Técnicas de manipulación

 Acercamiento a la organización.

 Nadie se mete en una secta. La víctima es captada mediante un proceso indirecto. Está enormemente indefensa pues no sabe que le quieren captar. Los que representan a la secta sí, de manera que hacen que no se note. Abusan de la buena fe de quien les escucha.

El encargado de la captación se presenta como alguien que ofrece ayuda y posteriormente la oportunidad de conocer algo que muy poca gente conoce, es «por su bien», «algo muy importante que te ofrezco porque eres una persona muy interesante» o «para el desarrollo de la mente».

Nadie participa en un grupo en el que le van a manipular hasta el punto de apoderarse de su voluntad. Las sectas tienen asociaciones y personas que hacen de gancho para atraer a la gente y seleccionar cuál interesa y es más proclive por su manera de ser o por las circunstancias que le rodeen.

Ninguna Asociación se presenta diciendo: «Somos una secta destructiva, te vamos a lavar el cerebro, ¿quieres venir con nosotros?». Muy al contrario, ofertan una serie de actividades interesantes y atractivas. A tales reclamos acuden personas con problemas puntuales y sin ellos. No asiste gente rara sino normal. Aquellos que tengan problemas normales, como nerviosismo por cuestiones de estudio o laborales, o desestabilidad emocional ante una ruptura con la pareja, son más vulnerables, pues se les ofrece un apoyo y una oportunidad para huir de una situación incómoda, que no por ello deja de estar insertada en lo cotidiano. Son problemas de la vida, como puede ser también el aburrimiento.

Asistir a actos culturales, políticos, religiosos o terapéuticos es algo legítimo y un derecho de cualquier ciudadano. Lo que no justifica que se aprovechen de ellos. Si una persona va a un casino a jugar se puede discutir el problema de los juegos de azar y cada cual tendrá su opinión, lo que no es admisible es que la ruleta, por ejemplo, esté trucada.

Quien cae en una secta desconoce que las actividades iniciales son una pantalla. No sabe que le engañan mediante trucos y trampas de tipo emocional, dialécticas y de conducta. Las fases para aplicar las técnicas de manipulación son:

1. Captación: predicar la verdad.

 2. Preparación: instruir o estudiar.

3. Adiestramiento: vivir lo aprendido.

4. Programación/adoctrinamiento: entregarse al Ideal o a la Verdad.

Son fases escalonadas y que dependen una de otra. No se puede pasar a la siguiente sin estar asentada la anterior. Durante la preparación hay que captar gente. Primero del entorno de uno para cubrir lo más cercano. Luego en la calle para hacer méritos. En el período de adiestramiento se prepara a los que han sido llevados a la organización. Los que están adoctrinados adiestran a los que aprenden a vivir con las normas de la secta. Se construye una producción espiritual en cadena.

Durante las dos primeras fases no se participa en la secta, sino que se sitúa a quien se acerca a su alrededor. Por esta razón quien empieza no admite que le digan que puede ser que colabore con una secta. Las últimas suceden dentro del núcleo de lo que es el grupo coercitivo, donde queda anulada la conciencia personal.

Es necesario conocer las técnicas que se usan para manipular la mente, con el fin de evitar que las sectas las apliquen sobre uno mismo.

Mediante carteles y publicidad en revistas, se anuncian conferencias, cursos o seminarios gratuitos. No quiere decir que todo este tipo de manifestaciones públicas sean tapaderas de una secta. Solamente que en algunos casos es así y que hay que estar prevenido. La conclusión no es desconfiar de todo, sino prestar atención a las maniobras que se puedan hacer y reaccionar con criterios propios, sin dejarse llevar, por cómodo que pueda parecer en un momento determinado.

Ejemplos concretos.

 En mi caso particular asistí a una conferencia gratuita. Eran una serie de ellas que trataban temas de interés. A la primera fui con unos amigos. Otra vez asistí solo, recuerdo que por ocupar el tiempo porque llegué tarde al cine. Me ofrecieron una revista. No pensaba volver, por nada especial, pues tenía otras cosas que hacer, lo que me impedía tener tiempo para asistir con una periodicidad. Sin embargo, un compañero, que resultó estar dentro de la secta, sin yo saberlo entonces, lo supe más adelante, me invitó otra vez. Hablamos sobre los temas que trataban las charlas. En la Asociación Cultural todo el mundo fue muy simpático conmigo y amable. Me hicieron preguntas y escucharon las que yo hice.

 Comencé a asistir con cierta regularidad durante las vacaciones. Me ofrecieron hacer un curso, gratuito, para  probar si me gustaba o no lo que allí se estudiaba, su nombre es por este motivo de «Probacionismo». En las conferencias se exalta la curiosidad y animan a conocerse a uno mismo. Incitaban a los asistentes a participar en grandiosos proyectos culturales y de mejora del mundo, empezando por uno mismo. Al finalizar este curso, debido a mis cualidades y lo bien que lo hice (creí que me lo decían a mí especialmente, pero es algo que dicen a todo aquel que quieren que entre) me ofrecieron realizar unos cursos de Filosofía a la manera clásica. Estos cursos ya había que pagarlos, bien en dinero o mediante trabajos que se deben hacer para la organización: de limpieza, en la imprenta o realizando réplicas arqueológicas que luego se venden. Se exigía un pequeño requisito: asistir a los cursos en traje. Como es algo que también hacen algunas empresas, se justifica sin dar más importancia al asunto.

En todo este tiempo se ha dejado de salir con los amigos de siempre porque te relacionas con otros compañeros. Se crean lazos afectivos y de simpatía. Emocionalmente te vas uniendo al grupo sin detectar que te integras en actividades y pautas de conducta que no son características de tu personalidad. Llega un momento en que te invitan a vivir lo que aprendes a nivel teórico. Previamente has sido atraído a todas las actividades del grupo en el que funcionas dentro de la organización. La propuesta es formar parte de las Fuerzas Vivas que tienen tres ramas: Brigadas Femeninas, de Trabajo y de Seguridad. El lema de ésta es «Saber orar. Saber morir».

Se justifica tener un sistema de vigilancia privada y hacer ejercicios de artes marciales diciendo que la asociación es espiada y perseguida por los que defienden el materialismo y por la Iglesia Católica. Sin que den ninguna constancia de ello porque todo funciona en secreto. El razonamiento para justificar tal despliegue de medios es que lo mismo que el cuerpo humano tiene células de defensa que en caso de una enfermedad actúan; la organización, un cuerpo cuya alma es el Ideal, necesita unos miembros para defender al conjunto en caso de un ataque del exterior.

 Se ha pasado de una asociación cultural a una escuela de Filosofía y de ésta a una sociedad iniciática con características de secta destructiva. Al estar dentro del proceso y convivir con la gente que forma el colectivo no se perciben estos cambios porque se ven normales y al ocurrir paulatinamente no se notan. Es como cuando un hijo crece, los padres no lo perciben sino porque la ropa no vale. Sin embargo, un tío que le vea una vez al año sí nota el cambio.

