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Herramientas para la transformación social

La Teoría Alternativa que venimos exponiendo sobre política económica para establecer los fundamentos de la Renta Básica, no pretende ser una teoría acabada y cerrada en sí misma. Plantea una crítica de la realidad presente con una aportación teórica que se cuestiona a sí misma. Será válida en la medida que funcione y en el contexto de la sociedad actual. Como reflexión que es, en su esencia contempla que las formas de lucha tradicionales han sido superadas, no sirven. Debemos, pues, plantear el método que requiere, que ha de ser, evidentemente, consustancial a sus objetivos.

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No se trata de hacer elucubraciones en el aire, sino, más bien, recoger ideas que se han ido elaborando y que han quedado aparcadas en unos casos, en otros no se han desarrollado. De esta manera podremos crecer en cuanto a nuevos planteamientos con bases sólidas.

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Vivimos en un modelo económico que exige una gran preparación para situarse en la cresta de la ola, pero no deja de ser una forma de renunciar a nuestra vida. Recuerdo la idea que los estudiantes de Francia, durante el Mayo del 68, presentaron como uno de sus puntos de partida: “El trabajo del estudiante es alienado porque su producto es para su futuro patrón más que para él mismo”. Lograron una revolución invisible pero palpable, el cambio de mentalidad de la sociedad occidental. Aunque no llegase a transformar la sociedad en su base, sí supuso una dinamización del capitalismo, una apertura a nuevas formas de entender la lucha social de los sindicatos que se abrieron a otros problemas además de los estrictamente laborales.

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Nos encontramos hoy en día inmersos en a sociedad del conocimiento. El uso de las nuevas tecnologías exige una preparación muy especializada, pero al mismo tiempo se aboca a un empleo absorbente que se convierte en una forma de vida que nadie elige en un principio. La incultura en este sentido más que una barrera, como se viene presentando la falta de formación tecnológica, hace que las personas se desarrollen de otra manera, pero este espacio cada vez se cierra más, se reprime con mayor intensidad porque se desplaza fuera de las posibilidades económicas. Ésta es una de las grandes trampas a donde nos ha llevado el progreso tecnológico, porque la economía no se ha pensado desde fuera de ella. Es esta posición la que ciega la visión de establecer una Renta Básica. Es por ello que ofrecemos un punto de vista que abarca una realidad más amplia.

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La Historia es una lección práctica, sobre todo cuando nos enseña a situar la realidad. Proyectos que a la larga se han implantado como fenómenos sociales se vieron en su momento anegados al desprecio por su talante o por falta de organización, o por no aplicar sus propios métodos, consustanciales a sus ideas. Fue el caso de la propuesta del cooperativismo a comienzos del s. XX por parte de Jean Jaurés, que propuso una opción social a medio camino entre la lucha de los partidos políticos y el sindicalismo. La dinámica de su momento histórico le llevó a defender la vía de la violencia para hacer frente al capitalismo. En la actualidad la violencia queda fuera de la realidad social, en tanto y cuanto es desarrollada por colectivos que se evaden de ella con planteamientos fanáticos. La mentalidad social va por otros derroteros que institucionalizan cada vez la negociación, fórmulas democráticas para resolver conflictos, todavía de manera tímida e incipiente. De la misma manera las huelgas son efectivas más como noticias que como acciones de presión sobre el sistema productivo. Hemos visto cómo las acciones de boicot que más repercusión tienen son las que afectan a los consumidores, como ocurre con el sector del transporte. Ahora bien sus protagonistas suelen actuar muy estratégicamente para no poner en contra a la opinión pública.

