Fundamentos de una nueva Historia

3.- DESPUÉS DE LA II GUERRA MUNDIAL

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Fundamentos de una nueva Historia.

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La finalización de la II Guerra Mundial ha significado el comienzo de un cambio de rumbo de la Historia de la Humanidad en todos los ámbitos de la vida. Es necesario que analicemos este proceso durante la última mitad del siglo XX y algunas de sus causas, aunque sea someramente para poder saber hacia donde podemos encaminarnos. Entre las diversas posibilidades trataremos de hacer ver que la inclusión de la Renta Básica es una de las que puede optar a ser defendida por una parte de los ciudadanos, de cuya lucha dependerá que se logre o no.

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La II Guerra Mundial no puede ser vista como un nubarrón negro que aparece repentinamente en medio de la Historia contemporánea. Sino que es la consecuencia del proceso histórico que se ha desenvuelto durante siglos de la vida humana, desde los orígenes de las civilizaciones. La II Guerra Mundial supone el punto máximo y final de este proceso, a partir del cual se puede hablar de una Nueva Era, que se hace posible por los grandes avances tecnológicos, en los que tiene mucho que ver la contienda bélica entre las naciones más poderosas del mundo a mediados del s. XX. Las transformaciones posteriores suceden en todos los campos más esenciales de la sociedad a nivel mundial.

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Los países europeos habían llegado a la plenitud de su poder y riqueza, salvada la crisis de 1929. Una nueva concepción de la política se avecinaba con la creación de los Estados comunistas en la URSS y China. Los avances técnicos y el incremento de las comunicaciones sucedieron sin transformaciones políticas, por lo que un conjunto de factores hizo que estallara la situación a la que había llegado la Historia. Factores económicos, por una parte, pero que dieron cabida a otros que impulsaron con fuerza inaudita el fatal desenlace: la cultura y un elemento simbólico que siendo de gran tradición en diversas civilizaciones, unido a las ambiciones imperialistas y a la fuerza organizada en torno a ideales irracionales, formaron una mentalidad que arrastró a la Humanidad a una contienda que supuso el final de la Historia, entendida como un proceso de dominación de unos pueblos sobre otros, o de unas economías sobre otras, para dar lugar a una nueva etapa de entendimiento, más o menos, al ser algo muy incipiente y en forma de equilibrio tenso. La política de bloques supuso este paso de compactación dentro de cada uno, aunque fuera amenazante entre las grandes potencias militares. La guerra fría pudo llevar a un enfrentamiento infernal, o a una cooperación económica global. La paz, relativa y balbuceante es adonde nos aboca el futuro, mal que le pese a tanto agorero del tremendismo apocalíptico.

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Se puede considerar el conflicto armado de 1.945 como el último a escala mundial porque el próximo sería tan devastador que las consecuencias se prevén como una destrucción total, de manera que no habría vencedores. Técnicamente es posible un Apocalipsis material, cuya consecución o no depende de la voluntad humana, de los máximos dirigentes. Durante la I Guerra Mundial, 1914 – 1918 se producen 10 millones de víctimas, un 20% de ellas de la población civil. En la segunda, 1939 – 1945, las víctimas ascienden a 50 millones, con un 40% de población civil. Una progresión en este sentido sería catastrófica a nivel de la Humanidad como especie. Desde que se inicia la nueva etapa no han vuelto a haber guerras entre países ricos, trasladándose las conflagraciones a guerras locales, entre pequeños países, o de la comunidad internacional contra algún Estado con intervenciones rápidas y muy destructivas. Caso de la guerra del Golfo, contra Irak, Chechenia,Serbia y contra Afganistán. O la de Vietnam , Corea y la de Camboya, el conflicto Irán-Irak durante la Guerra Fría.

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La guerra fría sirvió de acicate para el desarrollo y las mejoras en las sociedades capitalistas. En las comunistas se utilizó para fortalecer sus ejércitos, hasta que perdió todo sentido tal gigantismo armado. Se llegó a tal absurdo que se invirtió una gran cantidad de dinero en armas cada vez más sofisticadas, capaces de destruir todo el planeta más de treinta veces, cuando con hacerlo una vez basta. Se llega a un límite que marca el final de toda una etapa de la Humanidad que además significa el final de la Historia, entendida como sucesión de cambios y construcción de las realidades sociales mediante la violencia. Todavía no hemos tomado conciencia de esta situación que nos enfrenta al comienzo de todo un desarrollo del que no hemos hecho más que empezar. El historiador Eric Josbawn considera que después de la II Guerra Mundial es la época de la Historia en que más ha cambiado la humanidad y de manera más significativa. Cincuenta años después aún estamos inversos en esa transformación imparable porque se suceden una cadena de cambios que dan lugar unos a otros. Ajustar y adaptar la sociedad a semejante realidad es lo que pretende la idea de la Renta Básica, que va a permitir la inmersión en semejante metamorfosis, sobre la base del desarrollo tecnológico.

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Las causas de la II Guerra Mundial, aparecen en una confluencia de múltiples factores. Por una parte hay una interpretación económica, cuya causa mayor, es la necesidad de “espacio vital”, reclamado por el gobierno nazi de Alemania. Fue negociado este requisito por Francia y Gran Bretaña sin éxito, al no contar con el factor cultural, que sirvió de caldo de cultivo a un componente ideológico absolutamente irracional, pero con un gran arraigo en Alemania y en Japón. Cuando Alemania conquista las regiones germánicas de Checoslovaquia, los primeros ministros inglés y francés, Neville Chamberlaine y Eduardo Daladier, aceptaron la palabra de Hitler, cuando se entrevistaron con éste y con Musolini en Munich, sobre no proseguir su expansionismo territorial. Pensaron los mandatarios de Francia y Gran Bretaña que no habrían ulteriores agresiones. Reconocieron tácitamente la reestructuración del territorio alemán. En marzo de 1939 las tropas de Hitler ocuparon el resto de Checoslovaquia. Luego Polonia. Dos días después de atravesar estas fronteras Gran Bretaña y Francia declaran la guerra al Reich, el día 3 de Septiembre de 1939. Ya no fue un problema económico o territorial lo que les preocupó. Se dieron cuenta que se trataba de parar un modelo ideológico destructivo al máximo, cuyo objetovo fue conquistar el mundo. Un año más tarde Alemania había invadido Polonia entera, Noruega, Dinamarca, Luxemburgo, Bélgica, Holanda y Francia. Italia, con un gobierno fascista puro, se unió al nazismo alemán. En la obra “Mein Kampf” su autor destaca la justificación moral de adquirir tierras en el extranjero, debido a que de otra manera no puede asegurar la posibilidad de subsistencia al último alemán. Entonces “el arado se convertirá en espada”.

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El fascismo italiano, fue el resultado de una serie de factores sociopolíticos, que hizo que esta país fuese arrastrado a la guerra. Su participación no fue más que de relleno, al perder todas las batallas emprendidas. El Estado fascista italiano fue el “tonto útil” del III Reich. Lo que popularizó un dicho inglés, que todavía se usa como tópico: “¿cuál es el libro más pequeño de Historia? El que cuenta el número de héroes italianos”. No podemos pasar por al que uno de los atractivos de Mussolini fue que suprimió la mafia, que se había enquistado en el aparato del Estado formando una red de poder rural en el sur de Italia. Al finalizar la guerra, la colaboración de la Cosa Nostra con los países de la Alianza le permitió recuperar su omnipotencia en la sociedad Italiana y en el mundo de lampa y del blanqueo de dinero. Se extendió de Sicilia a toda Italia, y de esta nación a los diversos centros financieros de Europa Mediterránea y América. Sólo a partir de finales de los años setenta se estableció una persecución a esta organización, con una política específica antimafia, que supuso el arresto de diversos capos. La respuesta fue una intemerata de atentados a miembros del poder judicial y de las fuerzas de orden público. En 1993 se detuvo a uno de los jefes históricos, Salvatore Riina, que había mantenido relaciones con quien fuera en diversas ocasiones primer Ministro, Giulio Andreotti, que ya en 1955 fue llamado ante los tribunales en Palermo por su presunta relación con la mafia. Tras dejar su cargo político se exilió a Túnez donde años más tarde murió.

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También se juntaron al Eje, Hungría, Bulgaria y Rumania. La Rusia de Stalin pactó con Hitler un tratado de no agresión, que posteriormente fue roto por las tropas alemanas. Estados Unidos apoyó a Gran Bretaña y la resistencia europea frente al nazismo, pero no entró en la guerra hasta el hundimiento a traición de la mayor parte de la escuadra estadounidense del pacifico en Pearl Harbour, por el imperialismo shintoísta de Japón.

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Muchos aspectos políticos impulsores de los gobiernos totalitarios fueron extendidos a países democráticos más allá de lo que suele considerarse. La mejora de la raza fue un debate intenso en los países anglosajones, en donde se estudiaron medidas para evitar que vivieran personas dementes o con el síndrome de Down. Tales ideas desaparecieron como criterio social defendible tras ver el horror que puede suponer la práctica de tales ideas. Recientemente se han descubierto documentos secretos en los que la Reina Madre de Inglaterra estuvo a favor de una reconciliación con Hitler al comenzar la II Guerra Mundial, en contra de la postura beligerante de W. Churchill1. Este había participado en otra contienda años antes , en la guerra contra los Boers, en las repúblicas sudafricanas del Transvaal y de Orange. El contexto del racismo estuvo presente durante finales del s. XIX y comienzos del siglo XX, en relación a un nacionalismo imperial inglés. En Gran Bretaña el racismo fue la cultura predominante en la guerra con Sudáfrica. La de ejercer la hegemonía de la “Raza Imperial”. Consideraron su nación y su raza la más fuerte, dando por sentada la teoría sobre la inferioridad de los negros2. Entre los documentos del historiador Clive Ponting, desclasificados de la Ley de Secretos Oficiales, hay una carta de Churchill, con fecha de 1.889 en la que expresa: “la mejora de la raza es mi principal objetivo político”. Hizo de manera constante un llamamiento al “espíritu de la raza británica”. La explotación de los indios, llamados “micos”, en Sudáfrica tuvo un fundamento racista. El abogado de estas personas desposeídas de su dignidad fue Mohandas Karamchand, más tarde conocido como Ghandi, a quien Churchill le denominaba despectivamente “sedicioso abogado”. También de los obreros chinos en las minas de oro fue un episodio dramático de la Historia de Reino Unido. En política interior se debatió sobre la creación de campos de concentración para los golfos y delincuentes, en los que deberían de hacer trabajos forzados, así como un plan para esterilizar a los deficientes mentales. En EE.UU. los indios de Arizona no obtuvieron el derecho a votar hasta 1.948, siendo considerados ciudadanos de segundo orden. En Australia hasta 1967 los aborígenes no obtuvieron el derecho de ciudadanía y el de votar. Fue en 1975 cuando se estableció la ley de derechos territoriales de los aborígenes, que hasta entonces estuvieron confinados en reservas. En la misma República Federal Alemana, se mantuvo hasta 1969 el artículo 175 de la ley homófoba de 1871 contra los homosexuales. Entre 1945 y 1969 fueron arrestados ciento cincuenta mil gays. Durante el mandato de Hitler quince mil fueron llevados a campos de concentración, simplemente pos su condición de ser homosexuales.

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El nazismo no surgió de la nada, ni fue fruto de una locura patológica, sino de una locura por degeneración de unas ideas que formaron parte del contexto de una época. Hay elementos racionales de la Historia que lo explican, sin necesidad de acudir a explicaciones irracionales o mágicas basadas en el liderazgo de un siniestro y morboso personaje. De hecho, el estudio de Willheim Reich concluye que “no es Hitler quien cautiva a las masas, sino que es la mayoría de la población alemana la que crea al Fhurer”. La política nazi se normalizó en un país de personas normales. he aquí el gran peligro. Al comienzo de la conquista del Poder por parte del partido nacionalsocialista, hubo en Alemania, especialmente en la ciudad de Hamburgo un movimiento de jóvenes rebeldes que en torno a la música swing, formaron un frente de resistencia al negarse a participar en las juventudes hitlerianas. Fueron deportados a los campos de concentración, cuando no obligados a ir en primera línea de las ofensivas militares, por traicionar a su raza aria.

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La interpretación de la Historia cambia mucho según el punto de mira, tanto por el posicionamiento ideológico como por el tiempo transcurrido. Hitler fue ensalzado, mitificado como la figura de un enviado de los dioses para salvar Alemania y a la Humanidad. Ha sido satanizado y se ha explicado su trayectoria y actuación como el producto de una enajenación mental, incluso con interpretaciones psicoanalíticas, ante la falta de un testículo. Para los ocultistas sigue siendo un brujo con la sabiduría del conocimiento esotérico, pero que lo utilizó para el desarrollo material de su raza y eso le hizo caer en el lado del Mal. ¿Fue el nazismo una conspiración de dirigentes enloquecidos? No se puede reducir a tales extremos. Confluyeron múltiples y dispares factores, de manera que todos intervinieron. Funcionaron por el azar histórico, previsible, pero en otras condiciones y ante determinadas circunstancias los derroteros de la Historia hubieran sido muy diferentes. Es indudable que hubo un componente irracional con peso específico en el desenlace de los acontecimientos, pero también una situación socioeconómica que hizo de Hitler un estadista. La descripción de su figura histórica cuando fue protagonista de su momento histórico le retrata de la siguiente manera, en una visión desapasionada, lo que no quiere decir técnica: “Impresionado por la situación de Alemania fundó en Munich el partido nacionalsocialista, nazi, que en un principio sólo encontró la burla de las gentes. Sin embargo, los dotes de caudillo y energía de Hitler le fueron abriendo camino hasta que en 1.923 fue condenado a 5 años de reclusión por haber promovido un movimiento revolucionario. Elegidos 3 diputados de los suyos se ganó la libertad, y ya en 1.931 obtuvo un centenar de diputados. 230 en Julio de 1.932. El 5 de Marzo de 1.933 los hitlerianos obtuvieron 340 (sobre 639) o sea mayoría absoluta. Consecuencia de ello fue que Hitler se encargará de la cancillería en medio del entusiasmo delirante del país. Desde el advenimiento del Fhurer se ha llevado a cabo en Alemania una serie de medidas radicalísimas muy discutibles y combatidas en el exterior, pero que han levantado al Reich de su postración moral3.

