El reparto del trabajo

Las fórmulas de aumentar el número de empleos basadas en el reparto del trabajo suceden de dos maneras. Una consiste en crear nuevas ofertas, que abren nuevos cauces en la economía. Puede darse a nivel empresarial fuerte o con muchos autónomos dedicados a una tarea que ofrece una rentabilidad media, pero este trabajo produce una satisfacción considerable a quien lo realiza, pues lo integra en un proyecto vital en consonancia con sus ideas. En Europa se empieza a desarrollar este concepto para fomentar nuevos empleos en áreas como el medio ambiente y el turismo rural.

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Durante el año 1998 la actividad ambiental movió del orden de un billón de pesetas en España. Lo que representa el 1´2% del PIB. Ocupa a 135.360 personas con contratos en el sector. Del total de la actividad profesional en un empleo ecológico la tarea de depurar las aguas de los ríos supone el 46% y el tratamiento de residuos sólidos el 23%. Otras actividades con menor proporción son la agricultura biológica, la repoblación con árboles autóctonos, recuperación de las riberas fluviales, turismo rural y el desarrollo, todavía incipiente, de nuevas fuentes de energía renovables y no contaminantes, como la solar y la eólica.

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En países como Alemania o Suecia el empleo medioambiental supone el 2´5% de su Producto Interior Bruto. En cuanto innovación en el mercado laboral ofrece alternativas de empleo hasta que el mercado se sature. Una vez que se logre desarrollar en el ámbito económico. Cuando se trata de una actividad social carece de límites, de ahí que con un sustento básico es posible desarrollar tal labor a pequeña escala y de manera muy descentralizada. Pero en cuanto a la rentabilidad crematística tiene un tope de desarrollo, que además se fundamenta por la competitividad ante puestos de trabajo de baja remuneración y los beneficios sólo son abundantes en organizaciones al respecto de tipo empresarial, cuando se trata de inversiones de miles de millones, que contratan las instituciones autonómicas y municipales, como puede ser en los casos de desarrollar un CTR, o energías eólicas, las cuales saturan el paisaje por hacer negocio con las subvenciones y con la venta de energía a otras empresas productoras que se encargarán de distribuirla. Ocurre que introducir la ecología en el terreno económico es importante de cara a hacer frente a una serie de necesidades que se relacionan con la calidad de vida, pero introduce un factor que desde el punto de vista económico no se detecta, pero sí en su proyección social, como es sustituir la vocación por la necesidad, sin otro criterio que el pecuniario. O convertir una medida medioambiental en un negocio, que deforma su sentido ecológico y o lo deforma, como ocurre con el tema de las plantaciones, depuradoras, vertederos, etc. De esta manera se introducen elementos que distorsionan la actividad medioambiental, como es eliminar la basura mediante la incineración, lo que supone un derroche de materias primas y una contaminación de la atmósfera con dioxinas.

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El desarrollo de la industria medioambiental y la tecnología especializada para tal fin son requerimientos necesarios, en una sociedad compleja como la nuestra, pero esun paso insuficiente si no se amplia a un contexto social transformador que desparrame el ecologismo, fundamentalmente, en el autodesarrollo del medio rural. En lugar de potenciar la inversión de grandes capitales en proyectos de alta tecnología, conviene descentralizar este tipo de actividades. No debe enfocarse exclusiva y falsamente como un criterio de calidad de vida, sino de cambio de manera de vivir y de las relaciones sociales. Por eso como fuente de empleos el valor ecológico es muy limitad.

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Sobre la creación de nuevos empleos se encuentra la propuesta del objetor de conciencia leonés José Miguel Berciano, que ha elaborado un trabajo sobre la objeción de conciencia y el mundo laboral, según el cual si se justificaron como “imprescindibles” las tareas que se realizaron en los servicios de la Prestación Social Sustitutoria (PSS). Se supone que deberán seguir siéndolo una vez que se acabe este servicio cuando deja de ser forzoso como alternativa a hacer la instrucción militar obligatoria. Hubo una lucha muy fuerte entro del movimiento de objetores para que sus tareas no fueran en detrimento de los trabajadores, al realizar tareas que debían de estar ocupadas por empleados con contrato y que sirviera de forma de vida para los parados. Se solicitó que Ayuntamientos e instituciones públicas se negaran a acogerse a este servicio. Pero sus actividades han sido innovadoras y de un gran servicio en cuestiones educativas como labores de complemento en los colegios o en la sanidad para ayudar en las actividades de recoger heridos o para estar con niños y niñas enfermas y personas de la tercera edad, o para actividades de cuidados a la naturaleza de diversa índole. Toda esta actividad más que voluntaria fue, gratuita. Debería reconvertirse en contratos laborales, con un nuevo sector para generar empleo como Personal de Servicios a la Comunidad. Lo que pasa es que sucede como con el ejemplo anterior, sobre trabajos ecológicos, su capacidad es limitada. Una actividad que requiere una gran dosis vocacional si se instrumentaliza como tarea lucrativa pierde parte de su sentido. Otra cosa es que se desarrolle como tal una vez que los ciudadanos tienen cubiertas sus necesidades básicas. Serviría el voluntariado y otras actividades de complemento económico, regulado todo compromiso social por el mercado real en el requerimiento de determinados servicios.

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La otra fórmula para crear más puestos de trabajo es repartir el que hay mediante la reducción de horas laborales. Algo que ya se desarrolla en determinados convenios, pero que los sindicatos quieren que se haga por ley y manteniendo el mismo salario. Al ser el tema central de la actual lucha sindical debemos hacer un análisis pormenorizado, con el fin de ver sus consecuencias y comprobar la trayectoria histórica sobre del horario laboral.

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Realmente es una lucha, la de las 35 horas que no tiene mucho sentido. Refleja la situación de debilidad de los sindicatos, que mantienen un teatro de operaciones que supone un sobreesfuerzo para un resultado ineficaz, incluso logrando cumplir sus objetivos, que por otra parte son asumibles por parte de la patronal. Porque a la larga pretende sustituir horas laborales por horas de tecnología.

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Veamos como ejemplo el resultado de la asociación empresarial entre Nissan Motor Company y la empresa Renault. Desde su fusión en marzo de 1.998 la dirección ha elaborado un plan de reestructuración para sanear la compañía que consiste en suprimir 21.000 puestos de trabajo antes del año 2.002, con la intención de reducir costes y al mismo tiempo aumentar la productividad incrementando la utilidad de sus capacidades, en especial usar con más efectividad la técnica que han desarrollado. Por la misma razón la compañía fotográfica Kodak Eastman ha elaborado un plan para suprimir en dos años, desde 1.999 un total de 2.500 empleos. Apartar tanta mano de obra de la producción y aumentar la rentabilidad de ésta, así como su cantidad y calidad, es una manera de reducir y casi eliminar horas de trabajo, en esta caso sobran 840.000 horas. Supongamos que se repartieran el resto de horas entre los trabajadores, si se mantiene el mismo sueldo, los costes aumentarían de manera que se acabaría la viabilidad empresarial.