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Otro activista político alemán, del que ya hemos tratado, Eduard Bernstein, junto con August Bebel se declararon antimilitaristas a comienzos de este siglo, cuando el mundo fue un hervidero de sangrientos conflictos. Rechazaron el derrocamiento violento del capitalismo desde su convencimiento socialista, lo que hizo que fueran adscritos peyorativamente al concepto de revisionistas. La propuesta de su método fue la reforma gradual y la evolución de la sociedad. Lo que se ha visto con el paso del tiempo su efectividad, frente a las posturas más irracionales, que se alejaban incluso, en nombre de la ortodoxia, de la teoría de la que parte el ideal socialista y que estudia Marx y Engels, en cuanto a la aplicación de la dialéctica hegeliana. Los autores del socialismo científico convierten su modelo en una antítesis, más que en una síntesis, a la hora de la praxis. Pero no es algo, como muchas veces se quiere justificar, que sucede accidentalmente, que degenera por culpa de ciertos personajes. Es un error por ambición y de falta de análisis de la realidad. En el Manifiesto Comunista se puede leer claramente: ”los comunistas alientan que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo orden social existente”. Frase similar a la que cualquier modelo totalitario se puede adherir, como una necesidad vital para imponer su proyecto.

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Las posturas maximalistas se acaban extremando y pierden su racionalidad, incluso con una parte de razón en sus criticas. Una ideología cuando se aplica mediante métodos violentos es un instrumento de Poder y poco más. Como dice mi tía Lola: “quien teniendo razón se obsesiona con que la tiene acaba perdiéndola”. Las posturas pacifistas quedaron desplazadas ante la vorágine la violencia como realización de la Historia. Así lo ha sido en un proceso de transformación de la agresividad animal en racionalidad como animal sapiens. Ya fuera mediante la racionalidad religiosa, ideológica, geográfica o económica. Pero la historia llega un momento en que podemos cuestionarla desde ella misma. Lo mismo la racionalidad, que es lo que pretende la corriente existencialista y otras formas de la filosofía que llegan incluso a abrir puertas a lógicas diferentes para poder contemplar la realidad de una forma creativa. Ya lo advierte Ortega y Gasset cuando entiende: “la Historia es ante todo la historia de la muerte, del alma”. Este filósofo reclama: “necesitamos de la Historia integra para ver si logramos escapar de ella”, pues, “la Historia es la realidad del hombre”. De manera que hoy tenemos la oportunidad de construir otra historia, la nuestra, ser dueños de ella y no dejarnos llevar por su inercia. Lo cual exige irremediablemente un esfuerzo intelectual. Imprescindible para entender e impulsar la no violencia como método de transformación de la sociedad. Pero para lograr sus objetivos requiere de la pasión, la entrega emocional porque sentir es necesario para el hombre, y si no se hace creativamente se vive desde la destrucción. Durante los años sesenta dos psicoanalistas que estudiaron la revuelta estudiantil del 68 la interpretaron a modo de “una revuelta contra el padre”. Reich y Neil observaron que el desarrollo de la democracia como forma de convivencia afloraría una manera de ser, que aunque fuera inconsciente en una gran parte de la población, se iba a asentar como mentalidad social y que había que elaborar métodos de educación crítica y creativa, porque se delimitaba un nuevo paso en la sociedad occidental, que supone una auténtica revolución que se irá plasmando con el tiempo: “ha pasado el tiempo de la guerra como partera de la historia”.

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Hay una corriente tétrica contra la globalización, que hace de esta situación un chivo expiatoria de cualquier mal que aqueje a la sociedad. Las voces críticas claman sobre como este fenómeno de la mundialización nos absorbe. Ahora bien ¿qué fenómeno humano no cae en esta tendencia? La religión, la política, han sido y son formas de ver el mundo que han dominado al individuo. Eso mismo sucede con la economía, pero tanto si se globaliza como si no, en una industria como en talleres artesanales. No debemos engañarnos en este sentido al mitificar lo que no existe y satanizar la realidad. En otro sentido también la mayor parte de las relaciones de las actividades humanas son proclives a generar dependencia, la droga, el alcohol, el juego, las sectas, el sexo, la vanidad. La libertad colectiva e individual no podrá suceder sin el conocimiento de nosotros mismos, para tener la oportunidad de encontrarnos con el mundo, en lugar de ser “arrojados” a él para perder nuestra existencia, como mantiene Sartre. Pero no seamos ilusos. Esta situación de preguntarnos sobre lo que nos rodea y lo que somos viene de una inquietud cultural, la cual requiere ineludiblemente de una base económica que lo permita. De la misma manera que con esta suficiencia material cubierta, si falta el ambiente cultural, la razón personal y social para exigir nuevas dinámicas vitales nos abocaríamos a la brutalidad más nefasta. De ahí que la Renta Básica debe ser un proceso cultural, de mentalidad, de inquietud, de debates y conciencia, mediante la no violencia como premisa, pues esta táctica necesita de la cultura para establecer sus criterios, necesita de una lucha pedagógica.

