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El fin del mundo

La idea del fin del mundo se repite en muchas sectas y religiones. La diferencia entre una creencia y un condicionamiento psicológico es que en el primer caso se trata de un mensaje profético sin definir, sine die. De tal manera que no afecta al comportamiento ni a la relación con los demás.

Cuando se trata de un mensaje visionario y delirante se indica la fecha o se insiste en que se trata de algo inminente y hasta se ofrecen detalles de como será. Es comprobable que se trata de una enajenación psicológica, por tanto y cuanto que en la fecha determinada no se cumple.

El convencimiento, de quien sufre una alucinación apocalíptica, se contagia y trasmite a los seguidores del vidente. En esta caso influye de manera rotunda y sistemática en el comportamiento, emociones cotidianas y en la relación del adepto con su entorno. Pero no sólo se trata de una idea o creencia, sino de que se convierte en un factor psicodependiente del que no es fácil despojarse.

La prueba de ello es que aunque no suceda la hecatombe, que anuncia el líder de la secta, siguen creyendo en ella bajo cualquier excusa pueril, como que se ha aplazado para dar una oportunidad a más gente del vulgo. La conclusión es que los militantes de la secta deben volcarse más a captar nuevos prosélitos, como si se tratarse de una misión en que les va la vida, pues se les ha dado una nueva oportunidad.

Un peligro añadido en este contexto es que un núcleo de la secta o todos en su conjunto, quieran realizar la profecía, lo que se conoce como “profecía autocumplida”. Los adeptos convierten el futuro en realidad y llaman a esta realidad “venidera” destino. Esta pauta puede afectar de manera drástica al grupo o a la sociedad en general. Para el fanático la profecía o el mensaje de su líder se convierte en un guión, que todo adepto debe cumplir automáticamente, como si fuera un actor.

El fanático integra la realidad en su ideario y pretende llevar éste a la realidad, por lo menos que intervenga de alguna manera. Tal es la función de actuar mediante la violencia, para causar miedo, pánico, desasosiego en la población pues es una manera de estar presente en el mundo para dar realidad a su proyecto delirante. Incluso cumpliéndose en el futuro su ideal, nada tiene que ver tal consecución de los hechos con los planteamientos que haga un grupo u organización sectaria.

Un fanático puede funcionar con perfecta lógica en su vida cotidiana, en el trabajo o con sus vecinos. Es una manera estratégica de funcionar, pero a la vez este comportamiento surge por sí mismo, es algo espontáneo debido al desarrollo de la doble personalidad. De acuerdo al deber para con la doctrina de la secta y sus consignas, el adepto actúa con un mecanismo mental que se pone en funcionamiento de manera automática.

El fanático no se percata de un estado psicológico que le arrastra a cometer cualquier acción de la que está convencido, pero que no ha razonado, ni tan siquiera es consciente de ella, sino que se convierte en un instrumento de la irrealidad que le absorbe. Una secta con gran difusión en España, Nueva Acrópolis, instruye y adiestra sobre la consigna que interiorizan los adeptos permanentemente: “Una mano no piensa, actúa”. De manera que la obediencia ciega se asume por acto reflejo, para lo cual se entrenan a controlar el cuerpo astral. Los mandos piensan y los demás obedecen. En los gnósticos y otras sectas, sin una táctica paramilitar sucede exactamente lo mismo, mediante la anulación del pensamiento individual.

Charles Manson asesinó a ocho miembros de la comunidad que dirigía, en Agosto de 1968, al creerse el elegido para desencadenar el Apocalipsis definitivo. En 1988 se produjo un suicidio masivo en Guayana, de los miembros de la secta Templo de Dios. Tres años después en México por parte de los seguidores del reverendo Ramón Morales. En 1994 las autoridades rusas detuvieron a casi un centenar de adeptos de La Fraternidad Blanca que estaban dispuestos a suicidarse el día señalado por su sacerdotisa.

Lo mismo sucedió en España y en Israel, con los seguidores de la Madre Aida y Cristianos Preocupados, respectivamente, en 1998. Sí murieron cumpliendo con su misión decenas de adeptos de la secta Tadtad en Filipinas, año 2000 y de Falum Gong en China 2001. En este caso otros tanto en manos de las autoridades persiguiendo a los miembros de la secta por entender que conspiran contra el modelo autoritario del gobierno comunista. Reacción que atrinchera aún más a los adeptos y el efecto del fanatismo es cada vez más intenso en la República Popular China.