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El reparto de empleo puede llevar a situaciones-trampa, como ha sucedido en las empresas Volkswagen y Seat , que mediante la negociación en el comité de empresa se redujo la jornada de trabajo en un 20%, con reducciones salariales equivalentes, a cambio de garantizar los puestos de trabajo . De esta manera el ajuste y adaptación a las nuevas formas de producción e incremento de competitividad se realiza mediante una disminución substancial de la masa salarial en cada empresa, por lo que dicha medida ha sido considerada como un chantaje al empleo, tal como han analizado Antonio Santios Ortega y Miguel Ángel García, profesores de sociología en la Universitat de Valencia.

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Por otra parte a lo largo de la historia de la lucha obrera la reducción de jornada laboral se debe a la dureza de las condiciones de trabajo. En 1985 se aprobó el estatuto minero que establece las 35 horas laborales y una legislación específica. Además de la adversidad del trabajo está el riesgo que conlleva trabajar en las minas que han ocasionado miles de muertos por derrumbamientos y otros accidentes. Ocurre otrosí con los obreros de la construcción, quienes terminan su jornada laboral los viernes por la mañana. Sin embargo en este sector hay empresas que van por libre y trabajan a destajo.

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La derivación de las 35 hs, en el actual mercado de trabajo en la construcción, se produce hacia el incremento del número de horas extraordinarias, que muchos trabajadores aceptan para incrementar su poder adquisitivo y acabar de pagar cuanto antes los créditos para el coche o hipotecas del piso o el gasto de los estudios de los hijos. Los empresarios las exigen para incrementar sus beneficios, pues cuanto antes se termine una obra, por ejemplo antes se inicia otra y las contrataciones se logran por un bajo presupuesto y la rapidez de acabado.

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En Francia se ha debatido ampliamente la propuesta de Pierre Lauorutrou, de implantar la semana laboral de 4 días. Otras ideas sobre el reparto del trabajo apuntan a adelantar las jubilaciones a los 55 años de edad. Desde mi punto de vista son planteamientos incompletos, que quieren introducir criterios sociales en la economía, lo que no deja de ser un error, desde el punto de vista de viabilidad real. Cualquier medida debe responder al mercado de trabajo y ser regulado por éste. De otra manera no funcionará, a corto o medio plazo y arrastra, tal medida, a la desestabilización de la economía. Hay que teorizar desde un punto de partida cierto, comprobable científicamente como es que el avance tecnológico hace que el trabajo sea mucho menos necesario que hace treinta años, por lo que no se puede repartir lo que no hay suficientemente: empleo. Además han surgido muchas modalidades que requieren una labor a tiempo parcial, o en determinadas épocas. Y sin embargo lo que sí hay, por el mismo factor, es riqueza, lo cual sí se puede repartir, lo cual va a permitir que la economía funcione por sí misma.

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Un factor positivo del trabajo temporal es que sirve como experiencia y al mismo tiempo como reto, a la vez que para lograr unos ingresos para algún objetivo concreto. Lo que evita trabajar en algo rutinario y que llega a carecer de aliciente cuando es un año tras otro y para toda la vida. El anquilosamiento supone un problema de adaptación para muchos jóvenes que ven ese “sistema” como una tortura con la cual se anula la personalidad de muchos trabajadores. El único aliciente es la paga de fin de mes. Por lo que el factor positivo del trabajo temporal, y que además es necesario en la economía de servicios sobre todo que es la que está en auge, se producirá solamente si se hace compatible con la Renta Básica. Otra característica es que con tal medida se puede crear un nuevo valor de cambio, además del dinero, el tiempo libre. De manera que el trabajo que no es fijo ni cubra un horario de ocho horas, puede tener este valor añadido, mientras que de otra manera el dinero se presenta como único valor salarial.

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Las grandes empresas han aceptado el nuevo horario exigido por las centrales sindicales, pero no ha servido para crear nuevos puestos de trabajo estable, sino que se han sustituido horas fijas por trabajos de media jornada o contratos temporales. Según datos de Comisiones Obreras, en agosto de 1999, el 33% de Empresas de Trabajo Temporal tienen una duración inferior de cinco días, aunque luego éste se renueve con otros de la misma manera y con el mismo trabajador. Sólo el 0´10% de estos casos concluye en un contrato fijo. A finales del mismo año los parados en la provincia de León fueron 34.600, el 17´7% de la población. De cada diez nuevos contratos sólo uno fue indefinido. Sin tener en cuenta que muchas veces estos contratos se hacen en empresas que ellas mismas se caracterizan por su temporalidad, funcionan tres o cuatro años y luego se declaran en quiebra o cierran el negocio. Reciben las subvenciones por crear empleo y pasado el tiempo venden o alquilan el local, que se ha revalorizado.

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Hay otro dato relevante añadido a como repercute la inestabilidad del empleo en los hábitos sociales. En 1.992 el 40% de los jóvenes españoles entre los 25 y 29 años vivía en casa de los padres. En 1.998 era el 80%, de los cuales el 70% viviría independientemente si encontrara un trabajo estable. Con el añadido de que 1 de cada 2 parados es joven. Pero en lugar de haber una reacción a esta situación se produce un efecto de acomodación. Que provoca una situación grave de inmadurez social.

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En los sectores en que se han aprobado las 35 horas semanales no se ha incrementado el empleo. Por el contrario ha disminuido, por ser sectores en declive, como la minería de carbón, o porque la tecnología acelera el proceso de producción. Sin embargo en donde aumenta el empleo, que es en el sector servicios o en el pequeño comercio meter un nuevo empleado es un coste inasumible. Mantener el negocio requiere cumplir muchas horas de trabajo, por eso suelen ser empresas familiares o formadas por socios que acaban haciendo muchas más horas que las establecidas. Lo mismo ocurre con los autónomos que trabajan de taxistas, por ejemplo o cualquier transportista de mercancías. Sin entrar a valorar el trabajo del campo de las explotaciones familiares. Esto quiere decir que se trata de una medida irreal. Sobre todo para los pequeños negocios que se verían arruinados o incumplirían tal ley, como ya se viene haciendo en restaurantes y cafeterías que se hacen contratos de cuatro y cinco horas, a tiempo parcial, pero se trabajan las ocho, nueve y hasta diez horas. Las cuales se pagan, pero no cotizan. Lo que supone dinero que se ahorra el empresario y beneficios también para éste. En algunos casos se hacen contratos de ayudantes, más barato, aunque hagan el trabajo de un profesional. También sucede que en trabajos no cualificados se renueva la mano de obra para aprovechar los beneficios fiscales debido a facilitar a un joven su primer empleo.

