11 de septiembre de 2001

La fecha del atentado contra las Torres Gemelas y el Pentágono, en EE.UU., ha marcado un antes y un después en la historia moderna. Hay muchos procesos que se conjugan en el conflicto suscitado desde entones, pero el que nos interesa se refiere a la relevancia que adquiere a partir de ese instante el problema del fanatismo. Se habla del fanatismo como inspirador de la violencia de una manera mucho más clara que anteriormente, pero se sigue cayendo en el error de pretender erradicar los atentados sin abordar el fanatismo en sí mismo. En la Conferencia sobre Consolidación Democrática, celebrada en Madrid, 26-X-2001, han participado 33 jefes y ex-jefes de Estado de diversos países del mundo.

Se ha disertado sobre la oscuridad del fanatismo y su voluntad de expansión, pero se analiza sólo aquel que recurre, en su fase final, a la violencia, cuando ésta es una pequeña parte del proceso de fanatización. El resto de la mentalidad fanática actúa impunemente sin que se den pautas culturales y políticas para frenar su despliegue y evitar sus consecuencias. Se ha reconocido que el mayor enemigo de los procesos de transiciones sociales y políticas a modelos democráticos es el fanático. Aquel mismo día, en EE.UU., se firmó la Ley Antiterrorista para actuar fuera y dentro del país. Los últimos informes del FBI indican que el ataque con ántrax se produce desde el interior de sus fronteras, lo que ha afectado al Senado, la Casa Blanca, las oficinas de la CIA y otros lugares.

Se han hecho muchas interpretaciones sobre la cifra 11, como clave críptica del atentado. La verdad es que son bastante rebuscadas y absurdas. Sucede que el simbolismo de los actos es algo que caracteriza al fanatismo. Pero hacer elucubraciones a toro pasado es una argucia inútil.

Determinadas fechas suponen más bien coincidencias arquetípicas, aunque no es descartable un hilo conductor entre la elección del momento, como seña de un destino y las teorías extravagantes del esoterismo, en cuyo fondo se puede encontrar una parte del fanatismo moderno. Hay determinados datos históricos que confluyen en lo sucedido. Es el resultado del proceso evolutivo del fanatismo islámico que vamos a analizar seguidamente. Cierto es que hemos ampliado este capítulo del libro, ante un dato que dejamos a un lado, como dato anecdótico, pero que ante la coincidencia y sincronismo teórico en los textos de Samael Aun Weor, Víctor Gómez, con lo sucedido el día 11 adquiere cierto interés, aunque sólo sea como una coincidencia casual, porque no deja de ser una interpretación creída en las filas de la gnosis, como un elemento de integración en la realidad de los mensajes que enseñan los misioneros de los grupos gnósticos. La nueva realidad que se avecina se refuerza con la interacción del fanatismo. En esta mentalidad se coordina, de manera espontánea, las expectativas del terror, con la mentalidad sectaria en general.

Algunas de las diversas interpretaciones sobre las que se ha elucubrado son: En la fecha del 11 de Septiembre de 2001, habían transcurrido 254 días, desde comienzos del año, 2+5+4=11, y restaban 111 días para que finalizase el susodicho. El nombre de New York City, tiene 11 letras, lo mismo que George W. Bush y también las palabras Afghanistan y que The Pentagon. Las formas de las torres, una al lado de la otra, es la figura del número 11. Desde luego son interpretaciones absurdas y que asocian datos artificialmente. En caso de ser otra fecha y, por ende, otro número, habría otras “claves”, que nada tienen que ver en la relación causa-efecto.

Desde un punto de vista histórico hay dos fechas relacionadas con el 11 de Septiembre, que pueden ser consideradas simbólicas o al menos referenciales, y sobre las cuales nada se ha dicho. La primera fecha a la que hacemos referencia es al 11 de Septiembre de 1971, cuando se aprueba en Egipto, tras la muerte de Nasser, una Constitución que tiene como religión oficial el Islam. En aquel momento se diseña un progreso en el que la modernidad se une a la tradición musulmana.

La otra es el 11 de Septiembre de 1948, cuando muere Muhammad Alí Jinnah, líder de la Liga Musulmana india, siendo el padre fundador de Pakistán, que crea esta nación separada del Estado de la India para los musulmanes indios. Es venerado desde entonces, este personaje, como Gran Líder, Qaid-hi Azam. No obstante cualquier asociación de cifras son encasillamientos forzados, al menos en un principio.

Lo que deberemos de observar es, sin embargo, el contenido doctrinario sobre el que se asienta el guión con el que actúa el fanatismo islámico, y especialmente el papel protagonista que desarrollan los miembros de la red Al Qaeda, La Base. Hay un poso común de mentalidad fanática en cualquier secta u organización con actitudes extremas o idearios delirantes. Semejantes coincidencias de fechas no se hubieran tenido en cuenta en este trabajo, de no ser porque llama la atención, en principio, como referencia casual, pero que forma parte de los manuales esotéricos y que encaja con lo sucedido el 11-S.

La comprensión del fanatismo exige no solamente pensar lo que se deduce de la razón y lo que se comprueba con los datos, sino que es imprescindible averiguar cómo y qué piensan los fanáticos. Leamos una cita textual de Samael Aun Weor, Víctor Gómez: “El número 11 consta de dos unidades que Henri Kunrath traduce en estas dos palabras: COAGULA SOLVE. Necesitamos acumular Fuego Sagrado y luego aprender a proyectarlo”. Sobre lo cual desarrolla su doctrina sobre la anulación del yo, mediante la practica sexual que hemos estudiado: “conexión del membrum virile con el genitalia muerielis, quietud del membrum virile y del genitalia murielis, de cuando en cuando suave el movimiento”. El número 11 también es el que Alexis Crowley asume como número propicio dentro de su esquema de destruir la actual civilización.

Según estudia la doctrina de los grupos gnósticos “el Arcano 11 es el trabajo con el fuego, con la fuerza del amor”. El objetivo de la lucha gnóstica es textualmente: “convertirnos en llamas vivientes”. Insiste el fundador en que la persuasión tiene más poder que la violencia, algo que sirve para propagar su mentalidad, como si el proselitismo que exigen a los adeptos se tratase de una guerra contra el mundo.

El problema grave es que se unan los acontecimientos del terrorismo fundamentalista de la cultura del Islam, con la proyección social de los textos gnósticos, o de cualquier otra secta del estilo, a la realidad. Algo que puede suceder: “Las criaturas del fuego se conquistan con la espada”. Lo cual, puede argüirse, se trata de una metáfora. Como tal dependerá de lo que entienda el líder de turno u otros que formen diversas facciones, como ya de hecho sucede. Los unos a los otros se acusan de ser fanáticos, y los otros a los unos de no hacer nada. En cualquier caso la mentalidad fanática se desarrolla de muchas maneras y con muchas facetas, para ocupar lo más posible en la realidad, a la que quiere y necesita desplazar.

La explicación que ofrecen los grupos gnósticos, en los cursos más avanzados a los que hemos tenido acceso, es que el número 11 se descompone kabalísticamente en 1+1=2, lo que representa: “hombre-mujer. El Fuego”. Significando el Arcano 11 “Haz tu deber”. El cual es para el adepto, ni más ni menos que, obedecer la doctrina que se le ha inculcado. De esta manera su acción viene representada en el imaginario de la gnosis de Samael de la siguiente manera: “Una bella mujer abre con sus manos las fauces de un león furioso”.

Víctor Gómez, Samael, insiste mucho, en su obra “Tarot y Kábala”, en las claves de la Kábala de Predicción. Es algo que grupos fundamentalistas islámicos occidentalizados han estudiado, para conocer las claves del enemigo a batir: los judíos, a quienes los musulmanes integristas consideran enemigos a muerte. Hay una especia de Kábala esotérica, con cuyas claves y entresijos funcionan muchas sectas y que su estudio se extiende en sectores antijudíos, para usar las armas del enemigo contra él.

Al estudiar el fenómeno del fanatismo no podemos caer en la resolución del problema con una demostración de que es mentira lo que dicen, o que las doctrinas en las que se basan carecen de base histórica y fundamentos lógicos. Tal es el punto de partida.

Lo que tenemos que hacer es comprender cómo creen que sucede el desarrollo de la realidad, para ellos, y cómo utilizan los acontecimientos, sus creencias y conocimientos, para realizar su ideal. Muchos estudiosos del fanatismo acaban concluyendo que lo que afirma una teoría sectaria es una tontería y, más o menos, que quien se lo crea es tonto o tiene algún problema. Tal actitud ha retrasado mucho el análisis de este fenómeno, tan antiguo como la humanidad, pero que en la actualidad ha adquirido un protagonismo esencial.

Esas “tonterías” producen estragos en familias de afectados por las sectas y llevan a muchos seguidores a ser dirigidos por una organización, sin dejar de ser personas sociables, inteligentes, con una buena posición social y económica, y también sin todas estas cualidades. Hay de todo. Para una secta o grupo fanático todos los adeptos le valen, pues a cada cual le coloca en un papel determinado para que cumpla una función útil de cara a lograr los objetivos.

Según el diccionario “Expresiones y frases latinas”, de Víctor-José Herrero LLorente, “Solve et coagula” significa: “Disuelve y coagula. Famoso principio o lema alquímico que se representa con una doble espiral ~”. La frase del fundador de los grupos autodenominados gnósticos invierte los términos en la traducción que hacen los estrategas de la gnosis: “disolver para coagular”. Diversos autores que estudian el esoterismo, como forma de pensamiento que distorsiona la razón, explican que “solve” se refiere a disgregar la civilización, mientras que “coagula” es construir sobre sus ruinas. Pensemos que los efectos de los atentados no son sólo el suceso, sino su repercusión económica, social y psicológica de toda una población, cuyos efectos crecen con el paso del tiempo, lo que además se refuerza con nuevos actos de terror y una interpretación apocalíptica de la guerra iniciada posteriormente.

Para los esotéricos, según el diccionario de símbolos de Cirlot, “el sistema de los números no son expresiones meramente cuantitativas, son ideas-fuerza, con una caracterización cada uno de ellos”. Los místicos del Islam distinguen entre la unidad y el uno. La unidad es símbolo de la divinidad, el uno la luz. El dos 1+1=2, se entiende en numerología, tal como lo recoge el diccionario indicado, como “magna mater”, la Gran Madre, lo que nos lleva a indicar una referencia a “la madre de todas las batallas”, al referirse a un acto de guerra contra Occidente y en especial contra EE.UU.

Aunque sea como asociación de ideas hay una continuidad de los atentados con lo que fue denominada la guerra del Golfo, contra Irak. Desde el mundo musulmán integrista fue una guerra santa. El 11 es también el número de la dualidad, el bien y el mal, el número del conflicto. Analizaremos más adelante la pautas históricas que llevan a estos contenidos, al menos a tenerlos en cierta consideración, por lo menos como hipótesis. No obstante remarcamos que esta asociación de ideas y de datos son falsos razonamientos. Pero si los recogemos es porque intervienen en la mentalidad fanática, aunque de manera muy variada.

El Once como tal se traduce también como “número de conflicto y del martirio”, lo cual coincide con lo sucedido aquel 11-S. Según Schneider, cuenta Cirlot, corresponde a la inversión y a la antítesis, asociándose al dos, por la suma que interpreta las claves de la numerología. Esto puede parecer una bobada, pero es una realidad que se hace certeza incuestionable para quien se lo cree. Los adeptos van a actuar en consecuencia y, sobre todo, van a interpretar bajo semejante prisma los acontecimientos.

Es necesario para comprender el fanatismo ponernos en su mentalidad, en su punto de vista, de otra manera se desprecia como una chorrada, como una locura, y tal es su mejor disfraz para intervenir en acontecimientos o en intensificar un tipo de mentalidad sin que nadie repare en sus promotores y promulgadores. La única manera de desactivar el fanatismo es comprenderlo.

Debemos tener en cuenta varios aspectos sobre los hechos del 11-S. Por un lado la personalidad de la figura del líder que representa aquel acontecimiento, sobre quien gira una operación militar mundial, de búsqueda y captura, Ussama Bin Laden. Por otra parte hay un contexto histórico, al que vamos a hacer referencia solamente en cuanto aspecto del fanatismo, que es lo que nos incumbe en la presente exposición.

Pensemos que los ejércitos de los Estados de la Alianza Internacional no luchan contra otro ejército de soldados. La mentalidad bélica espera que al mostrar la potencia militar al enemigo, éste opte por la rendición. Entre los talibanes y las fuerzas musulmanas que se pertrechan en la lucha combaten fanáticos armados, la lógica militar no les afecta. La mayor amenaza con la que cuenta un ejército es matar al soldado o a la población a la que representa y defiende. Esto, al obsesionado con su dios o su idea, no le importa. Por otra parte en esta guerra hay otro factor que no se está teniendo en cuenta, y es la otra parte de fanáticos sin armas, que también luchan, de muchas formas y maneras. Entre otras en la formación de “opinión pública”. Este fanatismo está desparramado en muchas doctrinas y situaciones que no son exclusivamente árabes o islámicas. Y a tales concepciones doctrinarias poco las afectan los medios de comunicación.

Las características de todos los fanáticos y fanatismos son similares. Cambian las doctrinas, los objetivos y maneras de actuar, pero la actitud y la vivencia de lo irracional son similares. Esta condición de la psicología humana entra nuevamente en acción en la Historia de la Humanidad tras los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono en EE.UU. La respuesta del gobierno estadounidense y sus aliados refuerza dicho fanatismo y lo está activando cada vez en más núcleos islámicos. La violencia, y cuanto más estrepitosa y cruenta sea la respuesta más aún. Es el caldo de cultivo ideal para el fanatismo, para ver realizadas sus predicciones y visualizar al enemigo como el mal de todos los males del mundo. Se podrá vencer a la parte más activa del fanatismo musulmán, pero surgirán otros núcleos, cada vez más difíciles de detectar y más crueles.