En el caso de la secta Restauración de los 10 mandamientos, en Uganda, año 2000, casi un millar de adeptos fueron inmolados por los líderes de la secta, que al parecer fallecieron con ellos. En este caso fue un asesinato por parte de los líderes que fallaron en la predicción del fin de los tiempos y antes de ser descubiertos hicieron real su delirio, de cara a ellos y a sus adeptos. No se trata de un asesinato en masa en el que se logra Poder o dinero, sino en el que se da la vida por hacer real un delirio. Lo mismo está en el fondo de los atentados suicidas por militantes integristas del Islam.

Otro caso que sucedió en Canadá y Suizo, en 1996, fue la muerte ritual de los miembros de la secta Templo Solar. Se ha especulado que fuera una operación de los servicios secretos, para ocultar cierta vinculación con operaciones confidenciales de tráfico de armas en las que se utilizó a los miembros de esta organización, pero el caso es que fueran o no instrumentalizados, murieron en un acto ritual. Se especuló con el suicidio, pero luego se vio que fueron asesinados. No se entendió que lo hicieran sentados o tumbados sin moverse. Se pensó que les mataron y que luego les colocaron así, pero se comprobó que no.

La doctrina descontextualizada y delirante de sus líderes, que mezclaban teorías extraterrestres con principios de los templarios y los cátaros, explica el acto final de la secta. Cumplieron con lo que se conoce como “la endura cátara”. Consiste en dejarse matar por el maestro o un superior, en muestra de devoción y para trasladarse juntos al cielo y desde allí prepararse para volver en otra época en la que puedan cumplir con la misión final. La endura se define como “servicio de amor de la muerte”.

En 1993 la secta de los davinianos en Waco, EE.UU., recopiló un arsenal de armas de combate para luchar en la batalla del Apocalipsis. Sus adeptos crearon una dinámica absolutamente fanatizada que las fuerzas de seguridad estadounidenses no tuvieron en cuenta. Pensaron que era un grupo armado sin analizar la respuesta delirante del fanatismo que se había incubado en tal grupo y que estaban no sólo dispuestos a morir antes que entregarse, sino que vivieron su particular Apocalipsis, lo construyeron a su medida. Involucraron a las fuerzas de seguridad en su papel de soldados de la Bestia. Murió en aquel combate menores de edad, adeptos y el líder. Imagen, ésta que tuvo efectos en una gran parte de la población rural de los Estados del Sur, hasta el punto de que la intensidad de una creencia irracional activó la acción de un antiguo soldado que dos años después cometió un atentado masivo contra las torres de Oklahoma, en venganza por la intervención de las fuerzas de seguridad federales.

En el año 1995 la secta La Verdad Suprema lanzó gas sarín en el metro de Tokio, Japón. No fue un atentado al uso. Se realizó contra nadie en especial, fue contra el mundo, contra la realidad. Quisieron acabar con la maldad del mundo e instaurar su propio sistema, fundamentado en las convicciones de su líder. Los que sobrevivieran a su pretendido ataque masivo serían los elegidos para sobrevivir.

En 1997 la secta Puertas del Paraíso, de EE.UU., anunció y ejecutó un suicidio colectivo asumido por los adeptos cuando “voluntariamente” se envenenaron, para trasladarse a la irrealidad que habían construido en su mente, en forma de cometa. Como no vieron materialmente el lugar de destino no pudieron acudir físicamente. Al sufrir una programación psicológica no podían dejar de creer en esa teoría (luego no se trata de una creencia) ni admitir que podría ser un error, aunque sólo fuera un error de cálculo. Hicieron el traslado anunciado con el alma, para lo cual “salieron” del cuerpo físico. Es decir, los adeptos no entendieron que fue un suicidio, sino un cambio de “traje”, por decirlo de alguna manera, para ponerse otro al reencarnar en otra dimensión y vivir en el cometa de destino.