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A finales del año 1999 el gobierno de Lionel Jospín, valoró positivamente la ley que aprobó el Parlamento francés meses atrás, que establece la jornada laboral en 35 horas. Según los datos oficiales creció el empleo, de manera que el paro descendió un 3% (83.600 parados menos) lo que supone una tasa de 11% de parados (2.690.000 de parados). Sin embargo se silencia que la mayoría de tales empleos son temporales y de bajo nivel salarial. De tal manera que se ha logrado movilizar el paro y los puestos de trabajo en un baile de cifras que camufla el desempleo. La cuestión es lograr trabajo real, lo que únicamente puede regular el mercado laboral y si está saturado, como tiene sus propias condiciones y características, cualquier medida artificial lo que hace supone desplazar el problema, con aparentes soluciones, sobre todo para azuzar la propaganda política.

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La valoración que hacen los sindicatos es que si se establece por ley incidirá en las administraciones públicas, que aunque su trabajo no requiera el esfuerzo físico que muchos trabajos, se puede exigir que se cubran tales horas con nuevos contratos. Lo cual producirá un efecto que los economistas denominan como “paro encubierto”, que es cuando hay exceso de puestos de trabajo, para bajar las cifras de desempleo. Lo que ocurre con empresas que no son competitivas y que se mantienen artificialmente más tiempo de la cuenta para mantener los empleos.

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Si realmente fuera una lucha obrera, de clase, el motor de los trabajadores paralizarían su labor al cumplir el horario de las 35 horas, en una huelga a tiempo parcial, con uno o más parados en la puerta para que les sustituyan, lucha ésta que sería imparable. Pero no sucede y plantearlo se considera una locura. Se prefiere aprovechar un cúmulo de descontentos para convocar huelgas genéricas que sin embargo sus efectos son mínimos y nada tiene que ver con lo que sucedía antaño, en donde las huelgas llegaron a derribar gobiernos y eran pulsos intensos contra los empresarios, precisamente porque la producción dependía exclusivamente del trabajo y el obrero como clase fue la fuerza social en la etapa industrial del desarrollo económico. Actualmente, estratificada su labor y posición social, es más una actividad sindical genérica. Por lo que cada sector y cada grupo social y cada persona va a solucionar sus interese concretos. Conrado Alonso Buitrón sindicalista y un histórico del PSOE de León explica1 que los líderes sindicales de los años setenta y principios de los ochenta se han ido prejubilándose y el sindicato de la minería ha perdido mucha fuerza. Falta gente y no tiene capacidad de movilización. Luego en otros sectores no digamos.

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La reivindicación de las 35 horas es un síntoma del ocaso del sindicalismo en la sociedad moderna. En donde se requieren otros modelos de participación social con capacidad de influencia. Como las asociaciones de consumidores, cuyo poder de presión es cada vez mayor, sin grandes movimientos de masas, sino a través de la información. O grupos ecologistas que a pesar de su escasa militancia han evitado los atropellos de muchos proyectos. Ni las formas ni los contenidos reivindicativos de la sociedad industrial sirven en la sociedad tecnológica y de consumo. Tampoco suceden los análisis que se fundamentan en el sector productivo. Aunque haya habido una adaptación a los tiempos modernos ha servido para hacer de los sindicatos agrupaciones de servicios, intermediarios de la negociación entre empresarios y obreros. El desfase es tal que la reducción de jornada no vale para nada, pues no reduce el desempleo. Más aún, en Holanda su aplicación provocó un reajuste del mercado laboral que lo que hizo fue aumentar el número de parados.

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La reducción horaria carece de sentido en la nueva economía en que la técnica sustituye esas horas eliminadas y muchas más. Es decir puede haber mano de obra sin incremento de mano de obra. No es algo nuevo. Antaño sí pudo tener una justificación teórica, pero se evitó su puesta en marcha al elegirse un modelo de crecimiento sin límites que hoy da su resultado con la globalización. Ya en 1933 el senado americano aceptó una enmienda del senador Hugo L. Black de reducir la semana laboral a 30 hs. semanales, como única manera de reducir el paro. El presidente Roosevelt paralizó tal medida ante la preocupación de perder capacidad competitiva ante otros países y no poder prever las consecuencias a largo plazo. A cambio impulsó la estrategia de impulsar nuevos mercados que dieran salida a los productos de una oferta productiva crecientes. Al aumentar el trabajo se facilita el consumo de manera que la rueda de la economía se retroalimenta. Y para facilitar ese impulso redujo el impuesto al consumo. Tal estrategia ha seguido hasta nuestros días. La pregunta a plantear es ¿y ahora, qué?.

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Si nos remontamos a la historia, la base para la reducción de jornada, es lógica en una sociedad basada en la economía productiva. Ha habido una evolución de hacer un horario laboral cada vez más reducido, lo que se ha logrado gracias a la lucha obrera. Indudablemente supone un gran alivio para el obrero. Le permite su desarrollo personal, aunque en la actualidad derive más esta faceta hacia el ocio de consumo. Robert Owen, desde el socialismo utópico, escribió la obra “Libro del nuevo orden moral”, en donde plantea la reducción de jornada laboral, que inspiró el llamado “Movimiento de las diez horas”. En 1847 el Parlamento británico aprobó la ley que reduce la jordana a 10 horas como máximo para el trabajo de la mujer y los niños. Una ley similar no llegó a Alemania, por ejemplo, hasta 1910.

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En España se redujo la jornada laboral a 48 horas semanales en 1976, con la ley de relaciones laborales. Con el gobierno socialista pasa a ser de 40 horas la jornada semanal, en 1983. la innovación tecnológica crece y no se toman medidas, únicamente ajustes del mercado, con la aparición de contratos a tiempo parcial, mediante la reforma del 94, de manera que el reparto del trabajo queda al albedrío del mercado, sin ningún derecho como contrapartida.