Asociación cultural →Escuela →Secta Destructiva.

Lo que se ha aprendido es una mezcla de muchas teorías. Indican que se debe vivir de manera secreta para evitar que sea mal interpretado por aquellos que no están preparados para asimilar lo que enseñan.

Los miembros internos han de saludarse con el brazo en alto. Al principio se toma como un juego que recapitula formas y usos de antiguas civilizaciones. Se asocia al saludo celta y romano, al tiempo que tiene un significado esotérico como es el paso de energías de unos a otros. Se acepta, hasta que se ve, por las explicaciones en cursillos especiales, la importancia de tal símbolo. Se explica que es un saludo sagrado. Como tal, ante los mandos superiores se usa en ciertas ceremonias, arrodillándose delante de el guía al tiempo que se grita «¡Ave!». Toda connotación nazi se omite al comienzo. A lo más se explica que Hitler aplicó mal los conocimientos ocultos.

Se prepara al nuevo adepto en un curso especial que culmina en la realización de un ritual de ingreso. En el mismo se hace un juramento de sometimiento a los mandos superiores. Para intensificar la emoción, antes del mismo se ha de permanecer varias horas de rodillas frente a un estandarte. Dentro de las Fuerzas Vivas hay que ir uniformado para las actividades internas. Esto no lo debe saber la gente de fuera de la organización ni el no integrado en el núcleo sectario.

El uniforme de la brigada de seguridad es camisa, pantalón y corbata de color negro, con un brazalete rojo que tiene grabadas dos «eses» en forma de rayo. El de la brigada de trabajo es camisa caqui, corbata y pantalón marrón. Un brazalete naranja con una cruz solar, de rueda dentada y cuatro brazos en forma de radio. Según explica la asignatura de simbología, al hacerse realidad y actuar en la sociedad, se convertirá en una esvástica o cruz gamada. Semejante símbolo es considerado por la teósofa que fundamenta los conocimientos de la secta como «el símbolo más filosóficamente científico de todos, se considera que es el «Martillo de la Creación», que actúa en dos líneas, el espíritu y la materia. Con toda esta parafernalia se desfila en lujosos edificios que se sitúan en el centro de muchas ciudades, con miembros que son abogados, maestros, médicos, policías, hombres de negocios, amas de casa, estudiantes y demás.

Dentro de este contexto se nos enseñaban ideas del líder mundial, como «trabajar con tesón fanático». «El hombre nuevo pertenece a la nueva raza espiritual, en la que el Superhombre, en su mejor acepción será manifestado. » En los cursos se explica la evolución de la Humanidad sobre la base de las Razas, que se consideran «estados de evolución». En el tomo IV de la doctrina secreta, una de las obras fundamentales de la secta, se mantiene que «los judíos son una raza artificial de los arios». (En la misma obra de la autora Helevna Petrovna Blavasky, se lee que hay una raza inferior y otra intelectualmente superior, al mismo tiempo que hay sub-razas. Todo bajo el lema Satyât Nâsti Paro Dharmah, que quiere decir «no hay religión superior a la verdad». En los manuales internos para dirigentes de Nueva Acrópolis se lee: «La entrega al ideal debe ser total y borrar de la vida todo aquello que lo entorpezca»). ¿Es éste el resultado de estudiar el enigma de las pirámides o la energía del cuerpo humano?.  Esta pregunta no se plantea porque se ha producido un bloqueo crítico.

El ritmo de trabajo, dentro y fuera, se hace excesivo. No permite pensar tranquilamente. Los jefes se las arreglan para que siempre se tenga que hacer algo y se piense en cada momento en la doctrina que enseñan. Aunque físicamente no siempre, psicológicamente el adepto se aísla de su entorno habitual. Queda entregado en cuerpo y alma a la secta, considerada la auténtica familia. Se ha situado a los miembros en una dimensión espiritual. Se rompe con la realidad, interna y externa, quedando en un estado de dependencia psicológica del grupo. Es al dejar la organización cuando uno puede darse cuenta de las técnicas que han utilizado para convertirle en un fanático. Ahora que se ha puesto de moda la ecología, los jefes de N.A. han creado un grupo llamado GEA, que representa el nombre de la diosa tierra en el mundo griego y responde a las siglas de «Grupo de Ecología Activa».

Cuidado con ofertas atractivas.

 Hay otras trampas para traer a las personas al entorno de una secta y meterlas dentro mediante la aplicación de unos métodos que se preparan meticulosamente sin que lo sepa el afectado. El gancho es atractivo, como cualquier cebo, y es gratuito. Aunque luego se pague con creces. Pasa lo del dicho popular, «nadie da duros por pesetas ».

Se ven carteles en los que se anuncian clases de inglés gratuitas. Las imparten nativos. Dicha táctica la utilizan los mormones, Iglesia de los Santos de los Últimos Días. En las clases se habla de otras cosas, se dan determinados textos, van interesando a los alumnos en sus planteamientos y advierten que no les importa el dinero porque creen en algo más. Incluso ofrecen ir a estudiar inglés en convivencia con familias de EEUU que resultan ser de la religión mormón. Se presenta esta ayuda como algo generoso y altruista. Como está prohibido por la ley hacer proselitismo de menores, en la actualidad se especifica que tales cursos son, únicamente, para mayores de 18 años, pero nada indica sobre quiénes los organizan.

La iglesia Adventista del Séptimo Día imparte curso para dejar de fumar y sobre dietética y cocina. Un alto cargo de esta organización, en una revista de uso interno, escribe sobre el interés real de tales cursos que organiza una asociación a su servicio: «Liga de Temperancia ». Indica: «La Conferencia General nos anima cada vez más a hacer de la salud un método de penetración en la sociedad». También en otro apartado de reflexiones sobre las actividades adventistas se indica la necesidad de promover una revista para influir entre las personas de la alta sociedad. Respecto a los cursos de cinco días para dejar de fumar, un dirigente, Juan Lozano, especifica: «Debe ser preparado en la iglesia un grupo para la visitación de los exfumadores: enseñándoles la técnica del contacto personal, mostrándoles los efectos nocivos del tabaco, los problemas del hogar y la familia; los estudios bíblicos, etc. Sin este equipo no hay continuidad, y sin continuidad ¡lástima del esfuerzo hecho!» (Revista Adventista, p. 16. Agosto 1978).

Multitud de revistas ponen en contacto a diversos entramados sectarios. Se anuncian cursos de todo tipo también por correo. En estos casos, desde la sede central se organizan grupos entre personas afines que viven en la misma ciudad, a modo de «Unidades de Servicio».