La sociedad occidental se enfrenta a una dimensión histórica y psicológica muy diferente respecto a aquello para lo que está preparada. Se trata de algo cualitativamente diferente. Primero se enfrenta a una forma de vida que no tiene miedo a la muerte, que hace de la pobreza un foco de rebelión y un escudo frente a cualquier intromisión.

En la guerra que se desata entre EE.UU. y sus aliados contra Afganistán luchan las potencias más poderosas del mundo y muchos países ricos de la Tierra contra el más pobre. Se rompen los parámetros normales de la guerra. Además los servicios de inteligencia occidentales y estadounidense no pueden infiltrar a nadie en las filas enemigas, no pudieron durante años, porque no encuentran a ningún agente o persona capaz de meterse en un ambiente en el que no pueden mantener relaciones con mujeres y se come malamente. Sin embargo esta manera de existir estimula y engrandece al fanático estudioso del Corán. No se puede entender el fanatismo sin abordar el fenómeno de las sectas, ni a éstas sin contemplar como problema social de primer orden el fanatismo, pero todos los fanatismos.

La figura de Bin Laden se convierte en el transcurrir de los días en un héroe del islam, una imagen que sirve de referencia a los extremistas musulmanes. Sobre el circulan cientos de leyendas que le mitifican por un lado y por otra le deploran como estadista frío, cruel y obnubilado por su peculiar interpretación de la fe. Compañeros suyos en las batallas contra las tropas Soviéticas, cuando invadieron Afganistán, cuentan que era un hombre tranquilo. Que llamó la atención que siendo inmensamente rico fuera al frente de guerra. Cuando fue comandante le daban arrebatos de furia contra el enemigo, hasta el punto de llamarle “loco furioso”, según cuentan compañeros suyos en aquellos momentos.

De cara a sus acólitos se comporta con suma tranquilidad, es pausado, con toques de carácter nostálgico dulce y apacible. Esta doble manera de ser sucede también en la exigencia de cometer trágicos y masivos atentados, en los que mueren cientos, miles de personas inocentes sin perturbarse y preparando tales acciones con una absoluta frialdad. A la vez, cuando reza muchas veces llora y se muestra con sus gentes piadoso y compasivo. Es una muestra de la doble personalidad de los fanáticos que son de una manera hacia dentro de su fanatismo y de muy diferente manera y condición hacia afuera.

En periodo que luchó directamente en el campo de batalla de Afganistán, contra las tropas de la Unión Soviética, se sintió llamado a algo, se vio como un ser especial. Semejante episodio es similar al que vivió Hitler en la I Guerra Mundial, y muy parecido a varios líderes de sectas, que en campañas bélicas, el caso del reverendo Moon en la guerra de Corea, o en situaciones de especial tensión y acontecimientos determinados, se sienten llamados, se ven como seres especiales, con tal intensidad y certeza que se lo creen. Esta sensación es frecuente, quizás como mecanismo psíquico de defensa y supervivencia, en circunstancias límites.

El problema es que tal imagen psicológica de uno mismo se fije en la mente de quien la experimenta y derive en delirios mesiánicos. Circunstancias que suceden en la vida normal, ante una separación matrimonial, la muerte de un hijo o hija, quedarse en paro y romper con el ambiente social, etc. Ese verse algo diferente pero superior a los demás induce a considerar que la secta, en la que merodea casualmente, es algo que es para él, para vivir su ser diferente. Se siente “llamado”. Lo cual acaba encajando con el proceso de adoctrinamiento.

Varias madres y padres, así como parejas, de personas que han acabado como adeptos de una secta, comentan que antes de volcarse en tal organización, familia espiritual o grupo, han preguntado si le veían algo especial. Las sectas potencian este sentimiento y lo crean, pues es lo que sirve para aislarse del entorno de uno mismo, con el fin de vivir gregariamente con los que tienen ese estigma de divinidad en su interior.

También los líderes o fundadores de sectas o agrupaciones fanáticas parten de una serie de visiones, las cuales proyectan sobre la realidad. Lo que demuestra a sus protagonistas ser eso que sienten: especiales y llamados para una misión. En los casos de fanatismos laicos, o ateos, sus protagonistas sustituyen las visiones celestiales mediante la proyección de su ideología al futuro, autoconsiderándose ejecutores de la realidad histórica que está por venir y que necesita de sus acciones, incluso las más violentas y represoras. Se autoerigen en interpretes de la “realidad objetiva”.

En 1989 Bin Laden tuvo un sueño profético, según el cual Irak invadiría Kuwait. Su cumplimiento iba a ser tomada por él como la señal del inicio de una lucha mundial por la defensa del Islam, lucha que acabará finalmente con el imperio del mal, dominado por el dinero, como instrumento de Satán. Sobre este contenido esquemático construye su creencia. Desde entonces organizó un brazo armado islámico extendido por todos los países. Formó una red. Sus primeras acciones fueron atentados masivos en diversas naciones contra intereses estadounidenses.

Era el inicio de una guerra declarad por decreto religioso. Tomó forma de terrorismo hasta convertirse en una guerra en la que los seguidores de Bin Laden tratan de unir a los musulmanes en su particular y peculiar yihad, guerra santa. Bin Laden convierte su fe en una herramienta de su propia visión mesiánica, que enlaza con la realidad a partir de una serie de hechos, en unos casos que él interpreta a su manera y otros los provoca directamente. Por otra parte se apoya en una doctrina con contenidos históricos que van a ser deformados y utilizados para su causa.

Tenemos que pensar una cosa para abordar el problema desde un punto de vista, al menos, lo más completo posible, que nadie actúa pensando que hace el mal. La guerra más cruel, el atentado más horroroso se perpetra considerando sus autores que es por el bien de la Humanidad o de los afines a su causa y que el enemigo a batir es un mal para todo el mundo, pues representan la esencia y causa de los demás problemas de los seres humanos. Este principio distorsionador de la realidad es lo que fomenta el fanatismo, pues el horror que causan no lo ven como tal.

Vemos que el impulso del fanatismo y y con el que se funda una secta parte de una visión imaginaria que se toma como real, bajo el halo de espiritualidad, o de la autovisión de ser un enviado o portador de determinados valores o conocimientos, o ambos casos a la vez. La influencia de estos procesos en la Historia se suceden. Ludwig Von Mises en una de sus conferencias celebradas en Argentina, que se recogen en la obra “Seis lecciones sobre el capitalismo”, comentó el asombro que le produjo conocer testimonios de personas muy preparadas académica e intelectualmente en Austria, como el caso de Werner Sombart, que fue doctor honoris causa de muy diversas universidades de todo el mundo como economista.

Esta personalidad divulgó en un libro su convencimiento de que el Fhürer recibió sus instrucciones directamente de Dios: “Ignoramos cuáles son las vías seguidas por Dios para comunicarse con él, pero es un hecho incontestable”. La intervención de Dios en la trama del fanatismo es una instrumentalización contra toda lógica. Carece de sentido una argumentación que parte de la idea de Dios y concluye en la misma, pasando por la justificación de las acciones que realicen los fanáticos. Un ejemplo es la declaración de Bin Laden, sobre el uso de armas de destrucción masiva: “Todas las cosas provienen de Alá. La bomba atómica también y , por lo tanto debemos usarla para defender el Islam”. Comprobamos que el pensamiento fanático carece de argumentación. Emite sentencias doctrinarias que imponen en sí mismas una dinámica, cuyo objetivo es la realización de su creencia particular.

Según las lecciones del psiquiatra y profesor de psiquiatría en la Universidad Complutense de Madrid, Alonso Fernández, el delirio onírico puede ser por onirismo o por obnubilación. La obnubilación de la conciencia supone un vacío en la experiencia psíquica, mientras que el onirismo es una actividad psicológica automática, por un fenómeno análogo al de los sueños, de manera que se perciben visiones de objetos, personas y escenas. Explica este profesor: “Las visiones se organizan en torno a cierto tema”.

De esta manera sucede que las ilusiones y alucinaciones visuales dominan el campo de la conciencia y se mezcla con la realidad, lo cual da lugar a un estado eufórico”. Lo cual, comprobamos, describe los efectos y procesos que se observa en el fanatismo. Si desligamos el proceso psicológico de la lucha integrista o violenta de ciertos colectivos, lo mismo que del fenómeno sectario, como si se tratase de un fenómeno meramente religioso o social e histórico, según los casos, no entenderemos su desarrollo ni podremos abordar posibles soluciones. Lo que tampoco podemos hacer es reducirlo a ese factor psíquico, sin ver su desenlace histórico, social y sus conexiones con la realidad.

Una buena capacidad de comunicación y medios económicos suficientes permiten realizar un delirio por estrambótico que pueda parecer. Se además conecta con ciertos elementos irracionales que funcionan en la sociedad a lo largo de la Historia la expansión está asegurada, lo cual puede, incluso, llegar a pervertir la realidad y la misma condición humana. Bin Laden tuvo a sus disposición 50.000 millones de pesetas para fabricar su obsesión salvífica.  Activado un factor religioso proclive y con una evolución interna, en cuanto a la fe islámica. Ésta carece de una amplitud de criterios y variedad de posturas existenciales dentro de su sociedad, como ha sucedido, contrariamente, dentro del judaísmo y del cristianismo en general.

Dentro del Islam hay mucha variedad de corrientes, de facciones, de religiones musulmanas, pero lo que no hay son corrientes amplias, dentro de su sociedad y de su mundo islámico, de poblaciones ateas. No existe cuestionamiento posible de su fe, ni crítica interna a esa forma de vida. Faltan corrientes propias que pongan en cuestión los fundamentos culturales y religiosos de su sociedad.

En la carta que la cabeza visible de la red Al Qaeda, Bin Laden, hace público, a través de la cadena de televisión Al Jazeera el 1 de Noviembre de 2001, un llamamiento a una cruzada islámica, contra lo que él considera una cruzada cristiana liderada por Bush. Divide el mundo en dos bloques, aquellos que son partidarios de la bandera del Islam, según él lo entiende, y los que siguen la del Mal. Lo paradójico de este esquema de pensamiento es que podría plantearse su inutilidad y vacío en el supuesto de que Alá no existiera, o incluso no fuera cierto en la manera en que él entiende las religiones. Lo cual es algo que no se plantean las sociedades musulmanas.

El racionalismo, las divagaciones nihilistas, los planteamientos ateos, han permitido en la sociedad Occidental hacer de la religión un valor relativo en la sociedad y que la creencia sea algo personal o colectivo de quienes creen, pero se han buscado fórmulas de convivencia sin imponer criterios absolutos. Las sociedades árabes no han vivido esa evolución en el seno de sus sociedades. Sin embargo es algo incipiente. Adquiere fuerza al depender cada vez más cualquier sociedad del conocimiento científico y utilitario. Por eso la fe extremista se cierra con más fuerza en la fortaleza del fanatismo.

Michael Foucault define como humanismo aquello que se ha eliminado en Occidente: el deseo de Poder adquirido por la fuerza. Lo cual ha permitido el desarrollo democrático de dichas sociedades. Y da lugar al respeto a las minorías. En una democracia pueden haber errores, pero también capacidad para corregir. También corrupción, pero a la vez acciones legales para desenmascarar dichas practicas y poder tomar medidas judiciales contra ellas. Lo cual en regímenes totalitarios no es posible.

Cuando se pretende disimular o negar que exista un choque de civilizaciones bastaría comprobar el credo de los islamistas que siguen los preceptos del Corán y el modelo de vida occidental. Mientras que para un creyente musulmán las prohibiciones de su creencia son el fruto de una costumbre, una prueba de su fe y una señal de identidad propia, igual que otras limitaciones lo son para las demás religiones.

Para un fanático su no cumplimiento es un aprueba de quienes representan el mal, al cual deben combatir y extirparlo, vencerlo y acabar con él, o serán, si no, devorados por él. Pensemos en una sociedad que no permite beber alcohol, que no deja que sus mujeres salgan a la calle sin taparse el rostro, que no permite comer cerdo, que no deja ver televisión, más que programas religiosos o informaciones que favorezcan los valores espirituales, que no permite hablar mal de su Dios, que se paran cinco veces al día a rezar. En frente otra sociedad que sus jóvenes se ponen ciegos a beber por las noches los días de fiesta. Donde es una costumbre ir de vinos. Comer embutidos de cerdo es lo tradicional y frecuente. Hay cines y programas de televisión en los que la pornografía se regodea en escenas de desnudos y actos sexuales provocativos, aparecen anuncios diariamente en la prensa occidental y que todo el mundo lee sin dar mayor importancia a los anuncios sobre espectáculos lésbicos y de homosexuales, páginas enteras ofrecen servicios de “relax”. Se blasfema como forma de hablar con bastante frecuencia. Incluso en las ceremonias religiosas se bebe vino como símbolo de la sangre de Cristo. Si a todo esto, que es la visión que puedan tener un musulmán del infiel en su vida cotidiana, se añade la visión de agredir con violencia, mediante constante bombardeos a casas y poblados, o practicas económicas de expoliación de la riqueza o de aislamiento comercial que han dado lugar a la muerte de cinco mil niños y niñas mensuales por culpa de un embargo, como ha sido el caso de Irak, la dramatización satánica para visualizar el fanatismo está servida. Lo cual, además, se proclama como la causa que define la lucha terrorista, entre la cruzada en defensa del Islam contra la cruzada cristiana de occidente.