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Las revoluciones se han basado en la conquista del Estado. No han resuelto los problemas. Les han cambiado. Ha sido el conocimiento científico lo que nos ha permitido mejorar nuestro nivel de vida. Al mismo tiempo han provocado situaciones que nos encierran como individuos y sociedad, incluso nos abocan a situaciones de riesgo y peligro evidente, como el cambio climático, la contaminación alimentaria, armas de destrucción masiva que pueden acabar en manos incontroladas. Ha sido Michael Foucautl quien ha descubierto la manera de abordar la reflexión social, para captar su esencia. Lo primero que hace es diferenciar lo que es la forma de Poder de la forma de Estado. Lo cual nos permite acercarnos a la esencia de la modernidad. Por otra nos advierte este autor francés sobre cómo se ejerce. No siempre es de una manera represiva, sino más bien al contrario, nos inunda, nos llena porque dice: “el Poder produce riqueza y mentalidad y nos forma como ciudadanos, de manera que lo asumimos”. No es algo en sí mismo, sino una función que no es sólo negativa. Por una parte obliga y por otra permite, de manera que así logra controlar y someter a quienes nos van a amparar. Más aún nos hace pensar de manera que nos ajustemos a ese mundo que crea y domina como Poder. La fuerza del poder, escribe Foucault sólo la va a emplear en caso de emergencia. Por eso es muy importante no fijarnos sólo en lo que pensamos, sino en lo que podemos pensar, para luego actuar sobre una elección.

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El Poder se instala primeramente en nuestra cabeza, como ciudadanos y ciudadanas. Tras perder las elecciones de EE.UU. Clinton, el Decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard, Joseph Nye, analiza la nueva estrategia de la nación más poderosa del mundo. Parte de la necesidad de una política transnacional, debido a la incuestionable interdependencia en el mundo. Explica que en lugar de una acción militar, más que en casos puntuales, la nueva estrategia que se viene desarrollando para fortalecer el imperio económico estadounidense es la denominada soft power, el poder blando, que resume en la capacidad de lograr que otros quieran lo mismo que quiere Estados Unidos, con Internet, con los medios de comunicación, exportando formas culturales y demás. Esta situación exige un esfuerzo de reflexión social, para no cerrarse a las grandes aportaciones de una cultura dinámica y práctica como la norteamericana, de la misma manera que para no convertirla en una trampa que nos lleve a una perdida de identidad y de libertad. En ese juego de equilibrio podemos observar, lo que es Nye plantea sobre una gubernabilidad global, si se quiere establecer una democracia globalizada.

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En el año 1979, Foucault hizo una reflexión que ha resultado profética, y propongo tal idea como una prueba de su acierto en muchos aspectos, que sin embargo son obviados, más que olvidados pues para olvidar hace falta haber conocido. Escribe este filósofo francés: “El arte de gobernar debe responder esencialmente a la manera de cómo introducir la economía en la política, es decir, el modo de dirigir correctamente a los individuos, los bienes, la riqueza”. Consideró, como posteriormente se ha venido a corroborar: “la introducción de la economía en el ejercicio político será la base esencial del gobierno”, o mejor habrá que decir con su terminología de la “gubernabilidad”. Para lograr semejante objetivo la realidad parece que ha seguido los pasos que indicó Focucault: “el Poder busca su fundamento en la racionalidad”, lo cual constituye la realidad del Estado moderno. Ahora bien, para luchar hace falta otra racionalidad, otro Poder, que se ejercite en el debate y la pluralidad que deberá descubrir el mecanismo en qué se ejerce la realidad del Estado actual.