Otra forma de atracción es mediante ofertas de trabajo o para ganar dinero. Tal expectativa exige preparación y en ésta enseñan los contenidos y prácticas que mentalicen sobre la doctrina, ideología o negocio de la secta. Cuando una persona tiene problemas de nerviosismo o se siente triste y angustiada ante la muerte de un familiar o simplemente empieza a cuestionarse las ideas que ha tenido toda la vida, necesita ayuda, necesita comunicarse con alguien que la pueda entender. Acude a un psicólogo o a algún grupo que ofrece apoyo comunicativo.

En ocasiones, dirigiendo estas actividades se encuentran profesionales que se aprovechan de tales crisis y orientan la recuperación dando un sentido a sus problemas y a su vida dentro de un colectivo que luego resulta ser una secta destructiva. Es frecuente encontrar entre los sistemas de captación terapias milagrosas, bien sean físicas o psicológicas. Se ofrecen soluciones mágicas para la salud, el éxito, el desarrollo de la mente, el amor o hacerse rico. Aunque al cabo de un tiempo nada de esto se cumpla, no importa, porque mediante el adoctrinamiento se eliminará el juicio crítico.

  La Escuela de Autorrealización Rayo Dorado, de Sri Shambu, ofrece la curación espiritual. Luego enseña a meditar para convertir al hombre en Dios y alcanzar la emancipación final. La Fundación amigos de Ernesto  combina el curanderismo con el desarrollo espiritual.  Se hace pasar por una organización cristiana católica, apostólica y romana, lo que no se corresponde con la realidad. Es sólo una forma de captar clientela en un primer momento. La Iglesia Universal del Reino de Dios asegura hacer curaciones milagrosas con una simple imposición de manos y tener fe. Sana a los enfermos con la Energía Cósmica, Ahum. La Organización Vida Universal-Nuevo Retorno dice tener el secreto de la sanación profética. El curandero gallego Claudio Pena explica a sus seguidores que «se desdobla para recibir enseñanzas y poderes », que, afirma, son curativos. Cuenta que estuvo en presencia de las veinticuatro energías de la Nación Cósmica. De la «sanación» pasa a anunciar el fin del ciclo, que es inminente. Para afrontarlo, prepara a sus seguidores según un plan de evacuación: «Los de arriba llegarán para teleportar, antes del fin, a los que sean llamados por su nombre para unirles a las colonias espirituales».

En muchas revistas sobre divulgación de temas ocultistas: enigmas, misterios y temas más allá de la ciencia, se anuncian viajes, cursos, reuniones y servicios de adivinación para la magia del amor y curaciones. Interesarse por uno de éstos anuncios, en ocasiones, ha sido el primer paso para entrar en una secta destructiva. También se invita a quien se desea captar a una reunión de amigos para hablar informalmente de temas de la vida cotidiana, a la espera del momento adecuado para entrar en materia. Se juntan en una cafetería. Dos o tres personas de la secta invitan a otras tantas sin descubrir sus intenciones. A quien ven más adaptable a sus planteamientos le hacen más caso, se interesan por sus problemas. Ofrecen ayuda para cuidar a los niños, si es un ama  de casa, o para estudiar si es un joven. Se mantiene una relación afectiva y de dependencia por la cooperación que prestan. Se llegan a hacer imprescindibles. Dan la imagen de ser adorables. Cuando la futura víctima se interesa por lo que piensan o creen ante algún comentario «inocente», se inicia la Explicación. Luego viene la Preparación. Para entender dicha explicación la invitarán, luego Asistir a algún acto para terminar con el Ingreso en la secta. Muchas amas de casa que pasan casi todo el día solas porque el marido trabaja y los hijos estudian fuera, han caído mediante este método cuando «la casa se les viene encima».

CAPTACIÓN = HABLAR →EXPLICAR →PREPARAR → ASISTIR (enseñar-programar) →INGRESO.

El colectivo de maestros también es proclive a entrar en las sectas. Unos ante la desesperanza en el sistema educativo. Consideran que falta algo, unos valores más fuertes en cuestión de moral. En la búsqueda de ese «algo más» son atraídos por sectas. A estos profesionales se les recibe con agrado y son piezas muy valiosas por la capacidad de influencia mediante su trabajo y porque ofrecen la imagen de que en la organización participa gente culta.

 El Partido Humanista organiza tertulias entre jóvenes. Exponen los problemas del barrio, pero sin decir en qué colectivo militan. También funcionan en el ámbito estudiantil. Dan la sensación de que son algo espontáneo, sin embargo, se trata de un proceso dirigido para captar chicos y chicas. Proponen hacer una revista como vehículo de expresión. La tertulia se va organizando y se definen los integrantes de grupo. Estos luego pasan a la parte interna de la organización, que plantea el ideal de la comunicación directa. En los centros de La Comunidad se enseña a romper resistencia para dejar la timidez, abandonar los tabúes culturales o sexuales. Conseguir liberarse de los complejos psicológicos y de las imposiciones del  sistemas equivale a entregarse a la militancia activa y obsesiva.

  El Partido Humanista, Futuro Verde-«los Ecologistas», el Movimiento, revistas de barrio que hacen y demás estrategias de grupos juveniles son inspirados por La Comunidad. En 1979 se recogen y publican para uso interno y exclusivo de los jefes el documento de «Normas de Organización y Funcionamiento».  Expone que su objetivo es «convertir un sentido falseado por una orientación verdadera de la vida», pg. 8. Los niveles son «Miembros, Escuela, Orden y Aceptado», pg. 15. Para ser Aceptado debe el miembro participar en los retiros de la Orden, realizar los ejercicios del ceremonial y contribuir a la colecta anual, pg. 19. Las normas de Organización se publican en 1980. Se advierte que el significado simbólico de cada ceremonia «se ha visto práctico trasmitirlo oralmente, no a través de la palabra escrita», pg. 75. O sea, en secreto. Algunas ceremonias son: • Protección: «Tienen por objeto dar participación a los NIÑOS en nuestra comunidad», p. 87. • Matrimonio: «Nosotros no casamos. Ellos se casan delante de nuestra comunidad», pg. 93. • Ingreso en la Orden, p. 115. • Aceptado, pg. 122. -72-

Para los Humanistas nada vale que no sea lo que ellos piensan. Critican todo lo que sucede, nada tiene sentido, a no ser el ser humano, definido a su conveniencia. El pasota, el consumista o cualquier estereotipo, es culpable de todo lo malo que sucede en el mundo. La imagen perfecta es la de quien entrega su tiempo y su vida al partido. Se convierten en fanáticos de sus ideas.

Maneras de captación más sutiles.

