La cuestión agraria

La evolución y el progreso de la sociedad han hecho que la agricultura, ganadería, pesca dejen de ser el centro de la economía. En las sociedades avanzadas industrialmente la proporción de riqueza que deriva del sector primario es mínima. Ahora bien, es el factor esencial de todas las sociedades. Podemos quedarnos sin ordenadores, sin automóviles, sin electrodomésticos, sin televisores, sin revistas del corazón, sin aeropuertos. Perderemos comodidades pero seguiremos sobreviviendo. Con todos los lujos, con un funcionamiento perfecto de la Bolsa, si no hay alimentos moriríamos. Tendríamos todas las comodidades y lujos del mundo, pero finiquito.

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Las modificaciones que han sufrido la agricultura y la producción animal hace que podamos replantear los fundamentos del capitalismo, de los cuales derivan las actuales medidas liberales en unos casos y proteccionistas, en otros, dentro de la economía de mercado. Las transformaciones del mundo rural provienen de los conocimientos científicos y sus aplicaciones técnicas. Las medidas políticas y económicas siempre quedan rezagadas al respecto. Tomar la iniciativa en este terreno, para equilibrar la base material de producción con las medidas institucionales, hará que repercuta en el resto de la sociedad.

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El mundo campesino ha pasado de ser la población mayoritaria a convertirse en una minoría y cada vez en mayor retroceso. Lo cual ha sucedido a partir de la revolución industrial, sobre todo a lo largo del último siglo. En los últimos treinta años se ha intensificado todavía más. Ha supuesto una modificación drástica en la historia de la humanidad.

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Los análisis clásicos de la economía tuvieron como cuestión prioritaria la necesidad de abastecimiento de alimentos para la población. El problema fue la producción. Los cambios han sido tales que lo que preocupa hoy en día es distribuir lo que se produce en grandes cantidades y evitar la sobreproducción. La productividad se convierte en problema y en un coste, no por la escasez, sino debido al exceso. Gestionar éste de manera que la sociedad pueda sentirse más liberada sin pobreza ni necesidades, porque no existe una base real para la falta de medios para la supervivencia, como sí lo fue antaño. Resuelto el método de incrementar la oferta su aprovechamiento general depende de la construcción económica, política y cultural de la sociedad.

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Ya a mediados del s. XIX se vio que las mejoras agrícolas aumentan la producción sin necesidad de incrementar el trabajo, ni ampliar la labor a más tierras. En una evolución lineal se logra una mayor productividad añadiendo horas y esfuerzo de trabajo. Se trataría de ampliar la labor a más tierras si se quiere ampliar la cantidad de productos. Pero el desarrollo agrario adquiere tales cambios cualitativos que los frutos crecen y se incrementan en grandes proporciones. Atrás quedaron grandes revoluciones en la técnica agraria sobre la rotación de los terrenos, o dejar en barbecho algunas tierras para enriquecer en nutrientes el suelo y hacer que la misma cantidad de trabajo consiga incrementar el resultado productivo.

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Lograr un riqueza de la tierra que duplicase la producción y además con un producto que sirviera de alimento para el ganado fue considerado en la primera mitad del s. XIX una auténtica revolución agraria, lo que se logro mediante el cultivo del nabo. Cultivo éste sobre el que hace especial mención J. Stuart Mill en su tratado de economía política a finales del s. XIX. A mediados del s. XX K. E. Boulding, en un estudio sobre política económica y agricultura llega a afirmar que “es el nabo y no la máquina de hilar de múltiples husos, el padre de la revolución industrial”. Así lo demostró y lo recoge en su obra Friedrik A. Hayek, para comprobar que para que se hubiera desarrollado la industrialización a gran escala y de esta manera incrementar las rentas medias de los ciudadanos fue preciso disponer de un excedente agrícola para alimentar a la población industrial. Por lo que como indica Bouling la revolución industrial fue hija directa de la revolución agrícola, basada en el cultivo rotativo del nabo y forrajes y la mejora ganadera que se desarrolló en Gran Bretaña en la primera mitad del s. XVIII. La introducción en Europa de algunos cultivos, como la patata y el maíz, supusieron pequeñas revoluciones tanto en la agricultura como en la alimentación de las personas. Otras innovaciones en la industria facilitaron la labor de cultivar, como las mejoras en la fundición del hierro, que permitió abaratar las herramientas agrícolas y por tanto extender su actividad. O convertir los desechos en abono. O mejorar los sistemas de drenaje para conseguir cultivar más y mejores terrenos.

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Desde los romanos se mantuvo la tradición de los terrenos de barbecho, de manera que 1/3 de los terrenos no se cultivaban, so pena de dejar infértil la tierra y al cabo de unos años no tener producción suficiente. A partir del año  1820 sucede la primera revolución verde, que consiste en sustituir el barbecho por plantas forrajeras. Éstas cumplen dos funciones complementarias: enriquecen el suelo y sirven de alimento para el ganado, que a su vez produce abono con sus excrementos. Hasta el s. XVIII la agricultura lo fue de subsistencia, de manera que sólo una pequeña parte se comercializó. Es a partir de 1860 que, gracias al cambio introducido a primeros de aquel siglo, se especializa una parte de la producción para exportar. A lo que contribuye la mejora de los transportes.

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Todos los avances se dirigieron a solucionar el problema de abastecimiento de la población, la cual crecía en una proporción geométrica, frente al crecimiento aritmético de los alimentos. Semejante situación crea el problema de tener necesidades vitales para los sectores sociales más desfavorecidos. Es esta situación la que define la economía y su desarrollo. Hoy en día, se quieren mantener esquemas que parten de situaciones pasadas y ya no sirven. El abastecimiento de toda la población no se resuelve con la producción, sino que el problema es de distribución, y es éste factor el que debe orientar las nuevas definiciones de carácter económico. resolver el hambre en el mundo ya no es por falta de alimentos, ni siquiera generaría problemas de distribución. Es más bien un asunto de prioridad política.

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La reacción más primaria, como respuesta al factor innovador de las máquinas, fue la que representó Simondi , quien teoriza para renegar sobre la mecanización del trabajo y todo aquello que aumente la producción sin contar proporcionalmente con la mano de obra. Pensó, acertadamente, que llegaría un momento en que sobraría mucha de ésta y no haría falta mucha gente en el campo. ¿Entonces, qué? Durante un tiempo pudo irse a las ciudades en un éxodo rural imparable, para trabajar en el sector secundario, luego al terciario, pero llega un momento en que no hay posibilidad de absorber más, ¿entonces, qué? La revolución tecnológica extrema tal situación. Cuando Adam Smith realiza su estudio sobre la riqueza de las naciones comenta que la evolución en distintas épocas dio lugar a dos sistemas de economía política con relación al enriquecimiento de los pueblos, el comercial y el agrícola. Dos siglos después de elaborar su teoría han sucedido dos sistemas más, el industrial y el tecnológico.

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Redefinir los conceptos económicos es cada vez más necesario. Las teorías que se superan o corrigen no siempre es por un error, se sustituyen por otras que se adaptan a nuevas realidades. Adam Smith mantiene que el trabajo y el trigo son dos mercancías aptas para medir el valor de los productos. John Stuart Mill considera precisamente que el fallo de tal aseveración se debe a que depende del perfeccionamiento de los métodos de cultivo. Estableció una diferencia que permitió entender la evolución de la economía: El valor de las mercancías lo establecen los costes de producción, mientras que el precio se determina por la oferta y la demanda. Este autor entiende que es necesario aumentar la capacidad de compra de los ciudadanos para que la economía sea próspera. Profundizaremos más adelante en la obra de este autor. Baste analizar que ya a medidos del s. XIX analiza que la sobreproducción da lugar a satisfacer el deseo de trabajar de todos mediante la disminución de horas de trabajo.

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La definición más moderna de economía que se plantea desde el neoliberalismo, dentro de la llamada sociedad del bienestar, es la globalización. Resultado de una política centrada en el abastecimiento. Resuelta las necesidades básicas en un sector de la población mundial, el nuevo desarrollo del mercado busca abastecer en un consumo de lujos y nuevas necesidades, muy secundarias y a veces superfluas. El capital, la riqueza y el trabajo siguen siendo los factores que determinan las dinámicas del desarrollo económico. Ocurre que no concuerdan con la dinámica de generar riqueza.

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A mediados de mes de diciembre de 1999 se constituyó la G-20, compuesta por lo que componen la G-7 y otras economías emergentes. El presidente del foro, Paul Martin, ministro de Finanzas en Canadá, advirtió que con semejante marco de actuación se asume el riesgo de que los mercados reduzcan la capacidad de los Estados de ofrecer protección a los ciudadanos. La única manera de equilibrar tal situación, consiste en centrar la gestión mundial de las finanzas partiendo de una base de distribución mínima, pero contundente (v. gr. renta básica).

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Se atisban medidas que se desarrollan ante la impepinable realidad, pero no se integran en un contexto global y teórico que lo desarrolle. Surgen constantes anacronismo y contradicciones, que se detectan fundamentalmente en el sector agrícola, precisamente porque es en esta coyuntura en la que por una parte la globalización impone sus condiciones y por otra se ha llegado al límite de sus posibilidades, el cual no se puede pasar si se quieren mantener las condiciones de rentabilidad social. Es necesario asegurar una base de producción para que no se elimine el mercado interior mínimo de alimentos, so pena de depender totalmente de terceros países o intereses económicos ajenos a la sociedad que se arriesgaría a quedarse sin producir nada y, por lo tanto, sin poder responder a eventuales presiones externas o necesidades peculiares de cada sociedad.

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Analicemos en concreto cada situación que hemos apuntado. Los postulados impuestos en la cumbre ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) celebrada en Seattle, EE.UU. , a comienzos de Diciembre de 1999 afectan de manera directa al sector primario de la economía leonesa,que supone el 9% de su PIB. La conocida como Ronda del Milenio, que pretende reorganizar el comercio mundial, propone como medida primordial desmantelar el sistema de ayudas y subvenciones, que son la base y el pilar sobre el que se desarrolla la Política Agraria Común (PAC) en Europa. Significarían tales medidas la desaparición de la ganadería y agricultura subsidiaria.

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Los sectores de la agricultura en España, cuyo desarrollo depende del mercado, caso de frutas y hortalizas, se benefician de la moneda única en tanto y cuanto que los costes de las transacciones se ven disminuidos, así como los inconvenientes y riesgos que significaban las variaciones de los cambios de moneda. Sin embargo aquellos que dependen de las subvenciones, ganadería y cereales, se ven perjudicados al aumentar la competencia en un mercado interior globalizado. Lo cual se refuerza por la paulatina merma de ayudas de la U.E. a la actividad agraria. Si la economía desplaza a colectivos y poblaciones de sus funciones pecuniarias, en beneficio del crecimiento y desarrollo de la economía en general, tales ventajas habrán de repercutir en quienes lo posibilitan al ser apartados de la producción. Al menos garantizando un mínimo de supervivencia, que genere una base de estabilidad y equilibrio social para lograr un progreso global. No sólo para la vanguardia de los agraciados, cuya distancia respecto a los perjudicados es cada vez mayor, sino con el fin de desembocar en un enfrentamiento que puede estallar de múltiples formas.

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Con la liberalización global de los mercados en España la producción de maíz caería. Cualquier rebaja en la protección de los mercados europeos significaría un duro golpe para el sector. Tal estrategia pretende generar una vía libre para el avance tecnológico en el sector primario, cuyo objetivo es producir sin límites mediante el engorde del ganado con hormonas y substancias químicas y la modificación genética de los vegetales, de los alimentos transgénicos, que a su vez sirven de alimento humano y ganadero. A la larga la única opción para hacer frente a tal avalancha de superproducción industrial agraria será la agricultura ecológica, pero carece de infraestructura generalizada ni organización para competir con las multinacionales de la alimentación. Uno de los errores del mundo alternativo ha sido ignorar el factor político de sus planteamientos, especialmente en cuanto a economía política, lo que pagará caro la sociedad.

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La necesidad de mantener una economía primaria en Europa deja de ser una cuestión productiva, para pasar a ser un factor de supervivencia del mundo rural, cuyo declive es cada vez más irreversible. Fijar población en los pueblos es una necesidad para mantener el medio ambiente y conservar el mínimo de mano de obra necesario para trabajar las tierras. Lo que deberá atender la política europea es el criterio personalizado de las ayudas y no sobre la base de la productividad. Primero porque altera las condiciones del mercado y segundo porque no soluciona el problema de manera real. La población debe recuperarse por sí misma para luego realizar la labor que consideré cada individuo o familia. Es por tal motivo que las subvenciones agrarias deberán reestructurarse sobre la base de la Renta Básica, como principio del proceso que proponemos.

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El Plan Forestal aprobado en Castilla y León el 5 de junio de 2.000, Día Mundial del Medio Ambiente, trata de fijar la población rural mediante la creación de nuevos bosques y mejora de los existentes, a la vez que generando tejido industrial a partir de los productos elaborados. Todo bajo el principio de desarrollo sostenible. El problema es que no deja de ser una declaración de intenciones, más propagandística que real, pues en el circuito de la economía globalizada y competitiva no hay salida una vez que termine la subvención pública para que se implante un determinado proyecto. La mayoría de ellos no han tenido continuidad por la misma circunstancia. Únicamente un apoyo de supervivencia a las personas que lo lleven a cabo permitirá mantener y aumentar de manera “natural”, o si se quiere entender mejor “social”, la población rural.