Al mismo tiempo la forma de vida Occidental es rechazada dentro de su sociedad por sectas fundamentalistas, las cuales hacen a sus adeptos comensales vegetarianos, jóvenes castos y vírgenes, obsesionados en ver a Dios en cada paso de su vida cotidiana. Y que, además, exigen que así vivan los demás, y para ello promueven campañas de proselitismo permanente en las calles. Nos hace comprobar otro nexo moral que une el fanatismo internacional, a pesar de las diferentes doctrinas que dan contenido a la intransigencia y al totalitarismo como fórmulas de resolver los problemas de convivencia, sociales y demás. Es un frente común que rechaza la libertad individual como proceso esencial en la evolución humana, personal y socialmente.

En una entrevista con una cuñada de Bin Laden observamos rasgos de fanatismo mucho antes de que sucedan los acontecimientos de acciones violentas. Ella, Carmen Bin Laden, relata que Osama no le miró nunca a la cara por no llevar puesto un velo sobre su rostro. Esta mujer implica a miembros de la familia real Saudí en la financiación y desarrollo de Al Qaida (Diario de León, 29 – X – 2001) sobre lo cual vamos a profundizar más, seguidamente.

Todas las biografías de Osama Bin Laden coinciden en que este millonario saudí tuvo en su primera juventud una vida envuelta en el lujo, el despilfarro y la vida alegre. Algo que confirmó la investigación de los servicios de inteligencia norteamericanos. Esto le lleva a sentir una gran contradicción con su fe. Poco a poco va profundizando en sus reflexiones. Viaja muchísimo y comienza a estudiar los fundamentos del islam en profundidad. No cae en una creencia superflua ni beata. Sus crisis de angustia, sobre todo a partir de la muerte de su padre, no le permiten apaciguar su conciencia con dar generosas limosnas. Empieza a dar rienda suelta a su fantasía y ésta la va incorporando a su propio adoctrinamiento. Sentimiento de culpabilidad, necesidad de hacer algo y sentirse predestinado. Pero además cuenta con una realidad que encaja con su plan, primero es un proyecto psicológico, luego religioso, luego socio-político y finalmente histórico. Activa y desarrolla el fanatismo a lo largo de las sucesivas etapas correspondientes.

El proceso psicológico que aludimos no es nuevo en familias extraordinariamente ricas, sino que más bien es una constante. Parece como si el exceso de riqueza hace tener todo lo que la realidad ofrece y el pensamiento salta a lo irreal y a la irracionalidad. Tal actitud desemboca, ocasionalmente, en situaciones dramáticas para la propia persona y para sus familiares. Hay varios ejemplos, pero recojo dos porque son muy significativos. Por un lado el de Edoardo Agnelli, primogénito del empresario de Fiat. Se suicida en Noviembre de 2000, a los 46 años de edad. Los últimos años de su vida estuvo metido en discusiones filosóficas y espirituales, participando en diversas sectas esotéricas y orientalistas, lo que le llevó, incluso a estudiar el islamismo. Participa en movimientos de protesta contra el mundo financiero del que procede, pero carece de una visión delirante de sí mismo que le permita desempeñar una misión y acaba en la desesperación cuando su vida deja de tener sentido y no encuentra escapatoria, ni siquiera fuera de la realidad.

Otro caso es el de Amschel Mayor James de Rotschild, hijo mayor de lord Jacob Rotschild. Fue heredero directo de la banca Rotschild. Se dedicó a practicar deportes de riesgo, para jugar con la vida como escape psicológico de su existencia. Es incapaz de vivir en el mundo que le rodea. Casado y con tres hijos se suicida en Julio de 1996 a los 41 años de edad.

Bin Laden comete el atentado con el que pone en marcha la fase final de su visión apocalíptica a los 44 años de edad. Hay en estos casos una base psicológica muy similar, pero en el tercer caso se añade un elemento delirante y otro de un contexto que le permite huir de su desesperación mediante una lucha. Ésta le va a permitir realizar su sentido de la vida, sentido religioso, y junto a él, arrastra a millones de personas, unas que se involucran en una realidad en marcha y otros que han sido adoctrinados en una misma fe, más allá de la religiosidad.

Cualquiera que vea la fotografía de los últimos años de estas tres personas comprobará que tienen una mira prácticamente igual y que los rasgos faciales son muy parecidos. Reflejan una historia común desde el punto de vista psicológico, que viven desde una situación de privilegio económico. El resultado es la destrucción mediante la violencia. En los dos primeros casos de manera íntima y personal, contra ellos mismos. En el tercero hacia afuera, proyectando su visión personal en una catarsis colectiva que arrastra al mundo musulmán.  Se suicidan en un atentado y él mismo entra en una dinámica en la que quienes le persiguen pretenden acabar con su vida. Le da lo mismo.

La búsqueda de Bin Laden, vivo o muerto, deja de tener efecto, mas que para cumplir una misión militar. Respecto al fanatismo es un refuerzo más para realizar la misión mesiánica del integrismo muslman y la visualización apocalíptica que tienen de la realidad. Su figura se ha convertido en un símbolo, que él mismo ha fabricado, mediante imágenes que se ha encargado de elaborar, con la palabra del Corán en un lado y en el otro el fusil. La lucha contra el infiel y la defensa del islam deja de ser un acontecimiento político o histórico y pasa a ser una proceso simbólico para sus seguidores. Su figura tiene un profundo efecto psicológico en las poblaciones musulmanas. Lo cual sólo se podrá evitar y reconducir si se aborda el fanatismo como tal.

Sin llegar a estos extremos son muchas las historias de adeptos de sectas en nuestra sociedad, con procesos muy similares a este acontecimiento, pero vividas y desarrolladas de manera más moderada y a muy pequeña escala. ¿El leiv motiv? El rechazo a una realidad, en la que cada vez más jóvenes no tienen cabida. Lo cual nos lleva a una reflexión sobre la falta de comunicación cultural, la falta de convivencia real entre las personas y la carencia de pensamiento social.

Las pocas posibilidades de expresión se reserva a muy pocos, que acaban convirtiendo sus originalidades en un negocio y son utilizados con fines comerciales para anular la autenticidad del arte y la profundidad de la cultura. Hoy ésta se convierte en un lamentable espectáculo. Por ejemplo se sustituyen los lectores por clientes que compran libros. La música se remplaza por modas cuyo seguimiento se hace mediante campañas de mercadotecnia. Y la cultura y el arte se promueve para potenciar una mentalidad de consumo.

Los premios y eventos creativos son amparados y valorados por bancos, fundaciones de éstos, empresas editoriales o instituciones mediatizadas por partidos políticos que son financiados por empresas y negocios bancarios. Estos organismos económicos impulsan a artistas e intelectuales a la medida de su conveniencia y desplazan la autenticidad del arte y del pensamiento. Estas aristas, que apenas se tienen en cuenta, están en el meollo de la causa del fanatismo dentro de nuestra sociedad. La falta de cauces para la creatividad y para vivir libre y responsablemente, sin ataduras absolutamente mezquinas, hace que muchos ciudadanos y ciudadanas se suiciden existencialmente, para lo cual están las sectas o las drogas, pues el yo queda anulado.

Para saber cómo un fenómeno psicológico acaba influyendo e interviniendo en la realidad, de manera es capaz de determinarla, hay que analizar el contexto histórico y doctrinario en que sucede tal conexión, entre la Idea y lo real. No olvidemos que el fanatismo es la relación de componentes psicológicos con factores de la realidad. Para su desarrollo hace falta una estrategia que permita construir una organización ejecutora del proceso de transformación de la realidad, para conseguir “realizar” el objetivo mesiánico.

Casos parecidos, se han dado, pero ante los que las sociedades democráticas han tenido mecanismos de defensa y los han desactivado, sobre todo y fundamentalmente gracias a la ofrecer información. Han sido proyectos sectarios como el movimiento político de los gnósticos, el movimiento humanista, el partido Ley Natural, y otros. Han tenido forma de partidos políticos.

El segundo estuvo a punto de involucrases en la realidad política de España al ser aceptado como miembro de Izquierda Unida, cuando se fundó esta coalición electoral. También partidos ultracatólicos han hecho sus pinitos en la política, pero la racionalidad social de la mayoría de los creyentes ha hecho que prácticamente desaparezcan, aunque desde sectores extremistas se siga queriendo actuar indirectamente, mediante influencias y actuaciones camufladas en labores pedagógicas, inversiones de negocios con repercusiones sociales, para trasladar un determinado tipo de moral y orden. Todos estos casos se reciclan en otro tipo de intervenciones, sociales, comerciales o terapéuticas, a la espera de mejores tiempos para ellos.

Veamos el desenlace de la organización que impulsa Bin Laden y cómo recoge el desenlace de todo un proceso histórico que sucede con una doctrina que da sentido a su misión y al mismo tiempo ofrece un sentido a millones de fanáticos, pues ocupa el momento esperado, la señal, que les permite activar su fe extrema y externa a la realidad, pero que se convierte en real, al actuar sobre la realidad. No se podrá desactivar el terrorismo si previamente no se hace lo mismo con le factor psicológico, lo cual exige una gran dosis de comprensión del problema y ver no sólo la viga del ojo ajeno, sino también la del propio.

En una entrevista (El Mundo 4 – XI – 2001) el ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Simon Peres, explica las acciones del terrorismo de la red Al Qaeda como algo irracional, desproporcionado y fuera de lugar: “Bin Laden empezó su discurso diciendo que lucha contra los cruzados judíos pero lo cierto es que Israel se ha retirado de todos los territorios egipcios y les ha devuelto el agua y el petróleo y lo ha hecho sin Bin Laden. Israel ha devuelto a Jordania toda su tierra y lo ha hecho sin Bin Laden. Nuestro ejército se retiró del Líbano y lo hizo sin Bin Laden. Hemos ofrecido a los palestinos el 100% del territorio (que les corresponden según los acuerdos internacionales) sin Bin Laden Ahora queda sólo un 2% por discutir, pero ello no justifica la muerte de miles de personas”. Observemos que la propia autoridad palestina se ha desmarcado de los atentados. Lo mismo que una gran parte del pueblo árabe y musulmán que viven el islamismo de una manera razonable y social, como costumbre y fe.

El fanatismo surge de una visión que tienen de sí mismo los redentores de la población a la que quiere representar. Los principio doctrinarios se unen a una inquebrantable determinación de establecer únicamente su verdad. Es evidente que si el enemigo es esencialmente representación del mal, su maldad lo será en todo momento, aunque ceda. Si hace algo bueno, si cede en algunas de sus pretensiones, da lo mismo. Es porque algo oculta, es porque en el fondo prepara alguna trampa. No hay salida para esta manera de pensar, mas que el enfrentamiento violento. Por eso los grupos fanáticos que actúen en Palestina y en Israel, colonos judíos ortodoxos y fanáticos islámicos, miembros de Hamás, que quieren que se cumpla únicamente su creencia de ser el pueblo elegido, lo único que desean es que se aniquile al adversario. Impiden todo acuerdo de Paz y provocan conflictos cada vez más graves para que no progresen las negociaciones de paz.

Sobre las pretensiones de Bin Laden, Simon Peres, afirma: “Él cree que es el Mesías, que actúa en nombre de Dios. Él se ha autonominado. Gente con esas ideas , que creen que sólo ellos representan la justicia son muy peligrosos porque su justicia justifica la muerte y el asesinato. Bin Laden es sólo un asesino”. Su conclusión final es errónea, pues lo que sucede con la guerra santa no es propio de un criminal o un asesino. Éste cumple su objetivo y ya está. Bin Laden y los suyos se basan en una forma de vivenciar una doctrina determinada.

Da lo mismo cual sea, incluso lo que diga el libro sagrado en el que se base, pues se acaba extractando lo que interesa o interpretando lo que se considera aprovechable como instrumento de una pretensión mesiánica o de una convicción apocalíptica. Pensemos en la época de la Inquisición, o de acciones terroríficas por parte de la Iglesia católica a lo largo de la Historia, sobre lo cual, a finales del año 200 su máximo representante, Juan Pablo II, pidió perdón al mundo por lo sucedido tiempo atrás. Se cometieron atrocidades en nombre de un Dios cuyo mensaje habla de poner la otra mejilla si te dan en una, o de amar al enemigo, o sentencia “no matarás”.

También dicen los textos de Evangelio “No traigo la Paz sino la espada”, etc. No es un problema criminal, al menos solamente, sino de fanatismo, el que es motor de las acciones violentas por una causa transcendente. Por eso no termina con el autor o autores de los atentados: “Acabar con Bin Laden no será el fin, algunos querrán imitarle y nuevos peligros podrán paralizar el mundo”, dice Simon Peres.

El fanatismo se reproduce, se extiende de no ser aislado, para lo cual hay que cercar su condición psicológica y que no trascienda, lo cual exige un esfuerzo social y sobre todo potenciar la cultura y la libertad, dentro de un marco de justicia social mínimo, sin lo cual una gran parte de la humanidad permanecerá sorda y ciega, y es para esa parte de la sociedad para la que hablan los fanáticos y de la que se alimentan. Los cuales surgen por sí mismos o se captan y adiestran con técnicas de manipulación muchas veces en ambientes privilegiados y de riqueza.

No solamente el fanatismo islámico crece en más de cincuenta países, sino que aumenta su persuasión psicológica, aumenta cualitativamente, al convertirse en una referencia social que forma parte de la realidad y la construye. Dejar que esto suceda ha sido el gran error de la política europea y estadounidense. Dejadez que previamente han demostrado con las sectas, a las que se ha tolerado sin informar sobre ellas, sin preparar a los jóvenes y a las jóvenes, a quienes se envuelve en una vida de consumo y de ocio amorfo. Ignorar el fanatismo es lo que ha puesto en peligro el bienestar y el progreso. El arma más eficaz hubiera sido y deberá ser, la formación de valores críticos, la preparación intelectual, el compañerismo y la participación, no sólo como consumidores, sino como sujetos pensantes, como ciudadanos y ciudadanas.