 Es normal que cuando un chico o una chica se trasladan de ciudad, para hacer estudios universitarios, busquen un piso compartido. Ha sucedido que un chaval lee un anuncio en los tablones de su Facultad. Cuando va a alquilar una habitación se encuentra con la sorpresa de que se la ofrecen gratuitamente, con la excusa de que uno que iba a ocupar el sitio pagó todo el año pero se tuvo que marchar. El agraciado no cuenta nada a su familia para quedarse con el dinero correspondiente. No sabe que los que allí viven son de una secta. Si vieran que la persona no entra en sus planes de captación, con otra disculpa le echarán. Si es factible atraparle le presentan otros amigos y entablan amistad con él. Dialogan sobre temas profundos, sobre planes de futuro para estudiar los deseos y esperanzas del objetivo, que algunas sectas llaman «la diana », dar en ésta es llegar a su corazón. Van juntos al cine. Como quien no quiere la cosa dejan una revista de la secta a su alcance. Hablan bien de ella, pero sin dar mucha importancia al asunto. Comentan los temas que trata. En un momento propicio acuden a una charla. Allí conocen a los anfitriones. Se presenta como un club al que pueden ir alguna vez a pasarlo bien y de paso aprender cosas interesantes y hacer amigos sanos. Después de las charlas vienen los cursos.

 Quien va a ser captado acaba entendiendo que el Destino le ha unido a aquel grupo tan majo. Entiende que nada es casual y que han ocurrido esas coincidencias porque estaba llamado para ello. Deja de ir a ver a la familia con la excusa de que tiene mucho que estudiar. Cambia su manera de ser. Miente a los suyos para ocultar su actividad, pero a la secta no puede engañarla. Han salido a la luz pública casos sobre compañeros de instituto que se dedicaron a captar a otros. Estudiaban textos sobre la doctrina de la secta durante los recreos. A las jóvenes que iban a captar las invitaban a casa para que conocieran a toda la familia perteneciente a la organización. Había una convivencia y se profundizaba en el estudio de las nuevas enseñanzas a espaldas de los padres. Esto se mantiene en secreto dado que aquellos que no están preparados no lo entienden. Los primeros estudios consisten en «aprender» a creer. Los progenitores no sospechan nada. Observan que no ven la tele, ni salen en pandilla, ni van al cine. Interpretan sus actitudes como rarezas de la  adolescencia. Se encontraron con la sorpresa cuando al cumplir los dieciocho años se lo comunicaron y si no les hubieran dejado seguir se habrían ido a otra ciudad, con gente de la organización. Como son mayores de edad pueden hacerlo sin problemas legales. Incluso pensaron en el suicidio antes que dejar de creer y caer en las garras de Satanás. Gracias a ser desprogramadas por especialista de AIS-Projuventud, hoy llevan una vida normal. Entienden aquella etapa como «algo inexplicable», fruto de un concienzudo lavado de cerebro.

En un pueblo de Galicia, Corme, un profesor, dio clases especiales a un grupo de «elegidos», en secreto. Enseñó doctrinas teosóficas fuera del programa educativo que consideraba falso. Al cabo de un par de años algunos padres detectaron que algo raro ocurría sin saber qué exactamente. Al hablar sobre ciertas conductas de los muchachos alguien comentó que vieron entrar al director del Centro en un sitio de Vigo del que se había oído que era una secta destructiva. Una noche entraron en el colegio y se encontraron cuadernos con extraños símbolos, palabras y gráficos que desconocían. Resultó que respondía a la ideología de Nueva Acrópolis. Nunca les habló de ésta a los chicos, sino de sus ideas, a modo de narraciones fantásticas con las que atrajo la atención de sus seguidores. Quedaron fascinados con las enseñanzas que tomaron como reales, sólo que referidas a una realidad superior.

Una cosa es admitir la posibilidad de que haya vida en otros planetas, incluso creer en ello, y otra, muy diferente es convertir tal idea en una verdad absoluta. Entonces se anula la capacidad crítica. No se ven los posibles errores de algunos planteamientos, lo que permitiría estudiar el fenómeno ufológico con cierto rigor. Cualquier idea, cuando se admite de manera fanática y se forma a su  alrededor una organización, degenera en una secta. Si falta tal organización pero se dan actitudes similares, en colectivos que no tienen características de secta destructiva, se producen comportamientos sectarios.

Misión RAMA es un grupo dedicado al estudio de los Ovnis. Ofrecieron conferencias en Institutos Públicos para informar de sus planteamientos. Tener acceso a un local de un lugar dedicado a la enseñanza les legitimó. Pero lo que hicieron fue captar a jóvenes que abandonaron sus estudios y cuya vida cambió radicalmente. Muchos, al desconectar del grupo, han rehecho su vida, pero otros hacen penitencia y guardan silencio a la espera de que se confirme la historia que creen: que los extraterrestres vendrán a buscarles, tal como les han anunciado en sus contactos telepáticos. Sólo falla la realidad, ¡inexorable realidad!: si no ocurre es porque la población en general no tiene la preparación suficiente para asumir un encuentro en la tercera fase de la evolución espiritual.

 En los años setenta, Misión Rama Comando Asthar aseguró que el fin del mundo estaba próximo. Únicamente se salvarían los integrantes de la organización. Hicieron una campaña de captación de prosélitos mediante tertulias en los bares. La conversación giraba entorno a artículos y noticias sobre testigos de naves extraterrestres y seres de otros planetas. Entre los curiosos e interesados fueron convenciendo a algunos para que se preparasen y entrenaran, para conseguir contactar con las colonias de otros mundos. Se ofrecen curaciones con medicinas avanzadas que han aprendido gracias a esa comunicación. Como nada se puede constatar ni registrar se explica que es un secreto y que los «avanzados» lo hacen por telepatía y viajes astrales.

Un caso condenado judicialmente.

 En Madrid se formó un grupo de chicos que hacían excursiones al campo. Unos monitores educaron su afición -75- a la Naturaleza. Los padres estuvieron encantados de que participaran en actividades tan sanas y de que estuviesen orientados por monitores de aspecto encantador. En muchos centros educativos, asociaciones y colectivos se organizan cosas similares sin que haya nada detrás. Pero este grupo, Edelweis, utilizó el ocio de unos chavales para adiestrar a un grupo de chicos al servicio del Príncipe de las galaxias, Delhaire. En secreto y sin que nada supieran sus familiares. Se trató de una organización originada por el contagio del delirio de su líder.

La motivación no pudo ser mejor: artes marciales, excursiones al campo, espíritu de aventura. En alguna acampada alguien plantea, inocentemente: «¿Qué hay más allá de las estrellas?». Se divaga sobre el tema y luego se explican teorías que se hacen creíbles mediante el truco de mezclar una idea con datos desordenados y verificados sólo porque salen en revistas, con fotos y amparándose en el secreto para lo que no se puede demostrar.