Todos estos actos que se han descrito provienen de la visión de un iluminado que ha sido capaz de convencer a más personas y dotarlas de medios económicos para construir y formar una organización en torno a sus desvaríos mesiánicos. Todos los sujetos que protagonizaron estos hechos no han sido pobres o marginados que luchaban por unos derechos sociales o reivindicando alguna cuestión concreta. Fueron personas, en su mayoría, integradas, con cierta preparación y medios de vida más que suficientes para vivir.

El fanatismo no se ha tomado en serio por parte de las instituciones, hasta que una organización, Al Qaeda, La Base, dirigida por Bin Laden atentó el 11 de Septiembre contra las Torres Gemelas de New York y el Pentágono. Analizaremos más adelante esta fecha y este suceso. Se ha formado una coalición contra el terrorismo, pero sin comprender que hace falta elaborar estrategias de información, culturales y de pluralidad para desmontar los mecanismos del fanatismo, tanto grupales, como las condiciones que hace que se extienda socialmente.

Los hechos narrados han sucedido y por lo tanto son visibles para la sociedad. Pero se fueron incubando durante años de adoctrinamiento. Casos de muerte de muchas personas pueden suceder por actos de enajenación mental a nivel individual, o por accidentes naturales o fortuitos. El problema que diferencia atentados fanáticos de sucesos accidentales es que en las acciones sectarias existe una voluntad que se multiplica y propaga en un sentido, que aunque irracional, permite ofrecer una justificación del hecho. Absurda, pero con una lógica y coherencia absoluta para sus autores y quienes bordean su mentalidad y acaban entrando en ella.

El paso previo a este tipo de acciones es lo que sucede en todas las sectas, cuya fanatización, la capacidad de manipular las mentes, no es visible para la sociedad. Incluso se camufla. Un ejemplo puede ser cómo la secta de Cienciología, un grupo fanático y visionario, controla la voluntad de sus adeptos y pretende aplicar sus métodos de tecnología espiritual para salvar a la Humanidad. El dos de Octubre de 2001, en un debate en la primera cadena de televisión, el cienciólogo que representaba a la secta en España, hizo publicidad de su organización indicando y enseñando fotografías de la labor que hicieron otros adeptos de EE.UU. en la labor de desescombro del atentado en Nueva York, en la que fueron asesinadas cerca de seis mil personas.

Aprovechar tales circunstancias es una forma de presentar a Cienciología como benefactora de la sociedad, manipulando a la opinión pública a la que no cuentan sus métodos de captación y sus manuales internos de control a los adeptos y la extorsión que hacen a quienes informan sobre sus actividades internas. La ayuda del voluntariado es una labor humanitaria de personas que forman parte de equipos de protección civil y en donde es el conjunto de la ciudadanía quien desarrolla la solidaridad. Nunca puede ser un reclamo publicitario de ninguna organización, a no ser que se pretenda un uso mezquino de esta tarea para engañar a la audiencia.

No entrar en el fenómeno del fanatismo, como técnica psicológica y social, hace que crezca este fenómeno y se reproduzcan sucesos dramáticos. Las acciones violentas hacen visible la perturbación de grupos y personas manejadas por un “ideal”. Las acciones por perturbados mentales son imprevisibles. Sus atentados responden al azar. Pero no es así en las acciones fanáticas, que añaden al delirio, que siguen y construyen obsesivamente, una estrategia y una justificación que permite a los jefes de la secta erigir sus objetivos en la realidad social. Sobre todo la táctica del miedo incontrolado, el terror, es una táctica que consigue alterar la capacidad emocional sobre la población a la que quieren influir, para que entren en un doble juego. Por una parte que las autoridades o sus enemigos entren a enfrentamiento directo que dé credibilidad a su ideal u objetivos. Por otra mediante la tensión emocional colectiva crear un ambiente irracional, en el que su delirio salvífico, tenga cabida y sea admitido como algo lógico.

La intención de organizaciones o grupos fanatizados es imponerse sobre la población al presentarse como los salvadores, capaces de eliminar las causas del mal que ellos mismos provocan. No siempre los perpetran o realizan, porque no tienen medios suficientes, pero sí colaboran, directa o indirectamente en crear las condiciones para que otros más colectivos fanáticos más preparados lo realicen. Lo cual socava tácticamente los cimientos de la realidad que pretenden combatir. Realidad que puede tomar forma de enemigo en la figura de un Estado, de otra raza, de otra religión, de una determinada clase social o de lo que sea.