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En verano del 1999 la Comisión Europea recomendó a los quince países miembros de la U.E. fomentar la creación de empleo incidiendo en el sector servicios para reducir el paro. Puso como comparación a EE.UU., de manera que Europa tiene seis millones menos en estos empleos, lo que representa el 40% de la población activa. No se valora la diferencia de costumbres, que se van aproximando a las americanas, pero que todavía se mantiene una distancia, como es comer fuera de casa por norma en USA y en servicios de comida rápida, por ejemplo. Por lo que extrapolar unos criterios de unos modelos a otros no siempre es acertado ni da el mismo resultado.

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Una sociedad que progresa mediante el sector servicios y no sea improductiva debido a su alto nivel de mecanización provoca una hiperdesarrollo de la riqueza, que no funciona en el mercado de las mercancías, sino en el de valores. Lo que hace que se descompense la relación entre el trabajo y la ganancia empresarial. Se generan bienes, circula el dinero a raudales, pero de una manera incompleta que hace que un sector de la población viva en un estado de necesidad permanente y otros en un estado de deseo de consumo que genera ansias de acaparar , descontento y frustración social.

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La creación de empleo nada tiene que ver con la reducción de horas, sino con la planificación laboral y reparto de horarios. Adaptarse al nuevo mercado laboral exige tener garantizado un medio de vida mínimo que permita con estas actividades tener un complemento que haga rentable el trabajo. De otra manera no interesa, porque trabajar no da para vivir. Se buscan en muchas ocasiones ingresos fuera de los cauces legales o, al menos, no regulados. O ayudarse de estos subterfugios temporalmente, como es el caso de cierto tipo de prostitución, trabajos de coser o estampados en casa, etc.

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La primera asociación obrera que hubo en León fue fundada por Ignacio Durruti, tío del anarquista Buenaventura. Surgió con la construcción de la línea de ferrocarril Valladolid – León. Las reivindicaciones primordiales fueron dos: Un salario mínimo de 1´50 ptas. diarias y una jornada laboral de diez horas por día, lo que fue rechazado por la patronal y llevó a la huelga del sector en 1903. Un año antes se había limitado por ley la jornada de trabajo de los niños y mujeres a un máximo de once horas. En 1904 se instaura el descanso dominical, con el gobierno conservador de Antonio Maura. Con el liberal Segismundo Moret se implantan las inspecciones de trabajo. En el año 1908 se obliga a los empresarios a pagar con dinero de curso legal, no con vales o bonos para comprar en las cantinas o tiendas que regentaban los patronos. En 1.912 se crea la Unión Metalúrgica , año en el que se toman medidas para la regulación laboral. El 27 de Febrero de este año se promulga la “ley de la silla”, según la cual los dueños de tiendas, despachos y otros establecimientos quedaban obligados a poner una silla a disposición de los empleados durante las horas laborales. El 1 de Noviembre el presidente del Consejo, José Canalejas es asesinado por Manuel Pardiñas. Hasta el 10 de Agosto de 1.916 no se reconoce la personalidad jurídica de los sindicatos. Son años de huelgas y movilización social para conseguir unas mínimas condiciones de vida para los trabajadores y sus familias. Lo que hoy parecen obviedades y se nos representa como lo más normal del mundo es el resultado de una lucha social muy importante. El 3 de abril de 1919 se establece el Real Decreto en el que se fija la jornada de ocho horas de trabajo para toda España, que no entra en vigor hasta el mes de Octubre. En total fueron 48 hs. semanales al trabajarse los sábados. Luego este día sólo por la mañana, con 44 horas y finalmente 40 hs al suprimirse el sábado como día laboral. Posteriormente hay convenios específicos con los que el viernes por la tarde no trabajan, con las 35 hs. semanales. Otros sectores, como el de funcionarios de las administraciones públicas cumplen el horario marcado por ley en una única jornada de mañana o tarde. Después de ochenta años ha habido un progreso científico aplicado a la producción que hace obsoleto un horario similar. Las conquistas sociales han sido muchas, sobre todo después de haber pasado por una dictadura que prohibió los sindicatos de clase, la posibilidad de reunirse, la huelga se consideró un acto de sedición. Las mejoras laborales acompañaron a los avances técnicos, lo que se ha querido confundir durante la Dictadura, con avances políticos, que no fueron tales.

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Sin embargo en la actualidad con el automatismo tan grande que hay basta una organización del trabajo para que la jornada sea mucho menor. Ocurre que no se desarrolla porque dejaría a miles de personas en el paro y sin medios de vida, porque se sigue centrando la consecución de éstos en el trabajo. Por otra parte aparecen peculiaridades en el mundo económico de nuevas necesidades de horarios flexibles, pero son incompatibles con las necesidades de los trabajadores. Los criterios objetivos de novedades en el mundo laboral, en los mercados y en la producción, hace que se conforme una lógica social que comprende el fenómeno, sin ver una salida a tal situación. Surge entonces el conformismo, el pasotismo, como expresión colectiva. Las propuestas sindicales pierden fuerza y credibilidad y se tornan en meras batallas estratégicas para presionar por una subida salarial y defender los derechos de sus afiliados, ofreciendo servicios de asesoría jurídica, o para estudios de planes de jubilación anticipada, cuyos costes paga en muchas ocasiones las empresas. A las que interesa desembarazarse de mano de obra sin ocasionarse problemas.

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La reducción de jornada durante el desarrollo industrial no se planteó específicamente para el reparto del trabajo, porque hubo una expectativa de crecimiento económico y expansión industrial. Una vez que no da para más habrá que reestructurar el mercado, el consumo, la producción, pero sentando nuevas bases, no manteniendo las mismas que antaño, que se fundamentan en el trabajo. El planteamiento que hacemos es que se tome como punto de partida innovador la Renta Básica.

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Hay autores que critican la idea de que el desempleo sea un efecto directo de la alta tecnología, como Göran Therborn2, profesor de sociología en la Universidad de Goteburgo, Suecia. Analiza como el criterio de la derecha entiende que los costes laborales son un factor clave para el desempleo. Pero lo que es evidente para las formaciones políticas de derechas e izquierdas es que en los países capitalistas la tasa de paro está determinada fundamentalmente por la tasa de beneficios. Ahora bien la teoría de esta sociólogo incide en que, en un criterio global de la economía, no hay relación entre beneficios y paro. Entiende que hay que ver más una crisis de la sociedad del trabajo, de manera general, incluso de le ética del trabajo. Su conclusión es que lo que juega un papel preponderante de cada economía nacional son los aspectos institucionales. De manera que define el paro como un problema complejo que depende del entramado institucional y político. El error, desde mi punto de vista, de este análisis es que se limita a asociar estadísticas y porcentajes de parados con modelos de gobierno. Si lo que no cubre la economía lo hace el Estado se crea empleo, pero es irreal, y ¿de qué manera se produce un sobreenriquecimiento para mantener este gasto? Explotando a terceros países. El trabajo por el trabajo tampoco tiene mucho sentido, si no responde a una necesidad o a una demanda de su resultado y requiere una retribución justa.