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El fenómeno del nazismo de masas tiene el fundamento de aplicar técnicas de propaganda sicológicas, usando además la violencia y el terror en la población como método de sumisión al fuerte, al tirano. Tal estrategia mostró su efectividad. Su aplicación fue novedosa, en tanto la propaganda bolchevique en Rusia y la violencia como táctica, se realizó con el objetivo de conquistar el Poder. Con los nazis el objetivo fue conquistar a las masas, de ahí que pudiera elegir la vía democrática para acceder al Gobierno y desde él tomar el mando del Estado. Hitler manifiesta en los textos de “Mein Kampf”, la eficacia de la propaganda: “La propaganda debía preceder a la organización y ganar en favor de ésta el material humano necesario a su actividad. Conducir significa mover muchedumbres”. Las ideas nazis provinieron de un magma sociopsicológico de gran calado, que mediante un sistema reiterativo de propaganda se convirtió en una creencia social, sobre la cual un sector de la sociedad se fanatizó: “El partido mantiene un núcleo incólume y sano, éste será el que guíe y conduzca el movimiento, el que determine la propaganda destinada a lograr que se adopten medidas necesarias para la realización práctica de sus ideas”; “Toda acción de propaganda tiene que ser necesariamente popular y adaptar su nivel intelectual a la capacidad receptiva del más limitado de aquellos a los cuales está destinada”.

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La expansión de la idea nazi se debió a una estrategia perfectamente diseñada, que descubrió para el futuro el valor tan tremendo del convencimiento. Explica Hitler: “Los conceptos falsos y deficiente instrucción son susceptibles de corregirse mediante la enseñanza. En cambio jamás se rectificaran por el mismo medio las resistencias del sentimiento. Sólo una llamada a esas fuerzas misteriosas, es capaz de obrar sobre esas resistencias”. Finalizada la II Guerra Mundial semejante labor se va a desarrollar en el campo de la publicidad, para formar algo esencial e intrínseco en el mundo occidental y que conforma la nueva civilización emergente. La parafernalia, la imagen se estudió en la Alemania de Hitler como método de influencia, de “mágica seducción”, en espectáculos de masas, para lograr el rendimiento psicológico y la fidelidad al movimiento nazi: “La gran mayoría del pueblo es, por naturaleza y criterio, de índole tan femenina, que su modo de pensar y obrar se subordina más a la sensibilidad anímica que a la reflexión”.

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A tales técnicas de adoctrinamiento social unió la violencia y la provocación del miedo, para someter psicológicamente a las masas y reducir lo más posible los frentes de resistencia. “La sección de asalto, S.A., es un eslabón del partido”, enseña Hitler a sus seguidores: “la idea del nazismo debía ser propagada por medios espirituales, pero que esa acción espiritual tendría que estar garantizada en caso necesario por la fuerza del puño. Ningún sacrifico sería demasiado grande para la consecución de sus fines”; “Las armas más crueles eran humanitarias, si es que aceleran la consecución de la victoria”; “El método del terror en los talleres, en la fábricas, en las manifestaciones de masas será siempre coronado por el éxito mientras no se le enfrente otro terror de efectos análogos”. El objetivo fue “contar con miles de fanáticos adeptos, que luchen por conquistar en abierta lid el dominio de la calle”. Hitler lo tiene claro: “el organizador tendrá que ser ante todo un psicólogo. Un agitador, capaz de difundir una idea en el seno de las masas, será siempre un psicólogo”. Aspecto éste desdeñado, pero de gran importancia para poder entender un fenómeno en la Historia que llevó a la Humanidad a un callejón sin salida al construir una irrealidad en la realidad, cuyo único resultado fue el sufrimiento de millones de seres y un retraso en el proceso de la evolución histórica de la sociedad.

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Los nazis crearon la Compañía de propaganda (PK) y un Ministerio de Propaganda en 1.936, lo que incluía introducir en las filas del ejército a fotógrafos y periodistas para dar una imagen triunfal de las actuaciones militares. Fue dirigido por Joseph Paul Goebbels. Durante el Congreso de Nuremberg, 1.936, Hitler proclamó: “La propaganda nos ha conducido al Poder. La propaganda nos ha permitido conservar el Poder. La propaganda nos dará la posibilidad de conquistar el mundo”. Se formó una maquinaria de propaganda de guerra, mediante carteles a diario en las calles. Todo lo cual se aplicaría años después de finalizar la guerra en el terreno comercial. Desde entonces las calles de los países capitalistas estarán a tope de murales y carteleras con anuncios de productos. Aparecerá una nueva fuerza social, más allá de las masas: la opinión pública. Que va a ser el campo de actuación de la publicidad, propaganda comercial y de la publicidad política, al convertirse también las ideas en objetos de consumo, que banalizan la democracia. Tiene un aspecto muy positivo, en el sentido de superar el fanatismo y apasionamiento excesivo y practicar obsesivamente un credo o ideología , pero por contra elimina el aspecto cultural de las ideas, que es lo que es necesario recuperar desde la razón e, incluso, el sentido del humor. Frente a los que critican sistemáticamente el nuevo ordenamiento económico y la nueva realidad social, hay que contraponer la necesidad y el talante positivo de convertir la economía en un terreno de paz. En el que se producen rivalidades, pero en un clima de normas internacionales y reglas del mercado interior. Se ha tratado de reducir al máximo la política ideológica que origina guerras y enfrentamiento. Fuera del marco económico quedan residuos superestructurales como son creencias religiosas o banderas nacionalistas que buscan su identidad en el combate. Unas veces de manera soterrada y otras a campo abierto. El final de la Guerra Fría ha supuesto una conformación de un espacio de paz, pero que se hace superfluo al carecer de un ámbito cultural que permita el desarrollo de la democracia y de una economía que no sea dominadora de la voluntad humana a través del mercado. Sin tratar de superar tal situación concreta el progreso científico y económico y la democracia se desarrollan con gran fragilidad.

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El lingüística norteamericano, Noam Chomsky4, analiza la industria de la comunicación pública. Observa que se desenvuelve en nuestra sociedad para controlar la opinión pública. Tras la II Guerra Mundial se establece una auténtica batalla por conquistar la opinión pública frente al comunismo en occidente y en los países del este para evitar cualquier criterio colectivo en favor de la libertad “burguesa”. Los gobiernos capitalistas hacen suficientes concesiones, a cuenta de garantizar la complicidad de la mayor parte de la sociedad con los intereses generales. Desde entonces libertad, según Chomsky, se va a asociar directamente con libertad de mercado. Todo un sistema de propaganda comercial va a establecer la formación de un nuevo sujeto social: el consumidor, pasivo en cuanto a su conciencia frente al mundo. La motivación de las personas viene dada por el esquema que dice: “dedícate a ser un consumidor y no te preocupes de nada más”. La condición para esta referencia es hacer del trabajo un tótem y del confort una actitud existencial fofa. El consumidor no es un cliente, es más. Consiste en una forma de vivir. Afecta al trabajo, al ocio, la cultura, el deporte, el sentido de la vida y demás.

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La postguerra necesita del trabajo como un elemento fundamental y básico para salir de la destrucción a la que fueron abocadas las diversas naciones víctimas de los ataques armados. La herramienta esencial de la reconstrucción fue el trabajo. El plan Marshall fusionó el valor trabajo y el del capital. En Rusia y los países del este prescindieron del segundo y su economía quedó estancada, a pesar de los esfuerzos realizados, y a la larga retrasada en relación a los países occidentales. La centralidad trabajo-capital, quedó obsoleta en occidente una vez se revitalizó la economía. Par mantener el bienestar y el desarrollo se introdujo como elemento dinámico de la economía el capital público, como inversor y como incitador del desarrollo económico. El siguiente paso fue incorporar el factor tecnológico en la economía, no solamente en el proceso productivo, sino como valor de mercado en cuanto a una economía añadida y un fenómeno impulsor de la producción. Dadas estas condiciones el progreso del bienestar debe ampliar su centralidad a un proceso distributivo elemental como es la Renta Básica, para reactivar todos los demás en una situación en la que ha llegado a su límite de producción y de demanda, fuera de los cuales se puede ver amenazado el propio modelo económico. El conjunto de todas las etapas podemos resumirlo de la siguiente manera: Trabajo + Capital + capital público + tecnología + Renta Básica. Sucede que hasta la II Guerra Mundial la centralidad económica fue exclusiva de los dos primeros factores. Algo despuntó el capital público y la tecnología, que fue más social y cultural que económica, pero sin una relevancia significativa hasta comienzo de los años sesenta.

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Cuando se usa casi como retahíla la palabra “nuevo”, su significado es: “a partir de la II Guerra Mundial”, por eso la importancia de este acontecimiento, al que se llegó por pretender el nazismo llevar sus planteamientos a la realidad absoluta, de conquista del mundo y buscar la “solución final” a la cuestión judía, al marxismo y culminar el desarrollo racial. No es pues tanto una cuestión de contenidos, criticables, despreciables y condenables sin lugar a dudas, desde mi punto de vista, sino que estos planteamientos formaron parte del ambiente intelectual, social y hasta político. Lo que hizo el nazismo fue extremarlo, querer aplicar tales tesis fuera del debate y de la construcción social, en lo que se hubiera desgastado con el devenir del tiempo. Fanatizó tales postulados ya existentes y convirtió su lucha en el final de una etapa de la Historia, que ha dado lugar a otra nueva. Visto retrospectivamente era imposible la victoria del nazismo, aunque hubiera aplicado la bomba atómica y ganado la guerra.. Habría retrasado la continuidad de la Historia y habría significado el dolor de más millones de seres humanos, pero fue tal el sin sentido que no tenía posibilidad de desarrollarse. Hubiera generado una violencia interna que se habría autodestruido en el peor de los casos. Los brotes de nazismo y movimientos violentos en la juventud occidental son productos psicosociales que proviene de la frustración, más que responder a un impulso ideológico. Se trata de una provocación ante la desesperanza y esto es algo que no se atisba que lo quieran entender las autoridades y obrar en consecuencia.

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En el corazón de Europa confluyeron una serie de corrientes culturales cuya mezcla estalló en una mentalidad fanática. Desde la perspectiva de ver la II Guerra Mundial como algo pasado podemos afirmar que se trató de un momento histórico en el que la Humanidad se descarriló. Resultaría incomprensible, de no ser que se analicen los diversos y variados factores que confluyeron en la mayor violencia que se ha vivido en el planeta. La ruptura con el proceso evolutivo de acuerdo a las condiciones materiales y de mentalidad puede desembocar en situaciones imprevisibles, que en un momento determinado produzcan una catástrofe. Aquellas posturas que se cierran en sí mismas y tratan de imponerse para lograr su realidad necesitan recurrir a la violencia y son de por sí una amenaza permanente, como son el fanatismo religioso y el nacionalista. Los intereses económicos ya no se resuelven mediante la fuerza, sino que se ha establecido un medio de negociación, con influencias o estrategias de querer manipular la realidad, pero su actuación violenta se ha desactivado en gran medida.

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El substrato cultural sobre el que va a emerger el nazismo y prender en la mentalidad de una sociedad culta, como la alemana y la austríaca, es el darwinismo social. Paradigma del que participó una gran parte de la cultura occidental. La obra “El origen de las especies por medio de la selección natural” conmocionó al mundo. La primera edición se agotó el mismo día de su publicación. La teoría de la evolución por selección natural se extrapoló a teorías sobre el desarrollo de las sociedades, en la que prevalecen las culturas más fuertes. A finales del s. XIX fue una de las teorías más destacadas. Quien representó tal interpretación fue el sociólogo Herbert Spencer, de cuya teoría se concluyó que los más ricos son los más aptos y los pobres los menos capacitados, de manera que el progreso depende de la competencia entre las personas y los más débiles deben eliminarse por el proceso de selección social para el progreso de la especie humana. Este criterio sirve de substrato moral y cultural del capitalismo, aunque no se reconozca explícitamente. Es el fundamento de evitar políticas sociales para que cada cual recurra a sus iniciativas y quien quede en el camino es problema suyo y que se las apañe. Es el fondo en el que se apoya el neoliberalismo a ultranza. Contra este criterio se ha declarado siempre la iglesia católica que propone la caridad social y la asistencia a los más desfavorecidos.

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El nazismo usó la teoría de la evolución social, pero no desde un punto de vista económico, sino aplicada a la evolución de las razas. Por sí misma esta teoría hubiera sido una más, pero tomo un impulso desmedido ante el boom de otras corrientes intelectuales de tipo espiritual que coincidieron en esta interpretación. Tal mezcla resultó explosiva. Ambas teorías sucedieron también en otras naciones, pero en Alemania significó una salida a la frustración social tras aguantar las condiciones a las que se vio postergada tras la I Guerra Mundial y sirvieron de justificación “ideológica” para potenciar su desarrollo económico, para cuyo desenlace necesitaba salir de sus fronteras pues las formas de producción eran cada vez más masivas. Vemos que una serie de elementos confluyeron para el surgimiento y posterior despliegue de la organización nazi.

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El elemento simbólico de las teorías teosóficas y ocultistas no se puede desdeñar, pero tampoco hacer de ellas una leyenda conspirativa que sirva como elemento primordial en la compresión del nazismo. Hubo un substrato de pangermanismo. Esta filosofía nacional pretendió recuperar la tradición y volver al pasado como referencia de identidad ante la incertidumbre del presente de aquella época y ante una serie de cambios que exigía el futuro. Mientras que en España, Portugal, Italia las corrientes irracionales teosóficas se cerraron en círculos de debates y tuvieron poca influencia porque se fomentó más a los movimientos espirituales. En Gran Bretaña el espiritualismo sirvió como retórica del imperialismo inglés, justificar la supremacía anglosajona, pero en círculos y clubes de debates, lo que ha dado pie a las teorías y miedos de la francmasonería, pero siempre ha sido más una inspiración personal y de grupo que una macroestructura secreta que controle los resortes en los que se apoye el poder del Estado. Puede haber cierta influencia, pero no hay elementos racionales ni documentales serios para extraer conclusiones tan contradictorias como absurdas, al meter en el mismo saco al marxismo, con los judíos, con el plan masón, cuya sospecha de ser un poder oculto tuvo gran efecto en las dictaduras europeas y en los Estados fascistas. Lo cual también sirvió como soporte del poder y del uso de la violencia indiscriminada en los gobiernos de Pinochet y en la dictadura argentina de Videla. Lo que fue azuzado y asumido, desde organizaciones fundamentalistas de la iglesia católica, como misión moral luchar contra la perversión política guiada por la masonería internacional. La visión totalizante de la iglesia católica, y en general del cristianismo, se ha reducido bastante, pero todavía quedan muchos núcleos muy organizados con una gran capacidad de influencia. Los judíos reconocen que después de la II Guerra Mundial, tras el Holocauto que sufrieron los seguidores de los principios morales de la Torah, el cristianismo cambió de una manera espectacular su relación con ellos.