La fase previa a los atentados puede alargarse indefinidamente, al perpetuarse queda escondido tal fanatismo y se adapta a la sociedad. Extiende una red manipulativa que capta adeptos a la espera del momento señalado, de manera indefinida. Pero teniendo presente en cada momento la llegada del fin del mundo o de una etapa. Lo cual condiciona la conducta de los adeptos. Es el caso de los Testigos de Jehová, que se dedican a ofrecer sus cursos bíblicos y revistas. Aconsejan no hacer estudios universitarios y dedican sus esfuerzos a enriquecer a la organización reduciendo la dedicación al desarrollo individual y familiar al mínimo posible, lo cual hacen en torno a una doctrina que se convierte en una obsesión. Los Ancianos hacen que los adeptos aprendan de memoria cientos de textos de la Biblia que los jefes desde EE.UU. traducen de acuerdo a sus criterios, para que se ajuste a su delirio mesiánico-apocalíptico.

Los Testigos de Jehová esperan pacientemente la caída de la babilonia actual, en las democracias occidentales que predican insistentemente que son gobernadas por la Ramera y los que adoran ídolos. Incluye en esta representación del Mal absoluto a la iglesia católica, a los gobiernos de todos los países, etc. Los errores de cálculo sobre el fin del mundo, les hace reelaborar la interpretación del delirio apocalíptico, arguyendo que se trata del fin de un mundo, de una civilización que será sustituida por el Reino de Dios en la tierra.

Hay muchas organizaciones y grupos que se preparan para el fin del mundo y ven en los acontecimientos de la realidad un argumento y un dato “objetivo” para su delirio. Es importante hacerse una idea de esta pluralidad de hechos para ver el contexto en que se activan los manuales y libros de los grupos gnósticos y la capacidad de estos en sinergía con otros planteamientos similares. Todo lo cual sucede en el seno de la sociedad occidental y en el meollo del desarrollo democrático. Puede parecer minoritario, pero no lo es tanto, sobre todo si atendemos a la intensidad con que se viven las ideas mesiánicas y se trabaja por su consecución, en muchas ocasiones implicando a instituciones y organismos de mucho poder en la sociedad. A lo que hay que añadir las sectas que proponen en fin de un modelo de sociedad a cambio de otro, el suyo. Todas tienen adeptos colocados en todo tipo de actividades y trabajos, así como en instituciones y centros de decisión, bien como secretarios, conserjes o el puesto que sea.

El grupo Astram prevé el fin del mundo mediante actos violentos sin tregua. Se preparan, como otros grupos afines, como Nonsiamosoli, para ser rescatados por naves extraterrestres. Entre sus adeptos hay ingenieros, un piloto del ejército del aire. Los raelianos pretenden crear una nueva humanidad mediante la aplicación masiva de las técnicas de clonación, al considerar que los terrícolas fuimos creados, por seres de otros mundos, mediante este tipo de tecnología genética.

El libro “Mensajeros del Alba”, cuyo autor firma con seudónimo, es leído por miles de adeptos de las más variadas sectas ufológicas. Es el libro de cabecera de quienes creen irracionalmente la intervención de seres extreterrestres en nuestro mundo. En él se cuenta que, hace eones de años, unos extraterrestres manipularon los genes de unos pocos seres humanos, para ayudar al resto a evolucionar. Al no haberse conseguido el desarrollo espiritual la colonia de humanos han sido abandonados a su suerte, por la jerarquía del Universo. El libro avisa de que algunas personas son descendientes de aquellos seres humanos evolucionados, son los Elegidos y deben de darse cuenta, para salvarse y esperar que les vengan a recoger cuando estén preparados. Ellos se salvarán. Para saberlo se aconseja que cada cual siga sus emociones y que actúe en consecuencia. Para cumplir con su destino deben unirse, lo que hacen en diversas sectas, cuyos adeptos se sienten especiales. Ante semejante tarea no deben preocuparse de hacer sufrir a la familia, abandonar a hijos y parejas, porque es la prueba que han de superar. El dolor que ocasionan a sus allegados sirve para que evolucionen y sean seres más perfectos en la próxima reencarnación, por supuesto en otro planeta, ya que éste va a ser destruido.