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EE.UU. acusa a la UE de adulterar la libre competencia, precisamente por las subvenciones de los quince a la producción agraria. La OMC, en la Ronda del milenio establece las reglas que regirán los mercados internacionales y de servicios, sin poder llegar a un acuerdo. Las multinacionales presionan para conseguir sus objetivos. El nuclear consiste en concentrar la mayor cantidad de capital posible. La situación puede ser extremadamente peligrosa y llegar a provocar una confrontación entre Estados, de no abordarse una solución, cuyo efecto no sea dejar sometida, y en unas condiciones de miseria, a una parte de la población, dentro y fuera del primer mundo. Mientras que EE.UU es el primer exportador de productos agrarios, Europa es el mayor importador.

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En el imperio americano no se subvenciona la productividad, pero sí la comercialización, de manera indirecta, de tal forma que ya no cuenta en sus valoraciones. Facilitan créditos blandos, que al ser entidades privadas, no entra en el computo de ayudas estatales, pero viene a ser lo mismo. El Estado realiza rebajas fiscales, lo que en resumidas cuentas significa que inciden tales medidas en poder ofrecer precios más bajos y competitivos. Reducen el coste de la producción, lo que facilita a los americanos producir masivamente. A lo que hay que añadir las condiciones de sus territorio, con amplías extensiones. Aumentar la oferta reduce los precios , lo que facilita su venta. Mientras que esto sucede hay colectivos y grupos sociales que necesitan alimentos, sin poder adquirirlos. El Estado impide que se produzcan excedentes y el mercado elimina muchos de ellos para impedir que se devalúen. ¿No sería lógico compensar tal maniobra con una renta básica, tanto a los productores como a los consumidores, para poder sacar la producción a terceros países necesitados de tales alimentos y facilitar el consumo de manera general?.

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La segunda semana de mayo de 2000 la Comisión y el Consejo europeo deciden recortar drásticamente el capítulo presupuestario de la Política Agraria Común, a partir de 2004. Se plantea eliminar las ayudas directas a la agricultura con el fin de liberalizar el mercado agrario. Algunos sindicalistas del campo habían previsto esta situación, al considerar tales ayudas el fin del campo, pues un sector no puede sobrevivir cuando tales incentivos suponen el 30% de la renta de sus productores. Además dio lugar a que se aprovechasen de ellas los “cazaprimas”. Las organizaciones agrarias piden ahorrar en ayudas pero dándolas a quienes lo necesitan ciertamente porque se dediquen al trabajo agrícola y ganadero profesionalmente. Su planteamiento es reivindicar ayudas al campo mediante la aplicación de subvenciones por módulos.

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Con la supresión de las subvenciones se quiere impulsar la competitividad y aumentar la oferta desde grandes explotaciones para vender más barato. Al ir eliminando las tareas agrarias de pequeñas dimensiones reducen los costes de producción. Para los trabajadores de la tierra significa más trabajo y menos poder adquisitivo, lo que reducirá el número de familias dedicadas a la agricultura y la ganadería de manera autónoma. Menos agricultura familiar y más grandes empresas del sector con asalariados a su cargo, es la tendencia del campo. Lo cual va a suponer el final del tejido social del medio rural, cuya identidad tiende a desaparecer. Un problema añadido es que no se podrá exigir el abandono de tierras, ni incentivar tampoco controlar el excedente, pues mercancía será controlada simplemente por el mercado.

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Para la Organización Mundial del Comercio es la única manera de lograr el acceso de los mercados agrícolas a los países en vías de desarrollo. Indica en el informe anual de 1999 que se pretende diversificar la producción en general, pero sobre todo en las naciones más pobres, sin aclarar en qué términos. Al suponer que va a depender tal factor de las nuevas tecnologías agrarias va a obligar a muchos sectores a integrarse en la estrategia de las multinacionales para utilizar las semillas transgénicas. Pretenden de esta manera solucionar el problema de la pobreza rural de los países más pobres, pues sus condiciones de bajo coste les dará mayor competitividad. No obstante es de sentido común que tal relación seguirá funcionando mientras que se mantenga ese límite de pobreza. Es decir se trata de llevar al límite de la pobreza, sin que se baje el nivel de vida, pero sin elevarlo. Consiste en explotar la pobreza dando un margen de supervivencia, sin poder salir de ese estancamiento socioeconómico. Se crea una tasa de pobreza laboral, que se extiende también a otros sectores con la liberalización. Se abarata el consumo y se fomenta la dependencia de unos trabajos a los que se les endurecen sus condiciones laborales. Este es el sentido de la política neoliberal de acabar con el paro y al mismo tiempo controlar la inflación desde la globalización, de manera que la economía funcione. El precio de esta política es la miseria laboral, cada vez más extendida y rotar las crisis de un lugar a otro, bien de desempleo o de falta de recursos, para evitar que afecte de manera significativa a los centros financieros. En los países ricos el campo se quiere reconvertir a la especulación urbanística con urbanizaciones y lugares de veraneos, desarrollando el sector servicios, reduciendo el sector agrícola al mínimo. La extensión de la pobreza laboral, hace que el campo se mecanice cada vez más y las industrias de transformación, de todo tipo, logren mayores beneficios.

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En la campaña agrícola de 1999 sobraron en León 70.000 Toneladas de remolacha y 900.000 en Castilla y León. , las cuales suponen 5.000 millones de ptas. en pérdidas, es decir lo que no se convierte en ganancia debido a una buena cosecha. La venta de tal excedente equivale a cuantiosas pérdidas económicas, valoradas en 400 millones de ptas, según denuncia el sindicato agrario ASAJA , debido a la baja del precio por tonelada. Otro sindicato agrario, la Coag, en la misma campaña decidió no entregar la remolacha excedentaria como protesta por los bajos precios que perciben por lo sobrante, lo que para el productor supone una pérdida media importante. El contrato viene a estar a unas 8.000 ptas. por cada tonelada, mientras que la excedentaria se paga a 1.780 ptas., por la misma cantidad y, evidentemente, el mismo trabajo. A pesar de haberse reducido la superficie de siembra, con la finalidad de adaptarse a los derechos de producción, ha aumentado la cantidad y calidad por la mayor riqueza de sacarosa, con la paradoja de que esta circunstancia no significa un incremento de ingresos para el cultivador, debido a que el excedente carece de mercado interior. De la remolacha excedentaria se saca el “azúcar C”, que según la norma comunitaria se destina a la exportación porque supera la cuota y no puede venderse dentro de la UE. Al hacer la oferta en países con un nivel de vida muy bajo el precio tiene que ser mínimo, por debajo de los costes de producción en el país de origen, por eso sólo puede hacerse para dar salida a los productos excedentarios.

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Entiendo que la compensación del mercado excedentario pude venir con la aportación de una Renta Básica, que permita bajar los precios a la medida del mercado que debe asumir el excedente mediante una mayor distribución, o sea más barata. Al mismo tiempo potenciar la agricultura de consumo en los países en vías de desarrollo. De otra manera tenemos que se han creado redes empresariales del campo que convierten la subvención en un negocio en sí. Concretamente en España el 20% de los propietarios adquieren el 80% de las subvenciones. Los quince mayores propietarios de terreno rústico en España reciben tanto como 15.000 pequeños propietarios de suelo agrario. Propietarios que tienen terrenos con explotaciones agroganaderas, simplemente como inversión estratégica para fortunas que provienen de otros sectores, se da el caso de que reciben grandes cantidades de dinero en conceptos de ayuda. De manera que invierten para ganar tales subvenciones1. Fernando Mora Figeroa recibió, en 1999, 831 millones de pesetas. La Duquesa de Alba, 271. Samuel Flires, 180. Así otros personajes adinerados como Juan Abelló, Mario Conde, el conde de la Maz, Miguel Bosé y, no sólo estas personas, sino muchas sociedades cuyos accionistas son entidades bancarias que colocan en el campo parte del capital para beneficiarse de las ayudas por un lado y dejar que pase el tiempo para revalorizar los terrenos, que más adelante podrán tener un uso inmobiliario.

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Ha sido ampliamente conocido el caso del lino en España. Alejandro Alonso, Consejero de Agricultura de Castilla-La Mancha, reconoció que se organizó durante el año 1.998 una trama en torno al cultivo del lino, para obtener ayudas millonarias, para luego hacer que desapareciera la producción. tal operación benefició a altos cargos de la administración y a grandes terratenientes, quedando el pequeño agricultor en una situación de desventaja, ya que para rentabilizar tales ayudas necesitaba vender su producción, en un mercado cuyo margen de beneficios es escaso. Jose María Sumpsi2 critica las ayudas directas que provienen de la PAC, porque sirven para apoyar a los agricultores a mantener ciertos productos, el problema es que para el lino no hubo un mercado real, de manera que la gestión de las ayudas estuvieron viciadas de principio por ofertarse por hectárea cultivada, en lugar de por Kgr. entregado, que es lo que reivindican los sindicatos y asociaciones de pequeños agricultores, lo que se conoce como “modulación de las ayudas”. Para este economista las ayudas directas de la PAC no se pueden mantener , al menos en su concepción y cuantía actual, entre otras cosas porque pervierte el mercado. Deben reconvertirse a actuaciones sobre el medio ambiente, potenciar el paisaje rural y cuidar el territorio. Entiendo que la introducción de la renta básica permite regular el mercado y desviar las funciones de los pobladores rurales. La agricultura se diversifica y “ecologiza”, sin dejar de mantener un espacio para la producción masiva, pero en equilibrio con la que es comarcal y ecológica.

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El Secretario General de la COAG, José Manuel de las Heras, admite que “la actividad agraria no debe ser el motor exclusivo del desarrollo rural”. La diversificación de la actividad pasa por la agroindustria, el medioambiente y el cuidado del entorno y el bosque. Ahora bien el medioambiente ha de integrarse en la labor campesina.

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Las ayudas de la Política Agraria Común supuso en la provincia de León, durante el año 1.999 el 13´5% de la producción total agraria3. Aunque la renta agraria ha subido no llega al umbral de rentabilidad, que se valora en casi el doble del Salario Mínimo, cuando ha sido durante el año indicado 1´39 veces dicho salario. Si bien es cierto que se hace la media con cada individuo dado de alta como trabajador agrario, y en el campo cada unidad familiar trabaja como mínimo el matrimonio. La situación, pues no es desesperada, y la despoblación responde más a un criterio de mentalidad personal y social. Los pueblos carecen de los servicios necesarios para potenciar la población, sanitarios y educativos, así como para desarrollar diversas oportunidades de trabajo o de inquietudes personales.

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Hemos comentado que nos enfrentamos a una situación límite, pues reducir la capacidad agraria en Europa significaría su extinción. No se ha valorado una reconversión a la agricultura de calidad y ecológica, artesanal, que precisa de mercados locales. Es una de las bases de desarrollo de las explotaciones familiares, pues de otra manera no van a poder mantener su capacidad ni productiva de mercado. Sólo a raíz de la crisis ganadera provocada por la aparición de la enfermedad de las vacas locas, Alemania se ha planteado una reestructuración del capo potenciando las ayudas de las instituciones para la reconversión de las pequeñas explotaciones en granjas ecológicas.

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En Alemania la agricultura representa el 0´8% del PIB, en Suecia el 0´4%. En total en la U.E. la agricultura tiene muy poco peso específico en las economía nacionales, ya que representa entre el 3 y el 5% del PIB. Francia con un 2% del PIB de su agricultura cultiva en la Unión Europea el 21´6 % de la producción agraria. España el 12´3 % , significando el 3% de su PIB. Grecia sin embargo trabaja el 4% de la producción europea, con un valor del 7% de su PIB. Significa que nos encontramos con un sector primario en retroceso desde el punto de vista económico y con un nivel de tecnología totalmente extendido y que avanza progresivamente. No hay ya problema de abastecimiento, pero sí de población rural, de comercialización y de distribución, ya que por regla general se evitan incrementos de producción, mediante cuotas, en la remolacha, el maíz, la leche, y demás productos. La producción final agraria por empleo, de media, asciende a 4´4 millones. De tal manera que lo que se planifica es evitar el excedente masivo, por un criterio económico, por el cual se trata de mantener el equilibrio en los mercados. Esta situación es completamente nueva en la Historia de la Humanidad. Para adaptarnos a estas circunstancias hace falta una visión de la economía en general totalmente novedosa. El punto de inflexión para este cambio es la referencia al trabajo.

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Se prevé para el periodo 2000 – 2006 un presupuesto en desarrollo rural de 4.300 millones de euros anuales, y un total de 195.000 millones de euros para fondos estructurales. Para un espacio que supone el 80% del territorio de la U.E. con tan sólo un 25% de la población. Tengamos además en cuenta que más de la mitad de los titulares de las explotaciones agrarias comunitarias tiene más de 55 años4.

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Acarrear con las consecuencias de las macroproducciones tiene una contradicción. Los beneficios de tales medidas se han dirigido a empresas particulares, de las industrias químicas y de la alimentación, o empresas familiares campesinas. Los gastos son públicos. La Organización de Naciones Unidas para Alimentación y la Agricultura (FAO) alertó contra el almacenamiento de pesticidas caducados, lo que consideró una auténtica “bomba de relojería”5. Sólo en África la limpieza de tales supone un coste por tonelada de 600.000 ptas., mediante incineración, lo que equivale a tener que gastar 15.000 millones de pesetas. Más de 100.000 toneladas existen en condiciones muy malas en los países en vías de desarrollo. Entre los productos caducados y altamente tóxicos se encuentran los que han producido las grandes multinacionales. Son los pesticidas DDT,Aldrim, Dieldrin, Endrin, HCH, Lindano, Malation y Paration.