La red Al Qaeda, La Base, es una organización dispersa cuya estrategia es unir en la acción a todas las corrientes islámicas, a las que busca juntar por una base común de sus creencias. Al menos esa es la intención, que además manifiesta el líder afgano, Mohamed Omar, cuando llama a la unidad de todos los pueblos musulmanes para la lucha santa contra el mundo occidental, liderado por EE.UU. En ese tronco común en el que todos puedan reconocerse hay un amplio componente de esoterismo islámico, que da unas pautas comunes a la fe. No sucede por un proceso de exaltación o por exacerbar una creencia. Se diseña combinado conocimiento de la tradición, del significado de la fe, de las nuevas tecnologías con la creencia que van a desarrollar.

Ese esoterismo islámico, conocimiento además de fe, tiene unas referencias muy comunes al esoterismo en general, como ha estudiado y analizado René Genón, quien a través del esoterismo desembocó en su creencia islámica. El libro “las mil y una noches”, sobre el cual ha investigado ampliamente Michell Gall, refiere la influencia en la mentalidad musulmana de los dioses preislámicos. Pensemos que los mitos y leyendas estructuran la mente de las poblaciones sobre las que influyen. Se elaboran en el inconsciente colectivo. Tal como indica el antropólogo Claude Levis-Straus: “No pretendemos mostrar cómo piensan los hombres al conocer los mitos, sino como los mitos se traducen en las mentes de los hombres sin saberlo ellos”. Lo cual hace mucho más efecto y condiciona más en sociedades míticas, por decirlo de algún modo, es decir donde se rigen sin principios racionales, sino religiosos. Cuando de la costumbre y las tradición se pasa a la militancia cultural, religiosa o nacional se intensifican y cierran las nociones colectivas. Es entonces cuando se convierten en símbolos y banderas de una lucha sin cuartel. Lo cual es impulsado por el fanatismo.

El objetivo del fanatismo es imponer un principio divino como rector del mundo. O más en concreto, cada organización fanática pretende imponer su principio divino en la sociedad en la que vive. Todo fanático tiene como objetivo hacer que su idea Absoluta rija todo lo demás: La economía, las relaciones humanas, la legislación y demás. Principio absoluto que puede ser en relación a una raza, clase, patria o religión. Incluso en procesos de fanatización dentro de modelos ideológicos ateos, como el comunismo, lo que se ha hecho es sacralizar al Estado.

El problema que sucede con el fanatismo es que diversos modelos se alían contra un enemigo común, pero como su absoluto no coincide, finalmente desembocan en luchas intestinas entre ellos. Sucede entre las tribus islámicas y facciones religiosas que parten de la misma creencia. Los Estados musulmanes no cesan de guerrear unos contra otros. El fanático que desarrolla su fe a través de la violencia acaba convirtiéndose en un gallo de pelea. Pelea para vivir y acaba viviendo para pelear, como prueba de su fe. Luchar, matar y morir se convierte en su peculiar destino.

Lo que vincula los diversos fanatismos es el hilo conductor del esoterismo, no entendido en su aspecto de interpretar símbolos o teorías fantasiosas, sino como conocimiento sobre la creencia. La costumbre hace que la vivencia religiosa sea sociable y en función a la cultura una doctrina se razona sin dejar de ser fe.

El esoterismo estructura la fe como conocimiento y desarrolla lo irracional de la fe religiosa. Sienta las bases de una raíz común de todas las religiones y doctrinas, de manera que vale para todas ellas, a modo de mínimo factor común. En la tradición islámica hay un estudio esotérico del Corán, “batín”, y otro exotérico, “zahir”. Uno de los objetivos de la red Al Qaeda es unir todas las corrientes islámicas en la acción, en una lucha común contra occidente, que entienden ha sido dominada por los judíos.

Por otra parte en su estrategia está activar los frentes antisistemas de la extrema derecha occidental, alimentados en sus fundamentos últimos por teorías esotéricas, sobre el conocimiento de sus creencias racistas o religiosas. A la vez se expande una mentalidad difusa, indefinida, que borbotea bajo el imperio sociológico de la Nueva Era. Su actividad social está a la expectativa de que suceda algo que sirva de apoyo para hacer útil la irracionalidad que profesan sus variadas corrientes, las cuales, de una manera superflua y superficial, siguen muchos ciudadanos y ciudadanas de la sociedad moderna occidental.

Para los sunitas y shiíes el conocimiento esotérico es saber del conocimiento oculto del Corán, tawil, el cual se obtiene mediante el conocimiento proporcionado por Dios al imán. Para los sufíes el tawil se adquiere mediante las ceremonias y rituales específico. Se trata de un conocimiento directo de Dios, sin necesidad de un imán como intermediario. Los zaídies no admiten poderes sobrehumanos, de manera que reconocen la fuerzas del imán por su activismo político, siendo la fe una forma de vida que han de extender. Lo que vemos es que el esoterismo no es ajeno al islamismo y quienes han proyectado una acción mundial han elaborado previamente un plan teórico que cuente con las diversas corrientes religiosas que funcionan en la sociedad musulmana, especialmente en los sectores más extremistas y por lo tanto más activos. Los campos de entrenamiento de los extremistas islámicos, no son únicamente para entrenamiento militar, sino, al mismo tiempo y formando una unidad, para adoctrinar a los adeptos-creyentes.

No podemos perder de vista que a través de los inmigrantes musulmanes se infiltra en la sociedad la religión islámica, lo cual es altamente positivo, por tanto y cuanto permite socializar y tolerar esta religión con la mayoritaria del país receptor y con el laicismo occidental. Pero sucede también que se intensifica la enemistad entre ambas posturas, callada o silenciosa, rumiando un malestar el creyente que le cierra en un fanatismo que espera sólo el momento de aplicar una venganza, al comprobar como es despreciado, humillado, explotado económicamente, siendo no sólo los que le humillan contrarios en sus practicas religiosas, sino que actúan como seres perversos.

Con los que relacionarse será difícil si una de las partes no cambia de costumbres, como ir de copas, participar de conversaciones obscenas o trivializar la vida en el consumo. Hay tres fanatismos que responden a actitudes del carácter personal: el activo y militante. El pasivo, mitad militante, mitad sociable y el potencial. Será muy importante tener en cuenta este aspecto en la ley de extranjería, para dotar de derechos sociales y económicos a los inmigrantes. A finales de Noviembre de 2001, se destapo la practica de grandes empresas de gas, que subcontratan a otras empresas el reparto de bombonas de gas, las cuales trabajan con inmigrantes de Paquistán, a los que no pagan nada, nada de nada, más que les permiten vivir de las propinas que les den los vecinos a los que suben las bombonas de quince kilos, en una jornada de diez horas.

Hay que destacar un movimiento de musulmanes negros, “muslimes”, de gran importancia y peso en la comunidad de color de EE.UU. Surgen en 1913 en New Jersey, cuando Timothy Drew, conocido como Noble Drew Alí, funda varios templos moro-américanos de la Ciencia. Enseñó que los negros tenían un origen moro, todos ellos y que Jesús fue de raza negra, por lo que le crucificaron los romanos blancos. Parte de sus enseñanzas, como descubre el historiador César Vidal, procedían de un texto ocultista escrito por Levi Dowling, “Evangelio Acuario”. A este fundador le sustituye Wallace Fard, que se consideró su reencarnación y habiendo nacido en la Meca, se sintió llamado para ir a América para liberar al ser humano negro del diablo caucásico, el ser humano blanco. Fundó la organización “La nación del Islam”. Su doctrina predica que el blanco fue creado por un científico que se volvió loco. La bestia blanca reinó la tierra durante seis mil años, tiempo que concluyó en 1914, cuando entienden que es el momento de que la nación del Islam se alce con el Poder. Se trata de una religión que se fundamenta en el Corán, dando una versión peculiar, pero que se alimenta de diversas corrientes ocultistas y esotéricas.

Uno de los líderes de esta secta que más extendió su ideario entre las capas más pobres de la población negra fue Malcolm X, con una oratoria populista a tope. Logró dar un sentido de unidad y de orgullo a la causa negra, llegando a predicar un racismo contra los blancos. Se incorporan muchos ciudadanos y ciudadanas de piel negra porque percibían en esa doctrina un sentimiento de solidaridad y de grupalidad frente al individualismo en que han sufrido sus problemas. La imagen que crean es la del mal asociada a la cultura occidental, a la que pretenden vencer. Tras ser asesinado Malcolm X, en 1965, por cambiar sus ideas religiosas en favor de la solidaridad racial, y por comprobar que las ideas de su organización poco tienen que ver con el Islam, el movimiento que impulsó se radicalizó aún más y se llamó “Comunidad del Islam en Occidente”. A sus adeptos se les conoce como “bilalianos” (por ser Bilal el primer converso negro de Mahoma). Entienden que los blancos son aliados del diablo y pretenden crear una patria afromusulmana en EE.UU. Se han extendido a Europa y Asia. Han establecido cerca de cincuenta colegios propios y varias redes empresariales. Hacen campañas de ayuda a drogadictos y alcohólicos que engrosan las filas de sus agrupaciones. Su estrategia más actual es crecer silenciosamente, sin enfrentarse a nada ni con nadie. De momento se conforman con convencer, uno por uno a sus futuros adeptos.

No podemos obviar la estrategia del terrorismo islámico internacional, que se rige por unas pautas doctrinarias, que aunque actualizada tiene una trayectoria histórica. El fanatismo lo que hace es usar esta historia y los conflictos actuales para dar realidad a sus despropósitos. Los fanáticos convierten su creencia o sus objetivos en un guión perverso, en el que ellos cumplen un papel de redentores, de mártires o héroes, que muchas veces consigue deformar la realidad de cara al resto de los ciudadanos.

Analizaremos aspectos de la doctrina islámica, no como tal, sino en aquellos aspectos que se convierten en herramienta del fanatismo, para ver la técnica de fanatización que se extiende en la sociedad musulmana y afecta al resto del mundo. De esta manera vamos a comprobar que es un proceso que puede incrementarse al entrar en resonancia con otros fanatismos si no se toman las medidas pertinentes, que, hay que insistir, no consisten en reprimir nuevas o antiguas creencias o ideas, sino al revés, incrementar la libertad, informar, potenciar una educación crítica, fomentar un ambiente culto y de reflexión y facilitar la participación de la inmensa mayoría de los hombres y mujeres de nuestra sociedad, pues su pasividad y el aislamiento al que lleva el individualismo es lo que da fuerza al gregarismo de las sectas. Pero sobre todo es necesario detectar y reconocer el problema, sobre lo cual se ignora todo o casi todo lo que afecta a nuestra sociedad de manera estrepitosa.

Las sociedades democráticas en la actualidad, ante los ataques terroristas que tienen como objetivo la sociedad occidental en general, debaten entre aplicar mayor seguridad o mayor libertad. Comienzan a tomarse medidas de censura en los medios de comunicación. Se aprueban leyes que exigen más control sobre las personas. La violencia exige seguridad, indudablemente, pero más todavía reducir el fanatismo a su mínima expresión. Como impulso de la violencia la respuesta al fanatismo exige libertad, más libertad, por paradójico que pueda parecer. Por eso las medidas de seguridad deben incrementar la participación ciudadana y el establecimiento de más libertad, pues de lo contrario se afianza el medio propicio para fomentar el fanatismo, con el juego del enfrentamiento.

El fanatismo en Occidente sucede de manera muy distinta al que surge y se desarrolla en los países islámicos. El primero brota contra la sociedad en la que vive, en su forma de vida, en su manera de ordenarse institucionalmente, pero no actúa enfrentándose abiertamente. Entre otras razones porque debe mantenerse en secreto para perpetuar la doctrina ilusoria que lo fundamenta.

La fanatización espiritual dentro de nuestra sociedad occidental está atomizada en múltiples sectas y grupos cerrados en sí mismos. Erosionan la realidad en su quehacer diario, desgastan solapadamente la convivencia en una actuación personalizada de captación proselitista y de crítica al modelo social y de convivencia para justificar sus doctrinas. En las sociedades islámicas sucede lo contrario, se crean grandes corrientes fanáticas que desarrollan de manera extrema los mismos fundamentos que rigen la sociedad en la que viven. La coincidencia de ambos fanatismos es en definir un enemigo común, y en este hecho entran en resonancia. El peligro es que se puedan organizar en algún momento en que beneficie a ambos fanatismos.

La acción del extremismo islámico y el fundamentalismo teórico perturban a sus propias sociedades, pero al mismo tiempo las preserva en su identidad. Sin embargo las impide evolucionar pues cortan cualquier intento de aggiornamento. La necesidad de modernizar las sociedades islámicas ha hecho reaccionar a muchos gobiernos y sociedades que han tenido que enfrentarse a grupos extremistas islámicos. Por ejemplo el gobierno sirio aplastó literalmente la rebelión de la organización “Hermanos Musulmanes”. El Estado redujo a cenizas la ciudad en que se produjo el foco integrista que se comenzó a extender en toda la sociedad. Esta organización fundamentalista se había iniciado en 1928 en Egipto. Se les considera los primeros extremistas musulmanes modernos.

Tras las represiones gubernamentales contra ellos huyeron para reorganizarse en una especie de diáspora que casi un siglo después se iba a consolidar. Sus militantes huyeron a Paquistán, Siria, Argelia, Sudán, Irán. También a ciudades europeas. En Marruecos se han limitado las actividad de los fundamentalistas. En Argelia el Grupo Islámico Armado (GIA) ha causado más de 60.000 muertos en cinco años de actividad terrorista y mantiene una lucha que ha sido casi una guerra civil, hasta llegar a una serie de acuerdos y haber desmantelado varios grupos operativos. En Filipinas el Frente Moro de Liberación Nacional, reincia una guerra de guerrillas, tras cinco años de inactividad, contra el gobierno.