Inicialmente se vive en un estado de euforia colectiva, por ser parte de los Elegidos y porque saben cosas que muy poca gente conoce. Si a esto se añade que se ven películas sobre guerras entre planetas y héroes que salvan a la humanidad de una invasión de extraterrestres, se mezcla la teoría, que comienzan a aprender, con las fantasías que cada uno forma en su mente. Además se explica que las películas que ven trasmiten de manera camuflada una verdad que no se manifiesta claramente porque la humanidad no está preparada para asumirla. Hacen entender que los miembros de la secta son los protagonistas en la realidad, la imaginación y la fantasía se entretejen.

Se forma un delirio colectivo que viven y creen. No ocurre de repente sino de una manera progresiva. Metódicamente se explica una técnica que cambia la percepción de los sentidos, la manera de pensar, el comportamiento. Manipulan a los adeptos unos monitores que a su vez han sido víctimas del líder. En un momento de entusiasmo se advierte que va a llegar el momento de cumplir la misión. Que se van a trasladar al planeta Alfa Centauro. Allí sólo hay varones. Lo cual hace que se les prepare para ser homosexuales, con prácticas en el grupo y siendo el líder quien examine a los Elegidos para la gran misión. El jefe de la secta introduce su delirio dentro de una historia que convierte en realidad en la medida que se la hace creer a otros.

El secreto aísla al grupo del entorno porque tales ideas no funcionan fuera de la programación o lavado de cerebro. Si se contrasta con la realidad es algo absurdo, se desmorona. Ningún miembro entró para hacer prácticas homosexuales, ni para aprender a serlo, por lo que no entran en la secta, sino que son atraídos en la actividad de excursionismo. Paulatinamente los monitores se adueñan de su voluntad y personalidad.

 Situación familiar.

 A muchas personas estas historias les suenan a «películas americanas» o a Ciencia Ficción. Al oír hablar de ello se tiene la sensación de que «a mí esto no me va a pasar». Es lo que comentan muchos padres que han sufrido el problema de las sectas.

Hasta que uno lo vive en carne propia es difícil de comprender en su auténtica dimensión. Se detecta, al principio, algo raro que la familia del adepto no sabe abordar ni interpretar. Hasta que ata cabos y se observa que la pertenencia a una organización coincide con el inicio de su transformación psicológica. Se pone de manifiesto que es la nueva relación con la gente que forma el grupo lo que desencadenó el cambio brusco de la manera de ser del afectado. Suele descubrirse cuando se mira la  correspondencia o los cajones y notas de aquel a quien se observa.

Quienes no han vivido el problema lo reducen a una cuestión familiar, fruto de alguna desavenencia. Se pretende que ha entrado en la secta porque ha querido. Los consejos, erróneos, son la separación si afecta a un cónyuge o echar de casa al hijo hasta que entre en razón. De esta manera se deja al captado más dependiente de la secta.

Los que conviven con el afectado observan que «no es él», «le han cambiado», «le pasa algo que no es normal ». Son la familia y amigos los que detectan que participa en una secta coercitiva. Sin embargo, quien permanece dentro no lo reconoce. Considera que tiene razón y que los que discuten con él lo hacen porque se encuentran en un estado de evolución inferior.

Durante el proceso de acercamiento y captación pasa un tiempo que no es en vano. A lo largo de un año se conoce a nueva gente, con quien se establece un lazo afectivo. Se entabla amistad con los integrados en la secta y la atracción personal hace de vínculo para quedar emocionalmente dispuesto a participar en las actividades de la organización. Los lazos afectivos surgen de manera espontánea. Los que dirigen la secta calculan y emplean metódicamente tal atracción. Se utilizan, según que secta, desde las relaciones sexuales y las de enamoramiento a las de afinidad de gustos e ideas. Semejantes tácticas representan la base de la manipulación.

La cultura y la inteligencia no van emparejadas a la madurez psicológica. Es frecuente encontrar personas con gran capacidad intelectual en las más variopintas sectas. Con frecuencia se usan expresiones como: «¡Pero cómo es posible, con lo listo que es y la buena posición que tiene!». Las sectas utilizan los sentimientos, algo que en los programas educativos no se nos enseña a reconocer, usar y a relacionarnos con ellos; más bien lo contrario. Se trata de algo que se esconde, que da vergüenza expresar y  se deja a un lado para lograr un estatus social o metas de tipo profesional. Ocurre que siguen latentes. Las sectas son maestras de instrumentalizar y saciar la sed de afectividad, pero se ajustan a las necesidades de la organización.

En las confesiones públicas o presentación de una experiencia en los actos de algunas sectas se suele oír: «Yo tenía problemas y esta organización me ayudó. Ahora yo quiero ayudar a otros»; «Me sentía solo y con mis compañeros aprendí la verdad, ella me acompaña siempre »; «Estaba preocupado, angustiado por el trabajo y el futuro. Tuve miedo a la muerte y a enfrentarme a la vida. Con lo que he aprendido sé que todo tiene un sentido. Os invito a que lo descubráis con nosotros».

 La necesidad de sentirse cobijado, acompañado y querido es utilizada por las sectas, no se soluciona. Lo mismo ocurre cuando se acude con ansia de poseer una explicación del mundo. Las preguntas sobre la existencia dejan de ser interrogantes y la base firme de una creencia que busque a Dios. Las respuesta se convierten en fijaciones del fanatismo. Adquieren un impulso que es un empeño obsesivo. El adepto se autoimpone la norma y disciplina que se exige en la secta.

Las sectas manipulan las esperanzas y los deseos. Les hacen realidad psicológicamente y se funciona como si así fuera en el mundo real. Poco a poco los planteamientos subjetivos, tanto los pensamientos como las intenciones, se desvían hacia los intereses de los dirigentes. Tal desajuste lo detecta la familia. Primero son anécdotas sueltas a las que no se da demasiada importancia hasta que son reiterativas. Llegan a preocupar. Al principio se entienden como una anormalidad o locura aunque el adepto controla bien en otros aspectos de la vida. Da la sensación de estar preparado en el trabajo o estudios pero algo le pasa. «Está demasiado convencido y nos lo quiere hacer tragar a todos sus hermanos.» Hasta que se reconoce que es un problema de psicodependencia en relación a una secta destructiva.

 El adepto ha sido programado y dirigido desde fuera. Su voluntad es controlada sin él detectarlo. Se deduce por el comportamiento anómalo, el cual no se orienta por una evolución personal, sino que rompe con su historia. Se rige por una doctrina grupal que sustituye a la conciencia del individuo y a los criterios sociales.

Dirigir el cerebro ajeno la secta lo presenta, en muchas ocasiones, como una liberación y se usan cursos sobre programación consciente. Esto en algunas terapias puede venir bien para superar ciertos hábitos nocivos o el sufrimiento fundamentado en la manera de ser, a consecuencia de experiencias negativas y traumáticas. Las sectas utilizan muchas veces como técnica y como reclamo propuestas muy en la línea de la New Age, como es el método PNL, Programación Neurolingüística.