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Incluso la actuación institucional también tiene un límite, más allá del cual no es sostenible la participación pública para generar empleo. Suecia mantenía la tasa más baja de paro hasta 1.991, con un 62% de la población activa dedicada a servicios comunitarios, sociales y personales. Todo el aparato productivo quedaba estancado, por lo que el sucesor de Oloff Palme tras su asesinato en 1986, Ingvar Carlsson, propuso una medida que fue rechazada, como era congelar los salarios, las rentas y los precios. Al centrar la política social también en el trabajo se tuvieron que permitir incrementos salariales. Como la economía no se ajustaba al ritmo de la política institucional el paro aumento a un 14% en 1994, a partir de entonces se siguió una política de liberalización y recortes de gastos gubernamentales. La relación entre desempleo y actuaciones de los poderes públicos es, por lo tanto, una relación de asociación, no de causa y efecto, mas que coyunturalmente. Si el Estado sustituyera todos los semáforos de las ciudades por parados se acabaría el desempleo, incluso si se hacen tres turnos faltarían trabajadores. Está claro que sería un gasto absurdo, un trabajo inútil, pero resolvería el problema del paro, sólo que provocaría una devaluación total del mercado laboral y la economía no podría reaccionar a tal medida, los beneficios empresariales se irían en impuestos y la mano de obra sería inaccesible desde el punto de vista de la rentabilidad, por lo que el Estado se haría cargo de ella, y además poner parados en los semáforos tendría que ocupar a otros nuevos en cada esquina, lo que se acabaría convirtiendo la seguridad vial artesana en la única actividad laboral del país.

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Más lógico será pensar que la economía debe seguir su dinamismo intrínseco. Los poderes públicos valen para garantizar un sustento básico, que permita integrar a cada ciudadano en el circuito de la economía, sin estar amenazado por la necesidad y el desamparo. De manera que cualquier actividad útil será rentable, aunque sea como complemento para la base de subsistencia. Ya que los países de la U.E. garantizan una asistencia sanitaria básica y también una educación, mínima, obligatoria hasta los dieciséis años, como desarrollo inexcusable para las ciudadanas y los ciudadanos, y luego quien quiera puede acceder a niveles superiores de preparación mediante la iniciativa privada o pública, es evidente que esos servicios no bastan para vivir. Si un sujeto social cuando enferma le curan, le dan cobijo en la escuela para aprender, pero no tiene adonde vivir o qué comer poco le valdrá la política de los público y asistencial, que es absolutamente insuficiente. Se requiere, en consecuencia, un ingreso que cubra los gastos mínimos para vivir. No para producir, como sería necesario hace cincuenta años, sino para distribuir una parte de la riqueza que evite desequilibrios que hagan peligrar la sanidad pública y el sistema de pensiones, por no establecerse de una manera constante y fija, sino que se ve amenazado este sistema en épocas de crisis porque queda en función de la productividad. Como se amenaza con suprimir tales derechos en caso de no haber dinero suficiente se tiende a privatizar tales servicios, en lugar de estancar los gastos encaminados a la producción. Sólo si en el mercado libre de trabajo se decide variar los horarios, disminuir la jornada de acuerdo a los costes proporcionales, es posible dichas medidas de reparto de empleo. Pero esta condición exige una renta mínima cubierta. De esta manera la actuación estatal no interfiere en el proceso económico, sino que le permite su cauce natural y propio y, sobre todo su libre desarrollo. Con sus desigualdades, pero es a partir de una paridad de base con la que evita el desarraigo, la pobreza y la amenaza de estos males como estímulo para trabajar, en lo que sea y como sea.

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Karl Marx plantea en su obra, “El Capital”: “todo el poder que tiene el capital de procrear está en el hecho de que dispone de cierta cantidad de trabajo de otro, que no paga”. Tal situación responde al capitalismo de la etapa industrial de hace siglo y medio. En la actualidad es más complejo el sistema de enriquecimiento y de hacer fortunas, lo mismo que la organización social. Hay un capital cuya inversión no se paga a precio de mercado: la inversión pública. De las ganancias obtenidas una parte se dedican a pagar impuestos y una parte del trabajo que no se paga es el que se desarrolla por la tecnología, una vez se ha cubierto el coste de la inversión, que por otra parte recibe capital del erario público en I + D (investigación aplicada a la economía y productividad). Otra parte del capital proviene, o se refuerza, de incentivos fiscales, lo que incrementa las ganancias y disminuye los impuestos, los cuales vuelven a repercutir en una facilidad para invertir y reproducir, pues, el capital, mediante una rueda que no tiene fin, más que en el estallido de una crisis. El resultado del desglose estratégico del capital es la obtención de beneficios, desempleo y trabajo en malas condiciones, bien por remuneración insuficiente o por precisar demasiada dedicación. Por lo que el dinero no pagado se convierte en un gasto público, al que por otra parte contribuye la empresa, pero como esta contribución ha de volver al circuito económico y la producción no es suficiente para generar beneficios al capital, este debe invertir el capital añadido para convertirlo en pluscapital, que se hace mediante el crecimiento de la empresa, por su expansión, mediante fusiones con otras empresas del sector o de otros relacionados para organizar un holding. Por otra parte el capital se incrementa a través de las cotizaciones en Bolsa de sus activos, lo que se traduce en el conjunto de la sociedad en crecimiento económico. Así funciona la economía real de hoy. El dinero no pagado que analiza Marx se ha trasladado al Tercer Mundo y al desempleo. En el caso del paro es no trabajo no pagado. Y el trabajo que es pagado lo es, en gran medida, por efecto de las actuaciones públicas directas o indirectas. ¿Qué faltó para que sucediera todo esto hace más de un siglo, incluso hasta hace treinta años?. El impresionante despliegue de nuevas tecnologías y la política social enfocada hacia las empresas, como medida de sus resultados en beneficios. La mecanización, durante la revolución industrial, se integra al proceso económico. Luego sucede la revolución tecnológica que da lugar a una revolución económica todavía por desarrollar3. El paro antes era consecuencia de la falta de trabajo, es decir seguía una lógica económica, injusta y basada en la desigualdad, pero lógica desde el punto de vista económico. Hoy es como consecuencia del buen funcionamiento económico, del excedente de producción. Paradoja sólo solucionable si se analiza el modelo económico en su totalidad, no parcialmente, y se transforma en lo más profundo de su ser.

