manera caricaturesca) “¡Poldy, Poldy, ya está el desayuno!”. ¡Y yo también estoy y tengo que comerme los dos huevos que yo te pedí ¡con la salchicha!. Como si no estuviera por medio el silencio.


VOZ: ¿Dices algo, mi amor?. (Silencio) No te oigo.


BLOOM: ¡Ya bajo! (Más bajo, para no ser oído. Imita  la voz de ella, otra vez) “¿Dices algo mi amor?”.  Mi amor. Y yo bajaré y tu me estarás esperando. Y mientras que se enfría el té te abrazaré. Y te besaré en la mejilla iluminándose de sonrosada piel. Y en los labios rozándose quimeras que despiertan el deseo de volver. Y nuestras miradas fundidas. Y en el cuello, tal que el gesto de la rama del sauce siendo el aire un suspiro y otro pendido en tus labios otra vez cual la hoja de abedul. Y que beso, ¡que beso al llegar en tu orondez de sabor invisible!. Que blancura de espuma de ola en el mar. Dos lunas llenas esferas y un río infinito que surca oscuro la nocturnidad y alevosía cuando mis labios rozaron tu sueño dormido. Llegué y te miré. Así nuestras miradas se fundirán otra vez, cuando, sin respirar, la mano caída deshaciéndose sobre ti se dé cuenta que es la bata sola. Y tus labios entre abiertos y apretarte para sentir el acolchamiento en mi pecho contra tus senos y en mis manos sujetonas, buscando el perdido beso. Perdido en el tiempo que se lleva el viento. Desemboqué en ti. Porque fuiste tú quien con tu mirada me pediste más, y luego más y más y yo te lo di todo en aquella semilla de amor que no fue galanteo y te pedí más también más. Y en sus frutos adquirió vida la vida cada día, cada noche, cada rato, hasta que una parte de todo murió y quedó el naufragio de Simbad. Seguimos siendo alcas en la noche de la cama buscando el rocho que nos haga volver-volar, ¿adónde?. Como dos perlas del tesoro cogidas con avidez el volcán de la lava escondida en el subsuelo. Qué imagen la de aquella Geltry, que se posó en tus posaderas de espejo de esas otras ramas de la  nocturnidad que lavan la lava ardiente. Todavía recuerdo el aroma a leche de tu blancura tapada que yo rozaba en el beso tembloroso que besado nos envolvió en una cascada de pez coleando y yo te dije a ti, tú la flor de la Montaña de pétalos de viento en un suspiro jadeado, en común escurriendo el rocío almibarado que tú ordeñabas ¡ay! como si tocaras las teclas de un instrumento que se hacía corpóreo y un latido mudo de piel cuando el sueño humedeció tal que un péndulo infinito que marca las horas de un amor éter… eternizado en el éter dando saltos entre las bambalinas del pasado. Y ahora.


VOZ: ¡Poldy se enfría el desayuno!.


BLOOM: ¡Por no comerlo!, por dejar que el tiempo pase sin el roce del aire. El amor que no comemos también se enfría. Y si estuvieras ahí, esperando, desnuda. Yo bajaría también sin nada o la desnudez cubierta dejando los cubiertos a un lado. Como cuando tomamos chocolate con aquellos bizcochos de sabor a anís. Que graciosa estabas vestida con tu bigote negro y yo me reía y tú relamías tus labios y los labios que son míos que son nuestros. ¿Por qué no paró el tiempo? Son labios que son barcos no de guerra ni mercantiles , de juguete que se rompe al no besar. ¡A tutti veli!, en el mar blanco y brillante corola de muslos y corona cornamental de un naufragio en los sueños de la noche despierta. Sí se detuvo el tiempo, pero los latidos desbocados siguieron avanzando y todavía tengo incrustado aquel sabor de aquel matorral ardiente cabellera de hilos custodios de la gruta-trozo-de-cielo-estrellado-flotando en aquel universo que es capaz de crear la creación. (Mira la cama) ¿Y ahora? (Grita para que le oigan) ¡Ya voy! (Se toca la cara) Me afeitaré al medio día. (Se coloca la corbata) Desaparecerían todos los latidos que hemos vivido si nuestros besos caducasen. Por conservar aquella mirada que dijo sí, quiero. Y yo me lancé al lago sin llegar nunca a sus profundidades, con el oleaje para otros barcos y las sirenas que Simbad nunca vio. Y luchando contra aquellos que te llevaron , clavando a los molinos de viento la pasión que se alborota y (se mira la mano) te fuiste sin marchar. Todavía guardo aquella caricia que sobre tu mejilla, con el revés de la mano, viajó en tu cara una aventura  con pinceladas de aire en lienzo de cielo y nube y volver otra vez a otra vez volver y destejer ante ti lo que mis pensamientos y sueños convierten en madejas. (Hace un poco la cama, la estira y la cubre con la colcha después de colocar la almohada). Madeja el alma-amor que grita y esperar es un recuerdo al porvenir, trasladar el pasado al futuro, porque cuando cae al presente ¡pesa tanto! que es mejor tirar el lastre para seguir flotando a la espera que espera esperar cada momento que reencarna en otro y en otro y otro resucitando deseos que son disparos al aire, y al corazón. (Se pone la chaqueta. Se sienta en la cama, acaricia la colcha). El azar nos tocó, nada más. Y adonde nos lleve seguiremos girando en los gigantes remolinos de tornados que arrebatan nuestros besos. (Mira el reloj. Se pone en pie. Grita) ¡Ya voy cariño!. (Da unos pasos hacia la puerta. Se detiene. Mira su mano, se chupa el dedo anular. Lo mira con devoción)  Este dedo ha surcado los mares de la oscuridad luminosa. El mismo que teclea en la máquina de escribir. Tengo que escribir a Martha, M.C. ¿Quién será? ¿Le escribo a máquina o a mano? ¿Qué le digo? ¿Seguir o acabar con el juego de palabras? Y escribiré a mi pequeña Milly dándole consejos, sobre todo que conduzca despacio su vida.  Llamaré a Stephen para ver que tal llegó a casa. Y tengo que colocar el anuncio de la mostaza, para ver si los fabricantes amplían la campaña. Y Molly ensayando para su gira. (Imita la voz de ella)  “¿Quieres más té?”. Más-té-quiero.  Yo le entregué la carta y no tuvo reparos en decirme de quién es. Tu lejanía son mis entrañas y tu tacto un horizonte. Mojaré el pan en la yema de los huevos, sí, con sorbos de té, sí. Sí, me apetece. Y comeré la salchicha con el pan y sorbos de té. Sí.


VOZ: ¡Poldy, date prisa!.


BLOOM: Sí, ¡ya voy!.


VOZ: ¡Te he preparado una sorpresa!.


BLOOM: ¿Sorpresa?. ¿Cuál?. (Se ríe. Grita) ¡Un minuto!.


VOZ: ¡Me tengo que ir!.


BLOOM: (En voz baja) ¿Adónde? (Coge el sombrero y se lo coloca en la cabeza).


VOZ: ¡Si quieres que desayunemos juntos ven de una vez!.


BLOOM: (En voz baja) ¿Adónde?. (Da unos pasos, se para, se quita el sombrero para llevarlo en la mano. Mira la cama. Sale de la habitación de manera decidida). ¡Ya estoy yendo!.


– FIN –

 

 

 

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