Los Estados Nacionales versus mundialización

La organización política es un elemento esencial en la construcción de la realidad. Especialmente en los momentos de cambios, sobre los cuales se van a definir las diversas etapas de la Historia. El problema de las estructuras políticas que se forman es que se acaban convirtiendo en valores absolutos, en los que quedan enquistados modelos económicos y mentalidades que se convierten en un freno a la hora de establecer una transformación, necesaria ante los nuevos acontecimientos en los que influyen las nuevas tecnologías y el contexto en el que se desenvuelve una economía muy diferente. Tal es el momento en el que nos encontramos a la entrada del tercer milenio.

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Los Estados nacionales son el producto de unas circunstancias muy específicas, en los que se ha volcado un componente emocional (patriotismo) que evita la racionalidad de su evolución hacia otras formas de organización que poco a poco se van estableciendo, a pesar de las resistencias de muchos sectores de la sociedad. Al final, ante los inevitables acontecimientos de la evolución social, lo que queda es el precio que hay que pagar por los grandes cambios que exige la realidad. Un precio que se mide en guerras, muertes, retraso en la investigación científica, o al menos en su aplicación en la sociedad, y deformación de la misma condición humana (unas veces por brutalidad y otras por ambición, vanidad y demás). Un Estado nacional viene determinado por ser un conjunto de personas, instituciones, leyes y servicios que funcionan en una comunidad, cuyo territorio está limitado por fronteras. Resulta que tal demarcación se convierte en un lindero virtual y deja de funcionar, incluso de existir, ante unas comunicaciones que no se ven limitadas por un espacio físico y en el que las aduanas apenas cumplen una función mas que administrativa. Una de las causas de la caída del muro de Berlín es que dejó de existir, aunque estuviera levantado y vigilado. Las nuevas comunicaciones impiden la censura, la compra y venta de productos en la distancia y el poder funcionar sin el control estatal. Sólo la restricción del uso de las nuevas tecnologías permite mantener estructuras fronterizas sólidas, pero a costa del retraso social y económico que semejante situación conlleva. A finales de los años noventa parecía imposible desde el punto de vista político la reunificación de las dos Coreas. En un par de años se dan los primeros pasos, hasta el punto de que en las olimpiadas de Sidney, año 2000 presentan un equipo deportivo unificado. Las fronteras han perdido su sentido y su función. No ya como una idea de los cosmopolitas o románticos ciudadanos del mundo. Su función ha quedado obsoleta.

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Por otra parte el papel del Estado en la economía tiende a ser cada vez menor. No únicamente por las tesis liberales, sino por la propia dinámica de la economía. Su función de regular la convivencia precisa de una amplitud mayor a la de un territorio constrictivo a unas fronteras. La delincuencia internacional, los problemas de la contaminación, las reglas del mercado cada vez son problemas más internacionales. La solución a los conflictos cada vez implican a más Estados, por lo que se ha tenido que fomentar la creación de organismos internacionales de todo tipo, políticos, administrativos, de justicia, militares, etc.

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Me he dado cuenta, dialogando y debatiendo este tema con diversas personas apasionadas por este asunto, que el problema es tener una idea preconcebida al respecto y mucho más querer defenderla a costa de la evidencia. La realidad desplaza las ideas, porque éstas forman sólo una parte del proceso de lo real. Acaban siendo desplazadas y su mantenimiento las convierte en creencias emocionales o en ideologías que condicionan el ritmo de la evolución económica y social. Puedo indicar que para mí la mundialización no ha sido una idea que tuviera como punto de partida. Mas bien sentí un cierto rechazo a tal posibilidad. Al analizar la situación actual veo que es hacia donde se dirige el devenir de la Historia, sobre lo que se han creado demasiados perjuicios y leyendas irracionales que nos afectan a la hora de pensar.

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Después de la II Guerra Mundial se ha producido una confluencia de intereses que van abriendo un espacio europeo cada vez más consolidado. Empezó siendo un proyecto económico, en el lógico desarrollo el mercado que dio lugar a la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE) en relación al Plan Marshall, 1.947. En 1.951 se forma la Comunidad Económica de Carbón y Acero (CECA). En 1.952 se establece la Asamblea Común europea. En 1.957 la Comunidad Económica Europea, CEE1. Da paso al establecimiento de la Asociación Europea de Libre Comercio en 1.960. Diez años después se institucionalizó una política común de transporte. El Tratado de Roma, firmado en 1.967 unifica la CECA, la CEE y la Comunidad de Energía Atómica (Euratom) que es el primer paso de la Unión Europea. En 1.986 se firma el Acta Única Europea, que da pie al reconocimiento oficial del Parlamento europeo, en principio no vinculante, pera cada vez más presente en las políticas nacionales, por las medidas que se pueden tomar si no se cumple con sus designios, como pérdida de subvenciones o penalizaciones, o desplazar a la nación infractora en las negociaciones comunitarias. En 1.992 se establece el Tratado de la Unión, conocido también como Tratado de Maastricht. Al mismo tiempo se ha ido organizando una fuerza militar, que trasciende el ámbito nacional, la OTAN. Para el año 2.003 se prevé la consolidación de un ejército europeo para establecer la paz en el continente, en el que España participará con seis mil soldados. El siguiente paso ha sido un elemento de cohesión cuya dependencia obliga a la unidad política en el mismo sentido, para poder gobernar tal espacio continental: La creación en Europa occidental de una moneda única, el euro. Un paso que se consolida y dará lugar al siguiente. Recuerdo hace unos años las declaraciones del diputado leonés por Alianza Popular, Fernando Suárez de Tangil, ministro de Obras Públicas en el quinto gobierno de Franco, 1.951-1.957, cuando opinó que si las competencias de educación, sanidad, fomento y otras pasan a las comunidades autónomas y la defensa del territorio, así como las decisiones en política exterior y en materia monetaria pasan a ser una decisión conjunta con el resto de los países comunitarios ¿qué le queda al Estado español?. Su temor fue que en semejante inercia los Estados nacionales acabarían por desaparecer. Lo cual el paso del tiempo hace ver que va a ser inevitable, sin que aún nadie se atreva a plantearlo abierta y razonablemente. El arranque más tímido ha sido por parte del Ministro de asuntos exteriores, Fischer, que propone debatir sobre la posibilidad de crear una Federación de Estados europeos.

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Sucede a nivel comunitario un gran debate sobre la Carta Europea, pero no por su contenido, que no dejan de ser principios muy generales que todas las organizaciones democráticas respaldan, sino que las discrepancias aparecen cuando se discute sobre si deberá ser vinculante o no. En caso negativo que quede como un manifiesto comunitario que sirva de referencia para las diversas naciones que forman la comunidad europea. Para los socialistas europeos la Carta de los Derechos Fundamentales de la U.E. ha de vincular a los Estados miembros. El freno que subyace y nadie quiere reconocer es que su aprobación significa una preconstitución europea, lo que significa la creación, a medio plazo, del Estado europeo. El vicepresidente del Partido Socialista Europeo, Raimon Obiols, mantiene la postura de crear una Europa federal, con un Gobierno y Parlamento con competencias claras. De lo contrario fomenta la existencia de una burocracia excesiva e innecesaria.

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Dentro del contexto mundial se tiende a Estados continentales, cuya reglamentación y normas para lograra acuerdos necesitará de una institución que unifique criterios, establezca normas y defienda intereses comunes a nivel planetario, lo que a largo plazo supone la conformación de un Estado mundial. Algo que desde la II Guerra Mundial y quizás un poco antes se ha vendido planeando como posibilidad teórica, pero cada vez es más un hecho posible y necesario.

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Los grandes problemas que presentan acciones terroristas para imponer un criterio nacionalista tal vez deban solucionarse en este contexto o llevarán a una situación indeterminada e indefinida que se prolongue sin soluciones concretas. El futuro que habría que abordar es admitir el criterio de racionalidad en tanto la formación de un Estado europeo significa ceder soberanía a una institución más amplía y superior, en cuanto a capacidad organizativa y territorialidad. No podrá hacerse sobre la base de la permanencia de los Estados, pues serían Estados dentro de otro, lo que poco sentido tendrá en cuento a operatividad. Sí se podrá formar un Estado de Europa formado por las nacionalidades, que dibujarán un nuevo mapa. Éste es el gran debate que se está solapando. El problema vasco bascula en esta encrucijada, de manera que es lo único que permite entender qué ocurre con el bloque nacionalista, por un lado y por otro quienes están en contra de la violencia. Queda el Partido Nacionalista Vasco en medio de ambos frentes porque desde el lado del nacionalismo vasco se posiciona en contra de usar la lucha armada. Herri Batasuna y ETA sí. Sucede un anacronismo histórico, pues la violencia ha sido el álgebra con el que se han construido y formado los Estados nacionales, ha sido la pauta de la Historia Occidental hasta finalizar la II Guerra Mundial. La lucha armada se sitúa en una dimensión fuera del presente y sin capacidad de cristalizar sus objetivos en el futuro. Es un quiste en la vida política española, lo que no quita que sus objetivos se puedan llevar a cabo por los cauces de la nueva realidad.