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Según el representante del estructuralismo en Francia la gubernabilidad sucede cuando el Estado deja de definirse por la territorialidad, para hacerlo sobre la población. Lo que veinte años después se ha concretado en lo que se denominan zonas monetarias y la globalización. Entonces el poder se ejerce cuando se usa el saber económico y se controlan los dispositivos de seguridad. Contra semejante realidad nada se puede hacer sin construir lo mismo. Por eso hace falta un paso cualitativo capaz de ofrecer una gubernabilidad democrática realmente, sobre una base económica cierta. Con un poder social consciente y regulado por la población. El punto de apoyo de esta propuesta es nítida y claramente la Renta Básica. Todo lo demás son soflamas literarias, pues en la realidad: “el fenómeno fundamental en la Historia de Occidente es la gubernabilidad del Estado”, es en esta cuestión en la que tenemos que centrar el contexto de lucha para establecer la Renta Básica. Lo que supone un fenómeno de evolución social.

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Para lograr los objetivos se requiere un proceso amplio desde la no violencia. Para empapar a la sociedad de nuevas ideas reales y concisas. Mucho hemos discutido en los ambientes alternativos sobre el activismo pacifista en cuanto a la base de la desobediencia cilvil. Desde luego queda deslegitimada cuando se hace como complemento de una táctica violenta. Pero por otra no puede ser concretada en acciones que se pueden volver en contra de la sociedad y sobre todo de los más débiles. Cuando se hace objeción fiscal contra los gastos militares, podemos encontrar que igualmente por cuestión de conciencia y de la misma manera poseídos de tener la razón los ricos pueden hacer lo mismo ante otras causas. Creo que debemos tener muy presente la máxima de la razón práctica que explica Kant: “obra según la idea de que la intención de lo que hagas pueda elevarse a ley universal”. Requerimiento que cumple la no violencia. De ahí que tal vez la Renta Básica será el resultado de la no violencia y por consiguiente ésta medida reforzará y extenderá la no violencia a los procesos sociales, económicos y a la misma Historia.

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Hasta muy recientemente, como destaca Emilio Alvarado, las revoluciones se han hecho desde fuera del poder contra el Poder establecido. Sucede un nuevo fenómeno que significa un cambio drástico en la dinámica de la Historia. Lo que se ha denominado “las revoluciones paradójicas”, aquellas que se realizan desde el mismo Poder. Bien a modo de transición o de una renovación generacional de las élites generacionales. Ha sucedido de esta manera en los grandes acontecimientos de la historia contemporánea. La dimensión de los hechos ha tapado el método como algo innovador y revolucionario, siéndolo casi más la forma, la manera de suceder, que el contenido, que bastante ha sido. Es el caso de la perestroika de la URSS, la transición de la dictadura franquista a la democracia en España, el fin del apartheid en Sudáfrica, la reconversión de la guerrilla zapatista en México a un movimiento político-social y diversas transiciones de modelos totalitarios a un sistema democrático en Sudamérica, y países asiáticos.

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Y algo que apenas se nota como un proceso revolucionario y es quizá el fenómeno integrador de los demás: la unión europea y todo lo que ello implica en la nueva organización mundial desde el punto de vista económico y político. Lo cual ha sucedido sin derramar una gota de sangre, aunque con mucho esfuerzo, diplomacia y con un sentido de la necesidad que ha abocado los hechos a su justa medida. Porque esta manera de cambiar es el sino de los tiempos más modernos, es el método de falsación para el establecimiento de la Renta Básica. La cual sucederá casi sin darnos cuenta, como evolución del sentido común.

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