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Ahora la nueva ola del progreso agrario viene de la mano de organismos modificados por medio de la ingeniería genética, las semillas transgénicas. Especies a las que se altera, modifica o inserta uno o más genes, para conferirles una característica nueva o diferente. La empresa líder del sector es Monsanto, que se ha especializado en semillas de este tipo. La característica es que el mecanismo biológico de reproducción de las semillas se esteriliza y no germina, de manera que para volver a cosechar hay que comprar a la empresa nuevas semillas, pero además los productos adecuados para el crecimiento de ellas son comercializados por la misma empresa. Afecta sobre todo a los métodos de agricultura tradicional del Tercer Mundo. Quien carezca de dinero o si no hay suficientes semillas para abastecer el mercado ese año no habrá producción, lo que significará un control total sobre las poblaciones más necesitadas, principalmente, cuyos Estados tendrán que ceder a cualquier condición que imponga la empresa de turno.

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La empresa química acaba dominando al sector agrario, que se supedita a una labor de dependencia, en semillas y abonos y plaguicidas. Que además se van incrementando con nuevos o más productos en la medida que las plagas adquieran resistencias a sus “eliminadores”. Pero esta estrategia va encaminada al proceso de producción, sin dejar resuelta la cuestión de la distribución. Las patentes sobre la vida han cambiado. Hasta hace poco fue un monopolio que se otorgaba durante unos veinte años, por regla general, a una persona o empresa, sobre invenciones u objetos. Nunca ha sucedido sobre seres vivos o sus partes. Ha pasado a concederse sobre genes, células, animales, plantas u órganos o cualquier parte de la vida que se haya derivado de un experimento científico. Incluso con la información sobre el genoma humano se atisba la posibilidad de que la empresa que hizo el mapa completo patente su utilización.

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Lo que se deja de tener en cuenta en los cultivos transgénicos son los factores de riesgo, que no son constatables en un primer momento, sino a la larga. Como es el caso del desarrollo de posibles nuevas alergias como consecuencias de nuevas sustancias que se produzcan en la alimentación de productos que han sido modificados genéticamente. Su producción se salta mediante la biotecnología la barrera genética que existe entre las distintas especies vegetales. Otro riesgo es que al inmunizar a una planta desde su composición genética a un determinados elemento patógeno, éste puede inmunizarse a su vez y luego suceda que no hagan efecto los antibióticos en los seres humanos para combatir determinadas enfermedades. Evidentemente se trata de una posibilidad, pero que hay que prever. Cualquier advertencia se ridiculiza, por parte de los científicos al servicio de las empresas implicadas, como alarmismo y se sigue adelante con el único criterio de aumentar beneficios y promulgar el crecimiento económico sin límites.

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Por otra parte la agricultura ha entrado en una espiral de competitividad que empieza a dar muestras de enormes riesgos para la salud humana. Tenemos el caso del clembuterol6, el de las vacas locas en Gran Bretaña, o los pollos belgas, debido a los piensos de mala calidad para abaratar costes en las producciones masivas, la alimentación al ganado porcino con antibióticos, dioxinas en la dieta de aves de corral, incluir aceites de automoción y lodos en la composición de piensos y forrajes, harinas animales, todo lo cual ha sido calificado por el Comisario Europeo de Agricultura y desarrollo Rural, Franz Fischler, como “actos criminales” que han costado mucho dinero a la Unión Europea7.

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La PAC apoya las explotaciones orientadas a ser más y más productivistas. Prima la cantidad al menor coste posible. Una agricultura competitiva tiene un límite que es la seguridad de los alimentos. Producir a cualquier coste acarrea siembras especulativas y la aparición de los “cazaprimas”, cuyo objetivo es recoger ayudas sin criterios agrarios, sino como simple negocio. La agricultura familiar tiene un arraigo en la cultura rural que hace que mantenga el entorno y su medio, en el que se integra, porque es su vida.

El campesino no es un obrero, es un trabajo peculiar, que se convierte en una forma de vivir, donde el trabajo son las veinticuatro horas, aunque no siempre se esté haciendo algo. Siempre puede parir una vaca, hay que arreglar las herramientas, hay que ir a vender. Se trata de una labor que no responde a un horario, pero deja de ser así a medida que las granjas se convierten en centros de producción industrial. En poco tiempo se ha pasado de una explotación familiar a industrias que buscan el beneficio mediante abaratar costes, lo que logran, por ejemplo, introduciendo en la alimentación animal proteínas animales o grasas industriales. El mercado provoca una concentración económica que mueve grandes sumas de dinero y los productores son asalariados, al tiempo que los consumidores son grandes cadenas de alimentación dispersas en miles de kilómetros a la redonda.

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En los años cincuenta un pollo de 2´2 Kgr. tardaba en criarse 190 días. En 1995 se logró llegar al mismo resultado en 50 días. Evidentemente la calidad de la carne no puede ser la misma. Es el peligro de dejar la producción en manos del libre mercado, ya que para poder hacer una agricultura tradicional y que sea competitiva y rentable hacen falta ayudas. Ahora bien lo que se necesita es que se genere un mercado alternativo a las producciones masivas. Lo cual será posible cuando el agricultor tenga una independencia de base y no esté sujeto a los resultados, con o sin ayuda a la producción o al cultivo.

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Otro problema de los pueblos es lo que se conoce como la “guerra del chopo”. Los dueños de las tierras cuando viven en la ciudad no arriendan éstas ni la trabajan. Cortan los árboles frutales, porque requieren de un cuidado exquisito. A cambio plantan chopos, cuyo tronco se usa como materia prima para la pasta de papel. Al cabo de diez años son talados y vendidos. Mientras tanto producen problemas a las tierras vecinas que se siembran de productos agrícolas, al absorber los árboles mucha cantidad de agua, dan sombra a los cultivos e impregnan de polen las hojas de las plantas herbáceas.

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En los países desarrollados supone un handicap la competencia con los países en vías de desarrollo en materia agraria. Según el sindicato Jóvenes Agricultores, ASAJA, por culpa de las importaciones de productos agrarios Castilla y León perdió, en 1.999, 2.300 millones de pesetas. En tal campaña tuvo que vender la producción a una media de 7 pesetas menos del coste de producción. Con una diferencia entre lo que se paga al productor y lo que paga el consumidor de 60 ptas. la agricultura queda fuera del mercado, pero sigue en él, lo que altera las relaciones económicas dentro y fuera de sus fronteras.

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Durante el año 1998 la agricultura española recibió de la PAC 112.608 millones de pesetas en ayudas, lo que equivale a 164.631 rentas básicas. Con éstas se puede potenciar el mercado comarcal y la formación de cooperativas. Se evitan maniobras que afectan al medio ambiente y a los pequeños propietarios como es reconvertir los terrenos a regadío para ser partícipes de subvenciones, de manera que éstas se convierten en un fin y dejan de ser un medio. Ya no son un apoyo sino un modus vivendi. Pero no se puede prescindir de ellas sin ocasionar un grave daño a una sociedad que ha sido bastante despreciada. Algo que muchas veces se olvida en las políticas institucionales que se encaminan a querer instalar agricultores jóvenes. No sólo consiste intervenir sobre criterios económicos y en modernizar las explotaciones agrarias, o dar facilidades fiscales, sino que se deben contemplar factores multiculturales y potenciar los servicios sanitarios y educativos en estos núcleos. Cuando, justamente, ocurre lo contrario. El sistema de ayudas peca, de añadidura, se estar mal repartidas las subvenciones. Cobran más los grandes propietarios que ya tienen más ingresos y beneficios de su actividad agraria. La renta Básica se establece en un criterio de igualdad, para dejar que las diferencias se diriman en el mercado.

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Algo que debemos entender es que el éxodo rural no ha sido un factor exclusivamente económico. Pudo servir como punto de apoyo para que muchos jóvenes se marcharan, pero siguió sucediendo cuando la población y las tierras llegaron a un equilibrio, al menos para poder vivir medianamente bien. Una buena parte de las motivaciones de irse, no siempre a mejores condiciones materiales, fue la mentalidad cerrada de los pueblos, la educación excesivamente conservadora y dependiente de los mayores, por ejemplo en el tema de la propiedad de las tierras que no se traspasa más que en la herencia. La juventud rural buscó en las ciudades otras formas de vivir.

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Ciñéndonos al aspecto económico, hay que analizar que en los orígenes de la Política Agraria Común, durante los años 50-60, tuvo como objetivo en Europa el autoabastecimiento. Cuando ya se hubo alcanzado y superado los sindicatos que representan a las explotaciones familiares reivindican que una segunda fase se oriente a potenciar alimentos seguros y de calidad, para un mercado interior más cercano que evite una cadena de intermediarios que hacen que el alto precio de los productos repercuta muy poco en el productor.

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La Renta Básica establecida individualmente es un factor que estabiliza las crisis de los mercados y asegura una temporada de malas cosechas, sin que afecten al mercado factores externos y extraños a la producción. Al mismo tiempo va a permitir mantener un equilibrio con la productividad de los países en vías de desarrollo, para que puedan éstos dirigir sus productos a la población necesitada y no la mayor parte a la exportación con el objetivo primordial de sacar fondos para el Estado o una parte muy reducida de la población. Si en algo puede incidir la renta básica es en la regulación del mercado internacional en favor directamente de la población del Tercer Mundo. Lo cual permitirá su autodesarrollo. Al mismo tiempo va a agilizar el mercado interior de los países desarrollados.

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En los mercados internacionales la agricultura española se ve afectada por la falta de rentabilidad. En 1.999 los acuerdos de la U.E. con Egipto permitieron a este país vender 20.000 toneladas de judías, 250.000Tn. de patatas, 1.500 Tn. de fresas y 60.000 Tn. de naranjas, a precios muy bajos en comparación con las posibilidades de los productores españoles. La falta de controles rigurosos hace que aumenten el tonelaje de estas importaciones. Lo que agrava más el asunto. ¿Por qué España no puede competir con tales precios? porque están por debajo del coste de producción, ya que en España es superior el valor del suelo, la mano de obra y el precio del agua.

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Los acuerdos con el Magreb provocan otro tanto de lo mismo con el sector de la horticultura. España se ve más perjudicada que Holanda y Francia pues los ciclos de producción de estos países es diferente a Marruecos y España, cuya producción se vende al mismo tiempo. En Extremadura8 la cuota de concentrado de tomate supuso en 1.999 una pérdida, por tal motivo, de 2.000 millones de ptas.

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Algunos productos como las cerezas tienen un precio fijo para vender en cooperativas. No es una imposición, pero se llega a él por acuerdos entre almacenistas y cooperativistas. Sucede que no todo el mundo participa porque prefieren vender a pie de finca y hace que baje el precio global del fruto. Sucedió una cosa curiosa en 1.999, en los productores de cerezas de Ávila. Muchas se helaron y cobraron la subvención y el seguro por las pérdidas, pero una parte de la cosecha se salvó y la vendieron a escondidas de manera que hizo bajar el precio de la cereza en toda España. Ocurre que una parte de los productores no viven de la producción, sino que contratan a cuadrillas para que las recojan, pagan el jornal a un vecino del pueblo para que se encargue de las podas y lo que sacan es un complemento al salario o a la jubilación que cobra.

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La almendra española se ve amenazada en el mercado por la que viene de California y la de Turquía, la segunda compite mejor por los bajos costes en general a igual producción, pero la segunda por la mayor producción, lo que hace que el coste por kgr. sea menor. El gobierno español se ve obligado a mantener una partida de la PAC como ayudas anuales de 18.000 millones de pesetas para mantener, al menos durante diez años de momento, la producción de los almendros, al entender que es un bien económico, cultural y ecológico para la zona.

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En Asturias el preció de la leche bajó durante la década de los noventa, llegando en 1.999 ha perder 7´5 ptas. por litro, situando el precio por debajo de las 50 ptas. Las grandes industrias se pusieron de acuerdo en establecer un precio fijo. Pactaron fijar un precio a la baja. En 1992 el Tribunal de la Defensa de la Competencia condenó, con una multa de 1.200 millones de ptas. en Asturias a las empresas lácteas por este motivo, es decir imponer un cartel de venta, que supuso la disminución del 50% de los ganaderos. La bajada de los precios se ha debido posteriormente al exceso de la oferta, por lo que el Estado se ha puesto más estricto con los cupos de leche desde el año 2.000.

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Europa ha limitado la entrada de ajos chinos a 12.000 toneladas anuales, a finales de los años noventa. No obstante no logra proteger el mercado de este producto pues entran muchas más toneladas que provienen de terceros países a los que previamente llegan de China. Por lo cual la Comisión Europea ha decidido a comienzos del año 2.000 un régimen de contingentes arancelarios, aplicables a las importaciones a terceros.

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En otros casos las situaciones cambian pero limitadas a determinados productos. La Comisión Europea ha establecido una zona de libre comercio con Méjico, llevando a cabo tal liberalización en cuatro fases, fijadas para que Europa pueda ampliar sus mercados de vino, alcoholes y aceite de oliva. Por su parte el país americano consigue una apertura para la venta de zumos de fruta, aguacataes y flor cortada. Quedan fuera del acuerdo los cereales, la carne y la leche.