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En la obra base del marxismo, “El capital” aparece la fórmula del reparto del trabajo, pero al revés de como se presenta en la actualidad. Es de lo más lógico y coherente: trabajando todos corresponderá a cada uno menor tiempo de trabajo. Es decir no se trata de reducir la jornada para repartir el trabajo, sino repartir éste para trabajar menos. Pero hoy ninguna de las dos ideas cabe en la realidad. Porque el trabajador ya no es un obrero simplemente, sino que además es un consumidor, de vídeos, de juguetes, de adornos para el coche, de vacaciones, etc. Forma parte de una segunda economía de consumo secundario. La acumulación del capital y el dominio del trabajo ya no proviene de los medios de producción, sino de los medios de distribución y de los medios de producir demanda (deseo), o sea, en parte, de los medios de comunicación y de información, incluyendo en esta caso toda la red informática.

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No reaccionar al nuevo criterio preponderante del trabajo, y no entender éste como una función de sometimiento de las ciudadanas y ciudadanos y no de liberación, impide que sea un derecho que se elige en lugar de una obligación que se impone. Lo que ha hecho fracasar a la sociedad postindustrial en el modelo comunista y a encontrar soluciones basadas en la economía política en el modelo capitalista. Se mantiene la inercia de la historia, en tanto y cuanto hay que cubrir a lo largo de ella las necesidades de los miembros de la sociedad, pero la evolución social, política y económica han cambiado las condiciones. Aparece una nueva realidad, que viene dada por un factor que surge del saber, la ciencia. El plano de la creencia queda relegado a un planteamiento personal, no social, aunque sigue influyendo, a veces decisivamente. Las ideologías han caído en el terreno de la creencia, al querer sustituirlas y dar un sentido “revolucionario” a sus partidarios. La economía interviene en la política y ésta distorsiona el funcionamiento económico en las sociedades modernas. Un análisis científico, sobre la realidad concreta, exige delimitar cada campo, lo político y lo económico, para poder entender en su conjunto ambas funciones y actuar como una unidad que es.

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La Unión Soviética basó la planificación estatal en el reparto del trabajo. Siguió a raja tabla los principios del marxismo y no pudo adaptarse a las transformaciones tecnológicas. Tanto Iósiv Visariónovich, Stalin como Mao Tsé-tung reconocieron que a pesar de la práctica socialista, tanto en Rusia como en China, la ley del valor funcionaba como fuerza motora, igual que en el capitalismo. La colectivización permitió a Rusia concentrar su potencial económico en la industria, de manera que durante la década de los años treinta pasó de ser un país atrasado a convertirse en una potencia industrial. China no dio tanta importancia a la industria y desarrolló al máximo la producción agraria. En 1.957 este país asiático trata de descentralizar la burocracia, en el proceso conocido como “El Gran Salto Adelante”, que fracasó. Desde 1.990 el reparto del trabajo se realiza sólo en las ciudades. En las zonas rurales debe ser absorbido por la economía colectiva y familiar, lo que llevaba a grandes desequilibrios de población y económicos. Cuando en 1993 Jiang Zemin se convierte en el presidente de China desarrolla la apertura económica sin cambio político. De la misma manera cuando Cuba deja de recibir la ayuda financiera de la URSS, sobre 5.000 millones de dólares al años, su presidente, Fidel Castro, firma en 1993 un decreto por el que se permite el establecimiento de algunas empresas privadas, para ciertos sectores de la economía, sobre todo el turismo.

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¿Qué sucedió con el modelo socialista? Entre otras cosas que requieren análisis más complejos y sobre lo que trataremos algo en el capítulo de la perestroika. Sucede que con el colectivismo se suprime el beneficio. La producción y la distribución son controladas por el Estado. La economía deja de funcionar y es arrastrada desde un sistema político, hasta que no puede más y se derrumba o se modifica substancialmente. En el modelo socialista los trabajadores no son contratados, sino colocados en un puesto según sus capacidades y las necesidades colectivas. El trabajo deja de ser una mercancía. Se convierte en una misión social y personal, y en un objetivo político. Deja de funcionar económicamente.

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En los países socialistas se suspende el beneficio, pero se produce igualmente el pluscapital, que depende de la producción industrial, el cual pasa al Estado y se convierte toda la estructura comunista en un Capitalismo de Estado. Para manifestar su fuerza y potencial este capital acumulado se emplea en el hiperdesarrollo militar, lo que da lugar a unas potencias bélicas desproporcionadas. En el modelo capitalista el fastuoso gasto militar se convierte en una inversión, de manera que se integra en la economía y mientras que en el modelo comunista se convierte en una rémora que absorbe el desarrollo social, en el capitalismo es un baza más del enriquecimiento de los capitalistas que invierten en este campo, generando muchas industrias colaterales y crecimiento económico que se extiende en la sociedad.

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China siguió la apertura por un principio puramente práctico, tal como indicó ya en los años sesenta Sheng Wu-Lien, como reacción a la ultraizquierda que mediante la “Revolución Cultural” intentó mantener la hegemonía política sobre la económica. Para Wu-Lien la posterior apertura económica a la muerte de Mao respondió a la idea: “pensar sólo en las ganancias es un error, pero si no se obtienen ganancias razonables se ha cometido también un error”.

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El comunismo y el capitalismo fueron procesos industriales que se sucedieron el primero en un marco político predominante, el segundo en uno esencialmente económico. El primero adapta la economía a la política y el segundo la política a la economía. Pero las nuevas tecnologías, fruto de la ciencia, no de la política ni de la economía, influyen en la producción, ya no sólo en la salud o en el conocimiento de los orígenes del hombre o del universo, se acopla al proceso productivo. Impone su ritmo y dinámica hasta un punto tal que el comunismo deja de funcionar, por sí mismo, y el funcionamiento del capitalismo se vuelve descontrolado. De ahí que no se puedan encontrar soluciones. ¿Qué es lo que ocurre entonces? Que lo que se hace es querer solucionar la cuestión de las cifras del paro, no su realidad. El problema se reduce a un a mera táctica de estadísticas.

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El capitalismo puede crear riqueza sin empleos, sin demasiados empleos, y se dedica a crear empleos, necesita consumidores para que funcione la tecnoestructura, el sistema. La tecnocracia deja de ser eficaz porque los criterios científicos sirven para crear tecnología no para diseñar modelos de sociedad, cuyas variables no pueden ser reducidas a contabilizar datos y cifras. Intervienen en el desarrollo del capital tanto los dueños de los medios de producción como los de los medios de consumo. El trabajo deja de ser necesario de una manera fundamental porque una parte se realiza mediante la aplicación de la tecnología. Lo veremos seguidamente.