En el tiempo que dura el acercamiento a la secta, los miembros de ésta critican todo lo de fuera para desmoronar la estabilidad afectiva y los vínculos con el entorno. Se llega a dudar de todo y a odiar a las personas que hasta entonces se han querido. Se considera al marido, novio o padres impedimentos para el progreso interior. Al replantearse cualquier cuestión, desde lo más nimio a lo más trascendente, se acaba con un carácter inseguro. Cualquier detalle adquiere gran importancia.

Para recuperarse de esa zozobra se quiere volver a empezar, que es precisamente lo que ofrece la secta. Consigue generar una necesidad que luego ella se encarga de solucionar. Los deseos de la víctima se convierten en metas para las que se tiene que preparar: seguridad, un futuro emprendedor y la oportunidad de renovarse. Suceden las separaciones matrimoniales y el abandono de la familia por influencia de la secta, no por un criterio personal. Por eso los familiares que sufren desde fuera esta situación no saben qué hacer, cómo reaccionar, pues -80- no depende de ellos ni de su relación particular con el afectado. No hace falta que la secta mande hacer nada. No hay relación causa-efecto en la ruptura con el medio social, sino que se convierte en una prueba para someter la conciencia a la programación-creencia.

Cuando se interioriza un ejemplo sagrado o sobre el ideal se actúa en consonancia con él. Por ejemplo, en una secta se leen y estudian textos del libro Bhagavad–Gita, parte del Mahabharata (la gran guerra). Se entiende que tiene diversas claves de interpretación: psicológica, espiritual, teológica, simbólica, etc. La lucha de Arjuna se asume como un reto que el adepto debe asumir en su vida personal. El héroe se enfrenta a su propia familia. Se lo exige Krhisma. Se llega al convencimiento de que cada momento de la vida es una lucha contra el mal, que uno ha de sacrificarse y que el sufrimiento de los demás es bueno para purificar el alma y mejorar en las siguientes reencarnaciones. Nada tiene que ver con la religión hindú aunque se venda de esta manera, sino que es una manipulación de determinados textos. El objetivo es conseguir el consentimiento, la obediencia ciega del adepto y para ello se relacionan diversas teorías y prácticas.

El pasado personal se reinterpreta sobre experiencias negativas. Lo positivo se sitúa dentro de la secta. Lo de fuera, todo, es malo. Lo que ocurre en el interior de la organización adquiere un valor inusitado, primero como curiosidad y luego como verdad incuestionable.

Un truco para interesarse por la doctrina es hacer dudar sobre ella positivamente: «¿Y si fuera verdad? ¿Por qué no lo pruebas? Atrévete». Uno se siente tocado en su amor propio y este planteamiento se añade a otras fuerzas de influencia que han desplegado los estrategas de la secta. Por eso las técnicas no funcionan por separado sino que la eficacia se consigue con la aplicación del conjunto de todas ellas. Se activa la vanidad, las ambiciones, los temores. Cuando una persona «ha caído» se en tiende que es el destino. Aunque se descubra que todo estaba preparado se asimila como algo que tenía que ocurrir porque estaba «llamado» o «tocado» para eso. La víctima da las gracias a los compañeros por haberle hecho despertar a la verdad.

Se utiliza un doble baremo para medir las cosas. Con los de fuera se es hipercrítico. Cualquier detalle se generaliza. Lo que ocurre dentro se disculpa por muy contradictorio que sea respecto a lo que se predica: se trata de una obligación o una necesidad y si es algo claramente delictivo o no acorde con lo establecido por la norma se justifica como excepción. El juicio crítico queda completamente anulado.

Cuando en los medios de comunicación se descubren los secretos de alguna secta, ésta reacciona en dos sentidos. De cara al exterior lo niega todo, por lo que el debate es inviable. Si las pruebas son evidentes, se dice que se han falsificado o que se trata de gente descontrolada a la que se ha expulsado y que en venganza filtran información injuriosa. Otra táctica es desacreditar a las fuentes de información con todo tipo de bulos, desde que se trata de locos a que lo hacen por dinero. De cara al interior, tampoco se argumenta ni se razona la crítica. Se considera fruto de una traición con la que los mandos aglutinan más al grupo. Se anula la credibilidad del testigo que cuenta cómo funciona la secta por dentro: «es un apóstata », o se afirma que era un infiltrado. Diga lo que diga un exadepto no afecta a la masa que forma la base de la gente integrada. Puede advertir no obstante a los que están en la fase de captación y a los que puedan ser atraídos a las actividades que organizan.

El pensamiento de la secta es cerrado y está protegido por la programación. La crítica no entra y no se puede salir de tales planteamientos si no se anula la fanatización. Es como si el cerebro estuviera dentro de una bola  de cristal invisible. No deja entrar ni salir ideas. Para que esto ocurra se tiene que romper.

Cuando se está en una secta se es complaciente con los planteamientos de los mandamases, por absurdos o temerarios que puedan ser. La actividad se vive con riesgo y emoción. Superar la rutina estimula la participación. La estancia se entiende como un privilegio y como una liberación. Se crea un espejismo y se cree. Es una percepción psicológica que se vive como real.

Desde el exterior no se comprende lo que ocurre. los adeptos interpretan que es debido a no poseer las claves del conocimiento. No captan que se puede entender y no compartir. Ignoran que ellos tienen fijadas las ideas y sustituyen su personalidad.

Una persona mediatizada por una doctrina genera muchas tensiones en su medio. La confrontación refuerza el proceso de fanatización. En caso de una crisis interna o ante la amenaza de ser descubiertos los miembros o desmantelados los medios que tienen, se provoca un conflicto y se agudiza el enfrentamiento con el exterior. Esta es la táctica también de los grupos terroristas.

Al neófito le sugieren los jefes determinadas prácticas para poner a prueba su evolución y para fortalecer su mentalización. La libertad interior implica superar complejos sociales y ataduras familiares. Se reta al nuevo miembro a que viva la verdad en su vida cotidiana para luchar por ella, para comprobar sus efectos. Se induce a tal comportamiento pero también a ocultar en el lugar de trabajo que participa en la secta para evitar que pueda ser apartado de cierta información. Se manipulan textos para hacer entender al adepto lo que ha de realizar en cada momento. Se analizan fuera de su ámbito cultural e histórico. Los responsables de la secta tergiversan textos de libros sagrados, con el fin de justificar la doble actitud y tener una moral según convenga en  cada momento. Suelen usar la frase bíblica: «ser humildes como palomas y astutos como serpientes».