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Quienes firman el pacto de Estella plantean lograr la autodeterminación. Ante la construcción del Estado Europeo el PNV no puede dejar esta aspiración. Pretende integrarse a Europa como nacionalidad vasca independiente del Estado español, lo que habrá de negociarse fríamente con el paso del tiempo, al compás de otros territorios históricos como Catalunya, Córcega, Escocia, etc. Los partidos estatales, cuyo fondo es el nacionalismo español, fuerzan una ruptura con tal pacto defendiendo el criterio de Ermua, que establece la defensa del Estatuto vasco y de la Constitución, para mantener la unidad nacional de España, incluso para la posterior integración en Europa. El PNV no puede prescindir del espacio político que da sentido a su fundamento y que le supone la futura hegemonía en el modelo de autodeterminación de Euskadi dentro del proyecto de integración en Europa. La estrategia de la izquierda aberzale es presionar mediante atentados a los demás nacionalistas, con el fin de hacerles depender de su táctica militar y ser ellos quienes dominen y guíen la construcción de la nación vasca. Tal es el sentido de una estrategia de acciones armadas y criminales. ¿La independencia va a resolver el problema de la violencia? En parte no, al estar asentada la lucha extremista en un planteamiento fanático, en donde no cabe la negociación, pero resuelta la autodeterminación la organización armada será un reducto del radicalismo que acabará por atrofiarse, como otros grupúsculos que defendieron la intervención violenta en el seno de la democracia, con justificaciones similares, pero sin el componente histórico del nacionalismo: GRAPO, FRAP. O en el otro extremo político grupos como Cristo Rey, Bases Autónomas, Batallón Vasco Español, etc. No es posible comprender la cuestión nacionalista vasca y otros temas fuera del contexto del modelo de Europa que se diseña para el futuro. La falta de información al respecto en la mayor parte de la sociedad provoca posturas emocionales que dejan de atender a razones para dar salida a un problema, reduciendo el problema a la práctica de la violencia y una respuesta social de protesta, la cual se prolonga sin sentido ni salida para la sociedad de Euskadi. La formación del estado europeo va a ser un conflicto muy grave, para el que la sociedad actual aún no está preparada. Habrá que dejar que pase una o dos generaciones. En realidad admitir un nuevo plano de espacios nacionales no supone nada dentro de un proceso económico de globalización. Es algo insignificante, pero se transforma en una tragedia porque se idolatran las banderas y los Estados. Conceptos abstractos que son, junto con la religión, se convierten en fuentes de guerras y conflictos armados por doquier. Etapa de la historia y mentalidad social que es preciso superar, debido a que tales estructuras políticas, culturales y sociales han dejado de tener importancia, aunque nos parezca lo contrario por una inercia a la hora de pensar sobre estas cuestiones. Max Horkeimer2 considera, ya en 1962, que el Estado significó un progreso en su formación actual durante el s. XVIII, pero mostró sus reversos en los siglos XIX y XX. Afirma este autor: “el concepto de nación se ha convertido en un ídolo”; “la nación ha iluminado el desarrollo de las grandes revoluciones y guerras y se ha adueñado de la Tierra”. La rivalidad entre las naciones se convirtió hasta el final de la II Guerra Mundial en el poder propulsor de la Historia. Esta realidad política delimita la globalización y la genera contradicciones, lo que ve a generar conflictos de intereses que afectan a la economía y al progreso social. Mientras se estanquen problemas históricos ya anacrónicos y las ideologías en que se amparan entren en descomposición va a ser muy difícil poder avanzar en la construcción de la realidad.

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El problema de la violencia en Euskadi se agrava en la medida que se evalúa la dimensión política del problema, pero no se atiende su dimensión histórica, que es en donde aparece el meollo de la disputa que plantean los nacionalistas vascos. Historia que data de la más antigua tradición de los pueblos, con una lengua única en sus orígenes. Va de la tradición de la fortaleza de Vitoriano, año 581, y que se organiza toda una sociedad por el derecho de Vasconia. Hasta tal punto estuvo arraigada su organización social y sistema de costumbres que cuando fue anexionada por la fuerza al reino de Castilla, Fernando el Católico juró respetar su soberanía y los fueros. Lo que así se mantuvo hasta el s. XIX. Tal nacionalidad no pagó tributos a ningún monarca y sus ciudadanos estuvieron exentos de ir a la guerra fuera de su territorio. En 1.839, tras finalizar la I Guerra Carlista, el gobierno liberal suprimió el poder legislativo vasco. Fue al final de la III Guerra Carlista que Cánovas del Castillo suprimió todos los fueros. Una Real Orden del día 6 de abril de 1876 dispuso que las provincias vascas enviaran a Madrid comisiones que estudiasen con el gobierno la modificación de los fueros. El 21 de Julio de 1876 se votó en las Cortés la ley que sometía al País Vasco el reclutamiento militar y la obligación de participar en los impuestos territoriales. Euskadi tuvo que contribuir a las cargas oficiales y a la defensa de la nación. De esta situación surge la organización de voluntades en pro de la identidad vasca que Sabino Arana, formado en el carlismo, materializará fundando durante el año 1894 el Partido Nacionalista Vasco, cuyo elemento esencial es lograr el Estado vasco independiente. En 1902 Arana va a crear la Liga de Vascos Españolistas, con el objetivo de lograr la autonomía dentro de España. Un año después falleció.

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Cánovas del Castillo, presidente conservador alternando sus mandatos con el liberal Mateo Práxedes Sagasta, fue tradicionalista y un gran impulsor de la monarquía de los Borbones en España, luchando por mantener un Poder monárquico con el tándem liberal-conservador, contra los republicanos por un lado y los carlistas por otro. Es importante destacar que su concepto de la nación hace que la conciba como una realidad independiente que es resultado de la Historia, nunca el resultado de la voluntad de un pueblo. Está por lo tanto sujeta a normas superiores, antes que a cualquier decisión particular. Es muy importante entender esta definición para ver que si el resultado de la historia lo determina la fuerza o si por el contrario se puede aunar la Historia y la decisión de un pueblo sobre su pertenencia a un Estado o a otro, a un modelo de autonomía o a una soberanía basada en la autodeterminación. Este es uno de los grandes debates políticos sobre los que se han de buscar las soluciones.

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Otro debate, que se solapan al conflicto armado en Euskadi, es comprender la naturaleza del problema, independientemente del clima de terror y asesinatos, que llevan a una visión emocional del asunto que sólo puede desembocar en un enfrentamiento civil en Euskal Herria. Un gran error es pretender buscar culpables, en cuanto que si la represión durante el franquismo, los “colonos” o los terroristas, pues tal visión no lleva a ninguna solución, más bien al revés, agrava el conflicto. ¿Acaso es más legítimo provocar siete mil muertes en una guerra abierta, como consecuencia de una escalada de enfrentamientos, que mil como resultado de una política de terror y de intimidación? A los familiares de las víctimas no hay nada en el mundo que les haga reparar el dolor de sus seres queridos. Tampoco una revancha que sembraría la violencia en futuras generaciones. Lo que hay que lograr es descubrir las dinámicas que funcionan en torno al problema de la violencia y actuar sobre ellas, para provocar otras dinámicas sociales, económicas, de organización social, territoriales, etc.

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Hace falta situar el problema del nacionalismo vasco unido a los demás temas y en el contexto histórico de la construcción de Europa. No basándonos en el pasado solamente, sino decidiendo sobre el futuro que se está construyendo. Si no hubiera un proyecto de unión europea, cuya base es la globalización económica, el conflicto entre el Estado español y la nacionalidad de Euskadi sería una lucha de equilibrios entre el ataque armado y la resistencia de un pueblo resignado a tal práctica, a no ser que actuase a partir de un momento determinado, como respuesta, por la fuerza abiertamente, justificando una acción militar ante la hartura del terrorismo, como ha hecho Rusia con la guerrilla y el pueblo Checheno. Pero la evolución de Europa va por los derroteros de la negociación y el replanteamiento de la estructura sociopolítica del viejo continente. Lo cual llevó a intervenir a las fuerzas de la OTAN en el conflicto yugoslavo, cuando las fuerzas Serbias trataron de mantener el Poder y el dominio territorial sobre Bosnia-Herzegovina. El compromiso negociador debe llevar forzosamente a permitir expresar la voluntad de los pueblos sobre una definición soberana de las nacionalidades. Sin resolver tal conflicto no se podrá perpetrar la unidad de Europa ni acabar con el uso de la fuerza para defender las ideas.

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El Partido Nacionalista Vasco tiene en sus orígenes una serie de valores que se van a perpetuar como mentalidad: rechazo al Estado liberal, integrismo católico y exaltación de la raza vasca. Durante la transición española va a moderar sus planteamientos para partir del Estado de las autonomías y poder lograr en una segunda fase el autogobierno y finalmente la soberanía. La mentalidad del nacionalismo vasco tiene su estructura en el carlismo, corriente política española que no fue sólo una cuestión de legitimidad dinástica, lo que fue anecdótico. Es el símbolo de un contenido mucho más amplio, en donde encontramos el foralismo como ordenamiento jurídico descentralizado frente al liberalismo uniformador. El entramado socioeconómico gira en esta estructura foral en torno al medio rural y el clericalismo. Sobre todo es antiliberal. Lo que va a dar forma a dos modelos de nacionalismos, el conservador y el marxista leninista. La teoría comunista ofrece una ideología y práxis, ya desfasada, que sirve de punto de apoyo para ejercer la violencia revolucionaria. El pensamiento antiliberal hizo que los carlistas apoyasen a Alemania durante la I Guerra Mundial. Durante la II República española se acercó al tradicionalismo y en 1.937 se fusionó, el carlismo, con los jonistas, de las Juntas de Ofensivas Nacional Sindicalista (JONS), y falangistas unidos por el mismo sentimiento antiliberal. Puede parecer una unión absurda, pero el antiliberalismo hizo que un reducto de los carlistas participaran en la fundación de Izquierda Unida en 1.986, junto con la secta llamada Partido Humanista, el Partido Comunista de España (PCE), la Federación Progresista de Ramón Tamames e Izquierda Repúblicana. Durante la guerra civil española las tropas carlistas (requetés) apoyaron la contienda del general Franco, que da un golpe de Estado contra la II República española por estar en contra del separatismo, entre otras causas.