En Palestina el grupo Hamás es un obstáculo para conseguir la paz y lograr establecer un Estado árabe, junto al estado de Israel. Lo mismo sucede con los ortodoxos judíos. El fanatismo de ambos sectores extremistas de sus respectivas religiones y sociedades hace que no haya una solución que no pase por la guerra, ya que el objetivo de ambos es cumplir su misión divina: eliminar , vencer y acabar con el enemigo ayudados cada uno por su “Dios”, ya que cada bando tiene el suyo particular con sus inherentes creencias y formas de vida. El enfrentamiento es el sentido y la razón de ser de los extremismos doctrinarios e ideológicos. Lo que hace muy complicada la situación en tanto y cuanto se amparan sus fundamentos y principios esenciales de la sociedad en la que surgen y actúan.

El objetivo básico de todos los grupos extremistas islámicos es implantar en cada nación árabe un Estado islámico. Su lucha es y ha sido contra el sionismo, el judaísmo y el comunismo. Consideran a EE.UU. la nación sionista por excelencia, que representa el imperialismo judío, mientras que Israel es la patria judía. Fijémonos bien que en esto coinciden con el análisis, idéntico, de las organizaciones fascistas de extrema derecha. de EE.UU. y Europa.

El llamamiento a la yihad como “guerra santa” es una variante de este concepto islámico, pero que está perfectamente acoplado a las sentencias del Corán. “Yihad” significa “máximo esfuerzo”, “esfuerzo santo”. Es entendido como lucha, esfuerzo-combate en el camino de Dios. Hay dos conceptos, éste, que se conoce como “yihad mayor” y la “yihad menor” que significa “guerra santa contra tierras y súbditos infieles (los no musulmanes)”. Ésta sólo estuvo reservada, según la mayoría de los doctos del Corán, los ulemas, al proceso inicial de la extensión de la fe, por parte de su profeta, Mahoma. Sólo podrá ser convocada por un imán, que está oculto hasta el final de los tiempos y deberá ser un descendiente directo del profeta.

Los imanes que gobiernan las naciones islámicas son designados por su predecesor y se entiende que reciben instrucciones directamente de Dios. La yihad menor queda por lo tanto reducida a una acción defensiva, nunca ofensivas. Lo cual si analizamos los mensajes de la red Al Qaeda es la causa que defienden: un llamamiento a la guerra santa para la defensa del Islam, el cual se ha visto atacado por las agresiones al pueblo palestino, el pueblo iraquí, al de Cachemira, Chechenia y la ocupación por las tropas de EE.UU. de los lugares sagrados del Islam en Arabia Saudí, la Meca y Medina. En la entrevista a Bin Laden, publicada por un periódico paquistaní, define claramente que la guerra santa emprendida por Al Qaeda es una “yihad defensiva”. A su vez tal llamamiento se intensifica tras los bombardeos de EE.UU. y los Estados aliados contra el gobierno talibán de Afganistán.

Si se hubiera analizado el funcionamiento del fanatismo como tal en lugar de potenciar su intensidad y “justificar” a sus seguidores más acciones violentas, en respuesta a la violencia contra sus hermanos de Afganistán, se podría haber emprendido un camino largo, lleno de trampas, pero que hubiera sido efectivo en la desconexión de la red terrorista de Al Qaeda y el la población musulmana más radical y que gana apoyos cada día que pasa. Hubiera consistido en haber aceptado la oferta del gobierno afgano de entregar a su cabecilla a un Estado islámico, en el que fuera juzgado con un tribunal musulmán. De esta manera se habría separado el extremismo y fanatismo de la creencia musulmana, en lugar de arraigar ambas partes cada vez con mayor intensidad. Lo que ha sucedido es la gran jugada de los fanáticos: representar en la realidad su visión del mundo. Han creado un escenario en el que pueden actuar como protagonistas de la Historia.

En la que el enemigo se convierte en un dragón de fuego malvado y vil, lo cual es visualizado en los miles de aviones de guerras que lanzan bombas sin cesar. El fanatismo se activa más todavía. Medidas de compromiso social, de reglamentar los ataques mediante una tribunal internacional y aceptar el contexto en el que surge hubiera permitido desactivar el fanatismo. Pensemos que cada fanático es un arma, una bomba, un guerrillero contra la realidad. Y están extendidos por todo el planeta, y no son sólo islámicos. Los hay de todas las creencias y de toda condición. La seguridad del Estado actúa para evitar los atentados, lo cual es necesario, pero no es suficiente. Hay que evitar propagar una mentalidad cerrada en su visión única del mundo y de la vida, que funciona con una actitud obsesiva para conseguir llevar a cabo sus propósitos.

La concepción más actual de la yihad es la de juntar las fuerzas para salvar a los hombres de la maldad y la desviación. Lo cual vemos que se relaciona mucho con los mensajes sectarios de doctrinas esotéricas y mesiánicas del mundo occidental. Para un musulmán la fe es creencia y acción. Además están muy determinados por lo que consideran el destino, que es la consecución de su fe que se manifiesta en el determinismo del sino. Para que este se cumpla deben seguir el camino de la tradición y dar ejemplo mediante su lucha, como se suele decir “cabalgar sobre el tigre”.

Evidentemente razonar exige un esfuerzo, sobre todo para que el Poder en la sociedad sea cada vez más repartido, el poder del pueblo, frente al que cada vez se concentra más en las instituciones, cuyos representantes son elegidos, pero se dedican a ser relaciones públicas entre los organismos de Poder y los ciudadanos y ciudadanas. Europa no ha sabido, o no ha podido, quizá, actuar como mediadora en el conflicto de EE.UU. y el terrorismo islámico, con su bagaje cultural e Historia. Ha perdido una oportunidad de oro para liderar un proceso de paz que atenúe los conflictos Norte-Sur y establecer un marco a nivel mundial, jurídico y político, que permita una convivencia entre los Estados de todo el mundo, permitiendo establecer las bases de una globalización más justa, más eficaz y más enriquecedora para todos los pueblos del planeta.

Se ha dejado llevar por quien capitanea una guerra que podrá anular todas las bases militares de los terroristas, sus lugares de entrenamiento, acabar con sus laboratorios para fabricar armas químicas y nucleares, pero habrá intensificado el fanatismo, sin darse cuenta que un fanático cuando no tenga armas será capaz de matar con sus manos y si se las quitan lo hará con los pies. Y que cuando el fanatismo se propaga cualquier actuación militar acabará provocando un conflicto civil y que para dominar tal problema sólo podrá recurrir al método de los fanáticos, porque no le quede más remedio, pero a tal fin nos avecina el conflicto armado, que es eliminar a todo el que no piense y sea como debe de ser, definido este “debe” por quien detente el Poder.

Las observaciones generales sobre la sociedad son necesarias en el presente análisis, pues las sectas y el fanatismo no actúan en un laboratorio aislados del mundanal ruido, sino que se desarrollan en un determinado modelo de sociedad que responde a una historia determinada. Las sectas intervienen como centros de estudio, en donde se adoctrina a los adeptos. Los taliban son estudiantes de teología, de la etnia pasthún, principalmente de la región de Kandahar. Fueron apoyados por los shií de Pakistán en cuyo territorio se crearon focos de adoctrinamiento. La participación masiva de jóvenes de esta zona coincide con la extensión de la pobreza en la zona y la multiplidad de conflictos que evitaban la formación de un comercio estable y el desarrollo agrario y ganadero tradicional del lugar. Desde 1988 se formó en Kabul la Escuela de Estudios Islámicos, cuya finalidad social fue establecer, imponer, en la sociedad la sharia (shar´s), ley islámica, como único principio rector de la sociedad. Estas escuelas se propagan por todo el mundo islámico. Sin seguir criterios extremistas mantienen unos principios de pureza, que favorecen la fanatización, sobre todo porque son lugares de estudio en los que no se permite la crítica, ni casi la relación con el mundo exterior. Un ejemplo es la Universidad de Al Azhar en Egipto, la más grande del mundo musulmán y con un gran prestigio. Se prohibe estudiar el darvinismo por considerar, los ulemas, que es una teoría errónea y pecaminosa, pues está escrito en el Corán que el primer hombre fue Adán.

Pensemos que en determinadas escuelas del fundamentalismo cristianos sucede otro tanto de lo mismo, en EE.UU. y en Europa.

En Al Azhar se memoriza el Corán, algo que no es sólo un aprendizaje, sino que se vive inmerso en un estado emocional muy intenso provocado por las guerras constantes en que el mundo musulmán participa, siendo la zona de Oriente Medio un foco de tensiones permanentes, con los territorios palestinos como centro de atención. Esta universidad patrocina cerca de 5.000 escuelas de primaria en Egipto. Su rector , Ahmed Omar Hashem, criticó y se mostró en contra de los atentados terroristas del 11-S. Sin embargo potencia una mentalidad favorable al fanatismo, como mecanismo social. Sobre todo cuando se enseña que la fe del islam responde no sólo a los problemas del más allá, sino de este mundo, sin ver la pluralidad de otras formas de entender las relaciones humanas.

Las naciones árabes han vivido en una tensión de contrarios entre la modernidad, con la incorporación de los avances técnicos y económicos, a la vez que mantener la tradición islámica con las costumbres de siempre en la vida cotidiana. Esta tirantez ha llevado el enfrentamiento de las dos posturas al interior de la sociedad musulmana. Hasta la guerra del Golfo EE.UU. fue el amigo de los enemigos internos de grupos fanáticos del islam. Caso de Argelia, en donde ni siquiera de respetó una decisión democrática que dio la mayoría a los partidos extremistas. También en Arabia Saudí, Kuwait, Jordania. Desde entonces, EE.UU. y sus aliados musulmanes, los gobiernos corruptos, se convirtieron en enemigos de los fundamentalistas islámicos.

Los ataques comenzaron a apuntar al imperio económico mundial. En Egipto se formó en los años ochenta otro grupo, la “Yihad islámica”, para luchar contra la política oficial de este país. Política complicada pues los gobiernos del mundo árabe en general, han tratado de conjugar la creencia del pueblo con la modernización del país en todos los sentidos. De esa contradicción nace el impulso que caracteriza el fanatismo islámico, como elemento irracional que sirve de instrumento para empuje y motivación de iluminados que logran socializar sus obsesiones.

Las frustraciones, la inseguridad ante lo nuevo, la desconfianza y el sentimiento colectivo de inferioridad se convierte en euforia con las proclamas triunfalistas, con el determinismo de triunfo como consignas de la fe islámica. Las proclamas y la acción invierten esos sentimientos de hundimiento moral en euforia, a veces incontrolada. Si todo esto se ordena en una acción concreta se produce un plan de ataque que es lo que se ha puesto en funcionamiento, como desarrollo intrínseco del fanatismo musulmán.

Egipto es un ejemplo de la contradicción a la que aludimos. Esta nación fue el foco desde donde se expandió la lucha armada. Primero se internacionalizó en el mundo islámico y luego en todo el planeta. Samal Abdel Nasser persiguió con suma dureza a los integristas islámicos, a la vez que llevó la prospéridad y el desarrollo económico a Egipto. Su sucesor, Anwar ab Sadat mantuvo la influencia occidental para mantener el progreso en la sociedad egipcia. A la vez inició la guerra contra Israel, la guerra de Yom Kippur, en Octubre de 1973.

Seis años más tarde, el 26 de marzo de 1979 firma un tratado de paz con Israel, basado en los acuerdos de Camp David. Lo cual hace que Egipto sea expulsado de la Liga Árabe. Proyecto éste que había sido su predecesor quien lo impulsó, hasta el punto de haber formado, aunque fuera temporalmente, una República Árabe Unida entre Egipto y Siria, de 1958 a 1961, como intento de crear una gran nación árabe y que se fuera expandiendo, hasta unirse con otros países. En la actualidad la unión de las naciones árabes aparece fuera del ámbito político, con un fenómeno reciente que ha conmocionado a las diversas sociedades musulmanas: la televisión con sede en el emirato de Qatar, Al Yazeera. Ofrece una información común en todas las naciones árabes y va orientando una mentalidad común, cuyo desenlace será ,en un futuro utópico hoy por hoy, la creación de los Estados Unidos del Islam. Lo que quizá se lleve a cabo cuando el fanatismo se atenúe.

Pensemos que la unidad de Europa, que también persiguió el nazismo a su manera (dictatorial), se logra cuando desaparecen los modelos sociales y políticos totalitarios.

En 1981 Sadat es asesinado por un grupo de fundamentalistas que formaban parte de las Fuerzas Armadas, justo en un desfile que celebraba el aniversario de la guerra de Yom Kippur. Desde entonces las acciones fundamentalistas se intensificaron en Egipto, atentando contra turistas y demás intereses gubernamentales. Lo que acrecentó la represión estatal. El movimiento islámico fraguado en ese foco de contradicciones se derramó por todas las naciones árabes. Han ido uniendo sus fuerzas por la amalgama de otras fuerzas similares. No debe olvidarse que entre los jefes de la red Al Qaeda figuran varios egipcios, siendo de esta nacionalidad el número dos de la organización, Saif Al Adel, como lo es el jefe del aparato militar de Al Qaeda, Mohamed Atef. También el jefe del comando de los atentados del 11-S, Maohamed Atta. La mitad de los que participaron eran ciudadanos de Arabia Saudí. La tensión de estas sociedades, entre la razón económica por un lado y la razón de fe por otro, ha fraguado lo irracional como superación de ambas contradicciones. Al haber un enfrentamiento violento entre las dos partes se impide una evolución dialéctica de la realidad, y aparece un desajuste histórico y social.