A finales de los años ochenta se desarticuló la secta Edelweis cuyo cometido fue preparar marcialmente a los adeptos y enseñarles y prepararles para sexualidad de otros planetas, de manera que los discípulos fueron objeto de practicas homosexuales por parte de los superiores jerárquicos. El curandero Claudio Pena, que se hace llamar Nithán, el Amador, anuncia: “El final del ciclo es inminente”. Advierte sobre un plan de evacuación tras habérsele comunicado por parte de seres de otras galaxias que pronto llegaran: “Llegaremos para teleportaros antes del fin. Seréis llamados por el nombre para uníos a las colonias espirituales”. Una de sus adeptas, sacerdotisa del templo de Akakor, ha revelado el conocimiento más secreto a un alumno de sus clases de música, creando una cadena de transmisión de tal idea delirante. El objetivo es formar una nación cósmica, de la que Claudio Pena se proclama como miembro del Gran Consejo, formado por un reducido grupo de Seres o Energías espirituales.

La secta Energía Universal y Humana, adoctrina mediante instrucciones que indican que gente de otros planetas vienen a la Tierra. Los habitantes del planeta Tierra podremos hablar con ellos. Estos ya avisan de que hay que prepararse para la supervivencia en el futuro: “si este planeta no sobrevive, deberemos irnos a otro”. Para lo cual se aprestan obsesivamente y crean redes para reconocerse entre los alumnos, cuando se refugien en varios lugares en donde vivirán cuando acontezca la explosión de una bomba nuclear. Preparan víveres, medicinas y dedican su dinero a construir edificaciones subterráneas en las que protegerse.

El peligro de visiones apocalípticas no es sólo la enajenación del afectado, es también que, sin necesidad de provocar ningún atentado, tal mentalidad influye en la realización de acontecimientos de gran violencia y sufrimiento, pues se realizan por una minoría que se cree llamada a cumplir las expectativas irracionales de su creencia. Estas inmensas minorías se ven amparadas por otros colectivos fanáticos, en los cuales los actos de terrorismo influyen de manera decisiva. Los hechos fanáticos se extienden como un reguero de pólvora en este tipo de mentalidad, que promueve en su conjunto el derrumbe de la realidad, empezando por la realidad social.

Cuando se habla sobre la red de grupos terroristas, se olvida que tras la malla de infraestructura material para cometer atentados hay una superestructura psicológica e ideológica, mucho más peligrosa que la acumulación de armas: el fanatismo. Este fenómeno, psicológico y social, se apoya en miles de ramificaciones que muchas veces nada tienen que ver unas con otras, incluso pueden ser contrarias, pero que se refuerzan en el convencimiento de eliminar la realidad.

La razón, la cultura, incidir en métodos democráticos para resolver conflictos, la comunicación, el respeto, la tolerancia forman los fundamentos esenciales para erosionar el fanatismo. Cuando estalla la exaltación y la intolerancia, el problema se comprueba y se hace visible socialmente, pero mientras tanto las familias de los afectados ven como sus allegados se despersonalizan, quedan anulados como sujetos y a la vez los adeptos se infiltran en la realidad para observarla, controlarla y hacerla estallar cuando puedan. También ocurre que muchos familiares, al verse impotentes para sacar de su obcecación a su ser querido, se vinculan a la idea de la secta que le atrapa, porque, además sufren un chantaje afectivo, de manera que se adhieren a las ideas que defiende su hijo o hija atrapado en un grupo u organización, por lo que se conoce como el “síndrome de Estocolmo”, pues de alguna manera las familias quedan a disposición de las sectas en este sentido.

Quien ha logrado llegar a una situación de objetivo final ha sido la red que lidera Bin Laden, pero no es la única. Tampoco sucede solamente desde un contexto islámico. hay muchos procesos irracionales que lo acompañan. Es en esta situación en la que debemos de ver la necesidad de convertir el razonamiento en un foco de resistencia frente al avasallamiento de las diversas irracionalidades.

El fin del mundo se convierte en la finalidad del mundo sectario, sea con una forma de interpretarlo o con otra. La diferencia de una organización política, por muy radical que sea, si no cae en el fanatismo, consiste en que cualquier objetivo de transformación parte de la realidad y promueve su evolución hace objetivos que pueda defender. Otra cosa es cuando se recurre a la violencia, para destruir el sistema o al enemigo. Se anula la realidad para construir la irracionalidad del grupo, que aplica sus métodos totalitarios ya dentro de la secta u organización.