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El ocaso del carlismo coincide con la aurora de la organización “Euskadi y Libertad” (ETA) que se formaliza en 1959. De la I a la IV Asamblea se declara revolucionaria, nacionalista y anticapitalista (lease antiliberal). Determina el camino de la lucha armada para conseguir la independencia de Esukadi. La V Asamblea, 1.967, aprueba su carácter marxista. Nueve años después se establece su método basado en el marxismo leninismo, con lo que sus militantes se convierten en polis-milis. Una nueva paradoja aparece: un modelo imperialista y antinacionalista como es el leninismo sirve para mantener unas bases dogmáticas antiliberales y aplicar la violencia a la causa del nacionalismo vasco. De tal época surge la corriente social bajo la denominación de Alternativa KAS de donde surge en 1978 el partido político Herri Batasuna. Tras diversas escisiones internas ETA militar quedará como organismo hegemónico en la lucha armada.

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Aunque pueda parecer una simple asociación de ideas, suceden más de una coincidencia entre el proceso histórico vasco y el proceso político de finales del s. XX, que gracias a suceder en un contexto totalmente diferente sus consecuencias nunca podrán ser las mismas. En 1.936 el país vasco logra su primer Estatuto de Autonomía, que quedó eliminado tras la guerra civil. Con el advenimiento del sistema democrático sucederá el segundo Estatuto autonómico, el Estatuto de Guernika, 1.979. Durante la II República los separatistas vascos se reunieron en Estella, Navarra, localidad que fue residencia de la corte de Carlos María Isidro de Borbón, durante la guerra carlista. Elaboraron su propio estatuto, que fue apoyado por los carlistas. Consecuencia de lo cual, cuando lograron que se reconociera, Jose Antonio Aguirre Lecole fue elegido primer lendakari. En el año 2000 el PNV firma un pacto , en la misma localidad, con Herri Batasuna, en favor de la autodeterminación, como vía de diálogo del nacionalismo vasco que busca sus objetivos por la vía democrática. Junto con los que mantienen la estrategia de la lucha armada. participó también, en el pacto de Estella, Izquierda Unida, que luego lo abandonó por convertirse en un foro cerrado para los nacionalistas y no condenar HB los actos de violencia de ETA y la kalebarroka. Por supuesto que no hay punto de comparación entre el desarrollo y fortaleza de la democracia española a comienzos del s. XXI y la del año 36. No hay una tensión virulenta entre la religión católica y los partidos de izquierdas, ni una lucha social crispada y con una sensibilidad a flor de piel. Es un problema que de estallar afectará a la sociedad vasca. Tal situación se puede desactivar si se logra comprender el problema histórico y el nuevo contexto de la construcción de Europa, la Europa de las naciones. El 26 de septiembre de 2000 los partidos nacionalistas del Estado español, que firmaron la declaración de Barcelona, han dado un paso más en este sentido, al presentar en el Congreso de los Diputados una proposición no de ley para que los Consejeros de las Comunidades Autónomas participen en las reuniones de Ministros de la UE.

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El nacionalismo, y por lo tanto la lucha armada en pro de sus objetivos también, es un problema estructural, además de serlo coyuntural. Es decir tiene una vertiente política y otra histórica. La acción policial ante el acto delictivo, como es el secuestro, el asesinato, es necesaria, pero no suficiente, porque el esparcimiento del nacionalismo radical y su formación asamblearia, hace que cuando se atrapa a un comando aparezcan varios más, que cuando se corta la cabeza de la organización, como una hidra, salen cinco más. Con manifestaciones de un lado y de otro, aireadas en los medios de comunicación, se azuza el enfrentamiento sin lograr un camino de superación del contencioso histórico. Por otra parte la violencia ha caído en una inercia que hace que se convierta en un fin en sí mismo, para retroalimentarse en discursos patrióticos y fuera de la realidad que perseveran para la supervivencia de una organización fanática e impotente para lograr objetivos políticos y realidades sociales, al no lanzar un proceso democrático dentro de la integración en Europa. No se trata de resolver un reto histórico por las bravas, ni de ceder ante la violencia, sino de reflexionar fuera de las prisas políticas y sin una carga emocional que busque venganza o sometimiento de una de las partes. Lo que se ha de pretender es ajustar una situación histórica al futuro, porque acontece un cambio de rumbo en la Historia que lo permite hacer. Se trata de hacer consciente este proceso, definirlo, debatir sobre él y pronunciarse con las armas de la democracia, que además del cumplimiento de la ley, es el referéndum. Lo que tampoco está exento de problemas, pero avanza en una línea de solucionar y no de engrandecer el problema. Recordemos las palabras que escribe Ludwing von Mises en 1927, desde su defensa del modelo liberal y contrario a los criterios nacionalistas per se: “El derecho a la autodeterminación, con respecto al problema de pertenencia a determinado Estado, para el liberal supone que todo territorio en honesto plebiscito se pronuncien por separarse de aquel Estado del que, a sazón, forma parte, bien sea para crear una entidad independiente o para unirse a otra nación, pueda hacerlo libremente. He aquí la única vía que efectivamente evita revoluciones, pugnas intestinas y guerras”3. Este es el sentido esencial de lo que Habermans denominó como “patriotismo constitucional”. Nada que ver con la instrumentalización que se hace de este término, para justificar la defensa a ultranza de un modelo nacional de un Estado constitucional, como si fuera un valor eterno, y no algo renovable, según el interés colectivo en un momento concreto expresado mediante un referéndum para definir la voluntad popular.

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Un factor a tener en cuenta es la mentalidad de la sociedad vasca, o al menos de una parte de ella. El antropólogo Julio Caro Baroja, desde su genuino enfoque histórico cultural, y tras estudiar al pueblo vasco en profundidad advierte: “En estos momentos de crispación sea más conveniente recordar cómo se forman las situaciones de mitomanía colectiva. Porque ésta puede hoy trasladarse de la esfera religiosa a la política…. Cuando los males no previstos atacan a una comunidad ésta busca a los culpables de modos mecánicos y esterotipados”4.

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La sociedad vasca tiene una serie de características diferenciales, que son hechos, datos. Se podrán interpretar de una manera o de otra, pero son rasgos que devienen de una historia particular de un pueblo y que a pesar de las relaciones con otros pueblos y culturas ha conservado. Algunas de tipo biológico, como el Rh característico de los vascos. No lo dice Arzallus, sino un científico como Isac Asimov5, profesor de bioquímica de la Universidad de Medicina de Boston: “Una repercusión particularmente interesante e insospechada de las primeras migraciones europeas se da en España. Se descubrió en un estudio sobre la distribución de la sangre Rh. En los EE.UU. el 85% de la población es Rh positivo y el 15% negativo. La misma proporción se mantiene en los pueblos europeos. Pero, como nota curiosa, los vascos constituyen una excepción, con un 60% de Rh negativo y un 40% positivo. Y los vascos son también singulares por su lengua, la cual no está relacionada lo más mínimo con cualquier otro idioma conocido”. Se trata de una singularidad a nivel mundial.

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Al mismo tiempo existe una mentalidad peculiar que forma, como no, parte del conflicto entre los nacionalistas vascos y el Estado español. No es visible, como los efectos de la violencia, pero es esa manera de ser la que hace de caldo de cultivo en el contencioso vasco-español. Esuskadi es una sociedad con aspectos tribales, en el mejor sentido de la palabra, y con afán de describir una conducta, no valorarla. Cuando hacen alguna celebración, los vascos, se juntan en un frontón y comen unidos en mesas que se colocan en filas unas detrás de otras. Forman una unidad compacta. Fomentan un sentido gregario de solidaridad. En las fiestas de Castilla, de León, Madrid y otros lugares de los que tengo también experiencia, las celebraciones colectivas une a la gente, pero se colocan en mesas separadas, en las que se encuentran las familias o amigos. Hay un encuentro común , pero no una fusión colectiva como sucede en la sociedad vasca, que lo siente muy profundamente.

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La mentalidad tribal supone un compromiso con los demás que forma parte de la individualidad de la persona. En las sociedades familiares se da sólo en el núcleo familiar y a medias, porque la unión incondicional convive con la rivalidad. Para la tribu lo de fuera es enemigo por definición. Se puede llegar a un acuerdo, pero hay un pacto histórico en el que se comparten costumbres, lengua y territorio. El mundo se percibe de una manera etnocéntrica. Con la evolución en la sociedad la mentalidad grupal se ha trasformado en conciencia de pueblo. Pero una conciencia colectiva. La afirmación de la personalidad no se define de manera individual, sino en conjunto con los suyos, los compañeros, los solidarios, los vascos. Da lugar a un nacionalismo específico que en una parte de su colectivo se expresa mediante la violencia. ¿Va a solucionarse ésta sin reconocer las peculiaridades que la impulsan? Los sectores radicales de esta concepción de vivir la Historia, su Historia, se organizan en asambleas, no en asociaciones estructuradas. La disciplina es más fuerte, pues hay un compromiso más hondo, un convenio de honor, no escrito. Una característica de los fueron vascos es que no se escribieron hasta tiempos muy modernos. Se trasmitieron de generación en generación de manera oral. La juventud se une en pandillas para vivir esa grupalidad que da una conducta unida con otros con quienes se identifican. Cuando se forman en una sociedad de mentalidad tribal, además de una unión física, se constata otra de tipo espiritual: un sentido, el cual lo ofrece la defensa del grupo.

