El neoliberalismo

El nuevo liberalismo a ultranza no es sólo la máxima expresión del capitalismo, sino el resultado del fracaso de los modelos que ha aplicado el socialismo real y el agotamiento de las políticas económicas inspiradas en el keynesianismo.

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El nuevo espacio geoestratégico de los mercados permite que resurjan las políticas liberales, pero sobre todo es posible porque en las nuevas estructuras sociales un salario ya no es el fundamento para mantener la economía doméstica de una familia trabajadora. Puede haber varios salarios en un mismo hogar, de manera que alguno o todos pueden ser precarios, pero la suma de ellos permite una vida desahogada con un alto índice de consumo. O, para un joven que no se haya independizado, un salario bajo y obtenido a tiempo parcial le resuelve sus necesidades de consumo ocioso y festivo. Este factor sociológico unido a la alta tecnología ha dado lugar a una dimensión económica inimaginable para obtener grandes beneficios.

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Nunca hay que perder la perspectiva teórica que inspira el desarrollo económico, pues las estrategias se diseñan para aplicar en la realidad. No se trata de apuntar a un contubernio malhechor que sólo busca ganar dinero a costa de la gente a la que mantiene explotada, ni es de recibo imaginar a los capitalistas gozando de la miseria de los demás. La realidad no puede simplificarse en esquemas maniqueos y mucho menos caricaturizar un sistema muy complejo de relaciones humanas.

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Los fundamentos del neoliberalismo vienen avalados por corrientes de pensamiento económico que es preciso abordar y desengranar para poder intervenir en el funcionamiento de la economía. Semejante tarea es la que vamos a abordar en el presenta capítulo. Para John Willianson el neoliberalismo es el resultado de varias fuentes de conocimiento económico: la escuela austríaca, el monetarismo y la macroeconomía clásica. Añade también la práctica de la elección pública.

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En España, curiosamente, el fundador del monetarismo hispano ha sido Joan Sardá Dexeus, que fue director del Servicio Técnico de Estudios del Banco de España y ha creado una corriente de economistas españoles, la escuela Sardá, que con el gobierno de Aznar adquiere relevancia en su política de liberalización. Sardá fue uno de los inspiradores del Plan de Estabilidad de 1959 y marcó la influencia del Opus Dei en el Régimen del General Francisco Franco.

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El franquismo desde el punto de vista económico se caracteriza, en una primera etapa, por la autosuficiencia económica, la autarquía, que responde por una parte a una economía de postguerra y a criterios nacionalistas de orden patriótico. Se reduce el capital exterior mediante la ley de Ordenación y Defensa de la Industria Nacional, promulgada el 24 de Noviembre de 1.939. Influye en la economía no sólo el control de la riqueza que pretende cualquier dictadura, sino además desarrollar la obcecación contra la masonería, evitando que se infiltraran en la economía del país y se apoderaran de él, ante la amenaza de un presunto plan mundial por dominar todos los Estados. Algo que sostuvo el discurso ideológico de la derecha católica española durante la guerra civil y en los años de represión posterior. Todavía hoy diversos sectores fundamentalistas del cristianismo mantienen semejante siroco, y se extiende como si de una paranoia internacional se tratara por todos los países, especialmente EE.UU.

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El resultado fue el estancamiento de la economía. Los precios se fijaban por criterios gubernamentales, lo que provocó un aumento de la inflación galopante. Hasta que las reservas del Estado se agotaron y se tuvieron que aplicar medidas estabilizadoras, para desde el gobierno se tuvo que establecer la economía de mercado y prescindir de criterios de creencias fantasmagóricas. El 27 de julio de 1959 se establece el memorandum del gobierno al FMI. Se inicia a partir de ese momento el desarrollo y el crecimiento económico. En el año 1974 se autoriza sin ningún tipo de límites la inversión de capital extranjero.

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El plan de estabilización de 1959 marca un cambio de rumbo en la economía española. De la autarquía que defiende el ideario falangista se pasa al desarrollismo, a cargo de un grupo de economistas que serán conocidos como los “tecnócratas del Régimen”. Quien tendrá un peso específico en esta tarea fue Enrique Fuentes Quintana cuya idea básica fue que España ingresara en las estructuras económicas internacionales. Participó en el establecimiento del Impuesto sobre la Renta, 1958, en el Plan de Estabilización del 59 y representó a España en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) desde 1960 a 1968. Sería Ministro de Economía durante la transición española. Su tesis doctoral había sido un título provocador para entonces, lo que indica el retraso económico en que se había inmerso España: “la política keynesiana y su posible aplicación a la economía española”. Participó en la redacción de los Pactos de la Moncloa, en 1.977, e impulsó la Constitución de 1.978 y la apertura de negociaciones para la entrada de España en la CEE.