Con la visión general que hemos expuesto podremos entender los textos del fundador de los grupos gnósticos, que a su vez nos sirve de ejemplo para comprobar el funcionamiento interno y psicológico de las sectas y cómo se fragua el fanatismo, siguiendo el hilo conductor de la doctrina de un visionario. Escribe Samael Aun Weor- Víctor Gómez: “Todo lo que está escrito en el Apocalipsis es para los tiempos del fin.Tenemos que informar a la Humanidad de que los tiempos del fin ya llegaron”. Se apoya en un libro reconocido por diversas religiones para incrustar su peculiar delirio. La llegada del final de los tiempos provoca una gran tensión emocional, en quienes viven tal espera como una realidad que además forma parte de su estructura psicológica. Para tal acontecimiento se preparan en los sucesivos, e interminables, cursos: “Sólo aquellos que hayan logrado el ligamen cruz-hombre, con el triángulo espíritu, serán salvos”, es decir quienes sean fanáticos seguidores de las visiones de Víctor Gómez-Samael, quien presenta la Alquimia sexual como sacrificio de la obra realizada, lo cual exige la “autoinmolación de la personalidad”.

Quien muere por un ideal o se suicida en un atentado, previamente ha tenido que anularse psicológicamente como sujeto. Las formas varían, de unas sectas a otras, pero el vaciamiento de la personalidad es común en las manipulaciones psicológicas. Los grupos fundamentalistas, de la doctrina que sea, achacan al ego la causa de todos los males, cuando no es más que la referencia de cualquier acción ética, por ser una condición sine quanum la intervención de la conciencia.

La eliminación del yo se traduce en la gnosis de Samael Aun Weor, Víctor, en la capacidad del adepto para convertirse en un Dios. Escribe Víctor Gómez-Samael: “Quien quiera autorrealizarse necesita la revolución de la Conciencia: morir-nacer-sacrificarse”. Este esquema, cínico y anulador de la personalidad, es el requisito para salvarse en la gnosis. Para lograrlo los instructores marcan unas practicas que ya hemos analizado. Otro texto que se apoya en una cita apocalíptica dice: “El Apocalipsis dice: se fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida. Jesús fue fiel hasta la muerte y así recibió la corona de la vida, que es el hálito eterno para sí mismo profundamente ignoto, un hálito del Absoluto en nosotros”.

Asegura Víctor Gómez-Samael: “Ya Hercólubus está a la vista de los telescopios; entonces ¿qué más queremos¿ Así pues el objetivo de nuestros estudios es preparar un grupo de gentes que sirvan de núcleo para la futura raza. Esto es lo fundamental… Está a las puertas la catástrofe pero las gentes oyendo no oyen y viendo no ven”. Insiste, este profeta de la new age, en anunciar un “pavoroso cataclismo”, de manera que cada terremoto, accidente o atentado se integra en la expectativa que predica, lo cual se une al miedo a que suceda algo. Su mensaje irracional influye en que algunas personas, en épocas conflictivas, se integren en la secta gnóstica u otras del estilo. Uno de los efectos de acciones terroristas es provocar efectos psicológicos masivos, efecto que se expande a través de los medios de comunicación, más cuando comunican las noticias con alta dosis de sensacionalismo.

La visiones proféticas del Víctor Gómez-Samael son tremebundas. No se cumplen y al igual que en otras sectas se interpreta que el año que dijo el líder que sucedería el fin, es para los acólitos cuando empezó, pero luego se desarrolla poco a poco, para dar una oportunidad a la Humanidad para que se ponga al servicio de la Verdad . El final final puede desde entonces llegar en cualquier momento.