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La lengua propia para la tribu no es sólo una forma de comunicación, sino de identidad. Supone la frontera invisible entre los que pertenecen al clan y los que no. Además forma parte de su Historia y de su ser, hasta el punto de estar dispuestos a matar y morir por sus señas de autenticidad. Es algo que hay que valorar. Porque surge espontáneamente, no es una violencia interesada que se organiza en torno a una idea, creencia o nación en la que está en juego el Poder de un pueblo sobre otro o el enriquecimiento sino que es más visceral. Por eso se traduce en un discurso irracional y hasta cierto punto fanático, ciego. Porque no quiere ver otros puntos de vista. La discusión es muy difícil en este ambiente. El resultado es o estas conmigo o estás contra mí. Exigen una toma de postura drástica en torno a su causa.

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Otra característica de la mentalidad que fomenta la lucha armada y se refuerza con ésta es la exaltación de los valores de la patria, la abnegación de los guerreros, soldados, gudaris o santos, los héroes. Algo común en todas las dictaduras y el fascismo, sean de índole nacional o comunista. Se produce un ánimo efervescente en relación a la lengua, las costumbres, el folklore. Pero tal hipérbole es una deformación interesada de la visión mítica del mundo, con el fin de aglutinar a una población en torno a un ideal común. El mito no es conocimiento, pues no es racional, pero, como indica Carl Gustav Jung: “expresa la vida mejor que la conciencia”. Habremos de decir que también la lucha, cuando se convierte en una forma de vida. El mito es una forma de explicar lo real, de manera subjetiva y sentirlo con tal apasionamiento que se trate de hacer objetivo.

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El mito de la patria vasca, además de su historia y territorialidad, adquiere realidad en la mentalidad de un pueblo, o de una parte de él. Carece de presente, pero arranca de un pasado y se proyecta al futuro a través de la lucha. Ésta es su presente, se convierte en una necesidad psicológica, luchar. Al quedar implicado tal enfrentamiento con el entorno de fuera a su vez se convierte, o pervierte, en una necesidad social para la construcción de Euskadi. Finalmente la fijación es tal que se entiende como una necesidad histórica. Los militantes del radicalismo vasco ponen en juego la vida, la suya y la de los demás. Al servicio de una misión colectiva, tribal y mítica.

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Junto al mito aparece el símbolo como imagen concreta de una idea abstracta. Mediante la intervención política y militar se realiza. Aunque los objetivos tarden en conseguirse un millón de años. No importa. Consiste en una misión trascendente. Morir y matar es un símbolo. No lo sienten como quienes no participamos de ese simbolismo. No condenan los atentados y hacen gala de ellos, porque son su ser. El símbolo adquiere vida en las banderas y el hondear de muchas supone el fortalecimiento del símbolo que a su vez da fuerza y ánimo a los que lo siguen. La bandera no deja de ser un trapo, pero para quien da un significado metafísico a una realidad simbólica tal percepción es un agravio y ofensa. Quitar la bandera enemiga y perpetuar la propia es una vivencia de cumplir con el deber de uno ante su pueblo-tribu. Experiencia diferente a la defensa de la bandera-Estado, que es una conducta organizada y profesional. A modo de descripción, sin entrar a valorar ni una ni otra. No querer ver esta situación es un peligro, porque activa mecanismos automáticos del Estado para reprimir el alma de un pueblo. Basta con que lo viva con empeño una minoría para hacerlo imparable de no ser que sean exterminados. Cuando cuatro militantes de ETA murieron al estallar un artefacto que manipulaban para atentar contra sus “enemigos” en abstracto, y que la muerte concreta en personas con nombre y apellidos, lo lógico sería advertir a los demás gudaris que tuvieran cuidado. Pero la reacción lógica no funciona, sino el esquema de lo legendario para trascender el hecho y llevarlo al pleno mítico que enerva el ánimo de sus compañeros: “merece la pena luchar aunque te explote la libertad en las manos”.

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La persecución del franquismo contra el euskera provocó un a ira contenida que acabó estallando y significó un rechazo hacia lo español, a España, con o sin democracia. Las medidas de presión refuerzan y dan vida a los mecanismos inconscientes que hacen que la lucha armada cada vez se cohesione más y la defensa de la paz se encolerice y refuercen las medidas persecutorias, ¿hasta cuándo? Algo que Xavier Arzallus comprueba cuando declara6: “Aznar deja en Euskadi la misma herencia que dejó Franco: más odio, más rabia y más ETA”.

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Los coches bomba, el tiro en la nuca, es la punta de un iceberg que hay que ver en su conjunto y abordar una acción que lo tenga en cuenta. La Historia de un pueblo es la autorrealización del inconsciente, para hacerlo visible. La mentalidad construye los problemas con los que nos enfrentamos. La visión de Estado español es el resultado de otra mentalidad al de la nacionalidad vasca. Hacer conscientes ambas es la única manera de que se vean y puedan afrontar sus respectivas metas sin la destrucción de una de las partes. Para Jung7: “nadie puede estar tan fuera de la humanidad como para que no le quede asignada una representación colectiva dominante. Su materialismo, su ateísmo, su intelectualismo, su comunismo (añadamos “su nacionalismo”) atestiguan que está poseído por una idea superior, aunque no sea consciente de ello”. Sucede que cuanto más se quiere anular una representación colectiva más se fortalece. Y viceversa, cuanto más se asume más se debilita y aparecen fenómenos sociales como la indiferencia, el pasotismo, el consumismo. La superación crítica de tales imágenes psicológicas es cuando se hacen conscientes dando lugar a fenómenos culturales y artísticos. El contenido del inconsciente colectivo es lo que Jung denomina Arquetipo, que impulsa las conductas sociales. Para este psicólogo ignorar este aspecto de la realidad humana y no hacerlo consciente fue una de las causas que fomentó el mito nazi y su realización en la Historia.

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La superación de los problemas en los que intervienen cuestiones irracionales, por terribles que sean, significa apartar del camino tales concepciones que parapetan a las partes enfrentadas, aún cuando sea una la que se dedica a golpear a la otra parte. Para resolver el conflicto entre Israel y Palestina se buscan cauces de negociación porque es necesario encontrar una salida a tantas familias rotas por los atentados terroristas fuera del clima de acabar con el enemigo en un conflicto armado interminable y destructivo. La lógica de la guerra exige que cuantas más muertes mejor, más fuerte es quien logra sus objetivos de debilitar al adversario. Por supuesto cada problema concreto no es comparable, pues cada uno responde a una historia diferente, pero sí en el hecho de ver la necesidad de actuar con una visión del contexto histórico y no el de los sucesos cotidianos que arrastran el conflicto a una sucesión de noticias escabrosas en los medios de comunicación. El cambio de la situación geoestratégica cambió el papel internacional del líder de la OLP desde 1968, Organización para la Liberación de Palestina, al pasar de ser el terrorista internacional más buscado, por sus atentados crueles e indiscriminados, a ser un hombre de Estado reconocido por la comunidad internacional, como Presidente de la Autoridad Nacional Palestina, desde 1994. Participa en las negociaciones para delimitar el Estado de Israel y lograr establecer el Estado de Palestina.

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El 11 de Noviembre de 1998, Radio Vaticano entrevistó a dos miembros de Herri Batasuna: Elena Beloki, dos años después acusada por el juez Garzón de formar parte del aparato internacional de ETA, y Loren Arkotxa. El locutor les comparó a ambos abertzales con los palestinos de la OLP. Salvando las distancias de cada problema en su particularidad y desenlace histórico, como el caso de Sinn Fein o Herri Batasuna, la disposición territorial es relativa a las circunstancias políticas, económicas y estratégicas, aunque se viven como criterios absolutos que llevan a la lucha armada hasta que se logra llevar por cauces razonables, por ambas partes del conflicto, lo que pone en tela de juicio la inamovilidad de los mapas nacionales.

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Un dato significativo es que la iglesia vasca ha logrado la independencia en el seno de la Iglesia. Las diferentes diócesis vascas actúan como una única provincia eclesiástica in pectore a las órdenes del obispo de Pamplona. Más de medio millar de sacerdotes afines al nacionalismo han contado con el visto bueno del Vaticano. Las tres diócesis vascas y la navarra, separadas, han mantenido una unión de hecho que ha sido bendecida por el Vaticano para que formen una unidad pastoral, a mediados del año 2.000. de manera que formen una provincia eclesiástica. Mantienen liturgias en común, cartas pastorales conjuntas y el uso del euskera en la liturgia. Esta última faceta la comparten con la diócesis del sur de Francia (Lapurdi, Zuberoa y Behenafarroa) cuya cabecera es Bayona.

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Sin embargo las nacionalidades son una articulación política y poco más. Se trata de una herramienta para la construcción de la Historia, que sirve en determinadas etapas y deja de servir en otras. No es algo consustancial a la sociedad y a la Historia, sino que es más bien un invento moderno para la organización de la sociedad. Hasta el punto de que el historiador Arnold J. Toynbee, comprueba como la Historia refleja el progreso de las civilizaciones, más que de naciones o entidades políticas. La importancia de éstas es una cuestión muy subjetiva y que se sobredimensiona cuando se carece de una visión global.

La construcción de Europa como Estado pasa por una política de cohesión que va a depender de medidas audaces, como establecer la Renta Básica y a su vez liberalizar el mercado para que pueda funcionar la economía dentro de una competencia mundial, dimensión ésta que ofrecen y necesitan las nuevas tecnologías. Como describe Rifkin, la empresa y la Nación-Estado son un invento parejo de la sociedad industrial. A medida que la empresa, como unidad económica, se ha convertido en multinacional, nuevo núcleo sobre el que se desarrolla la nueva economía, el Estado también se ha convertido en una organización multinacional, aún sin organizar.

