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Tensión emocional

Por sí mismas las técnicas de manipulación que usan las sectas no servirían para ejercer un control continuado sobre la persona. Requieren de una situación especial como eje sobre el que gira la filosofía o concepción del mundo. En cualquier caso catastrofista.

A quien se capta y atrapa psicológicamente se le traslada a un estado de psicología límite.

Predicar el fin del mundo para una fecha cercana sirve a una organización para fanatizar a sus fieles. Da lo mismo que no sea cierto, ni que se cumpla ni nada. El caso es hacerlo creer para que funcione la programación. Una vez se ha conseguido, es cuestión de interpretar aquello que suceda y que niega la profecía. Puede ser el anuncio de una Nueva Era, nombre que se ha registrado incluso como marca. Esta advertencia mueve millones de pesetas en literatura y artículos que se venden en revistas que pululan en el mundo de las sectas y suponen un mercado importante que negocia con lo irracional, sin el más mínimo escrúpulo.

Esperar la llegada de algo significa que hay que prepararse para el evento. El acontecimiento puede ser la llegada de una nave extraterrestre que salvará a los elegidos: «Se ha acordado un plan de evacuación. Llegaremos para teleportaros antes del fin. Seréis llamados por el nombre para uniros a las colonias espirituales. Pero muchos sois embriones y necesitáis ayuda de los Hijos enviados del Padre Celestial», cuenta Claudio Pena a su entorno de evolucionados, a los que enseña a escuchar la Voz del Universo38. En otras ocasiones la situación límite es emocional y se propone una revolución interior de alucine. Puede ser el surgimiento de un Nuevo Mundo guiado por la Jerarquía. En la revista Emergen Mundial, n.° 15, agosto 1997 se anuncia la próxima aparición de Maitreya, el Nuevo Mesías universal. Cualquiera que sea la enseñanza, cambia la forma pero el contenido y su aplicación es muy parecida. Una vez que se cree ciegamente el mensaje, éste se pone como centro de la existencia del adepto.

 En situaciones límite cambia la psicología de la persona. Hombres y mujeres bondadosos en caso de verse encerrados en un incendio pueden convertirse en egoístas a ultranza. Ante el pánico su conducta es inesperada e imprevisible. Pueden empujar y pisar a los demás para salvarse. O darse el caso de que una persona ambiciosa se convierta en un héroe y dé su vida por salvar a un gato. Son momentos en los que no se controla el pensamiento porque la emoción se coloca delante. Al interiorizarse el miedo, los sentimientos se anteponen a la razón.

 En las vivencias incontroladas, a nivel personal y colectivo, se puede provocar y condicionar una conducta dirigida desde fuera. El miedo ante una situación final hace que quien lo padezca se agarre a un clavo ardiendo. Por ejemplo, si un grupo de personas se ve atrapado en un local en el que se van a asfixiar porque no pueden salir y alguien dice que salten para salvarse, lo harán. Si les dice que se desnuden, también. No se paran a pensar qué pueden hacer para evitar un desenlace trágico. Cuando arde una discoteca el mayor número de muertes es provocado por el aplastamiento y los empujones de unos a otros. Evitar los efectos del fuego sería relativamente fácil si se actuara con serenidad. 

Ocurre otro hecho, siguiendo el mismo ejemplo, y es que la gente actuaría exactamente igual si es cierto como si no, en caso de que creyera que sí sucede. Podría ser una broma o un experimento con efectos especiales.

El estado de psicología límite permite que la programación funcione. Como afecta a todos los ámbitos de la personalidad se puede hablar de lavado de cerebro progresivo, dentro de la dinámica de un colectivo cerrado en sí mismo, y que unos a otros se retroalimentan al delirio que comparten.

Disertar sobre analogías sustituye el pensamiento lógico. Mediante este método se asocia la figura del gurú a otras figuras históricas. Al estar en relación a él en una tensión afectiva cualquier cosa que le ocurra al representante de la verdad o el nuevo mesías atañe al adepto. Lloran si el Maestro sufre. Gozan si ríe. Están dispuestos a dar su vida por él y le defenderán por todos los medios. Otra manera de generar un estado anímico de excitación es hacer creer que de manera continua se hostiga a la organización y que se quiere eliminar al líder. Que los enemigos se quieren infiltrar y espían. Para evitarlo se justifica someterse a una disciplina estricta. Y la toma de decisiones se centraliza en la cúpula del organigrama sectario. Este mecanismo de provocar exaltación en los adeptos se usa mucho para defenderse de las críticas o ante el desenmascaramiento de sus actividades internas. Cuando se desvelaron los actos y ritos esotéricos de Nueva Acrópolis su mando mundial explicó a los dirigentes nacionales que se trataba de una campaña orquestada por el Opus Dei contra ellos.

