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Diálogo entre la oferta y la demanda

PERSONAJES:

Oferta y Demanda.

 

I Acto  – Escena primera

 

DEMANDA: Buenos días.

OFERTA: Usted dirá qué desea.

DEMANDA: No sé. Algo.

OFERTA: Algo ¿cómo qué?

DEMANDA: Algo especial. El caso es que sea algo. ¡Sorpréndame!.

OFERTA: Le ofrezco lo que tengo. ¿Qué le parece algo? Algo especial.

DEMANDA: Eso, eso es lo que quiero. Quiero comprar.

OFERTA: Evidentemente, para eso está usted aquí.

DEMANDA: Y usted para vender, obviamente.

OFERTA: Claro. Y además estamos en todas partes. ¡La globalización! amigo.

DEMANDA: Usted dirá. ¿Qué puedo comprar? ¡Tengo tantas ganas de comprar!

OFERTA: Mire. Algo que ahora se vende mucho son discursos. Le puedo ofrecer varios tipos.

DEMANDA: Sí, eso es algo muy especial. Le confieso que me ha sorprendido.

OFERTA: El cliente siempre tiene la razón.

DEMANDA: Pero vender un discurso es ¡asombroso! Nunca lo hubiera pensado.

OFERTA: Y encima discursos que no dicen nada.

DEMANDA: ¿Cómo?

OFERTA: Y por eso se vende. No me mire con esa cara, que lo importante es vender. Aunque sea nada, pero vender. Porque vender ya es algo. ¡Algo maravilloso!

DEMANDA: ¡Ah!. Sí, sí. Precisamente quiero que sea maravilloso.

OFERTA: Mire, tengo uno que si le quitamos la palabra “coyuntura” le hago una rebaja.

DEMANDA: ¡No me diga! ¿Y por qué tengo que quitar “coyuntura”?

OFERTA: Porque parece como que no dice nada. Un discurso aunque no diga nada tiene que parecer que dice algo: “La coyuntura actual nos hace entender que es mejor afianzarse en nuestra propuesta”. Pienso que es preferible decir: “Es mejor afianzarse en nuestra propuesta”, sin más zarandajas. Vale para una entrevista de trabajo, para un mitin, para un programa de televisión, para un artículo de prensa. Con la palabra “coyuntura” parece que el discurso es más político. Y además sin la palabrita susodicha le sale más barato.

DEMANDA: Pensándolo bien tiene usted mucha razón. Pero ¿qué discurso compro? No tengo nada qué proponer. Ya sé que no importa, pero de comprar un discurso uno que diga algo.

OFERTA: Tengo uno muy actual y que vale para todo y para cualquier situación: “Eso de la guerra es muy importante”. ¿Ve qué simple? Pues es de lo mejor que hay.

DEMANDA: Pero es político. Y ya no viene al caso.

OFERTA: ¡Ay!. Cómprelo. Mire, usted lo dice como que no viene al caso. Que su contertulio no está a favor de la guerra, la guerra es importante. Que habla con Bush, por poner un ejemplo, o con Aznar o Blair, también la guerra es importante para ellos. No dice nada, pero dice todo. Por otra parte siempre hay guerras o rencillas entre vecinos, entre parientes. Ya sabe, los temas de la comunidad o las herencias en cada caso. Cada uno tenemos nuestra guerra particular y es lo que más nos importa.

DEMANDA: Entonces yo digo el dicursito ¿y luego qué?

OFERTA: Después deja que hablen los demás. Ahora bien no diga “sí, sí, sí”. Ni “no, no, no”. Porque lo estropea. Solamente “ay, ay, ay”.

DEMANDA: ¡Es verdad! Es alucinante.

OFERTA: Aquí vienen hasta escritores para comprar discursos.

DEMANDA: Será que vienen a vender. Si escriben pueden hacer discursos.

OFERTA: Si escriben por escribir nada vale. La escritura adquiere valor con la compra. Vendo premios, galas, noticias, presentaciones de libros. ¡Y vendo obras de teatro!

DEMANDA: ¿Pero si no dicen nada? Sus discursos se venden porque no dicen nada. Usted me lo ha dicho hace un momento.

OFERTA: Lo que importa es tener público. Una buena crítica, ¡y ya está!.

DEMANDA: Algo habrá que decir en el escenario.

1.¡Aaaaaaah! o ¡Eeeeeeeh! Ji, ji o ja, ja. ¿Usted sabe algo de Antonin Artaud?

DEMANDA: No.

OFERTA: Pues pregúntele al público. Ji ji, ja ja. Aaaaah y Eeeeeeh. Y no falla. Mire “O-pe-ra-ción-tri-un-fo”, este discurso está ¡agotado!.

DEMANDA: Pues es buenísimo. Me alegro de haber venido aquí.

OFERTA: El caso es vender.

DEMANDA: Pero hay que saber. Se lo digo yo. El otro día la monté en el banco. Me había tocado una cámara digital de premio. Llego a la sucursal y me la dan. Y no la quise.

OFERTA: ¿Por qué?

DEMANDA: Porque me la dieron sin más. “Tenga”. ¡Por favor! es un premio y qué menos que me la dieran con un pequeño discurso, con cierta emoción, con un redoble, aunque fuera hecho con la boca del cajero. Fíjese, lo entendieron y luego estuvo muy bien. Me alabaron y felicitaron como mandan los cánones del éxito. Me la llevé a mi casa y ahí la tengo muerta de risa.

OFERTA: ¿Sin estrenar?.

DEMANDA: ¡Claro! El carrete me cuesta un ojo de la cara. Para ponerlo tengo que pedir un crédito al banco, pero estoy en paro y no tengo nada. Por eso intento comprar algo. Para tener algo. Aunque sea algo qué decir.