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No podemos pasar por alto una serie de elementos, sobre los que se ha vertido mucha literatura y exagerado, para ver el contexto en el que aparece el nazismo y comprobar sus repercusiones en el futuro. El esoterismo nazi, cuyo germen se ubica en la sociedad Thule, es una realidad que formó parte de un ambiente sociocultural centroeuropeo. No fue determinante, sino que más bien acompañó a una historia y formó parte de ella en su desarrollo. Las sociedades secretas estaban en aquella época muy en boga, reales o imaginarias. Hitler alude a ellas en sucesivos textos del libro “Mi Lucha”. El Partido Obrero Alemán (DAP) se gesta en unas reuniones en torno a tertulias literarias en las que se exalta el antisemitismo y una especia de tradición ancestral pangermánica, en la que participan el escritor Eckar, a quien Hitler dedica su obra “Mi lucha”, el ingeniero Feder y un capitán del ejército que fue quien puso en contacto a Hitler con ese grupo, Erns Röhm. Las teorías de Helevna Petrovna Blavastky se divulgaban en escuelas ocultistas, legalizándose la Sociedad Teosófica en 1.875, en Nueva York, con la estrecha colaboración del coronel americano Henry S. Olcott. En 1.889 también se legalizó en EE.UU. la Orden hermética del Golden Dawn, del Aura Dorada, a la que pertenecieron muchos intelectuales, poetas y artistas de entonces. Toman fuerza, al mismo tiempo, las organizaciones en torno a las doctrinas espiritistas de Allan Kardec. Podemos observar que el avance científico da lugar a una nueva imagen del mundo que no es asimilada y se buscan teorías irracionales desde el “conocimiento”, la gnóois. El racionalismo científico se sitúa en una época de esplendor, por aquel entonces, pero deja fuera un aspecto humano que las religiones clásicas no llenan, de lo cual surge un mundo de supersticiones y ciencias ocultas que se presentan como algo experimentable y pretendidamente científico. Una especie de simbiosis de ciencia y espiritualidad, que osa unir lo científico con la religión en una mezcla caótica, pero con gran efecto psicológico en los adeptos a tales planteamientos. La espiritualidad toma durante los primeros años del s. XX un grado de experiencia mediante la comunicación con los espíritus de los muertos en las doctrinas espíritas a través de los mediums,. Se trata de saber mediante mensajes de la Jerarquía teorías sobre Dios y el Hombre. De la teosofía deriva la Antroposofía, fundada por el científico austríaco Rudolf Steiner. Sus enseñanzas toman fuerza a comienzos del s. XX. Todas estas corrientes rechazan la ciencia y las doctrinas de las religiones tradicionales, católica, protestantes o judía, pero las integran en sus filosofías. Son pseudociencias y una falsa fe, pero creídas no como una creencia sino como si se tratase de un saber o conocimiento que da lugar a definir lo que es verdad y lo que es falso. Toda esta irracionalidad se proyectó en el nazismo. No fue su causa, ni mucho menos, como confunden muchos autores especializados en esoterismo, pero sí se utilizó como inspiración. Fue pues, el nacionalsocialismo, un movimiento político, con causas económicas, pero también con una irracionalidad teórica con sólidos fundamentos, por absurdos que puedan parecernos hoy en día. No obstante en la actualidad funcionan sectas y organizaciones que mantienen el estudio y divulgación elitista de estas teorías, y no para “chalados” que no tienen preparación intelectual, sino con hombres de prestigio en las universidades, como decanos, profesores, médicos, maestros, abogados, etc., si bien en una situación muy minoritaria, con escasa repercusión y un tanto desprestigiado este “conocimiento”, pero ahí están, con sistemas de captación de adeptos mediante un sofisticado e insistente proselitismo enmascarado, para crecer a espaldas de la sociedad hasta lograr una implantación que les permita salir a la actividad social, sin encontrar de momento un caldo de cultivo para ello. Es menester ser consciente de este peligro para prevenir sus efectos. En las obras de Theodor W. Adorno aparecen referencias a este pensamiento anormal, así como en otros autores esotéricos, para hacer ver la necesidad de fomentar la crítica, la cultura y la libertad, frente a formas de pensamiento adoctrinado, con las repercusiones negativas que puede derivar de él debido a la fuerza que adquiere la irracionalidad cuando impulsa la conducta de las masas. Sobre todo por su poder de atracción, como refugio sicológico en determinados periodos de incertidumbre.

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En la obra de Rudyard Kipling5, premio Nobel de literatura en 1907, “Algo sobre mí mismo”, se puede leer: “nuestro mundillo se llenó de la teosofía de nuevo cuño que la señora Blavastky enseñaba a sus devotos; mi padre conoció a aquella dama y solía discutir con ella sobre temas del todo profanos, pues era, según aseguraba mi padre, una de las impostoras más interesantes y poco escrupulosas que encontró en su vida”. La obra de la fundadora de la teosofía, se basa en la evolución de la Humanidad según las Razas6. De manera que establece que hay razas inferiores y otras intelectualmente superior. Considera la raza un estado de evolución. Sus fundamentos teóricos consisten en demostrar que el mono apareció como una forma de degeneración evolutiva que proviene del Hombre. Las diversas razas en las que evoluciona el ser humano, en una cadena de reencarnaciones sucesivas, ha sido la lemur, la atlante y la aria. A esta se sobrepondrá otra raza superior, cuando cumpla su destino kármico. Según tal delirante análisis, en el tomo IV, afirma Blavastky, que los judíos son una raza artificial aria, nacida en la India. Todo este esquema teórico se impone en sectas ocultistas y escuelas fraudulentas de misterios, con un criterio elitista de enseñanza para el que hay que prepararse antes de poder entender la verdad y el futuro adepto debe sufrir una selección para ser digno de tal “secreto”. La mentalidad irracional que provoca la teosofía explica la Historia, desde el Génesis al Apocalipsis, como una lucha entra la magia negra y la magia blanca, siendo el Mal necesario para el progreso y la evolución. Superar el karma forma parte de tal evolucionismo cósmico.

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Según la doctrina Secreta de Blavastky, la svástica, cruz ansata, es el símbolo más filosóficamente científico de todos, representa el martillo de la creación, en las dos líneas de la evolución de las razas, la del espíritu y la de la materia. No es gratuito el uso que hace el nacionalsocialismo de este emblema esotérico, con resonancias tradicionales. En la obra “Mi lucha” se lee: “En la swástica vemos la misión de luchar por la victoria del hombre ario y al mismo tiempo, por el triunfo de la idea del trabajo productivo, idea que es y será siempre antisemita. Cuando la sección de asalto, S.A. (Sturm Abteilung) creció fue necesario darle a esta organización un símbolo especial de la victoria, el estandarte”. No podemos pasar de manera desapercibido el elemento simbólico del nazismo, pues la lógica económica e incluso ideológica es insuficiente para comprender el horror histórico al que se abocó. Y este entramado de conocimientos esotéricos no fue extraño en aquella época en muchos círculos de cultura e intelectuales de todos los países occidentales. Incluso llegó a contagiar a una parte de la jerarquía eclesiástica, que vio en el nazismo una fuerza espiritual capaz de enfrentarse al materialismo comunista y al liberalismo que fomenta el capital. El libro de oraciones para el soldado católico alemán, editado en 1940, tal como recoge Karlheinz Descher7, bendice al Fhührer, a quien le encomienda una misión sagrada. Pío XII transformó la derrota en victoria aliándose al vencedor. La iglesia católica, comprueban diversos autores, siguió la táctica, como principio de supervivencia, de declararse en contra del fascismo al comienzo de este movimiento de masas. Luego a favor y en el declive en contra. La verdad es que la iglesia se ha caracterizado por tener siempre colocada su institución en todos los frentes, y gane quien gane apoyará y reconocerá la labor de tal institución, que actúa así bajo la idea de formar parte de una dimensión distinta a la de los conflictos mundanos. Lo cual ha permitido que se perpetúe durante dos milenios.

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En el Pacífico una cultura milenaria se convertirá en una fuerza expansionista. Su gobierno teocrático les imbuyo del pretendido derecho de conquistar toda Asia por un derecho natural de superioridad espiritual. Quisieron dominar el continente amarillo por lo que se declaró contrario a la permanencia de bases militares en aquella zona por parte de EE.UU. Su lema fue “Asia para los asiáticos”. Muchos países de Asia oriental apoyaron la hegemonía nipona con el fin de evitar el imperialismo occidental. USA y Japón lucharon por bastas extensiones del océano Pacífico, como mercados potenciales y reservas de materias primas. Pero hubo una lucha más profunda, que fue de mentalidad en la forma de sociedad. Finalizada la II Guerra Mundial Japón se desarrolló económicamente bajo el esquema y el tesón fanático religioso aplicado a la economía. Venció en lograr una extensión económica, con la que se mantienen en una tensa y continuada batalla comercial con Estados Unidos. Sin embargo, respecto a la guerra militar, tuvo que rendirse y aceptar eliminar la categoría de divinidad al Emperador. Se trata de la institución más antigua del planeta, cuyo origen data del año 660 a.C. Posteriormente a 1945 el Emperador seguirá siendo el jefe de la religión del Shinto. Tras la muerte de emperador Hirohito, su hijo Akihito se convirtió en el sucesor del trono, realizando la ceremonia de la entronización en Noviembre de 1990. El hecho de haber perdido la guerra fue un trauma mucho mayor que el sacrificio que suponía tal conflicto bélico. La obcecación era tal que llegaron a utilizar kamikaces, pilotos suicidas, para atacar a la flota estadounidense. Los pilotos morían por el Emperador, su dios terrenal. La población japonesa estuvo convencida de que la guerra seguiría “hasta que Dios con su mano la hiciera ganar”. Las derrotas las entendieron como pruebas para fortalecer su fe. EE.UU decidió finalizar aquella guerra usando el arma más poderosa de entonces y jamás conocida, con la justificación de que alargar la contienda ocasionaría más muertos aún. El 6 de Agosto de 1.945 USA lanzó una bomba atómica sobre Hirosima y el 8 de Agosto otra en Nagasaki. Catorce años después el presidente Harry Truman, que fue quien tomó la decisión de que se lanzaran, escribió que recibió el apoyo incondicional de Churchill y que Stalin le había informado en Postdam que no estaba en condiciones de abrir un segundo frente en Japón. El Emperador y su plana Mayor del ejército estuvieron a favor de un acuerdo de paz antes del trágico suceso atómico, pero no incondicional como pretendió EE.UU. Por lo que se cerraron a cualquier negociación. Para Truman: “los señores de la guerra japoneses presentaron una resistencia fanática”, lo que le hizo temer a un ejército de un millón y medio de soldados en China dispuestos a acudir a Japón para mantener las posiciones de ataque. Para el presidente de los Estados Unidos de América la destrucción ya no era una cuestión militar, sino que mantuvo la incondicionalidad para acabar con un modelo imperial teocrático, con un dios viviente como guía de un pueblo y de una sociedad entera con afanes expansionistas.

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El inicio de la paz fue para los nipones el comienzo de una nueva era que supuso un cambio de sociedad y de organización sin precedente en una cultura milenaria, que apenas había sufrido cambios durante siglos. No se trató de una coyuntura política, sino de toda una civilización, cuya fuerza del pasado se va a manifestar en el esplendor de una economía como potencia mundial, de la que han surgido las multinacionales más importantes del mundo y en la que la Bolsa de Tokyo se ha convertido en un centro financiero internacional. Funciona con un capitalismo característico, propio cuya extrapolación a otras culturas se hace difícil. Comenta Thomas Cleary, especialista en cultura asiática, que el pueblo japonés está impregnado del modo de ser del guerrero, en su conciencia personal y colectiva, según su fundamento social, basado en el Shintoísmo. No puede entenderse el desarrollo de Japón si no se comprende este hecho. Su creencia religiosa ha impregnado la política, la economía y el desarrollo social, no sólo como una forma de comportarse o de folklore, sino en la actitud que viven fundamentalmente en la vida empresarial, cuyo funcionamiento es con un claro espíritu militar. Lo cual va a tener una repercusión muy grande en el desarrollo del capitalismo mundial. En la globalización pugnan no sólo un conflicto de intereses, sino de mentalidades. Ahora bien, la evolución de la sociedad y la voluntad de no repetir una guerra como la de los años 1.939-45, ha permitido que su desenlace sea a través de un proceso comercial y financiero, sin formar trincheras ideológicas, al menos desde una posición dominante. El liberalismo se va a convertir en un punto de encuentro entre diversos modelos del capitalismo. Cuando se ha llegado al máximo de una riqueza jamás soñada, la pregunta que pende en el aire es ¿y ahora qué? Es el momento de pensar cómo recuperar el lastre de pobreza que se ha quedado en el camino y buscar otras fuentes de riqueza, en la cultura, en la libertad cotidiana y demás valores.

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Tras la II Guerra Mundial aparece un nuevo mundo, que poco a poco se irá ordenando, en lo que se ha venido a conocer como “Nuevo Orden”, el cual ya fue diseñado y previsto durante la contienda para buscar salidas que impidiesen otro enfrentamiento similar. Los nuevos avances en todos los campos han acelerado el proceso de construcción de un mundo global, y ha echo que la realidad económica se adelante a las ideas sociales y políticas.

