Introducción

Este trabajo tiene un sentido didáctico, cuya finalidad es hacer entender el problema de las sectas destructivas. No sólo va dirigido a quienes lo hayan sufrido, sino a los que pueden evitar verse envueltos en una tenebrosa historia, o sea, cualquier persona.

La neurosiquiatra francesa Jacqueline Renaud, explica: «El fanatismo es posible para todo ser humano». Es algo que puede funcionar en el cerebro, mediante técnicas adecuadas que logran anular la voluntad de la persona, para que un líder dirija a su antojo a sus seguidores. Se llegan a provocar suicidios colectivos, asesinatos de tipo ritual o actos terroristas. Incluso se deja morir a un hijo.

 Conocer cómo funcionan los mecanismos de las sectas es la mejor vacuna para evitar caer en ellas. Tal es lo que pretendemos con una exposición sencilla y clara, a pesar de lo complicado del tema. No es éste un libro de datos sobre grupos, ni sobre sus doctrinas, sobre lo cual hay abundante bibliografía. La intención es que sea un instrumento para que ayude a pensar, a saber cómo funciona nuestra mente. De esta manera las organizaciones que utilizan, para su interés, estos conocimientos lo tendrán más difícil.

En las sectas destructivas se controla psicológicamente al adepto para convertirles en esclavos. No sólo pierden su libertad, también su identidad, su ser. Son muchas las familias que se encuentran con un problema que no entienden, que no son capaces de explicarse y que el protagonista vive, en determinadas fases, con una felicidad inusitada. Éste ha conocido la Verdad y se siente libre. Asume el deber de extenderlo a todo el mundo. Se siente incomprendido. Todo lo que no es su nueva creencia y trabajar para el grupo, que se la ha enseñado y la defiende, pierde sentido. Dejar los estudios, cambiar de dieta o de manera de vestir son algunos de los síntomas iniciales. Cuando tiene «fuerza» suficiente se va de casa o está ausente, fuera de su entorno, «como ido». Deja de hablar con los familiares y antiguos amigos. Los que le rodean no saben qué hacer. Se sienten impotentes. No hay posibilidad de diálogo porque este «nuevo personaje » tiene todo muy claro, respuestas para cualquier pregunta.

Se entiende por secta destructiva aquella organización que mediante técnicas de manipulación mental destruye la psicología personal del adepto. Destruye la convivencia con su entorno familiar, de amigos y puede llegar a destruir la realidad en la sociedad de múltiples maneras, lo que en casos extremos ha llegado a suceder en forma de suicidios colectivos o atentados.

Los primeros afectados son aquellos que quieren al adepto y conviven con él. La impresión inicial de quienes ven el problema desde fuera, es que por ser mayor de edad puede hacer lo que quiera. Como es una elección personal hay que dejarlo. Se achaca lo que le ocurre a alguna rareza, o a que ha perdido la cabeza cuando el comportamiento es muy extravagante. Para abordar el tema de las sectas hay que desengañarse de esta apariencia.

 Para comprender el mundo de las sectas es preciso desmontar ciertas imágenes que se han creado al respecto. Las chicas y chicos suelen estar poco informados sobre temas que aparecen en los medios de comunicación. Les suele sonar algo, pero no profundizan para enterarse de su porqué. Bastante tienen con estudiar y dedicar su tiempo al deporte y al ocio. Es necesario que desde las instituciones sociales y de la enseñanza se les prepare para conocer algo con lo que se pueden encontrar y ante lo que puede no saber cómo defenderse. Las noticias aparecen en la prensa cuando sucede algún escándalo: masacres, corrupción de menores, abusos sexuales o profanación de tumbas. Se muestra el fenómeno de las sectas como algo extraño. Las fotos que ilustran los reportajes son de personas con vestimentas raras. La idea que se tiene es que se trata de algo lejano, extravagante y estrafalario, que a uno nunca le va a afectar. Sin embargo, estas organizaciones maniobran de manera que su presencia pasa desapercibida. Sus adeptos nos acompañan en la vida cotidiana y no siempre se detecta que pertenecen a una organización de características manipuladoras. Aún más, suelen dar una buena imagen en su entorno de trabajo y ante vecinos. Se esfuerzan por ser ciudadanos ejemplares. Venden una fachada magnífica.

El sensacionalismo informativo muestra el final de un proceso que trascurre sin dejar rastro. Está a nuestro lado sin que podamos verlo a primera vista. La mejor manera de prevenir las sectas es conocer sus mecanismos de manipulación y observar el asunto en sí mismo. Querer justificar los abusos y despropósitos de las sectas, basándose en comparaciones fuera de lugar, es un error que hace que todavía no se delimite ni defina adecuadamente lo que suponen estas organizaciones. Por tanto, campan a sus anchas. En el boletín de AIS-Projuventud, n.° 32, Paul Martín, psicólogo dedicado a la rehabilitación de ex-adeptos en Ohio, EEUU, afirma: «Actualmente, el tema de las sectas no está ni siquiera sobre el tapete. Es el problema social más descuidado e incomprendido del mundo».