OFERTA: Muy bien. Muy bien.

DEMANDA: Muy bien, muy bien, pero ¿cuánto me va a cobrar por sus discursos?

OFERTA: “Lo de la guerra es muy importante”, dos euros.

DEMANDA: Dos euros no son mucho, pero son dos euros.

OFERTA: Se lo doy envuelto en un telediario, en un periódico, o en nada. Una vez que pasa no pasa nada.

DEMANDA: “La guerra es importante”. Y otras cosas también.

OFERTA: Claro, eso es lo importante, que hay muchas cosas importantes. Si no este negocio no funciona. Además es un discurso ecológico.

DEMANDA: ¿Ecológico?

OFERTA: Sí, porque se puede reciclar.

DEMANDA: Permítame ser un poco indiscreto. Dos euros. Y viene otro cliente y dos euros. Y dos y cuatro más. Pero yo aquí veo, en esta tienda, mucho dinero invertido. Mucha lámpara, esos cuadros, esos sillones, su corbata.

OFERTA: Es usted muy observador. En realidad yo no vendo nada. Ya se lo he dicho. La tajada de mi negocio va por otro lado.

DEMANDA: Ya decía yo, ya decía yo.

OFERTA: ¿No ha visto ahí afuera una bolsa?.

DEMANDA: Sí.

OFERTA: La gente deja su dinero dentro sin que yo lo pida. La dejo ahí y sube y baja según se ponga más o menos dinerito.

DEMANDA: ¿Cómo es eso?

OFERTA: Yo paseo. Para arriba, para abajo. Nunca me alejo de la puerta. Según quien pase comento, como quien no quiere la cosa, que por delante del escaparate pasó Marinli Monroe, que estornudó Elvis Presley, que pusieron sus narices los Beatles, que Juan XXIII se santiguó. Que Bisbal se rascó la nariz. Dejo caer el rumor. Si no acierto no pasa nada. Perder ¿qué pierdo? ¿Un par de segundos de mi vida? ¡Pero como dé en el clavo! la gente se emociona, se excita. Respira como si quisiera introducir en su ser lo que ha oído. Mire, una vez dije que Raúl pisó una cagada de perro ¡y la vendí a seiscientos euros! Y todavía tuve que traer cincuenta más porque me las quitaban de las manos. Y todo por creer que las había pisado Raúl. Anda, que si llego a decir que fue después de meter el gol al Barça.

DEMANDA: Pero es una mentira manifiesta.

OFERTA: El caso es que alguien se lo crea. Y si es mucha gente mejor que mejor. Para creérselo dan un valor a su sensación.

DEMANDA: ¿Cómo?

OFERTA: Metiendo dinerito en la bolsa. ¡Invierten en valores! Y más valor que valorar algo que no es nada! ¡Usted me dirá!

DEMANDA: ¡Jo! Realmente sorprendente. Sin embargo ¿Hacienda?

OFERTA: Ahí cutió. Pero tengo un dinerito negro que Hacienda no ve.

DEMANDA: ¡No me diga! Coincidirá conmigo que eso es inmoral.

OFERTA: Que va, que va. Es inmaterial. Que no es lo mismo.

DEMANDA: Usted se lo monta bien, ¿eh?

OFERTA: Uno hace lo que puede.

DEMANDA: ¿Y no tiene miedo de que le lleven a la cárcel?

OFERTA: Que va, que va. Ese método lo inventé yo por casualidad. Pero quien lo empezó a practicar fue el alcalde de Serón. Estaba yo colocando un cartel que pone “vendo”. El que vio usted al entrar. En ese momento pasaba el alcalde de esa provincia, montañosa y pantanera para más señas. “Hasta luego”, me saludó, como buen cliente que es. Como vi que no paraba, le dije “adiós”. Me miro y se quedó pasmado. Absorto. Pensé que había puesto “vendo” con “b”. Mas no. Sonrió picaramente y se fue. Días después me enteré que anunciaba en la prensa comenzar la Semana Santa seronesa un mes antes para que fuera más turismo a la ciudad.

DEMANDA: ¿Y? Me parece muy bien.

OFERTA: ¡Eureka! exclamé para mis adentros. Ya que me dedico a vender vendo a Dios. ¿Eh?

DEMANDA: ¡Amigo! las navidades, el huevo de Pascua, las medallitas, los hoteles.

OFERTA: Y más, y más. Para vender a Dios no hace falta teología. Basta con vender. Con la libertad de mercado vendo plazas para naves extraterrestres, paraísos cósmicos. Y una variedad de productos, que para Hacienda no existen. Y eso es dinerito, dinerito.

DEMANDA: Ahorro, ahorro e inversión. ¡Así se saca al país adelante! Es usted un ejemplo.

1.OFERTA: No se engañe. Es cartera. ¡La cartera llena de billetes!

DEMANDA: Pues me voy muy contento. He aprendido mucho con usted y el discurso que me ha vendido es muy bueno: “eso de la guerra es muy importante”.

OFERTA: Y usted que lo diga. Y-us-ted-que-lo-di-ga.

DEMANDA: Mire ese también se lo voy a comprar. No compromete y da mucho juego.

OFERTA: Otros dos euros.

DEMANDA: Aquí tiene, y adiós.

OFERTA: Adiós, pero lo de adiós se lo voy a dejar a un euro, a la mitad.

DEMANDA: Tenga usted y muchas gracias.

OFERTA: Fíjese, por estar de rebajas, las gracias se las regalo. Hasta cuando quiera.

FIN

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Diálogo entre la oferta y la demanda by Ramiro Pinto is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-Compartir bajo la misma licencia 3.0 España License.
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