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Entre las novedades que suceden en la segunda mitad del s. XX está la aplicación de la energía nuclear para el sistema productivo. Incrementa las posibilidades de producción, de oferta, tremendamente. Las tecnología de guerra se aplican en tiempo de paz para la industria civil y al comercio. Los sistemas de semiautomatización se aplican en las fabricas de productos domésticos, lo que será el principio de los modelos de producción cibernéticas. Se industrializa la ciencia, que desde los años 60 se va a convertir en una inversión. Se pasa en ese momento del capitalismo de producción al capitalismo de consumo de masas. Al mismo tiempo la aplicación de la propaganda para fines comerciales incrementa el consumo, la demanda, lo que va a suponer la expansión de los mercados, hasta llegar a la globalización de finales de siglo. Se da otro factor durante la postguerra: la división del mundo en dos áreas de influencia el, soviético y el norteamericano, enfrentados por dos modelos políticos y económicos antagónicos y que rivalizaron uno contra el otro. Sucedieron dos formas de organización social, el estatismo y la planificación económica por una parte, y la economía de mercado por otra. Como en el seno de las sociedades capitalistas tuvieron mucha fuerza las tendencias al comunismo, mediante la lucha sindical sobre todo, las sociedades democráticas evolucionaron hacia un sistema de mercado bajo el amparo del intervencionismo del Estado.

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La formación de dos superpotencias que se extendieron a escala planetaria y cuya enemistad serían el trasfondo de muchas pugnas locales hizo que se internacionalizaran los conflictos, incluso los internos de un Estado. Pero mientras que el conflicto se extendió a todos los rincones de la tierra, el estallido de tal, quedó durante la guerra fría, controlado siempre a un espacio cerrado, con el fin de evitar desencadenar una catástrofe de efectos incalculables, ante la amenaza del armamento nuclear. La disuasión funcionó, si bien supuso una merma del desarrollo económico y social de muchas partes del globo, que pasaron a convertirse en países satélites de las grandes potencias con guerras y luchas intestinas que abocaron a sus poblaciones al hambre, enfermedades y muertes violentas masivas.

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Cuando se desencadena la crisis de 1929 y aflora en el mercado financiero el 60% de los objetos, electrodomésticos y automóviles sobre todo, estaban adquiridos mediante créditos. En los años veinte se había iniciado el consumo de masas, siendo el comienzo de la compra a plazos. Tal activación de la economía va a permitir que en EE.UU. hubiera en tal fecha 1 millón de parados. Una vez se produce la crisis, dos años después hay inscritos 10 millones de parados, dos más habrá en 1932, que ascienden a 15 un año después, lo que supone un 24´9% de la población activa. Desde entonces comienza a descender con la activación de la industria militar. La misma proporción sucede en Alemania. Cuando Hitler accede al poder, en 1933, el nivel de paro es máximo, un 45% de la población activa está desempleada. La mayoría recibe un socorro nimio, pero casi un millón de personas están sin ninguna ayuda. Están desesperados y van a encontrar en la industria de guerra y la ampliación del número de soldados su salvación y en Hitler el protagonista de tal hazaña. Además va a ocupar al 100% de la población al recoger a toda persona útil para la industria militar o directamente para servir en el ejército En 1942 se llegó en EE.UU. al 7% de parados y el 4% un año después. En Alemania se logró el pleno empleo.

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Si hacemos un análisis retrospectivo se puede observar que hay tres fechas perfectamente relacionadas, que van a marcar las pautas de una evolución castrada y que deja de tener posibilidad de reproducirse, al haber llegado el progreso a un extremo de ejecutar el final de un proceso histórico, para después entrar en el comienzo de otra Historia, cualitativamente muy diferente. La sociedad industrial termina su ciclo y comienza la civilización tecnológica. Lo que sucede a partir de la perestroika soviética y la caída del muro de Berlín, que es el momento en que finaliza realmente la II Guerra Mundial, como proceso histórico. Si somos conscientes de este nuevo paradigma podemos actuar consecuentemente.

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Para el profesor de Sociología de la UNED, Santos Jula, el año 1929 es el centro cronológico de una crisis política, económica y de civilización. Desde el crac financiero de este año entran en crisis los principios liberales. Porque habían llegado a sus máximas posibilidades, en zonas delimitadas por Estados nacionales y por la limitación de la capacidad productiva y de consumo. A parte de otras características de las que ya hemos tratado. Los sucesos de 1929 vienen determinados por el final de la I Guerra Mundial, 1.914, y las consecuencias de ambos momentos dan pie a que factores ideológicos se conviertan en causa de la II Guerra Mundial. La crisis de 1929 es el centro de dos crisis extremas: 1914 – 1929 – 1945. Una de las causas por las que la crisis de U.S.A traspasa el Atlántico es que coincide con la negativa de Alemania de pagar sus deudas de la guerra del catorce.

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Con la crisis del liberalismo de 1.929 aparecen los partidos totalitarios en Europa, que llevan a una crisis política para desplazar en muchos Estados a los gobiernos de corte liberal democráticos. En Sudamérica se van a fomentar los golpes de Estado para dar lugar a dictaduras militares. En EE.UU. se van a dictar leyes proteccionistas muy severas y Gran Bretaña excluirá toda importación que no proceda de la Comman Wealth. En los años treinta cambia por completo el sistema internacional, debido a los ajustes necesarios para hacer valer un modelo económico que ha llegado a su limite, y como se perpetúa desembocará en una guerra cuyo comienzo fue la búsqueda de “espacio vital” para las naciones que se ordenan en torno a partidos fascistas que buscan por la fuerza una salida a su limitación económica, cuya consecuencia más dramática es el paro masivo y sin esperanza de salir de tal situación. El punto 3º del programa nazi manifiesta: “Exigimos territorios para alimentar a nuestro pueblo y para el establecimiento del excedente de población”

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Italia va a mantener una economía autárquica. El Portugal de Salazar y España con el fuero del trabajo otro tanto. Se establecen modelos de sindicalismo vertical. Rumania con Manoleren y Hungría gobernada por Gömbös, y Austria también cierran sus fronteras. Alemania también, pero necesita expandirse y emprende la conquista. Se culpa de manera generalizada a los dueños del capital, en su mayoría judíos, cuando en realidad las naciones son también víctimas de unos modelos de organización política y de formas de producción y de mercado que han quedado obsoletas. El crecimiento en todos los aspectos sociales hace que el traje se quede pequeño y se rompe. Ante semejante situación los partidos fascistas uniforman a la sociedad. Stalin decide, antes de la II Guerra Mundial, limitar la revolución comunista a un país. Para fortalecerse y después incluir en su órbita ideológica a una parte de los países liberados, en un reparto territorial entre las potencias.

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La salida de la crisis durante la década de los años treinta sólo se contempló en el incremento de la producción. Cualquier teoría se centró en la idea del trabajo, como históricamente fue hasta ese momento, sin darse tampoco las condiciones para que fuera de otra manera, a no ser mediante una planificación de mercado, que fue lo que ideó Keynes. Modelo el suyo diferente a la planificación del sistema productivo y del mercado. Además la teoría de Keynes regula la intervención del Estado con la ley de la oferta y la demanda. El comunismo sin embargo se saltó tal dinámica económica. El modelo keynesiano propuso la redistribución de la renta mediante la activación del mercado, para reducir el paro, lo que permitiría fomentar el sistema democrático. Fue lo que se aplicó con todo rigor finalizada la guerra de 1.945. El Estado se convirtió en el primer empleador por derecho propio. La separación tradicional entre política y relaciones laborales fue desde entonces cosa del pasado. Gabriel Tortella8, analiza como la era de Keynes comienza realmente tras la II Guerra Mundial. Anteriormente se había planteado, luego estudiado y aceptado, pero la aplicación práctica fue posterior a 1.945. Su final lo data tras la crisis del petróleo, a partir de entonces entraríamos en la era Friedman, que en la actualidad se desarrolla en toda su amplitud. Esta evolución nos lleva, como hemos analizado ya, a la realidad dialéctica en la que nos encontramos con una nueva etapa que requiere un componente activo como lo es la Renta Básica. Lo que es inaceptable, es que Tortella quiera asemejar el keynesianismo con el modelo del Japón Imperial y el de la Alemania nazi, sobre lo que indica que al igual que Suecia practicaron el keynesyanismo antes que el economista de Cambridge. En el último caso, si hay elementos experimentales que perduran para comprobar la efectividad de la medida de impulsar la demanda global y la intervención del Estado para ajustar el mercado a la sociedad. Pero nunca puede compararse el ejemplo de Suecia a los modelos autárquicos y militaristas en el desarrollo económico, porque la intervención en sociedades totalitarias es eficaz a corto plazo y en función de expandir el Estado (imperialismo) no el mercado (globalización). No es comparable ni mucho menos, y es lamentable que el catedrático en la Universidad de Alcalá de Henares así lo manifieste9, sin ningún tipo de lógica.

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Las ideologías totalitarias emprendieron tras la hecatombe de 1929 una solución que dio brillantes resultados en la misma medida que sembró el enfrentamiento armado. Idearon activar la economía mediante la industria de armamentos, dando lugar a una economía de guerra, que se acentuó en una cultura bélica, para justificar la fabricación y a la vez como consecuencia de tal actuación. Para mantener un nivel de vida socialmente aceptable se contuvo el consumo, pero la mercancía bélica tenía como única salida su uso en contiendas militares. Fue una pescadilla que se mordía la cola. Y no pudo haber remedio desde el momento en que los grandes capitales alemanes apoyaron la opción nazi. Se hizo por criterios de beneficios económicos a corto plazo y llevados por una mentalidad y una psicología de masas proclive a establecer la hegemonía de la raza aria. No podemos dejar de lado este factor, pues económicamente las cuentas no salen y se vería como un desenlace anacrónico y absurdo. Desde el punto de vista estrictamente económico se trata de una inversión ruinosa, al evaluar los enormes gastos que traerá la contienda y nunca es segura la victoria. Lo cual es una precaución empresarial de primer orden. La justificación de tales medidas y su aceptación generalizada en la sociedad germana fue la creación masiva de puestos de trabajo mediante el incremento de obras públicas y el rearme, que incentivó otras industrias dependientes de tal actividad y finalmente mecanismos coactivos de control del mercado, por lo que los grandes capitales de los estados fascistas obtuvieron el monopolio y control de sus negocios en la economía nacional. Muchas familias salieron así de su miseria. Pero ¿fue una solución? No, nunca mejor dicho que fue peor el remedio que la enfermedad.

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La crisis de 1929 produjo el hundimiento de los precios agrícolas. Llevó el hambre, literalmente, al seno de la sociedad rica y la bancarrota al sistema financiero. La militarización de la sociedad, lo que supone por una parte la exaltación moral de las masas, en torno a una clase, raza o patria. A la vez resulta eficaz pues sucede un notable crecimiento económico. Las empresas aumentan sus beneficios en proporciones muy grandes. Los salarios se estabilizan en función a la aportación de los obreros a la causa colectiva, por lo que se considera mano de obra ideologizada por objetivos nacionales. Los empresarios alemanes que colaboran con el nazismo son las familias Krupp, Siemens, I.G. Fauben, Wolksagen, Thyssen, Flick, Hamel, banco de Alemania y Banco Comercial. También empresas extranjeras como Royal Dutch Shell. Saquearon las empresas de los países conquistados y llegaron a usar esclavos como mano de obra, lo que se ha comenzado a indemnizar a las familias de aquellas víctimas obligadas a hacer trabajos forzados, al comienzo del s. XXI.

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Finalizada la guerra los empresarios alemanes fueron condenados, pero más tarde se les rehabilitó y siguen siendo dueños de los grandes capitales. Alfred Krupp, por ejemplo, fue condenado a 12 años de cárcel en 1948 y a la confiscación de sus bienes. El canciller Adenauer le liberó en 1.951 y le devolvió todo su patrimonio.

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A nivel general de la economía en EE.UU. y en los colectivos de izquierdas de los países europeos van a cambiar de planteamientos, así como los de los empresarios, en la postguerra. La amenaza del fascismo unió a los diversos colectivos sociales en torno a un liberalismo que unos intentaron domesticar y otros conservar aliándose con los obreros. Las cadenas de montajes habían logrado aumentar la productividad disminuyendo la necesidad de trabajadores en un 40 o 60%. Lo cual redujo los costes y supuso un aumento de salarios. En 1940 Henry Ford no reconoce a ningún sindicato para representar a los trabajadores en las negociaciones colectivas, lo que le supuso ser acusado ante la Corte Nacional. Sus trabajadores se declararon en huelga en 1941 con lo que consiguieron establecer un contrato tipo. Desde entonces se desarrolló con el modelo fordista la moderna economía industrial. Producción a gran escala con métodos tayloristas, con la división del trabajo llevado a sus últimas consecuencias, lo que Frederick Winslow Taylor consideró la administración científica del trabajo. Habría que decir que también administra a los trabajadores, que se convierten en objetos y engranajes de la maquinaría productiva. Después de la II Guerra Mundial, la necesidad de producir y recuperar las economías de todos los países europeos hizo que este método fuera asumido incondicionalmente por todos los sectores sociales y políticos. Se aumentaron los salarios y los créditos al consumo para dar salida a la oferta masiva de bienes. Más adelante, a partir de los años sesenta también a los servicios ofrecidos en masa, desde el turismo a los bares, que comienzan a funcionar a gran escala. El crecimiento económico deja de tener relación con el empleo. Deja de ser la fuerza del trabajo la que da lugar al crecimiento económico, sino que se fomenta éste desde las políticas financieras para colocar a los desempleados, lo cual es una revolución en el mundo laboral que pasa desapercibida porque se vive como una crisis, en lugar de analizar la nueva realidad como tal. Afectará al modelo de enseñanza. Los alumnos van a dejar de estudiar para aprender y ser cultos, sino que se enfoca la educación en enseñar para ser útiles y convertir el conocimiento en una herramienta de trabajo. Hoy vivimos el clímax de esta realidad que comenzó a finales de la década de los cuarenta y sesenta años después da nombre a la “sociedad del conocimiento”, aquella que instrumentaliza económicamente el saber. Modelo antagónico a una sociedad de cultura.