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Vemos que en la economía del sector primario, en los países industrializados, la renta básica es una necesidad imperiosa, a consecuencia del desarrollo de los medios de producción. No es otra cosa que adecuar las normas económicas a la realidad de los nuevos procesos productivos. De hecho existe una especie de pseudorenta básica, en forma de subvenciones. Discutimos entonces el cómo, de qué manera, contraponiendo las ayudas a la producción o a la limitación de ésta, para pasar a una aportación a la persona. de tal manera que el mercado regule la función económica de los productos agrarios. Lo que va a permitir aumentar la eficiencia del aprovechamiento tecnológico en el campo. La agricultura necesita quedar acorde con un mercado que tiene que recuperar su realidad, ante una función actual absolutamente fuera de toda lógica.

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Una de las propuestas de Alberto González Escribano9 para el desarrollo agroganadero es establecer en el sector primario un salario mínimo para los profesionales del campo, en lugar de mantener subvenciones y ayudas a la producción que salen muy caras. Calcula que tal medida supone justo la mitad de dinero que paga el Estado en repartir ayudas al sector. Además sucedería que tal medida permite restringir las subvenciones a los profesionales y mantener un criterio de mercado para establecer la rentabilidad del sector. Se expulsaría de esta manera un elemento perturbador de la economía, como son las empresas que compran tierras y especulan con ellas de manera que han encarecido el precio del suelo desproporcionadamente desde 1993 en que se ha impuesto un sistema de primas basado en el criterio del número de hectáreas. Las necesidad del medio rural en materia ecológica y de sostenibilidad requieren ampliar tal propuesta a los habitantes de los pueblos, no sólo campesinos, lo que serviría para descongestionar las ciudades. Entiendo que esto es una medida parcial para el sector del campo exclusivamente, pero que aplicado de manera general entronca con su evolución hacia la Renta Básica de manera universal. Tengamos en cuenta que en los pueblos por un lado la vida es más barata, por otro se mantiene abierta una economía de mercado real, y en tercer lugar la percepción de la renta básica no es sólo para el cabeza de familia o los profesionales, sino para cada individuo.

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El tabaco10 en Extremadura depende del 48% de los ingresos de las ayudas comunitarias. El secretario general de la UPA, Fernando Moraleda, admite que el sector necesita del mercado y del Estado. Sin las ayudas de éste el sector no subsistiría y sin el mercado tampoco. Es una idea general para toda la actividad del campo. Ahora bien, habría que plantearse la manera en qué debe funcionar las ayudas estatales. Vemos que interfieren en la marcha de la oferta y la demanda, y que llegará un momento en que no se podrá mantener. La reestructuración levará a mucha gente al paro, pero es posible integrar la realidad del mercado mediante una aplicación del derecho de una Renta Básica. El propio mercado regularía la producción y facilitará la distribución, tanto de mercados como de productos. Se establece un equilibrio Norte Sur, en previsión a que estalle un conflicto, por suceder que se separan más los bloques de la pobreza de los de la opulencia, en vez de acercarse mediante un juego de reparto de competencias económicas.

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La agricultura es el ejemplo más claro sobre la posible creación de una Renta Básica, extendida para todo el sector. Es lo que permitirá que despegue lo que Juan Serna ha propuesto como motor del mundo rural, el autoempleo a través del cooperativismo. En Extremadura funcionan muchas cooperativas de comercialización y de transformación (vinos, aceite…)que mueven muchos miles de millones de pesetas. Hay varias de productos ecológicos. Algunas son la de quesos, “Ojos del Guadiana”, de jabones ecológicos, JABECO y de gallinas castellanas negras, COADA. Podría pasar a ser una regla, en lugar de ser la excepción que confirme las explotaciones industrializadas o dentro de un proceso de excedentes en un mercado comunitario. La agricultura ecológica precisa de una cultura que la arrope, en que participe abundante gente para no ser una tarea demasiado absorbente. En Extremadura ocupa tan sólo 203 Hectáreas, lo que no da para un desarrollo generalizado, porque carece de una base de subsistencia de quienes se dediquen a ella y puedan obtener beneficios, a partir de una distribución social de la riqueza, de manera que ésta sea gestionada por los ciudadanos, al menos en una situación mínima. No obstante es un mercado creciente y el número de hectáreas dedicadas al cultivo ecológico se incrementa.

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Mantener la población en áreas rurales es una prioridad en los países industrializados. Tarea que requiere medios públicos, sólo que habrán de desligarse de la relación con la agricultura y de la función del empleo como tal. Éste deberá establecerse en una interacción económica de los individuos y el medio. La población se habrá de fijar entonces sobre la base de los puestos de trabajo disponibles. Lo cual convierte semejante propósito en una misión imposible. Tal como apunta Javier Callado Cobo11: “La agricultura a precios del mercado internacional no es rentable con las estructuras que predominan hoy en España. Ser agricultor es, prácticamente, una concesión administrativa puesto que se trata de una actividad cuya supervivencia depende de la aportación de subvenciones”. A lo que añade: “el destino agrícola del suelo y su transformación en regadío se rige por un criterio especulativo, con dinero público”.

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Cautiva y desarmada la resistencia en Riaño el gobierno socialista, un 18 de julio de 1.987, consigue cerrar la presa que levantó la protesta más importante de afectados y ecologistas de todo el territorio del Estado español. Seis años después el presidente de la Confederación Hidográfica del Duero, Jose María de la Guía, reconoce el fracaso del plan de riegos de Riaño. Dos son las razones fundamentales, que se debatieron ampliamente durante la defensa del valle, los cuales fueron negado reiteradamente por “técnicos” de la administración y los políticos gobernantes. En primer lugar por los problemas del suelo, pobres y no asimilables para regadíos. Y en segundo lugar por ser terreno de la avutarda, ave esteparia que vería amenazada la supervivencia de su especie por los regadíos. Curiosamente 4.135 hectáreas se dedican a la preservación de la avutarda. Pero de manera que zonas que son hábitat de aves esteparias, son recalificadas para regadío y luego para lograr conservar las llanuras cerealísticas, como ecosistemas de una especie amenazada, se ofrecen subvenciones con el fin de lograr los objetivos medioambientales. Es decir se hace toda una operación hidraúlica para que zonas de secano pasen a ser de regadío y luego se financia que se mantengan de secano. De manera que además reciben subvenciones agrarias para sembrar cereales y también de la Consejería de medioambiente para proteger la avutarda, que se ve amenazada por el mismo plan que la administración ideó. Los presupuestos para el año 2000 de la Junta de Castilla y León12 contemplan 3.598 millones de pesetas para la agricultura extensiva, la ecológica y mantener las estepas cerealísticas, lo cual supone un desembolso de 2.698 para lograr hacer compatible el hábitat del avutarda, con la actividad agraria. Curiosamente en el informe anual de ASAJA, para el año 1999, uno de los datos más destacados fue que el aumento de producciones y de rentas se debieron a la máxima superficie de siembra en cereales de invierno en secano13, mientras que el regadío fomentó el excedente, lo que supone un gasto en la producción que no se compensa al carecer de demanda.

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Los medios de comunicación ofrecieron una imagen, sobre quienes nos opusimos a las obras y al fatal desenlace, de ecologistas radicales, románticos exaltados, cuando en realidad fue plantar cara a un atropello, no sólo contra la naturaleza, sino una forma de prepotencia, de falsedad para desviar fondos públicos a empresas privadas de la construcción, explotación hidroeléctrica y hacer con el campo un negocio especulativo, al cuyo trapo entraron sindicalistas del campo y representantes de las zonas rurales que se iban a beneficiar del agua. Fue un atropello, pero más aún un montaje, que luego el tiempo lo ha hecho visible ante la indiferencia y pasmosidad de la población leonesa.

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Los regadíos de Riaño fueron declarados de Interés General para la nación. Doce años después no se ha hecho nada de nada, algo previsible al comprobar como se cerró la presa, sin estar ni siquiera iniciado la canalización secundaria. Muchos de mis compañeros en la lucha contra que se realizara aquella farsa, con el tiempo son técnicos medioambientales e ingenieros agrónomos de la administración, y han podido comprobar el cinismo con el que se actuó. Gracias a la lucha que conquisto a una gran parte de la opinión pública y que el tiempo desmanteló todo argumento en favor de tales obras faraónicas para nada, sirvió de impulso para que se salvaran zonas amenazadas por grandes embalses, pero se hubo de luchar con fuerza también ante el empecinamiento de la Administración. Tales como Omaña, Vidrieros, Itoiz. Sin embargo uno de los grandes problemas ecológicos es precisamente el regadío en sí mismo, como forma de sobreexplotación del suelo. Un estudio de la FAO, 1.992, comenta que 1/3 del suelo de León se ve amenazado de desertización, es decir pérdida de fertilidad, lo que exige una política más intensa de reforestación, para fijar el suelo y evitar que el riego a manta lleve los nutrientes al subsuelo más profundo. Se encarece de esta manera la agricultura al depender de abonos y productos químicos cada vez más potentes.

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Es curioso que quienes defendieron la mentira sobre la viabilidad de los regadíos doce años después se han convertido en diputados provinciales, consejeros autonómicos y otros cargos públicos. Todos han medrado en la política. Me detengo en este ejemplo, no sólo por lo cerca con que viví aquellos acontecimientos, sino porque es representativo, como se constatará seguidamente, de la política agraria con fines especulativos y con la estrategia de derivar dinero público para capitales privados.

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Un compañero del grupo ecologista Urz, que trabaja en una empresa de evaluaciones medioambientales, contratada por la Junta de Castilla y León, fue requerido por un político que coordina los resultados, para solicitarle que fuera muy exigente con la protección de las avutardas, para dedicar a ello el mayor número de hectáreas posibles. Lo cual es una gran ventaja para el agricultor. Entre otras características la inversión para reconvertir terrenos de secano a regadíos en un momento de excedente y límites de cupos de la mayoría de los productos es inviable y antieconómico. El año 1988, el siguiente al del cierre de la presa de Riaño, hubo un excedente de 20.000 toneladas de remolacha. Se aprobó un Real Decreto14 que obligó a la retirada temporal de tierras de cultivo de regadío. Y, sin embargo, se estaban abriendo expectativas de futuro con el cambio a regadío de nuevas tierras. Una paradoja que queda resuelta con la inexorable realidad. La exigencia de retirar tierras de cultivo es para regular el mercado agrícola. Afecta a cultivos herbáceos: cereales (trigo, cebada, maíz), girasol, soja. Para ellos se solicitan pagos compensatorios. Para recibir estas ayudas es de obligado cumplimiento retirar tierras de ser cultivadas, tanto en secano como en regadío. En el año 2.000 la retirada obligatoria es del 10% de la superficie.

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Todos los ecologistas supimos, y se denunció en su momento, que los únicos intereses fueron para las empresas constructoras, que fueron quienes realmente presionaron entre bambalinas. Emilio Rodríguez, presidente de los constructores de Granada, declaró en un acto de constricción pública: “es práctica habitual que las empresas paguen comisiones por la adjudicación de concurso de obras públicas”. En febrero de 1993 el ministro de Obras Públicas, José Borrell, establece que se compromete con las grandes empresas constructoras a contratar obras públicas, por valor de 520.000 millones de pesetas y que pagará 70 mil millones para cubrir la deuda pendiente con el conjunto de ellas. Negocios de los que dependen muchos puestos de trabajo, luego, con la lógica económica actual, es necesario mantener tales conductas y maneras de gestionar el dinero, para que no peligre el trabajo.

Los agricultores salieron en manifestaciones masivas, instrumentalizados claramente, hasta el punto de que en doce años no volvieron a salir a las calles para reivindicar que el agua llegase a sus tierras. ¿Las condiciones habían variado? Sí , pero sobre lo previsto y advertido en estudios que se obviaron y nunca se quisieron hacer públicos. Sólo años después hemos sabido de ellos.

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La asociación de futuros regantes, ACOPRIS, propone en sesión plenaria, el 26 de febrero de 1.994, “la demolición del canal de los Payuelos, por entender que ha sido construido basándose en un engaño manifiesto a la provincia de León y muy especialmente al Sur de la provincia”, si bien fue un engaño anunciado y sabido.

Dos años después del ocaso de Riaño, el principal sindicato agrario leonés, la UCL, denuncia que los precios de las tierras se han incrementado entre un 75% y un 100%15. Achaca tan espectacular incremento a movimientos especulativos sobre las nuevas zonas de regadío, así como a la compra masiva de tierras por parte de personas ajenas al sector agrario. Se entiende la propiedad del campo como una inversión más a revalorizar sin trabajar las tierras. Detectan en Tierra de Campos, beneficiada por los presuntos “regadíos” de Riaño, un gran movimiento de ofertas de compra con el único fin de triplicar el valor de la tierra, de acuerdo con posibles recalificaciones. El vicepresidente de la UCL, Matías Llorente afirma: “el valor actual de la tierra es muy superior al que correspondería a su propia productividad agrícola, siguiendo un fenómeno especulativo”. Entiende que en la nueva capitalización inversora del campo lo que menos importa es la productividad. Reflexión ésta muy importante para el asunto central que tratamos. Se hace visible una situación paradigmática, que nos va a confirmar nuestra idea en una realidad concreta. Anótese que desde las ayudas de la Política Agraria Común el precio del suelo ha subido un 66% su valor. Sin ir acompañado de un incremento, en la misma medida, de producción.