 Es cierto que la publicidad comercial y la propaganda política usan medios de manipulación. Su objetivo es influir en la motivación y conducta del sujeto. La cultura, las costumbres y hábitos sociales presionan al ciudadano para que siga ciertos usos y prácticas en su vida. Pero se produce en un campo abierto, en el que intervienen muchos mensajes y se convive con personas muy diferentes. Ciertos asuntos se imponen sobre la población desde que nacen sus individuos para permitir la convivencia. Con todo esto se entiende que la sociedad condiciona al ser humano. Cabe la crítica y la rebeldía. En las sectas el control es total y absoluto sobre el adepto. ¿Cómo sucede?

Soluciones para todo.

 Tampoco es algo nuevo ni propio de la sociedad moderna. Se adapta a ésta. Echar la culpa a la sociedad, a la crisis de valores, a la forma de ser propia del hombre y demás, son análisis parciales. Se obvia el interés de una mentalidad grupal y organizada que quiere imponer su criterio, que se prepara para conseguirlo y se dedica, de lleno, a tal menester. El objetivo es hacer valer la verdad de la organización. El adepto considera que es absoluta y necesaria para todo el mundo, independientemente de los problemas personales y colectivos. Este punto de vista trastoca cualquier análisis y mediatiza la manera de pensar y sentir de una persona. Anula la racionalidad y la irracionalidad, es decir, el conjunto de la personalidad de los integrantes de una secta. Luego construyen un sustituto basado en la doctrina del líder o Guía.

Aparentemente, un colectivo sectario se presenta como un conjunto de personas que quieren ayudar, que pretenden salvar al mundo. En realidad, lo que hace es usar cualquier conflicto, individual o social, para su pro- -8- pio beneficio. En ocasiones provocan y agudizan las crisis con el fin de que su intervención sea necesaria y la gente acepte su apoyo «desinteresado». Crecen ante una sociedad angustiada por la inseguridad afectiva, económica, intelectual, y ante cambios históricos.

Las sectas ofrecen un sentido al sufrimiento y ofrecen una esperanza, no como creencia, sino como punto de apoyo psicológico para aplicar unas técnicas cuya planificación aparece en los documentos sobre estrategia. Convierten la fe en una realidad inminente, de carácter psicológico. Es esto lo que hace que un chico o una chica se vean atrapados en una secta y dominados por quienes les «enseñan». Es un fenómeno antiguo que aprovecha los conocimientos científicos y avances técnicos, así como los medios de comunicación, para su desarrollo. Para contrarrestar sus efectos hay que intervenir con los mismos medios, y descubrir sus técnicas, desenmascarar sus actuaciones ocultas y hacer saber cuál es la base de este tipo de organizaciones. Quejarse no es suficiente. La palabra «asesino» viene de «hassasi», bebedor de hassis. Bebida ésta de carácter narcótico. Se dio tal nombre a los secuaces del Viejo de la Montaña, quien fanatizó a los que seguían sus criterios y creencias. Se manifestaron en grandes matanzas, muchas veces por venganzas de tipo político. A los que se integraban en sus filas se les embriagaba de hassis. Adormilados, eran trasladados a un lugar con todo tipo de lujos, comidas y bebidas, mujeres y música. Cuando despertaban, sus instructores explicaban que se había de un viaje al Paraíso, al cual únicamente irían aquellos fieles que muriesen en la guerra santa, propuesta por el Maestro. Los integrantes de tal organización dieron su vida por la misión que se les asignaba. En la actualidad, los métodos son más sofisticados, pasan más desapercibidos aún. Se usan máquinas de la felicidad para que los compañeros sincronicen el pensamiento y así poder entrar todos en una misma onda cósmica, por ejemplo. Estas máquinas se anuncian y venden con el reclamo de calmar los nervios y demás funciones.

La actitud fanática es similar en una época u otra, aunque cambien las formas de manifestarse. Aparecen noticias en las que se cometen atentados suicidas en conflictos en los que el fanatismo de un lado choca con el del otro. ¿Qué es lo que empuja a una persona a perder su vida por una idea y a matar a otras por la misma? En Nueva Acrópolis se enseña que «por el Ideal (para no modificar la cita contextual) se vive y se muere», «el Ideal justifica la cuna y el ataúd». A los niños se les ha advertido de los riesgos que hay en el mundo mediante cuentos y leyendas, como una forma de enseñanza. Es una manera de explicar las cosas. Sobre todo antes de que existiera la televisión. Hay narraciones populares que alertan sobre lo que ocurre en las sectas. En el cuento «Pinocho» se manifiesta, en una parte, cómo cuando miente el protagonista y se deja llevar por una pandilla se trasforma sin darse cuenta. Es atraído a un mundo maravilloso, lleno de juegos y fiestas, en el cual se le promete la felicidad. Llega a sentirlo así. Cuando se ha convertido en un burro, los dueños del lugar se encargan de vender estos animales.