En la esencia del islam vemos la intervención de la religión no sólo en la vida cotidiana del creyente, sino en los acontecimientos del mundo. Dentro del mes santo del ayuno, el Ramadán, la noche entre los días 26 y 27, del noveno mes musulmán, que empieza a mediados de Noviembre del calendario gregoriano, se celebra la “Noche de la determinación”, coincidiendo cuando Mahoma tuvo su primera revelación. Se atiende a que según el Corán, Dios, en árabe Allah, determina el curso del mundo durante el año siguiente.

Una cuestión de fe, que para los fanáticos se convierte en una misión, en la que ellos y sus acólitos deben intervenir como herramientas de tales designios, pues, además, se creen portadores de la verdad y deben cumplirla, como obligación religiosa. La palabra árabe islam significa ‘entregarse’ en la acepción literal del término, pero el Corán establece su sentido religioso como “someterse a la voluntad o a la ley de Dios”. La persona que practica el islam es un musulmán (del árabe muslim, ‘el que se somete a Dios’). Según el Corán, el islam es la religión universal y primordial, incluso la propia naturaleza es musulmana ya que obedece de modo automático las leyes que Dios ha establecido en ella. Para los seres humanos, que tienen libre albedrío, la práctica del islam no implica obediencia sino la aceptación libre de los mandamientos divinos.

Un musulmán es un seguidor de la revelación divina (recogida en el Corán) formulada por el profeta Mahoma, lo que le convierte en miembro de la comunidad islámica (umma). Para algunos autores basta dar testimonio y pronunciar la shahada (profesión de fe) que se expresa al afirmar “No hay más dios que Alá y Mahoma es su enviado”. Esto último deben repetirlo constantemente como prueba de la fe en la Chahadah (testimonio). Quien pronuncia la chahadah es considerado musulmán y tiene los derechos que emanan del islam.

Diversos libros de la fundación Al-balagh, distribuidos gratuitamente en el nombre de Al-lah, como actividad cultural del régimen iraní, exponen los principios islámicos que defienden. Los textos que divulgan presentan el Islam como método para salvar al hombre. Ofrecen una visión caótica de occidente, que incluye a Japón, Rusia, Europa y EE.UU., lo que recoge bajo el nombre de “tragedia de la civilización materialista”: desintegración familiar, aumento del crimen, incluido el aborto, la relación del sexo con enfermedades, drogadicción, colapso psicológico, alcoholismo y suicidios. Definen la yihad como un principio patriótico y de dignidad, que ha de aplicarse para combatir al opresor y para rescatar al hombre de su desviación.

Para los seguidores de Ruholah Jomeini, Guía de la Revolución islámica en Irán, apoyado plenamente por el clero shií, el judaísmo es una religión nacional fanática, causante de la desociación de la Humanidad. Consideran que sus rabinos han alterado y falsificado los textos de Moisés, lo mismo que los mensajes de Jesús por parte del clero católico y predicadores protestantes, pues consideran imposible que un enviado de Dios, Jesús bebiera vino y realizase milagros favoreciendo la bebida de este licor en las bodas de Canaán. Aseguran los musulmanes shiitas que el Corán es el único libro sagrado sin añadiduras ni omisiones. Admiten a Moisés, Jesús y Mahommad, como los tres profetas de las religiones monoteístas, pero sobre los dos primeros, aseguran los shiitas, han sido falsificados sus mensajes.

Considera propaganda subversiva del islam aquella que suponga una perversión psicológica. Esta condición refleja una aplicación fanática de la religiosidad, pues supone un control de la psicología del creyente. Entre las desviaciones perversa que enumeran los textos aludidos se encuentra: el capitalismo, el comunismo, el existencialismo, el judaísmo, el cristianismo, el paganismo, el budismo, el brahamanismo y el ateísmo. O sea todo menos el islam. Se considera que Freud es el psicólogo de la cultura capitalista, y todos sus conocimientos se consideran absurdos. Establece que solamente siguiendo el islam la sociedad puede salir de sus crisis. Para lo cual imponen un espíritu de grupo. En el libro “la familia Musulmana” se exponen las tres misiones para las que se prepara la sociedad iraní y el mundo islámico en general:

1.- Desarraigar estrategias económicas y políticas de los infieles.
2.- Unir a los Musulmanes.
3.- Llevar con ahínco el Islam hacia todo el mundo.

El islamismo considera, al menos muchas de las corrientes mayoritarias, a la mujer “la entrada de Satanás en el alma del hombre”, lo cual aparece textualmente en los textos de Al-balagh. Entienden que occidente y su pensamiento materialista degrada a la mujer a la que no deja seguir su yo natural, y es maltratada por el hombre al ser convertida en una mercancía.

Aseguran que el buen comportamiento de la mujer llena sus deseo e inclinaciones psicológicas y estéticas, siendo este buen comportamiento la obediencia al marido y salir de casa sólo con su permiso. Defienden la poligamia como armonía con la naturaleza y la vida social, combatiendo de esta manera la anormalidad, la desviación sexual y la privación.

Una estrategia del islam es el aumento de la población musulmana, mientras que en los países no islámicos desciende la natalidad. Y advierten los intelectuales iraníes, ya en 1993: “Los movimientos clandestinos (islámicos) se desarrollan y extienden (por todo el mundo)” . A comienzos de los años noventa, los líderes del islam urgen a sus seguidores para salvar la raza humana, siendo su creencia un mensaje para toda la humanidad, siendo una obligación participar en la yihad contra los enemigos de Dios y la fe islámica. Ahora bien, entienden que hay muchas maneras de participar, no sólo en la lucha armada. Ignorar estos principios y el impulso fanatizador de muchos centros musulmanes ha sido un gran error para occidente, que lo ha empezado a pagar muy caro. Y habrá de poner atención y medios para afrontar el fanatismo que hierve dentro de nuestra sociedad no islámica, con el objetivo de “cocer” una nueva sociedad.

El núcleo más activo de los comandos de acción de la red Al Qaeda pertenecen a la corriente salafista del islam. Su pretensión es el desarrollo puro del Corán. Los seguidores de esta rama forman el grueso militante de la campaña iniciada por Oshama Bin Laden. Lo que indica que hay un modelo doctrinario previo a la acción. La policía federal de EE.UU reconoció en varios textos de los autores de los atentados del 11-S símbolos pertenecientes a esta corriente islámica. Entre ellos en los apuntes de Mohamed Atta.

También en varios cuadernos pertenecientes a miembros de la red terrorista que fueron detenidos posteriormente (El Mundo, 16-X-2001). Los grupos que han cometido atentados en Argelia y formaron el Grupo Islámico Armado (GIA) , provinieron de grupos salafistas de predicación y Combate, y no al revés como han pretendido explicar algunos informadores. Esta corriente tuvo su origen en la Universidad de Medina. Tal centro cultural islámico lo fundó el rey de Arabia Saudí en 1961. Su objetivo fue: “transmitir el mensaje eterno del islam a todo el mundo”. El estado de Arabia Saudí es el guardián de los lugares sagrados. Parece que sus autoridades están realizando un doble juego. Por una parte sus autoridades pactan y colaboran con las autoridades de EE.UU y de Gran Bretaña. Al mismo tiempo financian la expansión de una mentalidad fanática. Lucha contra el fundamentalismo dentro de sus fronteras, pero lo exportan al exterior. Parece como si realizasen una táctica de aprovecharse del enemigo y luchar contra él sin enfrentarse. Con una mano lo apoyan y con la otra financian y potencian la expansión de la pureza islámica en el extranjero. No apoyan el terrorismo abiertamente, pero cultivan y extienden la mentalidad de la cual surge.

Como se suele decir “con una mano rinden culto al diablo y con la otra a Dios”, o como afirma un dicho leonés “una mano se lava con la otra y con las dos la cara”. Un ejemplo muy actual ha sido cuando el príncipe saudí visitó la Zona Cero , ofreció entre los escombros un cheque de diez mil millones de dólares al alcalde de New York, como gesto de ayuda para recomponer el lugar y apoyar a los damnificados. Horas después emitió un comunicado criticando la política estadounidense respecto a los pueblos musulmanes, lo que hizo que el alcalde de New York rechazase cobrar el dinero que le habían donado y públicamente rompió el cheque. Oshama Bin Laden es de origen saudí (sus compañeros le llamaban “el saudí”) y su historia tiene mucho que ver con este país ante los acontecimientos de la última década, pero a su vez es el resultado de una historia político-religiosa que adquiere un gran protagonismo en la actualidad.

Bin Laden ha bebido de todas las más variadas fuentes musulmanas para crear la suya propia a través de la acción violenta. Mitifica su lucha para insertarla en un episodio de la Historia que dé un papel primordial al islam en el mundo, capaz de acabar con el orden económico y político liderado por el la cultura occidental. Su base (al qaeda) doctrinaria recoge elementos de corrientes tan dispares como la de los sufíes. Este aspecto, quizá el más importante, es el que se ha perdido de vista. Se persiguen y buscan los campos de entrenamiento, los centros de decisión, las cédulas armadas y sin embargo no se pregunta ninguno de los gobernantes que pretenden combatir a esta organización terrorista ¿qué hace que vayan miles de personas a esta lucha sin cuartel y sin lógica?. Es en esa base teórica donde podremos encontrar el fundamento de la violencia (el fundamentalismo). No son cuatro locos, ni mentes pérfidas y sanguinarias. Esta es una imagen poco científica del problema. Son fanáticos, lo cual hemos visto es una categoría específica y que debe ser analizada como tal. No peyorativamente, sino con un criterio crítico y , sobre todo, descriptivo. Pero hay que hacer hincapié que no es algo que sucede fuera de nuestro modelo de sociedad, sino que está en el seno de la sociedad occidental y ambos fanatismos se unen en una lucha común.

La creencia Wahhabí, condena la gnosis sufí, pero como forma de adquirir el conocimiento divino mediante la mística, ya que, para los wahhabíes, el saber está en la palabra del Corán. Sin embargo muchos estudiosos del Islam recogen la terminología esotérica, para establecer unas bases comunes. Se organizan en cofradías, tariqas, como camino hacia la gnosis, el conocimiento profundo.

Para los extremistas, éste se logra mediante la acción. De los chiíes reconoce el derecho divino para gobernar. Una corriente islámica que influyó en las demás mayoritarias y que todas han aplicado en sus formas de conquistar los Estados que gobiernan. Es la rama safauríes, la que defiende e insta a usar la agresividad como método de implantarse en las sociedades. Su objetivo es ordenar a los seres humanos de acuerdo a las leyes divinas del islam. Lo cual ha impregnado sobre todo al credo shií. Éste desarrolla amplios conocimientos esotéricos para interpretar el Corán.

Una de las cosas que diversos ex-compañeros de Bin Laden han contado es que en las cuevas en las que sus incondicionales guardan las armas, ha depositado una biblioteca de textos islámicos impresionante, que lee con frecuencia a diario. A este respecto hay que decir que entre las actividades diarias que tiene el protocolo presidencial de EE.UU. está la de que el presidente lea media hora al día, después de cenar, la Biblia cristiana.

Hay que destacar que en el caso de EE.UU. rige esta costumbre dentro de un contexto de racionalidad política, de tolerancia a otros credos y respeto a las personas, que se ve con frecuencia alterado por intereses económicos o por estrategias de Poder, pero menoscaban los fundamentos democráticos, mientras que en el primer caso sucede en una coreografía social y religiosa de fanatismo y la violencia. De esta manera se intensifican los fundamentos irracionales para destruir la realidad existente. El fanatismo da más peso, existencial e histórico, a una realidad maquinada en el imaginario de unos iluminados por la fe, que a la doctrina de la religión, propiamente dicha, de la que parten. La fe es una herramienta más para construir la pretensión mesiánica, lo cual se ha extendido en el mundo islámico a una gran parte de la población.

Una de las corrientes más influyentes en el movimiento wahhabí actual y que siguen una parte importante de la población saudí es la de los fanáticos jariyíes que se basan en la interpretación literal del Corán. Consideran impías a casi todas las autoridades políticas musulmanas por colaborar con estados infieles, por lo que desde sectores extremistas se pretende eliminarlos, por traición al islam, algo que recuerda en sus comunicados Bin Laden, después de sufrir Afganistán los bombardeos estadounidenses durante un mes. Hay pues una intención soterrada que es el fanatismo, todo tipo de fanatismo contra el “imperio del mal”, EE.UU. y sus aliados. El lenguaje mítico funciona en este tipo de mentalidad.

Arabia Saudí tiene un gobierno basado en la sharia, ley islámica. Su historia se remonta a Ibn Abd -al Wahhab que tras largos viajes estudió en profundidad el Corán. Invitó a los musulmanes a unirse en la pureza del Islam. Su meta fue crear un estado teocrático, lo que logró en 1774 en Dariyya, al intercambiar un juramento de mutua lealtad con el emir de la región, Muhammad Ibn Saud. Tras conquistar la ciudad de la Meca y Medina a los turcos el nuevos territorio se llamó “Arabia Saudí”. Entró en la ciudad de la Meca el año 1924, convirtiéndola en la capital religiosa de Arabia Saudí. Allí se encuentra la Kaaba, el único lugar sagrado de la tierra para los musulmanes. Es un santuario preislámico, construido por Abraham e Ismael, a partir de los cimientos que fueron puestos por Adán. Se encuentra situada en el centro de la Gran Mezquita de la Meca y es el lugar central de la peregrinación de los musulmanes. En Medina reposan los restos de Mahoma. , el nombre de la ciudad es “Madinat al Nabi”, “Ciudad del Profeta”. Mahoma llegó allí huyendo de la Meca, lo que se conoce como la hégira, que sucede en al año 622 de la era cristiana y supone este año el inicio de la cronología musulmana. Se considera a Mahoma el último de los profetas.