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Se supone que para realizar una obra de la envergadura del embalse de Riaño, se tuvo que hacer un estudio serio y profundo de las posibilidades productivas. Pienso que se impusieron los intereses económicos sin más. Es en junio de 1.991 cuando la Diputación de León encarga un estudio al departamento de ingeniería agraria de la Universidad de León, sobre el potencial de la agricultura en la zona regable. Los resultados ponen en cuestión no ya los futuros regadíos, sino todos, en tanto se mantienen con formas obsoletas del uso del agua. Se propone un aprovechamiento racional, evitar el regadío por inundación que derivan en problemas de encharcamiento y salinidad lo que perjudica la fertilidad del suelo y, sobre todo, buscar el aprovechamiento forestal. Un año antes el catedrático de Hidrogeología de la Universidad Complutense de Madrid, Ramón Llamas, analizó pormenorizadamente cómo nivelar los campos de cultivo y suprimir las pérdidas en los canales de riego ahorra, con una inversión mínima, el 30% del agua que se consume para regar, lo que supone el 84% del agua embalsada. Del cual se pierde un 40% en la red de transporte, una parte en evaporización, que una buena medida es evitable, con la implantación de matorral a los lados de las acequias. Sólo un porcentaje mínimo es incontrolable.

Desenmascarar tanta falsedad, advertir sobre la reconversión especulativa del campo fue por que luchamos en Riaño, a pesar de las trampas de sus habitantes y de los recursos para especular también en la construcción del “nuevo riaño”, usando nuestra presión social para ampliar los terrenos de construcción y dar permisos para que se hiciera una altura más, allende el cobro de indemnizaciones.

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De las 84.000 hectáreas que se propusieron como motor del apoyo al cierre del embalse, en 1.995 el Plan nacional de regadío redujo la zona de los Payuelos a 19.000 hectáreas16. ¿Una gran mentira? Pero que interesó a todas las partes, excepto a los ecologistas de entonces y a algunos afectados, que tomaron conciencia de su afecto al terruño. La productividad fue un espejismo. De querer hacerlo realidad hubiera bastado hacer caso de las posibles alternativas, basadas en aprovechar el embalsamiento de agua en pequeñas presas, en una explotación más eficiente, usar la aspersión y gestionar las aguas subterráneas. Las obras se realizaron sin criterio de necesidad. Los beneficios estuvieron en la explotación hidroeléctrica, en la especulación del valor del suelo. En muchos lugares para hacer colonias de chalets. Los regadíos desde un punto de vista económicos no son rentables, ni social ni personalmente. Debido al elevado coste de la inversión no son pocos los nuevos regadíos que acaban en endeudamientos y embargos. Porque son nuevos regadíos que compiten con otros ya establecidos. Además el cambio se secano a regadío utiliza la parte del suelo de secano más productivo, el cual da un buen resultado económico en la relación beneficios-inversión-tiempo de trabajo.

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El ingeniero agrónomo, Alberto González Escribano17, que fue uno de los que organizó la resistencia de Riaño, y que aparece en fotos de los medios de comunicación perseguido por cargas policiales, realizó un trabajo técnico, 12 de abril de 1.999, sobre las falacias referidas para justificar los regadíos de Riaño. En el mejor de los casos hubiera afectado a un máximo de 2.800 agricultores, cifra muy por debajo de los miles de agricultores que se manifestaron pensando que les iba a tocar una parcela en el paraíso. Constató como la mayoría de los propietarios doce años después del cierre no quieren la transformación, ya que no ven clara la rentabilidad de tal operación. Analiza como las grandes obras hidráulicas son rentables en los años 50 y 60 al vivir España en una economía de expansión, con una política de precios agrícolas altos y protegidos frente a importaciones. Los regadíos resultaron rentables, al pagar el agricultor sólo una pequeña parte de la obra. Sin embargo esta política autárquica fue vista como un error por el Banco Mundial y la FAO. En un estudio sobre la agricultura española señalan ambos organismos que los agricultores deberían devolver la totalidad del coste de las obras, pues de otra forma la prosperidad rápida y fácil acabaría desapareciendo. Sin contar que nuevas normativas comunitarias exigen que los agricultores paguen el agua para evitar que se desaproveche.

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El desarrollismo agrario llevó a España en los años 70 a una catástrofe rural y ecológica, de la que todavía se ha tomado muy poca conciencia de ella. A cuenta de ampliar y rentabilizar los regadíos se produjeron las concentraciones parcelarias. El paisaje campesino cambió drásticamente. Se quitaron los árboles, sebes y soto bosques que circundaban las tierras de cultivo, sin que se diera valor a este paisaje que formó múltiples y variados microecosistemas. Se taparon arroyos y se desecaron pequeñas lagunas. Lo que afectó al pasó de las aves migratorias. Curiosamente el factor humano que degradó el medio rural, desde el punto de vista ecológico, es el mismo al que es preciso acudir para mantener el medioambiente que aún queda. Jose Luis González, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de León, advierte que “hay una amenaza a medio plazo de degradación del medio rural con grandes consecuencias ecológicas y económicas, debido al envejecimiento de la población”.

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Durante los años 1985 y 1988 hubo, como consecuencia de las protestas por el embalse de Riaño, un interesante debate en cuanto al desarrollismo agrario y ganadero. Desde el punto de vista ecologista se vio absurdo que se suprimiese una gran superficie de pastos, para llevar agua para cultivos de forraje, fundamentalmente. Fue evidente que el negocio estuvo en intensificar la cría de manera industrial añadiendo piensos químicos y de origen animal, con el fin de acelerar e incrementar el engorde de vacuno. El negocio del campo se impuso frente al desarrollo integral del medio rural, con el beneplácito de la Administración que contempló como único criterio el crecimiento económico sin atender a sus consecuencias. Con el tiempo afloraron los efectos, algunos de momento, como ha sido una docena de años después el mal de las vacas locas. Un modelo que se impuso en Europa y en los países desarrollados comenzó a dar problemas. Primero en Gran Bretaña en 1994 y se extendió posteriormente al resto de los países comunitarios. Animales herbívoros fueron alimentados con harinas de grasa animal, fundamentalmente de ovejas. Una sustancia parecida a la proteína, los priones, causó la enfermedad de Crutzfeldt-Jacob, que afecta al sistema nervioso del animal. Lo que se convierte en un problema de salud pública al poderse trasmitir a las personas, como ha sucedido en Reino Unido con casi un centenar de personas. En España tal falta de previsión ha significado en el año 2001 la ruina de muchas explotaciones y una crisis sin pecedentes en el mercado de carne de vacuno. Como medida preventiva en España se ha suprimido las harinas con grasa de ovejas o de otros animales excepto el pescado. Es obvio que una vaca en su estado natural no ingiere esta alimentación, por lo que aunque no cause un mal inmediatamente sí va a significar un cambio de imprevisibles consecuencias. Sólo Alemania tomó cartas en el asunto para cortar por lo sano invirtiendo en la transformación de las granjas en explotaciones ecológicas. Lo que afectará positivamente en el consumo y posiblemente sea el inicio de un proceso racional que se extenderá a toda Europa. Como algunos especialistas han venido a demostrar la causa última del mal de las vacas locas ha sido el modelo de agricultura y ganadería industrial, basado en obtener cuantiosos beneficios, sin atender a las consecuencias. Se crearon y subvencionaron la creación de granjas intensivas en la que las vacas apenas tienen espacio para moverse. Las enfermedades del ganado se tratan con antibióticos y se estimula una espiral de mantener una cuota fija de leche, de manera que para aumentar el beneficio se tienen que disminuir los costes, lo que se logra abaratando los piensos e incrementando a la vez la proporción de proteínas para que sea mayor el engorde y el volumen de leche con menos número de animales. Las industrias de piensos, las explotaciones ganaderas, respondieron a un modelo de desarrollo que ha llegado a su fin ante el peligro de una patología del ganado vacuno, que afectando a un pequeño número de reses corre el peligro de extenderse si no se toman medidas que cambien la dinámica en la que aparece semejante trastorno. Este proceso de transformación va a requerir a su vez un modelo económico que dé el contexto del cambio y haga posible dicha transformación a nivel general. En la definición de este nuevo modelo es donde vemos la aplicación práctica de la Renta Básica.

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La política de subvenciones a la productividad ha creado una agricultura ficción. En tales condiciones es prácticamente imposible recuperar la función del mercado. El progreso agrario exige una reconversión de las ayudas públicas. Que pasen a ser individualizadas, como rentas básicas, y no a la producción o a la no producción de excedente. Tal medida posibilita que se estratifiquen mercados de autoconsumo, en convivencia con otros comarcales, provinciales, nacionales e internacionales. Lo cual potencia el mundo rural y hará que el sector primario recupere su iniciativa y deje de ser un lastre económica. Es necesario que la agricultura y la ganadería mantengan un equilibrio con otras fuerzas económicas. Bien apunta el economista estadounidense, Theodore William Schultz, premio Nobel de Ciencias Económicas en 1.979 compartido con su compatriota Arthur Lewis, cuando estudió la importancia de los recursos humanos en la agricultura. Crítica duramente que se sacrifique este sector por el desarrollo industrial. Especialmente grave en los países en vías de desarrollo. Una agricultura potente hace que las naciones no adquieran dependencias de otras más poderosas.

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Nada como el mundo rural para comprobar como las subvenciones se convierten en negocios, controlados por la dirección de colectivos que conforman fuertes grupos de presión. Luis Alfonso del Riego, poblador de Puebla de Sanabria ha denunciado en 1999 que expertos en materia ambiental y de conservación reciben subvenciones millonarias. De manera que éstas dejan de ser una ayuda, para pasar a ser un negocio de profesionales que conviven y se codean con funcionarios y responsables políticos de manera que se da una imagen propagandística, para responder a la ecología como moda mediática y con tales fastos se oculta una gestión nefasta del medioambiente. Como es algo que no está contemplado en la ley, es un fenómeno creciente que vive en la alegalidad. Se usa el dinero público, para obtener beneficios de particulares, sin afrontar las verdaderas necesidades del medio rural. Pero el capital que se invierte para éste va a parar a empresas privadas cuyos promotores y sedes radican en la ciudad.

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El desarrollo del medio rural requiere de la participación de la sociedad, que esté inmersa en él. Viendo una unidad en tres vertientes que, por el contrario, cada vez se separan más: los aspectos económicos, sociales y ecológicos. Trabajar en el campo no es una mera actividad económica, es una manera de ser y de vivir particular, fuera de lo cual se rompe el relevo generacional. Se ha olvidado educar para el campo, fomentar los servicios para cubrir las necesidades de los pueblos. Desde el cierre de escuelas unitarias, libros de textos y programas encaminados a un modelos de adulto urbano, al alejamiento de los centros sanitarios, ha hecho que el medio rural se desbarajuste. Para cubrir tal desequilibrio se invierten muchas partidas de dinero público, sin un resultado eficaz.

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El sector primario ha quedado desplazado de la economía, con todo lo importante y esencial que es. Si algún afortunado decide invertir para hacer fortuna no se le ocurrirá realizar sus planes en el negocio agrario. Hace cincuenta años, sin embargo, si era un negocio rentable trabajar para comprar tierras y trabajarlas con la familia o arrendarlas. La acumulación de hectáreas y su posterior venta facilitó la compra de pisos a muchos hombres y mujeres del campo en los años sesenta. Cuarenta años después el terreno agrícola queda muy devaluado en relación al patrimonio urbano. Es por tal motivo que es un punto de referencia para aplicar la Renta Básica para tal sector, además de los colectivos de parados, amas de casa y estudiantes, en un principio. Teniendo como ventaja añadida que permite acoplar las teorías económicas de la economía política, que suelen tomar como referencia en muchas ocasiones la cuestión agraria.

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Es frecuente oír en los pueblos que la labranza ya no es rentable, que se trabaja según el parámetro de lo comido por lo servido. Cierto es que muchas familias dedicadas al trabajo campesino han dado carrera a sus hijos y han acumulado pequeñas fortunas, con el esfuerzo y el ahorro de muchos años, con la colaboración de todos los miembros de la familia, aunque algunos que estuvieran fuera sólo trabajasen en determinadas épocas del año, en vacaciones. Nos referimos a la agricultura familiar. El problema de los jornaleros, trabajadores por temporadas, es otro y se encuentran sin propiedades y sin una remuneración fija. Su trabajo es necesario, pero sólo unos meses del año. Sin embargo el salario que ganan no da para vivir el resto del año. Precisamente para mantener tal labor se debería mantener a tales trabajadores con una manutención los meses en que no se trabaja. Lo mismo que se subvenciona al propietario de tierras, ¿por qué no a estos trabajadores temporales del campo? Los bajos salarios y las condiciones de escasez con que se desarrollan hace que se convierta en una actividad típica para inmigrantes, cuyo nivel de vida en los países de origen es tan bajo que hace que les resulte rentable.

