Definición

  

Se usa el término «secta» únicamente para abreviar. La información periodística hace que, por su frecuente y reiterada utilización, se entienda en el sentido de «secta destructiva ». La crítica a tales organizaciones nada tiene que ver con la creencia o ideas que mantengan. Lo cual entra en lo que es un debate teológico, filosófico o teórico. Aquello que se cree es algo que forma parte de la conciencia de una persona y de su opinión. 

Lo que se informa sobre sectas destructivas no plantea la falsedad o veracidad de una doctrina u otra. Tampoco si los seguidores de un líder están o no equivocados. No entra en la desviación de unas enseñanzas originales o en la interpretación de éstas. Eso se hace desde la fe para definir una herejía o la ortodoxia.  

Una secta destructiva o coercitiva es definida como tal por las técnicas que utiliza para formar un grupo u organización, cuyas características son cerrarse en sí y ser de carácter totalitario. Ejerce una coacción psicológica mediante técnicas de manipulación, no visibles ni reconocibles cuando se aplican. El resultado es destruir la personalidad del adepto y el entorno de éste (familiar, laboral y de amigos). De lograr sus objetivos en la sociedad, destruiría la convivencia entre los ciudadanos.   

Conocer las técnicas que manejan es la única manera de prevenir que las sectas las apliquen. Ejercen mecanismos de influencia que hacen perder la identidad de uno mismo. No sólo la libertad, a veces también la vida. 

Las técnicas de manipulación se utilizan para difundir y aplicar una doctrina. Se caracteriza en que no se detectan. H. Besesch y W. Schamandt explican que «la manipulación se reconoce en que no se reconoce»3. El contenido de una ideología puede tratar sobre extraterrestres, ocultismo, astrología, interpretación de la Biblia, teosofía, espiritismo o cualquier otra cosa. Ahora bien, las sectas destructivas no son únicamente de tipo religioso. Las mismas técnicas se manejan en organizaciones de tipo cultural (grupos gnósticos, Nueva Acrópolis), comercial (el sistema piramidal de ventas Amway) o político (Partido Humanista, Futuro Verde). 

En ocasiones ocurre que las técnicas que utilizan las sectas aparecen desarrolladas en grupos. No es una organización, pero tiene las características de serlo. Sus miembros acaban dependiendo de compañeros que orientan, mediante consejos, sus vidas. Incluso se induce a cometer actos delictivos. Se imponen ciertas prácticas, la manera de vestir, etc. Al generarse espontáneamente sucede en una etapa transitoria, no se perpetúa, debido a que carece de organización. Tanto la sociedad como una pandilla presionan a los individuos, pero se vive de manera abierta. El horario de estudios o del trabajo se imponen sobre la persona. Esta reconoce que es así. Se puede quejar o buscar otra actividad. 

En las sectas hay un único ambiente. Unas veces se vive la militancia alejado de la sociedad, o en casas en las que sólo habita gente de la agrupación sectaria. Cuando no es así, el aislamiento psicológico respecto al entorno es absoluto. Es una frontera invisible que pasa inadvertida. Son muchos los padres que al explicar su caso indican lo mismo: «Nuestro hijo vive con nosotros, pero como si no. Es como si estuviera ausente. No sé qué le pasa». El fanático acepta su esclavitud con alegría. Es feliz. Su comportamiento es dirigido por las normas que ha interiorizado. No hay lugar para la elección.

 La doctrina se convierte en un mecanismo psicológico que interviene en la voluntad, dirige la toma de una decisión y sustituye la conciencia. La creencia, entonces, no es algo que se piensa o siente. Se trata de una sensación que te posee y domina. Controla la manera de vestir, lo que se ha de responder en una situación determinada, las ideas, el comportamiento, la percepción de lo que rodea a uno. Por eso se indica que es un adoctrinamiento, la doctrina se apodera de la psicología del adepto, forma parte de él y construye su nueva personalidad, la cual funciona dentro y fuera de la organización. A medida que se destruye la manera de ser propia, se sustituye por otra más adecuada a la secta. De esta manera se explica que los adeptos sean muy parecidos unos a otros: en la manera de hablar, de comportarse. Ponen los mismos ejemplos. Coinciden en los mismos deseos y aspiraciones. Consideran que forman parte de un mismo cuerpo espiritual o que son de la misma familia astral o que al unirse en la secta proceden de un genoma cósmico común. El sentido de individualidad o de grupo desaparece a cambio del de la organización. Las pautas que marca el Maestro absorben al prosélito.

 

En cualquier secta se vive una sensación similar: «Lo que aquí me explican me llena». Los Mandos, Jefes o Ancianos modelan los estados de ánimo. Son capaces de hacer pasar a sus seguidores de estados depresivos a otros de euforia. Del miedo al heroísmo. De la timidez a la arrogancia. No es de extrañar que muchos familiares se den cuenta de que al asistir a un campamento, seminario o jornadas edu- -15- cativas hayan vuelto cambiados: «Desde entonces es que parece otro. No es el mismo. ¿Qué le han hecho?». Los seguidores del líder deben mostrar su fidelidad para probar a los demás que la doctrina funciona. Y para ellos así es, porque les hace sentirse bien. El sufrimiento que pueda aparecer durante la programación se vive con ganas de superación y cierto agrado. Se establece una relación de sadomasoquismo psicológico. Quien sufre entiende que es para superar las pruebas que te hagan merecer pertenecer a la secta, y cuanto más duras mejor. El que enseña sabe que debe hacer que su discípulo se esfuerce para lograr que las nuevas ideas se fijen en lo más hondo de su ser. 