Desde el año 1924 el credo oficial de esta nación es el wahhabí, movimiento islámico fundamentalista. Esta versión del islam explica que aquello que proviene posterior a los tiempos de Mahoma, lo que se añade como adaptación a los nuevos tiempos o nuevas culturas, no es una innovación, sino que corrompe el islam, por lo que incide en volver a la pureza de los mensajes del Corán. Su participación de influir en otras corrientes del islam ha sido para purificar las influencias no islámicas, por lo que ha tenido incidencia en la evolución de muchas corrientes religiosas musulmanas de diversas ramas islámicas, desarrollando los sectores más integristas de cada una de ellas. Influyen directamente en los sunitas.

El fundamentalismo forma parte de la esencia histórica de Arabia Saudí, pero ve peligrar su fuerza con el uso de la violencia y prefiere aplicar la influencia en los países occidentales con sus propias armas: el dinero. Veremos algunas secuencias históricas para entender el papel que juega y la función del fanatismo, que éste mismo país ha combatido para evitar el empobrecimiento y no quedarse al margen de los adelantos técnicos de la modernidad.

Abd al- Aziz II Ibn Saud se proclamó rey de todos los países árabes. En 1936 firmó una serie de tratados con los vecinos países árabes, lo que condujo a formar en 1945 la Liga Árabe. Este año alquiló concesiones petrolíferas a empresas británicas y estadounidenses convirtiéndose el rey saudí en uno de los hombres más ricos del mundo. Reina sobre la primera nación exportadora de crudo y de gas natural. Su política ha incorporado la tradición y el modernismo en un equilibrio inestable, sin buscar una síntesis de ambos, sino que ha jugado y juega a dos barajas. Veamos su trayectoria durante el último medio siglo
– 1951: Llega a un acuerdo con Arabia-Americam Oil Company (Aramco), lo que supone para el Estado de Arabia Saudí el 50% de los beneficios netos de la compañía.
– 1952: Hace un préstamo multimillonario a Siria para relanzar su economía y acaparar material militar de primer orden.
– 1956: Realiza un préstamo de grandes sumas de dinero a Egipto cuando las cuentas de este Estado fueron congeladas en el extranjero, debido a la nacionalización del canal de Suez. Arabia Saudí rompe entonces relaciones diplomáticas con Gran Bretaña y Francia.
– 1960: Lidera la creación de la Organización de países Exportadores de petróleo (OPEP) para mantener el precio del crudo. Participan Irak, Irán, Venezuela y Kuwait.
– 1963: Rompe relaciones diplomáticas con Egipto por discrepar en sus apoyos estratégicos respecto al Yemen.
– !967: El rey Faysal apoya incondicionalmente a Egipto en la guerra de los seis días. Envió un contingente militar formado por 20.000 soldados saudís a Jordania para enfrentarse a Israel. Preparó una acción panislámica contra Israel. Sin embargo se distancia de las acciones indiscriminadas y rechaza un poscionamiento oficial antioccidental.
– 1971: Pacta con 23 compañías petroleras occidentales, de las cuales 17 son de EE.UU.
– 1979: Conflicto con Egipto. Además la policía detiene a terroristas islámicos de Irán en la mezquita de La Meca.

EE.UU. le aporta entrenamiento militar y un gran arsenal de armas modernas, para no dejar que sea invadido o sustituida en el Poder la monarquía saudí por corrientes integristas. Israel protestó enérgicamente y se opuso a semejante maniobra. Al mismo tiempo EE.UU. apoya a las tropas talibanes para echar al Ejército soviético. Con 22 años de edad y en una profunda crisis espiritual Bin Laden se une a la guerrilla afgana como soldado. Algo que influye mucho en su replanteamiento existencial es la muerte de su padre.

La experiencia en el campo de batalla le hace llegar a la conclusión de que “un día en Afganistán vale más que mil días rezando en una mezquita”. Lo cual entronca con el planteamiento de Julius Evola, cuyas teorías han inspirado el fascismo en Europa, y todavía sigue siendo un referente intelectual de estas corrientes. Sin nada que ver en sus respectivos fundamentos teóricos, coinciden en cuanto a lograr el conocimiento a través de la acción. Luchar es una manera de desarrollar la devoción del combatiente.

A comienzos de los años ochenta, Osama Bin Laden financia a muchos grupos gerrilleros contra los comunistas. Lo que le vale el apoyo de EE.UU. Durante esos primeros años de la guerra financia alojamientos y hospitales para los voluntarios que acuden a luchar contra los “soviéticos ateos”. Tal como informa el programa de televisión de la segunda cadena, “Documentos TV” (7 – XI – 2001) Bin Laden elabora una lista de personas que luchan allí, toma sus direcciones, para avisar a sus familiares en caso de que mueran. Al ver que tiene los datos de muchos musulmanes dispuestos a dar su vida por su religión y participar en la guerra santa, considera ese listado “La Base”, Al Qaeda (Al Kaidah). Debido a que pone su capital, incondicionalmente, a disposición de la causa islámica se convierte en un héroe local. Cada vez va dando pasos más amplios y relacionándose con más gente dispuesta a llevar a cabo una lucha total por preservar los valores del Islam. Se extiende su fama de héroe por su lealtad al Corán. En aquella época cumplió la función de lograr fondos financieros para su lucha. Encontró apoyos en Arabia Saudí y en EE.UU. por dirigir su particular lucha contra el comunismo en ese momento.

La resistencia nacional y la mera fe religiosa era insuficiente para vencer a la segunda potencia militar del mundo. Es entonces cuando los integristas islámicos tomaron conciencia de su condición militar como arma global.
-1981: El Estado de Arabia Saudí controla totalmente el capital de Aramco. El nuevo capital lo invierte en occidente mediante inversiones de todo tipo y en desarrollar dentro de su nación un fuerte potencial militar.
-1987: 400 peregrinos mueren en la Meca en un enfrentamiento entre shiíes iraníes y la policía saudí.
– 1988: Bin Laden funda la red Al Qaeda como organización, formada por excombatientes de la guerra de Afganistán. Tratan de difundir la vivencia islámica y unir los sectores más radicales de diversas corrientes musulmanas.
– 1989: Bin Laden vuelve a Arabia Saudí. Es visto por su familia como una persona culta pero muy exaltado y fanático.
– 1990: En el mes de Julio 1400 peregrino mueren en un accidente en La Meca. Bin Laden lo toma como una señal. El día 2 de Agosto Irak invade Kuwait. Lo cual había sido un sueño profético de Bin Laden.
– 1991: EE.UU lidera la coalición internacional y se inicia la operación “Tormenta del Desierto” para liberar Kuwait. Sadam Hussein denomina a esta guerra “la madre de todas las batallas”. Arabia Saudí permite el despliegue militar a los soldados de EE.UU. de manera provisional. Posteriormente continúa establecido para garantizar la estabilidad en la zona.

Bin Laden proviene de una familia multimillonaria saudí, que tiene el monopolio de la construcción. La amistad con la familia real es muy estrecha. Se niega a que intervengan fuerzas extranjeras y propone que sea un ejército exclusivamente árabe el que intervenga. Ofrece un ejército de muyaidines, que reclutaría de la lista que hizo con los combatientes en Afganistán, la Base, Al Qaeda. Rechaza que el Ejército de EE.UU. se instale en suelo saudí. Sobre todo porque no fueron llamados, sino que acudieron y los gobernantes lo consintieron.

Pensemos que sólo se permite a los musulmanes el acceso a la región de peregrinación, a los alrededores de la Meca, Mina Mazdalif y Arafat. Y debe hacerse en estado de pureza, con vestiduras blancas, impecables y sin costuras y se han de realizar abluciones. Bin Laden es arrestado por enfrentarse abiertamente al gobierno saudí, debido a la decisión de permitir el asentamiento de tropas americanas en territorio del Islam. Piensa que las tropas estadounidenses e internacionales han dejado en el Poder a Sadam Hussein, para justificar su permanencia en la zona, lo que se considera en el mundo musulmán un sacrilegio y una humillación, que lo que pretende no es defender a las naciones de posibles invasiones, sino proteger sus intereses, sobre todo de acceso al petróleo que es primordial para el funcionamiento de la economía occidental.

Meses después Bin Laden se traslada a Sudán donde comienza un próspero negocio de la construcción. Hace el aeropuerto, la carretera que une Jartum con el mar Rojo. Apoya al gobierno islámico que pretende ser un modelo de gobierno teocrático basado en la sharia. Se había establecido la ley islámica desde 1983. El gobierno sudanés se enfrentan a constantes guerras civiles contra el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán. Los gobiernos occidentales no dan importancia a lo que se está incubando, creen que basta controlar los arsenales de armas químicas, los silos de misiles y hacer un seguimiento a los jefes integristas en sus viajes de una país a otro. Se les podría escapar alguna operación terrorista, pero nada más. Obviaron la formación de una mentalidad que será la base de sus futuras acciones.
– 1994: el 23 de Mayo sucede un accidente en la Meca con 270 peregrinos muertos. Bin Laden lo toma como una señal definitiva. El año anterior se había iniciado la contienda del pueblo checheno, musulmán, contra Rusia. Al Qaeda se comenzó a preparar para la lucha armada y formar un ejército internacional muslmán. En 1992 comprobó la agresión de la mayoría de la población de Bosnia, de culto sunita, que sufrió por parte de los serbios una durísima campaña de limpieza étnica. Palestina sigue siendo una foco continuo de tensiones contra el Estado judío de Israel. Los árabes no aceptaron el plan de paz de la ONU de 1947 para dividir el territorio en dos Estados. Los judíos sí y formaron el Estado de Israel en 1948. Las posteriores luchas árabes contra Israel fueron derrotadas, lo que mantuvo a los palestinos en una interminable intifada y se formó un grupo extremista, Hamás que lucha mediante atentados indiscriminados.

En Somalia la población sigue el culto sunita. Las tropas de la ONU al mando de los marines de EE.UU. abandonan este país, tras sufrir diversos reveses militares, desde que dos años antes llegaran para sofocar los conflictos internos. Bin Laden reconoce en varias entrevistas que comprobó en aquella situación lo vulnerables que son los ejércitos de EE.UU. pues no admiten la muerte de demasiados soldados. Comprende que debe centrar sus esfuerzos en atacar a intereses de EE.UU y lograr llegar a intervenir en suelo estadounidense, para hacer sufrir a su población. Algo que irá preparando con mucho tiempo de antelación la red que él dirige. Lo que culminó el 11 de Septiembre de 2001. En 1993 un excombatiente que estuvo relacionado con la extrema derecha realiza un atentado con un coche bomba contra las torres gemelas de New York que causan seis muertos y cientos de heridos.

Analiza que sus acciones podrán activar otras fuerzas contra el modelo de vida occidental dentro y fuera de EE.UU. En 1994 se produce el primer gran atentado por la red Al Qaeda contra intereses norteamericanos en Filipinas. Comienza a aplicar la visión mítica de la lucha contra el mal. Las autoridades de Arabia Saudí despojan a Bin Laden de la ciudadanía saudí y le expulsan del país. Desde 1996 se instalará definitivamente en Afganistán colaborando con el régimen talibán. Dispersa por todo el planeta grupos y campos de entrenamiento para preparar un ejército clandestino con unos fundamentos doctrinarios eficaces para mitificar la lucha entre el Bien y el Mal. Adiestra militantes para atentados suicidas.
– 1995: Atentado en Riyadh, Arabia Saudí, con un coche bomba junto a un colegio americano: seis muertos.
– 1996: Atentado con un camión bomba en Dhaharn, Arabia Saudí, junto a una base militar americana: 19 muertos y 400 heridos. Dos años después atentará con coches bombas en las embajadas de EE.UU. en Tanzania y Kenia. En total 230 muertos. En Octubre de 2000 una lancha bomba choca contra un destructor de EE.UU en Yemen: 17 muertos y 39 heridos. Vemos que hay una línea histórica de atentados que culminan en el acontecimiento histórico del 11 de Septiembre de 2001.

El año 1998 Al Qaeda se unió con la organización Yihad egipcia para formar el Frente Islámico Mundial. Se presenta en una rueda de prensa ante los medios de comunicación de todo el mundo. Bin Laden declaró la guerra a EE.UU y emite una fatua, un decreto, por el que los musulmanes tiene la obligación de matar a ciudadanos americanos en cualquier lugar del mundo. El resultado de esta bravata parece que queda en meros actos incontrolados terroristas, sucesos trágicos esporádicos. Pero sin embargo lo que va formándose es la imagen de Bin Laden como símbolo de la lucha, lo que se culmina con el atentado del 11-S. Lo que reconocen los servicios de inteligencia americanos (“Documentos TV”, TV2, 7 – XI – 2001) es que Bin Laden no es sólo un líder social, ni un líder religioso, sino que es un líder psicológico. He aquí el quid de la cuestión.

En todos los hechos violentos confluye una estrategia militar y otra psicológica. Ambas bajo el guión de una doctrina o ideología. Analizando el contexto histórico la nueva lucha vuelve a la raíz de los fundamentos doctrinarios del Corán, pero el resultado es una acción anacrónica. La causa de Mahoma atrajo a tribus y una parte de la población del entorno de su lugar de actuación debido a sus éxitos militares.

Muchas alianzas políticas se hicieron mediante la aceptación del islam como norma de vida y religión oficial. El Corán es el texto sagrado del Islam, significa “lo recitado”. Mahoma recibe sus revelaciones de las visiones que tiene del arcángel Gabriel, Yibrail, que le ordenó predicar. Sus mensajes se recogen tras la muerte del profeta. Las interpretaciones de los textos son variadas, de manera que unos lo hacen literalmente y otros a modo de alegorías.