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Se han experimentado fórmulas para este tipo de relaciones laborales, cuyos miembros en lugares como Andalucía o Extremadura forma parte de un amplio substrato social. Los errores han sido condicionar las ayudas al tiempo de jornadas laborales, lo que dio lugar a casos de corrupción apuntando los Ayuntamientos más horas de las realizadas. Y a que se eliminaban las ayudas al ser contratado el jornalero un tiempo laboral determinado, de manera que al perder las ayudas el trabajo, en lugar de suponer un beneficio, se convierte en una contraprestación negativa. Por otra parte se fomentó con el modelo de socialismo andaluz, la colocación de empleos municipales, en una cadena de tráfico de influencias que originó tramas políticas y redes de cohesión dentro de partidos encargados de gobernar. Se multiplicó la burocracia, que se extendió al terreno laboral, haciendo muchas tareas de manera ineficaz y desestabilizando el mercado de trabajo. Evidentemente ha sido una reacción política necesaria para resistir a los intereses de los latifundistas y de las grandes familias. Pasado ese pulso se requiere de una medida individualizada y dentro de unos parámetros económicos que aborde la posibilidad de establecer un mercado laboral, real y efectivo.

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La agricultura debe regirse por los diversos mercados, sea el globalizado a nivel mundial, los comarcales o para las pequeñas industrias de transformación. Cuando la oferta toca techo y también la demanda, para ciertos productos, la relación mercantil queda ajustada. No es posible el crecimiento económico en este sector. Incentivos y apoyos institucionales habrán de reconvertirse en rentas básicas individualizadas, que permita desarrollar el fruto del trabajo agrícola como beneficio, así como potenciar otras actividades rurales en beneficio del entorno. También para evitar las maniobras especulativas, con productos o terrenos que afectan negativamente al medioambiente y desequilibran la economía en perjuicio de quienes tienen menos medios. es resta medida el eje central de la necesaria reconversión agraria, cuya aplicación va a permitir extenderse mucho más allá, para dar lugar a una reconversión sociológica del medio rural.

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Insisto en la diferente naturaleza de la Renta Básica, respecto a las atenciones públicas, que no tienen porque verse mermadas. Tales podrán orientarse hacia la descentralización de servicios sanitarios, educativos o de transporte una vez se fije la población, y los medios para ello es dar la posibilidad de poder vivir en relación a las capacidades del entorno. La productividad del medio agrario se ha incrementado enormemente en los últimos cincuenta años. La mejora del sector ha supuesto, paradójicamente, el final de su desarrollo social. Dato que deberemos tener en cuenta para el resto de la economía. Lo que antes hacían veinte personas en una semana, hoy lo hace una en media jornada de trabajo. Es quizá el área en donde la tecnología ha modificado más las relaciones económicas de producción. La maquinaria agrícola ha revolucionado el cultivo de productos, así como los tratamientos químicos de las cosechas para que perduren o que no se pierdan por alguna enfermedad. Lo cual sigue avanzando. Por otra parte las cámaras frigoríficas y otros utensilios que nos parecen normales han causado un avance sin precedente, de algo que a nuestros abuelos les hizo pasar de un mundo a otro completamente diferente. Acoplar las formas sociales a estas características es lo que dilucidamos.

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Es evidente que la producción no sólo se mantiene sino que se incrementa. Los servicios públicos se derivan de los impuestos, pero no es sobre estos de donde se ha de gravar o sacar para posibilitar la Renta Básica, pues sería poner en riesgo una conquista social que mejora y ,a veces, se ve amenazada por una política cada vez más extensa de privatizaciones. Pero hace falta la fortaleza de la sociedad para mejorar y expandir los servicios públicos. La Renta Básica en su conjunto parte de los beneficios, que se siguen produciendo y cada vez se concentran en menos manos. Al ser fruto de un bien social, como es el conocimiento científico, una parte de esos avances han de revertir en quienes se quedan apartados del proceso económico por la aplicación de tal progreso. Pero, como hemos dicho, al ser un derecho de ciudadanía, se extiende de manera universal a todas las personas. Decimos una parte, pues lo que no es correcto plantear es que se anule como medida anticapitalista por definición, cuando tal riqueza la produce precisamente lo que en teoría se querría combatir. Estaríamos matando la gallina de los huevos de oro. Se trata de una modificación, que es transformadora de la civilización actual y permite una evolución de la sociedad. Los cambios se harán en función de factores culturales, históricos y personales, pero desde la realidad y la dialéctica en el día a día. Con lo que habremos dado un paso significativo en la Historia de la humanidad.

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Todos los ciudadanos deben implicarse en pagar los impuestos, que no es otra cosa que una inversión pública para todos y cada uno de los ciudadanos. Manteniendo, lógicamente, la proporcionalidad. Sistema que está establecido y asentado, con la aplicación de sanciones y medidas coercitivas para quien no lo cumple. Este es un tema muy importante y que forma parte del debate político en la actualidad. Una de las cosas de las que se jacta la derecha es la de disminuir impuestos. Incluso llega a exponer que a pesar de ello aumenta el gasto público. Hasta el punto de que tal estrategia populista contagia la política de la socialdemocracia, partido socialista, cuyos representantes aceptan tales medidas, con algún retoque que diferencia ambas opciones, pero en el fondo se ve como un gran logro económico estimular la inversión reduciendo los impuestos.

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Una pregunta que surge es ¿cómo es posible que ingresando menos se gaste más? La respuesta del gobierno Popular en España es clara: medidas de austeridad, evitar el derroche en el gasto público e incentivar el ahorro. Pero tal respuesta que pretende explicar el conjunto sobre lo que se pregunta hace referencia a una mínima parte. Otra respuesta que hacen desde la oposición, aunque no de manera clara ni pública, más que como insinuación, es que hay empresas y financieros que apoyan al gobierno de derechas, para ser compensados con más contrataciones públicas. Cuando no gobiernan los populares sacan sus capitales, o los ponen en funcionamiento en las comunidades autónomas en las que gobiernen representantes de la derecha. y Sólo cuando tienen el control del Estado quienes protegen e impulsan sus inversiones aparece ese dinero o una parte de él, que sirve para financiar una parte del gasto público. Claro que lo mismo sucede con otros intereses económicos respecto al partido socialista. Pero también es una mínima parte de la respuesta. Apunta, sobre el contexto teórico en el que sucede, que se cae en una trampa política y social querer responder desde la economía política, pues no es un asunto teórico, sino en el que intervienen muchas variables pocas veces conceptualizadas en el pensamiento de las ideas. Lo que hace que disminuyan los impuestos y se incremente el gasto público es que se sustituyen las pagos a la hacienda pública por una parte de los beneficios. Lo cual deriva en gasto público, pero dirigido y controlado ideológicamente. No la parte sobre la que se tasa un impuesto, sino en bruto y como tal. Los beneficios en lugar de distribuirse una parte de ellos mediante la renta básica, ésta no se tiene en consideración y se financian infraestructuras de lujo. Las partidas para educación y cultura descienden proporcionalmente, así como la cobertura para parados, la de los incapacitados, mientras se incrementan las infraestructuras18 y el número de empleos en precario. Los beneficios deberán de reconvertirse, en parte, en beneficios sociales mediante una renta básica. Y los impuestos en gasto público concebido todo él como inversiones. Esta es una diferencia primordial.

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La función del trabajo ha cambiado significativamente. Ya no salimos, en los países de economía compleja, a cazar o pescar para sobrevivir. Tampoco se cultiva para comer lo que se produce. El trabajo de unos permite ganar para comprar el fruto del trabajo de otros. La economía de subsistencia ha desaparecido, desde un punto de vista económico. Si se mantienen en determinados sectores de población es para ejercer sobre ella un control social, es una cuestión política no económica, pero que se transfiere a este campo para preservar los discursos de libertad y ejercer el poder “democráticamente”.

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La función del trabajo es cada vez más sofisticada en determinados colectivos. Lejos de perseguir la subsistencia se orienta a acumular bienes. Se trabaja para tener dos coches, dos viviendas y alquilar un apartamento en verano, y mantener un nivel de vida repleto de gastos suntuosos. Nos situamos en el otro extremo de la economía de subsistencia. Sin embargo seguimos centrando la economía en el trabajo, que es la base fundamental de subsistir. Una vez que el avance tecnológico garantiza la supervivencia general de la sociedad el empleo debe aplicarse como medida concreta en vez de ser una norma genérica, de manera que el progreso se tenga en cuenta en los análisis de la economía política y aplicarlo con nuevas pautas que se encaminen hacia un nuevo concepto social. Sucede de manera espontanea, pero no se vislumbra por falta de un conjunto de ideas que lo concreten y lo afiancen. Obsérvese que la Política Agraria Común (PAC) surge en los años 60 para garantizar la seguridad alimentaria, de manera que la población de la CEE estuviera abastecida por sus propios recursos. Trató de asegurar la cantidad. A finales de los años noventa su política se orienta hacia la seguridad de los alimentos, de cara a mejorar y garantizar la calidad de éstos, entendiendo la interdependencia de la actividad agraria con el medio ambiente. Tiene previsto crear para el año 2000 la Agencia Europea de Control Alimentario. la función del empleo en el campo es muy diferente y los requisitos para vivir en los pueblos parten de otras prioridades.

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El consumo primario, de subsistencia, queda garantizado por existir producción en abundancia, de manera que el excedente queda fuera de la oferta y la demanda, pero tal productividad es necesaria para cubrir la subsistencia, por lo que ha de ser mantenido. Es posible porque hay riqueza suficiente para garantizar la producción y el consumo incluso sin rentablidad mercantil. Entonces este consumo primario debiera facilitar la Renta Básica. Otros consumos secundarios, que son necesidades sociales, subjetivas, serán regulados por el mercado. Si lo primero no se garantiza, tenemos que la fuerza de trabajo se ve devaluada, precisamente por la saturación del mercado y los contratos en precario, las jornadas laborales a tiempo parcial y sin un proyecto salarial estable y permanente se va configurando como una nueva forma de esclavitud, que sólo adecuando una renta básica puede hacer del trabajo una decisión libre de a cuerdo a las necesidades secundarias y que al mismo tiempo garantizan las de primer orden, que incluyen además de alimentación, vivienda, vestido y por su puesto sobre la base ya existente de una sanidad y enseñanza pública, que es un derecho individual y para todos. Pensemos que una sensación generalizada de los sujetos de nuestra sociedad es, rodeados de bienestar material, sentirse prisioneros de su trabajo, horario y forma de vida.

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Para entender la posibilidad de lo que apuntamos es preciso comprenderlo desde la situación de la agricultura en los parámetros de la sociedad del bienestar económico. La producción agraria y ganadera tiene un valor de uso máximo, pero, debido a la aplicación de la tecnología, tanto en maquinaría como en los productos que se utilizan, gracias a las ciencias de la química y biología, su valor de cambio se ha reducido al máximo. El excedente carece de valor de cambio, más aún, devalúa el resto de la producción. Hay que gastar dinero para eliminar tal producción, o para evitar que se siembre o que se críe más allá de lo que requiere el mercado. En una economía de subsistencia su valor de cambio es máximo, hasta que se introducen elementos científicos aplicados, para aumentar la producción y conservar ésta por más tiempo, su valor de cambio fue un elemento central a la hora de analizar la economía en su conjunto para la teoría clásica del s. XIX. Ha pasado la producción agraria a ser un elemento residual para la economía, lo que tiene gran enjundia al ser de necesidad primordial para vivir.

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La utilidad marginal llega a un tope, pero mientras que en determinados objetos supone la desaparición del mercado y por tanto del producto, en la alimentación es preciso mantener su desarrollo, porque es necesario comer (máximo valor de uso). No es algo dado, como puede ser el aire o el agua. Requiere un trabajo, que si no se paga con las fuerzas del mercado se ha de subvencionar, y así lo reconoce la sociedad actual, a través de sus instituciones. Se entiende que la utilidad marginal y de cambio se convierte en utilidad social. ¿Y si aplicáramos el mismo esquema al conjunto de la economía? ¿Y si desarrolláramos esta forma de actuar hasta sus últimas consecuencias y razonando su aplicación sin estar llevados por la inercia de épocas anteriores o teorías ancladas en la realidad de hace treinta años? Que veríamos la renta básica como algo lógico y normal.

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El medio campesino adquiere nuevos valores de cambio mediante el turismo rural o como objeto de consumo durante las vacaciones. Muchos se preguntarán, ¿cómo que no hay mercado? ¡pues no me cuestan los tomates o las uvas que compro para comer!. Pero se trata de una oferta y demanda mediatizada. Se controla la producción, se evita la bajada de los precios y se mantiene una rentabilidad artificial y se limitan las importaciones, por ejemplo de Europa respecto Marruecos o Egipto. Contra tal mecanismo se rebela EE.UU., sin admitir que hace lo mismo, pero de otra manera. Tal estado de cosas es consecuencia de que se incrementa la producción sin aumentar el trabajo, sino aplicando tecnologías cada vez más sofisticadas, luego el beneficio debe orientarse en el abaratamiento del producto, lo que exige subvencionar al productor, o en recuperar la fuerza reguladora de la oferta y la demanda y garantizar la producción y el consumo, mediante la individualización de un mínimo monetario garantizado.

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El incremento de la oferta de un producto amplía su utilidad marginal al incrementar el número de compradores. Ahora bien, llega un momento en que no es posible continuar creciendo. La economía del bienestar se desarrolla en los límites sobrepasados, por lo que cualquier regla se invierte, sin embargo se siguen aplicando principios de la economía fundamentada en el trabajo y el capital.