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De la sociedad tribal se ha pasado a la sociedad organizada en principados y marquesados, los feudos, como unidad territorial. Entre medias se han dado retazos de Estados bajo la expansión de Estados Imperiales. Estos cobraban unos tributos y mantuvieron una administración compleja capaz de gestionar los territorios conquistados, pero el Estado no era una estructura que se asentase en la sociedad o que de la que los ciudadanos tuviesen conciencia de ser un Estado, sino más bien era el poder tribal máximo desarrollado en torno al Emperador, a quien estaban supeditadas todas las leyes y normas. Con el cristianismo, ante el desmembramiento de la sociedad imperial, se establece una organización feudal, cuya defensa se basa en la construcción de fortalezas y en pequeños ejércitos, muchas veces contratados, para resistir los ataques, pero siempre en un espacio muy local. Para Vicente Gay hasta los Estados nacionales en Europa no se conoció más vínculo que el municipalismo o la relación de vasallaje.

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Con los Reyes Católicos se emprendió la unidad territorial de España. Las políticas monárquicas, sobre la que se han construido las integraciones de territorios ha sido en parte debido a las acertadas o desafortunadas, según casos, políticas matrimoniales. La concepción divina del poder llevó a tal concepción de la construcción de la sociedad. Igual que hoy lo es la política monetaria, al ser la economía el centro de gravedad sobre el que se mueve la sociedad. El otro aspecto sobre el que se han construido los Estados-Nación es la guerra, el derecho de conquista por la fuerza. Precisamente su sentido es la defensa del territorio y de los ciudadanos de tal Estado que se rigen por unas mismas normas.

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Con Carlos V se inicia una nueva concepción de la organización social. Establece compañías de soldados profesionales, capaces de dar respuesta a poderes locales que no se supediten a la norma del rey. Los castillos pasan a disposición del Estado y la nobleza feudal recibe un sueldo fijo para convertirse en puestos de mando, que acabarán formando la estructura de los Estados. Aún así no logra establecer el Estado-nación, fue más bien un rey de reinos sin instituciones ni administraciones que los unificasen. En Castilla por aquel entonces los organismos municipales fueron centros administrativos y políticos que funcionaron como verdaderas repúblicas. La pérdida de tal poder fue lo que llevó a las sublevaciones de los Comuneros y las Germanías, aunque por diferentes causas inicialmente. Los seguidores del emperador consideraban al rey el representante de Dios en la Tierra, por lo que su figura fue muy ligada a la religión. De tal concepto parte la expresión de ser de “sangre azul”, que quiere decir que viene del cielo. Los súbditos de Carlos V tenían que arrodillarse ante su majestad para dirigirle la palabra. Su asociación intrínseca con la religión ha sido total. Los protestantes dejaron de ver la creencia como algo universal, y que había que expandir e imponer al resto del mundo, de manera que nacionalizaron la fe. Más adelante tal proceso va a convertir la nación en un concepto ideológico.

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Del Estado nacional se va a pasar a los Estados continentales, que se definen sobre zonas monetarias y comerciales. Lo que irá a desembocar a un Estado Mundial. El cual está previsto en los análisis de economistas y estrategas políticos. El problema para su aplicación es que la sociedad no está mentalizada para tal proceso. A la vez que hay un rechazo a esta situación por sectores que se rigen por una conciencia adoctrinada, sobre la base de una identidad nacional como organización en la que la religión se acopla. De hecho son muchas las sociedades esotéricas que sirven de soporte para idear nuevos modelos totalitarios y sectores dentro de las iglesias y religiones que ven en el plan de la mundialización un proceso apocalíptico, guiándose textualmente por citas bíblicas o de otros libros sagrados en los que se advierte de la venida del Anticristo, que traerá la paz al mundo para implantar un Nuevo Orden dictatorial. Algunos autores como el sacerdote Juan Antonio Cervera8 o el historiador Jean Lombard9 han definido el objetivo de la globalización como la “dictadura del dinero”. Advierten que la disociación de las políticas financieras van encaminadas hacia un mundo futuro económico, en contraposición al mundo político del Estado-nación, blanco éste al que hay que tirar para hacerlo desaparecer. Lo que es un proceso de la Historia lo achacan estos teóricos de la conspiración a una causalidad dirigida por el lobby sionsita que actúa mediante la conjura judeo masónica y comunista, ideología ésta que consideran un subproducto de tal intriga. Tal visión de la Historia se basa en la creencia de sectores muy asentados en las religiones católica, islámica y judía ortodoxa, así como escuelas de teosofía y ocultistas. Supone una obstrucción irracional al progreso material de la sociedad y a una mentalidad más abierta y racional.

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Busquemos la explicación racional para poder situar la realidad que se está construyendo, como proceso espontáneo y en el que intervienen muy diversos e incontrolados factores. Lo que es evidente es que hay una tendencia que trata de seguir los avances materiales y otros más sucedidos en cuestión de mentalidad en favor de nuevas formas de organizar la sociedad para ajustar la política a la economía y evitar la sinrazón de los enfrentamientos y las guerras.

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Los Estados nacionales hicieron emerger una mentalidad muy fuerte en relación a su construcción, basado en dar un sentido emocional a tal obra de ingeniería política. Crearon el patriotismo, como sentimiento colectivo y personal, por el que una gran parte de la población ha estado dispuesta a dar su vida y a matar por tal creencia emocional. El nacionalismo además se convirtió en una doctrina que plantea la solidaridad de raza y de historia. Debido a las nefastas consecuencias del nacional socialismo en Alemania y el nacionalismo japonés que dieron prioridad al concepto de raza ha evolucionado el nacionalismo en el sentido de dar primacía argumental al proceso histórico frente al racial. El nacionalismo actual se desarrolla sobre las bases de los derechos históricos de la territorialidad que defiende. Ocurre que la Historia va por otros derroteros, pero, ¡paradojas del destino!, al mismo tiempo da cobertura a sus tesis, en un marco continental, que tiende a la mundialización, pero que para su formación estable necesita potenciar sus partes en una identidad local, que permita el pluralismo dentro de la unidad de un Estado más amplio. Lo que sirvió de lema para la formación de los Estados Unidos de América es el mismo esquema que precisa la unión europea, “e pluribus unum”, uno hecho de muchos.

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El imperialismo, tal como enseña Vicente Gay10, es un impulso que funde valores culturales e intereses económicos. Consiste en una derivación del nacionalismo, al tratarse de una expansión nacional, expansión territorial y anexión de otras naciones, generalmente mediante el uso de la fuerza militar. Con la aparición del comunismo, como patria del proletariado, se dio un fenómeno expansionista basado en la ideología, el imperialismo comunista, que trató de contrarrestar el imperialismo capitalista o yanqui. Sin embargo la globalización de los mercados tiene otra naturaleza muy diferente.

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La expansión económica es un proceso espontáneo que se desencadena como una función de los mercados. La oferta y la demanda se universalizan. Para algunos analistas ven tal proceso una acción corrosiva que tiende a dominar a las naciones suplantando la cultura nacional por la del consumo, mentalidad “made in USA”. Es obvio que el Poder de Estados Unidos ha desarrollado una política imperialista apoyando militarmente a dictaduras en Sudamérica, Estados de África y de Oriente Medio con el fin de controlar fuentes de materias primas y dominar mercados cada vez más amplios. La intervención militar de EE.UU. ha desencadenado guerras que han reforzado a la larga el nacionalismo patriótico contra el imperialismo yanqui. Tal modelo de actuación ya no encaja con la formación de un futuro que sigue otros derroteros. El imperialismo americano proviene de la doctrina de Monroe, que se suscita cuando rompen con la idea de que Europa intervenga en los asuntos americanos. La política de bloques durante la guerra fría hizo que la iniciativa imperialista prosperase, frente a criterios universales. Para U.S.A. extender su modelos capitalista fue, antes que nada en la confrontación con la URSS, una cuestión estratégica. Tras el derrumbe del comunismo en Occidente cambia substancialmente el proceso, para llevar un planteamiento puramente económico. El imperialismo impone la ley de la nación que lo ejerce. El mundialismo plantea una ley universal a la que están comprometidos todos los que libremente acepten la integración, en igualdad de condiciones.

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El último proceso imperialista, como expansión nacional, se agotó tras los intentos de Alemania e Italia de conquistar a otras naciones por la fuerza. En un contexto en que se había formado un imperialismo económico, gracias a la fuerza de los ejércitos de los países desarrollados contra los del Tercer Mundo, mediante la política colonial. La independencia de las colonias llevó a la formación de nuevos Estados Nacionales brotando un ímpetu nacionalista en los países en vías de desarrollo que aún perdura y supone un freno para la globalización real de la economía. Podemos observar cómo el colonialismo fue una transición entre la universalización de la economía y el imperialismo de las naciones ricas. Tuvo un componente de las dos vertientes para justificar la expansión territorial, que quedó como un proceso con carácter propio. Mezcla de la doble situación aludida.

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El imperialismo es otra cosa distinta al mundialismo. La globalización, hemos indicado es un proceso económico, que se materializa por las nuevas tecnologías. La expansión política que lo acompaña no es la intervención del “Séptimo de caballería”, sino una política que implica a los pueblos a dirigir su futuro mediante la participación en los procesos electorales, es decir la democracia, que es el modelo que se extiende en paralelo a la globalización de los mercados. Por incompleta que sea, las corrupciones y e influencias que alteran y falsifican muchas veces tales procesos, pero es un paso incipiente que abre las puertas de un futuro más libre y más justo. El dominio militar permanece como una amenaza, cierto, pero no se emplea por sistema, y las últimas intervenciones, en la Guerra del Golfo, Somalia, Indonesia y Yugoslavia, ha sido dentro de una actuación conjunta a nivel internacional. Puede que deje mucho que desear, pero es un paso cualitativo que diferencia la dinámica de internacionalización de los conflictos al modelo del imperialismo. Todavía la sociedad mundial no ha tomado conciencia de este proceso innovador.