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La adhesión de España a la CEE elimina las limitaciones operativas de la banca extranjera. Tiene lugar a un incremento del movimiento de capitales. Sucedió lo que Gonzalo Gil1 denomina la “revolución bancaria”. Tiene lugar el predominio de la banca de inversión frente a los bancos tradicionales, que comenzaron a buscar nuevos campos de actividad. El papel tradicional de servicios y la industria autosostenida para sí misma se amplia con la creación de riqueza mediante los mercados financieros, con el llamado “efecto casino”. Los mercados irán desde entonces por delante de cualquier regulación económica sobre todo por los efectos de la innovación, no sólo comerciales sino de las nuevas tecnologías, lo que provoca un efecto de resonancia que hace que el capital se expanda enormemente. El mercado de capitales negocia y “juegan” entre ellos, mediante opciones y futuros, con lo que se establece un gran mercado de dinero, pero ya no en un sentido de préstamos o créditos, sino de productividad financiera. Se produce dinero visible fuera de la economía productiva, que sirven de créditos y avales para la financiación de procesos productivos industriales y de servicios. Aumenta de manera muy rápida el crecimiento económico. El capital financiero impone su ritmo y las condiciones al conjunto de la economía. Aquí sucede un efecto de percepción que deforma la realidad y da lugar a interpretaciones engañosas.

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Da la sensación de que el incremento económico vienen de las medidas liberalizadoras. Si bien éstas han permitido un desenlace de mejoras financieras, han sido impuestas con un criterio eufórico sin analizar el contexto social o justificando éste con el aumento de riqueza. El resultado es la aceleración del proceso y que se realicen operaciones especulativas sin ningún tipo de freno que permita dirigir los objetivos económicos. proceso que irá in crescendo durante la transición democrática española. Los beneficios se disparan y las medidas funcionan gracias al asentamiento social y político que se logró con las medidas keynesianas, sin las cuales no habría sido posible el ejercicio del monetarismo ni los efectos de liberalización podrían haberse establecido posteriormente con una tensión social que haría inviable cualquier intento. La lucha sindical había bajado de tono ante el mayor nivel de vida de los ciudadanos y ciudadanas en general. De momento las medidas liberalizadoras sólo despierta las protestas de quienes ven el factor de desequilibrio e injusticia en relación a los países en vías de desarrollo y de las capas más desfavorecidas de la sociedad. El asentamiento de la sociedad en un nivel básico de supervivencia es necesario para el propio desarrollo económico, para desacelerarlo y para ampliar su repercusión a los países del Tercer Mundo. Solamente de esta manera se podrá lograr que el mecanismo de consumo de masas, en el que se fundamenta la economía, al extenderse en un mercado global, se racionalice y evite que acabe devorándose a sí mismo, en un proceso sin precedentes fruto de la abundancia que inunda los resortes sociales y económicos.

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El periodo previo a 1959 ha sido estudiado por Juan Velarde Fuentes2. El plan de estabilización supone el fin de lo que da a conocer como “Escuela de Madrid”. Desde mi punto de vista es más una corriente de opinión en Madrid o en España, pues recoge conocimientos de otras Escuelas y corrientes europeas, pero no aporta ninguna idea específica. Recoge las grandes teorías del momento y trata de aplicarlas en España, con el mérito de plantearlas en una situación política muy difícil. Cuando Franco sube los salarios en 1956 la inflación se hace insostenible y se tiene que recurrir a los técnicos de la economía, quienes logran establecer su criterios. Con esta conquista finaliza su función como colectivo, más o menos homogéneo. Sus postulados forman parte de la teoría aceptada en los ambientes académicos por lo que no necesitan una defensa conjunta. Sus puntos de actuación son estar en contra del proteccionismo y del cierre de mercados al exterior. Desregular el empleo y privatizar para dejar que el mercado recupere su propio orden. Actuar contra la inflación y procurar el pleno empleo, al admitir que cualquier política social voluntarista está condenada al fracaso. No es aplicado en su totalidad estos criterios, pero se puede comprobar que es la base de la política económica de la derecha española con el gobierno de Jose Mª Aznar.

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Los pioneros de la Escuela de Madrid, a finales del siglo XIX fueron Jose Mª Zumalacarrégui, Antonio Flores de Lemus y Bernis, conocidos como los economistas del 98, influenciados por las escuelas de Berlín y Lausana. Les siguieron economistas como Luis Olariaga, Valentín Andrés Alvárez, Juan Sardá y de esta hornada saldrá Enrique Fuentes Quintana y José Barea Tejeiro. También Ramón Perpiñá, quien en su obra “De estructuras y economía Hispana”, 1.935, hace un análisis estructural de la economía española de su tiempo y en otros trabajos hace una exposición muy interesante sobre la distribución de la población en España.