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A pesar de todos los cambios habidos la sociedad se obsesiona con el pleno empleo. Mientras no salga de este atolladero no podrá encontrar una respuesta satisfactoria a los problemas económico ni a los de tipo social. Después de 1945 el empleo fue tremendamente necesario al ser el trabajo el centro de la economía. Lógico después de la postguerra, pero dejó de serlo una vez que se salió de aquella circunstancia. Tal inercia hizo que mediante las premisas del keynesianismo se colocase a la sociedad en un estado de inflación permanente, conocida con el nombre de “inflación reptante”. Lo que nos parece normal en nuestros días es una novedad a lo largo de la historia del desarrollo económico si pensamos que entre 1749 y 1939 no sucede ninguna tendencia alcista de precios, tomando como referencia al respecto los datos estadísticos de EE.UU. La inflación es una consecuencia, posiblemente necesaria, para el desarrollo de la postguerra mundial. El problema es una vez que este se ha asentado y aparecen nuevos factores y maneras de incrementar el bienestar. Keynes trató de razonar sobre el automatismo del pensamiento económico y amortiguó sus consecuencias. Lo que fue insostenible a partir de los años 80, en España diez años después. Cuando el Estado dejó de controlar el dinero favoreció la inflación para evitar crisis sociales, para que el Sistema Monetario Internacional llevarse a cabo una política monetarista que despolitiza el dinero, en cuanto que no supedita la economía a criterios políticos o sociales que buscan a toda costa solucionar el problema del paro. Tal es el marco en el que se sitúa el neoliberalismo que, como vemos, procede de una larga y compleja historia. No responde al capricho de unos hombres que juegan con la sociedad a su antojo, ni de unos seres ávidos de Poder que quieren controlar la sociedad. Hay suficientes criterios racionales para que suceda la globalización que responde a criterios históricos y financieros previsibles. Ocurre que semejantes juicios y experiencias históricas son insuficientes pues se centran en unas circunstancias llevadas siempre por una mentalidad y unos intereses de lograr beneficios como fin supremo. El monetarismo cambió la tendencia inflacionista por desempleo. Entonces éste llegó a ser masivo en Europa. Para equilibrar ambas situaciones, se fueron erosionando los derechos laborales y se precarizó el mercado laboral, dando lugar a un mercado flotante y variable con las contrataciones temporales. Se pretende el poder de los individuos, pero cada uno de los ciudadanos y ciudadanas queda atrapado en la vorágine del mercado laboral. La globalización da juego a trasladar las crisis a masas de población alejadas del mundo rico, por lo que se notan menos. Cualquier política económica se desbarata si quiere buscar soluciones que pasen por el empleo. Sólo acertaran las que adapten sus teorías a poder partir de un mínimo nivel de supervivencia.

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El fenómeno productivo después de la II Guerra Mundial quedó modificado totalmente. Según Manuel Monereo aparecen nuevas formas de organización del trabajo, o más bien se asientan y generalizan los modelos que ya se ensayaron en EE.UU. y en algunas empresas europeas antes de la guerra. Se inicia la institucionalización del Nuevo Orden Internacional y las multinacionales adquieren la supremacía del desarrollo, no sólo económico, sino social y político. Se convierten en una especie de Estados privados sin fronteras, lo que va a impulsar la mundialización de la economía, que arrastrará al resto de actividades hacia un proceso global generalizado. Con la desaparición del patrón oro se elimina la unidad monetaria internacional, lo que prima las inversiones en dólares de las multinacionales de U.S.A. , favoreciéndose el diseño de una organización mundialista. El dólar se convierte en la moneda preponderante. La economía mundial, va a depender de EE.UU., pero más en concreto de los capitales privados que forman parte activa del Sistema Monetario Internacional. Durante la revolución francesa para fabricar dinero se emitieron “assignats”, de manera que el papel moneda representaba tierras que se habían confiscado a la iglesia y a la Corona. Se vio que era un valor demasiado variable y desconcertante. pero se creo dinero con una base material que lo avalase.

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Con el patrón oro el dinero circulante era equiparable al oro de la Reserva del Banco Central. Lo cual puso un límite a la posibilidad de emitir moneda. Se garantizaba la estabilidad de los precios, lo que hizo que la inflación fuera estable con vaivenes que siempre se ajustaban. Al terminar con esta medida del dinero los precios han subido constantemente en los años posteriores a la postguerra y se ha visto acelerada tal tendencia tras la postguerra fría. Se ha desatado al mismo tiempo una escalada inflacionistas sin que haya visos de poderla frenar, si no se establece, como hemos visto, una constante en el modelo económico. Lo que proponemos es que ésta no sea la vuelta al oro, que ya es irreversible pues la economía funciona con modelos variables de divisas y políticas monetarias flexibles y dirigidas por las autoridades monetarias. Sino que planteamos usar una constante en el proceso distributivo, no en la producción de dinero, que sería un límite ya innecesario y contraproducente para el desarrollo económico. Los Estados al llegar a una crisis de crecimiento económico y de estancamiento de los mercados decidieron tras 1.929 crear más dinero, para ampliar la distribución de riqueza. Abandonan el patrón oro provisionalmente, hasta hacerlo de manera definitiva a costa de una inflación galopante e imparable. Es lo que Keynes indicó como “grilletes de oro” al impedir la limitación de dinero que se expandiera la riqueza a las masas. El ajuste de esta política económica con los sectores más desfavorecidos se realiza mediante políticas sociales que llevan a un déficit a las instituciones públicas, que convierten su gestión en una fosa del sistema financiero, el cual debe ser abandonado como sistema. Se impone establecer una constante acertada. La que, entiendo, es la función de la Renta Básica. Prescindamos de cualquier connotación ideológica y analicemos teóricamente una solución desde un punto de vista técnico y veremos que la respuesta es establecer esta medida.

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La guerra del Vietnam costó a los Estados Unidos de América 500.000 millones de dólares, lo que hizo que disminuyesen las reservas de oro. Ante semejante situación el gobierno de Nixon instó a imprimir moneda sin respaldo de oro. Se vendieron Tesoros del Estado y el dólar quedó como moneda de reserva. La reserva mundial de los Bancos Centrales y Comerciales de todo el mundo se miden en dólares, de manera que desde entonces este país se constata como imperio económico que se hace dueño de la moneda en el mundo. En estas condiciones en 1.983, Ronald Reagan decide establecer en EEUU la Iniciativa de Defensa Estratégica, conocido popularmente como “guerra de las galaxias”, cuyo objetivo es proteger tal nación de un ataque nuclear. Supuso un coste anual de 3.800 millones de dólares. La deuda pública se disparó, pasando en ocho años de 700.000 millones de dólares a 2 billones. La ultraliberalización económica de aquel entonces convivió con unos gastos desmesurados en Defensa. Pero el agujero económico fue a parar en gran medida a empresas privadas, encargadas del proyecto y de su desarrollo. Supuso un avance en la tecnología punta, que se aplicaría también en la nueva economía. Ésta despuntó asociada al capital financiero. Situación que pretende repetir George Busch, desde el año 2.001. Su coartada económica es el desarrollo de la nueva economía basada en la biotecnología, sobre todo con la comercialización de patentes genéticas tanto para la salud humana, como para la agricultura o la fabricación de nuevos materiales. Tal desarrollo puede separar en dos partes la sociedad, la que dispone de medios para vivir y la que no. La renta Básica va a permitir evitar este descalabro que de mantenerse afecta y amenaza al progreso económico.

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Hasta el comienzo de la II Guerra Mundial, se produjo una inflación “represada”, contenida, mediante la economía de guerra. Es posible, según Röpke, porque los fascismos aumentan el poder de los Estados. Desde 1939 aumenta el dinero en circulación y disminuye la capacidad de comprar moneda. La inflación crónica va a ser un factor económico nuevo en la Historia. Finalizada la II Guerra Mundial entramos en una dimensión social, económica y humana muy diferente. Podemos hablar de una nueva civilización, aunque no hayamos tomado conciencia de nuestra situación por estar tan inmersos en el presentismo.

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Las cosas son cada vez más caras en los últimos cincuenta años y no hay remedio posible para modificar el proceso. Aumento de precios versus subida salarial lo que lleva a un aumento de precios y así hasta la globalización, que reduce los precios mediante la competencia y los salarios por condiciones obsoletas. Pero como la economía se apoya en productos de una economía secundaria bajan los precios de bienes tecnológicos, cada vez más accesibles al gran público, pero los bienes necesarios suben porque se produce un excedente de demanda total, frente a la oferta total que es promovida desde las instituciones económicas y políticas, para activar la maquinaria económica y poder ocupar a la mayor parte de la población. Cuando aparecen las nuevas tecnologías de automación y la cibernética este proceso se hace obsoleto. Se mantienen los comportamiento y conductas sociales, sin que se pueda seguir ocupando a la población ni mantener el puesto de trabajo estable. Continúa un plus de dinero que fluye al mercado y proviene en buena medida de la productividad financiera. Los Bancos Centrales ejercerán las políticas monetarias para controlar el flujo de dinero, pero las multinacionales mueven los capitales a su antojo desde los años ochenta y se ve la necesidad de unir criterios monetarios, con la consecuente creación del Banco Central Europeo. Con la subida o bajada de los tipos de interés se baja o se sube respectivamente el valor del dinero. Se trata de una nueva dimensión, en la que el trabajo ha dejado de ser un valor nuclear en la economía. Es una función necesaria pero ya nunca lo será en la proporción de la dinámica del capital. Con la Renta Básica se inicia una nueva etapa, que supondrá el fin de la postguerra, en cuya fase finiquita hemos entrado social y políticamente. Falta dar el paso desde el punto de vista económico.

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Hasta la II Guerra Mundial se desarrollaron las economías nacionales. Cuando llegaron al límite se produjo el enfrentamiento entre ellas. Para no repetir tal circunstancia, inevitable si no se hubiesen producido modificaciones cualitativas, se ha adecuado el marco social y político de los Estados al de un mercado común, mediante la globalización, que aún necesita de un ordenamiento jurídico e institucional. Pero sobre todo un ajuste de mentalidad y de acoplamiento con la realidad que sólo puede establecer la Renta Básica en los países desarrollados, por lo menos en la zona euro. La extensión de influencia dólar o yen precisarán una etapa intermedia para ajustar sus esquemas sociales y de conducta colectiva a esta medida, que llegará a ser inevitable y una meta a lograr en los países en vías de desarrollo.

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Otro cambio tras finalizar la II Guerra Mundial es el relevo de en centro de gravedad económica y política, que pasa de ser Gran Bretaña, y en gran medida Europa, a serlo EE.UU. que adquiere la preponderancia financiera en el mundo desde entonces. Este país obtendrá los beneficios de la economía de guerra, sin ningún perjuicio económico, al no suceder en su territorio ninguna batalla. Según datos de la Junta de Intercambio Comercial (Broad of Trade Returns) antes de la I Guerra Mundial EE.UU. fue una nación deudora. Pasó después a ser el país más acreedor del mundo. Acreedor imperfecto porque pagaba con los intereses de antiguos préstamos. El desarrollo de esta prosperidad le llevará a ser un buen acreedor, con una industria muy voluminosa. . Entre 1935 y 1937 las exportaciones aumentaron más de mil millones de dólares, haciéndose 1/3 más rica esta nación. En 1931 Gran Bretaña dejó de ser acreedora de las demás naciones. y en 1936 aumentó su déficit. Aumenta su deuda y bajan las exportaciones, por lo tanto también la producción. Debido a los gastos de guerra, Europa, aumenta su deuda de manera que hace necesaria una planificación económica. Se nacionalizó la banca y muchas industrias. El partido laborista británico implantó la nacionalización de las minas de carbón, las líneas nacionales de ferrocarriles y el Banco Inglés. Justo lo contrario de lo que sucederá en la década de los noventa que se privatiza hasta el servicio de correos de una manera generalizada.

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Observamos un fallo metodológico que abocó al desastre a los modelos totalitarios: seguir una evolución lineal. Este proceso hace que se desarrolle un parte de la sociedad y anula otra. En la práctica actual, de totalitarismo económico, vemos que se enriquece un sector social y otro se empobrece. En el caso de los modelos totalitarios para el desarrollo de una parte se elimina a la otra. Lo cual es el sentido de la guerra. Es un problema de método. El seguimiento lineal del progreso supone una pérdida del sentido de lo real, porque no integra la realización del conjunto, ya sea de la sociedad, de la Historia, de la economía o de lo que se trate. Metodológicamente podemos decir que se pierde el sentido dialéctico, lo que se suele entender en el lenguaje político como tolerancia e integración. Cuando esto sucede hay una fractura en la realidad, entre el pasado y el futuro, entre una clase y otra que sólo es posible resolver con una medida de fuerza. El nazismo propició una evolución lineal del industrialismo, de la economía productiva. No integró otros sectores económicos ni permitió un mercado internacional. Como todo totalitarismo anuló la parte contraria. Ejerció un orden férreo mediante la violencia, dentro y fuera de sus fronteras. El gobierno nazi sometió la conciencia individual a la colectiva. No pudo evolucionar, sino que se modelo sólo pudo estirarse hasta romperse, hasta que se queda sin “espacio vital” o sin fuerzas para conquistar más. Este es nuevamente el peligro de la nueva economía. De momento se ha salvado la necesidad de espacio vital, creando un espacio común, con una moneda común en Europa y un dólar cada vez más internacionalizado. Los mercados se desarrollan integrándose en el crecimiento económico. Aumenta el nivel de vida y la libertad con más capacidad democrática en general. Hasta aquí se avanza en bienestar, pero en un desequilibrio fruto de la falta de abordar la realidad en su totalidad. Se desintegra el progreso por la fractura que aparece en la separación entre ricos y pobres y países altamente desarrollados y el Tercer Mundo. El centro de gravedad de las propuestas neoliberales son el trabajo y los beneficios, pero las nuevas tecnologías y avances científicos, permiten garantizar la supervivencia de quienes quedan fuera de este tandem y también establecer en los países desarrollados un medio que permita la intervención social fusionada a la liberalización, o sea la Renta Básica. Lo cual va a permitir el desarrollo de lo real en su conjunto, el despegue del mundo pobre, la integración de los inmigrantes con una dosis de tensión mínima y un deterioro y desactivación de la economía delictiva. La Renta Básica supone introducir un elemento dialéctico, o si se quiere, en términos más coloquiales, el sentido común, sobre el que gira el siguiente paso de la evolución de la sociedad. Por lo que nuestra civilización económica está abocada a admitir este derecho como derecho fundamental.