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La Unión Europea es fruto de acuerdos internacionales, cuyas reglas se negocian y las decisiones se toman con consensos o por el juego de mayorías y minorías de gobiernos que han sido elegidos por los ciudadanos correspondientes de cada Estado nacional. La economía impone unas condiciones, pero que han de ser debatidas. El impulso económico trampea mediante monopolios encubiertos, chantaje a los políticos ante necesidades que dependen de algunos emporios financieros, pero salvar tales circunstancias exige avanzar en la participación cada vez más internacionalista. El mercado único europeo llevó a la moneda única, el euro, y ésta a un Estado único.

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Las bases de una nueva organización social se vienen planteando desde hace mucho tiempo como idea utópica, pero tras la II Guerra Mundial se vio como una necesidad prioritaria en la conformación de un modelo de convivencia mundial. La nueva economía se impone por sí misma a la potencia mundial, EE.UU., y la mentalidad tecnológica también, lo mismo que al resto del mundo. Los Estados Unidos de América lo que hace es liderar este proceso que surge por contar con más medios materiales para ponerse a la cabeza de los grandes avances y comercializar los nuevos inventos. Pero es un fenómeno generalizado que afecta a Japón, Rusia, Europa y países en vías de desarrollo.

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La globalización no la crea EE.UU, aunque la impulse, es algo consustancial al progreso de la economía. La imposición de la potencia yanqui no es más que una apariencia, porque acompañan el proceso expansivo de su economía con una sintonía política que habrá de dar el paso decisivo cuando se establezcan unas bases de fortalecimiento de las relaciones internacionales. Es decir se trata de ajustar la política a la mundialización. Lo mismo que ha sucedido con las empresas, los medios de comunicación, el transporte, la industria del cine y la música, etc. ¿Se trata de un dictadura económica? Puede desembocar en tal situación, precisamente debido a que no hay un aparato político que tenga las mismas dimensiones en las que funciona el mercado y las finanzas, en un mundo trasnfronterizado. No obstante hay una práctica que supone un salto en la evolución histórica, como es que para participar en convenios internacionales se exige a los Estados estar legitimados mediante procesos democráticos. Lo que tiende a proyectar una idea de establecer a la larga una democracia universal. Encuentra la resistencia de fuerzas antidemocráticas que rigen sus opiniones por creencias cuya premisa como punto de partida es la de un principio rector por encima del hombre, a la hora de regir la sociedad.

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Frente al orden basado en una autoridad impuesta el nuevo orden democrático se define como la participación de la sociedad en las instituciones políticas a través de ejercer el derecho a votar. Algo incompleto y absolutamente prematuro, pero no deja de ser una semilla que acabará floreciendo en tiempos venideros. Para su consecución hacen falta medidas que democraticen la economía, en lo más elemental. Debemos entender que para superar la violencia como método de cambio es preciso asumir el evolucionismo histórico, de manera que seamos conscientes del desarrollo de la sociedad.

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El imperialismo se convierte en una necesidad nacional ante el aumento de presión demográfica. Por otra parte es un principio económico que sigue la idea de que un Estado gana lo que otro pierde. En la actualidad el mecanismo militar no funciona en tanto son las negociaciones comerciales las que logran establecer intercambios comerciales, cuyo elemento negociador son los excedentes y la necesidad de colocar las mercancías en nuevos espacios. Para lo cual ha dejado de ser necesaria la conquista de un territorio. Hubo a finales del s. XIX un auge de ideas imperialistas. Encontramos su razón de ser en las reflexiones del historiador y ensayista escocés, Thomas Carlyle, para quien: “las naciones fuertes no sólo tienen el derecho, sino el deber de dominar a los pueblos débiles”. Su influencia fue notable al ser sus escritos muy populares en su época. Fue conocido como “el sabio de Chelsea”. Rechazó con vehemencia las ideas democráticas, para hacer apología de la sociedad feudal.

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Desde 1.496 hasta el comienzo de la I Guerra Mundial hubo una media de 1 año de paz por cada 13 de guerra en el seno de Europa. Situación consustancial a las rivalidades nacionales e ideológicas. Tras la II Guerra Mundial Europa ha vivido el periodo más largo de su Historia sin guerras y con un desarrollo sin precedentes. Se entra en una nueva fase que se ha llegado a interpretar como el final de la Historia, por parte de Francis Fukuyama, cuando se trata más bien de un paso cualitativo hacia la construcción de la realidad social mediante la paz.

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Nunca faltaron intenciones, pero no hubo el elemento de cohesión que hiciera posible establecer como realidad un derecho internacional. Se han creado organismos que velan por su cumplimiento, como el Tribunal de la Haya. Tal derecho va quedando desfasado, como ha demostrado el caso sobre la posibilidad de juzgar a dictadores que han empleado la tortura y la muerte sistemática, como Augusto Pinochet. Para desarrollar tales procesos hace falta un derecho mundial, cuya ubicuidad corresponderá a un Estado en consecuencia a tal magnitud. La declaración Universal de los Derechos Humanos, es una proclama moral y ética mientras no haya un recipiente institucional que haga prevalecer tales principios. Son derechos sin leyes que les ampare ante la falta de un Estado que regule su obligado cumplimiento. El problema es la necesidad de respetar culturas y tradiciones que para tal requisito deberán evolucionar en cuanto a la condición de la mujer, el respeto a la libertad de expresión y de conciencia, etc. Sobre el derecho internacional la regla es violar tales acuerdos, hasta el punto de que el profesor de la Universidad de Utrecht, Hamaker dijo: “Os he enseñado derecho internacional. Después de la guerra de Transvaal os anuncio: “os he enseñado algo que no existe”.

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Ya en 1915 Vicente Gay reconoce que la economía Mundial, Welwirtschaft, se construye sobre el derecho económico internacional. Por una parte sucede la economía nacional. Por otra la mundial mediante contratos de los Estados. Pasado casi un siglo desde entonces las reglas y mecanismos de estas relaciones han sufrido grandes variaciones. Ya no hay contratos entre Estados, pues suceden transacciones sin fronteras que desarrollan la multinacionales. No es pues una función internacional (entre naciones), sino global, que hace del mundo un único mercado, prácticamente. Todavía quedan barreras continentales que van siendo barridas con los nuevos medios de informatización.

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El proceso político va íntimamente ligado al económico. El desarrollo de la oferta y la demanda global fue un paradigma con el que se encontró la sociedad tras acabar la II Guerra Mundial. Roosvelt, declaró en uno de sus discursos, 6 – III – 1947: “el sistema americano sólo puede sobrevivir en Estados Unidos si se convierte en un sistema mundial”. No se trató de una amenaza, ni una proclama imperialista, sino constató un hecho que en aquel entonces fue incipiente, pero inexorable. La economía productiva crecía a un ritmo muy superior a la demanda interna. Absorbía materia primas que necesitaba EE.UU.. Para abastecerse requirió de un mercado que proporcionase sin trabas tales mercancías. El crecimiento económico necesita expandirse, no como una infiltración económica, sino como una pauta que marca la naturaleza misma de la sociedad y el proceso productivo, que se ve potenciado por el consumo mundial. En tal sentido el senador estadounidense, James Paul Warburg, expuso ante el senado: “Tendremos un gobierno mundial, les guste o no. O bien por la fuerza o bien por aceptación”11. Se ha manipulado mucho esta frase, cuando no es sino la conclusión final de la necesidad de adaptar el orden político al económico que se instala por su propia manera de funcionar, sin que nadie lo rija especialmente como si se tratase de un plan teledirigido. En realidad parece una meta imposible y hasta una ruptura con el desarrollo de la humanidad, cuando no deja de ser un simple tránsito más en la evolución de la sociedad en general. El Informe de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, en su declaración anual sobre el trabajo en el mundo, sobre los años 1.997 y 1.998, concluye: “Con la mundialización de la economía y el progreso de la tecnología, el margen de las maniobras de los Estados ha menguado sensiblemente”.

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Da la sensación, ante la defensa incondicional de la patria, que los Estados nacionales han sido consustanciales a la sociedad, cuando no es sino una fase más del proceso de organización social. Evidentemente fue un avance, pero que con el tiempo se convierte en retroceso si no avanza. La patrona de Francia, la doncella de Orleans, Juana de Arco, participó en las guerras del s. XV. Con ella Carlos IV conquistó una franja del territorio que separaba a Borgoña del poder inglés. Borgoña fue un señorío feudal, que con Carlos VII formó parte del orden del Estado de Francia. Lo que permitió una reformar la legislación y la jurisprudencia, establecer un ejército permanente y una mejor administración altamente centraliazada, ofreciendo más y mejores servicios a los ciudadanos.

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La situación de la que salió la sociedad del s. XV puede quedar reflejada en el proceso de acusación a Juana de Arco por “relaxa y hereje” en 1.430, lo que fue el componente central de la mentalidad de la época. Se la consideró “miembro pútrido a la que se condena a la hoguera para no contaminar a los demás miembros de la Iglesia”12. La iglesia la entrega al poder secular para que cumpla con una sentencia moderada, quemarla en la hoguera. Años después tal sentencia fue revisada por el papado y anulada. Esto que hoy nos puede horrorizar, fue una época de la historia de la humanidad y que ha quedado atrás. Es de donde nacen los Estados nacionales. Por más que algunos anatemizadores del mundo moderno quieran poner en el mismo plano los sucesos violentos actuales con las barbaridades de antaño. Hoy siguen ocurriendo atrocidades, muchas veces son una excepción no la norma del nuevo ser de la Humanidad. Evidentemente hoy en día se cometen injusticias, pero lejos de conceptos divinos que disponían de la vida de las personas al antojo de los gobernantes que enardecían la sin razón de las masas.