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A comienzos de siglo los miembros de la Escuela de Madrid fracasan como colectivo de pensamiento en influir en los políticos. Tratan de actuar ante la opinión pública y hacen análisis sobre la realidad socioeconómica de España. Introducen la técnica de estadísticas como método científico de estudios, que todavía hoy se continúan aplicando para el reconocimiento de los datos y su posterior interpretación. Sus esfuerzos se ven compensados, cuando en el curso 1943 – 44 se abre la Facultad de Ciencias Económicas en España, siendo Fernando María Castiella el primer Decano. Fue uno de los firmantes por el Estado español en 1953, 27 de Agosto, del Concordato con la Santa Sede que afirma: “el Estado español reconoce a la iglesia el carácter de sociedad perfecta” y ”la religión católica, romana y apostólica sigue siendo la única de la nación española”. La economía como rama universitaria permitió conjuntar esfuerzos y formar un grupo de la Universidad de Madrid en torno a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, que provocó un cambio radical en la economía española, porque desde su estatus universitario influyeron en la evolución política. Desde 1951 a 1.998 el PIB se ha multiplicado por 7´4, mientras que en los 53 años anteriores sólo lo hizo el 2´5. Lo que no cuenta este dato es que unido al nuevo esquema económico se da un salto tecnológico sin precedentes en la Historia de España. Lo que cierto es que el nuevo modelo va a permitir que tal avance se pueda desplegar en nuestra sociedad.

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Los años sesenta, hasta 1973, se consideran en España años de desarrollo. Baja la inflación y se recuperan las reservas gracias a un crecimiento alto y sostenido. Tras la muerte de Franco, 1.975, viene la transición democrática. Los problemas políticos se anteponen a los de índole económica. Aumenta el desempleo y disminuyen las inversiones. Los sectores conservadores achacan la crisis económica a la democracia como sistema político. Para hacerse con la situación y evitar que el caos dé lugar al involucionismo político, las fuerzas democráticas llegan a un acuerdo, los Pactos de la Moncloa, octubre de 1977. En ellos se define la estrategia económica, además de otros puntos de índole político, de organización de las instituciones y de concepción territorial del Estado español. Se proyecta un plan de ajuste y de estabilización, que pretende como objetivos fundamentales la moderación salarial y la devaluación de la peseta que permita ser competitiva a la economía española en el mercado internacional. Según el profesor del IESE, Antonio Argandoña, los que firman el acuerdo eligen un modelo neoclásico-keynesiano. Medidas liberalizadoras, junto a una política de demanda para mantener la economía en crecimiento.

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Los Pactos de la Moncloa se entiende por regla general, por la opinión pública, como un acuerdo político que consolide la democracia. Este es un pilar. El otro, que apenas nadie interpreta como el sentido de tales acuerdos, es salir de la economía de la crisis para desarrollar la economía de la prosperidad. El contexto general, que negocian fuerzas de izquierdas y de derechas, consiste en establecer como marco de actuación una economía de mercado. Los objetivos que se fijan son disminuir el paro y la inflación. Para lo cual se proponen medidas monetarias, financieras y destinar una parte del gasto público en crear empleo. 60.000 millones de pesetas se destinan en 1978 al seguro de desempleo. Se aprueba en dicho pacto aumentar la masa salarial en un 20% y establecer un criterio de liberalización progresiva. Tal documento de conformidad unánime sobre medidas de saneamiento económico, firmado el 25 de Octubre de 1975, se presenta unánimemente por todos los partidos políticos. Desde Fraga Iribarne y Adolfo Suárez a Felipe González, Tierno Galván y Santiago Carrillo, pasando por Joan Reventós, Josep M. Triginer, Juan Ajuriaguerra, Miguel Roca y Leopoldo Calvo-Sotelo.

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La falta de cultura económica en nuestro país hace que los debates y polémicas sobre tales asuntos se obvien y la política se reduzca a cotilleos y frases noticiosas que aparecen en la prensa en forman de titulares. Cualquier reivindicación en un sentido profundo queda arrinconada y por supuesto nadie podrá en tal ambiente reivindicar sus derechos, a no ser el de buscar o defender un puesto de trabajo y apoyar o no que se suba o se baje un punto salarial. Lo cual conduce a la miseria política y existencial.

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En octubre de 1982 accede al poder Felipe González. Propone un acuerdo nacional sobre el empleo. Aprueba un plan de subvenciones a empresas públicas y privadas. El rendimiento no es el esperado. Según expertos en economía debido a una mala gestión del gasto. Se liberalizan y privatizan grandes empresas con el objetivo de financiar la política keynesiana con el menor déficit posible. En 1.985 se propugna el conocido “Paquete Boyer”, que incentiva a la inversión, sobre todo en el campo de la construcción. Es el boom de las empresas constructoras. Se firma además el Tratado de Adhesión a la CEE. Se logra un espectacular crecimiento económico. Ocurre a costa del aumento de la inflación y del déficit público. Para controlar este desequilibrio se recurre a la fórmula de establecer la moderación salarial, lo que da lugar a la Huelga General del 14-D de 1988. El gobierno del PSOE hace una huida hacia delante y sigue incrementando el gasto público sin la menos disciplina presupuestaria. Lo justifica para salir de la crisis, y lo que hará será perpetuarla. El impulso del crecimiento económico no se supo moderar y junto al despertar de la economía especulativa dio lugar a la cultura del pelotazo, con fenómenos extremos como el Mario Conde y De la Rosa que en realidad fueron víctimas de su propia riqueza al aumentar tanto sus capitales y los de sus sociedades mediante, muchas de ellas en Paraísos fiscales, operaciones financieras que transgredieron la ley al no poder mantener el funcionamiento de la subida de valores y el ritmo de inversiones dentro de un marco que establece la justicia. Rompieron los códigos de funcionamiento económico, lo mismo que en Italia Berlusconi. Se convirtieron en una especie de herejes del mundo financiero y lo pagaron caro. Lo paradójico es que sus métodos funcionaron para amasar enormes fortunas. Desde entonces se replanteó el modelo de enriquecimiento rápido, mediante operaciones especulativas y la economía se asentó en una medidas controladas y estables.