En el cuento «El Flautista de Hamelín», el protagonista ofrece su ayuda a un pueblo invadido por las ratas. Las sectas tienen, en la mente de sus acólitos, soluciones para todos los problemas, personales y colectivos, con sólo tocar la «flauta mágica». Sus promesas y el ambiente que crean dentro de las reuniones que celebran, tienen un poder de atracción tal que hace que mucha gente siga a sus gurús. Igual que los niños del cuento siguieron al flautista. Semejante poder de persuasión lo practican las sectas, que actúan porque, igual que en el cuento, la gente en ocasiones no cumple con su palabra y es agresiva.

Ocurre que las sectas se presentan para ayudar a personas que se sienten solas o que tienen problemas, unas veces de estudio, otras afectivos. El mundo que nos rodea suele decepcionarnos en ocasiones. Las sectas presentan una vida ideal y una creencia mediante la cual se logra la felicidad. Usan la crisis, los estados de incertidumbre para mostrar la necesidad de cambiar a las personas. Tal ayuda es una coartada para lograr explotar a los jóvenes y no tan jóvenes en trabajos para la expansión y enriquecimiento de los jefes de la secta.

Se consigue motivar a los adeptos para que se apasionen por una idea sin fundamento, cuya verdad radica en la trasformación de la personalidad, la cual se adapta y acopla a los designios de la organización. El resultado es fabricar fanáticos. La palabra “fanático“viene de «fanum» que quiere decir «templo», porque para aquéllos «el templo es puesto en lugar de Dios».

En toda secta la idea trascendente, no que tiene sino que utiliza (Dios, una sociedad ideal, la llegada de extraterrestres o lo que sea), es una excusa. De ahí el cúmulo de contradicciones, a nivel teórico y práctico, que para sus miembros no son tales. Porque al final el trabajo se dedica al desarrollo de la secta, del «templo», y no de la doctrina. No importa la coherencia. El fin justifica los medios.

Buscar soluciones a los retos que plantea el mundo en la actualidad se reduce, en una secta, a convertir a los demás a la creencia que profesan. No respetan que cada cual sea como es. Se entiende que se ha de transformar a quien es captado para que pueda aceptar la Verdad. Un fanático es incapaz de comprender, ni tolerar, otros puntos de vista. Lo disimulará mientras que no tenga la fuerza suficiente para obligar a los demás a hacer lo que dice su ideal.

Las sectas destructivas deben entenderse en sí mismas. No usar tal término o su definición para catalogar fenómenos o agrupaciones que nada tienen que ver, porque tal error evita abordar y hacerse cargo del problema real y no permite analizar sus consecuencias. Es pues un nombre común, no un adjetivo con el que se califique peyorativamente a grupos que no nos gusten.

La crítica se basa en argumentos y explicaciones, no en descalificar a quien no piense igual. Algo que ocurre cada vez con más frecuencia en el debate social. Puede que haya elementos comunes de las sectas con otras entidades o con fenómenos grupales, pero cada cual tiene identidad propia. Hay clubes privados que sirven para establecer relaciones sociales mediante un compañerismo interno que sirve para influir en la vida pública. Pero eso no es una secta destructiva. Deberá ser criticado o alabado en sí mismo.

Durante las guerras y acciones violentas de grupos ultras o de carácter nacionalista se dan características que aparecen en las sectas, pero nunca en su conjunto. Tales fenómenos adquieren un carácter social. Hay un contexto histórico en el que se fraguan las manifestaciones de fanatismo. Lo que hace que sea algo diferente. A pesar de que para sus propósitos y en sus proclamas se utilicen resortes emocionales, se fabrique y satanice al enemigo y rinda culto a la violencia.

Las sociedades secretas son grupos de presión, con intereses financieros que intentan coaccionar indirectamente a la sociedad para que se desarrolle de forma acorde a sus beneficios. Con una idea común orientan voluntades y presionan para imponer sus conveniencias. Pero también es una cuestión diferente a las sectas destructivas. Para criticar un tema hay que acotar sus límites y poder definir con precisión a qué se refiere. Mezclar ideas y conceptos sólo sirve para crear confusión entorno al tema y promover debates vacíos. Bastante complejo es en su ser el tema de las sectas como para complicarlo más.

Espero que este libro ayude a comprender mejor lo que son las sectas que destruyen la personalidad y sus mecanismos de funcionamiento. También que sirva de complemento a otras obras que informan sobre qué sectas hay y cómo funcionan por dentro cada una de ellas. He entendido que observar el método y los mecanismos que utilizan en común todas ellas pueda servir para prevenir a los jóvenes de ser seducidos por falsas promesas y para que no caigan en los engaños que perpetran. Por lo menos se podrá tener la mosca detrás de la oreja, por si acaso.

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