El comportamiento de un sectario puede ser imprevisible. No se puede controlar, aunque sí seguir sus expectativas porque se guía por un esquema rígido. Pero se le puede conducir hacia un lado o hacia otro utilizando distintas citas de un mismo texto. Para la secta no existe un criterio ético sino de conveniencia. Si conviene que una persona permanezca en su casa se citan aforismos de los estoicos o se cuenta la historia de Sócrates que permaneció fiel a su mujer aunque ésta le insultara y tuviera mal genio. Se pone como ejemplo de sabiduría. Pero si se requiere una separación de los padres o de los hijos, se cita incluso la frase de los Nuevos Evangelios: «Deja todo y sígueme». O se cuenta la historia de Buda que abandonó a su familia para descubrir el camino recto, dharma, para liberar al alma de la cadena de reencarnaciones. También se pone como ejemplo de sabiduría. Con esta estrategia la secta ejerce un efecto coercitivo sobre el adoctrinado. Pero quien sufre entiende que se trata de un deber.

 Los efectos que se ocasionan en el entorno son conocidos y se usan para reforzar la programación. Se azuzan enfrentamientos contra la familia que sirven para lograr la nueva mentalidad sectaria, pero se dan mensajes superfluos, de manera hipócrita, como que hay que entender a los padres y no enfrentarse con los ignorantes. Este doble mensaje potencia la creación de la doble personalidad. Según interese se usará la clave interna o externa. Si no se supera una determinada situación, que puede ser afectiva e impide trabajar más en la secta, por ejemplo una novia que los sábados por la tarde quiere ir a la discoteca o unos hermanos que quieren ir al campo los fines de semana, los compañeros entenderán que quien está a prueba es un pelele. Son frecuentes las quejas de padres porque de una situación normal pasan a que de repente el hijo se marcha a otra ciudad, en la cual no tendrá problemas para entregarse de lleno a la organización. 

 Las sectas saben muy bien esconder su manipulación y hacen ver que es fuera donde se manipula. Descubren aspectos de influencia de la sociedad que condiciona el comportamiento de los ciudadanos. Así quieren ocultar o justificar su método. El mensaje que lanzan al principio es «no dejes que piensen por ti». Provocan incertidumbre en quienes escuchan los planteamientos de una secta que propone ser uno mismo. El que va de nuevo se deja aconsejar y si se integra acaba decidiendo, por sí mismo, lo que la secta quiere.

Si una persona acude al médico espera que le cure la enfermedad. Puede recomendarle una dieta o que cambie algunos hábitos. Si acudiera a un curandero en relación con una secta se le dirigiría su vida privada con la excusa de la salud espiritual. Se le dirá con quien ha de convivir, qué comer según una doctrina, no por criterios terapéuticos relacionados con la enfermedad. El curandero le ofrecerá una serie de oraciones y demás reglas que conducirán su existencia.

Cuando un hijo sale a comer al balcón para incluir en su dieta la Energía Cósmica y así alimentar a su «alma» provoca que sus padres se irriten, que los hermanos le tomen el pelo y le consideren un chalado, sobre todo cuando quiere convencer al resto de la familia sobre las bondades de su actuación.

Cualquier puesta en escena, fuera y dentro de la secta, se ha calculado previamente. La intención puede ser la de superar una prueba. El resultado consiste en fijar emocionalmente una idea. En el momento en que los padres actúan violentamente contra el hijo, por ejemplo tirando los libros que lee, el adepto se siente un mártir y así se lo hacen creer sus instructores. En la familia las discusiones suelen ser constantes. No entienden que es hablar con una pared porque a quien se dirigen no piensa por sí mismo. Su cerebro funciona de otra manera. Saca de quicio a los que le aprecian y le quieren.

Al tiempo que sucede tal cosa en el ambiente familiar del sectario y con sus compañeros de toda la vida, en la secta le felicitan, aplauden y alaban. Es considerado un héroe. Le hacen sentirse protagonista y querido. Importante. Percibe lo de fuera como una agresión que le provoca malestar e incomodidad. ¿Cuál es el resultado? Elige lo de dentro porque es donde se siente a gusto, acogido y respetado. Aunque sea ficticio, él cree firmemente en la buena voluntad de su nueva familia espiritual. Tampoco es un engaño ya que quienes se muestran de esta manera tan cariñosa también tienen el convencimiento de su gran labor. Se trata de una dinámica manipulativa que funciona automáticamente entre quienes se ven sometidos a un adoctrinamiento común.

 El miembro de una secta confirma, en su relación con lo que le rodea, que aquello que afirma la secta es cierto: lo de dentro es bueno; lo de fuera es malo. Tal es el esquema básico de todas las sectas y además funciona como chantaje emocional. Un padre denunció que al salir de la iglesia de Salem tal hecho desencadenó la separación matrimonial. Tras comprobar los sistemas de manipulación, la madre siguió obligando a la hija, menor de edad, a asistir a las reuniones y ceremonias porque de lo contrario «caería en la droga, la prostitución, el alcohol y no volvería a casa hasta las tantas de la noche quedando embarazada sin casarse».

No resulta agradable ver que la mujer de uno deja de estar en casa y de salir con las amigas de siempre para ofrecer revistas por las casas. Ni oírla decir que lo hace porque quiere, cuando un año antes negó tal posibilidad: «Si me cuentas hace unos meses lo que ha ocurrido no me lo hubiera creído. ¡Con lo tímida que es! Me aseguró que nunca lo haría, que se iba a limitar a hacer estudios bíblicos. La han trastornado».

Tampoco es agradable ver a un hermano que se cierra en su cuarto para leer y comer desnudo y que va des calzo en la moqueta de un octavo piso para sentir las vibraciones de Gaia, la madre tierra. A veces a los padres les preocupa que sus hijos se pongan un pendiente en la ceja o que se tiñan el pelo de colorines; pero forma parte de un proceso de rebeldía, se prueba una forma diferente de la realidad social. En el caso de las sectas el fenómeno es diferente porque se trata de una intención manejada.

En ocasiones lo que despierta la inquietud de los padres es que vaya excesivamente bien vestido, elegante y pulcro, sin que tenga nada que ver con la manera de ser de quien eso hace. Lo mismo sucede cuando un hijo anuncia que se casa con una persona desconocida para él. Y la razón es que lo manda un nuevo Mesías. O cuando un grupo de muchachos graba en los cementerios pretendidas voces de las almas de los muertos. Al principio es un juego excitante. Una experiencia divertida, lo mismo que el juego de la ouija. El problema surge cuando se convierten semejantes prácticas en una adicción y se transforma el interés en una patología mental, que sin embargo puede verse amparada en la doctrina de algún grupo de características sectarias. Las alucinaciones se interpretan como mensajes de espíritus, de extraterrestres o de seres adimensionales. Otras veces se detecta la pertenencia a un grupo raro cuando en la vida de la pareja se exige al compañero o compañera ciertos ritos, seguir los ciclos lunares o hacer determinadas posturas sagradas en la convivencia íntima.