El sectario se fabrica.

¿Funciona la creencia? Cualquiera funcionaría igual. Lo que es efectivo es la técnica utilizada y el ambiente en que se aplica. Con otros contenidos sería lo mismo. Dos sectas no se parecen en nada en cuanto a sus ideas, pero sí en la técnica que usan, lo que es denominador común de todas ellas. Todos los sectarios de una u otra secta son parecidos. Cambian las palabras que usan, los libros que leen y los símbolos.

Las preocupaciones desaparecen porque se adormece la mente a causa de la despersonalización. Por eso no es que se llegue a un estado de alegría envidiable. Ocurre que se ha anestesiado la conciencia. Identificarse con un colectivo es un necesidad psicológica. Se manifiesta y se vive en la sociedad de múltiples formas: siendo forofo de un equipo de fútbol, admirador de un grupo musical o miembro de una asociación, del tipo que sea. En cualquiera de tales agrupaciones se viven algunos aspectos de la personalidad. Hay excepciones con personas que se obsesionan con su ideal subjetivo y llegan a perder la cabeza.

 

En las sectas el proceso de identificación con la organización es total. No deja el más mínimo resquicio. Se induce desde la organización una obsesión que al ser colectiva y estar en un contexto empresarial, religioso, cultural o político, se entiende como fanatismo.

Frente a la idea de Ortega y Gasset «yo soy yo y mis circunstancias», el obseso de una idea entiende: «yo soy la secta y la secta soy yo». En todas se dice, de una manera o de otra, lo mismo que oí en la que estuve «tú estás en Nueva Acrópolis y Nueva Acrópolis está en ti». Cualquier crítica a la organización, el adepto la toma como una ofensa personal. Y cualquier punto de vista discrepante desde fuera, la secta hace que se vea como una persecución, lo cual obliga a un cuidado y cautela que implica para los adeptos una constante tensión emocional, necesaria para la programación.

Durante la adolescencia, el desarrollo de la personalidad pasa por una fase de maduración. Se sale del ambiente familiar en busca de ser uno mismo; lo que en la obra “Demian“, de Hermann Hesse, aparece como «romper el cascarón». Este período de cambio psicológico es del que se aprovechan las sectas generalmente. La búsqueda de una identidad o no haber conseguido formarla convenientemente provoca un vacío existencial, que a veces es transitorio. Uno se lanza a la aventura de nuevas emociones, ideas, ambientes y objetivos en la vida. Se quieren nuevas experiencias.

 

 Las sectas saben acoplar estas situaciones a sus intereses. Los discípulos, en manifestaciones públicas o testimonios que la secta exige que hagan, dicen: «Nada me llenaba, hasta que encontré la Verdad». Da lo mismo cuál sea ésta, porque lo que produce el efecto es cómo se aplica. Mucha gente se pregunta, ¿cómo es posible que unos padres puedan dejar que su hijo muera por no hacerle una transfusión de sangre? ¿Cómo unos padres matan a sus hijos junto a ellos para ir a otra dimensión? ¿Cómo es posible participar en un suicidio colectivo? Semejantes conductas extremas son el final de un proceso. Parecen increíbles, pero son ciertas. Casos similares suceden con relativa periodicidad. Para entenderlos hay que plantear la pregunta en el contexto adecuado: «¿Cómo consigue una secta que unos padres dejen morir a su hijo?». 

Nadie que asiste a una terapia para superar la timidez piensa que va a acabar suicidándose porque lo exija un rito. De la terapia pasa a un curso sobre salud integral. Se trata de una persona normal, un estudiante, un ama de casa, un funcionario…, personas que se reirían si se lo planteasen antes de pasar por la secta, pero a quienes transforman de tal manera, que son capaces de hacerlo. Incluso necesitan participar en tal prueba.

¿Quién pagaría dos millones de pesetas para reservar una plaza en una nave extraterrestre que vendrá a salvar a los elegidos? En principio, nadie. Ocurre que hay gente que sí. Personas que al oír tales preguntas se hubieran partido de risa, al pasar por una organización lo hacen. ¿Qué ha ocurrido? ¿Algo los ha cambiado? No es que se hayan vuelto locos ni que sean tontos, sino que su pensamiento ha sido manipulado, han programado a estas personas para aceptar ciertas normas y conductas. Dejan de usar la razón y justifican sus actos con pensamientos analógicos que ellos toman como pruebas tangibles de su Verdad: «Tampoco se lo creyeron los habitantes de la época del Arca de Noé».

Tampoco nadie acepta casarse con una persona que no conoce. Menos aún con quien otro hombre le imponga. Personas que no lo harían jamás lo han acabado aceptando como lo más normal del mundo y como lo mejor, cuando han sido programados en la Iglesia de Unificación del Cristianismo Mundial, que sigue las enseñanzas y designios del reverendo Moon. Aunque en España no está reconocida como religión, sus acólitos entienden que es el nuevo Mesías. Consideran que les ha iluminado y hecho ver la verdad. ¿Qué ha ocurrido?.

 Si fuera simplemente que se les ha convencido de algo lo tendrían en cuenta en su vida, pero ésta se pone en manos de la secta. Un profesor de instituto, por ejemplo, enseña una lección a sus alumnos. Por muy interesante que sea no se le rinde culto, ni se le obedece en todo de manera que guíe desde las conductas más triviales a las más íntimas. Lo que sí sucede, sin embargo, en las sectas. ¿Por qué?