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Durante los siglos XV y XVI el Estado fue centralizado en la figura del rey Absoluto. Los gobiernos practicaron una política económica nacional para fortalecer el Poder del Estado, amenazado muchas veces por la nobleza y el clero que vieron mermar su influencia y poderío al emerger una nueva clase social, la burguesía, que extendió el bienestar en la sociedad con la práctica del comercio. En Portugal Juan II, a finales del s. XV, reprimió la sublevación de la nobleza y el clero ejecutando a los jefes feudales, entre los que figuraba el duque de Braganza. A algunos les mató con sus propias manos.

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El origen de los Estados nacionales está plagado de violencia. La economía burguesa no podía mantener estructuras sociales feudales, que tuvieron que ser eliminadas. Aparece un Poder central que se hace con el control. Tal proceso fue expandido en toda Europa. Forma parte de la historia de cada nación. También en Rusia, donde los waregn, suecos, dominaron a los pueblos de Rusia del norte, hacia el s. IX, que vivieron tribalmente, sin orden ni gobierno y enfrentándose entre ellos en sangrientas peleas. Los pueblos meridionales fueron dominados por los wetsche, formándose zonas muy dispersas con una economía muy cerrada. A medida que la agricultura y la caza exigían fórmulas de comercialización se vio necesario establecer un poder unificado en aquella zona. En el s. XVI Ivan III establece una soberanía absoluta con la creación del Estado ruso. Elimina a los príncipes locales y lucha contra el poder de los boyardos.

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Los reyes se vieron poseídos por esa misión divina, que no es otra cosa que proyectar en una fuerza transcendente una necesidad material que había de resolverse. Y como tal se impuso, adaptándose a la mentalidad (religiosa) de la época. Pero sucedió sin tener elementos para hacer un análisis estratégico y racional. Algo que en la actualidad sí es posible. Lo que puede evitar el uso de la violencia, ante una fuerza devastadora que existe hoy con la aplicación de las tecnologías más avanzadas.

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Algunos países, debido a su expansión marítima, no sufrieron la unificación nacional hasta más adelante, como fue el caso de Italia en que Guiseppe Garibaldi logra en el s. XIX la unificación e independencia de Italia. Roma fue atacada por los franceses. Austria asediaba militarmente los Estados del norte. Garibaldi rompe con Mazzini, republicano, y se une al gobernante liberal, con el rey de Cerdeña, Víctor Manuel II. Conquistó Sicilia y Nápoles. En 1861 se funda el reino de Italia. Roma fue anexionada en 1870. Cuatro años antes lo fue Venecia concedida por Prusia al participar Italia en su favor contra Austria.

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Son algunos ejemplos con los que quiero indicar que las estructuras estatales-nacionales son relativamente modernas y un producto de condiciones socioecónomicas, que luego se elevó tal realidad a la categoría de ideología y de realidad absoluta. Nuevas condiciones exigen nuevas estructuras. Y todo lo que no se encamine a este proceso innovador es ir a remolque de la Historia, por mantener un retraso político frente a los avances de la tecnología.

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Tras la descolonización aparecieron los Estados nacionales en África. Con el desarrollo posterior también han visto la necesidad de unirse. Nasser quiso establecer un Estado panárabe, laico, para dejar el Islam con un papel cultural y religioso, pero no político. Logró unir Egipto y Siria en la República Árabe Unida, pero el proyecto fracasó. Desde entonces se ha logrado crear la Organización para la Unidad Africana (OUA), inspirada por Nurumah y Nasser. La carta fundacional se firmó en 1.963 en Addis Abeba. En 1945 se formó la Liga Árabe reunida por primera vez en el Cairo. En 1.950 aprobó un convenio de defensa colectiva, orientado a la lucha contra Israel. La división del mundo árabe favorece a los países occidentales, que imponen así sus condiciones y han financiado guerras entre diversos países, para disponer de petróleo más barato ante la necesidad de los Estados de financiar las guerras. El partido Baath, en Siria e Irak, quiso fundir el nacionalismo árabe y el socialismo para lograr el desarrollo industrial que les haga despegar de la dependencia de occidente. Una de las aspiraciones de Sadam Husein fue crear un Estado Árabe Unido que acabase con gobiernos feudales lacayos de Estados Unidos y dominados por las multinacionales dedicadas a la refinería del petróleo. En unas declaraciones recientes de Muammar el Gadhafi, agosto de 2000, dice: “África aspira a tener una divisa internacional, una fuerza militar continental y un Fondo Monetario africano”, lo que se encamina a una política continental, cuyo resultado final sería la formación de un Estado Africano. Por lo que de alguna manera es un paradigma político, que tiene mucho que ver con la realidad económica actual. (Algo que costó la invasión de su país, año 2012, para poderlo mantener bajo control.

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Para Arturo Chozas Bermúdez, inspector de Trabajo y Seguridad Social: “no existe, y no existirá en el futuro previsible, un mercado mundial totalmente abierto para el trabajo, la tecnología, los bienes y los servicios, mientras haya Estados Nacionales, (o asociaciones de Estados nacionales como la Unión Europea) mientras están para fomentar los intereses legítimos de sus ciudadanos y empresas de los territorios bajo su jurisdicción en la competencia global”. Opinión que cada vez se generaliza más en círculos especializados de expertos en economía. Miguel A. Fernández Ordoñez, ejecutivo del FMI de 1.88 a 1990, afirma13 : “es un tópico más, pero es cierto que la globalización de la economía va a exigir ir creando embriones de un Gobierno Mundial”. En otro sentido uno de los defensores del paneuropeísmo, el conde Candenhove, mantiene que la paz es un problema continental, no nacional. El francés Robert Schuman, considerado el “padre de Europa” y el belga Paul- Henri Spack, socialista, han enfocado sus esfuerzos políticos para lograr establecer una Constitución de envergadura continental. Lo que supone la consecución de haber logrado una infraestructura común para todos los países europeos. Se reconoce al rey checo, Jorge Podriebad, ser quien primero tuvo la idea de una Europa unida. Proyectó una federación europea. Quedó en una quimera porque no hubo una base material para asentar tal propuesta. La evolución de los acontecimientos históricos se acercan a métodos que se iniciaron de manera incipiente en el s. XV, cuando se admitió, aunque no se cumpliera, solucionar los problemas por vía diplomática. Un siglo después, los Estados dispusieron de embajadores para desarrollar la vida internacional de acuerdo a normas. Llegar al Estado europeo no será más que la consecución de un proceso lógico, como resultado de la evolución en la Historia de la Humanidad. A su vez, al llevarse a cabo de común acuerdo, será una evolución de la misma Historia.

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A finales del s. XVII la gran revolución de la razón, desarrollada por Immanuel Kant le llevará a la conclusión sobre la necesidad de hacer una Federación de Paz, que no recabe ningún poder del Estado nacional. De otra forma los tratados de paz son falsos y convierten los periodos de paz en armisticios. El objetivo que persigue este filósofo de la ciudad actualmente llamada Kaliningrado, es “la paz perpetua”, que da título a su obra14. Para tal consecución idea un Estado de Derecho Público Universal, que dé lugar a una Constitución cosmopolita y un derecho de ciudadanía mundial. Entiende que debe desaparecer cualquier atisbo de lo divino en los fenómenos del mundo para llegar a acuerdos sobre la base de la razón. De otra manera es imposible, pues una irracionalidad se enfrenta a otra. Cada cual puede vivir su irracionalidad como quiera, pero no llevarla al terreno de la convivencia social. Lo que presentó como un “dulce sueño de paz” la actual transición hacia concepciones más científicas, más razonables y tolerantes de la realidad hacen que se pueda materializar. Si bien hará falta un esfuerzo de quienes tomen conciencia de esta paso tan importante para la Humanidad. Sobre todo la nueva concepción de la Paz es que no es un fin, sino que además es un medio para desarrollar las relaciones humanas y el medio de resolución, pacífica y razonables, de los enfrentamientos. Sólo de esta manera es posible concebir y aplicar la máxima universal de la ética: el ser humano es un fin en sí mismo y nunca un medio para otros seres humanos o fines. A nivel práctico cualquier derecho universal que parta de los derechos humanos requiere un tribunal global que lo aplique y éste de un Estado mundial que lo ampare. Precisamente en la ecología encontramos el paradigma de la globalización del derecho, ¿cómo si no se podrá abordar el problema del ozono o del efecto invernadero, que se convierten en una amenaza letal para toda la humanidad?.