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Las grandes superficies de venta de alimentos incluyen otros productos que nada tienen que ver con la alimentación, son grandes almacenes en donde lo que importa es acaparar la atención del cliente, primero para que vaya y luego para que se lleve algo. Un reclamo es regalar el pan sin necesidad de comprar otra cosa, por ejemplo, con lo que las panaderías no pueden competir. Tal práctica se ha prohibido por atentar contra el libre comercio, pero se ofrecen otras ofertas y ganancias que una tienda no puede asumir. El pequeño comercio queda desplazado porque compite con grandes emporios cuya dimensión no es calculable en términos comerciales, sino desde un punto de vista financiero. Realidad contemporánea que trastoca las reglas del mercado. Nos encontramos con un capitalismo trucado.

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El capitalismo financiero cada vez acapara más funciones, frente al productivo. Tal proceso se vive con una fascinación que no nos permite meditar sobre sus consecuencias, ni adonde nos lleva. Estamos abriendo caminos de un nuevo mundo económico, sin darnos cuenta de sus consecuencias, ni poder dirigir tal proceso desde los derechos de los ciudadanos. Los acontecimientos se imponen ante hechos consumados, sin ver las repercusiones ni poder proponer medidas sociales que acompañen a este nuevo progreso y desarrollo.

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Un gran economista y amigo, Victoriano Fernández, actualmente alcalde de Santa Eufemia del Arroyo, Valladolid, me explicó el sentido de todas las inversiones a las que se dirige Terra, la filial de la compañía Telefónica dedicada a Internet, cuyos objetivos se fijan a un plazo de entre diez y quince años. Se trata de formar un sistema comercial denominado de logística integral, que consiste en crear almacenes informatizados de alimentación y múltiples productos, con objeto de desplazar a los grandes almacenes. Se diseña un comercio basado en las telecomunicaciones, fusionando las ventas piramidales con la red informática. La compra se realizara en portales de los ordenadores, o por teléfono sin necesidad de que el cliente se desplace. De tal manera que el producto pasa del almacén al consumidor, ahorrando el paso de las tienda, lo que significa menos coste, menos mano de obra, más rapidez. Además sucede una especie de liberalización tecnológica, sobre la base de ser un mercado no controlado y que carece de asiento territorial, por lo que no paga impuestos por sus transacciones. Japón ha propuesto la adopción de un sistema de impuestos internacional para el comercio de internet19. Implica una administración mundial, pero cualquier comercio de ámbito nacional se ve afectado por una competencia que ahorra gastos. EE.UU es contrario a tomar ninguna medida que pueda perjudicar la floreciente tecnología de la información. Sobre todo afectaría negativamente a su cotización financiera en Bolsa. De hecho las posteriores medidas de regulación sobre este mercado de la nueva economía ha hecho que baje el valor de sus cotizaciones. El nuevo liberalismo mundial enfoca siempre el desarrollo hacia la ampliación del beneficio sin criterio alguno para globalizar tal red de transacciones que se extienden cada vez más, pero concentran los beneficios en capas sociales que se amplían a costa de separase de sectores de la población más desfavorecida.

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Muchos anuncios de ofertas de trabajo se dedican a reclutar equipos de venta de descodificadores, para vender productos en un portal, que incluso podrá estar conectado a un televisor y ser tan manejable como cambiar los canales de la televisión. No hará falta ordenador para navegar en Internet y funcionar en los hogares en el comercio electrónico, lo que significa que se convertirá en un fenómeno de masas antes del año 2.007. Por tal razón lo que cotiza al alza en las Bolsas son las nuevas tecnologías vinculadas a las telecomunicaciones. La manera de implantar su uso y divulgarlo es que funcione con el aparato más usado y que lo maneja desde la abuela a los nieto. Por otra parte va unido al teléfono y al fax, con un considerable ahorro, en tanto que toda llamada y conexión es a precio local o tarifa plana, de manera que desaparecen los sobreprecios de las conferencias. Lo que nos va a dar más densidad como consumidores.

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En sólo tres años el comercio por internet ha crecido un 400%. La perspectiva es cada vez mayor. No sólo para la compra y venta de grandes cantidades, sino también al por menor. El objetivo es aumentar los beneficios y crear beneficios mediante el mercado de valores. para ello hace falta conquistar la economía doméstica. Una empresa complementaria de Terra es Transfesa, especializada en el transporte por ferrocarril. De manera que forma un conjunto que teje una nueva forma de distribuir y comercializar la producción. La venta de futuros aumenta. En poco tiempo Terra se ha revalorizado, hasta llegar a ser en enero de 2.000 la quinta compañía por capitalización bursátil. Su gran subida se ha debido al optimismo de los valores tecnológicos, tal como analiza Carmen LLorente, analista económica. Las grandes fusiones que orientan el nuevo comercio es primeramente llenar de contenido la red de comunicación, de manera que se abrieron las puertas de esta nueva megamáquina comercial con la fusión entre América Online y Time Turner, lo que marca el ritmo y las nuevas dimensiones de funcionamiento a nivel mundial. Lo que se reconoce como el inicio de la revolución de la información y del entretenimiento, que se admite está todavía en pañales. Aún es difícil de asimilar y entender por la mayoría de los usuarios. La idea base es difundir los productos de televisión, revistas y producciones musicales por internet. Lo cual hace prever que Terra se unirá con Media para competir en el mismo sentido desde Europa.

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Un próximo paso ha sido unir la telefonía móvil con la comunicación por ordenador. El conjunto de los financieros asumen que el futuro pasa por internet, que facturó en España durante 1999 13.000 millones de pesetas, y se prevé un crecimiento en dos años de quince veces más. En Enero del año 2.000 se ha creado un nuevo portal financiero en internet, al que Terra se incorpora junto con el Corte Inglés, acompañando a Caja Madrid, el Banco Zaragozano e Indra, con una inversión inicial de 15.000 millones de pesetas. La unión del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria con Telefónica es un paso más en esta línea de avance tecnológico, que significa una transformación en nuestros usos y costumbres muy grande. Las fusiones empresariales ya no sólo son procesos financieros sino de avances tecnológicos y la comercialización de estos. Supone un cambio en la sociedad y en la dinámica económica. Es la misma sociedad quien deberá cambiar sus bases de actuación y de relación con el trabajo, así como las reglas de funcionamiento que regula el contrato social, con el fin de hacer que el las nuevas estructuras comerciales, de comunicación y de consumo beneficien a todos los ciudadanos y se universalice el progreso y desarrollo en la medida que también de adapte al nuevo funcionamiento de las relaciones sociales. De otra manera aparece otra frontera entre dos mundos, el informatizado y el que no lo está.

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El director de análisis y estrategia de la firma de valores Morgan Stanley Dean Witter, el señor Byron Wien, no duda en afirmar20 que Internet será el fenómeno más poderoso de nuestra vida moderna. Los cambios que se avecinan serán enormes y es preciso adaptar la economía a la nueva mentalidad y a lo desconcertante de una nueva y masiva oferta y demanda.

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La saturación de la información hace que la oferta y la demanda se conviertan en posibilidades de mercado. Un nuevo fenómeno empresarial es la compra de algo durante un periodo de tiempo. Se pone de moda unos meses y lo que no se venda en esos días o meses queda arrinconado para siempre. Un determinado tipo de guantes, un alimento con propiedades para la piel o para evitar el colesterol. La tecnología de la información funciona y se aplica sobre la sicología de la masa de consumidores. Un coche en forma triangular puede ser un boom durante un año y luego desaparecer para siempre. La utilidad es efímera y los valores de las mercancías fugaces, dependiendo más de la campaña de promoción,. Por lo tanto la imagen se convierte en un producto-mercancía. Forma parte del objeto en sí.

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La oferta se produce por el capital y la tecnología fundamentalmente, pero la demanda sigue siendo mediante dinero, que proviene de un salario como pago al trabajo, de una renta por el arrendamiento o venta de alguna propiedad. Como la oferta no depende del trabajo, excepto en un mínimo, que suele ser la de usar la tecnología disponible, tal carencia debe ser sustituida en la demanda. Es por tal motivo que entiendo la aplicación de la renta Básica como una especie de tecnología económica.

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Las leyes de la economía no se cumplen, algo que hace algo más de un siglo apunto Thornton para la ley de la oferta y la demanda ha dejado de ser realidad. Como apuntó William Stanley Jevons, no por ello una teoría es falsa, para entenderlo hay que distinguir la teoría de su aplicación. Ocurre que en economía bien se puede decir que lo que es falso puede ser la realidad, la cual se falsifica mediante subsidios, subvenciones, etc. que son maneras de funcionar en la economía de hoy, pero arrastra problemas y contradicciones que acaban pasando factura a la sociedad en el futuro.

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Falta normalizar la legislación de ayudas y apoyos de acuerdo a la nueva sociedad y los nuevos sistemas productivos. En este sentido se está avanzando tímidamente en la agricultura, por ser el sector en que más se agudiza las contradicciones entre la necesidad de mantener la dedicación del campo y la escasa falta de mano de obra, por ser una necesidad temporal, esporádica y poco remunerada. Es un sector en el que se ha automatizado mucho el trabajo y el factor tecnológico sustituye la mano de obra en gran medida. Pero hace falta de manera esporádica ingentes manos que recojan la producción. Una de las funciones que propone el presente estudio es transformar los subsidios en el sector agrario y otros también en rentas básicas. La finalidad es incentivar la producción más extensiva, con menos costes, más compatible con el medio ambiente y posibilitar la fijación de población en el medio rural. De esta manera se va a permitir una mayor y mejor integración de los inmigrantes.

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En una de las reuniones, durante el mes de enero del año 2000, del Consejo de Ministros el gobierno adoptó la resolución de permitir que las rentas procedentes del trabajo agrario sean compatibles con la percepción del subsidio agrario21. Medida que funcionaba desde hacía varios años en Andalucía y Extremadura. Lo que quiere decir que las rentas agrarias no computarán a la hora de calcular el importe máximo para acceder al subsidio. Se llegó a una situación en que fue difícil encontrar mano de obra para el trabajo de los jornaleros, ya que si superaba el tope de las 800.000 ptas. el trabajador perdía el derecho al subsidio. De tal manera que la nueva normativa permite que la ayuda estatal sea un verdadero complemento a las rentas agrarias y compensa la temporalidad que caracteriza la actividad del campo. Obviamente este esquema deberá trasladarse a otros sectores como el turístico, que también se caracteriza por la eventualidad de los contratos. Se produce un agravio comparativo que antes o después se ha de resolver y sólo a través del establecimiento de rentas básicas se podrá solucionar. El siguiente paso sería universalizar tal medida, para evitar un desajuste inflacionista.

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La tecnología y la industria química y biológica aplicada a la agricultura crea una nueva dimensión económica. Sobre todo en algo que es de primera necesidad: los alimentos. La manipulación genética en los cultivos biotecnológicos promete otra gran revolución, que se presentan como la manera de acabar con la hambruna en el mundo entero. Lo cual es una falacia desde el punto de vista económico, pues es algo que ya puede suceder. El problema es que la seguridad de los cultivos transgénicos y la duración de los alimentos puede ser mucho mayor. Tal ingente cantidad lleva consigo una modificación drástica del mercado, que es lo que permitirá una nueva redistribución de la comida en el planeta. Se podrán realizar alimentos a medida de obesos, de diabéticos, de personas con tensión alta. De manera que aparecerá un mercado específico y sofisticado. Al tiempo que otro masivo. Un plátano podrá mantenerse maduro sin estropearse un año entero y lo mismo otros frutos y alimentos. Tal revolución alimentaria necesita un nuevo eje sobre el que desarrollarse. Si se distribuye a través del mercado se deberá extender la idea de una renta básica en los países desarrollados y, al menos, garantizar unos medios de vida a los habitantes de países aún por desarrollar desde el punto de vista económico. Me llegan noticias de una nueva modalidad agrícola que a comienzos de 2001 han logrado los científicos de la República Popular China. Se trata de cultivos siderales, que consiste en acercar semillas de todo tipo de vegetales (hortalizas, verduras, legumbres y cereales), lo más cerca posible del sol y exponer a sus radiaciones tales simientes. Al sembrarse sin una modificación de la labor ni incrementar el trabajo el peso y la dimensión de los productos se multiplica por cinco, e incluso más. Se conocen como cultivos siderales. No pierden sus propiedades alimenticias, sino que las aumenta. Estamos a las puertas de una gran revolución tecnológica a la que precede la solución “tecnológica” del problema alimentario de la población mundial. Lo cual no se va a aprovechar de no lograr una profunda transformación económica.

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Si hay comida suficiente no hay razón para privar de ella a nadie, si además no se requiere la capacidad de trabajo de quien necesita alimentarse con más razón todavía. El análisis de Thomas Robert Malthus, en la primera edición (1.798) y en la segunda (1.803) de su obra “Ensayo sobre el principio de la población”22 parte de las premisas de que son necesidades esenciales del ser humano el alimento y la pasión entre los sexos, lo cual considera leyes fijas de la naturaleza sobre las que no ha habido cambios en los siglos de historia de la Humanidad. Su conclusión, que afectará a los analistas económicos que le sucedieron, fue que la población aumenta en progresión geométrica y los alimentos de manera más pequeña, en progresión aritmética. El resultado sería que faltará alimento para una parte de los seres humanos. Entiende que el progreso del control de las pasiones es nulo. Sin embargo en los últimos cuarenta años la humanidad sufre un cambio radical en los países desarrollados. Sucede el control de natalidad, hasta extremos en que el peligro es la falta de relevo generacional en determinados lugares y que el acto sexual no se asocia a la procreación, sino que puede ser una decisión consciente de la pareja.