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El Banco de España tiene que tomar medidas drásticas y en 1989 limita el crédito bancario al sector privado. La modernización de las infraestructuras, la ampliación de las libertades sociales y políticas impulsan de manera eufórica el proyecto keynesiano. Para lograr el Poder real, el económico, el partido socialista participa en diversas operaciones de financiación. Cuadros del aparato político del PSOE van a aprovechar esta oportunidad para su enriquecimiento personal. Es esto lo que trasciende a la opinión pública y hace perder credibilidad al socialismo español, que no obstante va a mantener una amplia base electoral, fiel a una historia y unas ideas frente a la derecha que en el año 2.000 obtiene la mayoría absoluta en el parlamento.

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El año de la Expo de Sevilla España firma el Tratado de Maastrich. Pierde competitividad, por la intervención del Estado en la marcha de la economía. Se tiene que revaluar la peseta para desarrollar la estabilidad que exige la integración en la Unión Monetaria Europea, de la que forma parte desde 1.998. En el año 1994 el Banco de España va a fijar sus propios objetivos al aprobarse la ley de Autonomía de esta Banco Central. La crisis económica no para y el Estado no tiene medios para seguir financiando el intervencionismo. En 1996 Jose María Aznar llega al Poder, con un plan de seguir minuciosa y escrupulosamente las medidas del Consenso de Washington. Establece una rigurosa disciplina presupuestaria que hace que baje el déficit público. Congela el sueldo de los funcionarios y disminuye las inversiones públicas. Aumenta el empleo mediante las privatizaciones que hacen que los puestos de trabajo sean cada vez más en precario y temporales, aunque asciende también el número de contratos fijos. Las constantes económicas que miden el índice de crecimiento son favorables y el mismo presidente lo resumen en el slogan que se popularizó con gran sentido del humor, “España va bien”. Los presupuestos del año 2.000 se presentaron por primera vez con un déficit cero, sobre lo cual reflexiona Ángel Laborda3, en el sentido de que no se debe entender a priori como una aplicación correcta de la política fiscal, la cual además de los fines públicos, como son la producción de servicios, redistribución de la renta y otros, cumple una función macroeconómica en conjunto con la política monetaria para contribuir a la estabilidad.

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El déficit cero no es una máxima del saneamiento de las finanzas públicas, ni tampoco el estricto cumplimiento del pacto de Estabilidad y Crecimiento como compromiso formal para formar la Unión Monetaria Europea, indica Laborda, ya que tal medida se estableció en términos estructurales: eliminando en cada momento el componente cíclico del mismo. Por lo que si éste es creciente el déficit estructural aumenta en relación al PIB. Lo que se agudizaría si cambia la coyuntura del momento en una recesión económica. Observamos que para evitar tal amenaza se mantiene un incentivo constante a la inversión, en una política económica voraz que cada vez depende más del capital, nacional e internacional. Invertir se convierte en mecanismo imparable, de no ser que se tomen otras medidas necesarias ante la depredación de la economía del medio ambiente y de eliminar cada vez más los derechos de los trabajadores. Además en estos análisis técnicos de los sabios de la economía se evita un estudio comparativo de deudas, ya que las competencias autonómicas hacen que una parte de la deuda pública del Estado pasen a las autonomías y no se contabilice como deuda del Estado central. Por ejemplo Catalunya mantiene una deuda a 1999 de 1´5 billones de pesetas. Andalucía un billón, Valencia 800 mil millones, Madrid 631 mil millones. Muchos análisis triunfalistas usan este tipo de trucos de contabilidad para ofrecer la imagen que conviene a la opinión pública.

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Las teorías económicas lo que hacen es definir o descubrir la realidad económica, más que inventarla, excepto en el caso del marxismo que descubre el funcionamiento del capitalismo, pero se inventa un modelo, el cual para poderse aplicar es necesario eliminar, “depurar”, a los que no admitan tal modelo de sociedad y adecuar las conciencias mediante campañas sociales de adoctrinamiento y censurar toda información que pueda fomentar juicios críticos. Es por tal motivo que presento la Renta Básica como una medida que interviene en la realidad y desde la realidad económica, pero sin ser la panacea de los males del mundo, ni de las personas y mucho menos insertarlo en un modelo inventado y fantasioso de sociedad. Más bien su consecución será como el resultado de una evolución de la economía, teniendo en cuenta todas las variables posibles y limitando su aplicación a las condiciones en que sea eficaz. Podría plantearse en términos de posibilidad una renta de lujo, pero supondría pan para hoy y hambre para mañana y no estimular el funcionamiento del mercado, necesario para resolver las necesidades de cada ciudadano. Otra incongruencia es defender un modelo igualitario de gran calado ético y estético, pero sin sentido de la realidad en qué vivimos, aunque este aspecto lo desarrollaremos con más amplitud sobre la vasta literatura y estudios que hay al respecto.