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El orden mundial lleva más de medio siglo fraguándose. En un sentido de necesidad. Lo que fueron propuestas internacionalistas se han convertido en globalización fruto de una realidad mundializada por la tecnología, aspecto en el que insisto pues define nuestro mundo y por lo tanto también su transcurso. El candidato republicano, en las elecciones en que Roosevelt salió reelegido como presidente de EE.UU, tuvo encomendada la misión de viajar por los países que luchaban contra el fascismo bajo el dominio común de las Naciones Unidas durante la II Guerra Mundial, para elaborar un informe que permitiera rehacer la política exterior cuando terminase la contienda militar. Escribió con aquella experiencia un libro en el que insiste en la idea de un mundo común15: “No sólo el mundo se ha vuelto pequeño en el mapa, sino que se ha vuelto pequeño en la mente de los hombres”. Willhie, da una gran importancia a la industria cinematográfica, pues gracias a ella, la imagen del americano para el resto del mundo es la de gente que mueve las ideas y los productos: “Nuestras películas han jugado un papel muy importante. Se proyectan en todo el mundo. En todas partes pueden ver el aspecto que tenemos, oír nuestras voces. Se interesan por nuestras estrellas cinematográficas”. La obra de este político y ensayista tuvo una gran influencia en la sociedad estadounidense. Fue el libro más vendido finalizada la contienda mundial. Su autor hace un llamamiento a la sociedad en general a dedicar los esfuerzos políticos y educativos en unificar los pueblos de la tierra en su base de justicia y libertad. Impresionado por las consecuencias de la acción militar vista de primera mano se da cuenta de que algo muy importante a tener todavía hoy en cuenta: “no podemos dejarnos arrastrar por argucias del Viejo Mundo: bloques religiosos, nacionales o raciales”. ¿Cuál hubiera sido su sorpresa de no morir en 1944, y comprobar que el resultado sería el establecimiento de dos bloques de carácter ideológico, que dividió al mundo durante más de cuatro décadas?.

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Su análisis merece la pena ser tenido en cuenta y rescatar sus teorías, como una visión que va a determinar el futuro de la política internacional: “Hemos de enfocar la paz en un plano mundial. El mundo ha de ser libre económica y políticamente”. Rehusa las doctrinas del imperialismo, a las que achaca ser causa de la Gran Guerra. Precisamente porque Alemania y Japón, dos potencias nacionalistas, pretendieron dominar el mundo. Propone una base de convivencia que tenga cimientos: “el internacionalismo político sin internacionalismo económico es una casa levantada sobre arena. No existe nación alguna que pueda alcanzar por sí su pleno desarrollo”. Lo mismo sucede a la inversa: sin internacionalismo político la globalización es una casa sobre arena.

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El candidato republicano Wendell Willhie, escribe un texto muy significativo en el asunto que estamos tratando: “La declaración de Stalin y la Carta del Atlántico (pacto presentado por Churchill y Roosevelt) me parecen tener una falacia común. Prevén la recreación de la Europa Occidental en sus antiguas divisiones de pequeñas naciones, cada una con su individualidad política, económica y con soberanía militar. Fue este sistema pasado de moda lo que hizo que hubiese millones de almas en Europa que se dejaran cautivar por el nuevo orden propuesto por Hitler. Porque aun en la tiranía de Hitler veían por lo menos la esperanza de que se creara un área bastante grande para que pudiese funcionar dentro de ella la moderna economía del mundo. Han debido darse cuenta, con una experiencia cruenta, de que las zonas restringidas de comercio, impuestas por altas murallas de una multitud de nacionalismos individuales, con las consiguientes manipulaciones de los poderes políticos, harían inevitable la guerra y el empobrecimiento”. Propone para la estabilidad y la seguridad económica del mundo crear entidades económicas y militares supranacionales. Porque, explica, los pueblos han de tener a su alcance lo que producen otros pueblos: “no habrá paz, ni desarrollo si no se derrumban las barreras que entorpecen el fluir de las mercancías”. Argumenta que el factor más decisivo del progreso americano frente a Europa fue que dispone de un territorio más vasto, el más grande del mundo sin barreras para el intercambio de ideas y de productos. Advierte, lo que es una conclusión lógica de su estudio económico y de la situación (no una maquinación maquiavélica), que en un mundo empequeñecido gracias al desarrollo industrial y el transporte ( y que las nuevas tecnologías han unificado, hay que añadir hoy en día) el actual nivel de vida americano no podrá mantenerse si el intercambio de mercancías no se hace con más libertad en toda la tierra. En este proceso nos encontramos medio siglo después, sin ser capaces de caminar con decisión porque falta un punto de apoyo, que está a nuestro lado y no somos capaces siquiera de imaginarlo colectivamente: la Renta Básica.

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Sucede una curiosa situación que sirve para poder llegar a un equilibrio en el desarrollo histórico de los pueblos. La unificación de los Estados significa una fuerza centrífuga, expansiva, cuyo contrapeso es el incremento de la intensidad de una fuerza centrípeta, constrictiva: el nacionalismo. De no saber conjugar ambas situaciones se corre el peligro de romper un proceso que forma los fundamentos de una nueva realidad política. Cuanto más grande sea la centralidad, más fuerza adquiere la dispersión, pero puede suceder de manera creativa con una conformación cualitativa que lo hace posible y necesario. El Estado de la Unión Europea requiere para su estabilidad ofrecer un gran pluralismo, hacer real el lema de “la unidad en la diversidad” y lo que fue la idea motriz de Los Verdes: “pensar globalmente, actuar localmente”. Las nacionalidades históricas, las que se definen sobre la base de una Historia territorial que demarca su espacio y una lengua propia, emergerán con toda su plenitud en el marco de un Estado europeo, por paradójico que pueda parecer en un principio. A cambio, los Estados nacionales quedarán como una etapa más de la Historia de los pueblos. Entender esto de manera racional podrá evitar muchos conflictos y el derramamiento de sangre.

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Valery Giscard d´Esteing fue presidente de Francia, 1974-1981, representando a la política conservadora. Había sido Ministro de Economía y Finanzas durante el gobierno presidido por Georges Pompidou y en 1989 elegido como cabeza de lista parlamentario europeo. Su vocación europeísta la explica en su obra “Démocratie Francaise16: “Nuestra sociedad sólo se reconciliará completamente consigo misma cuando hayan borrado las antiguas divisiones”. Su experiencia en el mundo de la economía le lleva a un planteamiento en consecuencia para la política: “Los grandes problemas que interesan al desarrollo económico y de seguridad mundial no pueden buscarse dentro de un marco exclusivamente nacional, ni siquiera regional, sino que interesa progresivamente a toda la comunidad mundial”. Entiende que la sociedad de libertades será una sociedad evolucionada, que supere la violencia y la ignorancia, sustituyendo una pauta mecánica por otra más cerebral, para lograr un proyecto que pueda realizar en libertad y en la justicia, en el respeto a la diversidad y en su larga marcha hacia la unidad: “Nuestra mente aceptará un día, como realidad simple, la diversidad y la unidad de la sociedad de libertades. He aquí Europa, que se unirá, y donde Francia no debe ser dominada. Y he aquí Francia, venida de tan lejos, la Francia de los campos de batalla, de las revoluciones sucesivas, de los gritos en la calle y de las dulces mañanas en el campo, la Francia que puede desgarrarse, como es costumbre en ella, o que puede, de golpe, despierta y soñadora, ser una de las primeras en cruzar el umbral de la nueva organización de la sociedad”.

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Durante la apertura del XLII Congreso de la Confederación Internacional de Artistas y compositores (CISAC)17, intervino Felipe González18, para destacar que el cambio civilizatorio es el más vertiginoso de la Historia. Tal puede ser una apreciación un tanto subjetiva, pues hemos visto los grandes cambios que ha sufrido la Humanidad a lo largo de los siglos, algunos mucho más profundos que los que podemos vivir en nuestros días. Ocurre que los cambios actuales afectan a la misma Historia, a su estructura como devenir de acontecimientos, de forma que la evolución de los pueblos, con sus adelantos materiales y mentalidad originan saltos cualitativos en la forma de vida y de organización social. Lo que detecta el ex-presidente del gobierno español es que hay una crisis de comprensión de la nueva realidad, sobre lo que destaca la necesidad de construir un modelo político acorde a las nuevas necesidades que define el desarrollo económico: “El Estado nación es un concepto en crisis. Están desapareciendo los ejércitos (nacionales), las aduanas, las monedas (nacionales), pero todavía no hay autoridades supranacionales. Sabemos que en el mundo manda Estados Unidos, pero ¿quién manda en Estados Unidos?”.

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  1. 1 La forman en un principio Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Luxemburgo y países bajos. . En 1.972 se adhieren Dinamarca, Irlanda y Reino Unido. Posteriormente lo hace Grecia en 1.981. Portugal y España en 1.985. En 1.994 firman el tratado de adhesión al Acta Única europea Austria, Filandia y Suecia.
  1. 2 “Sociedad en transición: estudios de filosofía social”. Planeta Agostini . Barcelona – 1.986
  1. 3“Liberalismo”. Unión Editorial, Madrid – 1977
  1. 4 “Brujería vasca”. Edt. Txertoa. San Sebastián – 1.992
  1. 5 “Introducción a la ciencia”. Edt. Plaza & Janes Barcelona – 1.982
  1. 6 Diario de León, 26 – IX – 2.000
  1. 7 “Arquetipos e inconsciente colectivo”. Edt. Paidós Ibérica. Barcelona – 1.981
  1. 8 “La red del Poder”. Edt. Dyrsa. Madrid – 1.984
  1. 9 “La cara oculta de la historia moderna”. Edt Fuerza Nueva. 4 volúmenes. Madrid 1.976 – 1.980
  1. 10 “El imperialismo”. Edt. Francisco Beltrán. Madrid – 1.915
  1. 11 Sesión del 17 de febrero de 1.950, ante la Comisión de Asuntos exteriores del Senado.
  1. 12 Sentencia del Tribunal eclesiástico de Ruens, contra Juana de Arco, 23 de Mayo de 1.430. París. Biblioteca de la Cámara de Diputados.
  1. 13 Revista Economista, Nº 61 – 1.994
  1. 14 Edt. Porrúa. México – 1.980
  1. 15 “Un mundo”. Edt. Ayma. Barcelona – 1.945
  1. 16 “Democracia”. Edt. Plaza & Janes. Barcelona – 1.976
  1. 17 En Santiago de Chile, 26 – IX – 2.000
  1. 18 Ex-presidente del gobierno español del PSOE.
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