 Estrategias de manipulación.

 La iglesia de la Cienciología, al ser denunciada en Alemania y prohibir a sus miembros que ocupasen puestos de responsabilidad pública, se comparó con los judíos y asemejó al gobierno con los nazis. Tales medidas no se tomaron por sus creencias sino por haber pillado a varios cienciólogos usurpando y filtrando informes de instituciones sociales para su beneficio y para chantajear a personas que ocupaban cargos de relevancia. Se impide ejercer su destructividad para proteger a los ciudadanos, muchos de los cuales se ven coaccionados por los seguidores de Ronald Hubard. Su intención es manipular a la opinión pública con mensajes falsos pero cargados de emotividad. Lo que además se ha apoyado por mensajes de personas famosas de la vida social que pertenecen a la secta.

Para los Humanistas, quienes les critican son los atrapados por el sistema, o «agentes del aparato social». Para los Testigos de Jehová son apóstatas, babilónicos o paganos. Para otras son poseídos por Satanás, mensajeros del Mal o mundanos. Para las de tipo esotérico son quienes les descubren: seres con karma negativo. Para las organizaciones ufológicas los deleznables son aquellos que desmienten sus postulados y entienden que trabajan para algún servicio secreto. Cada secta usa su terminología propia pero el truco es el mismo.

Tal actitud impide cualquier pensamiento crítico, ya que quien lo exponga será acusado de traidor o de ser utilizado por los enemigos. Será repudiado automáticamente. Sus compañeros le rechazarán sin necesidad de que se lo indiquen. Quien se sale de la norma o del programa se hace sospechoso de manera inmediata porque la sospecha surge espontáneamente en el mecanismo de la programación mental. Cuando se abandona una secta, superar este factor en el pensamiento es uno de los momentos más difíciles, y si no se trata adecuadamente el caso, la víctima puede volver a recaer.

 ¿Qué ocurre cuando no se cumple la profecía, ni la doctrina, ni la cura milagrosa? Nada. No llega el momento del Apocalipsis para cuando se anunció. Ni el Madhi esperado para mañana. Ni mañana llegan las tropas de otras galaxias. Ni se ha solucionado la enfermedad incurable. Tampoco se ven los ingresos extras ofrecidos. Pasa la fecha en que se va a gobernar la sociedad. No ocurre nada. Al revés, se refuerza la programación psicológica. Tales expectativas no se fundamentan en una creencia sino que son puntos de apoyo psicológico para lograr el estado emocional de una situación límite y por lo tanto una parte de la estrategia de programación. Si pago un paquete contrarreembolso y resulta que no tiene nada, considero que me han engañado. Pero cuando la lógica no funciona hay otros criterios que regulan la programación.

Cuando mañana no llega el fin del mundo ni aterrizan las huestes de extraterrestres ni he conseguido levitar, debería de entender que ha habido un engaño o estafa. Como mínimo que se ha producido una equivocación. No ocurre así debido a que todas las sectas añaden a su oferta profética cambios interiores y profundas vivencias del alma. Lo cual sí se cumple porque responde a criterios subjetivos. Actúa una especie de efecto placebo que renueva el espíritu. La fanatización se percibe agradablemente. Es un estado de embriaguez psicológica. Uno se siente pletórico de fuerzas, exaltado y orgulloso de sí.

Una doctrina programada funciona. Se basta a sí misma para compensar los desajustes con la inexorable realidad. Los desaciertos se interpretan como pruebas de fe o plazos que ofrece su dios o divinidad para completar una misión. La conclusión es aplazar el objetivo final para pasado mañana. No queda de una manera indeterminada, pues entonces se relajaría el ánimo de los adictos a la secta. Los jefes explican a sus fieles e incondicionales que lo que pronosticaron no se ha cumplido porque falta para ello que se construyan diez templos más. O que para que se haga realidad hay que conseguir mil miembros más. O que hay que vender en todo el mundo un millón de libros más. Siempre han de ser propuestas concretas para intensificar el delirio y que se vea como posible a corto plazo. Cuando éste pase, se repetirá la operación. En menos de siglo y medio los Testigos de Jehová han cambiado siete veces de fecha para predecir el final de los tiempos. Otro tanto los Adventistas del Séptimo Día.

Los adeptos se vuelcan en cumplir lo necesario para ver efectuados los mensajes que emanan del portador de la Verdad. Se entregan todavía más. Se sienten culpables de no haber sido más eficaces. Entienden que son responsables de que no haya funcionado lo predestinado.

 La Verdad, que es el núcleo de la programación, no se puede equivocar. Al mismo tiempo se ilusionan en trabajar más y mejor porque su tarea es muy importante, vital. Depende de su actividad que todo suceda de acuerdo a lo anunciado.

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