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Las huelgas de producción ya no valen para presionar directamente al patrón. No son un instrumento de lucha, como hace treinta años o como hace cincuenta y ochenta años. Son un instrumento propagandístico. De ahí el baile de cifras cuando se realizan, entre las fuentes oficiales y las organizaciones convocantes. Sin embargo una huelga de consumo, que a veces inciden no como tales sino espontáneamente por noticias de higiene o de salud pública, ya que no se ha tomado conciencia de su poder, es capaz de actuar sobre los beneficios en el proceso de la demanda, que no da salida a la producción. También originaría una caída en la Bolsa que daría lugar perdidas en el mercado de valores de consecuencias incalculables.

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Ante gente sin recursos para comprar o supongamos que se despide a miles de trabajadores, para poder acceder a los bienes necesarios para vivir ¿merecería la pena una lucha, una guerra o el uso de la violencia que significa una amenaza para el bienestar de los beneficiados? Lógicamente, en un mercado saturado en el que hay suficiente y más para repartir, no. La reacción sería el reparto del trabajo y de bienes, que de alguna manera es lo que se hace desde con la aplicación de políticas sociales. Situación que no ha llegado a los extremos de provocar un colapso ni una conmoción en el proceso de consumo. Puede suceder una reacción que interfiera en el proceso productivo ea través del boicot del consumo, por ejemplo por efectos de alguna alteración de los productos como ha sucedido con las vacas locas en Europa o con las dioxinas que se detectaron en la bebida Coca Cola. Pero ha sucedido en un sector concreto sin mayores dimensiones ni de manera generalizada como para afectar al sistema económico, que podría hacerlo. Lo que no es improbable ante la amenaza de los experimentos en la alimentación transgénica, o bien por motivaciones sociales en una toma de conciencia del poder del consumidor. Antes de que pueda suceder se puede dosificar un cambio en la estructura social para que la economía recupere su ritmo de mercado para la actividad humana y deje de ser una actividad voraz e insaciable, sin reparos en las terribles afecciones que puede ocasionar. Como ha sucedido con la venta de harinas con grasas animales, el aceite de colza, etc.

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¿Cómo ha evolucionado la situación a la que hacemos referencia? Los instrumentos son usados en la sociedad artesanal para hacer el trabajo de maestro de oficio. Marx analiza el cambio de este instrumental a otros, a los que denomina máquinas-utensilios. Ejecutan las operaciones del trabajador, pero son usada por los obreros. Por ejemplo un telar, la máquina de vapor, tractores, cosechadoras. Se perfeccionan incrementando la intensidad de su actuación. La nueva acción de las máquinas produce un efecto en la producción y en el empleo, pero dentro de un mercado que es capaz de absorber la mercancía. Luego aparecen las máquinas-trabajo, aquellas que hacen el trabajo del obrero sin que éste las use, sino que controle su funcionamiento, las revisa y las pone en funcionamiento. Es toda la tecnología de la producción en cadena, sistemas controlados por ordenadores y la robótica. El obrero interviene en el proceso de las máquinas, no al revés como hasta la época industrial. Pero hay un desarrollo más amplio que hace que el trabajo sea un instrumento, necesario obviamente, del proceso productivo y no su motor, sino que éste es el objeto. La máquina deja de ser un utensilio y pasa a ser fuerza de trabajo, que no sustituye ni desplaza al obrero solamente sino que trastoca sus funciones. Se desarrolla la máquina-productiva, aquella que mecaniza su función totalmente e integra todas las partes en el proceso productivo. Las máquinas-trabajo fabrican piezas y luego otras las integran para formar la pieza final. La automatización funciona por partes. Pero hay un trabajo productivo que realizan obreros que combinan estas partes dentro del funcionamiento maquinal. La máquina-productiva produce la mercancía ella sola. Desde el principio hasta el final.

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Un amigo que trabaja en una empresa familiar para producir cajas de cartón, me explicó la evolución que ha sufrido la empresa desde que su abuelo comenzó, a principios de este siglo XX. Parece ser que hacía cajas artesanalmente, prensaba papel con unas maderas y unas placa pesadas, lo mojaba y al secarse daba la forma de un cajón, que pesaba menos que los de madera y para llevar objetos poco pesados era mucho mejor, cartas, documentos, evitando que en las bolsas de cuero se estropearan. Tendría un mercado muy limitado y apenas haría una media de siete u ocho diarias. A medida que se expandió su uso para otras cosas, desde zapatos a utensilios, para portar a tiendas y demás, se podría dedicar más gente a este trabajo. Pero, al parecer, supo de una máquina que hacía cajas, a partir de la pasta acartonada y recortada que, según me cuenta mi amigo, un catalán ideó a partir de observar las máquinas encuadernadoras de los libros. Así comenzó la industria familiar de este taller de fabricar cajas de cartón, con una producción de 200 cajas diarias y veinte trabajadores. Tal fue el paso de la herramienta a la máquina-utensilo. De ésta el padre de mi amigo pasó a una máquina-trabajo que ya recibía el cartón hecho en planchas, cuya mecanización también se había realizado, y fabricaba cajas con nueve trabajadores que colocaban las planchas y las recortaban. Iban a comprar las cajas a la fábrica, para zapatos, ropa, de todo. Eran pequeñas y medianas. El problema era para cambiar de un diseño a otro que tenían que ajustar las máquinas. Había un mecánico pendiente del funcionamiento y para arreglar las averías y para los montajes. Se daba forma a la tapa y en la misma fábrica se imprimía el nombre de alguna marca o tienda antes del proceso de elaboración. La producción inicial cuando el padre de mi amigo empezó a trabajar sobre los años 50 era de una media de 900 cajas diarias en un mercado en expansión. Su problema era producir más y más, lo que logró introduciendo nueva tecnología que aceleraba el proceso. Llegó a producir cinco mil diarias con una plantilla de siete trabajadores, contando el contable, el mecánico y a finales de los años 70 ya había un promotor para buscar clientes debido al aumento de la competencia. En la actualidad la empresa la lleva mi amigo Antonio, tiene una máquina que cumple el proceso completo, desde la mezcla de agua y pasta para hacer diferentes consistencias de cartón , hasta el final del embalaje. Ya no hay nadie que tenga que colocar el cartón, ni recortarlo ni dar forma a las tapas ni nada. Se trata de la máquina-productiva que mediante un ordenador ajusta la consistencia el cartón, la forma y tamaño de la caja , e incluso ya las hay que pueden en el mismo proceso hacer impresiones de dibujos y etiquetas. Produce 12.000 cajas diarias a ritmo lento, pero puede llegar a las 17.000 piezas. Trabaja para minoristas, pues hay maquinaria que produce mucho más y en grandes tamaños. Los trabajadores programan el proceso y vigilan el funcionamiento de la máquina, pero no la acompañan si quiera. Son dos, más el gestor que es el empresario, Antonio, y hace de contable y dos encargados de ventas, para buscar mercado y distribuir la producción. Para optimizar al máximo la maquinaria tiene dos turnos, mañana y tarde, pero su problema es el excedente, por lo que trabaja cuatro meses y dos no. Con un sólo turno el coste por unidad sería más caro. Si la máquina funcionara menos no sería rentable la inversión, por lo que hace contratos temporales, lo que supone un ahorro, aunque suele ser a los mismos, por lo menos durante dos años. Un contrato fijo no le vale, cuando su padre siempre tuvo en contrato personal permanente. Antonio tiene que vender mucho volumen de mercancía para sacar beneficios. Abrir mercados es primordial para él. Incluso llega a regalar partidas de cinco mil cajas para que le compren le sigan comprando luego una vez que se acostumbren a su uso y requieran de sus servicios. No puede dar más ni menos trabajo sino en función de las ganancias que requiere para el negocio o se va a la ruina y tiene que cerrar. Los problemas que encuentra para mantenerlo son que muchas veces tiene que hacer tiradas cortas y eso encarece el coste por unidad y no puede subirlo para mantener al cliente y competir con quienes hacen producciones masivas y tienen colocado el producto porque forman parte de un grupo empresarial de grandes almacenes, por ejemplo, o de fabricas de juguetes. Por eso debe optimizar el tiempo para ganar más, mediante disminuir el coste por unidad, de ahí que tenga dos turnos de trabajo. Para evitar que se le acumule material deja de funcionar dos meses, evita los costes laborales, de pagar vacaciones y demás. Gana para mantener su tren de vida de clase media, pero ni mucho menos en proporción a con su padre que logró tener una pequeña fortuna familiar. Ahora Antonio trabaja para que el negocio continúe existiendo, ya que es su forma de vida. Puede gastar en una dinámica de consumo holgado pero sin hacer excesos. Es decir, que mientras el negocio ha ido a más productivamente desde el punto de vista económico ha bajado.