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En 1945 el vasto país americano llegó a tener una producción armamentística tan voluminosa como el resto de todos los demás países juntos. Para fortalecer la economía capitalista y fomentar nuevos mercados EE.UU. puso en marcha un gran programa de ayuda económica a finales de 1947, el Plan Marshall10. El 85% de éste fue como donación y el resto un préstamo a largo plazo. El objetivo fue asentar un mercado mundial, aliado a los intereses del capital estadounidense. Europa había sido hasta entonces el principal mercado de la industria norteamericana. Lo más importante era evitar que cayera el consumo. Lo que tampoco podemos negar es un factor humanitario y de solidaridad para la reconstrucción del viejo continente. También se ofreció tal ayuda a la URSS, pero el partido comunista se negó. El resultado fueron dos economías y a la postre dos resultados muy diferentes. El de la prosperidad y el de un estado de precariedad y miseria. Desde entonces el desarrollo europeo irá ligado a los criterios marcados por U.S.A. Este país se apodera de las posiciones comerciales de Gran Bretaña y del resto de Europa. Por ejemplo, como dato concreto se sabe que Estados Unidos entregó 50 destructores a cambio de la concesión de las bases de las Antillas de parte de Reino Unido. También se exigió a este país que redujese en un 35% los exportaciones de América hispanoportuguesa, para aumentar ese porcentaje en EE.UU. En 1.948 , 16 de abril, se crea el organismo europeo de Cooperación Económica (OECE), siguiendo la idea que Truman expuso en Ottawa, 12 de Junio de 1.947: “Es preciso reanimar la producción y sanear la economía , a condición de que actúen los países europeos con espíritu de estrecha colaboración, aboliendo las absurdas barreras que los aíslan entre sí y con nosotros”. El desarrollo de Europa occidental fue espectacular. La diferencia entre las dos Alemanias abismal. La Guerra Fría propició que se invirtiera más en gastos militares que en industriales, pero en los países capitalistas supuso un endeudamiento mayor y beneficios privados que ayudaron a reactivar la economía. Cuando finalizó el Plan Marshall los países que se vieron acogidos a él llegaron a un nivel de producción con un 38% más de capacidad que antes de iniciarse la guerra. En definitiva se aplicó el viejo principio liberal, que antes de la contienda anunció Von Mises, quien desde 1940 se instaló en EE.UU., en cuanto que no hay que confiar en sermones ni monsergas moralizadoras sino crear una situación que excluya todo motivo de guerra: “hay que montar un mundo en el que las masas se hallen tan satisfechas que invariablemente rehuyan apelar al desesperado recurso belicoso”.

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El exceso de inversiones hará que disminuya el ahorro y, como se suele decir, la gente viva al día. Lo cual vivifica la economía, pero la introduce en una inercia peligrosa, tal como ha demostrado Buchanan. La falta de ahorro tras la II Guerra Mundial dio lugar a la inflación, contrariamente a lo que sucedió antes de la década de los cuarenta. Se produjo, sobre todo a finales de los años cincuenta, una lucha por dominar la dirección de la economía entre el capital productivo y el financiero. Surge un conflicto y una rivalidad económica que se manifiesta en la Bolsa, y al mismo tiempo entre Bolsas y monedas diferentes. Por tal motivo Europa se encaminaba a una crisis sin solución si mantenía cada país una moneda diferente. A medida que el capital productivo pierde protagonismo e influencia el paro no se generaliza, sino que sucede en determinados sectores, al tiempo que en otros falta mano de obra que debe ser importada. Lo que significará un nuevo foco de tensión. Pero va a permitir un flujo de población que sirve para distribuir una parte mínima de la riqueza territorialmente. En los años cincuenta la emigración de España a Alemania, Suiza y Francia, permitió la entrada de divisas y fue la salida laboral de casi tres millones de españoles. La década siguiente obligó a flujos migratorios de regiones menos industrializadas, como Extremadura y Andalucía, a Catalunya y Euskadi. Otro flujo muy importante para ocupar el crecimiento de una administración que se hace cada vez más compleja fue la bolsa de población que se instala en Madrid proveniente de las dos Castillas y de la región de León. Sucede todo a la vez que los habitantes del campo se van masivamente a las ciudades. A finales de los años noventa el proceso se invierte y España es receptora de miles de inmigrantes provenientes de Sudamérica y el Magreb. En Europa se intensifica con otras líneas de inmigración provenientes de Asia, kurdos y habitantes provenientes de los antiguos países del este. Todo esto proviene de una evolución lineal de la postguerra en la segunda mitad el s. XX. para integrar la realidad en su conjunto hace falta permitir el desarrollo de las zonas más empobrecidas, con medidas como la condonación de la deuda externa, inversiones en los países en vías de desarrollo, con derechos laborales universales, en lugar de aprovecharse de la situación endémica de poblaciones acuciadas por la miseria. Si no se produce este fenómeno dialéctico en la economía serán necesarias las fronteras, restringir más la llegada de inmigrantes y del otro lado será más necesario entrar al mundo rico. Lo que tal antagonismo se traducirá en violencia.

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El consumo y la producción dependen mutuamente una función de la otra. El mercado puede llevar al equilibrio entre ambos, pero la voracidad financiera hace que en la práctica no sea posible. Cada capital quiere su propio beneficio y rivaliza con los demás. La competencia ya no se juega en el mercado, sino en estrategias de Poder, mediante fusiones, maniobras bursátiles mediante Ofertas Públicas de Adquisición (OPA), y demás tácticas empresariales y financieras. Hay, entonces, que lograr un equilibrio previo para entrar en el mercado, tanto entre capitales, como entre el capital y la mano de obra y como entre la oferta masiva y los consumidores. Un equilibrio inicial que el mercado va a “desequilibrar”, por decirlo de esta manera. La Renta Básica actúa como muro de contención para reconducir la economía en general y al mercado en particular a su cauce, evitando que se desborde o que por contra se quede sin caudal, con medidas estatales. Sin encauzamiento se corre el grave peligro de inundar la sociedad en otro charco de sangre, pues la miseria, no sólo económica, sino moral da lugar a mentalidades y culturas brutas y violentas. Además la Renta Básica va a actuar sobre el flujo monetario y asentará el cambio al que deviene la sociedad, estableciendo un modelo de desarrollo con los límites reconocidos en la recomendación del desarrollo sostenible.

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Los Estados keynesianos funcionaron para salir de la crisis de 1929 y más desde la de la de 1945. Son situaciones especiales que justificaron un déficit grande. Fuera de esas fases de recuperación las deudas se hacen insostenibles. Pero ahora es preciso afrontar una crisis de sobreproducción y de sobreconsumo a la vez. El neoliberalismo busca el equilibrio guiado por las fuerzas del mercado, tras la quiebra económica en los esquemas basados en la intervención del Estado, que fue promotor del crecimiento, pero se le niega la función del reparto de tal, porque si se aplica para un reparto automáticamente se detiene el crecimiento económico y la creación de riqueza. Por otra parte nos encontramos inmersos en la fase final del orden monetario que surge de la conferencia de Bretton Woods, sin haber diseñado un nuevo sistema. Los resultados de aquellas reuniones formaron el sistema económico de la postguerra. Quedó desmantelado a partir de 1.971. Se diseñó para restringir la fuga de capitales con programas de bienestar que compensasen las desgracias de los combates y bombardeos indiscriminados sobre las ciudades. Funcionó durante cerca de 25 años y ha representado la “edad de oro del capitalismo moderno”. El crecimiento se ha logrado gracias a las inversiones estatales, que afectan a la producción y al comercio. Se ha invertido en infraestructuras, sobre todo a nivel de comunicaciones, para mejorar el sistema de transportes.

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Frente al control y regulación de las finanzas propugnado por Keynes, los monetaristas van a resolver avanzar, para salir del estancamiento y postración del intervencionismo, con medidas péndulo (pasar justo al otro extremo del keynesianismo). Se impone la liberalización sin restricciones y a la desregulación del empleo y los tránsitos de capital. Se liberalizan los mercados financieros y se potencian los tipos de cambio flotantes. El resultado es el incremento de capitales especulativos, pero que sirven para dinamizar la economía, pero disminuye el potencial del capital productivo.

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Asistimos a una evolución lineal, insisto, que empieza a verse desarticulada en su nacimiento. Su desconexión de la política hace que deje de tener pies ni cabeza, para convertirse en una nebulosa de incertidumbre, que funciona gracias al asentamiento de unas normas de convivencia y tolerancia internacionales, que forman parte de la mentalidad del pueblo europeo. La II Guerra Mundial hizo que la sociedad viera el aspecto más brutal del progreso, lo que causó nauseas existenciales a la mayor parte de seres humanos. Se elaboró un proyecto que caló en los pueblos con brotes de rechazos y dudas más por sentimentalismo que por razones practicas y no teóricas. Los responsables gubernamentales de EE.UU. , Gran Bretaña y URSS, se reunieron en la convención de Dumbarton Ooks, durante el otoño de 1.944, con el propósito de crear la Organización de las Naciones Unidas, cuyo objetivo es marcar las pautas que establezcan un criterio sólido para la seguridad internacional. Las relaciones se establecieran en la cooperación entre naciones. 51 Estados de todos los pueblos de la Tierra se reunieron en 1946 para fundar la ONU, símbolo de unidad mundial e interdependencia. Fue la primera vez en la Historia de la Humanidad en que Europa y en perspectiva el mundo entero se iba a unir a través de la Paz, sin buscar la unificación mediante la conquista y el empleo de la fuerza. Este es el gran valor de la economía, por encima de la política, pero ha sido esta función colectiva la que ha permitido el desarrollo económico y para mantenerlo no puede ser postergada y despreciada la función política.

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La ausencia de guerras entre los países desarrollados no impide tensiones y modos de actuar que intensifican la rivalidad, en una lucha por el control de los centros de poder financiero y de acaparar cada Estado y cada negocio un parcela en la que compiten desde los demás factores contra quienes puedan hacer sombra a los intereses respectivos de cada organización, en unos casos de tipo político y en otros económico. La Comisión de Libertades Públicas de la Eurocamara11, del Parlamento europeo, estudió a finales del s. XX un informe en el que se descubre que después de la II Guerra Mundial, en 1.947, la Agencia Central de Inteligencia de U.S.A. (CIA) con el apoyo de otros servicios gubernamentales puso en marcha un sistema de rastreo y escucha que permitió interceptar todas las comunicaciones telefónicas y telegráficas trasmitidas desde o hacia Europa. Se realizó con la colaboración secreta del gobierno británico, cuyo territorio fue el centro de control de este sistema de escuchas, cuyo nombre es “Echelon”. Las pruebas de esta trama son contundentes y se usó para controlar a las empresas europeas en beneficio de las norteamericanas.

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Para entender cuál es la dirección hacia donde cambia el mundo pasada la mitad del s. XX, debemos atender a las expectativas que se forjaron en ese momento de inflexión que fue la gran guerra. Cuando Wendell L. Willkie, candidato a la presidencia de U.S.A. cuando se presentó y ganó Franklin Roosvelt, éste le encargó que realizase un viaje por el mundo durante la II Guerra Mundial. Redactó sus conclusiones en el libro “Un mundo” (1943), del que ya hemos hecho alguna referencia. Critica el pacto de la Carta del Atlántico por considerar que es una falacia. Entiende que recrear la Europa occidental con sus antiguas divisiones de pequeñas naciones es pasado de moda y la causa de los millones de muertos en la guerra. Expuso con claridad meridiana como Hitler cautivó a millones de personas de toda Europa, no sólo de Alemania, y apoyaron su nuevo orden: “veían la esperanza de crear un área bastante grande para funcionar dentro de la moderna economía”. Wilkie, insiste una y otra vez en algo que luego se ha venido a realizar: “Países como unidades políticas NO. Como entidades económicas SÍ”. Enfoca la paz en un plano mundial y afirma que la libertad económica es tan importante como la política. No tuvo ningún tapujo en decir: “una de las libertades por las que luchamos es la libertad de comercio”. Entendió que vivimos en un mundo empequeñecido por el desarrollo de la industria y el transporte. De esta manera, ¡ya a mediados del s. XX! el nivel de vida baja si no se logra establecer un intercambio de mercancías en toda la tierra. Con el paso del tiempo se ha pasado del colonialismo político al económico, el “neocolonialismo económico”. Llegados al límite del mercado máximo, el mundial, hace falta un límite en el seno de la mentalidad consumista y derrochadora. Con el instrumento de una renta básica a modo de elemento que sostenga tal proceso de transformación histórica. Si no se contemplase esta dimensión, histórico dialéctica, no podremos comprender el sentido de lo que estamos manteniendo como teoría alternativa de la economía.

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Las tres décadas comprendidas entre el final de la II Guerra Mundial y la crisis del petróleo durante 1973, es un periodo de evolución del sistema capitalista. Se generaliza y masifica en todos los órdenes de la productividad el modelo taylorista-fordista. Las condiciones de vida de la sociedad mejoran a medida que aparecen tecnologías aplicadas a la vida cotidiana gracias a su comercialización en un mercado masivo. Despunta la sociedad de consumo. Las transformaciones financieras van a suceder a la par. Acontece la aparición de la informática, que va a provocar la tercera revolución industrial, que se convertirá en la revolución tecnológica a medida que se extiende tal fenómeno a los hogares y a la vida de todo el entramado comercial, industrial y universitario. Todo esto en su conjunto va a suponer que la sociedad del trabajo es abocada a una crisis sin parangón. No es que no haya trabajo, es que no hace falta, a pesar de las posibilidades del capital para invertir. Va a suceder una revolución cultural a partir de los años sesenta, con la aparición de nuevos valores, pero que no se han ajustado a la realidad económica, mas que de una manera muy somera. La reforma social apunta el sentido en el que evoluciona la sociedad. El obrero se convierte en una fuerza de consumo, que convierte la demandan no sólo en una operación de mercado, sino que adquiere la categoría de cultura de masas, de consumo: el consumismo. La intervención pública va a fomentar este proceso como incentivo a consecuencia de mantener el progreso económico, porque no se ha reconocido el eje del cambio social, que es la perdida de centralidad social del trabajo. Los conflictos sociales pierden virulencia y radicalidad. Se entra en una etapa de negociaciones sindicales, de integración de los cambios en el mismo proceso burocrático de la construcción institucional. Aparecen desde los años sesenta una nueva mentalidad, que emergió con toda su fuerza en la primavera de 1.968, el famoso mayo del 68, como referencia de aquella etapa. De él derivan los movimientos feministas, ecologistas, pacifistas y corrientes de reflexión sobre la antipsiquiatría, los análisis del papel de la sexualidad y el interior de la persona en los procesos colectivos. Se piensa en concepciones freudomarxistas. Y también van a desarrollarse procesos irracionales de comunas, sectas espiritualistas que recogen la nueva ola de cambios, como forma de control de una juventud desbocada por parte de líderes paranoicos, que con las nuevas técnicas de la psicología van a dominar a su prole. Los jóvenes de los años sesenta viven el momento y el impulso de la transformación en la mentalidad social. Reflexiones individuales entran en resonancia con un pensamiento colectivo que cambia de parámetros.