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El liberalismo se ha caracterizado desde sus orígenes por las defensa de la libertad individual. Primero como exponente político de la burguesía, frente a los modelos absolutistas. Reivindicó desde el siglo XVII el sufragio universal, la libertad de expresión, el estado de derecho. A partir del S. XIX se convierte en una corriente política, desde la economía, como reacción al comunismo. Defiende la libertad a ultranza del individuo y se declara en contra de todo lo que limite la actividad económica, sea por parte del Estado o de la Iglesia, bien por impedir crear empresas que monopoliza el Estado o que por criterios religiosos no se trabaje los domingos o se exijan ciertas condiciones morales. El esquema liberal no tiene en cuenta que la libertad individual queda limitada por la pobreza, lo que se convierte en una frontera económica. Para superar el Poder de la iglesia la sociedad europea tuvo que esperar a la difusión y desarrollo de la Ciencia. Para mermar el Poder del Estado fue necesaria la creación de organismos económicos con un Poder mundial de dimensiones tan grandes que han sido capaces de hipotecar a los gobiernos atrapados en la deuda pública. Hace falta una medida que dé poder al individuo para participar en el mercado y tomar sus propias decisiones. De tal manera el liberalismo, que se opone a las cortapisas sobre el mercado, se convierte en un Estado Financiero que supedita la libertad individual a los intereses económicos.

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El planteamiento genérico del liberalismo económico mantiene que preservar los puestos de trabajo en una industria, como objetivo fundamental, debilita la competitividad. Pretenden, y logran paulatinamente, reducir el salario mínimo interprofesional y también las prestaciones por desempleo, ya que tales medidas ayudan a crear empleo y consiguen aumentar los beneficios, lo que mejora las condiciones de los consumidores, al motivar las innovaciones, tanto de venta como de producción y mejoran y abaratan los bienes. Las base teórica para la liberalización parte del fundamento siguiente: “Las restricciones del mercado de productos están diseñadas para proteger los intereses creados, incluidos los puestos de trabajo. Tales empleos fracasan. Tienen el efecto contrario. Si los países industrializados quieren mejorar su capacidad de crear empleo deben dejar que la economía evolucione de forma natural”4. Se constata de manera empírica la eficacia de tal medida tanto para activar la economía como para lograr su desarrollo. Lo mismo que a medida que aumenta el crecimiento y los beneficios se incrementa la pobreza y la precariedad laboral. Para resolver la ecuación que evite dar prioridades a una parte del progreso económico y mermar el desarrollo social por otra, debido a destacar más un criterio ideológico o a otro estrictamente económico, hay que introducir una variable, que permita la obtención de beneficios y el crecimiento económico con fundamentos de sostenibilidad, al mismo tiempo que elimine la pobreza. Tal es el objetivo de la Renta Básica.

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Presento el problema como una ecuación, pues si bien la Renta Básica actúa como una constante, queda una incógnita, que se resolverá en cada caso concreto. Se trata de la precariedad. Su solución dependerá de las demás variables, según las conveniencias de cada cual. Pueden suceder dos situaciones que recoge el profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, Raúl García Duran: “Se dice que el empresario se aprovecharía de la Renta Básica para pagar salarios más bajos, ya que el trabajador tendría ya garantizado un ingreso y el salario sería sólo un complemento. La lectura puede ser al revés. El trabajador estaría en mejor situación para negociar con el empresario sobre salarios y condiciones de trabajo, ya que tendría el mínimo vital asegurado”.

La historia del liberalismo es un proceso que despunta en momentos de esplendor económico, cuando las crisis sociales han quedado amortiguadas. Recoge un bagaje de medidas que distribuyen la riqueza social, para pretender aprovecharse de ellas y enfocar toda su carga ideológica y de propuestas en la obtención de beneficios. El incentivo liberal permite ampliar el mercado de manera que en él quepa toda la población, sin preocuparse en qué condiciones, lo que queda a la iniciativa de cada cual siguiendo el principio de la competitividad, ya no sólo entre empresas, sino entre las personas.