Como las explicaciones de quien lo propone no convencen, se pide y exige al otro que asista a los cursos en los que el nuevo iluminado ha descubierto la verdad sobre la vida, el amor y demás. No tiene criterio propio porque no lo explica por sí mismo. Quien no asume la programación de una doctrina determinada entiende que es una tontería. Los disgustos se suceden cuando el sectario se va de casa, deja el trabajo o abandona los estudios. Tales hechos no se deben a una opción personal, sino que se trata de seguir los designios de una teoría que sólo se demuestra y se muestra en la secta; por lo tanto, no funciona si no es con un grado de fanatización importante. Para el adepto lo único que tiene sentido y validez son las indicaciones del líder.

Comportamiento maniático y cruel.

 La conducta del fanático se hace obsesiva. El Partido Humanista convierte la misión de cambiar el mundo en una idea fija que perturba el estado de ánimo de sus seguidores, lo que confunden con el entusiasmo. Es una exaltación fuera de lo normal y la misión se explica con ideas tipo que repiten de la misma manera en lugares diferentes y en distintos momentos. Cuando sus miembros no actúan, sufren crisis depresivas. Necesitan «humanizar la tierra ». La entienden como una exigencia interior y consideran que es el mundo quien les necesita a ellos.

En Amway la tenacidad y fijación en vender los productos se ve desde fuera como una anormalidad. Tal percepción ya los reparadores advierten en los cursillos que es debida a una mentalidad mediocre que frena el enriquecimiento. Lo que empieza siendo una actividad para ratos libres que se toma como un complemento para la economía familiar, se convierte en un trabajo que absorbe todo el tiempo y la mente del vendedor. Si los que le rodean al representante de esta cadena de ventas no compran sus productos son enemigos. El negocio no consiste tanto en vender como en lograr nuevos accionistas y vendedores, por lo que se hace una labor de proselitismo. Para enganchar a los que entran en la red se les engatusa con grandes esperanzas y se les ponen ejemplos en los que ha funcionado el truco convirtiendo en millonario a una persona, a la que nadie suele conocer personalmente. Son los que mandan en la organización. Al que se inicia en la comercialización de los productos se  le persuade para que cambie de conducta y empiece por eliminar los hábitos derrotistas y de perdedor. Con el cuento de prepararle para ser un triunfador, los monitores indican: «para ser rico vive como un rico». De esta manera quien entra en el negocio se endeuda, quiere aparentar ante los demás para que vean lo bien que se vive si le hacen caso e invierten en Amway. Luego tiene que afrontar los gastos y responder a las expectativas que le han creado y que a su vez él ha ofrecido a los demás. Se sitúa en una tensión psicológica tal que acaba no pensando en otra cosa. En los entrenamientos se le ha hecho una programación por lo que se siente feliz dedicándose a esa actividad.

Un comentario típico de las familias afectadas por el problema de las sectas es «¡pero cómo puede ser feliz haciendo lo que hace!». Mediante la manipulación de un sofisticado y diluido en el tiempo lavado de cerebro. También es frecuente oír a las personas que han convivido con un sectario decir «¿pero no se da cuenta de lo que nos hace sufrir?». Aquel que participa en una secta invierte su percepción. Siente que es a él a quien se le hace un terrible daño moral. Ocurre que se muestra imperturbable porque lo que aprende le hace creer que es superior al resto. Su tranquilidad y el desasosiego de los otros prueba la validez de su creencia.

El afecto o cualquier otro sentimiento el fanático lo proyecta absolutamente en relación con la Verdad. No admite que sea «su verdad», sino la de todos. Fuera de ésta todo es vacío, no tiene sentido. Pero no sólo como pensamiento, sino afectiva y emocionalmente. Nada que no sea defender y promover su ideología le importa, aunque haga otras cosas para poder vivir.

El fanático es temperamentalmente frío. Llega a ser cruel porque no siente nada hacia los demás. El otro es un medio para conseguir el fin de la secta. Si no sirve, se desprecia o elimina. La finalidad no es otra que la expansión de su organización e incrementar el número de miembros para poder aplicar su concepción del mundo, cuyo fundamento sería la idea trascendental en la que creen. Invierten los planteamientos que hace Kant, en su obra Fundamentación de las costumbres, en donde propone una ética asumible por la razón: «El hombre existe como fin en sí mismo. Las acciones dirigidas a él y a los demás deben considerar al ser humano como un fin».

Las sectas carecen de ética. Su moral consiste en hacer lo que beneficie a la organización. No tienen escrúpulos a la hora de condicionar, chantajear o amenazar a las personas. Si una familia protesta porque su hijo es explotado y sometido, los dirigentes le trasladan, si es mayor de edad, a otra ciudad o país. Si una parte de la pareja no entra por el aro, no se le concede el débito conyugal.

El adepto no percibe el sufrimiento de la familia como tal sino como fruto de su ignorancia, el karma o la consecuencia de no hacer caso a sus explicaciones. Cualquier fanático supone que quien lo pasa mal es porque se lo merece. Y si ese mal lo provoca él, también. Dejar que un hijo muera por no hacerle una intervención médica necesaria forma parte de la programación de una doctrina. No se compadecen por semejante hecho. Es considerado una prueba y una manifestación de la creencia. No se inmutan. Para lograr el desarrollo espiritual en una secta hay que dominar la personalidad. Se hacen prácticas y entrenamientos para despertar la conciencia del ego sectario.

Un rasgo común entre las sectas y los grupos terroristas es el fanatismo. Se convierte en el núcleo de la conducta y el eje sobre el que se mueve la organización que lo sustente, con la idea que fuere. Además, los sectarios pretenden dirigir la vida de los otros según sus esquemas.

Aunque la lucha armada y el uso de la violencia se mantiene en la clandestinidad, dispone de una rama política de cara a la sociedad, para hacer ver la conveniencia de sus planteamientos. Si la sociedad no los acepta es porque está compuesta por borregos a los que no hay que hacer caso sino dominar con la conquista del Poder. Además se hacen ilusiones de que será en cualquier momento. La diferencia con una secta es que la violencia política surge de una mentalidad que fundamenta y justifica que se mate. Representa a un cierto ambiente social. Recoge el sentimiento de frustración y fracaso colectivo ante ciertas situaciones históricas. La represión que se sufre fuera del grupo refuerza tal conducta destructiva. Primero se crea el sentimiento de rechazo a la sociedad y luego se cierra a cualquier reflexión para funcionar con una militancia estricta.

El funcionamiento es muy parecido a una secta pero no surge como ella. Terroristas y sectarios tienen rasgos comunes. Al terrorismo llega el que se fanatiza previamente. De la secta surge el fanático por haberlo programado. Es un hecho similar, pero con un proceso diferente. El mismo fenómeno se repite, aunque con un desarrollo abierto y masificado en una sociedad regida por una dictadura o por un modelo fascista de la ideología que sea.