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Las puertas de la nueva economía se abren poco antes de finalizar la guerra. Cuando se intensificaron los combates aéreos contra Alemania se celebró la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas, del 1 al 22 de Julio de 1944, en Bretton Woods, U.S.A., cuya localidad dio nombre a tal cumbre económica. El objetivo fue lograr la estabilidad de la unidad monetaria y del crédito para conseguir un nuevo orden económico al finalizar la II Guerra Mundial. Casi con un año de antelación se había decantado el resultado de la contienda, que debido al fanatismo alemán prosiguió en un acto de destrucción sin precedente en la estrategia militar de continuar batalla tras batalla sin posibilidad de victoria. La obsesión de Hitler y del mando mayor alemán fue una esperanza mesiánica sobre la que se construyó el impulso de su ideario de la salvación de Alemania. Esperaban tener apunto un arma secreta, demoledora e invencible. Es en Alemania donde se iniciaron los primeros pasos para fabricar una bomba nuclear. Cuando las tropas rusas, el 22 de abril de 1.945 entran en las calles de Berlín, los jefes de las SS comentan con Hitler: “En cuanto pasen dos o tres días habrá una explosión, y la guerra habrá terminado con nuestra victoria”12. El 30 de abril Hitler se suicida en su búnker, en compañía de su esposa Eva Braun, con la que contrajo matrimonio el día anterior. Goebbels se suicidó al día siguiente junto con su mujer e hijos.

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Los generales alemanes supieron que la guerra estaba militarmente perdida, desde el mismo momento en que EE.UU. entra en la contienda contra el ejército del fhurer. Algo que sucede cuando las tropas alemanas comienzan su retirada, tras haber llegado a las puertas de Moscú. Lo curioso es que Estados Unidos no hubiese declarado la guerra con anterioridad. Lo que se explica desde la óptica de que los bandos no estaban claramente definidos, ni tampoco las intenciones, por lo menos de manera tan nítida y rimbombante como se ha contado una vez finalizó la guerra. De hecho otra causa de que se alargase la guerra fue la ilusión, mas que esperanza, de Hitler de lograr una maniobra política que diera un giro al desenlace final de la guerra y le diera la oportunidad de mantener su imperio fascista en pie. Evidentemente se trató de una posibilidad fruto del pensamiento mágico que le inspiraba, pero que estratégicamente era planteable, pero no posible a esas alturas de los acontecimientos. Hasta muy poco antes de la rendición alemana, el 2 de mayo de 1945, Karl Dönitz insistió en lograr la unión de los fascistas con EE.UU. y Gran Bretaña contra los comunistas. Posiblemente hubiera sido una opción con cierta realidad, tiempo atrás, de no ser porque en el último año de guerra, hasta el momento mismo en que se acabó, los nazis mantuvieron una campaña de eliminación sistemática de los judíos, que hacía inviable ya cualquier negociación con los grandes poderes financieros estadounidenses, por lo descabellada de sus actuaciones.

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Durante el último año de la contienda se intensificaron las matanzas masivas de judíos. Llegaron a tener un valor ritual para los nazis, que veían el fracaso de la guerra como una especie de karma, o de castigo por no cumplir su misión como raza dominante sobre las demás. Es esta mentalidad fanática la que nos hace entender el proceso de la guerra, y así aparece en los textos ideológicos y doctrinarios del nacionalsocialismo. Durante el último año de la guerra los nazis invirtieron el sentido de la matanza de judíos. El holocausto adquirió textualmente su esencia de “sacrifico en que se quema toda víctima, entre los israelitas”. Es decir, en un principio Hitler pretende conquistas territorios y ganar la guerra para lograr exterminar la raza judía, o mejor: semita. Pero cuando comienza el declive, pensemos que en “Mein Kampf” escribe: “el destino de mi lucha es cumplir la misión que el Supremo Creador le tiene reservada a la raza aria”, lo que hace es eliminar masivamente, mediante métodos de asesinatos colectivos, a los judíos para ganar la guerra, como si de un sacrificio ritual se tratase. Cuanto más perdido estaba más intensificaba semejante práctica. Se trata de una inversión de valoraciones prácticas que ocurre siempre en cualquier idea que se desarrolla desde el fanatismo, alejada de la realidad. Sólo que en este caso adquirió un protagonismo enorme en la Historia de la Humanidad. Sucede cuando un delirio se quiere realizar. Para su consecución se tiene que intervenir en la realidad y los objetivos se convierten en medios que prueban y dan fe del pensamiento irracional. Por regla general este tipo de pensamientos acaban interviniendo y desapareciendo violentamente. Y con más intensidad cuantos más medios se hallen dispuestos para su realización.

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Desde un punto de vista racional serían inauditas las tácticas pretendidas por los estrategas nazis, más cuando en su ideario arremetían contra el marxismo y la socialdemocracia, a la que vieron como una misma moneda con dos caras, dentro de la conspiración masónica. Sin embargo Hitler pactó con Stalin un tratado de paz y de reparto de territorio en Polonia. Tal maniobra no significa otra cosa que los modelos totalitarios se aliaron en tácticas absurdas, pero con un sentido para sus propias finalidades de Poder, que no fueron otra cosa que una pérdida del sentido de la realidad, al querer imponer sobre ésta un modelo “ideal”. Cuando ambas construcciones políticas y económicas han sido desmontadas es cuando la Historia vuelve a su cauce, que otra vez puede ser trastocado si no se actúa en consecuencia siguiendo una línea marcada por la evolución histórica.

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Cuando se han tenido acceso a documentos secretos sobre el funcionamiento interno del aparato comunista soviético, algunos historiadores han dado respuesta a muchos interrogantes, que sucedieron sin una lógica política aparente. Se ha podido saber como las torturas y asesinatos de la KGB respondió a un criterio de justicia revolucionaria, que se dictaba en petit comité, fuera del marco legal.

.Para Stephen Koch13, una de las figuras más importantes y poco conocidas de la red internacional del comunismo fue Willi Münzenberg, que organizó muchos grupos y orientó a muchos intelectuales occidentales para manejarles. Su método fue la desinformación sistemática, mediante todo tipo de medios de comunicación y libros que él mismo financió como editor. El caso más fragante de contradicción, por ambas partes, fue el pacto entre Hitler y Stalin. A todas luces inconcebible. En 1924 Hitler había escrito: “para los marxista la traición a la patria es como la carroña para las hienas”. En “Mi Lucha” trató tal posibilidad descartándola por cuanto Rusia no aportaría nada y una hipotética guerra contra todo el mundo con Rusia como aliada se desarrollaría en suelo alemán. Aparte de las cuestiones de infraestructura que despliega hacia Rusia, indica: “no debe olvidarse que el judío internacional, soberano absoluto de la Rusia de hoy, no ve en Alemania un aliado posible, sino un Estado predestinado a la misma suerte”. Y añade: “Alemania constituye para el bolchevismo el gran objetivo de su lucha”, por lo cual considera “una locura aliarse con un Estado que tiene por soberano el enemigo mortal de nuestro porvenir”. La alianza que en un principio deseó Hitler fue la de Alemania con Italia e Inglaterra, en lo que denominó la liga anglo-alemán-italiana.

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En la actualidad se sabe que la alianza entre nazis y comunistas fue táctica, en la que ambos bandos trataron de fortalecer sus posiciones. Stephen Koch tras analizar los documentos históricos del Kremlin ha comprobado que es algo que Stalin no improvisó: “se fraguó en secreto”. Y plenamente consciente del riesgo, incluso sabiendo que no se cumpliría. Para los comunistas el fascismo es “el rompehielos de la revolución”. Para sus militantes sería más fácil llegar al comunismo desde la lucha contra el fascismo que desde la socialdemocracia, en la que sus filas no lograron establecer un movimiento de masas. Para los nazis supuso un balón de oxígeno para conquistar el territorio de Occidente y luego hacer un paseo militar hacia el Este. La precipitación en este sentido fue una de las causas desde el punto de vista militar que llevó a la derrota al ejército nazi. Esta estrategia maquiavélica cien por cien en ambos bandos explica algo que los hitoriadores intuyeron , pero que no se pudo constatar hasta muchos años después de los acontecimientos. Los grupos antifascistas guiados por los servicios secretos soviéticos hicieron mucho ruido y propaganda contra el fascismo, pero poca lucha efectiva. El caso más señalado fue el de como Stalin jugó con España, para usarla como pieza de cambio en la negociación con Alemania y facilitar una dictadura contra la que luchar, dado que durante la república los comunistas no lograron sus objetivos de formar un partido de masas dominantes. Apoyó con infraestructura suficiente para lograr que Negrin pagase con el oro de las arcas del Estado y éste fue el objetivo fundamental de su ayuda, según se hace constar en la obra de Koch, avalada por diversos historiadores. Una de las luchas más siniestras fue la de los comunistas contra los milicianos anarquistas y brigadas libertarias, a las que eliminaron bien directamente, o mediante encerronas durante la guerra. Cuando se supone serían los aliados naturales frente al fascismo. Pero las tácticas soviéticas fueron por otros derroteros, desarrollándose mediante el complot y la coordinación de organismos secretos que instrumentalizaron la lucha de muchas personas de buena voluntad.

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A la vez que sucede la Conferencia de Bretton Woods, hubo una conspiración de oficiales alemanes para asesinar a Hitler, conocida como “la conspiración de julio”. Tuvo por objeto asesinar a Hitler. Se ejecutó el 20 de julio, con una bomba que llegó a estallar cerca de Hitler, pero que por un desvío casual de una acompañante suyo, sólo hirió levemente al fhürer. Un grupo de oficiales fueron sus ejecutores. El jefe de la conspiración secreta fue Friedrich Olbricht. La ejecutó el conde von Stanffenberg, de familia noble y católica, que trabajó en la sección de suministro del ejército alemán. A pesar de estar en contra de los nazis por sus ataques a la iglesia católica. Otros que participaron en la conspiración, que elaboraron varios intentos para atentar contra la cúpula del Estado fueron Ludwing Beck, antiguo jefe del Estado Mayor, Carl Görder, antiguo alcalde de Leipzig y el baron Hassell. La misma tarde del atentado fueron descubiertos y fusilados. Un mes después corrieron la misma suerte doscientos colaboradores. Dos altos mandos del ejército se suicidaron antes de ser descubiertos, von Bech y von Trasckon. Evidentemente actuaron en relación con las fuerzas aliadas, que trataron de acelerar el final de la guerra, lo que coincide en el tiempo con la cumbre que va a definir el “orden nuevo de la Europa liberada”.

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La conferencia de Bretton Woods va a definir un nuevo sistema monetario internacional, con el fin de lograr la estabilidad de los tipos de cambio entre las diversas monedas. Lo que funcionó hasta 1973 en que se derrumbó el modelo por las presiones especulativas ante la crisis de los precios del petróleo de 1973. Lo que derivó de un conflicto político entre las naciones árabes y el Estado de Israel. Hago notar esta situación nuclear en la política mundial que dura hasta los tiempos actuales por su influencia permanente en la economía, pues se establece el Estado judío justo después de la II Guerra Mundial.

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La última mitad del s. XX supone la mundialización de la política frente a los Estados nacionales. El triunfo de la economía sobre modelos políticos. En el capitalismo se desarrollaran políticas democráticas y en el comunismo formas totalitarias, amparadas en lo que denominaron “democracia orgánica”, pero en ambos casos el modelo político viene de la organización económica. Cuando en 1933 Hitler fue nombrado canciller los empresarios alemanes y europeos creyeron que le podrían controlar, pero el nazismo impuso un modelo de Poder político sobre el económico, como cualquier modelo dictatorial o fascista. Cuestión ésta que no podemos perder de vista para poder situar el contexto de la economía actual y ver donde encuadran las modificaciones sin que supongan una merma de libertad para los ciudadanos. Algo que olvidan muchos críticos del “sistema” sin analizar la historia que desemboca en el presente.

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A partir de los acuerdos de Bretton Woods el dólar se convirtió en la moneda que lideraría la economía mundial. La intervención de EE.UU. fue decisiva para resolver la guerra. El dólar se utilizó como alternativa al oro para corregir los desequilibrios monetarios internacionales. Cuando el 15 de Agosto de 1971 Richard Nixon suspendió la convertibilidad del dólar en oro los representantes de los diez países con las monedas más fuertes del mundo tuvieron que reunirse para revisar los fundamentos de la conferencia de Bretton Woods. Tuvo lugar en Diciembre de ese mismo año, en donde se llegó al conocido “acuerdo smithsoniano”, mediante el cual se decidió ampliar la banda de fluctuaciones de la moneda hasta un 2´5%. No se logró mantener el valor de la moneda constante, por lo que se tomó ya entonces la decisión, necesaria para hacer progresar al modelo financiero, de erigir una moneda única en Europa, que contaba con demasiadas monedas fuertes en un espacio económico muy reducido para el despliegue de los mercados y de las técnicas de producción que despegaban por entonces con todo su fuerza.