Quienes no han leído el Corán, ni han reflexionado sobre él, se han encargado de divulgar la idea de que se trata de un libro pacífico, lleno de tolerancia. Se quiere mostrar una actitud abierta y comprensiva con esta religión, para evitar encender los ánimos de sus seguidores, ni fomentar la persecución antiislámica. Con los mismos valores, con el mismo respeto es necesario no faltar a la evidencia y ser capaces de expresar una crítica y proponer una reflexión profunda para los creyentes islámicos y de todas las religiones en general, especialmente cuando son propensas a servir de base para grupos fanáticos.

Un artículo del escritor Salman Rushdie, “Sí, esto tiene que ver con el Islam” (El Mundo, 4 – XI – 2001) viene a cuento, en tanto hace una reflexión muy profunda y realista al respecto. Ofrece la oportunidad de abrir una crítica a los seguidores del Corán. Sobre todo ante la hipócrita insistencia de políticos y diplomáticos que repiten que el terrorismo internacional no tiene que ver con el islam.

Comenta Salman Rushdie: “Si, realmente, todo esto no tiene nada que ver con el Islam ¿cuál es la razón de estas manifestaciones de apoyo a Osama Bin Laden a lo largo y ancho de todo el mundo musulmán?”. Es evidente que el fanatismo que se ha elaborado en el seno de su organización ha prendido en una buena parte de la sociedad.

Desde la obsesión y la paranoia de culpar al enemigo exterior se ha conducido a una parte de la sociedad hacia el fanatismo. Lo que no se ha tenido en cuenta es que coincide con un fenómeno similar dentro de la sociedad “enemiga”. Desmontar este proceso, desactivarlo, exige tiempo, paciencia y una actitud de comprensión y búsqueda de cauces dialogados para resolver los problemas de consecuencias imprevisibles. Es una lección que debemos aprender, porque es necesario aplicar unos fundamentos mínimos de convivencia. No vale hacer proclamas dialécticas ni palabrería democrática si no se aplica concienzudamente una estrategia de comprensión y superación de dicha circunstancia.

El autor de las obras “Los versos satánicos” y “El suelo bajo sus pies”, pone el dedo en la llaga cuando afirma: “La mayor parte de los musulmanes no son en absoluto , unos profundos analistas del Corán”. Abría que añadir, que más bien al revés, son lectores, estudiosos, talibán, que aprenden los suras de memoria, que lo interiorizan ya con un prejuicio hacia los infieles, que son adoctrinados para defender la bandera del Islam, sin recapacitar sobre la actual situación sociopolítica.

Las escuelas coránicas que cogen a niños desde pequeños y les inculcan los principios religiosos para que pierdan el miedo a la muerte, para que esperen una recompensa dando su vida en una lucha que no tiene fin ni una conexión válida con la realidad. Los instructores fabrican mentes obsesionadas con cumplir una misión, obligar a que se cumpla la verdad.

Una minoría activa, la cual sí está preparada en el conocimiento del Corán y de la religión que enseña y practica, consigue imponer sus criterios a una inmensa mayoría silenciosa. Si esa red de organizaciones fanáticas se entrelazan y coordinan internacionalmente y además entran en relación con otras similares, aunque con doctrinas diferentes, pero con un enemigo común, la realidad que definen como el resultado de “fuerzas ocultas”, entonces pueden imponer mediante el terror sus condiciones y lograr implantar modelos totalitarios, como reiteradamente sucede al lo largo de la Historia de la Humanidad.

Cuando se pensó que esta amenaza era algo superado en las sociedades modernas, prósperas y con gobiernos democráticos y constitucionales, se ha demostrado que no hay enemigo pequeño y que hace falta implicar a los ciudadanos en ese proyecto colectivo que tiene a la libertad como fundamento. Ya no vale con que los ciudadanos y ciudadanas sean dirigidos en el consumo y bienestar y que lo vivan como un privilegio dejando que masas de seres humanos vivan en el abismo de la pobreza y la tiranía. Porque éstas darán su vida, al no tener nada que perder, para poder vivir. No les importa a atravesar el mar en pateras jugándose la vida. Si a los protagonistas de esa situación se les ciega con una doctrina y un destino que cumplir tenemos lo que estalló el 11-S.

En su artículo Salman Rushdie hace un llamamiento para una reforma del mundo musulmán, que le permita reconciliarse con la modernidad, no sólo para usar su tecnología como un arma de terror y amenaza física sobre las poblaciones a las que pretenden dominar o destruir.

El fanático piensa, con su lógica implacable, que todos los males de su mundo provienen de los “infieles”, y se cierran en su propio mundo, el cual, dirigido por fanáticos, es absurdo, no tienen sentido, o si lo tiene es la destrucción, dentro y fuera de su sociedad.

Analicemos las fuentes del fanatismo islámico, para saber cuál es su impulso y sobre todo para comprobar, como la literalidad de los textos hacen que queden fuera del contexto histórico, social actual. Pero que sin embargo es algo que sus seguidores obcecados creen firmemente.

Comprobemos como mientras este fanatismo externo a nuestra sociedad, el islámico, ataca las bases de la convivencia en la sociedad democrática, mediante atentados, imponer el miedo y la inseguridad, hay otro fanatismo interior, el cual circula en la vida cotidiana de nuestra sociedad y que va dejando a la sociedad libre cada vez con menos defensas, desgasta la realidad social mediante una visión tétrica, manipulada y deformada del mundo en que vivimos, lo cual da cada vez más resultado. Fabrica indiferencia y resignación a la espera de que todo se solucione, sin concretar cómo, para eso están los salvadores, que se encargarán de ofrecer su sueño irracional, cuyo fundamento es la anulación del individuo, para someter la conciencia de cada ciudadano y cada ciudadana a un Absoluto.

Destaquemos algunos textos del Corán, el alma de los fanáticos islámicos. Todo lo que se lee en las siguientes palabras está en la cabeza, como un eco que se repite, de los seguidores extremistas de los mensajes de Mahoma.


· Sura IV, 95: “El que mate a un creyente, tendrá el infierno por recompensa, y en él permanecerá eternamente. Dios irritado contra él, le maldecirá y le condenará aun suplicio terrible”.


· Sura IV, 102 “…. Los infieles son vuestros enemigos declarados”.


· Sura IV, 105: “No os deis tregua en la persecución de vuestros enemigos. Si vosotros sufrís, ellos sufrirán como vosotros, pero vosotros debéis esperar a Dios lo que ellos no pueden esperar. Dios es prudente y sabio”.


· Sura V, 69: “… Hemos sumido en medio de ellos (los judíos) la enemistad y el odio que durará hasta el día de la resurrección. Siempre que encienden el fuego de la guerra, Dios lo extinguirá. Recorren el país para devastarlo y cometer en él desordenes. Pero Dios no ama a los que cometen desórdenes”.


· Sura V, 92: “¡Oh creyentes! el vino, los juegos de azar, las estatuas y la suerte de las flechas son una abominación inventada por Satán”.


· Sura VII, 39 y 40: “Di a los infieles que, si ponen fin a su impiedad, Dios les perdonará el pasado; pero si vuelven a caer, tienen ante sí el ejemplo de los pueblos de antaño. Combatidles hasta que no haya ya tentación ni más culto que el Dios único”.


· Sura VIII, 65, 66 y 67: “¡Oh profeta! Dios y los creyentes que te sigan te baste. Excita a los creyentes al combate. Veinte hombres firmes de éstos aplastarán a doscientos infieles. Cien harán huir a mil, porque los infieles no comprenden nada. …. Cien hombres firmes de los vuestros vencerán a doscientos enemigos, y mil triunfarán de dos mil, con el permiso de Dios, que está con los hombres firmes”.


· Sura IX, 20: “Haced la guerra a los que no creen en Dios ni en el día último, a los que no consideran prohibido lo que Dios y su apóstol han prohibido y a aquellos hombres de las escrituras que no profesan la creencia de la verdad. haced la guerra hasta que paguen su tributo, a todos sin excepción”.


· Sura IX, 30: “Los judíos dicen Ozair es el hijo de Dios. Los cristianos dicen: El Mesías es hijo de Dios. Tales son las palabras de sus bocas, y al decirlas se asemejan a los infieles de otro tiempo. ¡Que Dios les haga la guerra! ¡Qué embusteros son!”.


· Sura IX, 89 y 90: “Pero el Profeta y los que han creído con él combaten con sus bienes y sus personas en el sendero de Dios. A ellos les está reservados todos los bienes y serán losa bienaventurados. Dios ha preparado para ellos jardines regados por corrientes de agua, allí permanecerán eternamente. Esto es una dicha inmensa”.


· Sura IX, 123 y 124: “No conviene que todos los creyentes vayan a la vez a la guerra…. ¡Oh creyentes! combatid a los infieles que os rodean; que hallen siempre en vosotros una acogida ruda. sabed que Dios está con los que le temen”.


· Sura XXXV, 6, 7 y 8: “Satanás es vuestro enemigo; miradle como enemigo vuestro. Llama así a sus aliados, a fin de que sean luego entregados al fuego. Los que no creen sufrirán un suplicio terrible. Los que creen y obran el bien obtendrán el perdón de sus faltas y una magnífica recompensa”.


· Sura XLI, 25 – 28: “Los infieles dicen: No escuchéis la lectura del Corán, o bien: hablad en alto para eclipsar la voz de los que lo leen. Haremos sufrir a los infieles un castigo terrible. Les retribuiremos según sus peores acciones. La recompensa de los enemigos de Dios es el fuego; les servirá de morada eterna porque han negado nuestros signos”.


· Sura XLI, 34: “El mal y el bien no podrían caminar a la par. Devuelve bien por mal y verás a tu enemigo convertido en protector y en amigo”.


· Sura XLVII, 4, 5 y 8: “Cuando encontréis infieles matadles hasta el punto de hacer contra ellos una carnicería y estrechad fuertemente las trabas de los cautivos. Luego ponedlos en libertad o entregadlos mediante un rescate, cuando la guerra haya cesado. Obrad así. Si Dios quiere, triunfaría de ellos por sí mismo; los exterminaría; pero os hace luchar para probaros a unos por otros… ¡Oh creyentes! si asistís a Dios en su guerra contra los malvados, él también os asistirá y dará firmeza a vuestros pasos”.


· Sura XLVII, 88: “La vida de este mundo no es más que un juego y un pasatiempo. Si creéis en Dios y le teméis os dará vuestra recompensa…”.


· Sura, XLIX: “Si los infieles os combaten, no tardarán en emprender la fuga y no hallarán ni protector ni auxilio”.

Sucede que una selección de textos similares podemos encontrar en la Biblia, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, en las cartas de los Apóstoles, en el Apocalipsis y otros muchos textos sagrados. Sin embargo todas las religiones se adaptan a la realidad, a la modernidad, respecto a una gran parte de creyentes.

No se trata entonces solamente de una doctrina, la cual se abre a la sociedad mediante la costumbre, la cultura, la tradición, las formas de vida y el razonamiento sobre la fe. El peligro de las religiones es cuando, abiertas a la sociedad se ven empujadas por sectores extremistas, que, desde la literalidad de sus respectivos textos sagrados, actúan para lograr una cuota de Poder y cumplir con unas expectativas, a veces delirantes, sobre las cuales es imposible razonar porque su lenguaje se ha enquistado en una visión monolítica de la realidad y se congela el pensamiento, no transcurre con lo real, sino que se vuelve inamovible..

De una doctrina el fanatismo se construye por un método de aprendizaje de ella y por una manipulación que coloca la fe en una parcela que no la corresponde. En el caso de las sectas, ocultadas a la sociedad, es el conjunto de todas ellas un foco de fanatización, en donde la socialización de sus creencias es una farsa para colocarse en lugares estratégicos y lograr incorporarse a la realidad vigente. El precio que supondría este logro, para el resto de ciudadanos y ciudadanas, es el peligro de las sectas y el fanatismo. Pensemos que lo mismo podemos decir de ideologías que han salido a la realidad con una carga de brutalidad y violencia sin parangón. También hay textos que pueden acompañar la justificación a la lucha armada, desde tesis leninistas o estalinistas y marxistas, o desde posicionamientos nacionalistas.

No sólo los grupos integristas se apoyan en las sectas, para extender su acción, sino que éstas se vinculan a los hechos que suceden, con el fin de corroborar su imaginario sectario. Las sectas no participan directamente, pero forman parte del paisaje de los hechos y recurren a las catástrofes para hacer valer sus tesis irracionales. Una nueva pregunta surge para reflexionar. No tanto qué es la verdad o cuál, sino ¿cómo funciona la verdad? Sea o no verdadera.

El fanatismo brota por sí mismo. Sí. Pero su proyección social depende de la intensidad que adquieran sus doctrinas y creencias en las que se arropan. De la capacidad de manipular sus medios y objetivos deformando la realidad y la visión de ésta, lo cual es más fácil y creíble cuanto más grande y más se extienda la ignorancia, los prejuicios, la superficialidad, la falta de libertad, la incapacidad de ejercer la crítica y la expresión plural, sin trabas institucionales o de mercado.

Otro foco de intensidad que presiona a las creencias e ideas para cerrarlas en modelos totalitarios son los desequilibrios en la sociedad, en forma de injusticias: territoriales, económicas, culturales, políticas y la pérdida de valores solidarios. Cuanto más desesperada sea la huida de los miembros de una sociedad, sea ante una realidad injusta o inventada pero creída, más fuerza adquiere el fanatismo, dentro y fuera de un modelo de sociedad. Lo que sucede en el seno de los grupos gnósticos es un ejemplo.

Vale.

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