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En el s. XIX Jhon Bright, parlamentario en el año 1.843 del Parlamento Británico, se opuso en nombre del liberalismo a la legislación que fija un máximo de horas de trabajo, pues entendió que mermaba la libertad de empresa. También que la economía aumenta su crecimiento cuanto menos regulada esté. La historia política de occidente y del capitalismo ha conseguido que se asuman como valores universales el desarrollo de una política social que legisla el funcionamiento económico, como la seguridad laboral, lo que implica un gasto del empresario para favorecer unos derechos del trabajador, el derecho a unas vacaciones, evitar abusos en el comportamiento de los que detentan una grado superior en el escalafón empresarial. Tales conquistas son necesarias, pero no suficientes en la medida que se desarrollan nuevas pautas en el mercado laboral. Si no se avanza en igual medida tales logros se desajustan y quedan incompletos. Por ejemplo se evita por parte de muchos patronos cumplir los derechos laborales mínimos empleando mano de obra inmigrante, en muchos casos ilegales, de manera que no puedan exigir su cumplimiento. Por ejemplo en el trabajo de los invernaderos en el sur de Andalucía, lo que originó graves altercados a principios del año 2.000 por el incremento de una población no censada de extranjeros, viven en condiciones deplorables y abocados a la delincuencia, hasta que se produjo un estallido social. O las trabajadoras del hogar que son incorporadas al mercado de la limpieza sin ningún tipo de contrato y ahorrar el pago de la Seguridad Social, para lo que se cogen mujeres extranjeras sin papeles. O jóvenes para peones de obras que por su condición de estancia ilegal quedan en una situación de total desprotección y mal pagados. Se extiende así una red de mano de obra barata, que genera un colapso en el mercado laboral al crear condiciones inaceptable para quienes viven en una familia y quieran independizarse, pero con tales condiciones no se puede. La Federación Leonesa de Empresarios (FELE) se sumó a la petición del resto de empresarios del país para reclamar al gobierno la agilización de los trámites para legalizar a los inmigrantes, con el fin de poder contar con ellos, con contratos basura y devaluados, en trabajos para determinados sectores, en el caso de León hostelería, construcción y agricultura5. Lo que contrasta con la existencia de la provincia leonesa de más de treinta mil parados.

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Cuando se discute sobre la aplicación de la Renta Básica lo primero que salta a la cabeza para rechazar tal opción es que nadie querrá trabajar, lo que desmiente la realidad. Son muchos los trabajadores que hacen horas extraordinarias, incluso ilegales, o tienen un segundo trabajo, para ganar más al estar involucrados en una serie de gastos, lo cual también tapona el mercado de trabajo que no es fruto de la competencia, sino de conocer a alguien que proporciona un “curre” barato como complemento salarial, pero no como base de una economía familiar. En el debate sobre la función de las máquinas en la economía, al principio de que éstas se inventaran, Adam Smith ya observó que no iba a disminuir el trabajo: “el deseo de adornos y comodidades no parece que tenga límites determinados”. Satisfacer las necesidad, entiendo, da lugar a un mercado racional y razonable, sobre el que se construye la teoría económica clásica. La satisfacción de lujos y caprichos origina un mercado irracional, de consumo incontrolado. Su funcionamiento se explica en las teorías del marginalismo y en él se fundamenta el modelo keynesiano, el cual da lugar a la sociedad de consumo. Se puede argüir que se tratan de necesidades psicológicas, pero ya es otro nivel de necesidad. No es lo mismo querer una primera vivienda, que una segunda para veranear. O comprar para los hijos e hijas patatas para comer o pescado, que ir los fines de semana a un Burguer. Una situación intermedia la estudió el autor de “La Riqueza de las naciones”, al advertir que la necesidad depende de las características culturales y sociales de una sociedad. Por ejemplo hay un factor que es el de la vergüenza social que se convierte en una necesidad. En un poblado africano se puede ir delante de los demás con un taparrabos, pero en la cultura occidental la conveniencia social exige presentarse ante los demás vestido, y además tal hecho se convierte en un grado de prestigio. Éste es un dato a tener en cuenta para fijar la renta básica, en tanto no es sólo comer, vestir y tener un par de metros cuadrados para habitar, sino que se precisan una serie de gastos mínimos para las relaciones sociales. A partir de lo cual cada ciudadano y ciudadana debe buscarse la vida para satisfacer las otras necesidades que son de carácter subjetivo. Por tal motivo el estímulo para trabajar se perpetúa.

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David Ricardo tuvo una primera idea negativa sobre la divulgación de las máquinas, objetos que intervienen en el proceso de producción. Más tarde observó que sirve para generalizar la distribución de la mercancía, incluso beneficiando la venta y la organización laboral y empresarial. De la misma manera la Renta Básica es un instrumento en el proceso de distribución social de la riqueza. Da una sensación de que nadie trabajaría con la disposición de esta medida, cuando se se analiza detenidamente va a mejorar sus condiciones y desarrollo.