Dice el venerable maestro gnóstico: “Los gnósticos sabemos, por iluminación y experiencia trascendental directa, que el juicio de las naciones ocurrió en el año 1.950. Los dioses santos juzgaron a la Gran Ramera y la consideraron indigna. La sentencia de los dioses fue <¡al Abismo! ¡al Abismo!>”. Anuncia que el trabajo de Proserpina es “acabar con toda la humanidad”. Algo que comenzó desde la I Guerra Mundial, según sus peculiares estudios de Historia. Explica taxativamente: “La Tercera Guerra Mundial es inevitable, aquellos que planearon y realizaron la primera y la segunda guerra mundial, ya están trabajando activamente para dar forma y realidad a la tercera gran guerra, que será millones de veces más horrible que las dos precedentes”. Comunica a sus seguidores que existen clubes de asesinos, pero que, por añadidura, sucederán terremotos en serie que harán caer a las ciudades como castillos de naipes “y la tierra se tragará a toda la humanidad”.

Estos mensajes, no son sólo descriptivos sino valorativos y de gran influencia psicológica. Recogen un sentido destructivo de la humanidad, que forma parte de una característica psicológica, el instinto tanático, que Sigmun Freud estudia en sus trabajos sobre el inconsciente. Esta particularidad de la psicología humana Samael Aun Weor, Víctor Gómez y otros iluminados, la llenan de un contenido doctrinario, ciertamente peligroso si no se analiza racionalmente.

En las sectas se cultiva la irracionalidad y se prepara a los adeptos para que lleven a cabo los planes del momento final: “El instante culminante se acerca, la presión interna tendrá que llegar inevitablemente a su límite máximo. La catástrofe está para suceder… La Gran Babilonia será quemada con fuego, porque resultó millones de veces más corrompida que la Atlántida”. Asegura, también, el Venerable Maestro : “Esta humanidad ya está totalmente perdida, no tiene remedio”. En ciertos grupos esotéricos se llamaba ya antes del atentado a las torres gemelas del New York, “Sodoma y Gomorra”. Veremos que tal atentado ha sucedido dentro de una trayectoria que se acoge en el arquetipo mítico y simbólico de muchos grupos fanáticos, entre los que se encuentran, especialmente las sectas. Las cuales están implicadas en nuestra sociedad y son parte de ella, sin que se hayan tomado precauciones a su debido tiempo.

La disgregación de la mente se entrena en los cursos gnósticos. Los ejercicios que practican provocan un estado de ánimo idóneo para poder captar como realidad los mensajes del fundador de la gnosis. Él mismo lo narra: “Si uno aprende a manejar los tres cerebros… se alarga la vida. Para poder prolongar la vida al estar en estos estudios esotéricos hay que negociar con los señores del karma”. Es evidente que el final del mundo se asocia al final del mundo personal, lo cual es evidente. Verdad de perogrullo, pero en este caso se trastoca la realidad asegurando que es posible alargar la vida, e incluso motiva a buscar la inmortalidad, lo que forma parte de la mitología de los grupos gnósticos, pero cuya comprobación se mantiene en “secreto”.

La psicología humana se forma asumiendo el final de la vida, como ley natural infranqueable. Si este final, la muerte de todo ser humano, se asocia al final del mundo, es por una sucesión de manipulaciones psicológicas.

Veamos algún otro texto sobre la inmortalidad, que suponen el contrapunto al fin del mundo. De manera que son mensajes irracionales que funcionan como instrumentos de manejo de la psicología de los adeptos: “Todo hombre que encarna puede pedir el Elixir de la vida. Éste es un gas… Después de la resurrección el maestro ya no vuelve a morir, es eterno… Tenemos el caso de Paracelso. No ha muerto. Vive en Europa con el mismo cuerpo”. Algo que todo gnóstico cree sin la menor duda. Lo mismo que el que los inmortales pueden aparecer y desaparecer instantáneamente, porque se hacen visibles a voluntad en el mundo físico. Víctor Gómez cita a Cagliostro, Sant Germain y Quetzacoatl.

El sentido catastrofista viene expuesto por un discípulo de Víctor Gómez-Samael, Joaquín Enrique Amórtegui, que se hace llamar el venerable maestro Rabolú. Explica el proceso final de la humanidad en el libro “Hercólubus, el planeta rojo”. Este conocimiento se mantuvo en secreto, por ser una sabiduría interna en los círculos gnósticos, hasta 1999, en que se acercaba el fin del milenio. Las calles de las ciudades y pueblos de toda España se vieron plagados de carteles que anunciaban tal libro, con frases que resumen el mensaje de esa obra., lo cual supone un paso más en el despliegue de la secta, por recurrir a mecanismos comunicativos de mensajes finales para captar al mayor número de gente y “darles la oportunidad para salvarse”. Así en la introducción el autor declara: “la necesidad que hay de dar aviso a la Humanidad sobre el cataclismo que viene”. Preguntando a varios gnósticos, sobre este asunto, unos dan la versión de que se hace público porque fue un problema de registro de la propiedad, que se consiguió que fuera para todos los grupos y no para uno en exclusiva. Otros que al ser inminente el final del mundo se quiere dar una oportunidad a los mundanos, para que reconozcan en su interior la llamada del maestro y acudan a los centros gnósticos, para aprender a ser un elegido que llegue a la inmortalidad.