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Otro problema añadido que me comenta mi amigo es que hay una competencia desleal que provoca la ruina del sector y a él le hace estar en vilo. Muchas empresas que encargan sus productos dejan una deuda que antes se pagaba poco a poco y se aceptaba porque era una manera de mantener el cliente, pero ahora se encuentra que quien le debe uno o dos millones de pesetas da de quiebra el negocio que luego resurge con el cambio de titularidad y no puede hacer nada judicialmente para cobrar lo adeudado, lo que además conllevaría un gasto y una pérdida de tiempo impresionante en pleitos judiciales. Está estudiando incluir en los costes los gastos de abogacía para cobrar morosos. Los pedidos se hacen y se sirven para ser pagados a los dos mese. Solicitar pagar al contado es quedarse sin clientes, por lo que hay que entrar en la rueda de cómo funciona en la costumbre. Algo que jamás hizo su abuelo y su padre, excepto con clientes de confianza. Varias imprentas se han dado de baja sin pagar los embalajes y muchas de éstas además no pueden ser denunciadas porque trabajan en garajes de chalets clandestinamente y funcionan cuando les parece. El problema es que las deudas son legalmente de la sociedad mercantil no de los socios, y si la empresa se da de baja se crea una cadena de deudas que hace que se dejen deudas a los proveedores, creándose una economía de ficción que funciona a trompicones. Como pequeña empresa Antonio tiene claro que su negocio carece de futuro. Entre impuestos y gastos fijos no le llega para introducir mejoras. Siendo su nivel de vida medio mucho menor que el de su padre y las condiciones de los obreros de la empresa mucho peores que antes. Viene a ganar un promedio de doscientas cincuenta mil pesetas limpias al mes como media de todo el año, gracias a pedidos extras de clientes de confianza que mantienen ya un trato de amistad con él. Lo que para un empresario, según él es poco. Algo más del doble que sus obreros, aunque estos sólo durante ocho meses. Los que se dedican a buscar clientes, además del salario ganan un porcentaje por ventas.

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Este pequeño ejemplo concreto, quizá no muy técnico, pero sí explicativo y real viene a ilustrar la evolución económica, que si se extrapola a la fabricación de refrescos, vestidos, o cualquier otro producto nos puede hacer entender la dimensión del problema con el que nos enfrentamos. Lo primero que se puede observar es la variación de la función del trabajo. El obrero se convierte, en gran medida en vigilante de las máquinas, pero aparecen obreros de la distribución y de la demanda, son los que se dedican a relaciones públicas. Imprescindibles en cualquier empresa moderna. Se produce una separación de la gestión empresarial y la del capital. Surgen figuras asalariadas como los ejecutivos, cuya remuneración, en grandes empresas, es tan alta que se convierten en capitalistas porque estas personas a su vez invierten en otros negocios mediante activos financieros y demás. Y el cúmulo de este proceso se convierte en la gestión empresarial que sustituye a la producción empresarial. Se gestiona la riqueza que crece sobre sí misma, en gran medida deja de producirse, pero se incrementa con el aumento de la demanda a niveles que van más allá de las previsiones y objetivos de una economía lógica.

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En la era industrial el reparto del trabajo y de bienes fue una reivindicación con un gran contenido teórico, una cuestión de justicia social y ética. Hoy se presenta como un problema práctico, una necesidad económica, pues es posible y es un requerimiento fundamental para el funcionamiento de la economía dentro de los cauces del libre mercado y la democracia. Pero de muy escasas consecuencias. Las justificaciones morales se pueden desarrollar en el ámbito personal, no en el de la economía, aunque se refleje en este campo, como en cualquiera. basta que un financiero no acepte una pauta moral, porque piense de otra manera para que no funcione una propuesta basada en juicios éticos. De ahí que presentemos la Renta Básica como un criterio económico. Con otros valores añadidos, además, que aparecen en el proceso de su consecución.

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  1. 1 Diario de León, 10 – X – 99
  1. 2 “¿Por qué en algunos países hay más paro que en otros?”. Edc. Alfonso el Magnanim – Instituto valenciane d´estudis y investigatió
  1. 3 Véase la obra del autor “La revolución del paro”. Edt. Cardeñoso. Vigo – 1.998