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El movimiento de los luditas aparece en 1.811, en Gran Bretaña, para dedicarse a destruir las máquinas. Lo forman artesanos que ven amenazada su supervivencia ante la sustitución de la mano de obra en gran medida por las máquinas. De Nottingan se extiende por todo Reino Unido. Su líder, Ned Lud, da nombre a tal manifestación destructiva. Logran un gran apoyo social por no atentar contra las personas. A pesar de lo cual un empresario, Hosfell, disparó contra un grupo de ellos. Luego apareció asesinado, lo que hizo que interviniera la policía y en 1.813 detuvieron a un grupo de ellos grande que cuyos integrantes fueron deportados y ahorcados. Tres años después resurgió una oleada de iguales características ante la depresión económica a causa de la guerra entre Gran Bretaña y Francia. En Calalunya sucede algo parecido en 1820, durante el reinado de Fernando VII, último monarca absolutista que derogó la Constitución de las Cortes de Cádiz y que se declaró en contra de los afrancesados y liberales. Dato éste que resalto para entender que el liberalismo, como cualquier otra idea con una proyección colectiva, no es una maquinación para someter y explotar a la gente, sino que responde a un proceso de evolución social, en donde aparecen fases de ejercicio totalitario de tales ideas.

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Jhon Ruskin, escritor y reformista inglés, disertó contra la revolución industrial, en tanto la máquina, entiende, “ahogan el alma del ser humano”. Sus cartas a los trabajadores ingleses, recogidas en la obra “Fors Clavigera” influyó decisivamente en las reformas sociales que se emprendieron a finales del s. XIX. Distingue la actividad útil, a nivel personal y colectiva, Work, de la labour, la actividad profesional llevada a extremo, lo que hace que sea una carga, en pro únicamente del beneficio de los patronos, lo que se logra con la división del trabajo y el maquinismo.

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En España el paso de la sociedad agraria y artesana a la sociedad industrial provocó no pocas rebeliones en el medio rural, así como revueltas en las ciudades. Fruto de tal situación son fenómenos como el bandolerismo y el carlismo. Los movimientos sociales preindutriales fueron esporádicos y más un síntoma que una causa. La muerte de Fernando VII, último rey absolutista, provocó la guerra carlista, que según coincide la mayoría de historiadores su excusa fue un problema dinástico, pero la causa real era una lucha por desarrollar un modelo de sociedad determinado, que se debatió entre el liberal y el tradicional.

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La Constitución de 1812 especifica que el orden de sucesión en Castilla es la hija quien tiene preferencia sobre el hermano del rey difunto. Al morir el rey Fernando corresponde a su hija Isabel II ser reina. Al ser menor de edad María Cristina hace de reina regente. La vida sentimental de ésta, junto con la poca edad de la reina hace que los elementos clericales y reaccionarios tuvieran una referencia populista de la que hacer bandera y se aliaran a la causa del hermano del rey fallecido, Carlos. También las tres provincias vascas y Navarra para mantener los fueros que el régimen absolutista les concedió. Un año antes de finalizar la guerra los vascos firmaron la paz de Vergara en la que reconocían a la reina Isabel a cambio de mantener sus fueros. Mientras, los partidarios de Mª Cristina, simpatizaban con el modelo liberal y contó con el apoyo de Francia e Inglaterra. Los carlistas fueron apoyados por Austria, Rusia, Cerdeña y Holanda.. La guerra civil ha sido definida como un duelo entre la Europa legitimista, con el lema de la tradición “religión, rey y fueros”, y la Europa liberal. No sólo han sido dos mentalidades sino modelos económicos dispares. Para entender la cuestión obsérvese como detalle que, en 1.836, don Carlos nombró generalísimo del ejército a la Virgen de los Dolores. En 1.840 finalizó la primera guerra carlista. Durante el s. XIX otras dos contiendas van a tener un substrato antiberal y clerical, que llegó hasta la guerra civil del 36 en que los carlistas apoyaron al general Francisco Franco.

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José Ramón Urquijo Goitia6, recoge un documento de 1855 que aparece en “La Voz del pueblo” en el que se refiere a cómo las obras del Canal de Isabel II no daba trabajo a todos los artesanos y muchos preferían un asilo a una ocupación mortífera y mal remunerada. El artesano cobra por vender el producto de su trabajo. El salario, cobrar por trabajar simplemente, es una auténtica revolución para su momento inicial. Son los albores del mundo liberal en España.