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Por otra parte el aumento de los alimentos llega a suponer un problema por ser excedentarios. Las leyes de la naturaleza se reconvierten en libertad social e individual, al traspasar las barreras de la mentalidad de una mayoría de los ciudadanos y ciudadanas. Queda el paso de que se plasme en la economía de una manera equilibrada y fehaciente. Precisamente Malthus lo apunta en su obra al indicar que la ley opuesta de la naturaleza (que de hipótesis ha pasado a ser realidad) hace que puede haber una sociedad “cuyos miembros puedan tener una vida de reposo, felicidad y relativa holganza y no sientan ansiedad ante la dificultad de proveerse de los medios de subsistencia que necesita ella y su familia”. Falta que se haga realidad la conclusión de tal premisa que hoy por hoy deja de ser un planteamiento hipotético para pasara a ser factible y constatable. Se trata de pensar en una economía científica, que se atenga a los hechos de una nueva realidad.

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Para David Ricardo, en su obra “Ensayos sobre los beneficios”, el rendimiento decreciente de la tierra se debe a que para extender los cultivos se tienen que utilizar tierras de baja calidad, que exigen más trabajo para producir menos. El resultado de tal situación es el aumento de los precios para los productos agrícolas. Como los salarios, a comienzos del s. XIX son fijos, ya que están marcados por el nivel de subsistencia y no pueden bajar más hace que los beneficios se reduzcan. Ya entonces plantea la necesidad de suprimir la protección a la agricultura. Pues ocurre que además de los salarios de los trabajadores del campo están los que se dedican a otros empleos, cuyo límite es el mismo. Por lo tanto como la comida marca el umbral de subsistencia al subir los precios hay que subir los salarios reduciendo los beneficios.

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La conclusión del pensamiento ricardiano es que los salarios dependen del precio de los alimentos. De esta manera defiende el libre comercio y la especialización de los países, de manera que al importar trigo más barato del exterior se podrán abandonar malas tierras que exigen mucho trabajo para un rendimiento escaso, pero que sin embargo es necesario para cubrir las necesidades de la población. De tal manera que al cultivar con menos trabajo y menos capital bajan los salarios y aumentan los beneficios. La idea base de tal pensamiento es que lo que determina el valor de una mercancía es el trabajo. Lo cual es uno de los elementos teóricos en los que se fundamenta también el marxismo. De alguna manera la industrialización provoca un cambio en la cantidad del proceso productivo, en la velocidad de producción, pero lo que promueve una transformación profunda y cualitativa, a la vez que cuantitativa, es el acontecer de la técnica mediante la automatización, la robótica, electrónica e informática. La aplicación de estos nuevos medios a gran escala aumenta la oferta, disminuye el trabajo al mismo tiempo que se incrementan los beneficios pero a una escala desproporcionada. Sucede de otra manera a como observó David Ricardo.

El economista y matemático británico, William Stanley Jevons, mantiene una postura diferente a Ricardo sobre la función del valor y el trabajo, pero ambas quedan ligadas. Rompe con el pensamiento ricardiano al entender que el valor del trabajo debe determinarse por el valor del producto, al contrario de lo que David Ricardo explica en su obra: “el valor del producto lo determina el valor del trabajo”. Para Jevons el coste de producción determina la oferta. La oferta determina el grado final de utilidad y éste el valor. Es entonces, como reconoce en el capítulo de “teoría del intercambio”, que “la escasez es lo que impide la caída del grado final de utilidad. Para Ricardo el valor de cambio deriva de dos fuentes: la escasez y la cantidad de trabajo requeridas para obtenerlo.

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Para Jevons el término valor es ambiguo. Para él el valor es una relación entre la cantidad de una mercancía y la cantidad de otra mercancía intercambiada por ella. Explica que el pan tiene una utilidad casi infinita de mantener la vida cuando es cuestión de vida o muerte. El alimento entonces supera en utilidad a cualquier cosa. Pero si disponemos de comida suficiente una rebanada de pan tiene poco valor. Con una economía excedentaria en la oferta y en la demanda las bases teóricas del capitalismo cambian. El motor de ese cambio, la tecnología, afecta a cualquier otro modelo, socialista, economía nacional, desarrollo islámico o cualquier otro, porque transforma la esencia misma de la economía, sea cual sea su modelo de aplicación o desarrollo.

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La utilidad en una sociedad de consumo y en la que el motor económico depende de una demanda masiva, que se dinamiza mediante la industria de la publicidad, es más que relativa, en tanto una parte mínima del gasto para adquirir un objeto es para saciar la necesidad, lo útil del objeto. El resto va dirigido a necesidades subjetivas, como el prestigio o suplir carencias emocionales, o simplemente llevado por la inercia del consumo y del ritmo de vida de los demás. De un coche puede ser necesario lo útil para el traslado, pero hay una serie de elementos añadidos que son los que forman parte de ese pluscapital del que hemos hablado. Como el diseño, el brillo de los materiales utilizados, la marca misma. Un teléfono móvil además de resolver una necesidad, del tipo que sea, y por lo tanto ser útil, además debe cumplir algunos requisitos que diferencia una marca de otra. Es en lo que se basan las costosísimas campañas de promoción y publicitarias.

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Además de la utilidad entra en juego la conveniencia, pero que muchas veces es aparente. Con un refresco debo resolver el tema del valor sobre la utilidad de la inutilidad ociosa, y sobre muchas mercancías superfluas, que tantas veces se compran y no se usan, pasa lo mismo: se cubre la inutilidad ornamental como utilidad, no ya marginal, sino residual. Creándose además un mercado específico para esta característica. No estamos hablando de algo baladí para la economía, sino sobre mercados que mueven miles de millones de pesetas al año. Incluso más que lo que significa la productividad agraria. La nueva utilidad del exceso se debe a la tecnología aplicada, pero otrosí a una mentalidad dominante de consumo. Y debemos entender que se aplica tanto en la producción, la oferta, como en la demanda y en la movilidad de dinero, es decir ocupa todo el espacio económico.

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Si aplicamos la curva de Jevons sobre la teoría del trabajo, adaptada a la situación actual, especialmente agraria, vemos que se han producido importantes variaciones que hay que tener en cuenta.

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El cuadro A expone la molestia que provoca el trabajo en proporción a la producción, según William S. Jevons. Lo que puede ser desde un punto de vista personal o económico. Las aplicación es la misma.

La medida ox muestra la cantidad producida; pq la cantidad de trabajo; qm la satisfacción o rentabilidad y dm el esfuerzo. Cuando qm = dm, se llega al punto m, que es cuando se interrumpe el trabajo, pues más allá no compensa. oa equivale al esfuerzo realizado o inversión; bc el reflejo gráfico de la satisfacción o rentabilidad

El cuadro B lo he adaptado para mostrar las variaciones cuando influyen factores externos al trabajo, pero que suplen su función, como sucede con la técnica. Vemos que oa es mayor, al incrementarse la inversión. También el esfuerzo, no el uso de la máquina, pero sí para su fabricación. Pero incluso el trabajo éste es más cómodo, por lo que hay una distancia a´o que indica menos esfuerzo. b´c´ corresponde al beneficio por la subvención; bc a la venta del producto y b´´ c´´ a lo que se incrementa la ganancia por el factor tecnológico. pq sigue mostrando la utilidad del trabajo, pero hay un tramo que es un trabajo que no requiere esfuerzo humano y no responde a él, pero se convierte en beneficio del inversor o accionistas. Esa parte es la que corresponde a la Renta Básica, que es lo que marca la línea RN. cd es el trabajo negativo, que como se ve debido al ritmo acelerado de su producción y a que no incrementa costes es más empicado. Si observamos la otra línea, pq, sobre utilidad del trabajo, debido al excedente llega al máximo de la cantidad producida, ox, más allá es inútil. Por eso el punto m, en el que se interrumpe el trabajo, es medible en términos de rentabilidad de mercado. Pero si el mercado se mantiene se transforma en paro o en trabajos precarios. Queda de manifiesto que el espacio RN es una rentabilidad independiente del trabajo y el punto m se marca por el tope de la productividad, independientemente de que fuera o no rentable. No indica otros esfuerzos añadidos, como son de distribución o para el mantenimiento de la tecnología. Lo que es indudable es que hay un espacio financiero para la Renta Básica, que depende de la optimización tecnológica, la cual o se traduce en paro y salarios míseros o como alternativa en rentas básicas. Esto implica que sin un nivel tecnológico adecuado no es posible aplicar la Renta Básica y ésta donde tiene su punto de partida económico es en el sector primario, en el mundo rural, lo que de añadido permite la fijación de población y el asentamiento de ésta. Se origina entonces un flujo de población parada o marginal urbana a los pueblos, que a su vez permite la descentralización de medios sanitarios, educativos y demás servicios. La cuestión agroganadera queda claramente delimitada por el excedente y la aplicación cada vez más eficaz de la tecnología. Se abre un espacio, que debe formar su mercado propio de una producción agraria de tipo ecológica basada en el trabajo y la dedicación, pero que siempre será en el espacio que deje la otra manera masiva de producir. Lo que va a permitir la convivencia de ambas, como complementos del sistema económico global es la Renta Básica.

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Durante la Cumbre de la Tierra II, celebrada en Johanesburgo, Sudáfrrica, en Agosto de 2002 se ha elaborado un plan de aplicaciónpara el desarrollo sostenible. Una de los planteamientos fundamentales es que se supriman las subvenciones que los gobiernos de los países ricos dan a los agricultores, porque distorsiona el comercio e impide el consumo y la producción, por no tener un mercado rentable, en los países pobres. Ningún gobierno de los países desarrollados económicamente acepta tal condición, que es condición indispensable para poder progresar en el Tercer Mundo. es el elemento primordial y la base de lo demás. No se puede aplicar sin establecer en los países ricos otro modelo, como es la Renta Básica.

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El problema del hambre en los países pobres exige su desarrollo agrario, para lo cual deben poder exportar y vender en el mercado interior de manera competitiva. Los beneficios es lo que va a poder lanzar su capacidad productiva. la evolución que se asoma poco a poco en los países ricos, y que debe ser potenciada es el fomento de la agricultura ecológica, la recuperación del medio ambiente, bosques a la vez que desarrolle una agricultura especializada en horticultura y determinados productos que son imprescindibles necesarios por cuestión de especificidad del clima y los terrenos. Este proceso sería una hecatombe en el medio rural y en la economía si no se aborda desde la aplicación de la renta Básica, lo cual permite un equilibrio entre la naturaleza y la economía, a a la vez que otro entre los países ricos y los países pobres. Es decir, la RB se convierte en una medida equilibrante, que es lo que falta en concreto a todas los estudios sobre el desarrollo sostenible.

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  1. 1Revista “Tiempo”. Nº 981. 19 – II – 2.001
  1. 2El País, 16-VI-99
  1. 3Las ayudas de la PAC no se contabilizan como producción total agraria, según las Cuentas Económicas de la Agricultura.
  1. 4Europa Press – Bruselas, 17-XI-99
  1. 5El País, 25-V-99
  1. 6El clembuterol es una hormona que se usa para el engorde del ganado. No se ha demostrado claramente que su utilización sea perjudicial para la salud del consumidor. Se sospecha que es cancerígeno. En EE.UU. está autorizado su uso. En la UE prohibido. Hay por este motivo restriscciones a la importación de carne de vacuno tratadas con clmbuterol en U.S.A. Este país ha interpuesto un contencioso comercial que resuelve la Organización Mundial del Comercio (OMC)
  1. 7El País, 18 – II – 2.0001
  1. 8Pérdida económica debida a un descenso en la cantidad de tomate concentrado con derecho a subvención.
  1. 9Revista “La nuestra tierra”, 19 – I – 2.001
  1. 10Cultivo casi totalmente subsidiado en España. La UE lo hace del orden del 90% para el productor, sin lo cual desaparecería automáticamente. Lleva mucha mano de obra, y no se puede competir con los jornaleros que se pagan en España y los que se pagan en países competidores: China, Brasil o Zimbabwe.
  1. 11Diario de león, 19-III-99
  1. 12Diario de León, 17-I-2.000
  1. 13La Crónica, 15-I-2.000
  1. 14 La normativa comunitaria, desde la reforma de la PAC de 1.992, viene exigiendo la retirada de tierras de cultivo, tanto en secano como en regadío. Lo cual se articula a través de los correspondientes reales decretos nacionales u órdenes autonómicas.
  1. 15Diario de León, 25-VI-89
  1. 16Diario de león, 28-X-95
  1. 17Ingeniero Agrónomo. Miembro de Los Verdes de León desde 1.986 hasta la disolución de esta Asamblea local. Desde 1.998 trabaja como funcionario en la Consejería de Agricultura y Ganadería de la Junta de Castilla y León.
  1. 18 El plan de infraestructuras previsto para el periodo 2.000 – 2.007 se ha calculado sobre la base de que de cada 100 ptas. 53 se destinarán a transporte, autopistas, tren de alta velocidad, aeropuerto. Y sólo 17 para educación y sanidad.
  1. 19 Agencia Efe, 14 – V – 2.000
  1. 20La Razón, 16-I-2.000
  1. 21 Revista Agrocajas, Nº 168 – Febrero, 2.000
  1. 22 Primera edición: Editorial Alianza. madrid, 1.970; Segunda edición, Edt. Fondo de Cultura económica, México, 1.951
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