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El final de la guerra es la consumación de una etapa. Del 4 al 11 de febrero de 1.945 se celebró la Conferencia de Yalta, población ucraniana, en donde se reúnen Churchill, Roosevelt y Stalin. Coordinan la estrategia militar para el final de la guerra. Pero también el futuro de las relaciones internacionales. En la declaración de Yalta se específica: “es preciso destruir el militarismo alemán y el nazismo y asegurar que Alemania no pueda nunca más perturbar la paz mundial”. Es cuando se decide la división de Alemania, bajo la supervisión y control de organismos internacionales, con una participación importante de Francia. se establecen zonas de influencia para establecer una coexistencia pacífica entre las naciones, pero va a quedar perturbado por el establecimiento de dos modelos antagónicos, el capitalista y el comunista, enfrentados en la guerra fría, que trasformó la política internacional en una política de bloques. En Alemania se elevó un muro, “de la vergüenza”, que separó no sólo un territorio, sino dos sociedades, dos modelos económicos y políticos enfrentados entre sí. Hasta que se produjo la reunificación.

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Hay un estudio de Raya Dunayesvkaya sobre el desarrollo occidental después de la II Guerra Mundial. Por una parte los países del Este comenzaron de cero al negarse a recibir ayudas directas de EE.UU. Y por otro el dinero empleado para la recuperación de los países que sufrieron los efectos de la guerra en Europa se realizó de manera unilateral, a costa de la privación de inversiones en los países subdesarrollados, lo que originó el desequilibrio Norte-Sur, que en la actualidad se agudiza. Tales efectos vienen de un mapa de ayudas muy descompensador. El capital americano sirvió para la recomposición de los países afectados. Las revoluciones de las naciones africanas, una vez consiguieron su independencia, lograron un cambio político, pero no lograron el progreso económico necesario porque carecieron de capital suficiente para desarrollar sus economías. Se convirtieron en dependientes de los Estados más desarrollados y de las grandes multinacionales. De esta manera el adelanto socioeconómico se concentró exclusivamente en 1/3 de la humanidad. Semejante desajuste cuyos orígenes tan bien describe Raya, ya no se pueden solventar con inversiones, sino con un equilibrio de inversiones, tecnología y desarrollo democrático, sobre la centralidad del trabajo y la inversión pública. El neoliberalismo mundial en estos países puede tener efectos devastadores. Pero sólo será posible un progreso económico en los países subdesarrollados si en los que ya han tenido un crecimiento suficiente, pero que se convierte en casi indefinido se pasa de la centralidad del empleo en la economía a la Renta Básica. El objetivo será abrir el mercado laboral al Tercer Mundo, la industrialización autóctona y un desarrollo sostenido impulsado por el fomento de un nuevo mercado, que en ningún momento podrá ser indefinido si no queremos saturar la resistencia medioambiental del planeta. Para activar las inversiones en los países en vías de desarrollo se hace imprescindible un efecto compensador para los habitantes de las naciones ricas. Con la renta básica se traslada el crecimiento económico a los países en vías de desarrollo a la vez que se mantiene el nivel de vida de los países desarrollados.

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La falta de flujo de capital de inversión, explica Dunayesvkaya, hacia los países de tecnología subdesarrollada no fue por el retraso de falta de personal técnico y de infraestructura, sino por la falta de fondos públicos y privados, que bien hacen ver que necesitan una fuerte dosis de keynesianismo, para poder llegar a un modelo liberal sostenido en la Renta Básica cuando sus economías lleguen a los objetivos del bienestar como consecuencia del crecimiento económico necesario. Las grandes multinacionales orientaron sus intereses a las concentración de grandes beneficios, que encontró en el mercado europeo. Éste queda saturado y se abren otros, pero hace falta un elemento compensador que evite el devacle en las economías que funcionan solamente con el crecimiento, para frenar éste sin los desmanes del paro, la inflación y la precariedad laboral. Asuntos estos que son reconocidos, pero sin que se busque la respuesta que ofrece la realidad económica en su proceso evolutivo, la Renta Básica.

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Las bases de que existan países pobres junto a otros de gran derroche de medios es un traslado del colonialismo político a otro de carácter económico, que sucede después de la I Guerra Mundial. Según la ONU, entre 1954 y 1965 el crecimiento de producción agraria en África es del 1%, muy por debajo del crecimiento demográfico. Se catapulta la economía de los países pobres a los monocultivos para vender a bajo precio, pues detentan los derechos de producción los mismos que lo van a comprar, para el primer mundo. El resultado es una economía dependiente y controlada por empresas multinacionales, que van a orientar su actividad hacia los mercados internacionales, olvidando a los habitantes de los países productores de materias primas y cultivos masivos que orientan su oferta al consumo secundario de los países ricos, pero sin un precio ajustado en la demanda que resuelva el equilibrio de importaciones y exportaciones de los países menos desarrollados. De manera testimonial organizaciones como Intermón y otras de tipo solidario han establecido mercados alternativos bajo el lema “comercio justo” que vende los productos a su precio real, teniendo en cuenta las necesidades de las zonas del planeta más deprimidas. Evidentemente no son productos competitivos y su venta depende del grado de conciencia sobre el problema de la pobreza y la desigualdad y por un acto de solidaridad. El empobrecimiento del Tercer Mundo significa cuantiosos beneficios para los capitales que invierten en ellos, por cuanto van a disponer de mano de obra barata y terrenos baratos para sus negocios. Lo mismo que las materias primas. Sucede una espiral perversa que consiste en que mientras los países ricos compiten en obtención de beneficios, para enriquecerse cada vez más, los países pobres compiten en su pauperización, de manera que entre ellos la competitividad del liberalismo supone bajar los precios de consumo y de mano de obra. Tal fue el caso del precio del cacao en Ghana en 1965 que llegó a provocar una crisis que dio como resultado el hambre en grandes extensiones de su territorio. Así sucedió en 1.998 en Somalia con el cultivo del plátano y así sucesivamente en otros países. Algunos de los cuales en Sudamérica sólo ven su subsistencia en cultivos como la cocaína y en el Magreb la heroína. Tras la II Guerra Mundial, la década de 1955 a 1965 fue conocida como “la década del desaliento”, para los países pobres, al ser víctimas de una trayectoria económica que les abocaba al empobrecimiento paulatino. Las ayudas recibidas de occidente son testimoniales y para salvar pequeñas coyunturas, sin que se aborde el problema estructural de abolir la pobreza y lograr el desarrollo desde la infancia, con la educación y la sanidad cubiertas y un nivel de vida mínimamente digno. Evidentemente todo queda en un voluntarismo de buenas intenciones, ya que exige unos cambios drásticos en las economías de los países desarrollados. De ahí que la Renta Básica sea a su vez, no sólo una necesidad del sistema financiero, sino un aporte solidario al desarrollo global de la humanidad. Si bien hemos insistido ya en ello no es una medida que pueda generalizarse como una panacea, sino un instrumento económico fruto del progreso que permitirá a las poblaciones más pobres desarrollarse.

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Recuperados de la guerra, los países europeos, “el occidente cristiano”, como remarca Raya, jamás aportó más del 1% de su PNB a los países en vías de desarrollo. Las ayudas son insuficientes mientras se planteen como tales, y no se vea la necesidad de invertir como forma de decrecimiento económico global. Esta es la gran aportación que puede hacer el neoliberalismo para el desarrollo globalizado, o bien su negación lo que significaría el gran fracaso de la economía, cuyas consecuencias son imprevisibles en cuanto a oleadas de violencia. O bien la formación de instituciones totalitarias para cercar la riqueza y protegerla de amenazas externas, lo que afectará a la sociedad en su conjunto y que parece que es el camino al que nos vemos abocados por falta de reflexión y coraje político y, sobretodo, de la socialdemocracia que se ve arrastrada por intereses financieros a corto plazo e intereses de Poder electoral sin capacidad de transformación ni siquiera para concebir lo utópico como motor de cambios sociales en la realidad. Ya en 1964 lo explicó Simón Kuznets en su obra “Desarrollo económico de la postguerra”: “La aparición del violento régimen nazi en uno de los países de mayor desarrollo económico del mundo suscita grandes interrogantes acerca de la base institucional del crecimiento económico moderno, ya que puede dar lugar a barbaras deformaciones por dificultades pasajeras”, lo cual hemos visto desvía la evolución histórica a callejones sin salida que acaban en guerras y enfrentamientos estériles.

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Hasta la finalización de la II Guerra Mundial la Historia ha ejecutado su transcurrir mediante la violencia. Revoluciones, perpetuar el Poder, conflictos entre naciones o grupos étnicos o religiosos o facciones ideológicas han resuelto sus desacuerdo mediante el uso de la fuerza armada. La democracia había sido una forma política de entendimiento dentro de las naciones. Posteriormente al año 1945 el sistema democrático se convierte en una interrelación entre los Estados. El final de aquella guerra supuso el fin de la Historia como violencia. Las intervenciones armadas de las grandes potencias nunca se han anunciado como acciones de guerra sino como “intervenciones humanitarias”. Por supuesto que es una terminología hipócrita, pero el uso del lenguaje apunta a los criterios preferenciales de la opinión pública. La oposición en Europa y Estados Unidos contra la guerra del Vietnam ha dejado una huella imborrable.

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La guerra fría supuso un estado latente de enfrentamiento, una contención que desgastó la violencia por su exceso. La fuerza es el reducto de países tercermundistas o poblaciones fanáticas, pero ha dejado de ser el eje sobre el que se construye la Historia de los Estados. La caída del comunismo occidental se hizo sin derramamientos de sangre en general. Lo mismo el último eslabón para derrocar el gobierno de Milosevic en Yugoslavia. O la transición de la dictadura de Pinochet en Chile hacia una organización democrática. Checoslovaquia vivió la división de su Estado sin conflicto bélico. En la antigua Yugoslavia sí se produjo una guerra cruel y despiadada, que obligó a las fuerzas internacionales bajo el mando de la ONU a intervenir para evitar que llegase hasta el final la solución de la fuerza. El objetivo final de los serbios fue el exterminio de la población bosnia en su territorio. El ejército de la ONU tanto en Somalia, como en la intervención en la guerra de Yugoslavia y la de Irak ha introducido en su actuación un criterio político y negociador, de manera que en ambos casos se mantuvo el régimen contra el que se luchó para evitar incrementar los conflictos entre la población. Se han mantenido embargos para presionar a los gobiernos a que mantengan un criterio de tolerancia y democrático. No han sido intervenciones imperialistas las de las fuerzas armadas internacionales, para adueñarse de un territorio. Si han sido desproporcionadas y a veces guiadas por intereses estratégicos, pero nada que ver con el sentido de las guerras antaño.

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Sucede una nueva Historia de liberación mental, social, política y económica que no se está viendo en su valor intrínseco cuando se exageran las críticas o se proyectan mecanismos de reflexión del pasado. Todavía se mantiene un presupuesto para Defensa sobredimensionado y mantener el potencial bélico de los ejércitos es un peligro potencial. Pero estamos en los primeros pasos de un largo camino, el porvenir. En países como España se ha suprimido la obligatoriedad de hacer el servicio militar, lo que supone una disminución cualitativamente importante de la cultura militarista.

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Los conflictos sociales se resuelven en negociaciones o presiones sociales que movilizan la opinión pública. La intervención armada se ha reducido a una excepción. Enquistándose estas actuaciones en actos terroristas, que se perpetúan hasta la saciedad sin que haya una confrontación real. La vía de negociación se ha visto la más eficaz y útil por los diversos bandos en litigio. Lo que Fukuyama ha considerado el final de la Historia no es más que el final de una manera de hacer historia. No tanto por el vencimiento del modelo capitalista, sino por la evolución de éste y de la mentalidad social.

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Hacen falta medidas racionalizadoras del proceso que vivimos, que nos permita situar en la realidad que surge de la postguerra del cuarenta y cinco para iniciar una Historia sin fronteras y de desarrollo del individuo una vez que la sociedad ha llegado a un nivel de progreso con el que para continuar progresando los valores individuales han de fomentarse en conjunto a los colectivos. Este es el reto dentro del liberalismo, que en Europa se instaló a partir de los despidos de la industria del carbón en Gran Bretaña, entre 1982 y 1994, con Margaret Tatcher al frente. Tal proceso de reconversión hacia la organización desde el mercado fue la mayor conmoción en el mundo del empleo desde el final de la II Guerra Mundial, lo que sembró la desesperanza y ha dado lugar a reconversiones parecidas en otros lugares, pero que se han ido resolviendo con la dinamización de la economía. Podemos decir que estamos en la antesala del nuevo proceso histórico. Para entrar de lleno hará falta una serie de medidas que se van cumpliendo, como es la unión monetaria y económica de Europa para integrar la globalización en su mercado y en su cultura. También un modelo universal para el desarrollo político a través de la democracia parlamentaria. Para que todo esto llegue a los sujetos sociales, a los ciudadanos y ciudadanas, hace falta establecer una Renta Básica. De manera que ésta es una medida económica, política e histórica, sobre la que se va a construir la realidad del futuro. Veremos que será también una medida cultural que va a facilitar que se solidifique la nueva mentalidad, que pase de los valores abstractos de tolerancia y solidaridad a los mismos en la realidad concreta.

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  1. 1ABC , 6 – III – 2.000
  1. 2Grandes Biografías, “Winston Churchil”, del autor Piers Brendo. Edt. Planeta Agostini. Barcelona – 1.995
  1. 3Diccionario enciclopédico. Espasa Calpe – 1.933
  1. 4“El viejo Topo”. Nº 144, Octubre – 2.000
  1. 5“Obras completas”. José Janés editor. Barcelona – 1.951
  1. 6“La doctrina Secreta”. Tomo III – Antropgénesis . Edt. Kier. Buenos Aires 1.980
  1. 7La política de los papas en el siglo XX”. Tomo II. Edt. Yalde. Zaragoza – 1.994
  1. 8“La revolución del siglo XX”. Edt. Taurus. Barcelona – 2.000
  1. 9El País, 11 – XI – 2.000
  1. 10 Programa de reconstrucción europea promovido por el Secretario de Estado estadounidense, George Catlett Marshall. Fue galardonado en 1.953 con el Premio Nobel de la Paz.
  1. 11Diario de León, 28 – II – 2.000
  1. 12 ABC, 30 – IV – 1.995
  1. 13 “El Fin de la inocencia. Willi Mïnzenberg y la seducción de los intelectuales”. Edt. Tusquets editores. Colección andanzas biográficas. Barcelona – 1.997
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