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En la actualidad un movimiento antisistema, contra la tecnología de manera genérica apareció con el movimiento hippie y unas parte de sus postulados llegaron a una sección “fundi” del movimiento ecologista. Sirvió de base teórica como esquema de conducta de lo que se vino a denominar “movimiento alternativo”, que no se manifestó como un enfrentamiento abierto contra la realidad social, sino más bien como una huida grupal o una actitud individual, para formar una base filosófica, de manera que si todos los sujetos de la sociedad hicieran lo mismo cambiaría el mundo, por lo que propugnaron, contra el movimiento ecologista, que antes que cambiar las leyes había que promover una revolución interior, cambiar de mentalidad y de manera de vivir. Posteriormente surgieron modelos acotados a una experiencia cerrada, muchas veces asociadas a ideas místicas, como la comunidad del Arca, orientada por Lanza de Vasto, luego las Doce Tribus guiados sus adeptos por el fundamentalismo bíblico, y muchos núcleos que se dispersaron por el mundo occidental. Otro ejemplo es una red de comunidades que reivindican la forma de vivir y de pensar de los indios nativos de América. Realizan ritos y ceremonias dentro de su forma de vida, englobada en núcleos rurales, como la del Camino Rojo, que forman parte de la Iglesia Nativa Americana, cuya sede central está en U.S.A. También es un substrato nada despreciable la comercialización de bienes relacionados con el movimiento actual Nueva Era. La agricultura ecológica y la artesanía adquieren cierta relevancia en estos ambientes como medio de actuar fuera del sistema, pero su falta de proyección social ha hecho que se integre gran parte de esta parafernalia dentro del mecanismo de la economía, bien como moda suave de ciertos colectivos integrados o como un consumo extravagante. No obstante es un modo de vida para llevarlo a raja tabla es un lujo para unos pocos que forman la élite de ese mundo utópico, que sin embargo no puede imponerse como modelo único. Sí se podrá ampliar y ser una opción personal cuando, mediante la renta básica, una persona, familia o grupo pueda elegir esa forma de vida, que sin una base de subsistencia no tiene posibilidad de mantenerse pues funciona a una escala de supervivencia y con una economía de reducir las necesidades a un mínimo prescindiendo de gastos superfluos. Que un sector de la población se sienta a gusto con este modelo de vida es posible y asumible, pero nunca generalizable, entre otras cosas porque las personas son muy diferentes unas de otras para mantener una única forma de vida. Ahora bien quien así lo desee deberá tener la oportunidad de llevarlo a cabo, ya que cumple una importante función social y económica, no siempre en criterios de rentabilidad. Otra cosa es que se pierda el sentido razonable de unos criterios artesanos y naturales, para llegar a una organización grupal cuya cohesión se base en el fanatismo religioso.

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Para David Ricardo la máquina supone, en un primer análisis, un ahorro de trabajo. Expone que si la máquina produce cuatro veces más y la venta sólo se multiplica por dos sobran trabajadores que irán a parar a la calle. Por lo que concluyó que la sustitución de la máquina por el trabajo humano es perjudicial para los intereses de los trabajadores, pero no del capital que ve incrementados sus beneficios. Aumenta la producción, los precios bajan, pero al vender más y reducir los costes de salarios que se ahorra aumentan los beneficios. Al pasar un tiempo y reparar en el tema del paro técnico reformó completamente su idea. Apunta ya la idea del paro tecnológico y sobre la crisis de sobreproducción: “Después de reflexionar más he experimentado un cambio de opinión”, escribe David Ricardo. Analiza que son negativos sólo los cambios repentinos, que financian la inclusión de maquinaría con el fondo de los salarios. Sin embargo si se produce gradualmente la inversión en maquinaría se financia con ahorros y beneficios anteriores. Por contra defiende que el avance tecnológico asegura el crecimiento ininterrumpido de la economía, lo que permitirá la creación de nuevos puestos de trabajo y llevar una gran cantidad de bienes a una mayor parte de la población. La cuestión es que las innovaciones técnicas son imparables. Se tienen que asumir y es adaptar la nueva economía a los nuevos métodos de producción y que lleven a un nuevo contrato social.

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Uno de los criterios sobre los que el autor de el libro “Principios de economía y tributación” modifica su anterior idea es que el incremento de beneficios por parte el capitalista a costa del uso de las máquinas, disminuye puestos de trabajo en la fabrica pero aumenta otros en servicios, como tener más criadas y criados, así como lujos cuya satisfacción necesita emplear a más gente. Finalmente defiende estimular el empleo de las máquinas pues al aumentar el capital aumenta la demanda de trabajo, mientras que si el capital no aumentase se exporta y disminuyen los empleos pues ese capital compra fuera del país. Dos siglos después el capital forma una unidad con el mercado, globalizado, y la función de las máquinas lleva a la economía a un límite de requerimientos de los recursos energéticos y de materias primas. Siguiendo la línea marca por David Ricardo, el centro de la economía es la distribución de los ingresos, lo cual es el problema principal de la economía política, por lo que si ya no se puede realizar mediante la distribución de los beneficios con el incremento de nuevos servicios, si éstos quedan en la práctica saturados, habrá de buscar otra medida cuyo resultado encaja con la idea de una renta básica.

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  1. 1 “Aspectos financieros y monetarios de la integración española en la CEE”. Edt. Banco de España. Estudios económicos, Nº 37. Año 1.985
  1. 2 “Torre de los Lujanes”, Nº 40 – diciembre – 1.999. Edt. Real Sociedad Económica Matritense Amigos del País.
  1. 3 Director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorro para la Investigación Económica y social (Funcas) . El País, 8 – X – 2.000
  1. 4 “Los beneficios de la liberalización de los mercados de productos”. Colección Estudios e Informes Nº 11. Edt. La Caixa. Barcelona – 1.997
  1. 5 Diario de León, 18 – II – 2.001
  1. 6Profesor de Historia Moderna del centro de estudios Históricos, CSIC. “Transformaciones económicas y respuestas populares”. Revista “Torre de los Lujanes” 1º Trimestres – 1.996