El libro en cuestión cuenta que todos los extraterrestres de Marte visten como soldados. Nacen, crecen y mueren a voluntad. Cuando se cansan del cuerpo se mueren para cambiarlo por otro: “La muerte para ellos es un cambio de vestido”. Todo esto lo ha visto , afirma Rabolú, Joaquín Enrique, no por telescopios ni nada de eso sino por la capacidad de manejar sus cuerpos internos a plena voluntad, sobre lo que la gnosis de Víctor Gómez-Samael le dio las claves. Asegura: “el que quiera verdaderamente salvarse del cataclismo que viene, debe empezar de una vez a desintegrar el yo psicológico”.

En una carta fechada el 29 de Octubre de 2001, el presidente del Movimiento Gnóstico Cristiano Universal de España (Del Nuevo Orden), hace una serie de consideraciones a una persona que le escribe pidiendo consejo, ante los acontecimientos terroristas del 11 de Septiembre de 2001. Escribe: “Tras leer su carta, veo que lo único que puede hacer es ponerse a trabajar fuertemente con los dos últimos capítulos del libro <Hercólubus o Planeta Rojo>. Si así lo hace, se abrirá ante usted una puerta que responderá muchas de sus preguntas. Si quiere usted hacer algo por los demás, puede regalar dicho libro a otras personas que aún desconociéndolo, pudieran estar interesadas en él”. Informa que con tal aprendizaje se eliminan los defectos de tipo psicológico y es posible explorar de forma consciente el mundo Astral, descubrirlo y transitar por él con el fin de proseguir el camino del despertar de la Conciencia.

Los mensajes apocalípticos tienen una función manipulativa, sobre todo para jugar con acontecimientos reales y dotarles de una repercusión psicológica, que adecua las emociones de las personas a la manipulación psicológica. Quien va entrando en esta dinámica en el interior de una secta acaba viéndose atrapado. Explica Víctor Gómez- Samael: “Es urgente saber que la actual barbarie falsamente llamada civilización moderna, toca su catástrofe final. El mundo se debate en un caos espantoso y si queremos realmente salvarlo, necesitamos unirnos para crear una civilización serpentina: la civilización de Acuario”. Estará gobernada por un Imperator de la mente Cósmica”. Tal es el objetivo social de la gnosis. Una sociedad serpentina es aquella en la que se dan indicaciones espirituales, de manera que la ley la dicte la quinta iniciación. Hace, este Iluminado, un llamamiento clamorosos en sus discursos: “necesitamos hacer un esfuerzo supremo y desesperado para salvar el mundo porque hasta ahora todo está perdido”. Forma, con sus adeptos, lo que indica en su obra “El matrimonio Perfecto”: “El Movimiento gnóstico está constituido por el Ejército de Salvación Mundial”.

Las sectas en general y la gnosis en particular, no son asociaciones, religiones o grupos asépticos, ni anodinos, sino que intervienen socialmente sin que se note su presencia, pero deslizan la realidad hacia situaciones escabrosas. Es necesario conocer los entresijos y fundamentos sectarios, para desactivar la fuerza que tienen al intervenir en secreto y sobre todo aprovechándose de las crisis personales y sociales. En la actualidad ha aflorado, con la llegada de un nuevo milenio, que se interpreta como fecha símbolo, lo que se agudiza con los atentados terroristas que afectan a la economía y a la política mundial. Las sectas toman como referencia y actuación simbólica estos sucesos, que viven como un aviso para realizar su misión. Pero todavía no se ha reconocido la dimensión del problema y el peligro está dentro de nuestra sociedad, no sólo infiltrada, sino como parte de ella.

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